jueves, 11 de febrero de 2021

CATTALINA CHERUBINI - PINTORA

SE BUSCAN PINTORAS

Uno de los méritos que hay que reconocer a la actual Exposición INVITADAS del Museo del Prado es que ha removido sensibilidades y ha situado la inclusión de pintoras en el discurso del Museo entre su objetivos a cumplir en un futuro próximo. De entrada nos alegra este nuevo enfoque y esperamos que el impulso se mantenga el tiempo suficiente para que pueda producir los frutos deseados. 

Una de las tareas que viene realizando el Museo del Prado aprovechando el cierre del archivo en este extraño periodo pandémico que ya va camino de un año, es la ampliación y revisión de los contenidos a los que se puede acceder en línea, y ello lo notamos de forma especial en la actualización de la información que ofrece la Galería Online sobre artistas y obras. 

Probablemente fruto de este proceso, ha sido la incorporación de Cattalina Cherubini al elenco de pintoras del Museo y a pesar de que tal incorporación ofrece alguna duda, nos alegra que se haya producido ya que nos da la ocasión de hablar de ella, una pintora singular, prácticamente desconocida, y de una época, la segunda mitad del siglo XVIII, en la que muchas artistas se dedicaban a la pintura y se implicaban en el ámbito académico, sin que su historia haya tenido apenas trascendencia. 

CATTALINA (o CATHERINA) CHERUBINI - Nueva pintora en el Museo del Prado

La obra en cuestión es una pequeña pintura sobre lámina de cobre representando a Santa Inés, considerada por el Museo de autor anónimo, que ahora se atribuye a Caterina Cherubini, pintora de pequeñas pinturas y miniaturas casada en Roma con su maestro en ese arte, el pintor Francisco Preciado de la Vega, primer artista español encargado de atender a los pensionados españoles en Roma. 

Caterina Cherubini (atr.) Santa Inés, 1769

No se trata de una nueva obra ya que entró en el Museo del Prado hace casi cincuenta años, en 1973, como "´Óleo sobre cobre de autor desconocido de 1769 y que representa a santa Inés", formando parte del legado de Consuelo Rocamora Menéndez.

Antes de dedicarnos a conocer a la pintora y su relación con la obra, dedicaremos unas líneas también a la donante, Consuelo Rocamora, gracias a la cual esta y otras obras que formaban parte de su legado hoy pertenecen al patrimonio público y podemos disfrutar de ellas.

LA DONANTE, CONSUELO ROCAMORA, Y SU LEGADO

Los Rocamora Fernández provienen de una familia afincada en Valencia, bien posicionada socialmente, compuesta al menos por tres hermanos: José, director del Heraldo de Madrid, Consuelo, cantante, y Joaquín, abogado y empresario, padre de Consuelito, la donante de las obras. 

Leemos en la prensa de la época que esta sobrina Consuelito fue curiosamente  la madrina de boda de su tía Consuelo Rocamora Fernández (1866-1919) con el empresario valenciano Ramón Hércules, (Las Provincias, 15.12.1917) matrimonio que duró tan solo dos años, a causa de la muerte prematura de la tía a la edad de cincuenta y tres. A juzgar por las crónicas periodísticas, su desaparición causó un gran impacto y su cortejo fúnebre fue acompañado por una lista interminable de representantes del mundo cultural, empresarial y político. Entre ellos, José Prado, ministro de Instrucción pública, Francos Rodríguez, ex ministro, Garrido Juaristi, alcalde de Madrid, Mariano Benlliure, director de Bellas Artes, Alberto Aguilera y muchos otros, incluyendo al pintor amigo de la familia Fernando Alberti Barceló(Rev.de Ferrocarriles, Industria y Seguros 9 sept.1919, p.429).

 Consuelo Rocamora, Tía y Sobrina , Cantantes. Fotografía de la Revista Ondas. 1927 

Consuelo Rocamora era el modelo a seguir por su sobrina Consuelito, y la causa de su vocación por la interpretación y la música, ya que en su juventud había formado parte de compañías de teatro en las que actuaba como partiquina (Teatro de Parish - La Correspondencia de España, 21.9.1898) o como tiple comprimaria (Teatro de Parish - La Época 29.8.1900). Pasados los años el recuerdo perdura en la sobrina que menciona a su tía con cariño en su testamento.

LA DONANTE, Consuelo Rocamora Menéndez (h.1900-1968), en el momento de su muerte era funcionaria del Ministerio de Información y Turismo en el que había consolidado su plaza mediante concurso-oposición en 1963 (BOE 17 julio 1963), pero de joven, al igual que su tía, se había dedicado al canto actuando como soprano en muchas ocasiones tanto en público como a través de la radio. Son muy numerosas las reseñas de sus actuaciones en programas musicales de Unión Radio. (El Año académico y cultural, 1926, p.89. Revista Ondas 26.6.1927, p.27...).

Después de la Guerra Civil ya no encontramos más reseñas periodísticas de sus actuaciones. Cabría pensar que el cambio de régimen no favorece sus expectativas, sobre todo si se tiene en cuenta que su padre, el abogado Joaquín Rocamora, era un reconocido republicano, y tampoco tenía el apoyo de su tío José que había fallecido el año de inicio de la contienda. Ella indica en el testamento  que "por falta de salud se vio privada de ser figura del "bel canto". La vida profesional de Consuelo por tanto se reconducirá hacia trabajos más prosaicos y se integrará en la administración pública, hasta su fallecimiento en Madrid el 23.8.1968.

La curiosa historia de este legado, que estuvo a punto de no serlo, puede seguirse a través de los documentos que se encuentran en el Archivo del Museo (Caja : 100 / Legajo: 16.13 / Nº Exp: 1, varios documentos) que repasamos a continuación.

