martes, 30 de julio de 2013

RETRATO DE MENGS POR ANNA MARIA MENGS

JULIO-2013  El Museo del Prado expone un cuadro de Anna Maria Mengs, hasta ahora guardado en el almacén del Museo, en una exhibición temporal.

JULIO-2021  El Museo del Prado incorpora el Retrato de Mengs realizado por su hija a la Sala de retratos de pintores del siglo XIX de la exposición permanente.

Con motivo de la adquisición del retrato de José Nicolás de Azara pintado por Antón Rafael Mengs el Museo del Prado ha realizado una exposición "de gabinete" con el título "MENGS & AZARA El retrato de una amistad" que reune veinticuatro obras procedentes en su mayoría de sus colecciones, entre las que se encuentra una obra de Anna Maria Mengs, su hija y discípula, perteneciente al Museo que no había sido hasta ahora expuesta.

Cuando realicé la entrada sobre Pintoras en el Museo del Prado in & out, busqué sin encontrar evidencia de alguna obra de esta pintora, dibujante y miniaturista, en la colecciones del Prado, a pesar de que la Enciclopedia del museo incluía una referencia sobre ella y sobre la obra que ahora se expone.

Anna Mª Mengs. Retrato de su padre, Antonio Rafael Mengs, pastel sobre papel


Algunos datos sobre Anna María Teresa Mengs 
(Dresde, 1751-Madrid, 1792). 

Anna Maria Teresa Mengs es una pintora alemana que destacó como miniaturista y dibujante al pastel, en el último cuarto del siglo XVIII. Fue discípula de su padre, Anton Raphael Mengs.

Casada en Roma, en 1777, con el grabador Manuel Salvador Carmona vinieron juntos a Madrid donde tuvieron siete hijos. Ella continuó su carrera artística y llegó a ser recibida como miembro de honor de la madrileña Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1790.

Se hizo especialmente célebre por sus miniaturas y sus retratos al pastel que realizó para la familia real, también trabajó para la Biblioteca Nacional y para la familia Lobkowicz. Sus trabajos fueron expuestos públicamente en la Academia después de su muerte en 1793 año en que fue publicada su biografía en la que fue particularmente apreciado el retrato de su marido

Resta por resolver una pequeña duda relacionada con las medidas del Retrato que figuran en la referencia que aporta el Museo  que se ha modificado al igual que el número de clasificación en el catálogo, pues mientras en la Enciclopedia online figuraba:

Retrato de su padre, Antonio Rafael Mengs, Pastel sobre papel, 46 x 35 cm [P04511].

En la nueva referencia que ahora puede verse en la Galería online aparece la siguiente:

Retrato de Antón Rafael Mengs, Pastel sobre papel, 573 mm x 442 mm [D07452]

Puede tratarse de un error pues no creo que se refieran a obras distintas. La información sobre la obra que ofrece el Museo es tan escueta que habría que indagar en otras fuentes complementarias. En cuanto a la numeración el Museo informa que la obra figuraba en el Inventario de Números descatalogados del inventario informático con el  núm. P04511 y que por indicación del Jefe de Área de Pintura del S. XIX se incluyó en el inventario de dibujos [D].

viernes, 12 de julio de 2013

EL VERDADERO ROSTRO DE MIGUEL ÁNGEL

(Del Cuaderno Recuperado)

Un nuevo autorretrato de Miguel Ángel en el Vaticano

El 2 de julio de 2009 aparecía en la prensa una noticia por la que se informaba del descubrimiento de un nuevo autorretrato del pintor renacentista Miguel Ángel Buonarotti (1475-1564). El País recogía la información del diario italiano La Repubblica y reproducía la imagen del supuesto autorretrato.

"Un nuevo autorretrato del genio del Renacimiento, Miguel Ángel Buonarotti, ha sido descubierto en la recién restaurada Capilla Paulina en el Vaticano, lo que ha despertado el interés de críticos y estudiosos del maestro renacentista, informa hoy el diario La Repubblica . Según el jefe de los restauradores de los Museos Vaticanos, Maurizio De Luca, en uno de los dos frescos de la capilla, el de la Crucifixión de San Pedro, aparece un "autoritratto" de Miguel Ángel con turbante azul como uno de los tres caballeros romanos que acompañan la crucifixión, a la izquierda de la escena."
El hombre del turbante azul en el Martirio de San Pedro de la Capilla Paulina
Miguel Ángel. Crucifixión de San Pedro en la Capilla Paolina. Vaticano
(El supuesto autorretrato se encuentra entre el grupo de jinetes situado en la parte superior izquierda del fresco, aparece señalado con un círculo.)

Queriendo ampliar la noticia, busqué otras fuentes de información, y en general, la mayoría de la prensa española e italiana reproducía una información de similares características, con la imagen del “hombre del turbante” como supuesto autorretrato “descubierto” en el fresco del Martirio de San Pedro; no obstante en algunos medios aparecía el comentario de otro especialista en desacuerdo con la corriente general:

Sin embargo, la hipótesis no es compartida por el director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci, que considera que esto son sólo "opiniones": "Lo digo con toda sinceridad, ese caballero con turbante azul no me parece que sea el autorretrato de Miguel Ángel, entre otras cosas, porque es demasiado joven. Cuando pintó estos frescos, el maestro tenía 70 años", ha señalado Paolucci al diario La Repubblica. (Ideal.es 2-7-2009).

