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viernes, 12 de julio de 2013

EL VERDADERO ROSTRO DE MIGUEL ÁNGEL

(Del Cuaderno Recuperado)

Un nuevo autorretrato de Miguel Ángel en el Vaticano

El 2 de julio de 2009 aparecía en la prensa una noticia por la que se informaba del descubrimiento de un nuevo autorretrato del pintor renacentista Miguel Ángel Buonarotti (1475-1564). El País recogía la información del diario italiano La Repubblica y reproducía la imagen del supuesto autorretrato.

"Un nuevo autorretrato del genio del Renacimiento, Miguel Ángel Buonarotti, ha sido descubierto en la recién restaurada Capilla Paulina en el Vaticano, lo que ha despertado el interés de críticos y estudiosos del maestro renacentista, informa hoy el diario La Repubblica . Según el jefe de los restauradores de los Museos Vaticanos, Maurizio De Luca, en uno de los dos frescos de la capilla, el de la Crucifixión de San Pedro, aparece un "autoritratto" de Miguel Ángel con turbante azul como uno de los tres caballeros romanos que acompañan la crucifixión, a la izquierda de la escena."
El hombre del turbante azul en el Martirio de San Pedro de la Capilla Paulina
Miguel Ángel. Crucifixión de San Pedro en la Capilla Paolina. Vaticano
(El supuesto autorretrato se encuentra entre el grupo de jinetes situado en la parte superior izquierda del fresco, aparece señalado con un círculo.)

Queriendo ampliar la noticia, busqué otras fuentes de información, y en general, la mayoría de la prensa española e italiana reproducía una información de similares características, con la imagen del “hombre del turbante” como supuesto autorretrato “descubierto” en el fresco del Martirio de San Pedro; no obstante en algunos medios aparecía el comentario de otro especialista en desacuerdo con la corriente general:

Sin embargo, la hipótesis no es compartida por el director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci, que considera que esto son sólo "opiniones": "Lo digo con toda sinceridad, ese caballero con turbante azul no me parece que sea el autorretrato de Miguel Ángel, entre otras cosas, porque es demasiado joven. Cuando pintó estos frescos, el maestro tenía 70 años", ha señalado Paolucci al diario La Repubblica. (Ideal.es 2-7-2009).

Mientras, el diario ABC dirigía su atención y comentario al segundo fresco de Miguel Ángel en el que se representa la Conversión de San Pablo:

“En el fresco aparece la imagen del futuro Apóstol San Pablo recién caído de su caballo y ayudado por uno de sus siervos que, en realidad, sería el propio Miguel Ángel en los últimos años de su vida, según ha explicado a ABC el restaurador Mauricio de Luca” (ABC 2.7.2009)

Benedicto XVI en la homilía que pronuncia en la solemne inauguración de la Capilla Paolina el día 4 de julio, identifica la imagen de Miguel Ángel en el fresco de la Conversión de San Pablo, en relación con el cual se pregunta por qué el rostro del santo es el de un anciano, cuando por todos es sabido que cuando se produce su conversión camino de Damasco tiene alrededor de treinta años; a lo que él mismo responde: "El rostro de Saulo-Pablo —es el del propio artista ya envejecido, inquieto y en busca de la luz de la verdad—". 
San Pablo en el fresco de Miguel Ángel La Conversión de san Pablo. Capilla Paolina
Miguel Ángel. Conversión de san Pablo. Capilla Paolina

Lo cierto es que si Miguel Ángel hubiera puesto su rostro a San Pablo, personaje central de gran visibilidad en la obra, el hecho no hubiera pasado desapercibido en el ámbito cultural y en general en la sociedad romana que esperaba expectante la finalización de sus trabajos. Las obras de Miguel Ángel no dejaban indiferente a nadie y siempre eran objeto de controversia.

Consideraciones sobre la edad y la ideología del pintor

Cuando en 1542 el Papa Paulo III encarga a Miguel Ángel la realización de los frescos de la Conversión de San Pablo y la Crucifixión de San Pedro para la Capilla que lleva su nombre, el pintor tiene sesenta y siete años y no los concluye hasta los setenta y cinco, en 1550.  La tarea de realizar los dos frescos que ocupan sendos cuadros de 6 x 6 metros, le ocupó ocho años, mucho tiempo si lo comparamos con el Juicio Final,  de mucho mayor tamaño  (167 m2), que finalizó en seis años.

Cuenta Vasari en la biografía del pintor que la salud de Miguel Ángel en estos años está bastante deteriorada, pues además de su edad avanzada y sus múltiples achaques debido a una vida de duro y continuo trabajo, sufrió una caída del andamio cuando estaba terminando el fresco del Juicio Final. Miguel Ángel tuvo problemas en la vista por la pintura que le entraba en los ojos; además por pintar con el cuello siempre doblado hacia atrás se deformó las cervicales, hecho que le hacía padecer fuertes dolores.

 En 1544, ya iniciados los frescos de la Capilla Paolina, consta que una grave enfermedad lo mantuvo varios meses en cama en la casa de los Strozzi, pero en agosto de 1545 se reanudan los pagos a su ayudante Francesco di Amadore da Casteldurante, llamado el "Urbino" por realizar las tareas preparatorias para que el maestro pueda pintar los frescos de la Capilla. 

