sábado, 27 de marzo de 2021

CARLO ANTONIO PORPORATI

La identificación de un nombre en una estampa del Museo del Prado, me ha conducido hasta la obra del grabador turinés Carlo Antonio Porporati y su relación con la pintora Louise Elisabeth Vigée-Lebrun.

PORPORATI, INCISORE DEL RE DI SARDEGNA (1741 - 1816)

Carlo Antonio Porporati nació en Volvera, un pequeño pueblo cercano a Turín, el 18 de noviembre de 1741. Estudió arquitectura militar y diseño topográfico, tras lo cual entró a prestar sus servicios para el ejército piamontés en el taller de Topografía Real donde hacía los dibujos a pluma para los grabadores. 

Anónimo. Retrato del Grabador Porporati. (H.1768)
Ecole Nationale Supérieure des Beaux-Arts. París

Estando en una ocasión realizando el dibujo del plano del episodio histórico conocido como la "Sorpresa de Asti" (1746) para un grabador venido de Milán, este enfermó y por la urgencia del encargo Porporati tuvo que ocuparse también de hacer el grabado, con tan buenos resultados que obtuvo una beca para estudiar en París gracias a la intervención del ministro de Estado, el conde Bogino, ante el rey Carlo Emanuele III.

Vivió en París entre 1768 y 1773 donde se dedicó de modo concienzudo al estudio del oficio; haciendo visitas a la calcografía real, a las colecciones de estampas y a los estudios de los más famosos grabadores y asistiendo al taller de Juste Chevillet (1729-1802) hasta convertirse en un especialista en grabado. En una breve estancia en Turín, grabó el retrato del rey interpretando un dibujo del pintor de la corte Dupra, como homenaje de agradecimiento a su benefactor, por el que obtuvo una generosa gratificación, un aumento de salario y la libertad de dedicarse al buril.

De nuevo en París asistió a la escuela de Jacques Firmin Beauvarlet (1731-1797) y en ese tiempo entabló una gran amistad con el célebre pintor Greuze, de quien grabó su cuadro "La niña con el perro" que causó gran admiración por la magistral talla y por la extraordinaria riqueza de los medios tonos, y tuvo tal éxito que en ocasiones este grabado se vendió a un precio elevado.
La niña con el perro. J.B. Greuze  y Grabado de Porporati

En 1773 fue recibido como miembro de la Academia francesa con la presentación del grabado Susana en el baño a partir del cuadro de J.B. Santerre, obra con la que el pintor había sido admitido en la Academia en 1704. Actualmente la lámina de cobre de Porporati de 529 x 393 mm. se encuentra en la Calcografía del Louvre. Ese mismo año fue nombrado académico en Turín.
Antonio Carlo Porporati, Susana en el baño (1773) siguiendo la obra de Jean Baptiste Santerre (1704) Ambas obras en el Museo del Louvre

Louis Petit de Bachaumont, en sus Mémoires secrets, alaba un grabado de Porporati expuesto en el Salón de 1777 titulado La muerte de Abel. Está basado en una obra de Van der Werf que el grabador subtituló "Prima mors, primi parentes, primus luctus" en el que expresó de un modo intenso el miedo y la sorpresa de Adán y Eva ante el cadáver de su hijo, al tratarse de una situación que se producía por primera vez en la historia de la humanidad.

C.A. Porporati según Van der Werf , La muerte de Abel (1777)

Un grabado que se hizo famoso es el conocido como "La Zingarella" realizado por Porporati a partir de la Madonna del Coniglio de Correggio del Museo de Capodimonte en Nápoles, antes de que una concienzuda limpieza hiciera desaparecer de la obra algunos elementos añadidos en su momento por el propio pintor. En sus Diarios de Viaje, Valentín Carderera comenta: "En Rivoli compré la Singarella de Porporati" (19 de agosto de 1856).
La Madonna del coniglio o La Zingarella. Grabado de Porporati siguiendo la obra de Corregio (der.) del Museo Capodimonte - Nápoles

