viernes, 26 de mayo de 2017

RAFAEL CASTRO ORDOÑEZ (I) FOTOGRAFO

EL FOTÓGRAFO DE LA COMISIÓN CIENTÍFICA DEL PACÍFICO

Rafael Castro Ordoñez, Carte de visite (det.) 1862

El interés por la personalidad del fotógrafo de la Comisión Científica del Pacífico, Rafael Castro y Ordoñez (1834-1865), sobrepasa los límites de la expedición. A medida que se profundiza en su biografía, en sus imágenes y en sus escritos vamos encontrando un personaje de primer nivel en el terreno artístico, para acabar descubriendo en él no solo al pintor aficionado a la fotografía que se nos había querido mostrar, sino a un auténtico pionero en este arte, cuya capacidad técnica como fotógrafo no la obtuvo en unas clases apresuradas del fotógrafo inglés Charles Clifford, sino que su trayectoria en esta materia, como hemos podido ir comprobando, es la de un amplio aprendizaje de un profesional consagrado.

Antecedentes y experiencia fotográfica

Rafael Castro Ordoñez, hijo del pintor y restaurador Antonio Castro y Gistán (o Gistau). Al igual que su padre se formó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde está documentada la asistencia de ambos, la del padre en las clases de Yeso y Natural entre 1828 y 1834 (Boletín RABASF 2008-1, E. Navarrete), y la del hijo entre los años 1848 a 1853, asistiendo, entre otras, a la clase de Anatomía de Antonio María Esquivel, a la de Antiguo con el escultor José Piquer o a la de Colorido y Composición con José Madrazo (Archivo RABASF, Legajo 1-22-9)

Tras su paso por la Academia Castro Ordoñez pudo completar su formación artística gracias a una pensión de la casa Real que le permitió ir a París de 1853 a 1856 a estudiar con el pintor Léon Coignet, donde coincide con otros colegas españoles como Mariano de la Roca, Eusebio Valldeperas, o Joaquín Sigüenza y donde es probable que conociera a Rosa Bonheur y a León Bonnat, también discípulos del maestro francés. Pero quizás más importante para la carrera de Castro es la alta probabilidad de que se iniciara en el estudio del método fotográfico pues Cogniet fue uno de los miembros fundadores de la Société Héliographique, creada en 1851 para el progreso artístico y científico de la fotografía que se pensaba iba a revolucionar la práctica del arte de la pintura.
    Léon Cogniet. Fot. Disderi. BNF Gallica 
              
A su vuelta a España montó un estudio especializado en retratos fotográficos en formato carte de visite, en un local céntrico madrileño, en el número 6 de la calle Preciados. La Gacetilla del diario La Iberia del 5 de enero de 1862 da cuenta de su apertura:

         "GABINETE FOTOGRÁFICO. Hemos tenido ocasión de ver el que acaba de abrir al público, en la casa núm. 6 de la calle de Preciados, el joven artista señor Castro y Ordoñez. Los trabajos que en él hemos visto igualan en la precisión de los detalles y en condiciones artísticas a las más adelantadas fotografías que conocemos del extranjero. El gusto verdaderamente artístico que ha presidido en los adornos de las habitaciones destinadas al público, y el buen orden y método en las reservadas para el trabajo, abonan en favor de la recomendación que hacemos al público de la galería fotográfica del señor Ordoñez y Castro" [sic].


Sello en el reverso de una fotografía de Castro Ordoñez. BNE

Del mismo modo, siguiendo su rastro hemos podido conocer por la prensa de la época (La Correspondencia de España, 6 de enero y 7 de febrero -edición de la noche- de 1862) su iniciativa de realizar una GALERÍA DE CONTEMPORÁNEOS una de las primeras que se edita en España, en la que se irían publicando fotografías de personajes de la época, acompañadas de apuntes biográficos.


Recortes Diario La Correspondencia de España  6 de enero y 7 de febrero de 1862

Los personajes de su galería, procedentes de distintos ámbitos de la vida política y cultural del momento, abarcan desde políticos como Emilio Castelar, que es captado en una etapa temprana a juzgar por su aspecto joven, a escritores, pintores, o escultores como los que se mencionan en el propio anuncio, Hartzenbuch, Haes y Ponciano Ponzano. También formó parte de la Galería, aunque no conozcamos su retrato, el pintor y director del Museo del Prado Federico de Madrazo quien escribe en su Agenda el domingo 13 de abril de 1862: 
        "A la 1 he ido a casa de Castro, a hacerme el retrato en fotografía para su publicación de la         Galería de Contemporáneos". 
Retratos de Rafael Castro Ordoñez para la Galería de Contemporáneos. A la izquierda Emilio Castelar de la Fundación Lázaro Galdiano. A la derecha Ponciano Ponzano. Col. A. Bandres (Barbastro)
Retratos de Rafael Castro Ordoñez para la Galería de Contemporáneos. A la derecha Hartzenbuch y a la izquierda Hilarión Eslava en "Semblanzas Contemporáneas". Emilio Castelar

Su relación con el mundo de la cultura y el arte le permite un contacto directo con los personajes a retratar. El escritor satírico Manuel de Palacio (1831-1906), le dedica un Romance biográfico para su galería en el libro Doce reales de Prosa y algunos versos gratis (1864):

Pues que figure te empeñas / Mi querido amigo Castro / En tu bella galería / 
De semblanzas y retratos, / Cúmplase lo que pretendes, / Salga a luz multiplicado /
Este rostro, a quien fortuna / Volvió el suyo ha muchos años.

Además de esta actividad, que tiene trascendencia en los medios de comunicación cuya referencia también encontramos en el Boletín Bibliográfico Español de Dionisio Hidalgo de 1862, en el estudio de Castro de la calle Preciados se realizan las Cartes de Visite típicas de la época.
Cartes de Visite de Rafael Castro de dos personas desconocidas
Carte de Visite en formato de busto de G. Cruzada Villaamil. H. 1860 
Fundación Lázaro Galdiano.