Los estudios preparatorios que se hicieron para la restauración revelaron que el pintor interrumpe a menudo el trabajo. A pesar de ello el último Miguel Ángel pinta cada día un fragmento de la composición: un día un personaje, otro una cabeza, lejos de las amplias áreas de pintura que solía realizar de una sola vez cuando pintaba la bóveda de la Sixtina pero manteniendo la calidad de ejecución a la que nos tiene acostumbrados y un ritmo de trabajo similar al de los trabajos del gran fresco del Juicio Final.

Los frescos de la Capilla Paolina además de ser considerados como el testamento pictórico del artista suponen la plasmación de su pensamiento religioso, humanista e intelectual muy influido por sus grandes amigos el cardenal Reginald Pole y la marquesa Vittoria Colonna. Es preciso tener en cuenta que los frescos se pintan durante la celebración del Concilio de Trento y como otros tantos Miguel Ángel  participa en la discusión que domina la época sobre si se llega a la salvación por la fe o por las buenas obras. La posición de Miguel Ángel se hace evidente en la Conversión de San Pablo donde se percibe no solo un cambio en su composición frente a la iconografía anterior sino que ideológicamente representa de forma clara la doctrina de la justificación por la fe, lo que se plasma a través de la comunicación directa entre Cristo y Pablo, sin necesidad de intermediario.

La composición de la Crucifixión de San Pedro es más lenta y solemne, y en ello se basan los expertos para afirmar que la hizo en segundo lugar. Bajo un cielo de nubes bajas, toda la escena gira alrededor de la imagen del Santo, pero además el pintor consigue con una torsión del cuello de San Pedro concentrar toda la atención del fresco en su rostro y en su mirada lo que nos hace participar de la historia, formando parte de los espectadores que le circundan en los que desaparece cualquier distinción entre verdugos y mártires, entre paganos y cristianos.

Tal como ya había hecho en el Juicio Final, Miguel Ángel pinta al santo tonsurado de acuerdo con la tradición de que fue el primero al que se practicó la tonsura para su escarnio, lo que posteriormente se convirtió en signo de honor para el clero. Con este símbolo el pintor refuerza su consideración acerca de la humildad y espiritualidad que debía tener el papado.

"Estas pinturas a las que dio fin a la edad de setenta y cinco años, con muchos trabajos, pues, como él mismo decía, la pintura al fresco no es cosa de ancianos, fueron las últimas que ejecutó." 
(Vasari) 
Estos dos frescos constituyen la parte realizada de un programa mucho mayor que quedó inacabado, fundamentalmente por la muerte del Papa Paulo III en octubre de 1549. Miguel Ángel ya había terminado los cartones para la realización del resto de los frescos de la capilla que iban a ser realizados por Marcello Venusti. La interrupción de los trabajos coincide con el inicio de la hostilidad del Santo Oficio representado por Giampietro Carafa hacia el grupo de amigos de Miguel Ángel, lo que supuso la denuncia por herejía y por ello la exclusión de su mentor, el cardenal Pole, de la candidatura al solio pontificio y el cuestionamiento de la ortodoxia del grupo. Miguel Ángel se libra de ser sospechoso a pesar de sus relaciones con el grupo y su conocida posición crítica frente a los excesos de la curia Vaticana. 

Para comprobar el cambio de tendencia solo hay prestar atención a los frescos que acompañan a los de Miguel Ángel realizados a partir de 1572 por Sabatini, primero y Federico Zuccaro después, con la atenta supervisión de los teólogos contrarreformistas.


¿Cómo era el verdadero rostro de Miguel Ángel?

Dos biógrafos de su tiempo, que convivieron con él, describen a Miguel ÁngelAscanio Condivi, que fue su discípulo, escribió una Vita de Michelangelo Buonarroti en 1553 cuando el artista tenía 78 años. Algunos consideran este texto como una narración oficial autorizada por el propio Miguel Ángel, e incluso dictada en parte por él mismo. Su descripción del maestro combina sus características físicas con sus maneras y sus costumbres.

El segundo es Giorgio Vasari, que en sus Vidas de Grandes Artistas  (edición de 1568. Giunti), recoge la vida del pintor, que es la única biografía de un artista vivo en la obra, a quien considera la cumbre del arte de todos los tiempos, pero en cuanto a su descripción copia casi exactamente la de Condivi:

 “Su frente era cuadrada y amplia, atravesada por siete líneas rectas; las sienes prominentes, sobresaliendo de las orejas, las cuales, más bien grandes, se separaban de la cabeza. La cara  redonda, la nariz bastante gruesa, las cejas poco pobladas y los ojos más bien pequeños, de color córneo pero con chispas amarillas y azules; las cejas, más bien ralas, y su boca, de labios finos, sobresale el inferior, el mentón, proporcionado al resto; los cabellos y la barba negros, con bastantes canas en ésta, partida en dos y no muy larga ni espesa”.