De acuerdo con lo previsto en el testamento otorgado en 1968 por Consuelo Rocamora Menéndez, que establecía al Museo de Arte Moderno como destinatario de su legado, su albacea se dirige al recién creado Museo de Arte Contemporáneo (1968), heredero del Museo de Arte Moderno, y le hace entrega del legado contemplado en su cláusula 7 y que está compuesto por cuatro obras: un Retrato de la donante de 1912 pintado por Fernando Alberti Barceló (1870-1950), dos Platos pintados con sendos bodegones de flores y frutas por José Pinazo Martinez (1879-1933), y "el cobre que tiene la testadora en su alcoba, de autor desconocido, de 1769 y que representa a Santa Inés", que es la obra que ahora nos ocupa y que encabeza este artículo. 

Habían pasado tres años desde el fallecimiento de la donante. El albacea entrega al Museo, junto a las obras, una copia del testamento. El certificado que acredita la entrega de las obras es de 13.12.1971 .

Detalle de la cláusula 7 del testamento de Consuelo Rocamora - 1968 (Arch. MNP)

F. Alberti Barceló*, Retrato de Consuelo Rocamora Menéndez. 1912 MNP

*Del pintor e ilustrador Fernando Alberti Barceló el Museo del Prado tiene otras dos obras: "La Verbena" y "Vieja Celestina" recibidas del MNCARS en el proceso de reorganización de las colecciones.
José Pinazo Martinez, Bodegón con rosas (1900) y Bodegón con frutas (1903) MNP.

Pero se da la circunstancia de que a la fecha de la entrega del legado se encuentra en proceso la separación la colección de pintura del XIX que, como sabemos, pasará al Casón del Buen Retiro formando parte del Museo del Prado. En consecuencia el secretario del Museo de Arte Contemporáneo, Sr. Echanove, en nombre de su director, solo tres días después de su recepción (16.12.1971) rechaza el legado con el argumento de que "dichas obras no encajan con la línea contemporánea de la institución", indicando al albacea que las recoja y se dirija al Museo del Prado.

El subdirector del Museo del Prado, Joaquín de la Puente, que es a la vez conservador de la colección del XIX, recibe la información del albacea y se dirige inmediatamente (18.12.1971) al director del Contemporáneo para que le envíe los antecedentes del legado, diciéndole a modo de reproche: "A mi me parece que la dirección de ningún museo está en condiciones de rechazar así un legado. Es la Dirección General la que rechaza o acepta..." (subrayado en el original).

Una vez obtenida la información, el mismo de la Puente se la envía a Xavier de Salas, director del Prado diciéndole: "Tres de las tales obras son novecentistas, es decir, destinables al Museo Contemporáneo o controlables por él. Si no le interesan es evidente que pueden interesar en cualquier otro museo español. Creo que se debe dar cuenta a la Dirección General de este legado, con los informes correspondientes, con el fin de que se decida qué procede". (Carta 3.2.1972).

Pasa más de un año y la cuestión del legado sigue sin resolverse. De nuevo De la Puente se dirige al director gerente del Prado, Rodolfo R. Boeta y tras ponerle al corriente de la situación le dice: "Haz el favor de poner en marcha este asunto para que se resuelva de una vez. (Carta 28.3.1973)

Finalmente el 4.9.1973 el Director General de Bellas Artes, Pérez-Embid, firma la Resolución por la que se aceptan las obras y se ordena que sean expuestas figurando el nombre de la donante, que es publicada en el B.O.E. de 15 de septiembre de 1973.


Sobre "El cobre que tiene la testadora en su alcoba, de autor desconocido, de 1769 y que representa a Santa Inés"

LA PINTORA: Cattalina Cherubini (1726 - 1811)

Anton von Maron, Retratos de "Caterina Cherubini " (Atrib.)  y "Preziado de Siviglia"  (Preciado de la Vega)(1767)
Academia de San Luca Roma

Cattalina Cherubini es una pintora de pastel y miniatura que también realiza obras al óleo, generalmente copias, de temas religiosos. Aunque su apellido parece indicar un origen italiano algunos estudiosos como Orazio Marrini (Serie di ritratti di celebri pittori -1764) la consideran de procedencia española, lo que resulta acertado pues su propio marido, el pintor Preciado de la Vega, en una carta al embajador en Roma Manuel de Roda (15.3.1770 - BNE) le habla "...de esta familia Cherubini, oriunda del reino de Aragón...".  

Cherubini se casó en 1750 con el sevillano Francisco Preciado de la Vega (1712-1789), pintor y tratadista español que vivió la mayor parte de su vida en Roma a donde llegó con 20 años, al principio como estudiante con una pensión real y posteriormente como encargado de la supervisión de los pensionados españoles que eran enviados a estudiar a la ciudad eterna. 

El matrimonio Preciado-Cherubini coincide en Roma con otros grupos familiares que obedecen a un patrón semejante en su composición, donde alrededor de un pintor ya establecido, sus hijas, esposas o hermanas realizan un aprendizaje que les va a permitir dedicarse a la pintura en especialidades como la miniatura, el dibujo, el pastel o la acuarela e incorporarse a las Academias de Bellas Artes. 