A partir de entonces los grabados que realizó no hicieron sino aumentar su fama: Venus acariciando el Amor de P. Batoni, El baño de Leda de Correggio, Le coucher de Jacques Van Loo, Maria Antonieta con una rosa en la mano de Louise Elisabeth Vigée-Le Brun; Garde à vous! (Cupido) de Angelica Kauffmann; los reyes de Cerdeña Carlo Emanuel de V. Blanseri (1771) y Vittorio Amedeo III de  D. Molinari (1775), Tancredo y Clorinda de Charles van Loo, Júpiter y Leda de Correggio, la Sacerdotisa compasiva de Esprit Antoine Gibelin, y otros.

C.A. Porporati: Garde a vous! de Angelica Kauffmann. 1790
Peint par Angélica Kauffmann - Gravé par Porporati, des Académies Royales de Paris et Turin. 
GARDE A VOUS !  
Dédié à Son Altesse  - Royale Marie Therèse, / Archiduchesse d'Autriche, - Duchesse d'Aoste. 
Libres, grands aujourd'hui, français! à mon Ecole, / vous allés Ennoblir un goût longtems frivole; / Si je vous Egarai, Je n'étois qu'un enfant; - Sans doute il faut aimer: Consacres votre vie, / Comme Jadis, aux Belles, aux arts ; mais avant / Aimés! aimés! servés et Sauvés la Patrie...Jbl. / 14 Juillet 1790. 
A Paris chez Daudet, Graveur, Quai des Ormes, maison de l'Horloger. / et chez Joubert, rue des Mathurins, aux deux Piliers d'or n°24. - Par son très Respectueux Serviteur Porporati. / (Tiré du Cabinet de S. Exc. M. le Prince Youssoupoff.) 

También grabó algunas planchas a la "maniera nera", un género muy poco tratado en Italia y realiza grabados de diseño propio de los que destacaremos el retrato de su hija Margherita
C. A. Porporati. Retrato de su hija (1790)

El propio Longhi le señaló como modelo de grabadores por "la precisión, la limpieza del corte, la virginidad del trabajo, la fusión y la transparencia de las tintas, la armonía del claroscuro, el equilibrio del artificio, y la constancia de estilo». (G. Longhi. La calcografía, Milán, 1830).

Fue nombrado grabador y conservador de estampas del rey y creó una escuela de grabado en Turín. En 1793 se traslada a Nápoles a petición de Vittorio Amadeo III para fundar una escuela de grabado. A su vuelta, en 1797 es nombrado responsable de la galería de Bellas Artes de Turín, ciudad en la que vivirá hasta su muerte en 1816.

LOUISE ELISABETH VIGÉE-LEBRUN

Louise Elisabeth Vigée Lebrun. Autorretrato. 1790

Elisabeth Vigée, nacida en París en 1755, era hija del pintor Louis Vigée que hacía retratos al pastel, y fue quien inició a su hija en la pintura. Cuando murió su padre tenía doce años, y su madre Jeanne Maissin pasó a ser su mentora acompañándola a menudo a que estudiara las pinturas del Palacio del Luxemburgo, donde conoció el claroscuro de Rubens, y al Palais-Royal donde pudo ver las de Jean Baptiste Greuze, de cuyas cabezas femeninas hizo numerosos estudios. Ella sintió desde niña la pasión de pintar, en su adolescencia ya hacía retratos de manera profesional y a los 15 años tenía ya su propio taller. El pintor de historia Doyen, su primer maestro, fue quien le enseñó la importancia del natural: "La nature est le premier de tous les maîtres". 