En ambas biografías se cuenta que Miguel Ángel era reacio a retratarse y, a pesar de ello, que se sepa, se representó a sí mismo en edad madura al menos un par de veces. Una de ellas en el conjunto escultórico de La Pietá del Museo de la Opera del Duomo de Florencia [1553], la figura de José de Arimatea que sostiene a Cristo es un retrato del maestro, según Vasari.
Detalle de la Pietá. Florencia

La otra representación la encontramos en el fresco del Juicio final de la Capilla Sixtina (1536-1540), en el que Miguel Ángel pinta un pavoroso autorretrato en el despojo de la piel de San Bartolomé, coincidiendo con una época de enorme turbulencia personal.
Detalle del Juicio Final en la Capilla Sixtina

Algunos reconocen también su figura entre los Profetas de la  bóveda de la Capilla Sixtina, concretamente en la imagen de Jeremías.
Jeremías. Detalle de la Capilla Sixtina. Roma

De la misma época en que pinta los frescos del Juicio Final son la mayoría de  sus “Rimas”. En una de ellas escribió:
Soy una bolsa de piel, repleta de huesos y nervios,
mi rostro es la imagen del horror,
las tan alabadas artes, de las que yo tanto supe,
me han traído hasta aquí…
Yo sería bueno para la figura de bufón,
con esta cabaña aquí en medio de los palacios,
estoy consumido, desgarrado, roto por tanto esfuerzo
Pobre, viejo, sometido a otros.
¡Me desharé si no muero pronto!

En todo ello vemos el reflejo de un periodo que sus biógrafos consideran difícil y atormentado, que coincide con las últimas obras que realiza al fresco en el Vaticano, desde el Juicio Final hasta los frescos de la Capilla Paolina, debido no solo a la edad y a las incomodidades causadas por las condiciones de trabajo a que estaba sometido, sino además porque él se consideraba sobre todo escultor y se resistía a aceptar trabajos de pintura que consideraba un arte menor. Además siempre rechazó cualquier tipo de ayuda, por lo que en los frescos trabaja sin ningún ayudante por no considerar a nadie a la altura de su genio.

Miguel Ángel visto por otros artistas de su tiempo

También cuentan sus biógrafos que a Miguel Ángel no le gustaba que le retrataran, pese a lo cual su rostro ha sido uno de los más inmortalizados por otros artistas, contemporáneos y posteriores: Pinturas, medallas, esculturas en bronce, mármoles, grabados, reproducen el carismático rostro. Pero es difícil, ante tal profusión de imágenes, determinar cuáles de entre ellas reflejan de forma fidedigna el verdadero rostro de Miguel Ángel.

Uno de los más interesantes, es el del florentino Giuliano Bugiardini, uno de los primeros amigos de Miguel Ángel desde sus inicios en el jardín de San Marcos donde aprende con el escultor Bertoldo y después como condiscípulo en el taller de  Domenico Ghirlandaio cuando trabajaban en los frescos del coro de Santa Maria Novella para Giovanni Tornabuoni, que lo representa hacia 1530 con unos cuarenta años, semblante serio y enérgico, la barba negra, boca pequeña y nariz pronunciada, mirada inquisitiva e inteligente, con un gran turbante, que le aporta un aspecto exótico pero que en realidad se trataba de una toalla para protegerse del polvo de mármol. Hay quien ha querido ver la mano del propio Miguel Ángel en este retrato ("Il Ritratto migliore e autentico di M.Buonarroti". Gaetano Guasti. 1893).

Miguel Ángel por G. Bugiardini

El segundo es el retrato realizado por su "protegido" Sebastiano del Piombo
Miguel Ángel por Sebastiano del Piombo

El tercero de sus retratos es la famosa tabla de 1535 del florentino Jacopino del Conte, en el que vemos a un Miguel Ángel delgado, con ropa oscura, una mano grande apoyada en la prominente cintura, cabello y barba morenos, rizados, mirada inteligente dirigida hacia el espectador.
Miguel Ángel por Jacopino del Conte. MET

En 1561 el aretino Leone Leoni reproduce su efigie de perfil, en sus ochenta años, en una serie de medallas. En la selección de Cartas realizada por David García López (Alianza Editorial) figura una de 1561 de Leoni a Miguel Ángel en la que le anuncia el envío de "cuatro medallas, dos de plata y dos de bronce y le informa que ha enviado algunas a España y a Flandes y que enviará también a Roma y a otras partes..."
Miguel Ángel por Leone Leoni

El fenomenal busto de bronce (1564-1566) de su gran amigo Danielle da Volterra, es el que seguramente refleja de forma más realista el aspecto del maestro. Volterra realiza el vaciado de la máscara funeraria de Miguel Ángel, que muere el 18 de febrero de 1564 con 89 años, y con ella realiza varios bustos en bronce que son hallados a su muerte en su taller.
 Retrato de Miguel Ángel a partir de la máscara mortuoria y busto realizado por Volterra [1564]

Del mismo autor se conserva un dibujo magnífico en el Museo Teylers de Harlem (Holanda), que considero la imagen más auténtica y conmovedora del artista.
Miguel Ángel. Dibujo por Danielle da Volterra

A Danielle da Volterra le cabe el dudoso honor de haber sido el encargado de cubrir las desnudeces de la Capilla Sixtina, por lo que recibió en su tiempo el apodo de “Il braghetone”. Esta circunstancia ha hecho que aún hoy en día se le siga conociendo por el asunto de las veladuras más que por su amplia actividad artística.

Tampoco hay que olvidar el retrato que Rafael Sanzio realiza en 1510 para rendirle homenaje, incorporándolo en primera línea del fresco de La Escuela de Atenas que se encuentra en la Sala de la Signatura del Vaticano, representando “a la manera antigua” al filósofo griego Heráclito, o el que realiza el propio Vasari en la Sala de León X en el Palazzo de la Cancelleria de Roma.
 