Una imagen del fotógrafo digna de mención por su singularidad se encuentra entre los retratos de la colección del pintor Manuel Castellano (1826-1880) de la BNE, en la que Rafael Castro aparece disfrazado de mujer. De esta modalidad de retratos con utilización de disfraces, participan personajes de la cultura y la aristocracia en la época de carnaval  y sus imágenes se conservan gracias a la inmediatez del nuevo formato.
Autorretrato con disfraz de mujer del fotógrafo Rafael Castro y Ordoñez, 
Colección Castellano de la BNE

El nombramiento de Rafael Castro Ordoñez como miembro de la Comisión del Pacífico se produjo tardíamente, el 28 de junio, a solo mes y medio de la salida de la expedición (10 de agosto de 1862), como consecuencia de la renuncia del fotógrafo inicialmente designado, Rafael Fernández de Moratín. Es posible que esta elección fuera fruto de la intervención del pintor Federico Madrazo, que era director en ese momento del Real Museo de Pinturas, quien lo menciona en una carta a su hijo Raimundo de 9 de julio de 1862 como si este le conociera: 

        "¿Conocías a Espada, el amigo de Barroeta? ha salido con la expedición científica que va con la escuadra que manda Pinzón al Pacífico, también va como fotógrafo de dicha expedición, habiéndoselo yo conseguido, Castro...". 

El Archivo de la Administración conserva una carta de 17 de junio de 1862, de recomendación del político Jose García-Jové dirigida al Jefe de la expedición, Paz Membiela, a quien se ofrece como garante de la honradez y las cualidades de Rafael Castro a quien dice conocer desde niño y "a quien estimo como a mi propio hijo" (S. Badía-Villaseca Tesis doctoral, La obra de Rafael Castro Ordoñez... 2018 )

Fernández de Moratín deja sin terminar la tarea para la que había sido comisionado que era adquirir en París parte del equipo fotográfico para la expedición, para lo cual el Ministerio de Fomento había librado a su favor la cantidad de 52.000 reales. Esta tarea fue continuada por Castro, quien consciente de la naturaleza de su misión, a pesar de su conocimiento de los medios y la técnica fotográfica, obtiene el asesoramiento del fotógrafo Charles Clifford (1821-1863), afincado en Madrid, en especial para realizar la captación de vistas y monumentos, lo que, como sabemos, constituía la especialidad del fotógrafo galés; de este modo podrá cumplir de manera amplia las normas de la Comisión en lo referente a la obtención de imágenes. Tenemos la oportunidad de comprobar los efectos de las enseñanzas del maestro en su aventajado alumno a la vista de las imágenes de Cádiz, realizadas por ambos fotógrafos.
Vista de la alameda de la iglesia del Carmen de Cádiz tomada por Clifford (arriba) y por Castro Ordoñez (abajo) en 1862. 

En la imagen inferior, de Castro, podemos ver como el fotógrafo cambia el punto de vista situándolo más cerca del edificio y hacia la derecha, lo que le permite una visión más frontal de la iglesia evitando así la farola que aparece en el centro en la imagen de Clifford y al mismo tiempo la excesiva oblicuidad de su enfoque. 

Probablemente sea el propio Rafael Castro el personaje que aparece en el centro del paseo. Si nos acercamos a su figura podemos ver a través de él la valla de hierro de la bancada que se encuentra al fondo. Se trata del efecto fantasma producido por su incorporación a la fotografía una vez iniciada la exposición. 
Probable imagen "fantasma" de Castro Ordoñez en la fotografía en la que también apreciamos al fondo un posible colega de la expedición. 
V
Su presencia en algunas de sus fotografías también parece ser un recurso aprendido del maestro al que intuimos a veces en sus imágenes.
 
 Posible imagen de Charles Clifford en  el claustro de S. Juan de los Reyes en Toledo 


La función de Castro en la Comisión

El Reglamento redactado a mano por el jefe de la expedición, el Sr. Paz Membiela, establecía las tareas a realizar por cada uno de los miembros de la expedición, en concreto en su artículo 15 se recogían las del dibujante y fotógrafo:
De este modo quedaba establecido su papel de «cronista oficial» de la expedición a través de las imágenes que debe obtener para "representar por los medios que se estime más convenientes los objetos que le designe el presidente..., acompañará en sus expediciones a los individuos encargados de recolectar para sacar vistas de montañas, cortes de terreno, aspecto de la vegetación, etc.".
Escudo diseñado por Castro Ordoñez
a partir de su nombramiento como miembro de la Comisión del Pacífico

Esta función de "cronista gráfico" pronto se verá complementada de modo extraoficial, con sus relatos escritos que enviará periódicamente para su publicación en la revista El Museo Universal en Madrid, en los que narra los avatares de la expedición y para cuya ilustración envía las correspondientes fotografías o dibujos que serán publicadas en forma de grabados. A través de estas crónicas ilustradas el público de la época pudo seguir las peripecias de la Comisión durante las dos primeras etapas del viaje ya que en la tercera y última el fotógrafo no estuvo presente.

La labor de Castro Ordóñez en la expedición al Pacífico se tradujo en una extensa colección de fotografías que se conservan en diversos centros del CSIC y Museos nacionales como el de Ciencias Naturales, América o Antropología, no habiendo salido a la luz todavía la totalidad de su obra. Su trabajo y su persona, que en su momento no puede decirse que gozaran de una gran consideración, constituyen en la actualidad uno de los legados más interesantes de la expedición, ya que sus imágenes nos transmiten la propia mirada del artista que selecciona, compone y refleja un entorno que en ningún caso se limitaba a una captación fría y mecánica.