Mientras, el diario ABC dirigía su atención y comentario al segundo fresco de Miguel Ángel en el que se representa la Conversión de San Pablo:

“En el fresco aparece la imagen del futuro Apóstol San Pablo recién caído de su caballo y ayudado por uno de sus siervos que, en realidad, sería el propio Miguel Ángel en los últimos años de su vida, según ha explicado a ABC el restaurador Mauricio de Luca” (ABC 2.7.2009)

Benedicto XVI en la homilía que pronuncia en la solemne inauguración de la Capilla Paolina el día 4 de julio, identifica la imagen de Miguel Ángel en el fresco de la Conversión de San Pablo, en relación con el cual se pregunta por qué el rostro del santo es el de un anciano, cuando por todos es sabido que cuando se produce su conversión camino de Damasco tiene alrededor de treinta años; a lo que él mismo responde: "El rostro de Saulo-Pablo —es el del propio artista ya envejecido, inquieto y en busca de la luz de la verdad—". 
San Pablo en el fresco de Miguel Ángel La Conversión de san Pablo. Capilla Paolina
Miguel Ángel. Conversión de san Pablo. Capilla Paolina

Lo cierto es que si Miguel Ángel hubiera puesto su rostro a San Pablo, personaje central de gran visibilidad en la obra, el hecho no hubiera pasado desapercibido en el ámbito cultural y en general en la sociedad romana que esperaba expectante la finalización de sus trabajos. Las obras de Miguel Ángel no dejaban indiferente a nadie y siempre eran objeto de controversia.

Consideraciones sobre la edad y la ideología del pintor

Cuando en 1542 el Papa Paulo III encarga a Miguel Ángel la realización de los frescos de la Conversión de San Pablo y la Crucifixión de San Pedro para la Capilla que lleva su nombre, el pintor tiene sesenta y siete años y no los concluye hasta los setenta y cinco, en 1550.  La tarea de realizar los dos frescos que ocupan sendos cuadros de 6 x 6 metros, le ocupó ocho años, mucho tiempo si lo comparamos con el Juicio Final,  de mucho mayor tamaño  (167 m2), que finalizó en seis años.

Cuenta Vasari en la biografía del pintor que la salud de Miguel Ángel en estos años está bastante deteriorada, pues además de su edad avanzada y sus múltiples achaques debido a una vida de duro y continuo trabajo, sufrió una caída del andamio cuando estaba terminando el fresco del Juicio Final. Miguel Ángel tuvo problemas en la vista por la pintura que le entraba en los ojos; además por pintar con el cuello siempre doblado hacia atrás se deformó las cervicales, hecho que le hacía padecer fuertes dolores.

 En 1544, ya iniciados los frescos de la Capilla Paolina, consta que una grave enfermedad lo mantuvo varios meses en cama en la casa de los Strozzi, pero en agosto de 1545 se reanudan los pagos a su ayudante Francesco di Amadore da Casteldurante, llamado el "Urbino" por realizar las tareas preparatorias para que el maestro pueda pintar los frescos de la Capilla. 

Los estudios preparatorios que se hicieron para la restauración revelaron que el pintor interrumpe a menudo el trabajo. A pesar de ello el último Miguel Ángel pinta cada día un fragmento de la composición: un día un personaje, otro una cabeza, lejos de las amplias áreas de pintura que solía realizar de una sola vez cuando pintaba la bóveda de la Sixtina pero manteniendo la calidad de ejecución a la que nos tiene acostumbrados y un ritmo de trabajo similar al de los trabajos del gran fresco del Juicio Final.

Los frescos de la Capilla Paolina además de ser considerados como el testamento pictórico del artista suponen la plasmación de su pensamiento religioso, humanista e intelectual muy influido por sus grandes amigos el cardenal Reginald Pole y la marquesa Vittoria Colonna. Es preciso tener en cuenta que los frescos se pintan durante la celebración del Concilio de Trento y como otros tantos Miguel Ángel  participa en la discusión que domina la época sobre si se llega a la salvación por la fe o por las buenas obras. La posición de Miguel Ángel se hace evidente en la Conversión de San Pablo donde se percibe no solo un cambio en su composición frente a la iconografía anterior sino que ideológicamente representa de forma clara la doctrina de la justificación por la fe, lo que se plasma a través de la comunicación directa entre Cristo y Pablo, sin necesidad de intermediario.

La composición de la Crucifixión de San Pedro es más lenta y solemne, y en ello se basan los expertos para afirmar que la hizo en segundo lugar. Bajo un cielo de nubes bajas, toda la escena gira alrededor de la imagen del Santo, pero además el pintor consigue con una torsión del cuello de San Pedro concentrar toda la atención del fresco en su rostro y en su mirada lo que nos hace participar de la historia, formando parte de los espectadores que le circundan en los que desaparece cualquier distinción entre verdugos y mártires, entre paganos y cristianos.

Tal como ya había hecho en el Juicio Final, Miguel Ángel pinta al santo tonsurado de acuerdo con la tradición de que fue el primero al que se practicó la tonsura para su escarnio, lo que posteriormente se convirtió en signo de honor para el clero. Con este símbolo el pintor refuerza su consideración acerca de la humildad y espiritualidad que debía tener el papado.

"Estas pinturas a las que dio fin a la edad de setenta y cinco años, con muchos trabajos, pues, como él mismo decía, la pintura al fresco no es cosa de ancianos, fueron las últimas que ejecutó." 
(Vasari) 
Estos dos frescos constituyen la parte realizada de un programa mucho mayor que quedó inacabado, fundamentalmente por la muerte del Papa Paulo III en octubre de 1549. Miguel Ángel ya había terminado los cartones para la realización del resto de los frescos de la capilla que iban a ser realizados por Marcello Venusti. La interrupción de los trabajos coincide con el inicio de la hostilidad del Santo Oficio representado por Giampietro Carafa hacia el grupo de amigos de Miguel Ángel, lo que supuso la denuncia por herejía y por ello la exclusión de su mentor, el cardenal Pole, de la candidatura al solio pontificio y el cuestionamiento de la ortodoxia del grupo. Miguel Ángel se libra de ser sospechoso a pesar de sus relaciones con el grupo y su conocida posición crítica frente a los excesos de la curia Vaticana. 