Miguel Ángel / Heráclito en la Escuela de Atenas. Rafael

Vasari. Palazzo della Cancelleria. Retrato de Miguel Ángel. 

Miguel Ángel visto por artistas de otros tiempos

A partir de los retratos existentes surgen una serie de copias e interpretaciones que se realizan tanto en su tiempo como en momentos posteriores. Ya Vasari en su biografía dice que hay retratos de Miguel Ángel “por todas partes, incluso fuera de Italia”.

La imagen más copiada, sin duda, es la de Jacopino del Conte, que ha sido reproducida, interpretada y copiada por multitud de autores de su tiempo y posteriores, de entre las que he elegido la realizada por el pintor Marcelo Venusti a quien Miguel Ángel tenía gran consideración y al que él mismo había elegido para continuar sus trabajos en la Capilla Paolina.
Marcelo Venusti 1535

Algunas otras imágenes muestran un singular aspecto del pintor: entre ellas cabe destacar por su curiosidad la acuarela que el portugués Francisco de Holanda (1) realizó hacia 1560; el retrato que hizo el pintor Van Dyck (2) pocos años después de la muerte del maestro, y la del grabador romántico decimonónico William Blake (3).
               (1)                                                                         (2)
(3)

¿Realmente aparece el rostro de Miguel Ángel en alguno de los personajes de los frescos de la Capilla Paolina?

El personaje que aparece en el Martirio de San Pedro, que inicialmente se había considerado como su posible autorretrato, el “hombre del Turbante” podría pensarse como el mejor candidato a ser identificado como Miguel Ángel, el detalle del turbante como distintivo del escultor no parece casual. El hecho de representar un personaje secundario en la obra también encaja con su personalidad, que nunca se coloca en primer plano ya que no se otorgaba a sí mismo una alta estima; además el mismo hecho de aparecer en ese segundo plano avalaría que hubiese pasado desapercibido tantos años y no se hubiera identificado hasta su reciente restauración, lo que no hubiera ocurrido si el pintor se hubiera retratado en el personaje principal del fresco.

En cuanto a la posibilidad de que el autorretrato se encuentre en el fresco de la Conversión de San Pablo y más concretamente en la propia figura de San Pablo, parece mucho menos posible, a pesar de la lectura que puede hacerse del tema de la edad por representar a un Saulo que debía estar en la treintena, con las facciones de un anciano de 70 años. Lo que parece imposible es que esta semejanza no hubiera sido percibida y comentada en su momento ni durante más de 400 años.

En todo caso el rostro de Miguel Ángel podría estar en ambas figuras y quizás si observamos atentamente los frescos, podríamos encontrar facciones similares en otros personajes representados, pues, a diferencia de Rafael que solía retratar profusamente a sus amigos en sus obras, no se sabe que Miguel Ángel hiciera lo mismo, sino que construía sus figuras en base a su imaginación y su memoria, lo que podría llevarle a menudo a reflejar aspectos de su propio semblante.

Ma io sol quel c'a me proprio è e simile
   Ne traggo, come fuor nel viso mostro…

(Mas yo sólo dibujo lo que me es propio, como mi rostro se muestra al exterior …)

domingo, 6 de mayo de 2012

UN COMBATE SINGULAR

LEONARDO DA VINCI Y MIGUEL ANGEL BUONARROTI
Las batallas de Anghiari y Cascina en el Palazzo Vechio de Florencia
(Del Cuaderno Recuperado)

Es conocido que durante la época del Renacimiento en Italia  los mecenas y protectores de artistas utilizaban, a la hora de realizar sus encargos, el procedimiento de la competición para añadir a la emoción del arte en estado puro que se llevaba a cabo ante sus propios ojos, la del interés por enfrentar a diferentes artistas en tareas similares, o incluso iguales, para poder proclamar al ganador de la contienda una vez finalizada la obra de que se trate. En el tiempo que duraba la ejecución de las obras corrían toda clase de comentarios, incluso se hacían apuestas y algunos artistas escondían celosamente su elaboración para no ser plagiados en sus elementos más novedosos. 

El procedimiento, lógicamente servía de estímulo para el esfuerzo y la continua mejora pero también dejaba muchos rencores y odios por el camino, que a veces duraban toda la vida. Rencillas, celos, golpes bajos, habladurías… han interferido en muchas ocasiones la vida social y artística y han sido causa de que la historia nos haya llegado a menudo trufada de anécdotas falsas o de bulos acerca de la vida, la moralidad o las costumbres de muchos grandes artistas. Además la confrontación no se ceñía al aspecto artístico sino que en ella entraba en juego la demostración de riqueza y poder de las familias y de las propias ciudades. 

