domingo, 6 de octubre de 2013

LAS MENINAS DORSET EN EL PRADO Y SOFONISBA ANGUISSOLA

LAS MENINAS DE DORSET 

Las meninas, Juan Bautista Martínez del Mazo. 142,2 x 121,9 cm, ca. 1660, Dorset-Kingston Lacy, The Bankes Collection (The National Trust).

El día 8 de octubre se abre una nueva exposición en el Prado dedicada a Velázquez y la Familia de Felipe IV que nos va a permitir, entre otras, la curiosidad de ver “Las Meninas de Dorset”, obra tradicionalmente atribuida a su discípulo y yerno Juan Bautista Martínez del Mazo.

Los prolegómenos de la exposición se han centrado en buena parte en resaltar la presencia de estas pequeñas meninas que causarán sorpresa a muchos y que vienen acompañadas de la controversia de si se trata de una obra de Martinez del Mazo o si, por el contrario, tal como afirma Matías Díaz Padrón, se trata de un boceto, o "modeletto" realizado por el propio Diego Velázquez.

Las comparaciones que se muestran inducen a un cierto error pues presentan las imágenes comparadas de ambas obras o partes de ellas como si fueran del mismo tamaño cuando, en realidad la superficie de las Meninas de Martínez del Mazo por sus dimensiones [142,2 x 121,9] no llegan ni a una cuarta parte del tamaño de las del Prado [318 x 276]. Una comparación más ajustada debería respetar esta proporción, que sería aproximadamente la que se muestra a continuación.


La controversia sobre la autoría de esta obra es sostenida fundamentalmente por el especialista Matías Díaz Padrón, "viejo lobo solitario" que tantos hallazgos ha incorporado a la Historia del Arte en los últimos cincuenta años, enriqueciendo el patrimonio y el debate con sus argumentos no exentos de pequeños subterfugios a través de los que convierte la información de que dispone en pieza de convicción: si dispone de documentos, los valora como única fuente fiable de información, si no dispone de ellos, minimiza su importancia enfatizando la precisión de la pincelada, el estudio de la luz o los colores. Además, desconsidera de forma casi sistemática los procedimientos químicos aplicados al análisis de las obras. No hace mucho tiempo recogía en este blog la noticia de un Van Dyck recuperado: La Virgen y el niño con los pecadores arrepentidos, gracias a la investigación realizada por este profesor en la que consideraba fundamentales los documentos encontrados por encima de cualquier otro análisis. (Ver: Van Dyck recuperado)  

Los interesantes argumentos que el profesor ha ido desgranando sobre las Meninas de Dorset en una intervención realizada en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y que recogen en buena parte los que ya habían sido presentados en las Jornadas sobre Arte Español fuera de España organizadas por el Instituto de Historia del CSIC en 2002, serán objeto de una publicación específica de próxima aparición. En ella suponemos que Díaz Padrón volcará toda la información que ha ido acumulando sobre la obra en los últimos quince años.

No parece sin embargo que se vayan a despejar ciertas dudas que los más avisados señalan, como es la presencia de la cruz de Santiago en el presunto boceto preparatorio cuando es sabido que tal distinción fue añadida al cuadro principal después de su terminación (1656), una vez que Velázquez consiguió por fin su anhelado título de Caballero de la Orden, en noviembre de 1659 pocos meses antes de su muerte. Cuenta Palomino que después de muerto, mandó el Rey que en su figura del cuadro de Las Meninas se le pintase sobre el pecho la cruz de Santiago(Una información completa sobre este tema en Atenas-Diario de a bordo)

Autorretrato de Velázquez en las Meninas

En todo caso, la apuesta del profesor Díaz Padrón hace lógicamente feliz al modesto Museo de Dorset que se declara orgulloso de poseer un cuadro de Velázquez, aceptando una autoría que siempre será beneficiosa para la institución. El Museo del Prado, por su parte, no entra en la discusión, pero también se beneficia de esta polémica que, al igual que ocurrió con la "Mona Lisa española", atraerá visitantes a una exposición que, a pesar de su gran calidad, no tiene muchos alicientes para animar al gran público a visitarla.

Al margen de la polémica, lo cierto es que Las Meninas de Velázquez, sin estar en las salas de la exposición, van a constituir el centro neurálgico de la misma.

LA DENOMINACIÓN DE LA OBRA

La obra aparece en los inventarios del Palacio Real como El cuadro de la familia. No será hasta 1843, año en que se publica el catálogo del Museo del Prado de Pedro de Madrazo, cuando se utiliza la denominación de Las Meninas, título que tuvo una gran repercusión y es el que se ha mantenido hasta hoy.

El título hace referencia a dos personajes que aparecen en la obra, tal como los describe el pintor y escritor Antonio Palomino en su obra Museo pictórico, donde denomina a las dos damas que acompañan a la infanta como “meninas” utilizando el término portugués con el que se refería a las hijas de nobles que estaban al servicio de las infantas, como doncellas de honor que se criaban y educaban con ellas y recibían ese nombre hasta que alcanzaban la mayoría de edad, momento en que pasaban a ser damas de honor.

LA RELACIÓN CON SOFONISBA ANGUISSOLA

Tras esta amplia introducción, llego al tema que aparece en la segunda parte del título de esta entrada que se refiere a la posible relación entre Velázquez y Sofonisba Anguissola.

Como sabemos, ambos pintores lo son de la corte de los Austrias, Sofonisba de Felipe II y Velázquez de Felipe IV y, aunque coinciden en el ámbito en el que realizan su actividad, media entre ambos un amplio espacio de tiempo: ella trabaja en la corte desde 1559 hasta 1573, y él cincuenta años después, desde 1623 hasta su muerte en 1660.

La relación entre ellos hay que buscarla dentro de la propia obra de las Meninas. Si observamos la parte central del cuadro, vemos que aparece la infanta Margarita rodeada por dos meninas. La de la izquierda, María Agustina Sarmiento, le ofrece, en una bandeja o azafate de plata con una pequeña base o pie central para mantenerlo elevado de la superficie, sobre la que se encuentra un búcaro de cerámica rojo probablemente con agua.


¿Cómo no recordar el cuadro de Sofonisba Anguissola, quien en 1595 pinta a la nieta de Felipe II, Margarita, hija de Catalina Micaela de Saboya, acompañada de un enano que le sirve con idéntica actitud un pequeño búcaro de cerámica roja sobre una pequeña fuente, en este caso de cerámica, con bordes irregulares y con un soporte o pie central para servirle de apoyo?

Margarita de Saboya con enano. 1595 Col Marqués de Griñón

La especialista Maria Kusche ya hizo notar esta similitud en su obra "Retratos y Retradores". 