Para comprobar el cambio de tendencia solo hay prestar atención a los frescos que acompañan a los de Miguel Ángel realizados a partir de 1572 por Sabatini, primero y Federico Zuccaro después, con la atenta supervisión de los teólogos contrarreformistas.


¿Cómo era el verdadero rostro de Miguel Ángel?

Dos biógrafos de su tiempo, que convivieron con él, describen a Miguel ÁngelAscanio Condivi, que fue su discípulo, escribió una Vita de Michelangelo Buonarroti en 1553 cuando el artista tenía 78 años. Algunos consideran este texto como una narración oficial autorizada por el propio Miguel Ángel, e incluso dictada en parte por él mismo. Su descripción del maestro combina sus características físicas con sus maneras y sus costumbres.

El segundo es Giorgio Vasari, que en sus Vidas de Grandes Artistas  (edición de 1568. Giunti), recoge la vida del pintor, que es la única biografía de un artista vivo en la obra, a quien considera la cumbre del arte de todos los tiempos, pero en cuanto a su descripción copia casi exactamente la de Condivi:

 “Su frente era cuadrada y amplia, atravesada por siete líneas rectas; las sienes prominentes, sobresaliendo de las orejas, las cuales, más bien grandes, se separaban de la cabeza. La cara  redonda, la nariz bastante gruesa, las cejas poco pobladas y los ojos más bien pequeños, de color córneo pero con chispas amarillas y azules; las cejas, más bien ralas, y su boca, de labios finos, sobresale el inferior, el mentón, proporcionado al resto; los cabellos y la barba negros, con bastantes canas en ésta, partida en dos y no muy larga ni espesa”.

En ambas biografías se cuenta que Miguel Ángel era reacio a retratarse y, a pesar de ello, que se sepa, se representó a sí mismo en edad madura al menos un par de veces. Una de ellas en el conjunto escultórico de La Pietá del Museo de la Opera del Duomo de Florencia [1553], la figura de José de Arimatea que sostiene a Cristo es un retrato del maestro, según Vasari.
Detalle de la Pietá. Florencia

La otra representación la encontramos en el fresco del Juicio final de la Capilla Sixtina (1536-1540), en el que Miguel Ángel pinta un pavoroso autorretrato en el despojo de la piel de San Bartolomé, coincidiendo con una época de enorme turbulencia personal.
Detalle del Juicio Final en la Capilla Sixtina

Algunos reconocen también su figura entre los Profetas de la  bóveda de la Capilla Sixtina, concretamente en la imagen de Jeremías.
Jeremías. Detalle de la Capilla Sixtina. Roma

De la misma época en que pinta los frescos del Juicio Final son la mayoría de  sus “Rimas”. En una de ellas escribió:
Soy una bolsa de piel, repleta de huesos y nervios,
mi rostro es la imagen del horror,
las tan alabadas artes, de las que yo tanto supe,
me han traído hasta aquí…
Yo sería bueno para la figura de bufón,
con esta cabaña aquí en medio de los palacios,
estoy consumido, desgarrado, roto por tanto esfuerzo
Pobre, viejo, sometido a otros.
¡Me desharé si no muero pronto!

En todo ello vemos el reflejo de un periodo que sus biógrafos consideran difícil y atormentado, que coincide con las últimas obras que realiza al fresco en el Vaticano, desde el Juicio Final hasta los frescos de la Capilla Paolina, debido no solo a la edad y a las incomodidades causadas por las condiciones de trabajo a que estaba sometido, sino además porque él se consideraba sobre todo escultor y se resistía a aceptar trabajos de pintura que consideraba un arte menor. Además siempre rechazó cualquier tipo de ayuda, por lo que en los frescos trabaja sin ningún ayudante por no considerar a nadie a la altura de su genio.

Miguel Ángel visto por otros artistas de su tiempo

También cuentan sus biógrafos que a Miguel Ángel no le gustaba que le retrataran, pese a lo cual su rostro ha sido uno de los más inmortalizados por otros artistas, contemporáneos y posteriores: Pinturas, medallas, esculturas en bronce, mármoles, grabados, reproducen el carismático rostro. Pero es difícil, ante tal profusión de imágenes, determinar cuáles de entre ellas reflejan de forma fidedigna el verdadero rostro de Miguel Ángel.

Uno de los más interesantes, es el del florentino Giuliano Bugiardini, uno de los primeros amigos de Miguel Ángel desde sus inicios en el jardín de San Marcos donde aprende con el escultor Bertoldo y después como condiscípulo en el taller de  Domenico Ghirlandaio cuando trabajaban en los frescos del coro de Santa Maria Novella para Giovanni Tornabuoni, que lo representa hacia 1530 con unos cuarenta años, semblante serio y enérgico, la barba negra, boca pequeña y nariz pronunciada, mirada inquisitiva e inteligente, con un gran turbante, que le aporta un aspecto exótico pero que en realidad se trataba de una toalla para protegerse del polvo de mármol. Hay quien ha querido ver la mano del propio Miguel Ángel en este retrato ("Il Ritratto migliore e autentico di M.Buonarroti". Gaetano Guasti. 1893).