Un ejemplo paradigmático lo tenemos en el caso de la obra “Los desposorios de la Virgen” que fue encargada a Rafael Sanzio (1483-1520) por la rica familia Albizzini de Città di Castello siguiendo exactamente el modelo (ad modum et figuram) de la obra que previamente había realizado su maestro Perugino (1450-1523), que se encontraba expuesta en el Duomo de Perugia. Con este encargo se provocaba de forma directa la competición entre los pintores, entre las familias comitentes y entre las propias ciudades. 
Perugino c.1500                                                     Rafael 1504

Esta “competición” que hoy nos parece innecesariamente cruel para el maestro, fue ganada por el joven Rafael que a sus 20 años tiene la sabiduría de incorporar a la estructura básica del cuadro de Perugino, movimiento, perspectiva, aire que circula entre los personajes, profundidad y sentimiento, por no hablar del aspecto arquitectónico y de la  modernidad del conjunto. Ello supuso además de la primacía de Citá di Castello sobre  Perugia, la consideración de Rafael como campeón artístico de la Umbría, lo que trajo como consecuencia el recibir los encargos artísticos de las familias más pudientes, relegando a su maestro a un puesto secundario, lo que éste nunca le perdonaría. 

UN COMBATE SINGULAR

Una de las competiciones que ha pasado a la historia por la gran expectación que supuso en su momento es la que tuvo lugar entre los más grandes maestros del arte del Renacimiento italiano: Leonardo da Vinci [1452-1519] y Miguel Ángel Buonarotti (1475-1564), siendo en este caso éste último el joven aspirante, con 29 años, mientras Leonardo es ya un maestro en su madurez, reconocido por todos, que ya ha pintado la Última Cena [1495]  y la Monna Lisa [1502]. 

EL FRESCO DE LEONARDO

En 1503 la República de Florencia a través de su gonfaloniero, Piero Soderini le encarga a Leonardo Da Vinci que pinte un enorme mural en una pared del salón llamado de “Los quinientos” o del Gran Consejo,  en la primera planta del Palazzo Vecchio, sede del gobierno de la República florentina. Leonardo por entonces tenia 51 años era conocido en toda Europa como artista, ingeniero, músico además de otras muchas habilidades. Fue una decisión cara y arriesgada, pues era conocido que a menudo el artista dejaba las obras sin acabar, pero la importancia del encargo oficial hizo que el pintor aceptara encantado. El tema del mural debía versar sobre la derrota que infligieron los florentinos y sus aliados, las tropas del papa, al odiado ejercito milanés en las cercanías de la pequeña ciudad de Anghiari que tuvo lugar  en el año 1440. 

El contrato de Leonardo es firmado por  Maquiavelo, que a la sazón era Secretario de Estado de la República. En octubre de 1503 el Consejo asigna a Leonardo un local en Santa María Novella para que le sirviera de estudio, allí inicia sus trabajos preparatorios y fiel a su espíritu investigador decide no utilizar la técnica del fresco por sus muchas limitaciones a la hora de elaborar la pintura, decantándose por emplear el encausto que es una antigua técnica que se caracteriza por el uso de la cera como aglutinante de los pigmentos por lo que  la fijación de los colores a la pared se consigue aplicando calor una vez acabada la obra. Leonardo ensaya la técnica en su taller usando hornillos y la cosa parecía que funcionaba bien. Construye un andamio de su invención que podía subir y bajar gracias a un ingenioso sistema parecido al de un acordeón y comienza a realizar su obra en el Palacio.

En el fresco de Leonardo la escena de la batalla seguía los criterios de la tradición iconográfica, dotándola de un gran movimiento y animación. A primera vista los trajes y las armaduras parecen raros: la coraza con cabeza y cuernos de carnero, el casco adornado con un dragón, sables curvos al estilo turco, pero parece ser que a los personajes de la época les gustaba ese tipo de adornos más vistosos que útiles para la lucha. Los personajes de la escena, luchan por obtener el gonfalone o estandarte, símbolo de la ciudad de Florencia. El pintor trabaja los gestos y las expresiones de los personajes de los que se conservan diversos bocetos, para acentuar el dramatismo de la escena. Pero cuando Leonardo aplicó los hornillos para secar la pintura igual que había hecho en su taller, se dio cuenta de que las paredes no eran las mismas. Aquellos hornillos no fueron suficientes para dar calor a la enorme pared y la parte alta del dibujo comenzó a cuartearse, desprenderse y a mezclarse los colores. A la vista de las dificultades Da Vinci abandona el trabajo sin acabarlo del todo.
En la serie italiana: Vita di Leonardo da Vinci (1971) de R. Castellani, se reproduce la escena en la que que se encuentran con los problemas del secado de la Batalla de Anghiari.

Podemos hacernos una idea del fresco a través de la copia del pintor Peter Paul Rubens que se conserva en el Museo del Louvre, conocida como La batalla del Estandarte, realizada en 1603, basándose probablemente en un grabado de la época realizado por Lorenzo Zacchia (1558). 
P. Rubens, La Batalla del Estandarte, 1603. Museo del Louvre

En realidad, a pesar del desastre, la obra estaba prácticamente acabada. Leonardo había trabajado durante un año con seis asistentes entre los que se encuentra un «Ferrando Spagnolo, pittore», que podría corresponder a Fernando Yáñez de la Almedina (Ciudad Real, h.1475–1536) o más probablemente a Hernando de los Llanos, artista de origen manchego que en 1505 trabaja como discípulo de Leonardo.  

La obra causó una gran impresión en aquéllos que la vieron; muchos son los que escribieron sobre ella y los pintores y aprendices que realizaron copias parciales de la misma. Solamente ha llegado a nuestros días un fragmento de la pintura atribuido al propio Leonardo, conocido como La Tavola Doria, que se conservaba en una colección privada de Munich y que hoy se encuentra en paradero desconocido, aunque una copia de similares características se encuentra en la Galería de los Uffizi en Florencia.