La doctora Kusche no solo identifica al personaje como la hija de de la infanta Catalina Micaela, (Margarita, futura duquesa de Mantua y virreina de Portugal bajo Felipe IV), a quien hasta entonces había sido considerada como la duquesa de Béjar, sino que reatribuye en 1992 la obra, hasta ese momento asignada a Sánchez Coello, a su verdadera titular: Sofonisba Anguissola

Podemos apreciar el parecido de la niña con su madre y su abuela, ambas en el Museo del Prado. 


Piensa la doctora Kusche que el retrato debió ser enviado al abuelo y por alguna razón, al morir Felipe II en 1598, la propiedad debió pasar a la casa de don Iñigo Mendoza, V duque del Infantado, siendo probablemente colocado en algún palacio de sus descendientes accesible para Velázquez.

"No hay duda -dice Maria Kusche- que el retrato de Margarita, no solo en sus detalles, sino en todo su ambiente le sirvió de inspiración a Velázquez para una de sus pinturas más hermosas e inquietantes"


miércoles, 18 de septiembre de 2013

EL JUEGO DE AJEDREZ DE SOFONISBA ANGUISSOLA

Una de las obras más interesantes y a la vez de las más conocidas de Sofonisba Anguissola, correspondiente al periodo cremonés, es la titulada Partida de Ajedrez (Partita a scacchi), realizada por la pintora en 1555.
Partita a Scacchi. Óleo sobre tela, 72 x 97 cm. Museo Narodowe, Poznan, Polonia.

Los personajes representados

La obra representa una escena de carácter familiar en la que Elena y Minerva, juegan al ajedrez ante la risueña mirada de la hermana menor, Europa y en segundo plano, a la derecha. se ve la figura de una criada.

Como en otras obras de Sofonisba Anguissola se produce un interesante juego de miradas que recorre todos los personajes y nunca se cruzan: la criada observa a la pequeña Europa, que sonríe mirando a su hermana Minerva, que adivinamos que va perdiendo en el juego y mira  sorprendida a la hermana mayor, Elena, quien a su vez parece buscar la aprobación de la pintora, a la que dirige su mirada.

El borde del tablero que se encuentra a la vista contiene su peculiar firma:

SOPHONISBA ANGVSSOLA, VIRGO, AMILCARIS FILIA, EX VERA EFFIGIE TRES SVAS SORORES ET ANCILLAM PINXIT. MDLV
(Sofonisba Anguissola, doncella, hija de Amilcar, pintó a sus tres hermanas
 y a la criada del natural, 1555)

La criada que aparece observando la escena es probablemente Cornelia Appiani, la misma que pocos años después acompañará a Sofonisba en su viaje a España. La volvemos a encontrar retratada, también en segundo plano, en uno de los pocos autorretratos que la pintora realiza en España en 1561 para enviar a su familia en Italia. Conocemos su nombre gracias a los documentos del Archivo di Stato de Milán publicados por Rossana Sacchi en el catálogo de la Exposición Sofonisba Anguissola e le sue sorelle (1994), por los que se resuelve el pago de una deuda que contrajo Sofonisba con ella de 250 escudos "para completare il pagamento dei servizi prestatile in Spagna"

Por los datos recogidos en tales documentos sabemos que Cornelia abandonó España hacia 1567, probablemente por causa de salud, ya que consta su fallecimiento en Milán en 1570. La deuda  fue cobrada finalmente en 1580 por su heredero Bartolomeo Appiani.


Autorretrato tocando la Espineta con una criada (Cornelia Appiani). 1561.
 Collection Spencer. Althorp, Northamptonshire, England.

El libro de la verdad

La obra el Juego de Ajedrez se encuentra en la actualidad en el Museo Narodowe de la ciudad de Poznan (Polonia) adquirida en 1823 por el conde Athanase Raczynski. El Museo muestra las credenciales del cuadro al público a través de Internet, en una práctica de transparencia envidiable, en un documento denominado Libri Veritatis, a través del cual podemos acceder a la información manuscrita sobre la adquisición de la obra. El documento, recoge citas antiguas de la obra, una sucinta mención de Lomazzo y lo que sobre la pintora y el cuadro dice Vasari alabando los retratos de los que dice "solo les falta hablar". 

La documentación prosigue con el relato de la consulta que el comprador hace al coleccionista de arte Sr. Vivant Denon (dibujante y grabador, diplomático, viajero, director del Museo de Napoleón que luego lo sería el Louvre) antes de cerrar la compra. Denon reconoce el cuadro de El juego del Ajedrez por haberlo visto en Italia y haber realizado de él un grabado.

La obra, que procedía de la Colección Lucien Bonaparte, pasa por tanto a ser propiedad del Conde Raczyinski que paga por él la suma de 3.000 francos. La transacción se realiza finalmente en París el 2 de Enero de 1823 por el Sr. Lancuville, pintor y experto del Gobierno para obras de arte. 
El documento se acompaña de una reproducción del grabado realizado por Denon en cuyo pie se informa que lo hizo cuando el original se encontraba en capo di monte (sic). Según su autor "fue realizado sin descolgar el cuadro de la pared" y además "las figuras se encuentran al revés". El grabado se lo ofrece Denon como regalo al conde Raczynski el día en que se cierra el trato, el 31 de Diciembre de 1823. 


Pero es aquí donde se complica el hilo de la historia ya que el grabado del cuadro que reproduce el Sr. Denon no coincide con la imagen del cuadro que se encuentra en la actualidad en el Museo de Polonia. 

En especial uno de los personajes representados, el principal, de la hermana mayor, Elena, no se corresponde con la obra que hoy conocemos. Cabe pensar que el Sr. Denon pudo ver en "capo di monte" la obra y hacer un boceto y posteriormente realizara el grabado sin recordar bien los detalles, pero también podría pensarse que realizó el grabado de una obra distinta de la que ahora conocemos. Este dato estaría apoyado por la información que consta en el recibo del pago, donde el vendedor indica que Sofonisba se retrata a sí misma jugando con su hermana. 

Sería posible que se hubieran realizado dos cuadros diferentes por las dos hermanas pintoras en los que cada una retratara a la otra como personaje principal de la composición. Esta práctica de hacer una competición entre pintores se realiza con cierta frecuencia en esta época y es posible que la propia Sofonisba vuelva a llevarla a cabo en 1559 con ocasión de la realización de la obra conocida como "Bernardino Campi retrata a Sofonisba" de la Pinacoteca Nazionale de Parma comentada en este blog.