Así coinciden en el mismo tiempo y lugar el clan Mengs que partiendo de Anton Rafael cuenta con su hermana, Theresa Concordia, casada con el pintor Anton von Maron, y su hija Anna Mengs que más tarde será Académica de la española de San Fernando (1790); el grupo familiar del pintor francés Pierre Subleyras establecido en Roma con su mujer la miniaturista Maria Felice Tibaldi, hija del violinista Gian Battista Tibaldi, que llegará a ser Académica de San Luca en 1742 y admitida en la Academia de Arcades con el nombre de Asteria Aretusa. María Felice enseñará a su hermana Teresa Tibaldi y a su hija Clementine Subleyras la técnica de la miniatura. También en Madrid conocemos ejemplos similares como el del pintor de corte napolitano Jacopo Amigoni, quien enseña a su hija Caterina a realizar retratos en miniatura y a su hermana Carlota, que era experta en grabado; o el de la francesa Faraona Magdalena Olivieri, ​casada con el arquitecto Jacques Marquet, que en 1759 fue admitida como académica de mérito por la sección de pintura en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la miniaturista Clara Menéndez, nacida en Nápoles en 1712 y muerta prematuramente en Madrid a los veintidós años, que había aprendido el oficio de su padre el pintor y miniaturista Francisco Antonio Menéndez.

El pintor Preciado de la Vega probablemente conoce a su mujer como alumna. Cattalina era hermana del pintor Domenico Cherubini (1754-1815), quien a su vez era alumno de Marón. Después de diez años de aprendizaje ella consigue alcanzar cierta notoriedad y reconocimiento, lo que le va a posibilitar la obtención de unos ingresos que ayudan a la economía familiar que, a juzgar por sus cartas (BNE - Cartas de Francisco Preciado de la Vega a Manuel de Roda, transcritas por Jorge Gª Sánchez -Academia 2007), siempre anda algo estrecha, pues del matrimonio dependen la suegra, con dos hermanas de su marido y tres cuñadas "doncellas". 

El estilo de Cattalina sigue tan fielmente al de su marido que sus obras a veces se confunden. El alto nivel artístico que alcanza le va a permitir ser admitida en tres Academias de Bellas Artes, la de San Luca (Roma, 1760) la de San Fernando (Madrid, 1761) y la Clementina (Bolonia, 1766), y además en la romana Academia Literaria de los Arcades a la que accede junto a su marido en 1766 con el seudónimo de Ersilla Atenea. (El nombre guarda relación con las fundaciones de Roma, -Ersilia era la mujer de Rómulo-, y de Atenas -fundada por la diosa Atenea-.

El concepto que se tiene sobre la tarea artística de estas pintoras no es muy elevado, como vemos en el juicio que expresa el pintor Preciado de la Vega en una carta en la que, a pesar de ponderar las obras de su esposa, dice: "Mi muger con salud también prosigue como siempre laboriosa y aplicada unas vezes miniando (qe lo haze grandemente) y otras pintando al olio con qe suele, contentando a m.s ayudarse y ayudarme, pues gusta su prolixidad y acierto en copiar qe es a quanto puede estenderse una muger". Así pues, el pintor valora el acierto de su esposa en copiar y considera que la calidad de sus copias es lo máximo que puede esperarse de una mujer. (BNE, Carta 15.12.1768) 

A pesar de ello las obras que Cattalina Cherubini envía a España son muy bien acogidas y la hacen acreedora de una pensión de 3.000 reales anuales concedidos por Carlos III con la condición de que envíe a la corte copias de figuras procedentes de obras de pintores italianos como Guido Reni, su preferido, Rafael, Corregio..., lo que ella realiza periódicamente incluso tras la muerte de su marido (1789) y continua  enviando sus obras después de la llegada al trono de Carlos IV. Está documentado un primer envío a este monarca de una copia de una Madonna de Guido Reni y a la reina María Luisa de Parma una copia de la Fanciulla con colomba de Rosalba Carriera. A estos siguieron otros envíos de al menos una o dos obras cada año, de las que nada se sabe en la actualidad. 

La complejidad y los materiales nobles que se utilizan para la ejecución encarecen el proceso de realización de estas obras, como sabemos por los comentarios de Preciado a Roda (carta 5.12.1776), informándole de que ha pedido al conde de Floridablanca que medie ante el rey para mejorar la asignación de su mujer: 

         "...no solo por las planchas de marfil que es necesario hacer venir de afuera por no averlas aquí sino muy pequeñas y molduras curiosas, sino el pagar a uno que copie bien un original en una galería o Palacio no pudiendo una muger exponerse a ello ni lograr el que se le prestare para que en la casa lo copiase al olio, como sabe V. Excª que sabe hacerlo con mucho acierto, para después de dicha copia hacer la miniatura que le ocupa mucho tiempo por el modo con que ella lo haze de modo que no se vean puntos desunidos i que toda la obra quede empastada como si fuese pintada al olio conservando las formas i carácter del autor que copia".

La mediación solicitada tuvo éxito según vemos en una carta del marqués de Grimaldi al embajador Azara (7.12.1776 - BNE) en la que comenta la satisfacción de Carlos III por las miniaturas recibidas y la ampliación de la asignación: 

        “...el Sr. Conde me dice, que para hacer estas copias, se originan a Doña Catalina algunos dispendios que la incomodan por la cortedad de medios. Quiere S.M que yo le dé 100 escudos romanos de ayuda de costas de los dos cuadritos que ha remitido este año y el antecedente a 50 por cada uno, cargándolos en la cuenta de los gastos extraordinarios”. Este pago adicional de cincuenta escudos por obra se mantuvo para los siguientes envíos.