Copia de la Tavola Doria. G.Uffizi. Florencia

EL FRESCO DE MIGUEL ANGEL
Mientras Leonardo se encuentra trabajando en su fresco, en verano de 1504, el Gobierno de la ciudad decide realizar un nuevo encargo para completar las pinturas del Salón y piensa en el joven Miguel Ángel Buonarroti que acaba de obtener un gran éxito con la realización de la estatua de David que ha sido colocada en la plaza de la Signoría y va ser considerado como el símbolo de la ciudad.
"Piero Soderini, entonces gonfaloniero, por la gran virtud que vio en Miguel Ángel, le hizo encargo de una parte de aquella sala: lo que fue motivo de que hiciera competencia a Leonardo en la otra pared". (Vasari)
No sabemos si el encargo obedece a un deseo de premiar al joven artista o a la falta de confianza en la capacidad del Maestro Leonardo de poder completar el conjunto, el caso es que se contrata a Miguel Ángel para la realización de un cartón con el tema de la Batalla de Cascina que sirviera como base al fresco que decoraría la pared de enfrente a la que ya estaba realizando Leonardo, convirtiendo la sala en el lugar donde competirían artísticamente los dos mejores creadores del momento, pensando seguramente que la confrontación estimularía a los genios para pintar el mejor fresco.
Esta sería la primera y única vez que ambos artistas coincidirían en un mismo espacio de trabajo, lo que no siempre resultaría agradable, ya que, a pesar de que Leonardo tenía un carácter amable y no se le conocían enemigos, Miguel Ángel tenía muy mal genio y discutieron en más de una ocasión.
La historia que debía pintar Miguel Ángel sobre la Batalla de Cascina está inspirada en una crónica que narra los hechos acaecidos el 29 de julio de 1364 cuando el condotiero Malatesta, jefe de las tropas florentinas que iban a atacar Pisa, se sitúa a seis millas de la ciudad, en Cascina. El calor reinante provoca que los soldados se despojen de sus armas y atuendos y se bañen en el río Arno, momento que sería aprovechado por los pisanos para atacar. Pero a la voz de alarma del vigía los soldados salen veloces del agua y el enfrentamiento logra resolverse a favor de los florentinos.
Miguel Ángel inició los trabajos en marzo de 1505, acabándolos hacia el mes de noviembre del año siguiente; el cartón se ejecutó en la estancia que le fue asignada en el hospital "dei Tintori" en San Onofre, junto a la iglesia de Santa María Novella. Como en otras ocasiones el pintor impide que nadie vea la obra mientras está trabajando. Cuando finalmente el cartón estuvo terminado, se colgó en el Salón de los Quinientos, donde inmediatamente suscitó la admiración de todos cuantos lo vieron. 

La escena elegida por Buonarroti es el momento en que los soldados salen del río a toda prisa, avisados por el vigía, introduciendo en la composición la tensión y el movimiento de la batalla, valiéndose únicamente de figuras de hombres desnudos, apartándose de la iconografía utilizada por da Vinci: no hay escudos, caballos, ropajes… solamente los cuerpos en su desnudez que transmiten el momento de máxima tensión sin necesidad de otros elementos accesorios. 
Miguel Ángel. Dibujos preparatorios
En realidad el fresco nunca se llegó a pintar pues apenas iniciado el esbozo sobre la pared Miguel Ángel lo abandona, afirmando que es requerido por el Papa Julio II para realizar su tumba, lo que no parece que fuera cierto, al menos en ese momento. De la obra original, únicamente se conservan algunos dibujos preparatorios del artista en los que se puede apreciar su calidad técnica y la firmeza de su trazo que denotan su maestría.

Los cartones expuestos fueron durante mucho tiempo el modelo con el que aprendieron a dibujar generaciones de pintores que copiaron fragmentos de los mismos como medio de aprendizaje y fueron influenciados por Miguel Ángel, pese a tratarse de simples bocetos. 

La única copia del cartón que ha llegado a nosotros es la que realiza el pintor Bastiano da Sangallo, apodado “el Aristóteles”.


Copia de la Batalla de Cascina de Miguel Ángel realizada por Bastiano da Sangallo
Además de la copia parcial de Norfolk, existe un fragmento aún más reducido que fue grabado por Marcantonio Raimondi titulado “Los escaladores”.
Los escaladores Grabado de Marcantonio Raimondi
Muchos son los comentarios escritos de artistas de su tiempo alrededor de los cartones de la Batalla de Cascina, refiriéndose a esta pieza, el escultor y orfebre florentino, Benvenuto Cellini (1500-1571) afirma en su biografía que el talento italiano nunca volvió a alcanzar ni siquiera la mitad del nivel de perfección que logró con este cuadro. 