El hecho es que cuando el SrRaczyinski enseña la obra al experto Sr. Denon, éste cree reconocerla y la identifica con la obra que dice haber copiado y posteriormente grabado al aguafuerte con ocasión de un viaje a Italia y que entonces se encontraba en Nápoles, "Il croyait se rappeler que le tableau se trouvait alors dans une des galeries du Roy de Naples".
La principal diferencia entre ambos dibujos, además de la del personaje principal Elena / Sofonisba, comentado, se encuentra en que en el dibujo del Sr. Denon  no recoge el interesante juego de miradas que se encuentra en la obra tal como la vemos actualmente, que antes hemos comentado. El personaje que se corresponde con Elena en el grabado de Denon, dirige su mirada hacia el tablero de juego y no al exterior, hacia la autora de la pintura, siendo que esa mirada, a mi entender, es uno de los elementos que caracteriza la composición y que da al cuadro su verdadera originalidad
Si damos vuelta a la imagen y la comparamos con otro grabado de la época que se conserva en el British Museum, realizado en el primer tercio del siglo XIX por G. Battista Leonetti, se ven claramente las diferencias comentadas.
Grabado Museo Narodowe. Poznan (Polonia) S.XIX
Grabado de G. Battista Leonetti. British Museum, S.XIX

A continuación transcribo el contenido completo del documento;

LIBRI VERITATIS.
Les joueuses d’Echecs de Sofonisba Angussola [Anguissola]
Muzeum Narodowe w Poznaniu – 1414-01
Ce tableau est signé de l’auteur ainsi qu’il soitSofonisba Angussola Virgo Amilcaris
filia ex vera efigie tres suas sorores et ancillam pinxit. MDLX.
Lomazzo cite Sofonisba dans son ouvrage. Il dis page 666 dans la tavola dei nomi de gl’artifici, Sofonisba Angosciuola Cremonese, pronta pittricce discepola di Bernardino Campi.
Vasari cite ce tableau de la manière suivante: «Ma sopratutti gli ( :al Campi) ha fatto onore ed é stata eccellentissima nella pittura Sofonisba Anguisciola Cremonese con tre sue sorelle, le quale virtuosisimi giovani sonno nate del Sig : Amilcare Anguisciola e della Sig. Bianca Punzona, ambe nobilissime famiglie in Cremona. Parlando dunque di essa Sig : Sofonisba, della quale dicemmo alcune poche cose nella vita de Properzia Bolognese per non saperne allora piu oltre, dico aver veduto quest’anno in Cremona de mano di lei in casa de suo padre e in unquadro fatto con molta dilligenza, ritratti tre sorelle in atti di giocare a scacchi, e con esse loro unna vecchia donna di casa con tanta diligenza e pronteza, che paiono veramente vive e che non manchi loro altro che la parola ». Vasari Edition de Siena, 1792 T.VIII P.362
Mr. Denon, l’auteur du Voyage en Egipte a qui j’ai montré ce tableau avant d’en faire l’acquisition l’a reconnu pour l’avoir gravé à l’eau fort dans un de ses voyages en l’italie. Il croyait se rappeler que le tableau se trouvait alors dans une des galeries du Roy de Naples. Il m’a dit avoir fait sa gravure sans détacher le tableau de d.... le mur aussi les figures sont elles posées a l’envers dans sa gravure. Il m’a donnée aussitôt une épreuve de cette eau forte et après avoir fait des retouches à la planche il m’en a  encore donné plusieurs autres. (Voyez ces gravures à la fin de cette notice).
Le tableau provient de la Galerie Lucien Bonaparte. J’en ai doneé trois mille francs. Le gouvernement français avoit fait demander à Mr. Lancuville, estimateur de tableaux, le même qui avoit reçu la commission de vendre ces tableaux de Lucien de m’en offrir le double. C’est au moins ce qui m’a dit longtemps aprés que j’en avait fait l’acquisition.
Vasari dans son ouvrage parle souvent de Sofonisba, Il dit T.VI P.199: “Ma Sofonisba Cremonese, figliuola di M. Amilcare Anguisciola ha con piu studio e con miglior grazia ch’altra donna dei tempi nostri, faticato dietro alle cose del disegno, perciocché  ha saputo non pure disegnare, colorire et ritrarre da naturale e copiare eccelentemente cose d’altrui, ma da se sola ha fatto cose rarissime e bellissime di pittura onde ha meritato che Filippo, Re di Spagna, avendo inteso dal Sig. Duca di Alba la virtú e i meriti suoi, avia  mandato per lei e fattala condurre onoratíssimamente in Spagna, dove la tiene aprezzo la Reina con grossa provisione e con stupor di tutta quella parte, che ammira, come cosa maravigliosa, la eccellenza di Sofonisba.
Lanzi dit dans son Indice, Angussola o Angusciola, Sofonisba Cremonese, morí vecchia in Genova circa  il 1620 d’anno 90 circa. Il dit encore T.4.P147,: “Tutti i prelodati  discépoli di Bernardino Campi, ed altri che ometto ne starono quasi oscuri in paragone di Sofonisba nata en Cremona di nobilissima famiglia. Il Vasari fa onoratissima invenzione de Sofonisba e di quattro sue minori sorelle, Lucia, minerva, Europa ed Ana Maria. C’est Sofonisba qui fit l’education de ses soeurs comme artistes.   
Recibo de la adquisición 
Je reconnois avoir reçu de Monsieur le Comte de Athanase Raczyinski, la somme de six mille cinq cent francs pour deux tableaux  provenant de la collection de M. Lucien Bonnaparte, maintenant rue Caumartin nº 7, l’un de Sofonisba Angussola  rept. son Portrait peint par elle meme jouant aux echecs avec  ses deux soeurs, composition de 4 figures vues a mi corps et l’autre par Jan Bellino rept. une Ste. Famille, la Vierge, l’enfant Jesús, S. Joseph, le petit St. Jean et une jeune personne paroissant la donnataire. Lesquels tableaux sont la propriete de Monsieur le Conte de Raczyinski et je le lui remettrai a sa première requisition.
París le 2 janvier 1823  Lancuville  Peintre et expert du Gouvernement pour les objets d’art. Rue S. Illare, nº 5.


martes, 30 de julio de 2013

RETRATO DE MENGS POR ANNA MARIA MENGS

JULIO-2013  El Museo del Prado expone un cuadro de Anna Maria Mengs, hasta ahora guardado en el almacén del Museo, en una exhibición temporal.

JULIO-2021  El Museo del Prado incorpora el Retrato de Mengs realizado por su hija a la Sala de retratos de pintores del siglo XIX de la exposición permanente.

Con motivo de la adquisición del retrato de José Nicolás de Azara pintado por Antón Rafael Mengs el Museo del Prado ha realizado una exposición "de gabinete" con el título "MENGS & AZARA El retrato de una amistad" que reune veinticuatro obras procedentes en su mayoría de sus colecciones, entre las que se encuentra una obra de Anna Maria Mengs, su hija y discípula, perteneciente al Museo que no había sido hasta ahora expuesta.

Cuando realicé la entrada sobre Pintoras en el Museo del Prado in & out, busqué sin encontrar evidencia de alguna obra de esta pintora, dibujante y miniaturista, en la colecciones del Prado, a pesar de que la Enciclopedia del museo incluía una referencia sobre ella y sobre la obra que ahora se expone.

Anna Mª Mengs. Retrato de su padre, Antonio Rafael Mengs, pastel sobre papel


Algunos datos sobre Anna María Teresa Mengs 
(Dresde, 1751-Madrid, 1792). 