Su madre volvió a casarse con Jacques-François Le Sèvre con quien la pintora no tuvo buena relación, y en 1776 se casa en secreto con el marchante de arte Jean-Baptiste P. Lebrun. En contra de la costumbre, la pintora mantendrá su apellido uniéndolo al de su marido, quizás para no perder el reconocimiento que ya había adquirido con anterioridad. Lebrun era un conocido marchante, por lo que ella tuvo ocasión de estudiar muchas obras de arte que pasaron por sus manos. También se dice que sus contactos le permitieron hacer buenas ventas de sus obras, aunque todas las ganancias iban a las manos del marido que gastaba el dinero en su vida licenciosa. Su fama como retratista de miembros de la aristocracia le abrió las puertas de Versalles para retratar a la reina Mª Antonieta, de quien se convirtió en pintora asidua.  

En 1783 apoyada por Vernet y animada por el éxito de sus retratos, entre ellos los de María Antonieta, solicita ser admitida en la Academia. En un primer momento se rechaza su candidatura a causa de la profesión de marchante de su marido, aunque finalmente, ese mismo año será recibida como “Peintre de portrait et d’histoire”. La obra que presenta de recepción es “La Paix ramenant l’Abondance”, realizada en 1780.
L. E. Vigée Lebrun, La Paix ramenant l’Abondance, 1780. Museo del Louvre

Su estrecha relación con la corte y la aristocracia es la causa de que Elisabeth decida salir de Francia con su hija en 1789, dejando atrás a su marido que, preocupado por su seguridad durante la revolución, solicitó el divorcio. Salieron para el exilio gracias al pago de una obra que recibió en ausencia del marido, según cuenta en sus memorias: 
            "Une seule fois dans ma vie, au mois de septembre 1789, j'ai reçu le prix d'un portrait; c'était celui du Bailly de Crussol, qui m'envoya cent louis. Heureusement mon mari était absent, en sorte que je pus garder cette somme, qui, peu de jours après (le 5 octobre), me servit pour aller à Rome." (Souvenirs. Letre VII)

LA RELACIÓN CON EL GRABADOR PORPORATI 

La pintora y el grabador se habían conocido en París durante el pensionado de Porporati (1768 - 1783), donde amigos e intereses comunes facilitaron su relación. Coincidieron en las veladas musicales y literarias que se celebraban en el estudio de la pintora en el Hôtel Lubert donde se reunía la flor y nata de la ciudad, y ambos se relacionaron con el pintor Jean Baptiste Greuze, gran amigo del grabador e inspirador con sus retratos del estilo de la pintora. Terminados sus estudios, Porporati regresa a Turín y será en esa ciudad donde ambos volverán a encontrarse.

En el segundo volumen de Souvenirs Elisabeth Vigée narra la etapa italiana del exilio y refleja los problemas del viaje, la búsqueda de alojamientos y las dificultades habidas hasta llegar a su destino en Roma. El primer capítulo comienza en la noche de su llegada a Turín al sencillo alojamiento donde les conduce el cochero. A la mañana siguiente Elisabeth manda aviso de su llegada al grabador Porporati, de quien habla como amigo y elogia sus obras. Porporati, que a sus 49 años es un caballero que goza de una buena situación en la corte turinesa y es profesor de grabado en su propia escuela, acude de inmediato a su llamada y al ver la pobreza del alojamiento les ofrece su propia casa. La pintora duda, pero ante la insistencia del grabador acepta y recogiendo sus enseres le acompaña a su casa donde  la hija de este, Margherita, de 18 años, les acoge con toda clase de atenciones.

Autorretrato (det,) del grabador Carlo Antonio Porporati. Incisore G.Gallina. 
1800-1816 Accademia delle Science. Torino

Porporati se ocupa de enseñar la ciudad a su invitada, la acompaña a ver el Museo Real y las interesantes colecciones de pintura de particulares, también acuden a oír música al Gran Teatro donde ella tiene ocasión de encontrarse con personajes franceses que se han refugiado en Turín. Tras cinco o seis días de estancia en Turín la pintora continúa su camino. La siguiente etapa será a Parma y de allí a su destino soñado tantos años, Roma, donde permanecerá cerca de ocho meses y conocerá a Angélica Kauffmann con quien mantendrá una estrecha amistad. 