Tras la muerte de su marido, Cattalina sufre mayores estrecheces económicas al tener que ocuparse por sí sola de sus hermanas solteras. La pintora se ayudó en su viudez con la venta de la biblioteca y de algunas obras de su marido como la Santa Catalina que vende en 1789 a la Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi de Barcelona, donde hoy subsiste. La obra reproduce otra de la pintora con el mismo motivo, realizada sobre cobre y firmada al dorso, que estuvo en la Galería José de la Mano y actualmente en colección privada.
Izq.: Catterina Cherubini, Santa Catalina, (Colección privada).
Der,: F. Preciado de la Vega, Santa Catalina (Academia de San Jordi)

Cattalina Cherubini continuó trabajando y enviando sus obras a la corte española. En la correspondencia que se conserva en el archivo de la Embajada de España ante la Santa Sede (reproducida en España y Bolonia: siete siglos de relaciones artísticas y culturales - 2006), figuran veintiocho cartas entre Madrid y Roma que reflejan las entregas que Cherubini realiza periódicamente para mantener la pensión que recibe. Al menos en dos ocasiones (1789 y 1800) solicita un aumento de pensión que le es concedida y de forma sistemática recibe el mensaje del aprecio de sus obras por parte de los monarcas. Estas peticiones están siempre favorablemente consideradas por los diplomáticos que las tramitan, en Roma el duque de Grimaldi primero, el embajador Roda y  José Nicolás Azara, que es un gran admirador de la pintora y en Madrid por el conde de Floridablanca, con la excepción puntual del diplomático marqués de Labrador -conocido por su ineptitud- que critica la solicitud de incremento mensual de la pintora diciendo que es un "medio astuto de que se ha valido ... pues cinco pesos al mes suenan menos que sesenta anuales" (10.11.1800)

La última comunicación que conocemos sobre la entrega de "una miniatura y un quadro con una representación de la misma" (¿un autorretrato?) tiene fecha de 15 de agosto de 1803, lo que nos permite pensar que, al menos hasta esa fecha, continuó pintando y cobrando la pensión. Cattalina falleció en Roma el 19 de mayo de 1811. 

Las "bondades" de la pintora eran muy valoradas por quienes la conocían, se la considera no solo por sus cualidades como pintora sino por sus virtudes personales. Contaba Manuel Montano, pensionado de Cádiz  en Roma, quien conoció a la pintora por mediación del director de la escuela gaditana, Domingo Álvarez, en una carta de 18.5.1796: «a esta sª [Catalina Cherubini] ay algun tiempo qe la visito una o dos veces en la semana de noche (pr qe vivimos muy serca) y me edifica además de su talento en pintar, qe es un prodigio, pª tanta ansianidad la qe executa, pr su virtud con la cual está muy agradesida a los Favores qe recibe de Nuestro Católico Monarca, de la Pensión de los 30 escudos pª quien pinta, y no quiere pª otros aunque se lo encomiendan;» (Carta de Manuel Montano, 18 de mayo de 1796. AHCA). 

El embajador Manuel de Roda manifestaba en carta al diplomático Ricardo Wall sobre ella, (10.4.1761): 
           “Tiene grande habilidad. Yo la hiciera Pintora de Cámara, he visto muchas cosas suyas, que me agradan infinito."

El estudioso romano Marrini, considera que era una excelente pintora con grandes habilidades para pintar al óleo y en miniatura 
              “Divenuta dipoi una brava pittrice con sue varie opere dimostrò talmente la sua grande abilità nel dipignere a olio, e la miniatura..."

LA OBRA, Santa Inés
Santa Inés, la obra atribuida a Cattalina Cherubini. 1769, MNP

La información del Museo sobre la obra comienza refiriéndose al elemento que sirve de pieza de convicción para su atribución: "Una inscripción en su reverso vincula este óleo sobre cobre de pequeñas dimensiones con la pintora Caterina Cherubini Preciado":

 "Regalo en Roma de D.a Catha/lina Preziado dí 7 de Sept.e de 1769". 

Nada puede oponerse a esta afirmación si se entiende de modo literal, es decir que la inscripción 'vincula' la persona a la obra aunque no necesariamente acredita su autoría ya que no se trata estrictamente de una firma. 

Tampoco es la primera vez que vemos esta atribución a la pintora, pues al menos en 2006, Jesús Urrea, en otra época relacionado con el Museo, reproduce la imagen en blanco y negro y menciona esta autoría tomando como base la inscripción, en una nota del capítulo que dedica a Preciado de la Vega en sus "Relaciones artísticas Hispano-Romanas en el siglo XVIII". 

A pesar de que Cherubini realizó para la corona española una o dos obras al año desde 1774 hasta al menos 1803, lo que supondría alrededor de medio centenar de obras, de las que no existe conocimiento en las colecciones reales. El hecho de que haya desaparecido un número tan importante de obras de las que existen tantos rastros en los documentos de correspondencia solo puede explicarse porque se  mantengan en el anonimato, o bien hayan sido asignadas a otros pintores (historia que resulta tristemente bien conocida en el devenir de las obras de otras pintoras). 

Solo una investigación rigurosa en el pozo sin fondo de las colecciones de Patrimonio Nacional o entre las múltiples copias anónimas que guarda la Academia madrileña de Bellas Artes, o incluso entre las del Museo del Prado, podría dar respuesta a esta extraña situación hasta ahora no estudiada. 

En la actualidad sabemos de pocas obras seguras de esta pintora y generalmente están firmadas, incorporando junto al nombre, en su caso, los títulos de académica que iba adquiriendo de los que naturalmente se siente orgullosa.

De 1754 es la primera primera obra que conocemos en la actualidad de Caterina Cherubini. Se trata de una pequeña pintura sobre lámina de cobre que representa a la Virgen con el Niño sobre las pajas que se conserva en una Colección Particular de Murcia. Es copia de una pintura de Carlo Maratta cuyo original [?] se conserva en el Museo del Prado.
 Firma: «Cattalina Querubini Preziado / fecit en Roma / año de 1754»

De 1760 es la pequeña obra al óleo sobre lámina de cobre que Caterina regala a la Accademia de San Luca como agradecimiento por su recepción como académica, representando una Virgen con el niño en brazos.
Firma: “Sig.ra Catterina Cherubini / Preziado anno 1760”

También de 1760 es la obra que guarda el museo de la Academia de San Fernando, que la hizo merecedora del título de Académica de Mérito en 1761, que se cree copia de una obra desaparecida de Ciro Ferri que representa  La Justicia y la Paz.
Firma: "Catherina Cherubini / Preciado/ Academi /ca Romana Facie/bat Romae Anno/1760."