Anna Maria Teresa Mengs es una pintora alemana que destacó como miniaturista y dibujante al pastel, en el último cuarto del siglo XVIII. Fue discípula de su padre, Anton Raphael Mengs.

Casada en Roma, en 1777, con el grabador Manuel Salvador Carmona vinieron juntos a Madrid donde tuvieron siete hijos. Ella continuó su carrera artística y llegó a ser recibida como miembro de honor de la madrileña Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1790.

Se hizo especialmente célebre por sus miniaturas y sus retratos al pastel que realizó para la familia real, también trabajó para la Biblioteca Nacional y para la familia Lobkowicz. Sus trabajos fueron expuestos públicamente en la Academia después de su muerte en 1793 año en que fue publicada su biografía en la que fue particularmente apreciado el retrato de su marido

Resta por resolver una pequeña duda relacionada con las medidas del Retrato que figuran en la referencia que aporta el Museo  que se ha modificado al igual que el número de clasificación en el catálogo, pues mientras en la Enciclopedia online figuraba:

Retrato de su padre, Antonio Rafael Mengs, Pastel sobre papel, 46 x 35 cm [P04511].

En la nueva referencia que ahora puede verse en la Galería online aparece la siguiente:

Retrato de Antón Rafael Mengs, Pastel sobre papel, 573 mm x 442 mm [D07452]

Puede tratarse de un error pues no creo que se refieran a obras distintas. La información sobre la obra que ofrece el Museo es tan escueta que habría que indagar en otras fuentes complementarias. En cuanto a la numeración el Museo informa que la obra figuraba en el Inventario de Números descatalogados del inventario informático con el  núm. P04511 y que por indicación del Jefe de Área de Pintura del S. XIX se incluyó en el inventario de dibujos [D].

viernes, 12 de julio de 2013

EL VERDADERO ROSTRO DE MIGUEL ÁNGEL

(Del Cuaderno Recuperado)

Un nuevo autorretrato de Miguel Ángel en el Vaticano

El 2 de julio de 2009 aparecía en la prensa una noticia por la que se informaba del descubrimiento de un nuevo autorretrato del pintor renacentista Miguel Ángel Buonarotti (1475-1564). El País recogía la información del diario italiano La Repubblica y reproducía la imagen del supuesto autorretrato.

"Un nuevo autorretrato del genio del Renacimiento, Miguel Ángel Buonarotti, ha sido descubierto en la recién restaurada Capilla Paulina en el Vaticano, lo que ha despertado el interés de críticos y estudiosos del maestro renacentista, informa hoy el diario La Repubblica . Según el jefe de los restauradores de los Museos Vaticanos, Maurizio De Luca, en uno de los dos frescos de la capilla, el de la Crucifixión de San Pedro, aparece un "autoritratto" de Miguel Ángel con turbante azul como uno de los tres caballeros romanos que acompañan la crucifixión, a la izquierda de la escena."
El hombre del turbante azul en el Martirio de San Pedro de la Capilla Paulina
Miguel Ángel. Crucifixión de San Pedro en la Capilla Paolina. Vaticano
(El supuesto autorretrato se encuentra entre el grupo de jinetes situado en la parte superior izquierda del fresco, aparece señalado con un círculo.)

Queriendo ampliar la noticia, busqué otras fuentes de información, y en general, la mayoría de la prensa española e italiana reproducía una información de similares características, con la imagen del “hombre del turbante” como supuesto autorretrato “descubierto” en el fresco del Martirio de San Pedro; no obstante en algunos medios aparecía el comentario de otro especialista en desacuerdo con la corriente general:

Sin embargo, la hipótesis no es compartida por el director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci, que considera que esto son sólo "opiniones": "Lo digo con toda sinceridad, ese caballero con turbante azul no me parece que sea el autorretrato de Miguel Ángel, entre otras cosas, porque es demasiado joven. Cuando pintó estos frescos, el maestro tenía 70 años", ha señalado Paolucci al diario La Repubblica. (Ideal.es 2-7-2009).

Mientras, el diario ABC dirigía su atención y comentario al segundo fresco de Miguel Ángel en el que se representa la Conversión de San Pablo:

“En el fresco aparece la imagen del futuro Apóstol San Pablo recién caído de su caballo y ayudado por uno de sus siervos que, en realidad, sería el propio Miguel Ángel en los últimos años de su vida, según ha explicado a ABC el restaurador Mauricio de Luca” (ABC 2.7.2009)

Benedicto XVI en la homilía que pronuncia en la solemne inauguración de la Capilla Paolina el día 4 de julio, identifica la imagen de Miguel Ángel en el fresco de la Conversión de San Pablo, en relación con el cual se pregunta por qué el rostro del santo es el de un anciano, cuando por todos es sabido que cuando se produce su conversión camino de Damasco tiene alrededor de treinta años; a lo que él mismo responde: "El rostro de Saulo-Pablo —es el del propio artista ya envejecido, inquieto y en busca de la luz de la verdad—". 
San Pablo en el fresco de Miguel Ángel La Conversión de san Pablo. Capilla Paolina
Miguel Ángel. Conversión de san Pablo. Capilla Paolina

Lo cierto es que si Miguel Ángel hubiera puesto su rostro a San Pablo, personaje central de gran visibilidad en la obra, el hecho no hubiera pasado desapercibido en el ámbito cultural y en general en la sociedad romana que esperaba expectante la finalización de sus trabajos. Las obras de Miguel Ángel no dejaban indiferente a nadie y siempre eran objeto de controversia.

Consideraciones sobre la edad y la ideología del pintor

Cuando en 1542 el Papa Paulo III encarga a Miguel Ángel la realización de los frescos de la Conversión de San Pablo y la Crucifixión de San Pedro para la Capilla que lleva su nombre, el pintor tiene sesenta y siete años y no los concluye hasta los setenta y cinco, en 1550.  La tarea de realizar los dos frescos que ocupan sendos cuadros de 6 x 6 metros, le ocupó ocho años, mucho tiempo si lo comparamos con el Juicio Final,  de mucho mayor tamaño  (167 m2), que finalizó en seis años.

Cuenta Vasari en la biografía del pintor que la salud de Miguel Ángel en estos años está bastante deteriorada, pues además de su edad avanzada y sus múltiples achaques debido a una vida de duro y continuo trabajo, sufrió una caída del andamio cuando estaba terminando el fresco del Juicio Final. Miguel Ángel tuvo problemas en la vista por la pintura que le entraba en los ojos; además por pintar con el cuello siempre doblado hacia atrás se deformó las cervicales, hecho que le hacía padecer fuertes dolores.

 En 1544, ya iniciados los frescos de la Capilla Paolina, consta que una grave enfermedad lo mantuvo varios meses en cama en la casa de los Strozzi, pero en agosto de 1545 se reanudan los pagos a su ayudante Francesco di Amadore da Casteldurante, llamado el "Urbino" por realizar las tareas preparatorias para que el maestro pueda pintar los frescos de la Capilla. 