Miguel Ángel por G. Bugiardini

El segundo es el retrato realizado por su "protegido" Sebastiano del Piombo
Miguel Ángel por Sebastiano del Piombo

El tercero de sus retratos es la famosa tabla de 1535 del florentino Jacopino del Conte, en el que vemos a un Miguel Ángel delgado, con ropa oscura, una mano grande apoyada en la prominente cintura, cabello y barba morenos, rizados, mirada inteligente dirigida hacia el espectador.
Miguel Ángel por Jacopino del Conte. MET

En 1561 el aretino Leone Leoni reproduce su efigie de perfil, en sus ochenta años, en una serie de medallas. En la selección de Cartas realizada por David García López (Alianza Editorial) figura una de 1561 de Leoni a Miguel Ángel en la que le anuncia el envío de "cuatro medallas, dos de plata y dos de bronce y le informa que ha enviado algunas a España y a Flandes y que enviará también a Roma y a otras partes..."
Miguel Ángel por Leone Leoni

El fenomenal busto de bronce (1564-1566) de su gran amigo Danielle da Volterra, es el que seguramente refleja de forma más realista el aspecto del maestro. Volterra realiza el vaciado de la máscara funeraria de Miguel Ángel, que muere el 18 de febrero de 1564 con 89 años, y con ella realiza varios bustos en bronce que son hallados a su muerte en su taller.
 Retrato de Miguel Ángel a partir de la máscara mortuoria y busto realizado por Volterra [1564]

Del mismo autor se conserva un dibujo magnífico en el Museo Teylers de Harlem (Holanda), que considero la imagen más auténtica y conmovedora del artista.
Miguel Ángel. Dibujo por Danielle da Volterra

A Danielle da Volterra le cabe el dudoso honor de haber sido el encargado de cubrir las desnudeces de la Capilla Sixtina, por lo que recibió en su tiempo el apodo de “Il braghetone”. Esta circunstancia ha hecho que aún hoy en día se le siga conociendo por el asunto de las veladuras más que por su amplia actividad artística.

Tampoco hay que olvidar el retrato que Rafael Sanzio realiza en 1510 para rendirle homenaje, incorporándolo en primera línea del fresco de La Escuela de Atenas que se encuentra en la Sala de la Signatura del Vaticano, representando “a la manera antigua” al filósofo griego Heráclito, o el que realiza el propio Vasari en la Sala de León X en el Palazzo de la Cancelleria de Roma.
 
Miguel Ángel / Heráclito en la Escuela de Atenas. Rafael

Vasari. Palazzo della Cancelleria. Retrato de Miguel Ángel. 

Miguel Ángel visto por artistas de otros tiempos

A partir de los retratos existentes surgen una serie de copias e interpretaciones que se realizan tanto en su tiempo como en momentos posteriores. Ya Vasari en su biografía dice que hay retratos de Miguel Ángel “por todas partes, incluso fuera de Italia”.

La imagen más copiada, sin duda, es la de Jacopino del Conte, que ha sido reproducida, interpretada y copiada por multitud de autores de su tiempo y posteriores, de entre las que he elegido la realizada por el pintor Marcelo Venusti a quien Miguel Ángel tenía gran consideración y al que él mismo había elegido para continuar sus trabajos en la Capilla Paolina.
Marcelo Venusti 1535

Algunas otras imágenes muestran un singular aspecto del pintor: entre ellas cabe destacar por su curiosidad la acuarela que el portugués Francisco de Holanda (1) realizó hacia 1560; el retrato que hizo el pintor Van Dyck (2) pocos años después de la muerte del maestro, y la del grabador romántico decimonónico William Blake (3).
               (1)                                                                         (2)
(3)

¿Realmente aparece el rostro de Miguel Ángel en alguno de los personajes de los frescos de la Capilla Paolina?

El personaje que aparece en el Martirio de San Pedro, que inicialmente se había considerado como su posible autorretrato, el “hombre del Turbante” podría pensarse como el mejor candidato a ser identificado como Miguel Ángel, el detalle del turbante como distintivo del escultor no parece casual. El hecho de representar un personaje secundario en la obra también encaja con su personalidad, que nunca se coloca en primer plano ya que no se otorgaba a sí mismo una alta estima; además el mismo hecho de aparecer en ese segundo plano avalaría que hubiese pasado desapercibido tantos años y no se hubiera identificado hasta su reciente restauración, lo que no hubiera ocurrido si el pintor se hubiera retratado en el personaje principal del fresco.

En cuanto a la posibilidad de que el autorretrato se encuentre en el fresco de la Conversión de San Pablo y más concretamente en la propia figura de San Pablo, parece mucho menos posible, a pesar de la lectura que puede hacerse del tema de la edad por representar a un Saulo que debía estar en la treintena, con las facciones de un anciano de 70 años. Lo que parece imposible es que esta semejanza no hubiera sido percibida y comentada en su momento ni durante más de 400 años.

En todo caso el rostro de Miguel Ángel podría estar en ambas figuras y quizás si observamos atentamente los frescos, podríamos encontrar facciones similares en otros personajes representados, pues, a diferencia de Rafael que solía retratar profusamente a sus amigos en sus obras, no se sabe que Miguel Ángel hiciera lo mismo, sino que construía sus figuras en base a su imaginación y su memoria, lo que podría llevarle a menudo a reflejar aspectos de su propio semblante.

Ma io sol quel c'a me proprio è e simile
   Ne traggo, come fuor nel viso mostro…

(Mas yo sólo dibujo lo que me es propio, como mi rostro se muestra al exterior …)

jueves, 27 de junio de 2013

LA REINA CATALINA Y FAMILIA

La imagen que tenemos de la reina Catalina se la debemos al pintor flamenco Antonio Moro.


En 1550 Antonio Moro fue enviado a Portugal para hacer los retratos de la familia real portuguesa y en especial el de María de Portugal, la prometida frustrada de Felipe II. En la primavera de 1552 está documentada su presencia en Lisboa, donde permanece cerca de un año. Los retratos realizados en la corte lisboeta reflejan sus dotes de gran retratista: Catalina de Austria de 45 años, João III de 50 años, el hijo de ambos João Manoel de 16 años, y su reciente esposa la princesa Juana de 17. También retrata a otros miembros de la familia real como a María de Portugal, hija del Rey Manuel I y de Leonor (hermana mayor de Catalina) y a Isabel de Bragança, condesa de Gimarães, cuñada de Catalina, con 40 años.