Regreso de la expedición

A finales de 1864, transcurridos dos años y medio desde que se inició la Expedición y coincidiendo con el inicio de las tensiones que darán lugar a la Guerra del Pacífico y la separación forzosa entre la expedición política y la científica, Castro Ordoñez decide volver a España a pesar de que cuatro naturalistas optan por un regreso diferido, por tierra, en lo que se dio en llamar el "Gran Viaje". El retorno de Castro desde Guayaquil (Ecuador) a Madrid, no es directo ya que aprovechará el viaje para para pasar de nuevo por América del Norte visitando por unos días la ciudad de Nueva York, de la que también realizará unas interesantes crónicas.

Cuando llega a Madrid en febrero de 1865 -sus compañeros volverían a finales de ese mismo año- manifiesta su intención de continuar al servicio de la Comisión Científica ya que el trabajo del fotógrafo no se agota en la captación de imágenes y dado el gran volumen de material tras dos años y medio de expedición, es preciso realizar las reproducciones fotográficas de las más de 300 placas fotográficas y un gran número de bocetos e ilustraciones de Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Perú y toda la costa pacífica incluyendo California.

De cuando en cuando la prensa saca alguna noticia sobre el estado de los trabajos a realizar de cara a la exposición que ha de celebrarse; La Correspondencia de España del domingo 5 de Marzo de 1865 se hace eco de las peticiones del fotógrafo para poder realizar su trabajo:

    "El Sr. D. Rafael castro y Ordoñez, fotógrafo y dibujante de la comisión científica que fue al Pacífico, ha solicitado del gobierno se le designe un local a propósito para continuar los trabajos para dicha comisión. Estos consistirán en la reproducción de los cráneos, momias, aves y objetos que se crean más necesarios, así como también el tirado de positivas de los clichés hechos en el transcurso del viaje".

El artículo continúa poniendo de manifiesto que la junta receptora formada por profesores de Ciencias Naturales considera que la falta de dicho local sería un inconveniente para la preparación de la exposición que se planea realizar y apela al "ilustrado director general de Instrucción Pública" para que logre vencer estas dificultades.

El mismo diario los días 30 y 31 de julio de 1865 anuncia en un breve: "De un día a otro principiará el fotógrafo de la comisión científica D. Rafael Castro y Ordoñez a sacar las positivas de los importantes trabajos hechos durante el viaje."

Pero las autoridades le dieron la espalda, negándole a partir de entonces cualquier retribución económica por su trabajo a pesar de aceptar que él se encargara de hacer las reproducciones necesarias para su exposición y difusión, lo que le sitúa en una complicada situación ya que además se ve privado de sus derechos de autor sobre las imágenes realizadas.

Mientras los otros expedicionarios tienen un puesto de trabajo seguro al que volver, normalmente en la universidad, Rafael Castro no tiene ocupación en ese momento pues antes de partir con la expedición lógicamente hubo de cerrar su estudio fotográfico y como profesional libre prácticamente tendrá que empezar de cero con una mayor competencia gracias a la generalización y el auge que está tomando la práctica fotográfica.

Un final trágico para su historia

La historia de Castro Ordoñez va a tener un final trágico antes de que finalice el año de su llegada. Según Osorio y Bernard"...en Julio de 1865 debió concebir el fatal proyecto de atentar a su vida, según se desprende de una carta suya del mes de Agosto en que así lo declaraba, y el 1 de Diciembre de dicho año realizó su desesperado propósito, disparándose una pistola sobre el corazón".

Diversos medios de prensa de la época recogen la evolución de los acontecimientos que, de acuerdo con las informaciones recogidas realmente se producen el 30 de noviembre, y que acabarán con su muerte el 10 de diciembre de 1865.

La Correspondencia de España en su edición de la noche del 1 de diciembre es el primer diario que da la noticia:

          "Anoche a las seis y media intentó poner fin a su existencia, disparándose un rewólver [sic] por debajo de la tetilla izquierda, el Sr. D. Rafael de Castro y Ordoñez, conocido pintor fotógrafo comisionado por el Gobierno para acompañar a la expedición que pasó al Pacífico... La ocurrencia tuvo lugar en la calle Mayor, número 21; y según de público se dijo, esta lamentable desgracia se presume que tenga su origen en una pasión amorosa de que estaba poseído el desgraciado suicida. Inmediatamente acudió el juzgado de la Latina, que era el de guardia, dando principio a instruir las oportunas diligencias. El médico forense del mismo juzgado, después de haber curado convenientemente al herido, y en atención a la gravedad en que le halló, dispuso que se le administrasen los últimos Sacramentos." 

Detalle de la fachada del nº 21 de la Calle Mayor de Madrid

El 2 de diciembre de 1865 el Diario Oficial de Avisos, y La España y el 3 de diciembre El Pabellón Nacional, daban exactamente la misma noticia pero cambiando su primera palabra "Anoche", por "Anteanoche". Además, El Pabellón Nacional añadía: 
      
    "Pero, lo que más llamó la atención de los vecinos de la casa en que tuvo lugar esta catástrofe, fue la aparición repentina del duque de Sesto en aquel sitio". (El duque de Sesto era a la sazón alcalde de Madrid e impulsor de las recién creadas Casas de Socorro, lo que podría ser una posible razón para su "aparición repentina").