Los estudios preparatorios que se hicieron para la restauración revelaron que el pintor interrumpe a menudo el trabajo. A pesar de ello el último Miguel Ángel pinta cada día un fragmento de la composición: un día un personaje, otro una cabeza, lejos de las amplias áreas de pintura que solía realizar de una sola vez cuando pintaba la bóveda de la Sixtina pero manteniendo la calidad de ejecución a la que nos tiene acostumbrados y un ritmo de trabajo similar al de los trabajos del gran fresco del Juicio Final.

Los frescos de la Capilla Paolina además de ser considerados como el testamento pictórico del artista suponen la plasmación de su pensamiento religioso, humanista e intelectual muy influido por sus grandes amigos el cardenal Reginald Pole y la marquesa Vittoria Colonna. Es preciso tener en cuenta que los frescos se pintan durante la celebración del Concilio de Trento y como otros tantos Miguel Ángel  participa en la discusión que domina la época sobre si se llega a la salvación por la fe o por las buenas obras. La posición de Miguel Ángel se hace evidente en la Conversión de San Pablo donde se percibe no solo un cambio en su composición frente a la iconografía anterior sino que ideológicamente representa de forma clara la doctrina de la justificación por la fe, lo que se plasma a través de la comunicación directa entre Cristo y Pablo, sin necesidad de intermediario.

La composición de la Crucifixión de San Pedro es más lenta y solemne, y en ello se basan los expertos para afirmar que la hizo en segundo lugar. Bajo un cielo de nubes bajas, toda la escena gira alrededor de la imagen del Santo, pero además el pintor consigue con una torsión del cuello de San Pedro concentrar toda la atención del fresco en su rostro y en su mirada lo que nos hace participar de la historia, formando parte de los espectadores que le circundan en los que desaparece cualquier distinción entre verdugos y mártires, entre paganos y cristianos.

Tal como ya había hecho en el Juicio Final, Miguel Ángel pinta al santo tonsurado de acuerdo con la tradición de que fue el primero al que se practicó la tonsura para su escarnio, lo que posteriormente se convirtió en signo de honor para el clero. Con este símbolo el pintor refuerza su consideración acerca de la humildad y espiritualidad que debía tener el papado.

"Estas pinturas a las que dio fin a la edad de setenta y cinco años, con muchos trabajos, pues, como él mismo decía, la pintura al fresco no es cosa de ancianos, fueron las últimas que ejecutó." 
(Vasari) 
Estos dos frescos constituyen la parte realizada de un programa mucho mayor que quedó inacabado, fundamentalmente por la muerte del Papa Paulo III en octubre de 1549. Miguel Ángel ya había terminado los cartones para la realización del resto de los frescos de la capilla que iban a ser realizados por Marcello Venusti. La interrupción de los trabajos coincide con el inicio de la hostilidad del Santo Oficio representado por Giampietro Carafa hacia el grupo de amigos de Miguel Ángel, lo que supuso la denuncia por herejía y por ello la exclusión de su mentor, el cardenal Pole, de la candidatura al solio pontificio y el cuestionamiento de la ortodoxia del grupo. Miguel Ángel se libra de ser sospechoso a pesar de sus relaciones con el grupo y su conocida posición crítica frente a los excesos de la curia Vaticana. 

Para comprobar el cambio de tendencia solo hay prestar atención a los frescos que acompañan a los de Miguel Ángel realizados a partir de 1572 por Sabatini, primero y Federico Zuccaro después, con la atenta supervisión de los teólogos contrarreformistas.


¿Cómo era el verdadero rostro de Miguel Ángel?

Dos biógrafos de su tiempo, que convivieron con él, describen a Miguel ÁngelAscanio Condivi, que fue su discípulo, escribió una Vita de Michelangelo Buonarroti en 1553 cuando el artista tenía 78 años. Algunos consideran este texto como una narración oficial autorizada por el propio Miguel Ángel, e incluso dictada en parte por él mismo. Su descripción del maestro combina sus características físicas con sus maneras y sus costumbres.

El segundo es Giorgio Vasari, que en sus Vidas de Grandes Artistas  (edición de 1568. Giunti), recoge la vida del pintor, que es la única biografía de un artista vivo en la obra, a quien considera la cumbre del arte de todos los tiempos, pero en cuanto a su descripción copia casi exactamente la de Condivi:

 “Su frente era cuadrada y amplia, atravesada por siete líneas rectas; las sienes prominentes, sobresaliendo de las orejas, las cuales, más bien grandes, se separaban de la cabeza. La cara  redonda, la nariz bastante gruesa, las cejas poco pobladas y los ojos más bien pequeños, de color córneo pero con chispas amarillas y azules; las cejas, más bien ralas, y su boca, de labios finos, sobresale el inferior, el mentón, proporcionado al resto; los cabellos y la barba negros, con bastantes canas en ésta, partida en dos y no muy larga ni espesa”.

En ambas biografías se cuenta que Miguel Ángel era reacio a retratarse y, a pesar de ello, que se sepa, se representó a sí mismo en edad madura al menos un par de veces. Una de ellas en el conjunto escultórico de La Pietá del Museo de la Opera del Duomo de Florencia [1553], la figura de José de Arimatea que sostiene a Cristo es un retrato del maestro, según Vasari.
Detalle de la Pietá. Florencia

La otra representación la encontramos en el fresco del Juicio final de la Capilla Sixtina (1536-1540), en el que Miguel Ángel pinta un pavoroso autorretrato en el despojo de la piel de San Bartolomé, coincidiendo con una época de enorme turbulencia personal.
Detalle del Juicio Final en la Capilla Sixtina

Algunos reconocen también su figura entre los Profetas de la  bóveda de la Capilla Sixtina, concretamente en la imagen de Jeremías.
Jeremías. Detalle de la Capilla Sixtina. Roma

De la misma época en que pinta los frescos del Juicio Final son la mayoría de  sus “Rimas”. En una de ellas escribió:
Soy una bolsa de piel, repleta de huesos y nervios,
mi rostro es la imagen del horror,
las tan alabadas artes, de las que yo tanto supe,
me han traído hasta aquí…
Yo sería bueno para la figura de bufón,
con esta cabaña aquí en medio de los palacios,
estoy consumido, desgarrado, roto por tanto esfuerzo
Pobre, viejo, sometido a otros.
¡Me desharé si no muero pronto!

En todo ello vemos el reflejo de un periodo que sus biógrafos consideran difícil y atormentado, que coincide con las últimas obras que realiza al fresco en el Vaticano, desde el Juicio Final hasta los frescos de la Capilla Paolina, debido no solo a la edad y a las incomodidades causadas por las condiciones de trabajo a que estaba sometido, sino además porque él se consideraba sobre todo escultor y se resistía a aceptar trabajos de pintura que consideraba un arte menor. Además siempre rechazó cualquier tipo de ayuda, por lo que en los frescos trabaja sin ningún ayudante por no considerar a nadie a la altura de su genio.