Del grupo de retratos varios pueden ser identificados actualmente:
De izquierda a derecha y de arriba abajo: Catalina de Austria (MNP); Isabel de Braganza (MNP); João III (M. Lázaro Galdiano); Joao Manuel (Hampton Court) Juana  de Austria (MBA Bruselas); Maria de Portugal (D.Reales)                                   

Las imágenes de Catalina antes del retrato de Moro

Entre su nacimiento en 1507 y el retrato de Moro en 1552 no es fácil encontrar imágenes de Catalina. Las que conocemos, algunas de ellas anteriores a su matrimonio (1525), además de ser escasas tienen por fuerza que ser supuestas o idealizadas, pues sabemos que en su encierro en Tordesillas, junto a su madre, no goza de una vida de corte ni probablemente se le hiciera retrato alguno. La primera imagen que tenemos de ella seguramente sea la del díptico familiar en el que aparecen a un lado los hermanos, Carlos y Fernando, y al otro las hermanas, Leonor, Isabel, María, y la propia Catalina, la menor, de apenas un año de edad.
Anónimo flamenco Museo de Santa Cruz (Toledo)

Algo posterior en el tiempo es la imagen que encontramos en un tapiz en el que la vemos representada junto a sus hermanas y su tía Margarita, pero esa imagen tiene que ser forzosamente idealizada ya que Catalina nunca pudo ser retratada con sus hermanas criadas en Malinas, con las que no llegó a convivir.

Algunas imágenes que nos han llegado a través de grabados de la época muestran una fisonomía tan diversa que tampoco nos aportan una clara idea de esa hermosa imagen juvenil de la que hablan quienes la conocieron.
Catalina y sus hermanos en un grabado de Grabado de Jan van Nieulandt    

Tampoco encontramos auténticos retratos a partir de su matrimonio, lo que resulta más sorprendente en una corte rica en la que no faltaron pintores y retratistas de corte. Una imagen en la que nos cuesta reconocer a Catalina la tenemos en el retrato que junto al de su marido se encuentra en la obra Portraits au vray de tous les roys et reines de Portugal de Melchior Tavernier, a pesar de que, como se indica en el título, los retratos pudieran estar tomados del natural.

Joao y Catalina. Portraits au vray de tous les roys et reines de Portugal

Especialmente irreconocible, -aunque con la misma barbilla prominente de la imagen anterior- resulta la imagen que podemos ver en una medalla conmemorativa en la que aparece como reina de Portugal, de perfil, tocada con un curioso sombrero y llevando una capa sobre los hombros y empuñando un cetro. En el reverso de la medalla vemos un sol radiante con aspecto femenino por la disposición de las nubes, con el lema: "Purche mi adombre". 
Colleçao das Medalhas e condecoraçoes portuguezas M.B. Lopes Fernandes
 
La explicación de la falta de retratos antes de casarse por causa de su encierro parece plausible. Catalina creció junto a su madre en el palacio de Tordesillas, donde vivió una vida austera y alejada de la vida de corte que tuvieron sus hermanas, a alguna de las cuales ni siquiera llegó a conocer. Dicen que la pequeña infanta vestía como una campesina, y ni siquiera admitía que la peinaran si no era su nodriza, doña María de Ulloa, o su madre, que a pesar de su presunta enfermedad siempre fue dulce y cariñosa con ella.

En 1517 Carlos V y su hermana Leonor llegan a Tordesillas para conocer a su hermana Catalina. Como resultado de esa visita, que resultó accidentada incluyendo un frustrado intento de secuestro, las condiciones de vida de Catalina mejoraron pues el emperador exigió que se le diera el trato que le correspondía como infanta. 

El 2 de enero de 1525 Catalina sale de Tordesillas camino de su nuevo destino como esposa del rey João III de Portugal, pero nunca rompió su relación con la ciudad y sus conventos con quienes fue siempre  generosa y mantuvo continua correspondencia sobre asuntos de su madre. 

Su vivencia en Tordesillas ha sido magníficamente recreada por Francisco Pradilla y Ortiz en su precioso cuadro de la Reina Juana con su hija la infanta Catalina en Tordesillas, pintado en 1906, de visita obligada en la actual exposición "La belleza encerrada" del Museo del Prado*.



La imagen de Catalina a partir del retrato de Antonio Moro

En cuanto a las imágenes posteriores a 1552, prácticamente todas las que conocemos se basan en el retrato que de ella hizo Antonio Moro sin salirse ni un ápice del modelo establecido: misma apariencia, misma edad, mismo tocado y traje... incluso se reproducen fielmente los preciosos pendientes que luce con tres perlas colgantes.

En el Monasterio de las Descalzas Reales (Madrid) existe una copia del retrato de Moro realizada por Alonso Sánchez Coello hacia 1553.
Alonso Sanchez Coello h.1553

En los museos portugueses podemos encontrar retratos que siguen también el modelo del flamenco que tanta escuela dejó en las cortes portuguesa y española. A destacar entre ellos la pareja de  retratos de João y Catalina del Museo de San Roque cuya atribución recae en el pintor Cristovão Lopes, hijo del también pintor de corte Gregorio Lopes.