De 1763 es la Virgen con el niño que conocemos por la tesis de C. de la Cruz Alcañiz sobre Francisco Preciado de la Vega (UCLM-2011). La obra, que se encuentra en la iglesia romana della Trinitá degli Spagnoli, en la actualidad ha sido restaurada.
Firma: «Caterina Querubini Preziado / Academica romana et Ma/tritensis Fac. Anno 1763 

Conclusiones

Estamos pues ante una pintora de reconocido mérito que, siguiendo las reglas de la sociedad artística de la época, tuvo una trayectoria en todo momento ligada a la de su marido Francisco Preciado de la Vega, que actuaba realmente como su representante a la hora de ofrecer sus obras. A pesar de ello también vemos como, tras la muerte del marido, ella continúa de forma autónoma su labor sin que ello afecte a sus logros. 

Hay que valorar positivamente la incorporación de Cattalina Cherubini a las filas de pintoras del Museo del Prado por lo que significa de dar visibilidad a una artista que reúne todos los requisitos para poder formar parte activa de un capítulo poco conocido de la historia sobre las pintoras que trabajaron en la Roma del siglo XVIII. Ello podría propiciar la investigación específica sobre la obra de Cattalina Cherubini, ya que su presencia en la Historia del Arte se ha limitado hasta ahora a figurar, en el mejor de los casos, en un apéndice de los estudios dedicados a su marido, Francisco Preciado de la Vega. 

El componente negativo deriva de la propia atribución, basada en una inscripción que se ha interpretado como autoría cuando no se trata de una rúbrica ni se le puede asignar dicho significado sin otros elementos que la avalen. Quienes han estudiado la trayectoria de esta pareja de pintores, conocen bien que en ocasiones sus obras se han confundido, hecho que se puede constatar en las dos obras vistas anteriormente de Santa Catalina, una de Cattalina Cherubini (en col. privada) y otra de Preciado de la Vega (Academia de san Jordi). Preciado, al margen de sus obras de encargo, también solía realizar, como su mujer, pequeñas pinturasEl hecho, para concluir, es que se estamos ante una obra menor, de escasa trascendencia artística, por lo que bastan unos mínimos apoyos circunstanciales para realizar su asignación a la pintora. La experiencia desgraciadamente nos dice que el nivel de exigencia crecería exponencialmente si estuviéramos ante una obra de mayor envergadura o complejidad.

Cattalina Cherubini. San Francisco confortado por un ángel. Col. part. Valladolid
En Urrea Fernández, Relaciones Artísticas Hispano Romanas en el siglo XVIII


jueves, 14 de enero de 2021

SAMUEL MAÑÁ , PINTOR

El pintor Samuel Mañá Hernández, h.1905

Este artículo no hubiera sido posible sin el Cuaderno de Arte Nº 6 del Museo de Bellas Artes de Santander realizado en 1991 con motivo de la exposición monográfica dedicada al pintor Samuel Mañá, comisariada por Belén Poole bajo la dirección de Salvador Carretero, de donde provienen la mayoría de las imágenes utilizadas en este artículo. En cuanto al texto, basado en parte en la citada publicación, ha sido complementado con la documentación encontrada en las hemerotecas y archivos que se indican; documentos que vienen a ajustar algunos de los datos de su biografía que probablemente fueron recogidos oralmente de los descendientes del pintor.

Su padre, Juan Mañá Carbó (1841-1906)

Nacido en Castellón, Juan Mañá había estudiado la carrera de medicina en la facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid terminando el año 1865 (AHN - Universidades, 5820 Exp. 26). Probablemente su primer destino profesional le llevó a Tortosa (Tarragona), no lejos de su Castellón natal. Allí conoció a Dolores Hernández Jordá con quien se casaría y tendría ocho hijos.

Fue seguidor del médico alemán Samuel Hahnemann (Meissen, 1755 - París, 1843) inventor del sistema de medicina alternativa conocido como homeopatía, cuyos principios siguió fielmente en su práctica profesional. En su honor puso a su cuarto hijo el nombre de Samuel.

Al igual que su admirado Hahnemann, el ilustrado Juan Mañá simultaneó su labor médica y sus estudios de homeopatía con sus propias publicaciones y sus traducciones del inglés de los libros de su maestro y otros eminentes homeópatas como el Dr. Edwin M. Hale o el Dr. Tuthill Massy, que eran presentados y agradecidos al traductor en la revista El Criterio Médico, órgano de difusión de la Sociedad Hahnemanniana Matritense. Mañá contribuyó además a la nueva ciencia con dos Manuales de tratamiento homeopático para uso de las Familias, uno dirigido a Las mujeres y sus enfermedades durante la maternidad, y otro relativo a La higiene y enfermedades de los niños.


Por una reseña en la revista Archivos de la Medicina Homeopática de 30 de enero de 1878, sabemos que ese año la familia Mañá se traslada de Tortosa a Valencia, a la calle de las Avellanas, número 3, principal.  El Criterio Médico de 10/2/1878, también se hace eco del traslado:

      "Nuestro estimado amigo, el estudioso médico homeópata de Tortosa, D. Juan Mañá, ha trasladado su residencia a Valencia, donde es seguro propagará con el mismo ardor que en Tortosa la doctrina homeopática". 