El mismo 2 de Diciembre, de nuevo La Correspondencia de España se adelanta al resto de diarios avanzando datos sobre la situación del herido: 

         "Parece que hay esperanza de que se salve la vida del Sr. Castro y Ordoñez, el pintor fotógrafo de quien dijimos había atentado a sus días, disparándose una pistola en el lado derecho del pecho (en la primera noticia se hablaba de "la tetilla izquierda). Ayer se celebró una consulta médico-quirúrgica en la calle Mayor, núm. 21, cuarto segundo, que es donde se encuentra el herido. A esta consulta han asistido los profesores médicos señores Ametller, como médico encargado por la familia el Sr. Esteban Arredondo, como del juzgado, el Sr. Bueno que fue el que procedente de la Casa de Socorro del quinto distrito acudió en el primer momento de la desgracia, y el Sr. Santos (D. Diego) que fue el que hizo al herido la primera cura; y acordaron por unanimidad que debía procederse a la extracción del proyectil. Acto continuo se procedió a practicar la operación acordada, y el resultado de la operación fue el más satisfactorio; por lo que hoy se dice, el desgraciado Castro y Ordoñez tenia el propósito de suicidarse desde el mes de agosto último, fecha en que firmó una carta que se le ha hallado en el bolsillo, y en la que hacia constar que su muerte era obra sola y exclusivamente suya, para que la justicia humana no procediera contra nadie. En la carta citada hay una nota en que dice que prorrogaba hasta el mes de setiembre el fatal designio que realizó en la noche del jueves último. Los que le visitan dicen que el herido muestra una terrible exaltación de ideas y un desaliento profundo sobre su suerte".

El 4 de diciembre de 1865, La Soberanía Nacional y La Esperanza reproducen la misma noticia de La Correspondencia, algo abreviada, sobre la evolución del herido.

Finalmente varios diarios comunican el fatal desenlace que se produce el día 10 de diciembre, tal como recoge La Soberanía Nacional del 11 de diciembre de 1865, en su página 3:

       "Anteayer falleció el pintor fotógrafo señor Castro y Ordoñez. A pesar del cuidadoso esmero con que ha sido asistido en la casa de la calle Mayor, núm. 21, donde tuvo lugar la desgracia, y no obstante que se le había practicado la operación de extraerle el proyectil con felicidad, todo ha sido inútil." 

Tambien La Esperanza del jueves 14 de diciembre de 1865: "El domingo último (día 10), a la madrugada, falleció el conocido pintor fotógrafo Sr. Castro y Ordoñez, que, según comunicamos oportunamente a nuestros lectores, se disparó un pistoletazo, hace algunos días, en una casa de la calle Mayor". Tenía 35 años.

Se da la circunstancia de que el medico encargado por la familia será el cirujano que practica la operación, el doctor Ametller que era un gran amigo de otro de los componentes de la Comisión, Joan Isern de quien, pocas semanas después, escribirá su necrológica en El Pabellón Médico de 14 de Marzo de 1866, donde menciona el hecho: "...el señor Castro, hábil fotógrafo, a quien tuvimos el dolor de asistir y de extraerle la bala matadora que en un momento de extravío mental le atravesó el pecho...," 

El colofón religioso de esta tragedia lo encontramos en el  Diario de Avisos del Sábado 16 de diciembre de 1865:
         "La real archicofradía sacramental de San Miguel. Santa Cruz, Santos Justo y Pastor y San Millán, ha dispuesto se celebren por la mañana, en la iglesia parroquial de S. Miguel las misas de novenario por sus mayordomos difuntos, en el orden y los días siguientes: ... Día 22, por D. Rafael de Castro y Ordoñez."

Por el camino quedan los frustrantes intentos y los escritos intercambiados con la Comisión receptora de los Objetos del Pacífico, que niegan una y otra vez las pretensiones del fotógrafo. A pesar de que su presidente Graells, había apoyado la solicitud de Castro de que pudiera mantener un sueldo como integrante de la Comisión hasta tanto finalizara los trabajos de positivado, no obtiene más que negativas del gobierno e intransigencia en cuanto a la valoración de los trabajos que deben realizarse.

También la prensa parece apoyar de algún modo la labor del fotógrafo: La Correspondencia de España del 5 de marzo de 1865, como hemos indicado anteriormente informaba sobre la solicitud de Rafael Castro y Ordoñez, de que el gobierno le designara un local para continuar los trabajos, y más adelante, encontramos en el mismo periódico los días 30 y 31 de julio la noticia de que los trabajos de fotógrafo están a punto de comenzar.

Los escritos y presupuestos presentados  y rechazados se conservan en los archivos del CSIC y entre ellos uno que se nos antoja especialmente odioso del día 20 de diciembre de 1865, pocos días después de la muerte del fotógrafo, en el que el Dr. Graells, en nombre de la Comisión reclama a su padre, Antonio Castro, la devolución de los "objetos pertenecientes a su cometido en la referida Comisión Científica... que se sirva hacer entrega de ellos a esta Comisión", 

Escrito de M. Graells dirigido a Antonio Castro, padre de Rafael, reclamando los objetos de su hijo pertenecientes a la Comisión Científica. 20 Diciembre de 1865. CSIC

Es sabido que la nuestra es una patria que a menudo olvida los esfuerzos, los sinsabores y hasta el sacrificio personal de quienes la han servido "por la ciencia y por la gloria nacional" como se definía de modo grandilocuente la tarea a realizar por la Comisión Científica del Pacífico. No se entiende el trato recibido por Rafael Castro Ordoñez por parte de las instituciones; su labor como pionero de la fotografía y de la crónica gráfica en una expedición científica de esta categoría, merecería no solo una mayor consideración personal sino también un lugar destacado en la historia de la ciencia y de la fotografía, siendo por el contrario, entonces y ahora escasamente considerada su persona y su labor.

Finalmente, en 1866 se llevará a cabo la Exposición de los objetos de la Expedición del Pacífico en la que figuraron 170 grandes reproducciones de las fotografías hechas durante la expedición por Castro Ordoñez y se brindó un recuerdo a los tres fallecidos del grupo, mediante sendos retratos pintados al óleo, basados en fotografías del propio Rafael Castro.