Desde allí viaja a Nápoles donde realiza los retratos de la reina María Carolina de Austria, hermana de la reina de Francia, María Antonieta, y de sus hijas Marie-Thérèse, Marie-Louise y Marie-Christine.
E.L. Vigée. La reina María Carolina y sus hijas Marie-Thérèse, Marie-Louise y Marie-Christine (1791)

Dos años después, finalizando su periplo italiano, Elisabeth pasa por Turín y de nuevo Porporati le ofrece alojamiento en su casa de campo a dos leguas de la ciudad. Ella acepta con gusto la hospitalidad que su amigo le ofrece y se instala con su hija y la institutriz que les acompaña. Los felices recuerdos de esa estancia están recogidos en el capítulo X del segundo libro de Souvenirs, en el que describe los parajes, las puestas de sol y los sonidos del agua, que se ven truncados por la llegada de cartas que hablan de los espantosos acontecimientos del 10 de agosto en París. Abrumada por las noticias prefiere volver a Turín y poco después decide marchar a Milán.

No sabiendo como agradecer la hospitalidad y las atenciones que ha recibido de Porporati, la pintora realiza un precioso retrato de la hija de este, Margherita, que él graba de inmediato para poder regalarle algunas pruebas antes de su marcha.
Louise-Elisabeth Vigée-Lebrun - Retrato de la hija de Porporati (1792)

Después de una breve estancia en Milán, la siguiente etapa de su viaje será Viena donde permanecerá  dos años y desde allí a Rusia, obteniendo grandes éxitos y siendo aceptada en las correspondientes Academias. Pudo regresar finalmente a Francia durante el reinado de Napoleón I, aunque todavía realizó algunos viajes a los Países Bajos y a Inglaterra donde pintó a Lord Byron. Publicó sus Memorias en 1835 y vivió en París hasta su muerte en 1842.      

La estampa del Museo del Prado

Como comentaba al inicio, la identificación de una palabra hasta ahora no reconocida en una inscripción de una estampa del Museo del Prado me ha llevado a establecer la relación entre estos dos artistas que se conocieron en el París pre-revolucionario y cuya amistad se mantuvo a lo largo del tiempo: Elisabeth Vigée-Lebrun y Carlo Antonio Porporati.

Se trata de la estampa procedente del legado de Pedro Fernández Durán y Bernaldo de Quirós, (1931) titulada "Autorretrato de Louise-Elisabeth Vigée-Le Brun con sombrero", de autor Anónimo y catalogada con el número D2293: "Siglo XVIII. Lápiz, Sanguina, Cuadriculado sobre papel verjurado, 395 x 240 mm."

Autorretrato de Louise-Elisabeth Vigée-Le Brun con sombrero D2293 MNP
(Copia de la obra original de la pintora)

Se trata de un dibujo preparatorio para un grabado que reproduce uno de los más famosos autorretratos de Vigée-Lebrun, que ha sido objeto de frecuentes grabados y reproducciones. Es preciso señalar que existen dos versiones pintadas del Autorretrato que la pintora realiza en 1872.

El primero es un óleo sobre tabla, de 60 x 40 cm. que se encuentra en una colección privada. La obra tuvo un gran éxito y probablemente el mismo año realizó una segunda versión sobre lienzo de mayor tamaño (98 x 70 cm.), aumentando la iluminación y cambiando el color del vestido, que fue expuesta en el Salón (1872), que es la versión que se conserva en la actualidad en la National Gallery.
L.E.Vigée, Autorretratos con sombrero de paja, 1782. Colección privada (izq.) y National Gallery (der.)