João y Catarina, según Moro, atribuidos a Cristovão Lopes Museo de San Roque. Lisboa

También en Portugal tenemos las dos parejas de grandes retratos de los reyes con sus santos patronos, Santa Catalina y San Juan Bautista, realizados por Lourenço Salzedo pintor de la Reina Catalina a partir de su viudez en 1564, por cuyo encargo realizó las pinturas del retablo mayor de Los Jerónimos. Esta atribución de Vitor Serrão al pintor de los Jerónimos rompe con la tradición que venía adjudicando estas obras a Cristovão Lopes. En la actualidad las dos parejas de retratos se encuentran en el Museo Nacional de Arte Antiga y en el Convento de la Madre de Deus de Lisboa, respectivamente.
Lourenço de Salzedo. 1564-1572 Retratos de João  y Catarina MNAA- Lisboa

Lourenço de Salzedo. Convento Madre de Deus. Lisboa

La imagen de la familia a través del pintor Francisco de Holanda

Un retrato casi de miniatura de la reina y su familia lo encontramos en la denominada Virgen de Belem, actualmente en el Museo de Arte Antiga, proveniente del Monasterio de los Jerónimos. Se trata de una tabla de pequeño tamaño (32cm x 45cm) pintada por ambas caras. En el anverso aparece el único retrato de grupo familiar pintado con minuciosidad por el celebre tratadista y miniaturista portugués. En el reverso se representa el Descenso de Cristo al limbo. La obra debió ser encargada por la reina a Francisco de Holanda una vez que volvió de Italia. 

El cuadro sigue el modelo traído de Italia por Francisco de Holanda de la Virgen de la Misericordia que protege bajo su manto a donantes o comitentes. Se trata de una antigua advocación de la virgen que llegará de nuevo a la península ibérica de la mano de pintores que se han formado en el país vecino o bajo la influencia de pintores italianos. (Ver por ejemplo la Virgen de la Caridad de El Greco en Illescas)

En el centro del cuadro se encuentra la Virgen con el niño flanqueada por San Agustín y San Jerónimo, con dos ángeles que le sujetan el manto azul como un cielo protector bajo el que se cobijan dos grupos: A la derecha, monjes jerónimos postrados en oración y a la izquierda la familia real portuguesa, junto al Papa Julio III.

El conjunto familiar 

El grupo familiar está compuesto por once personas, algunas identificadas por sus iniciales, se sitúa a la izquierda, detrás del Papa («Ivlius III») colocado en primer plano, prácticamente de espaldas al espectador. 

En el centro del grupo destaca la figura de la Reina Catalina (ChA-R) que mira en dirección contraria al resto pues se dirige hacia su marido, el rey, João III (I.R.III) quien sujeta por el hombro a su hijo mayor el príncipe João Manuel (IP). La imagen de Catalina se diferencia ligeramente del modelo del retrato de Moro por el vestido claro que luce, aunque coincide con él en su porte y su posición. 

Detrás de este primer grupo se encuentran los hermanos del rey, Maria,  Luis (I.LV), y el cardenal D. Henrique (ICHR). A la izquierda, junto al rey, su nuera Juana de Austria (IOANA.P). Al fondo, en último término la viuda del fallecido Infante Duarte, Isabel de Bragança (ISA) a quien distinguimos por la toca de monja y sus dos hijas, Maria (MA) y  Catherine (CH). 

El muchacho que se encuentra entre el Papa y el Cardenal D. Henrique podría ser Duarte, el hijo menor de Isabel de Bragança nacido poco después de la muerte de su padre o quizás el primer nieto de Catalina, el Príncipe Carlos, hijo de María Manuela y Felipe II. Este último personaje, al igual que Catalina, mira hacia el grupo en lugar de dirigir su mirada hacia la Virgen como hace el resto.

Existe una gran coincidencia en cuanto a la identidad de los personajes con la serie de miniaturas al óleo (16 x 13 cm) que realiza el mismo Francisco de Holanda y que se encuentran en la  Galleria Nazionale di Parma compuesta por veinticuatro retratos que representan a los miembros de la familia Farnesio (basados en retratos de Tiziano) y a los de la familia real portuguesa, que vemos a continuación, basados en buena parte en los que realizó Moro en 1552. 


De izquierda a derecha y de arriba abajo (Entre paréntesis relación con el rey João III):
1. Luis, Duque de Beja y prior de Crato (Hno.) 2. João III; 3. Fernando, Duque de Guarda (Hno.)
4. Príncipe João Manuel, (Hijo) 5. Duarte, Duque de Gimaraes (Hno.), 6. Catalina (esposa)
7. Isabel de Bragança (Cuñada); 8. María Manuela (hija); 9. Beatriz (Hna.)

10. La emperatriz Isabel (Hna.) 11. Juana de Austria (Nuera) 12. María de Portugal (Sobrina)

La colección de retratos en miniatura fue encargada en 1565 por la reina Catalina, ya viuda, como regalo de bodas para su sobrina, María de Portugal, (12) futura princesa de Parma por su matrimonio con Alejandro Farnesio, para que en Italia pudiera recordar a sus seres queridos.

Como vemos, no todas las identidades de la tabla de la Virgen de Belem coinciden con los mini-retratos de Parma aunque si lo hacen en buena parte. La principal diferencia estriba en que en las miniaturas de Parma aparecen familiares ya fallecidos: los hermanos del rey: Isabel, (9) Beatriz (10) Fernando (3) y Duarte (5) y su hija María Manuela (8) que no se encuentran en el grupo familiar.

Una mención especial al retrato de Isabel de Bragança, cuñada de Catalina, con hábito de monja en las dos imágenes de Francisco de Holanda, que probablemente vistiera como señal de luto por la muerte prematura de su esposo el Infante Duarte.

Annemarie Jordan ya la identificó con la Dama del Joyel de Antonio Moro que se encuentra en el Museo del Prado y sobre la que he realizado el siguiente foto-montaje para visualizar el parecido de las imágenes a pesar del tiempo transcurrido entre ambos retratos, el que viste hábito probablemente de fecha cercana a su viudez (1540), que pudiera ser un original del propio Francisco de Holanda, y  el de Moro de 1552.
         MNP                                                          Gª N. de Parma

La importancia que tiene la familia para Catalina de Austria se evidencia en todos sus actos, su preocupación por hacer felices a sus familiares cercanos y lejanos tal como vimos en  la entrada sobre los regalos de la Tía Catarina es una constante a lo largo de toda su vida.