Juan Mañá, como hombre ilustrado, era un gran aficionado a la pintura lo que le llevó a reunir una considerable colección de cuadros, sobre todo de pintores valencianos de su generación como Pinazo Camarlench, Sala, o Martinez Cubells. Poco más podemos decir sobre él, que continuó su actividad profesional en Valencia, cambiando su consulta a un nuevo domicilio en la calle de la Nave nº 15 principal (junto al estanco), lo que hace saber a su numerosa clientela en el diario Las Provincias de 22 de mayo de 1902. Allí vivió hasta su muerte en 1906. Su esquela apareció en el Diario Las Provincias de 13 de Mayo de ese año, y por ella conocemos que entonces ya estaba viudo.

El pintor Samuel Mañá Hernández (1875-1955)

Samuel, el cuarto de los hermanos Mañá Hernández, nace en Tortosa el 19 de Mayo de 1875 y allí pasa sus tres primeros años hasta el traslado familiar a Valencia en 1878. 
Samuel Mañá (a la izquierda), con sus hermanos en la época del traslado a Valencia

En Valencia realiza sus primeros estudios y pronto descubre su vocación pictórica, lo que le lleva a asistir al taller del pintor valenciano Ignacio Pinazo y Camarlench a recibir sus primeras lecciones de pintura siendo compañero de José, el hijo mayor del maestro con quien también coincidirá más tarde en el estudio de Sorolla en Madrid. Probablemente sean de esa época las versiones que Samuel realiza de los retratos de los hijos del maestro. 
Izq. I. Pinazo. Retrato de su hijo José h.1885.MNP
Dcha. Samuel Mañá. "Estudio de niño" h.1893
Izq.  I. Pinazo, Ignacio, hijo del artista, 1885 MNP
Dcha. Samuel Mañá, Niño comiendo, h.1893

Entre 1885 y 1890 el maestro Pinazo realiza múltiples retratos de sus dos hijos, algunos de los cuales debían estar en su estudio y sirvieron de modelos al joven aprendiz. A veces es difícil distinguir entre ellos cuál de los hijos es el retratado, aunque la diferencia de edad nos permite distinguirlos en este doble retrato.
I. Pinazo, Retrato de sus hijos. A la izquierda Ignacio (1883) y a la derecha José (1879) h.1884. Casa-Museo de Pinazo en Godella (Valencia)

La decisión de Samuel de dedicarse en exclusiva a la pintura preocupa a su padre, que decide enviarle a Madrid a hacer el servicio militar, que realiza en la Sección de Cartografía del Ministerio de la Guerra, gracias a sus habilidades de dibujante.
Samuel en el servicio militar. 1894

Pero Samuel no deja de pintar y al año siguiente 1895 lo encontramos al menos en tres ocasiones en el Museo del Prado (Libro de Copistas 1887-1895) copiando el "Descanso en la marcha" de José Benlliure, (15 junio), una "Maja" de Francisco Díaz Carreño (15 agosto) y haciendo diversos estudios de Velázquez (15 oct), lo que nos lleva a fechar en ese año su "Estudio de Cabezas" velazqueñas.
Samuel Mañá. Estudio de cabezas, det. 1895

Este mismo año participa por primera vez en la Exposición Nacional de Bellas Artes que según Jacinto Octavio Picón su rasgo característico es el predominio de la pintura de costumbre, que algunos llaman pintura de género, sobre la de historia. Dentro de esta tendencia Mañá envía su obra "Una cacharrería", actualmente en paradero desconocido,  figurando en el catálogo oficial como discípulo de Ignacio Pinazo, lo que nos permite aventurar que aun no había iniciado su relación con Sorolla.

Por la información del Catálogo de la siguiente Exposición celebrada en 1897 sabemos que Samuel ya ha entrado en el estudio de Sorolla que en esa época ya es un referente para los jóvenes pintores y especialmente para los valencianos.  El Museo Sorolla conserva en su archivo una carta de felicitación de Samuel Mañá a Sorolla por el premio de honor obtenido en la Exposición de París de la que se trasluce una cierta familiaridad al transmitir al maestro la felicitación "de mi padre y hermanos" haciéndola extensiva "a la buenísima Dª Clotilde"
Detalle de la firma de la carta de Samuel Mañá a Sorolla. 
Valencia 7 de Junio de 1900

En 1897 Samuel presenta dos obras continuando en la línea costumbrista iniciada, "Cabeza de Estudio" y "Repasando las redes", por esta última, actualmente en paradero desconocido, será recompensado con una Mención de Honor. En la siguiente Exposición de 1899 presenta una obra de género de carácter social de mayores dimensiones (1,83 x 2,50 metros), con el título "Una fábrica de sacos" por la que obtiene de nuevo Mención Honorífica.
Samuel Mañá, Una fábrica de sacos, 1898

Finaliza el siglo mostrando 
en un comercio de Valencia el Retrato de su padre, Juan Mañá,  por lo que podemos entender que este ha terminado por aceptar la dedicación de su hijo a la pintura. El retrato representa al padre en su madurez en un espacio que podría ser su consulta en la que al fondo a la izquierda se ve un busto escultórico que intuimos podría ser del Dr. Hahnemann.
Samuel Mañá, Retrato de su padre, Juan Mañá Carbó. 1899
Diario de Valencia Las Provincias, 22 de octubre de 1899

Con el comienzo del siglo continúa la presencia de Samuel Mañá en la exposiciones que se celebran,  la prensa local se hace eco de sus obras presentadas a la de 1901.
Heraldo de la Industria, 30.5.1901, Valencia

Por su obra "Agramando" que representa unos trabajadores realizando faenas del campo, conseguirá de nuevo una mención Honorifica y en la siguiente Exposición de 1904 alcanzará una tercera medalla por la única obra que presentó "Sala del torno de la Inclusa"
Samuel Mañá. Sala del torno de la Inclusa. (1904)

Consciente de las dificultades que ofrece el mundo de la pintura y la dura competencia que se produce entre los cientos de artistas que participan en las exposiciones, Samuel Mañá a pesar de sus incipientes logros explora otros caminos en los que ganarse la vida y como muchos otros pintores busca en la enseñanza una posible aplicación de sus habilidades. Después de un primer intento en la enseñanza privada, abriendo una Academia de Dibujo con un compañero, José San Martín y termina finalmente optando por la enseñanza pública preparando oposiciones a catedrático de la asignatura de Dibujo para Institutos de Segunda Enseñanza.