Miguel Ángel visto por otros artistas de su tiempo

También cuentan sus biógrafos que a Miguel Ángel no le gustaba que le retrataran, pese a lo cual su rostro ha sido uno de los más inmortalizados por otros artistas, contemporáneos y posteriores: Pinturas, medallas, esculturas en bronce, mármoles, grabados, reproducen el carismático rostro. Pero es difícil, ante tal profusión de imágenes, determinar cuáles de entre ellas reflejan de forma fidedigna el verdadero rostro de Miguel Ángel.

Uno de los más interesantes, es el del florentino Giuliano Bugiardini, uno de los primeros amigos de Miguel Ángel desde sus inicios en el jardín de San Marcos donde aprende con el escultor Bertoldo y después como condiscípulo en el taller de  Domenico Ghirlandaio cuando trabajaban en los frescos del coro de Santa Maria Novella para Giovanni Tornabuoni, que lo representa hacia 1530 con unos cuarenta años, semblante serio y enérgico, la barba negra, boca pequeña y nariz pronunciada, mirada inquisitiva e inteligente, con un gran turbante, que le aporta un aspecto exótico pero que en realidad se trataba de una toalla para protegerse del polvo de mármol. Hay quien ha querido ver la mano del propio Miguel Ángel en este retrato ("Il Ritratto migliore e autentico di M.Buonarroti". Gaetano Guasti. 1893).

Miguel Ángel por G. Bugiardini

El segundo es el retrato realizado por su "protegido" Sebastiano del Piombo
Miguel Ángel por Sebastiano del Piombo

El tercero de sus retratos es la famosa tabla de 1535 del florentino Jacopino del Conte, en el que vemos a un Miguel Ángel delgado, con ropa oscura, una mano grande apoyada en la prominente cintura, cabello y barba morenos, rizados, mirada inteligente dirigida hacia el espectador.
Miguel Ángel por Jacopino del Conte. MET

En 1561 el aretino Leone Leoni reproduce su efigie de perfil, en sus ochenta años, en una serie de medallas. En la selección de Cartas realizada por David García López (Alianza Editorial) figura una de 1561 de Leoni a Miguel Ángel en la que le anuncia el envío de "cuatro medallas, dos de plata y dos de bronce y le informa que ha enviado algunas a España y a Flandes y que enviará también a Roma y a otras partes..."
Miguel Ángel por Leone Leoni

El fenomenal busto de bronce (1564-1566) de su gran amigo Danielle da Volterra, es el que seguramente refleja de forma más realista el aspecto del maestro. Volterra realiza el vaciado de la máscara funeraria de Miguel Ángel, que muere el 18 de febrero de 1564 con 89 años, y con ella realiza varios bustos en bronce que son hallados a su muerte en su taller.
 Retrato de Miguel Ángel a partir de la máscara mortuoria y busto realizado por Volterra [1564]

Del mismo autor se conserva un dibujo magnífico en el Museo Teylers de Harlem (Holanda), que considero la imagen más auténtica y conmovedora del artista.
Miguel Ángel. Dibujo por Danielle da Volterra

A Danielle da Volterra le cabe el dudoso honor de haber sido el encargado de cubrir las desnudeces de la Capilla Sixtina, por lo que recibió en su tiempo el apodo de “Il braghetone”. Esta circunstancia ha hecho que aún hoy en día se le siga conociendo por el asunto de las veladuras más que por su amplia actividad artística.

Tampoco hay que olvidar el retrato que Rafael Sanzio realiza en 1510 para rendirle homenaje, incorporándolo en primera línea del fresco de La Escuela de Atenas que se encuentra en la Sala de la Signatura del Vaticano, representando “a la manera antigua” al filósofo griego Heráclito, o el que realiza el propio Vasari en la Sala de León X en el Palazzo de la Cancelleria de Roma.
 
Miguel Ángel / Heráclito en la Escuela de Atenas. Rafael

Vasari. Palazzo della Cancelleria. Retrato de Miguel Ángel. 

Miguel Ángel visto por artistas de otros tiempos

A partir de los retratos existentes surgen una serie de copias e interpretaciones que se realizan tanto en su tiempo como en momentos posteriores. Ya Vasari en su biografía dice que hay retratos de Miguel Ángel “por todas partes, incluso fuera de Italia”.

La imagen más copiada, sin duda, es la de Jacopino del Conte, que ha sido reproducida, interpretada y copiada por multitud de autores de su tiempo y posteriores, de entre las que he elegido la realizada por el pintor Marcelo Venusti a quien Miguel Ángel tenía gran consideración y al que él mismo había elegido para continuar sus trabajos en la Capilla Paolina.
Marcelo Venusti 1535

Algunas otras imágenes muestran un singular aspecto del pintor: entre ellas cabe destacar por su curiosidad la acuarela que el portugués Francisco de Holanda (1) realizó hacia 1560; el retrato que hizo el pintor Van Dyck (2) pocos años después de la muerte del maestro, y la del grabador romántico decimonónico William Blake (3).
               (1)                                                                         (2)
(3)

¿Realmente aparece el rostro de Miguel Ángel en alguno de los personajes de los frescos de la Capilla Paolina?

El personaje que aparece en el Martirio de San Pedro, que inicialmente se había considerado como su posible autorretrato, el “hombre del Turbante” podría pensarse como el mejor candidato a ser identificado como Miguel Ángel, el detalle del turbante como distintivo del escultor no parece casual. El hecho de representar un personaje secundario en la obra también encaja con su personalidad, que nunca se coloca en primer plano ya que no se otorgaba a sí mismo una alta estima; además el mismo hecho de aparecer en ese segundo plano avalaría que hubiese pasado desapercibido tantos años y no se hubiera identificado hasta su reciente restauración, lo que no hubiera ocurrido si el pintor se hubiera retratado en el personaje principal del fresco.

En cuanto a la posibilidad de que el autorretrato se encuentre en el fresco de la Conversión de San Pablo y más concretamente en la propia figura de San Pablo, parece mucho menos posible, a pesar de la lectura que puede hacerse del tema de la edad por representar a un Saulo que debía estar en la treintena, con las facciones de un anciano de 70 años. Lo que parece imposible es que esta semejanza no hubiera sido percibida y comentada en su momento ni durante más de 400 años.

En todo caso el rostro de Miguel Ángel podría estar en ambas figuras y quizás si observamos atentamente los frescos, podríamos encontrar facciones similares en otros personajes representados, pues, a diferencia de Rafael que solía retratar profusamente a sus amigos en sus obras, no se sabe que Miguel Ángel hiciera lo mismo, sino que construía sus figuras en base a su imaginación y su memoria, lo que podría llevarle a menudo a reflejar aspectos de su propio semblante.