Conocemos los retratos que se expusieron de Rafael Amor y Joan Isern pero no el del propio fotógrafo que debió estar también colgado.
 Retratos de Fernando Amor y Mayor y Joan Isern Batlló 
realizados a partir de las fotografías de Castro Ordoñez.

El periódico satírico El Cascabel menciona la presencia del retrato de Castro Ordoñez en la Exposición y se pregunta sobre la recompensa al trabajo realizado por el malogrado fotógrafo.

Recorte del periódico satírico El Cascabel del 14 de junio de 1866 

Actualización 18 septiembre 2017

Por una de esas coincidencias que a veces ocurren en la vida haciéndola agradable y sorprendente hemos podido acceder al retrato de Rafael Castro Ordoñez, gracias a su actual propietario, su descendiente, Rafael Ramos Martinez, a quien desde aquí agradezco su generosidad por permitir su  publicación por primera vez en este blog.

Autorretrato de Rafael Castro Ordoñez. Hacia 1860


El Equipo, la técnica y las imágenes

El pesado material que había que desplazar (cámara, placas y estudio portátil de revelado), de gran volumen y peso, evidencia las duras condiciones a que se veían sometidos los primeros fotógrafos.

La maquina de fotografiar que usó Castro Ordoñez durante la expedición y una de las cajas para guardar las placas que se conservan en el CSIC

Podemos clasificar en tres tipos el amplio conjunto de imágenes de este artista que se conservan de la expedición: las vistas, los paisajes y los retratos y aun sabiendo que ésta última era su especialidad, es preciso reconocer que, en general todas ellas tienen unas características que más se acercan a lo artístico que a lo documental.

Su preocupación por "componer" las imágenes usando la perspectiva para favorecer el encuadre deseado nos permite ver que prima en ellas su faceta de pintor. Entre el conjunto de los retratos, vemos que predominan los de cuerpo entero, vistos de frente que ponen en evidencia lo "curioso" del sujeto, su porte, su indumentaria, todo ello en una actitud que nos hace recordar las cartes de visite, tan de moda en la época, que plantean una cierta contradicción entre lo exótico del personaje y la actitud doméstica y rígida de una fotografía de estudio.
R. Castro Ordoñez. Brasil. Vendedora de puntillas. Foto CSIC

M. Alvarado de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en sus comentarios al libro Imágenes de la Comisión Científica del Pacífico en Chile, publicados en 2008 en Revista de Indias, analiza pormenorizadamente las imágenes fotográficas tomadas en Chile por Rafael Castro:

     Fotografiados con un ángulo de toma ligeramente en contra picado, lo que le otorga especial profundidad a la toma, edificios y calles se fugan hacia el fondo de la imagen, permitiendo que nuestra mirada se pierda en la lejanía difusa que el lente no alcanza a dibujar. Sus vistas, la mayor parte de las veces, están construidas con planos generales, amplios, donde el lente se posiciona en un ángulo abierto, adquiriendo importancia cuestiones como un punto de vista alto sobre el paisaje, buscando destacar la obra civilizadora del hombre sobre la naturaleza. 

R. Castro Ordoñez. Valparaíso. Chile 1863
R. Castro Ordoñez. Rua Ouvidor. Rio de Janeiro 1862
1863 Plaza San francisco en Valparaíso

Con este tipo de ángulos de toma, Castro construye una composición donde las edificaciones adquieren todo el peso formal, transformando a los hombres y mujeres que habitan este paisaje, sólo en pequeños personajes anónimos y empequeñecidos.

R. Castro Ordoñez. La Catedral de madera de Guayaquil. Ecuador. 1863

El álbum del emperador

La Comisión fue recibida junto con el embajador de España en Brasil, Juan Blanco del Valle, por el emperador, Pedro II con quien departieron en español por más de dos horas sobre su misión y sobre arte y cultura, conversación que todos juzgaron no solo amable sino también interesante por la buena información del emperador sobre el estado del Arte en España.

Cuenta Castro Ordoñez en su Crónica publicada en el Museo Universal que “La comisión le ofreció un álbum de las fotografías que se llevan hechas, el cual fuimos a presentarlo el día 20 de noviembre los señores don Marcos Jiménez de la Espada y don Juan Isern y el que desde tan lejos los escribe, …”
Cubierta y portada del Álbum entregado al emperador del Brasil

El álbum de fotografías, encontrado hace pocos años en la Biblioteca de Rio de Janeiro, consta de un total de 52 fotografías y se inicia con la del primer General al mando de la expedición Luis Hernández Pinzón y, siguiendo el orden cronológico, primero muestra fotografías de Madrid, después de Cádiz para llegar finalmente a la colección de fotografías brasileñas, sobre todo de Rio de Janeiro, que constituyen un valioso documento para su historia.
Retrato del General Hernández Pinzón que encabeza el Álbum

Castro Ordoñez. Madrid. Fuente de la Cibeles y Calle de Alcalá

Castro Ordoñez. Cádiz. Alameda y Plaza de S. Juan de Dios 

Castro Ordoñez. Brasil, Rio de Janeiro. 
O Pão de Açúcar, a Biblioteca, Catete y o aqueduto de Sta. Thereza

 Las fotografías de Grupo

Parece lógico pensar que los integrantes de la expedición quisieran ser fotografiados, dada la novedad del invento y el deseo de enviar dichas fotografías como recuerdos a sus familiares. Atento a este deseo Castro Ordoñez va a realizar fotografías tanto individuales como de grupo de los miembros de la Comisión en distintos momentos del viaje, de la oficialía y la tripulación, mostrando con ellas una amplia representación del componente humano que rodea la Comisión Científica.
Oficiales de la Covadonga
Militar joven                                           Oficial
Grupo de Guardiamarinas de la goleta Triunfo
Marineros de la Triunfo
1863. Chile. Bomberos de Valparaíso. 
Entre las personas del fondo parece reconocerse a Martinez y Sáez y al menos  un marino de la expedición.