Como siempre, es importante el testimonio de Vasari que en sus ‘Vidas de los mas excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimabue a nuestros tiempos’, (1550), comenta la belleza de la obra:
Cuando vieron los bocetos, los otros artistas quedaron rendidos de admiración y atónitos, porque era una revelación de la cima que se podía conseguir en el arte del dibujo. Aquellos que han visto estas inspiradas figuras declaran que no han sido nunca superadas por ningún artista, ni siquiera por Miguel Ángel mismo, y que nadie, nunca en la vida, conseguirá lograr esta perfección.
A veces las críticas tuvieron otro sentido, Pietro Vannucci, el Perugino fue, como otros muchos artistas florentinos, a ver los cartones pintados por Miguel Ángel y parece ser que escandalizado por los desnudos que allí vio no pudo reprimir su crítica al pintor que ofendido por ello parece ser que le insultó, por lo que ambos terminaron ante el Consejo de los Ocho que, finalmente dio la razón a Miguel Ángel.

 ¿QUIÉN GANÓ, FINALMENTE, LA CONTIENDA?
Pues, aunque siempre hay opiniones para todos los gustos, en este caso, también fue el artista más joven el que se alzó con el triunfo, básicamente por lo atrevido de su planteamiento, su potencia y su originalidad, aunque ello no hubiera sido suficiente sin la maestría y la técnica. 

El propio Leonardo quizás consciente de las limitaciones técnicas que le impidieron finalizar su obra, realizó posteriormente estudios de desnudos a la manera de Miguel Ángel.

¿QUÉ OCURRIÓ CON LAS PINTURAS?
El mural inacabado de Leonardo y los cartones de Miguel Ángel se mantuvieron en el salón, a la vista del público, juntos durante unos años, al menos hasta 1512.
Respecto a los cartones de Miguel Ángel
Durante la revuelta ocurrida en Florencia en 1512, que terminaron con la caída del gonfaloniero Piero Soderini, los cartones fueron divididos y trasladados a la sala del Papa en el convento de Santa Maria Novella.  Posteriormente estuvieron un tiempo expuestos en el palacio de los Medici, por petición expresa de Giuliano de Médici, duque de Nemours, que era un gran admirador de Miguel Ángel. Allí de nuevo pudieron ser admirados y estudiados por todos los artistas.
El año 1515, durante una visita a Florencia del papa León X, se realizaron decoraciones por toda la ciudad basadas en la batalla de Cascina según el proyecto de Miguel Ángel; es probable que los diferentes trozos del cartón fueran entregados a diferentes artistas para que los copiasen y así adornasen la población para el recibimiento del papa.
Se cuenta que mientras los cartones estuvieron en el palacio Médici el pintor Baccio Bandinelli (1488-1560) que durante toda su vida rivalizó con Miguel Ángel, se hizo con una copia de la llave de la estancia donde estos se encontraban con la excusa de poder disponer de más tiempo para estudiarlos, pero los dividió en más trozos más pequeños y los hizo desaparecer. Sobre las causas de esta acción unos dicen que lo hizo para quedárselos, evitando así que otros artistas los estudiaran; otros que para hacerle un favor a Leonardo da Vinci, a quien los cartones de Miguel Ángel habían restado fama. Pero la hipótesis más probable es que simplemente fuera por envidia.
Existe constancia de que algunos fragmentos reaparecieron y fueron conservados en la casa de Uberto Strozzi, en Mantua. Se conserva también una carta de noviembre de 1575 en la que Guillermo Sangalletti, embajador de Francisco I de Médici escribía sobre un intento de adquirirlos para que volvieran a Florencia. Pero no hay más rastro de los dibujos desde entonces.
En cuanto a la pintura de Leonardo
A pesar de los daños en la parte alta que es la que quedó inacabada, su parte central fue muy admirada y se hicieron numerosas copias durante  años. Es gracias a ellas que hoy podemos hacernos una idea bastante clara de cómo era el fresco de Leonardo. Entre los grabados de la época podemos resaltar el de Zacchia, anteriormente mencionado, del que Rubens realiza su copia; también es digno de mención el realizado por el grabador flamenco Gerard Edelinck en la segunda mitad del S.XVII de indudable parecido al de Rubens.
Lo que no se sabe es qué ocurrió con la pintura mural del Salón de los Quinientos. El Salón sigue existiendo y hoy en día es el Salón Grande del Consejo del Ayuntamiento de Florencia, más amplio y decorado que en tiempos de Leonardo. La historia de su reforma podría ser el punto inicial de un misterio hasta hoy no desvelado.
Precisamente la transformación del Salón fue encargada en 1555 al arquitecto, pintor y tratadista de Arte, Giorgio Vasari que durante casi 20 años realizó su reestructuración y ampliación para que el Gran Duque Cosme I de Médici pudiera alojar en él su corte.

Durante la reforma Vasari realizó el encargo de pintar seis frescos que proclamaran la potencia de los Médicis: en un lado estarían los que representan la toma de Siena y en el otro los de la derrota de Pisa. Entre ellos, tiene importancia para nuestra historia el titulado Batalla de Marciano en Val de Chiana, por ser el que ocupa el lugar en el que se asegura estuvo el mural de Leonardo.
Vasari. Batalla de Marciano en Val de Chiana
Muchos estudiosos se han preguntado cómo Vasari, gran admirador de Leonardo pudo realizar su fresco ocultando o destruyendo la obra del gran maestro sin consideración a su arte. Recientes mediciones realizadas sobre la pared dan casi por sentado que entre el fresco pintado por Vasari y el muro, existe una cámara de aire de al menos dos o tres centímetros, por lo que sería posible, que debajo de la obra actua se encontrara la batalla de Anghiari de Leonardo. 