Según sus memorias, Elisabeth acompañó a su marido en un viaje de negocios a Bélgica y Holanda en 1782 y en Amberes tuvo ocasión de ver en una colección privada el retrato de Rubens de su cuñada Susanna Lunden, conocido como "El Sombrero de Paja", (óleo s/lienzo, 79 x 54 cm.)  actualmente en la National Gallery. El juego de luces y sombras de Rubens le gustó tanto que le sirvió de inspiración para hacer su propio retrato, manteniendo la visión frontal, el cielo nuboso y el sombrero, aunque algo más rústico.
      "Estaba tan encantada e inspirada por el "Chapeau de paille" de Rubens que realicé el autorretrato mientras estaba en Bruselas. Intentando lograr el mismo efecto me pinté con sombrero de paja, una pluma y unas flores silvestres, sosteniendo una paleta en la mano". Vigée Le Brun.
P.P. Rubens El sombrero de paja, h.1623, NG 

La estampa del Museo del Prado presenta un dibujo realizado a sanguina y cuadriculado, que reproduce el contorno de la figura para su transferencia posterior a la lámina de cobre. Tiene una serie de números e inscripciones en su parte inferior. En primer lugar aparece el nombre de Angelica Kauffmann lo que resulta, evidentemente, una atribución errónea tanto si se refiere a la figura de la retratada como a su posible autora. (Resulta curioso constatar cómo tan a menudo se confunden los nombres de pintoras famosas).

La segunda inscripción, en la parte inferior derecha, mucho más interesante, nos informa de manera precisa de la naturaleza del dibujo y sobre todo de su autoría, no reconocida hasta ahora según la información que aporta el Museo:

 Disegno che servi di calco / sul rame verniciato che possedeva / Porporati, incissore del Re di Sardegna
(Dibujo que sirvió de modelo para el cobre barnizado que poseía Porporati, grabador del rey de Cerdeña.) 
Inscripciones en la lámina

Como puede leerse, la inscripción inferior nos informa de que se trata del dibujo preparatorio para la realización de un grabado al barniz*; dibujado con toda probabilidad por el propio grabador turinés que lo poseía: Carlo Antonio Porporati, quien, como hemos visto, realizó diversas obras relacionadas con la pintora además de mantener una fluida relación con ella. De confirmarse esta propuesta de atribución, se trataría de la única obra de Porporati en el Museo, grabador de gran reconocimiento internacional pero escasísimamente representado en colecciones españolas.

*El dibujo se trasfiere a una lámina de cobre barnizada, mediante una punta o buril, dejando con ello el cobre al descubierto. Se sumerge a continuación la placa en un baño de ácido que ataca las líneas donde el cobre no está protegido por el barniz, produciendo la "mordida" en la que luego entrará la tinta que aparecerá sobre el papel después de pasar por la prensa.

Autorretrato del grabador Carlo Antonio Porporati. 1790 Uffizi - Florencia

jueves, 11 de marzo de 2021

EL TCHAIKOVSKY DE CARMEN SÁNCHEZ

Una pieza del pintor-escultor Carlos Velázquez

Se ha incorporado al Museo del Prado un pequeño busto de bronce sobre peana de mármol que representa al músico ruso Piotr Ilich Tchaikovsky, realizado por el escultor Carlos Velázquez.  La obra formaba parte de las pertenencias personales de Carmen Sanchez García que integraban el legado que el Museo del Prado recibió en 2017 como heredero único de la benefactora.

Carlos Velázquez. Busto de Piotr Ilich Tchaikovsky / Пётр Ильич Чайковский, h.1962

El legado de Carmen Sánchez García, consistía en un inmueble, todas sus pertenencias personales y dinero en efectivo, que, en conjunto, ascendía a cerca de un millón de euros, que debían dedicarse, según afirman, a la "adquisición y restauración de obras". El Museo ha venido realizando dichas tareas desde 2017 y parece que han culminado con el broche final de la adquisición de "La Boulonnese" de María Blanchard, por 70.000€, con la que probablemente han querido redimirse de no haber comprado hasta entonces más que una obra de una pintora por la módica cantidad de mil doscientos euros (1.200€) Mariana de la Cueva: S. Francisco arrodillado en meditación, copia de El Greco. A pesar de esta última adquisición, el porcentaje del legado destinado a obra de pintoras sigue resultando bastante desequilibrado. Respecto a la obra de Blanchard solo queda decidir dónde van a colocarla.