Los seis científicos de la Comisión en Montevideo 1862 

Parte del grupo expedicionario, Martínez, Isern, Amor y Almagro, en traje de faena

Personas y grupos locales

Tambien se ocupará de dejar constancia de los grupos humanos locales de las ciudades y territorios recorridos por la expedición dejando con ello testimonios gráficos de interés tanto para la historia, la antropología y la sociología ya que en muchos casos refleja costumbres y hábitos que hoy forman parte de la historia de las comunidades visitadas.
Dama de Montevideo

Grupo familiar. Valparaíso. Chile

Brasil. Negros de Bahía. 1862

Cacique y aguador 

Colegio Segunda enseñanza, Pisagua, Perú. (Actualmente Chile) 1863


Miembros de la colonia china de San Francisco

Gracias a fotógrafos como Castro Ordoñez y a la delicadeza y sensibilidad de su trabajo para la captación de sus imágenes realizadas con gran esfuerzo, se tiene conocimiento en la actualidad de personas, edificios y paisajes que son páginas de la historia. Así lo reconocen en la mayoría de los países visitados por la Comisión en los que se estudia y se valora la labor realizada por Castro Ordoñez. que además contribuyó con su aportación a la consideración de la fotografía como uno de los principales mecanismos de la divulgación científica.

viernes, 28 de abril de 2017

RAMON CASAS Y ARCHER M. HUNTINGTON

La anterior entrada del blog referida a la actual exposición del Museo del Prado, "Tesoros de la Hispanic Society of America", esbozaba la interesante relación que Archer M. Huntington mantuvo con los pintores Sorolla y Zuloaga, pero también con muchos otros. Es poco conocida la que tuvo con Ramon Casas y sobre ese tema habla el artículo de Emiliano Cano (www.mots.tv), especialista en este pintor, que incluyo a continuación.

Ramon Casas en Nueva York. Sorolla, Zuloaga y Huntington.
Emiliano Cano Díaz. Abril 2017

Al hilo de la exposición “Tesoros de la Hispanic Society of America” que se celebra actualmente en el Museo del Prado, es oportuno recordar el primer viaje a EEUU del pintor Ramon Casas, y sobre todo su estancia en Nueva York desde mediados de febrero hasta el 20 de Abril de 1909, coincidiendo con las exposiciones individuales de Joaquín Sorolla (8 de febrero al 8 de marzo) e Ignacio Zuloaga (21 de marzo al 11 de abril) en la Hispanic Society de Archer M. Huntington.

El viaje de Ramon Casas, que había comenzado el 28 de octubre del año anterior partiendo en barco desde Cherburgo (Francia) se debió, en palabras de su amigo Miquel Utrillo, “a la muerte de su novia, con que duraba desde hacía 16 años, de modo que el disgusto ha sido mayúsculo” (Carta a Francisco Valladar. 18/1/1909).

La novia de Casas, Emilia Huet i Bas, había fallecido el 10 de septiembre de 1908, y la invitación al viaje provenía de Charles S. Deering, hombre de negocios, coleccionista de arte, admirador de Casas, y amigo también de los afamados pintores John Singer Sargent y Anders Zorn. Así, aunque el viaje supusiera por una parte una válvula de escape para el pintor después de una importante pérdida personal, también presentaba a priori una buena oportunidad profesional en la que darse a conocer al público americano, con la ayuda y complicidad de Deering.

Ramon Casas, Charles Deering y James Deering. 1909 

Atendiendo a la abundante correspondencia conservada (principalmente en el Fondo Sala Parés del MNAC), durante los seis meses de aventura americana Casas pintó once retratos al óleo, que ordenamos cronológicamente: Grace Thaxter Howe (tía de Richard Flint Howe, cuñado de Charles Deering); Richard Flint Howe con su hijo William (retrato doble del cuñado de Charles Deering y su hijo); Marion Deering (esposa de Charles); Roger Deering (hijo de Charles); William Deering (padre de Charles); Clara Cumming (esposa de William Deering); Señor Keep; Señora Keep; Virginia Bacon (amiga de los Deering); James Deering (hermano de Charles); y finalmente el de su anfitrión, Charles Deering. Asímismo Casas realizó una treintena de retratos al carboncillo, entre ellos los de Gonzalo Quesada (ministro cubano en Washington), Lady Johnston, el del Comandante de Marina del barco Alabama, su autorretrato y diversos retratos de miembros del clan Deering. Y por último también retocó al pastel un centenar de reproducciones fotográficas de dibujos propios, de las que solo hemos identificado un retrato de Miquel Utrillo (copia del original del MNAC) que se encuentra en el Deering Estate en Cutler, Miami (reproducido, junto con varias de las obras citadas anteriormente, en Isabel Coll, Charles Deering and Ramon Casas, Northwestern University, 2012). 

“Retrato de Charles Deering”, por Ramon Casas. Nueva York, 1909

Durante el viaje, intensos periodos de actividad pictórica se fueron mezclando con otros de entretenimiento, espectáculos y fiestas, igualmente intensos. En cuanto a los primeros, si bien Casas manifestaba en sus cartas que “Aquí se está muy bien pero tengo ganas de descansar en casa porque me he hecho un hartón de trabajar y pienso que ya he hecho bastante dinero" (28/3/1909, a Josep Meifrén), e incluso que “después de pintar tengo que echarme un rato porque me entra como una especie de mareo que es el resultado de haber trabajado todo este tiempo sin descanso ni los domingos” (6/4/1909, a Utrillo), lo cierto es que sus pinturas al óleo (a excepción de los retratos para el matrimonio Keep, de Washington, a los que conoció en la travesía transatlántica), quedaron circunscritas al estricto ámbito privado de la familia Deering, y por tanto no tuvieron repercusión alguna en los círculos artísticos americanos.