Por si esto fuera poco, en la parte superior del fresco de Vasari, a 12 metros del suelo, en un estandarte verde transportado por las tropas aparecen unas palabras que desde luego no pueden leerse desde el suelo y que podrían parecer un misterioso mensaje del autor:  En el estandarte figura la expresión «Cerca trova» («El que busca encuentra») 

Hace ya un tiempo (22/11/2007)  una noticia de Roberta Bosco y Stefano Caldana en Ciberp@ís, contaba que un investigador italiano Maurizio Seracini de la Universidad de San Diego en California llevaba 30 años buscando la pintura de Leonardo La Batalla de Anghiari; y que ahora, gracias al desarrollo tecnológico, estaba en condiciones de encontrarla.
"Por fin –decía- existe una tecnología que permitirá verificar si la hipótesis de Seracini es correcta: Vasari salvó La Batalla, como ya había hecho con La Trinidad de Masaccio* en la Iglesia de Santa Maria Novella de Florencia, hallada a finales del XIX detrás de una tabla del mismo artista. El ministro italiano de Cultura, Francesco Rutelli, ha dado luz verde a la última fase de la investigación para recuperar La Batalla de Anghiari.”

*La Trinidad es un fresco realizado por el pintor italiano renacentista Masaccio que representa a la Sagrada Trinidad, con la Virgen, San Juan y donantes, que está pintado en uno de los muros laterales de la iglesia de Santa María Novella de Florencia. Fue redescubierta en su integridad en 1861, después de ocultarse en el siglo XVI por un retablo de Vasari y un altar de piedra. Hoy ese fresco es considerado como la primera pintura renacentista.
A pesar del tiempo transcurrido no hay noticias de que se hayan producido avances en la investigación que permitan asegurar la permanencia del mural de Leonardo tras el fresco de Vasari

La hipótesis del investigador ciertamente parece posible, incluso podría darse el hecho de que finalmente se lograra probar que la obra de Leonardo está detrás, y ¿entonces qué? probablemente ello supondría años de análisis y estudios técnicos que permitieran separar las obras sin dañar ninguna de ellas, en todo caso sería un largo camino de resultados inciertos.

Terminé de escribir esta historia en madrid el 27.9.2009

Desde que terminé de escribir este artículo he seguido pendiente de las novedades sobre la investigación. La incorporación al equipo de la National Geographic Society como sponsor del proyecto pareció dar nuevas fuerzas a una investigación que ya duraba más de 30 años. (Ver Artículo El País 1979).

El Salón de los Quinientos se volvió a llenar de andamios y de conferenciantes y en 2011 y se decide hacer catas mediante la introducción de pequeñas cámaras en grietas u orificios practicados en la pared.

Entonces estalla una controversia entre expertos, al considerar que estas técnicas eran muy agresivas para el fresco de Vasari, mientras las posibilidades de hallar el mural de Leonardo eran mínimas. Ante esta situación, una denuncia firmada por 500 intelectuales logra parar la investigación denunciando que al fresco de Vasari le habían sido practicados siete agujeros para introducir unas microsondas de cuatro milímetros de diámetro que permitieran examinar el interior de la pared; lo que obligó a la fiscalía abrir un expediente y paralizar la investigación.

A juzgar por las últimas noticias, la paralización no debió durar mucho pues los trabajos han podido proseguir sin aparentes problemas.

Fotografías del proceso

En un artículo publicado de nuevo por El País (12 de marzo 2012), se anuncia la posibilidad de haber encontrado "alguna evidencia" de que el fresco de Leonardo está donde lo buscan y se informa de la próxima emisión de un documental en National Geographic Channel titulado En busca del Da Vinci perdido.

   “Aunque todavía estamos en las etapas preliminares, la evidencia muestra que estamos buscando en el lugar correcto” afirma el investigador principal Mauricio Seracini después de 37 años en la investigación. Las "evidencias" encontradas son: "un pigmento negro, algunos fragmentos de rojo, una fina capa de beige...” elementos que podrían revelar la presencia de otras pinturas pero difícilmente pueden asegurar la existencia del fresco de Leonardo en condiciones de ser "rescatado”.


Es difícil aventurar lo que deparará esta historia que encierra, sin lugar a dudas, elementos apasionantes y en la que se mezclan cada vez más intereses, económicos, publicitarios y hasta políticos. 

Son demasiados años, y está sobre todo el convencimiento de que para encontrar una obra en dudoso estado, sería preciso perjudicar el fresco de Vasari que se encuentra delante. Si Vasari, como se especula, hubiera querido respetar la obra del Maestro, lo hubiera hecho a través de un método que permitiera su redescubrimiento sin tantas dificultades como ya hizo con la Trinidad de Masaccio en Santa María Novella; mas bien cabe pensar que el estado de la obra no mereciera su mantenimiento. 

Por cierto, el documental de National Geographic no aportó ninguna novedad  ni certidumbre sobre la investigación.


Enlaces a los artículos mencionados:
http://elpais.com/diario/1979/11/02/cultura/310345211_850215.html 
http://elpais.com/diario/2007/11/22/ciberpais/1195701865_850215.html
http://elpais.com/diario/2011/12/09/cultura/1323385202_850215.html
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/12/actualidad/1331571982_466221.html