Sin embargo no tuvo una gran suerte en su propia vida, ni como hija, ni como madre, ni aún como abuela. El encierro que vivió la primera parte de su vida junto a una madre inestable la separó del resto de su familia y de la vida que le hubiera correspondido como infanta de España. A partir de su matrimonio con el rey de Portugal fue un ejemplo de lo que se esperaba de las mujeres de la realeza en su tiempo: Tuvo nueve hijos de los que solo dos llegaron a adultos: João Manuel, que murió a los diecisiete años, y María Manuela, primera esposa de Felipe II que murió a los 18 a causa del parto del príncipe Carlos, nieto a quien Catalina también sobrevivió. En 1562, abandona la regencia de Portugal y renuncia a la tutela del heredero, su nieto Sebastián, al que verá partir desde su retiro a la guerra suicida de Alcazarquivir, aunque por pocos meses no llegará a conocer su desaparición en tierras africanas.

A pesar de los avances en la investigación de la figura de la reina Catalina realizados durante años por la historiadora Annemarie Jordan, ella sigue reivindicando la "restauración" de su imagen y su papel en la historia. Me uno a esa reivindicación y desde aquí hago mi pequeña aportación al conocimiento de su imagen.

lunes, 27 de mayo de 2013

ACERCA DE UN RETRATO DE ISABEL CLARA EUGENIA

Una nueva lectora del blog, Christine, me pregunta si tengo alguna noticia de un "Retrato de Isabel Clara Eugenia, en medallón, de tres cuartos, poco documentado, atribuido según distintas fuentes a Pieter Pourbus, a Franz Pourbus II o a Sánchez Coello". Ella considera que "el retrato se parece mucho al que Sofonisba Anguissola hizo de Isabel Clara Eugenia y que se encuentra en la Embajada de España en París (1599)"

La pregunta me ha llevado a una búsqueda interesante y he pensado compartirla en el blog.


Esta es la imagen en cuestión. Se trata de un retrato de busto, ovalado, de pequeña medida, 67 x 61 cm. Probablemente se trata de Isabel Clara Eugenia, hija mayor de Felipe II. No sé donde se encuentra en la actualidad pero parece que fue subastado en la Dorotheum de Viena en abril 2010, proveniente de una colección privada francesa, sin que haya podido encontrar mayores detalles de la transacción.

Análisis de la moda

Algunas respuestas sobre el retrato hay que buscarlas en el análisis de la moda. Siguiendo a Carmen Bernis podemos decir que el cuello de lechuguilla que luce el personaje corresponde a la década de los años 80 del siglo XVI: 

"Al mediar el siglo, las lechuguillas no rozaban las orejas. Hacia 1560 habían subido ya hasta tocarlas. En esta forma, subidas por detrás pero si sobrepasar las orejas se mantuvieron durante las décadas de los 60 y los 70. La siguiente modificación consistió en subirlos aún más por detrás, de modo que tapaban totalmente la nuca y rebasaban la altura del borde superior de las orejas que quedaban tapadas total o parcialmente. Esta modalidad se representa en los retratos fechados en los años 80. La fase final, los cuellos en forma de plato, se pueden documentar a partir de los 90". Carmen Bernis: "La moda en la España de Felipe II".

Tres ejemplos de obras fechadas en torno al 1585 con "lechuguilla alta". De Izquierda a derecha: Isabel Clara Eugenia del taller de Sánchez Coello (MNP) Catalina Micaela de Sánchez Coello (Hermitage) y Dama desconocida de Scipione Pulzone (MNP) 

A partir de haber situado la obra en mitad de la década de 1580, vamos a intentar relacionarla con los diferentes autores a quienes ha podido atribuirse.

El pintor Franz Pourbus


Nace en Amberes en 1569, hijo, nieto y sobrino de pintores, ejerce el oficio desde 1591 en la ciudad de Amberes. En 1598 se traslada a Bruselas donde va a trabajar para la corte de los archiduques que acaban de asumir el gobierno de los Países Bajos.


Los primeros retratos que Franz Porbus realiza de la entonces archiduquesa Isabel Clara Eugenia datan de 1599 cuando, tras el matrimonio con su primo Alberto, los archiduques se instalan en Bruselas. El pintor, que entra entonces a su servicio, retrata primero a la pareja con fondo oscuro y estilo sobrio, quizás como señal de luto por el reciente fallecimiento de Felipe II o bien por ser más acorde con la moda española;  y poco después realiza una nueva pareja con un estilo mas recargado y colorista. En ambos casos la moda que lucen los personajes es la propia de final de siglo.


Esta pareja de retratos de los archiduques forma parte del legado de Policarpo Sanz, de la
Colección de pintura europea antigua del Museo Municipal de Vigo "Quiñones de León". 
El retrato de ella lleva una inscripción indicando que el autor lo realizó del natural: 
AUTOGRAPH. APUD PICTOREM CELEBREM F. PORBUS, AD VIVUM DEPICT 

Retratos de los archiduques en el Museo Groeninge de Brujas

El tiempo en que se realizan estos primeros retratos de la pareja, coincide prácticamente con el cambio de siglo, lo que nos lleva en principio a descartar que el retrato en óvalo que estamos analizando sea de Franz Pourbus, el Joven ya que como se ha dicho muestra la moda de los años 80 del siglo.

Por su parte Pieter Pourbus (abuelo de Franz) que también se mencionaba en la pregunta inicial como probable autor, igualmente habría que descartarlo, pues muere en 1584 sin haber salido de Flandes y por tanto no ha tenido ocasión de conocer a la infanta; lo mismo le ocurre a su hijo Franz Porbus el Viejo que muere antes que su padre, en 1581.