Anuncio en El Imparcial - 19 de septiembre de 1902

Después de varios intentos opositando a diversas plazas de profesor de dibujo (1903), e incluso a una de delineante de Obras Públicas (1904), alcanza en 1905 la de Catedrático en el  Instituto de Mahón, pero pasa de inmediato a ocupar una plaza vacante en el de Teruel, iniciando así un periplo que le va a llevar a ejercer el puesto en distintas provincias de la geografía española, Segovia, Vitoria, Teruel, que quedarán reflejadas en sus obras que todavía durante un tiempo seguirá presentando a las Exposiciones, como las Floristas valencianas (1906) o la Fiesta de Santa Águeda en Segovia (1908). 

En 1908 contrae matrimonio con Aurora Angulo Lluis, de Madrid, en la iglesia de San Ginés, con quien tendrá ocho hijos: José Mª, Carmen, M. Dolores, Aurora, Juan Rafael, Samuel, Conchita y Pilar.
Samuel y Aurora, h.1912.

En 1910 recibirá una Medalla de Plata en la Exposición Regional valenciana por la que es felicitado en el diario Los Debates de Tortosa (10.1.1910) que se hace eco de un diario de Teruel en donde ejercía en ese momento la docencia. Tras un último intento con el envío de una nueva obra "Por los difuntos" a la Exposición de 1912 sin obtener ningún reconocimiento, su actividad en el ámbito de la pintura queda relegada al ámbito personal y familiar, mientras su dedicación profesional se va a centrar en el mundo de la enseñanza. 
Samuel Mañá. Aurora cosiendo. 1910-15

En 1914 se traslada con su familia a Cádiz donde será profesor de Dibujo en la Escuela de Náutica y en el Instituto Padre Luis Coloma de Jerez de la Frontera en donde se mantiene su memoria a través del retrato que realiza para la galería de personalidades del centro del catedrático Juan Argullós Sedano, promotor de los estudios de Magisterio y de la Escuela de Artes y Oficios local. 
Samuel Mañá, Retrato de Juan Argullós. 1913 
IES Padre Luis Coloma, Jerez de la Fra. (Cádiz)

En ese tiempo es nombrado Académico correspondiente en Cádiz de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, según consta en los registros de la institución. (RABASF, 2.12.1918). El año 1925 decide regresar a Madrid ganando por oposición la plaza de Catedrático Numerario de Dibujo del Instituto San Isidro en el que continuará su labor docente hasta su jubilación. Como instrumento de trabajo publicará un pequeño tratado de "Dibujo Geométrico" que fue utilizado en muchos centros de enseñanza de España.
Samuel Mañá. Autorretrato h.1915                   Manual de Dibujo de S. Mañá  

Su vida en Madrid gira entorno al mundo de la enseñanza, complementa su actividad docente en el Instituto San Isidro dando clases en Escuelas de Artes y Oficios y toma parte activa en la Asociación de Profesores de Dibujo en la que es vocal junto a Ignacio Pinazo, el hijo menor de su primer maestro; manteniendo su relación con el mundo artístico, como podemos ver en su papel de organizador del banquete que le ofrecen al pintor Francisco Maura para celebrar el éxito de su exposición en el Museo de Arte Moderno. (El Sol, 3.2.1928). En 1945, a los 70 años, se jubila y diez años más tarde fallece de forma repentina durante unas vacaciones familiares en Santa Pola (Alicante).

                       Este artículo está escrito en recuerdo de Conchita Mañá Angulo (1924-2010) 
Maestra de la vida con la que tuve la suerte de compartir buena parte de mi vida personal y profesional. Conchita, artista como su padre, dedicaba sus tiempos a la realización de cerámicas y esmaltes de gran belleza. Conservo dos de sus obras, una que reproduce una pintura de su padre, titulada "Un patio" y otra de creación que representa un paisaje de flores y árboles.
Arriba, fotografía de "Un Patio" de Samuel Mañá
Abajo, Conchita Mañá. Interpretación del mismo tema. 
Esmalte s/ cerámica 
Conchita Mañá, Paisaje boscoso. Esmalte s/cerámica, h.1986

lunes, 21 de diciembre de 2020

UNA JOYA DE FAMILIA

El retrato de la hija de Gaztambide del Museo Lázaro Galdiano

Raimundo de Madrazo. Retrato de la hija de Gaztambide del Museo Lázaro Galdiano

Se ha publicado en la revista Goya un artículo de Emiliano Cano Díaz en el que se establece la autoría de Raimundo de Madrazo del Retrato de la hija de Gaztambide del Museo Lázaro Galdiano, atribuido en los últimos años a su hermano menor Ricardo. La publicación se realiza coincidiendo con el centenario de la muerte de Raimundo de Madrazo (1841-1920) que ha pasado inadvertido en los medios culturales españoles.

La investigación  recoge que tanto el retrato del músico Joaquín Gaztambide y Garbayo (1822-1870), en paradero desconocido, como el de su hija Consuelo Gaztambide y Aguader (1850-1933), pudieron ser encargados al pintor Raimundo de Madrazo por Manuel Aguader, hermano de la esposa de Gaztambide, quien es nombrado frecuentemente en la correspondencia de los Madrazo como amigo de la familia. El encargo podría estar relacionado con la boda de Consuelo, la hija de Gaztambide con el periodista y poeta Juan Jiménez Delgado, que tuvo lugar el 11 de junio de 1868.