No es fácil hacer el seguimiento de las compras realizadas, pues la información que ofrece el Museo no es homogénea ni en relación con las adquisiciones ni sobre su precio. Esperamos que la exposición que se va a celebrar en fechas próximas nos dé la posibilidad de conocer más detalles.

La dedicatoria del busto de Tchaikovsky

Volviendo al pequeño busto que encabeza el artículo, es probable que fuera un objeto de especial interés para la donante, ya que, figuraba entre los objetos personales que el Museo ha seleccionado para incorporar a sus fondos y sobre todo por su dedicatoria, de la que se deduce que formaba parte de su historia familiar.

"Al. Dr. D. Ruperto / Sánchez Arcas con / admiración y afecto / Carlos Velázquez / 1962".

La dedicatoria al padre de la donante, escrita a mano en tinta negra sobre la peana, nos lleva a hablar de dos de los cinco hermanos Sánchez Arcas, Manuel el mayor Ruperto del mismo nombre que su padre el medico tocólogo Ruperto Sanchez Rodriguez, procedente de la localidad de Béjar, que estudio medicina en Barcelona y Salamanca y se instaló en Madrid donde nacieron sus hijos e hicieron carrera. Manuel, (1897-1970) estudió arquitectura, participando en el equipo que diseñó para la ciudad universitaria edificios como el Hospital Clínico o el Pabellón de Gobierno. Recibió en 1932 el premio nacional de arquitectura. El padre de CarmenRuperto, (Madrid, 1902), hereda el nombre y la vocación de su predecesor y estudia Medicina en la Universidad Central de Madrid (AHN Universidades, 6148, Exp.22) especializándose como aquel en Ginecología, materia sobre la que escribió y publicó diversos estudios. 

La Libertad, 17.6.1931

Ambos hermanos habían heredado del padre su ideología izquierdista, que llevó a Manuel a participar en la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico, creada en 1936, junto a los hermanos Ferrant, Emiliano Barral y otros, y posteriormente al exilio del que nunca volvería, mientras que Ruperto se mantuvo en Madrid donde fue capitán médico en el ejército republicano durante la guerra por lo que en 1939 fue inhabilitado por seis meses, aunque después pudo retomar su actividad profesional llegando a alcanzar reconocimiento y fama. También fue profesor en la Facultad de Medicina. Es probable que recibiera el busto de Tchaikovsky de Carlos Velázquez, que ahora comentamos, en señal de agradecimiento por la atención profesional prestada con ocasión del nacimiento de su hijo León.

EL AUTOR 

Carlos Velázquez Espino (Madrid, 1919 - 1977)

El pintor y escultor madrileño Carlos Velázquez Espino, realizó sus primeros estudios en el madrileño colegio de los Escolapios San José de Calasanz, personaje al que dedicó una de sus primeras obras: La aparición de la virgen al santo para ser colocada en el colegio (ABC, 20.10.1945)
Carlos Velázquez. Aparición de la Virgen a san José de Calasanz (1945)
(Imagen, cortesía de León Velázquez)

De ese mismo año es el cuadro que realizó para el retablo del altar mayor de la Iglesia de Orgaz que fue reconstruido después de la guerra, representando La incredulidad de San Pedro, el mismo tema de su antecesor Francisco Rizi, aunque no intenta seguir el modelo previo sino que trata el tema de una forma personal, libremente.
Carlos Velázquez Espino. La incredulidad de Santo Tomás (1945)
Iglesia de Santo Tomás, Orgaz (Toledo)
(Imagen, cortesía de León Velázquez)

Carlos Velázquez estudió en la Escuela Central de Bellas Artes de San Fernando y es a mediados de siglo cuando comienza su actividad expositiva en pintura. En 1946 presenta su Autorretrato en el XX Salón de Otoño que se celebra en el Museo de Arte Moderno y tres años más tarde realiza su primera exposición individual en la Sala de Estampas del mismo Museo.
Carlos Velázquez. Autorretrato 1949
(Imagen, cortesía de León Velázquez)