Ma io sol quel c'a me proprio è e simile
   Ne traggo, come fuor nel viso mostro…

(Mas yo sólo dibujo lo que me es propio, como mi rostro se muestra al exterior …)

jueves, 27 de junio de 2013

LA REINA CATALINA Y FAMILIA

La imagen que tenemos de la reina Catalina se la debemos al pintor flamenco Antonio Moro.


En 1550 Antonio Moro fue enviado a Portugal para hacer los retratos de la familia real portuguesa y en especial el de María de Portugal, la prometida frustrada de Felipe II. En la primavera de 1552 está documentada su presencia en Lisboa, donde permanece cerca de un año. Los retratos realizados en la corte lisboeta reflejan sus dotes de gran retratista: Catalina de Austria de 45 años, João III de 50 años, el hijo de ambos João Manoel de 16 años, y su reciente esposa la princesa Juana de 17. También retrata a otros miembros de la familia real como a María de Portugal, hija del Rey Manuel I y de Leonor (hermana mayor de Catalina) y a Isabel de Bragança, condesa de Gimarães, cuñada de Catalina, con 40 años.

Del grupo de retratos varios pueden ser identificados actualmente:
De izquierda a derecha y de arriba abajo: Catalina de Austria (MNP); Isabel de Braganza (MNP); João III (M. Lázaro Galdiano); Joao Manuel (Hampton Court) Juana  de Austria (MBA Bruselas); Maria de Portugal (D.Reales)                                   

Las imágenes de Catalina antes del retrato de Moro

Entre su nacimiento en 1507 y el retrato de Moro en 1552 no es fácil encontrar imágenes de Catalina. Las que conocemos, algunas de ellas anteriores a su matrimonio (1525), además de ser escasas tienen por fuerza que ser supuestas o idealizadas, pues sabemos que en su encierro en Tordesillas, junto a su madre, no goza de una vida de corte ni probablemente se le hiciera retrato alguno. La primera imagen que tenemos de ella seguramente sea la del díptico familiar en el que aparecen a un lado los hermanos, Carlos y Fernando, y al otro las hermanas, Leonor, Isabel, María, y la propia Catalina, la menor, de apenas un año de edad.
Anónimo flamenco Museo de Santa Cruz (Toledo)

Algo posterior en el tiempo es la imagen que encontramos en un tapiz en el que la vemos representada junto a sus hermanas y su tía Margarita, pero esa imagen tiene que ser forzosamente idealizada ya que Catalina nunca pudo ser retratada con sus hermanas criadas en Malinas, con las que no llegó a convivir.

Algunas imágenes que nos han llegado a través de grabados de la época muestran una fisonomía tan diversa que tampoco nos aportan una clara idea de esa hermosa imagen juvenil de la que hablan quienes la conocieron.
Catalina y sus hermanos en un grabado de Grabado de Jan van Nieulandt    

Tampoco encontramos auténticos retratos a partir de su matrimonio, lo que resulta más sorprendente en una corte rica en la que no faltaron pintores y retratistas de corte. Una imagen en la que nos cuesta reconocer a Catalina la tenemos en el retrato que junto al de su marido se encuentra en la obra Portraits au vray de tous les roys et reines de Portugal de Melchior Tavernier, a pesar de que, como se indica en el título, los retratos pudieran estar tomados del natural.

Joao y Catalina. Portraits au vray de tous les roys et reines de Portugal

Especialmente irreconocible, -aunque con la misma barbilla prominente de la imagen anterior- resulta la imagen que podemos ver en una medalla conmemorativa en la que aparece como reina de Portugal, de perfil, tocada con un curioso sombrero y llevando una capa sobre los hombros y empuñando un cetro. En el reverso de la medalla vemos un sol radiante con aspecto femenino por la disposición de las nubes, con el lema: "Purche mi adombre". 
Colleçao das Medalhas e condecoraçoes portuguezas M.B. Lopes Fernandes
 
La explicación de la falta de retratos antes de casarse por causa de su encierro parece plausible. Catalina creció junto a su madre en el palacio de Tordesillas, donde vivió una vida austera y alejada de la vida de corte que tuvieron sus hermanas, a alguna de las cuales ni siquiera llegó a conocer. Dicen que la pequeña infanta vestía como una campesina, y ni siquiera admitía que la peinaran si no era su nodriza, doña María de Ulloa, o su madre, que a pesar de su presunta enfermedad siempre fue dulce y cariñosa con ella.

En 1517 Carlos V y su hermana Leonor llegan a Tordesillas para conocer a su hermana Catalina. Como resultado de esa visita, que resultó accidentada incluyendo un frustrado intento de secuestro, las condiciones de vida de Catalina mejoraron pues el emperador exigió que se le diera el trato que le correspondía como infanta. 

El 2 de enero de 1525 Catalina sale de Tordesillas camino de su nuevo destino como esposa del rey João III de Portugal, pero nunca rompió su relación con la ciudad y sus conventos con quienes fue siempre  generosa y mantuvo continua correspondencia sobre asuntos de su madre. 

Su vivencia en Tordesillas ha sido magníficamente recreada por Francisco Pradilla y Ortiz en su precioso cuadro de la Reina Juana con su hija la infanta Catalina en Tordesillas, pintado en 1906, de visita obligada en la actual exposición "La belleza encerrada" del Museo del Prado*.



La imagen de Catalina a partir del retrato de Antonio Moro

En cuanto a las imágenes posteriores a 1552, prácticamente todas las que conocemos se basan en el retrato que de ella hizo Antonio Moro sin salirse ni un ápice del modelo establecido: misma apariencia, misma edad, mismo tocado y traje... incluso se reproducen fielmente los preciosos pendientes que luce con tres perlas colgantes.

En el Monasterio de las Descalzas Reales (Madrid) existe una copia del retrato de Moro realizada por Alonso Sánchez Coello hacia 1553.
Alonso Sanchez Coello h.1553

En los museos portugueses podemos encontrar retratos que siguen también el modelo del flamenco que tanta escuela dejó en las cortes portuguesa y española. A destacar entre ellos la pareja de  retratos de João y Catalina del Museo de San Roque cuya atribución recae en el pintor Cristovão Lopes, hijo del también pintor de corte Gregorio Lopes.