La pintora Sofonisba Anguissola

De origen italiano (Cremona), Sofonisba Anguissola llega a la corte española en 1559 como dama de honor de la reina Isabel de Valois y se mantiene en ella hasta el año 1573 en que vuelve a Italia, a pesar de lo cual mantiene contactos esporádicos con personas de la corte española y realiza retratos de alguno de sus componentes en épocas posteriores. Durante el tiempo que está en España no firma sus obras y esa ha sido la causa principal de que se hayan atribuido a los mejores pintores contemporáneos a ella.

Si comparamos el retrato con el que realiza Sofonisba Anguissola de Isabel Clara Eugenia en 1599, que se encuentra en la embajada de París, las diferencias son notables, no solo por cuestiones de moda pues el cuello de lechuguilla que luce en el de París es más voluminoso pero no tapa las orejas, sino, sobre todo, por la dulzura del rostro de Isabel, al estilo “Anguissola” que parece reflejar el cariño que la pintora siente por la infanta de la que tanto se ocupó mientras estuvo en la corte española. Es una imagen muy alejada del rostro menos expresivo y algo abotargado del retrato del que hablamos. 

Isabel Clara Eugenia por Sofonisba Anguissola 1598-99

Creo que en la práctica no parece existir ningún tipo de coincidencia que pudiera llevar a pensar en la autoría de Sofonisba Anguissola de ese retrato ovalado.

Pintores españoles: Blas de Prado (c. 1545-1599) y 
Alonso Sánchez Coello (c.1531-c.1588)

Blas de Prado es un pintor toledano, probablemente nacido en Camarena, que trabajó principalmente para la Catedral de Toledo y para el rey Felipe II. Consta que en 1583 se encontraba en Toledo trabajando en la realización de una serie de retratos de la familia real para decorar uno de los arcos triunfales con que la ciudad recibió las reliquias de Santa Leocadia.


Alonso Sanchez Coello, originario de Benifairó (Valencia) se trasladó por razones familiares a Lisboa donde se forma artísticamente protegido por Joao III quien le envía a Flandes a estudiar con Antonio Moro. Por mediación de la princesa Juana de Austria en 1555 regresa a la corte española donde se convirtió en retratista de la familia real.

Podemos poner en relación el retrato que analizamos  con la grisalla de Isabel Clara Eugenia de cuerpo entero, de Blas de Prado  que se encuentra en el Museo de Santa Cruz de Toledo, fechado en 1583.

El parecido de aspecto e indumentaria nos lleva directamente a Alonso Sánchez Coello pues está documentado que él fue el autor de los retratos ("cabezas") que sirvieron de base a Blas de Prado para realizar ésta y la otra grisalla que se encuentra en el mismo Museo de la emperatriz María que fueron realizadas con ocasión del recibimiento de las reliquias de Santa Leocadia en Toledo (1587).

F. Pérez Sedano en Datos documentales inéditos para la historia del arte español de 1914, publica una Instrucción en la que se recogen las directrices de todo tipo que son dadas para el embellecimiento de la ciudad de Toledo con motivo de la solemne entrada en la ciudad de las reliquias de su patrona, Santa Leocadia. Uno de sus capítulos dice que se ha de realizar un pórtico con encuadramientos en los que figuren en un lado el retrato de la emperatriz María con su nieto el futuro Felipe III y en el otro el de la infanta doña Isabel.

           “…y para que sean más al natural se hagan pintar las cabezas en  Madrid
a  Alonso  Sanchez, pintor del rey nuestro señor, para que acá
Blas de Prado las imite en el arco”
 

La grisalla, que se ha conservado a pesar de formar parte de una arquitectura efímera no destinada a perdurar, refleja el mismo estilo del retrato que estamos analizando coincidiendo en el tiempo y la moda, y guarda también relación, dentro de la distancia, con el de la Infanta Isabel Clara Eugenia con Magdalena Ruiz (MNP), obra que en la actualidad es considerada del taller de Sánchez Coello, en la que la infanta sostiene, al igual que en la grisalla, un camafeo con el retrato de su padre. 


Por todo lo expuesto considero, con todas las cautelas debidas a la rapidez y a la falta de documentación del retrato que por fuerza solo permite realizar el análisis a través de un procedimiento visual, que el pintor que  más probabilidades tiene de ser el autor de la obra es Alonso Sánchez Coello, aunque también podría obra de su taller basada en un original suyo.

En todo caso, en el retrato de corte de la época que nos ocupa hay pocos cuadros que sean verdaderamente singulares pues cuando un retrato agradaba a su propietario encargaba copias del mismo para enviar a sus más directos familiares. Esto ocurría especialmente con los retratos de pequeño o mediano formato, por ser más fáciles de transportar.  
Un retrato oval de Isabel Clara Eugenia que figura como perteneciente a la colección del Duque del Infantado (Sevilla) muestra las mismas características: peinado, diadema, vestido, adornos de joyas incluyendo la gran perla, el zafiro y el rubí de gran tamaño y el collar de perlas de dos vueltas, aunque el retrato sevillano exhibe una mayor suavidad y dulzura en sus facciones. 


El pintor de corte -y tenemos muchos documentos que así lo constatan- tiene entre sus funciones no solo realizar los retratos originales que se le encarguen sino también hacer copias y no precisamente de obras propias, sino de otros. Esto ocurre en varias ocasiones con Sanchez Coello a quien encargan hacer copias de retratos realizados por otros pintores y particularmente de Sofonisba Anguissola

Ella, en cambio, al no ser pintora "de oficio" solamente realiza retratos del natural y nunca hace copias.