Reseña de la exposición de Carlos Velázquez, (ABC 13.2.1949)

Carlos Velázquez. Retrato del escritor Victoriano Gª Martí. 1950 - Ateneo de Madrid

A partir de entonces participa en las exposiciones Nacionales de Bellas Artes que en esa época se celebraban en los palacios del Retiro de Madrid. En 1950 presenta dos obras, El Coplero y un Retrato de su padre, Atanasio Velázquez, con su atuendo de vaciador de esculturas, tarea que realizaba en el taller del escultor Coullaut Valera. 
Carlos Velázquez. Retrato de su padre, 1950 (Exp. Nacional BBAA)
(Imagen, cortesía de León Velázquez)

En la exposición de 1952 presenta un retrato, titulado Miguel y a la de 1954 concurre con la obra Un Soldado. Carlos Velázquez diversifica sus actividades, hace pequeñas esculturas en bronce y dedica buena parte de su actividad a su principal afición: la cultura rusa y el escritor León Tolstoy, lo que le lleva a coleccionar sus libros y cualquier objeto que se relacione con su historia conformando un pequeño museo en su domicilio de la calle Hermosilla 114 que, a decir del periodista Gómez Figueroa que le entrevista para La Hoja del Lunes, guarda "cerca de 4.000 fotografías, monedas, una pieza de fusil de la guerra de Crimea, medallas, esculturas...". Carlos establece relaciones epistolares con miembros de la familia Tolstoy, en especial con su hija, la condesa Alejandra, que patrocinaba la Tolstoy Fundation Inc. en Nueva York para la que Velázquez realiza un busto en bronce del escritor. También recibe la visita en 1969 de Sergio Tolstoy médico francés, nieto del escritor, hecho que fue recogido en la prensa de la época.

Fruto de su gran afición y de su relación con ese mundo cultural es la invitación que recibe para visitar Rusia en 1971 donde lleva como regalo un busto en bronce de Diego Velázquez que indudablemente debe ser el que hoy se encuentra en el Museo del Hermitage (información facilitada al MNP por Sergej Androsov, conservador de escultura del Museo del Hermitage).
Carlos Velázquez. Busto de Diego Velázquez h.1971 Museo del Hermitage
(Imagen, cortesía de León Velázquez)

En enero de 1977 expone medio centenar de pinturas y varias esculturas en la Galería Galnova de Madrid, en la que será la última exposición que realice en vida pues en el mes de julio del mismo año leemos la noticia de su fallecimiento: "Ha muerto un artista, un hombre bueno, un amigo de infinidad de personas", dice en la nota necrológica aparecida en la Hoja del Lunes del 18 de Julio.
Fotografía del Retrato al óleo de Tolstoy presentado en su última exposición
(Hoja del Lunes 24.1.1977)

Sería interesante conocer qué ocurrió con ese legado Tolstoiano acumulado durante tantos años por Carlos Velázquez, y con la biografía que estaba escribiendo, y qué fue de su sueño de hacer un museo de arte típico castellano en el que habría una sala íntegramente dedicada a Tolstoy en un pueblecito labriego de la provincia de Madrid para el que había comprado una casa; sueños todos ellos truncados por la temprana muerte del pintor y que probablemente nunca se verán cumplidos.

jueves, 11 de febrero de 2021

CATTALINA CHERUBINI - PINTORA

SE BUSCAN PINTORAS

Uno de los méritos que hay que reconocer a la actual Exposición INVITADAS del Museo del Prado es que ha removido sensibilidades y ha situado la inclusión de pintoras en el discurso del Museo entre su objetivos a cumplir en un futuro próximo. De entrada nos alegra este nuevo enfoque y esperamos que el impulso se mantenga el tiempo suficiente para que pueda producir los frutos deseados. 

Una de las tareas que viene realizando el Museo del Prado aprovechando el cierre del archivo en este extraño periodo pandémico que ya va camino de un año, es la ampliación y revisión de los contenidos a los que se puede acceder en línea, y ello lo notamos de forma especial en la actualización de la información que ofrece la Galería Online sobre artistas y obras. 