El periodista Eduardo Saco habla de los viajes Manuel Aguader, cuñado de Gaztambide que ejercía como correo de gabinete del exterior, en uno de los artículos dedicados a La Tertulia de la Zarzuela, publicados en el Heraldo de Madrid en 1891. en concreto el del 14 de diciembre: Sus viajes a Roma, a Berlín, a Paris y Londres, con exactitud reglamentaria, eran, para nosotros, venero de inagotable riqueza en todo genero de noticias, a cual más curiosa y trascendental .../...  El era nuestro Mentor, tan solícito como exacto, del movimiento de las artes y de las letras en Italia, en Francia, en Alemania y en Inglaterra .../... nos traía detallados informes del pugilato sostenido por Goupil y Stuart [por Stewart], disputándose las maravillas que engendraba el pincel de Fortuny, el Velázquez de nuestro siglo .../... nos hacía saber el éxito del último paisaje de Martin Rico, del último retrato de Raimundo Madrazo, del último drama de Sardón y de la última opereta de Melhiac y Halevy... 

Ambos retratos fueron realizados entre septiembre de 1867 y junio de 1868, durante los meses que Raimundo de Madrazo pasó en España con motivo de la boda de su hermana Cecilia con Mariano Fortuny, tiempo en el que se sabe que hizo varios retratos y realizó excursiones artísticas con su cuñado.

El retrato del músico y compositor en otro tiempo formó parte de la Colección José Lázaro pero en la actualidad se ignora su paradero. El autor del estudio ha podido localizar una imagen de esta obra en la fototeca del Instituto del Patrimonio Cultural de España, Archivo Ruiz Vernacci, asignada a Raimundo de Madrazo.
Raimundo de Madrazo. Retrato de Joaquín Gaztambide
 IPCE Archivo Ruiz Vernacci,-VN-28514
Inscripción: Raimundo Madrazo sobre el negativo fotográfico

Eduardo Saco en el mismo artículo comentado anteriormente hace un retrato del músico que resulta bastante reconocible: Gaztambide fue de elevada estatura, de fisonomía franca y expresiva, de estrecha frente, en cuyos lados se apreciaba, á primera vista, el desarrollo de los órganos en que, de creer en los principios de Gall y Spurzheim, reside el sentido de la filarmonía: de espeso cabello, de pobladas cejas, de cerrada barba, de ojos pequeños, pero de penetrante mirada; cuidadosísimo de su persona y traje, seguidor de la moda; pero vestido siempre con tanto gusto como varonil elegancia.

Pero el curso de la investigación reservaba otra sorpresa y es la identificación de un tercer retrato que forma parte del grupo familiar. Gracias a la presencia de lo que se podría considerar una "joya de familia" se ha podido sacar a la luz la identidad del "Retrato de mujer joven" por Raimundo de Madrazo, que se conserva en la Fundación Rodríguez Acosta de Granada en los fondos del Instituto Gómez-Moreno, Se trata de María Allende (1844-1894), casada con Manuel Aguader, tía de Consuelo, que fue su madrina de boda. La identificación ha sido confirmada documentalmente gracias a la consulta del archivo de la institución granadina.
Raimundo de Madrazo. Retrato de María Allende. 1868
Fundación Rodríguez Acosta.  Granada

La joya de la familia

El retrato de María coincide con el de Consuelo en sus medidas y en la factura, pero el elemento que ha provocado esta última identificación al autor del estudio es el aderezo con el que ambas se adornan que es un precioso collar de cinco vueltas de granos de coral rematados con tres cuentas de oro. Probablemente se trate de una única línea de cuentas puesto que no hay coincidencia absoluta en el tamaño de cada vuelta, lo que parece indicar que cada una las ha colocado con mayor o menor amplitud, a su gusto.
Detalle de los collares

La utilización de joyas de coral no es un hecho inusual. Según Julio Cavestany (Industrias artísticas: El coral; su talla en España, “Arte Español”, 1931) a partir del segundo tercio del siglo XIX se pone de moda en España el uso del coral cuyos granos son tallados por joyeros madrileños, como vemos a menudo en los retratos de corte romántico, poniendo como ejemplo a Esquivel, Gutiérrez de la Vega, Carlos Ribera, Vicente López o el propio Federico Madrazo, que retratan con adornos de coral no solo a damas de la aristocracia sino de clases acomodadas o relacionadas con el medio artístico. La moda, según este especialista, se mantendrá hasta bien entrado el siglo XX.
Algunos ejemplos de Retratos en los que vemos diferentes modelos luciendo collares de coral. 
De Izquierda a derecha Vicente López (1842), Palmaroli (1873), Federico Madrazo (1873)

Del estudio realizado de los retratos de la familia Gaztambide, se deduce una primera curiosidad que no solo reside en la estética que pudiera coincidir con la moda del momento sino en el hecho de que las dos mujeres lucen exactamente el mismo collar, lo que nos puede dar una idea de su valor simbólico como elemento de tradición familiar. Dado que no se trata de una joya de altísimo valor, no tendría sentido su lucimiento si no obedeciera a razones sentimentales, de recuerdo o de afinidad entre ambas mujeres.

Otra idea de interés que nos abre este estudio  reside en el hecho de que se ha ampliado la visión de los retratos que antes eran considerados individualidades y que ahora pasan a formar parte de un grupo familiar. Nos queda la duda de si estará completo o faltará algún otro retrato para cerrar el grupo: ¿Susana Aguader, la madre de Consuelo? o su tío, Manuel Aguader? ¿o quizás el padrino de la boda, el senador Antonio Vinent? Habrá que seguir investigando... 

Raimundo Madrazo. 1868. Grupo Familiar Gaztambide-Allende