João y Catarina, según Moro, atribuidos a Cristovão Lopes Museo de San Roque. Lisboa

También en Portugal tenemos las dos parejas de grandes retratos de los reyes con sus santos patronos, Santa Catalina y San Juan Bautista, realizados por Lourenço Salzedo pintor de la Reina Catalina a partir de su viudez en 1564, por cuyo encargo realizó las pinturas del retablo mayor de Los Jerónimos. Esta atribución de Vitor Serrão al pintor de los Jerónimos rompe con la tradición que venía adjudicando estas obras a Cristovão Lopes. En la actualidad las dos parejas de retratos se encuentran en el Museo Nacional de Arte Antiga y en el Convento de la Madre de Deus de Lisboa, respectivamente.
Lourenço de Salzedo. 1564-1572 Retratos de João  y Catarina MNAA- Lisboa

Lourenço de Salzedo. Convento Madre de Deus. Lisboa

La imagen de la familia a través del pintor Francisco de Holanda

Un retrato casi de miniatura de la reina y su familia lo encontramos en la denominada Virgen de Belem, actualmente en el Museo de Arte Antiga, proveniente del Monasterio de los Jerónimos. Se trata de una tabla de pequeño tamaño (32cm x 45cm) pintada por ambas caras. En el anverso aparece el único retrato de grupo familiar pintado con minuciosidad por el celebre tratadista y miniaturista portugués. En el reverso se representa el Descenso de Cristo al limbo. La obra debió ser encargada por la reina a Francisco de Holanda una vez que volvió de Italia. 

El cuadro sigue el modelo traído de Italia por Francisco de Holanda de la Virgen de la Misericordia que protege bajo su manto a donantes o comitentes. Se trata de una antigua advocación de la virgen que llegará de nuevo a la península ibérica de la mano de pintores que se han formado en el país vecino o bajo la influencia de pintores italianos. (Ver por ejemplo la Virgen de la Caridad de El Greco en Illescas)

En el centro del cuadro se encuentra la Virgen con el niño flanqueada por San Agustín y San Jerónimo, con dos ángeles que le sujetan el manto azul como un cielo protector bajo el que se cobijan dos grupos: A la derecha, monjes jerónimos postrados en oración y a la izquierda la familia real portuguesa, junto al Papa Julio III.

El conjunto familiar 

El grupo familiar está compuesto por once personas, algunas identificadas por sus iniciales, se sitúa a la izquierda, detrás del Papa («Ivlius III») colocado en primer plano, prácticamente de espaldas al espectador. 

En el centro del grupo destaca la figura de la Reina Catalina (ChA-R) que mira en dirección contraria al resto pues se dirige hacia su marido, el rey, João III (I.R.III) quien sujeta por el hombro a su hijo mayor el príncipe João Manuel (IP). La imagen de Catalina se diferencia ligeramente del modelo del retrato de Moro por el vestido claro que luce, aunque coincide con él en su porte y su posición. 

Detrás de este primer grupo se encuentran los hermanos del rey, Maria,  Luis (I.LV), y el cardenal D. Henrique (ICHR). A la izquierda, junto al rey, su nuera Juana de Austria (IOANA.P). Al fondo, en último término la viuda del fallecido Infante Duarte, Isabel de Bragança (ISA) a quien distinguimos por la toca de monja y sus dos hijas, Maria (MA) y  Catherine (CH). 

El muchacho que se encuentra entre el Papa y el Cardenal D. Henrique podría ser Duarte, el hijo menor de Isabel de Bragança nacido poco después de la muerte de su padre o quizás el primer nieto de Catalina, el Príncipe Carlos, hijo de María Manuela y Felipe II. Este último personaje, al igual que Catalina, mira hacia el grupo en lugar de dirigir su mirada hacia la Virgen como hace el resto.

Existe una gran coincidencia en cuanto a la identidad de los personajes con la serie de miniaturas al óleo (16 x 13 cm) que realiza el mismo Francisco de Holanda y que se encuentran en la  Galleria Nazionale di Parma compuesta por veinticuatro retratos que representan a los miembros de la familia Farnesio (basados en retratos de Tiziano) y a los de la familia real portuguesa, que vemos a continuación, basados en buena parte en los que realizó Moro en 1552. 


De izquierda a derecha y de arriba abajo (Entre paréntesis relación con el rey João III):
1. Luis, Duque de Beja y prior de Crato (Hno.) 2. João III; 3. Fernando, Duque de Guarda (Hno.)
4. Príncipe João Manuel, (Hijo) 5. Duarte, Duque de Gimaraes (Hno.), 6. Catalina (esposa)
7. Isabel de Bragança (Cuñada); 8. María Manuela (hija); 9. Beatriz (Hna.)

10. La emperatriz Isabel (Hna.) 11. Juana de Austria (Nuera) 12. María de Portugal (Sobrina)

La colección de retratos en miniatura fue encargada en 1565 por la reina Catalina, ya viuda, como regalo de bodas para su sobrina, María de Portugal, (12) futura princesa de Parma por su matrimonio con Alejandro Farnesio, para que en Italia pudiera recordar a sus seres queridos.

Como vemos, no todas las identidades de la tabla de la Virgen de Belem coinciden con los mini-retratos de Parma aunque si lo hacen en buena parte. La principal diferencia estriba en que en las miniaturas de Parma aparecen familiares ya fallecidos: los hermanos del rey: Isabel, (9) Beatriz (10) Fernando (3) y Duarte (5) y su hija María Manuela (8) que no se encuentran en el grupo familiar.

Una mención especial al retrato de Isabel de Bragança, cuñada de Catalina, con hábito de monja en las dos imágenes de Francisco de Holanda, que probablemente vistiera como señal de luto por la muerte prematura de su esposo el Infante Duarte.

Annemarie Jordan ya la identificó con la Dama del Joyel de Antonio Moro que se encuentra en el Museo del Prado y sobre la que he realizado el siguiente foto-montaje para visualizar el parecido de las imágenes a pesar del tiempo transcurrido entre ambos retratos, el que viste hábito probablemente de fecha cercana a su viudez (1540), que pudiera ser un original del propio Francisco de Holanda, y  el de Moro de 1552.
         MNP                                                          Gª N. de Parma

La importancia que tiene la familia para Catalina de Austria se evidencia en todos sus actos, su preocupación por hacer felices a sus familiares cercanos y lejanos tal como vimos en  la entrada sobre los regalos de la Tía Catarina es una constante a lo largo de toda su vida.

Sin embargo no tuvo una gran suerte en su propia vida, ni como hija, ni como madre, ni aún como abuela. El encierro que vivió la primera parte de su vida junto a una madre inestable la separó del resto de su familia y de la vida que le hubiera correspondido como infanta de España. A partir de su matrimonio con el rey de Portugal fue un ejemplo de lo que se esperaba de las mujeres de la realeza en su tiempo: Tuvo nueve hijos de los que solo dos llegaron a adultos: João Manuel, que murió a los diecisiete años, y María Manuela, primera esposa de Felipe II que murió a los 18 a causa del parto del príncipe Carlos, nieto a quien Catalina también sobrevivió. En 1562, abandona la regencia de Portugal y renuncia a la tutela del heredero, su nieto Sebastián, al que verá partir desde su retiro a la guerra suicida de Alcazarquivir, aunque por pocos meses no llegará a conocer su desaparición en tierras africanas.

A pesar de los avances en la investigación de la figura de la reina Catalina realizados durante años por la historiadora Annemarie Jordan, ella sigue reivindicando la "restauración" de su imagen y su papel en la historia. Me uno a esa reivindicación y desde aquí hago mi pequeña aportación al conocimiento de su imagen.