"Autorretrato de Casas dedicado a la Sra. Bacon". Nueva York, 1909

El 11 de abril de 1909 aparece en el periódico The Sun un amplio reportaje sobre Casas que comenzaba así: “Al contrario que el Señor Sorolla, que trajo en persona sus lienzos por valor de 100.000$ a América, o del Señor Zuloaga, que permaneció en París mientras enviaba sus cuadros a esta nación, Ramon Casas ha venido sin un solo lienzo, a pesar de ser conocido en España como uno de los retratistas con más éxito”. Esta falta de previsión de la exhibición pública de su obra, puesta en relieve por el periodista de The Sun, explica en parte la poca repercusión de su trabajo, aunque sospechamos que el mayor inconveniente pudo deberse precisamente a la presencia de Sorolla en Nueva York, que coparía para sí mismo el espacio de novedad y exotismo por “lo español” que los aficionados americanos pudieran manifestar.

“Retrato al carboncillo de Grace Thaxter Howe”, por Ramon Casas. Colorado Springs, 1908

Casas fue testigo directo del creciente éxito del pintor valenciano. Así, después de su periplo por el continente norteamericano (de Nueva York hasta Los Ángeles, pasando por Colorado Springs, y después Miami, La Habana y Washington), regresa de nuevo a Nueva York a mediados de febrero de 1909, instalándose en unas habitaciones del Waldorf Astoria (quizá el hotel más exclusivo de la ciudad) desde donde escribe a Utrillo (11/3/1909): “Sorolla ya ha hecho la exposición y parece que ha hecho muchos cuartos: ha tenido éxito sobre todo por los cuadros: los retratos no han gustado nada y por eso sólo está haciendo dos”. Nótese el cierto tinte de rivalidad en esta primera impresión sobre los retratos, que sin embargo cambiará rápidamente en su carta del 28 de Marzo: “En cambio [por comparación a Zuloaga] todos hablan de Sorolla y encuentran que sus retratos estaban muy bien”. Para terminar concluyendo el 6 de abril: “Sorolla lo ha reventado”.

Automóviles aparcados frente a la HSA durante la Exposición de Sorolla, 1909

Al contrario que otros pintores e intelectuales de su generación, Casas había sentido siempre un aprecio sincero por la pintura de Sorolla. Es muy reveladora su crónica en Pel i Ploma (1/7/1900) de la Exposición Universal de París de 1900, en la que “La Carga” (por la que más adelante obtuviera tantas recompensas), había sido rechazada por la comisión después de un cambio de normas en las fechas de envío. Fiel a su carácter noble, Casas reconocía sin ambages que “el mejor envío es el de Joaquín Sorolla, al que el jurado ha concedido en justicia la medalla de honor española”. Al año siguiente apareció también en Pel i Ploma (Junio de 1901) una primera Cabeza al carboncillo de Sorolla, dibujada por Casas, junto a un texto muy elogioso firmado por Utrillo. Y más adelante, en 1904, Casas le hizo un segundo retrato de medio cuerpo durante su estancia en Madrid, que fue a su vez reproducido en el nr.12 de Forma, donde se fueron publicando hasta el cierre de la revista en 1908 dibujos y nuevos artículos laudatorios hacia la obra del pintor valenciano.

“Joaquín Sorolla, pintor”, por Ramon Casas. Pel i Ploma n.77. Junio 1901

En cuanto a la recepción de la exposición de Zuloaga en la Hispanic Society, también son muy interesantes los comentarios de Casas que contiene su epistolario, habiendo de tener presente que Casas y Zuloaga eran amigos entrañables desde que coincidieran viviendo en París hacia 1890. Escribe a Utrillo el 11 de marzo de 1909: “Zuloaga creo que llega un día de estos y sus cuadros ya están aquí”, y después el 28 de marzo: “Ayer fui a ver la exposición de Zuloaga y nada menos que con señoras de las más entendidas aquí (una de ellas tiene casa en Versalles y conoce mucho a Lobre). Pues bien aquí no ha gustado nada y ha tenido la mala ocurrencia de poner algunos retratos como cebo, y chico, no pican: lo encuentran ordinario y en eso tienen un poco de razón porque ha pintado un señor de aquí que parece un pordiosero bien vestido [quizá el retrato de Mr. F, n.16 del catálogo]. Él no ha venido y con eso ha hecho santiamén.” Y por último escribe el 6 de abril: “La exposición de Zuloaga cada día gusta menos y me parece que no hará ningún dinero”. De nuevo hay que subrayar que la crítica de Casas se centra en los retratos (su especialidad), ámbito en el que era (y quizá se sabía) superior a sus dos colegas españoles. 

“Retrato de Mr. F.”, por Ignacio Zuloaga. Catalogue of paintings by Ignacio Zuloaga. The Hispanic Society of America, 1909

Volviendo a la fortuna de Casas en América, diversos datos indican que las circunstancias bien pudieron haber sido otras, en las que su arte hubiera gozado de una proyección mayor. Para ello el pintor tendría que haber realizado retratos de personalidades influyentes, cosa que intentó, según leemos en una carta dirigida a Utrillo el 21 de enero de 1909: “Después estoy trabajando para hacer un retrato al carbón del presidente [probablemente William Howard Taft, que sí fue retratado por Sorolla], y por ahora una hija suya, muy amiga de la señora Keep (de quien hago el retrato), dice que se encarga.” También, según el artículo citado de The Sun, “El Señor Casas está ansioso por subsanar un error aparente [venir a EEUU sin cuadros que mostrar] y está haciendo preparativos para una exposición temprana de su obra”, en la que figurarían algunos retratos pintados en América junto a otros que tenía ya encargados y que realizaría en Barcelona con la ayuda de dibujos preparatorios (el de Lady Johnston, y quizá también los de Gonzalo de Quesada, Mr. Pinchot, y los cantantes de ópera Mary Garden y Florencio Constantino). Asimismo figurarían en la exposición “muchos de los retratos por los que ha obtenido honores, el más notable el del Rey Alfonso XIII, que obtuvo premios en Berlín, Munich, Madrid, Barcelona y Zaragoza.” (Se trata del retrato ecuestre de Alfonso XIII, perteneciente en la actualidad a Patrimonio Nacional, en el Palacio Real de Río Frío).

“Retrato ecuestre de Alfonso XIII”, por Ramon Casas. Madrid, 1904. (Foto IPCE. Archivo Moreno)

Aunque no se tienen noticias de la proyectada exposición, que quedó truncada por causas que desconocemos, el epistolario indica que pudo haber tenido lugar precisamente en la Hispanic Society. Escribe Casas a Utrillo el 28 de marzo de 1909: “Ayer cené con aquel señor que no me acuerdo cómo se llama (a quien tú ya conoces) que ha traído a Sorolla y Zuloaga y me parece que nos arreglaremos para hacer una exposición el año que viene”. El señor de la cena ha de ser Archer Milton Huntington. Desgraciadamente la Hispanic Society guarda muy poca documentación referente a su fundador, que “justo antes de su fallecimiento, destruyó cuanta correspondencia y documentación personal le fue posible” (P. Lenaghan en el Catálogo de la Exposición Tesoros de la Hispanic Society of America, Museo del Prado, 2017). Sin entrar ahora en las implicaciones para la historia de la colecciones de ese impulsivo acto, el hecho constituye una dificultad añadida a la hora de establecer las causas que impidieron la realización de la exposición (quizá una de ellas tuviera que ver con los recelos de Huntington hacia Deering, el protector de Casas, al que al parecer no encontraba méritos para ser miembro de la Hispanic Society). En cualquier caso, analizando los datos que nos han llegado, por una parte parece evidente que Casas tenía la idea de exponer su obra y volver a EEUU más adelante, tal como le escribe a Josep Meifrén (5/1/1909): “Con todo ya llevo ganados limpios cuatro mil duros y con los que me faltan por hacer ganaré 6 ó 7 mil más, para empezar me parece que no está mal, y si otra vez quiero volver (cosa muy probable) me queda trabajo para un año.” Y de nuevo a Meifrén (28/3/1909): “Cuando los termine [los cuadros a realizar en Barcelona] volveré, porque he dejado mucho trabajo por hacer”. Pero al mismo tiempo sabemos por una carta a Utrillo ya de regreso desde París que el agotamiento de las últimas semanas le había dejado una sensación amarga respecto a su estancia (23/4/1909): “Te escribo porque, como puedes deducir, tengo necesidad de ello. París no es USA. París es algo muy nuestro. Lo otro, para ver, y marcharse.”

Como hemos adelantado, al año siguiente Casas no volvió a América, sino que visitó París en mayo junto a Júlia Peraire, su modelo preferida desde 1905, con la que había entablado una relación sentimental tras su regreso de EEUU. Ese verano de 1910 viaja con Deering por centroeuropa, y a su vuelta a Barcelona pinta la segunda versión de “La Carga”, realizada para James Deering, el hermano de Charles (Carta de Casas a Deering, 26/10/1910). En el verano de 1911 vuelve a viajar con Deering por Bélgica y Holanda y para fin de año planea un nuevo viaje a EEUU (La Publicidad, 9/8/1911), que tampoco llega a producirse, aunque su amigo Pompeu Gener lo da por hecho en las páginas de La Mundial (febrero 1912): “En estos momentos y acompañado de Mr. Dyring [sic], un millonario americano, están recorriendo en dicho vehículo [se refiere al automóvil] la América del Norte, cual hizo ya [hace] dos años, pasando luego a Méjico, y trasladándose después a las Antillas en un yate de recreo.” De nuevo se desconoce la causa de la cancelación de esta segunda excursión americana (quizá tuviera que ver con el delicado estado de salud de su madre, que muere en noviembre de 1912), pero en cualquier caso sabemos que Casas no permaneció en Barcelona esos meses, sino que vuelve junto a su Júlia a París, donde reside entre noviembre de 1911 y marzo de 1912.

“Autorretrato con Júlia Peraire en una carta a Deering”. Barcelona, 5/6/1911. (Northwestern University Libary. Evanston, IL) 

Por lo que respecta a su relación con la Hispanic Society, el 13 de enero de 1919 Ramon Casas es elegido miembro correspondiente de la Sociedad, reconocimiento reservado a “distinguidos artistas, hombres de letras, e hispanistas, cuyas contribuciones al arte y literatura de España, Portugal, y los países hispanos, representen la vida y cultura de sus naciones.” (The Hispanic Society of America, 1944). Sin embargo no fue hasta el 1 de diciembre de 1928 que, gracias a la intermediación del pintor José María López Mezquita, una obra suya, “La Santera” (c.1915), pasó a formar parte de la colección neoyorquina, en compañía de “Calvario en Sagunto”, de Santiago Rusiñol, y “Catedral de Tarragona”, de Joaquín Mir.

“La santera” es una obra poco característica de la producción del pintor catalán, pero vino a llenar un hueco en la colección de la Hispanic Society, y a subsanar, aunque fuera sólo en una pequeña parte, la frustración por una relación, la de Casas y Huntington, que lamentablemente nunca llegó a prosperar.

“La Santera”, por Ramon Casas. c.1915. Hispanic Society of America, New York