Probablemente fruto de este proceso, ha sido la incorporación de Cattalina Cherubini al elenco de pintoras del Museo y a pesar de que tal incorporación ofrece alguna duda, nos alegra que se haya producido ya que nos da la ocasión de hablar de ella, una pintora singular, prácticamente desconocida, y de una época, la segunda mitad del siglo XVIII, en la que muchas artistas se dedicaban a la pintura y se implicaban en el ámbito académico, sin que su historia haya tenido apenas trascendencia. 

CATTALINA (o CATHERINA) CHERUBINI - Nueva pintora en el Museo del Prado

La obra en cuestión es una pequeña pintura sobre lámina de cobre representando a Santa Inés, considerada por el Museo de autor anónimo, que ahora se atribuye a Caterina Cherubini, pintora de pequeñas pinturas y miniaturas casada en Roma con su maestro en ese arte, el pintor Francisco Preciado de la Vega, primer artista español encargado de atender a los pensionados españoles en Roma. 

Caterina Cherubini (atr.) Santa Inés, 1769

No se trata de una nueva obra ya que entró en el Museo del Prado hace casi cincuenta años, en 1973, como "´Óleo sobre cobre de autor desconocido de 1769 y que representa a santa Inés", formando parte del legado de Consuelo Rocamora Menéndez.

Antes de dedicarnos a conocer a la pintora y su relación con la obra, dedicaremos unas líneas también a la donante, Consuelo Rocamora, gracias a la cual esta y otras obras que formaban parte de su legado hoy pertenecen al patrimonio público y podemos disfrutar de ellas.

LA DONANTE, CONSUELO ROCAMORA, Y SU LEGADO

Los Rocamora Fernández provienen de una familia afincada en Valencia, bien posicionada socialmente, compuesta al menos por tres hermanos: José, director del Heraldo de Madrid, Consuelo, cantante, y Joaquín, abogado y empresario, padre de Consuelito, la donante de las obras. 

Leemos en la prensa de la época que esta sobrina Consuelito fue curiosamente  la madrina de boda de su tía Consuelo Rocamora Fernández (1866-1919) con el empresario valenciano Ramón Hércules, (Las Provincias, 15.12.1917) matrimonio que duró tan solo dos años, a causa de la muerte prematura de la tía a la edad de cincuenta y tres. A juzgar por las crónicas periodísticas, su desaparición causó un gran impacto y su cortejo fúnebre fue acompañado por una lista interminable de representantes del mundo cultural, empresarial y político. Entre ellos, José Prado, ministro de Instrucción pública, Francos Rodríguez, ex ministro, Garrido Juaristi, alcalde de Madrid, Mariano Benlliure, director de Bellas Artes, Alberto Aguilera y muchos otros, incluyendo al pintor amigo de la familia Fernando Alberti Barceló(Rev.de Ferrocarriles, Industria y Seguros 9 sept.1919, p.429).

 Consuelo Rocamora, Tía y Sobrina , Cantantes. Fotografía de la Revista Ondas. 1927 

Consuelo Rocamora era el modelo a seguir por su sobrina Consuelito, y la causa de su vocación por la interpretación y la música, ya que en su juventud había formado parte de compañías de teatro en las que actuaba como partiquina (Teatro de Parish - La Correspondencia de España, 21.9.1898) o como tiple comprimaria (Teatro de Parish - La Época 29.8.1900). Pasados los años el recuerdo perdura en la sobrina que menciona a su tía con cariño en su testamento.

LA DONANTE, Consuelo Rocamora Menéndez (h.1900-1968), en el momento de su muerte era funcionaria del Ministerio de Información y Turismo en el que había consolidado su plaza mediante concurso-oposición en 1963 (BOE 17 julio 1963), pero de joven, al igual que su tía, se había dedicado al canto actuando como soprano en muchas ocasiones tanto en público como a través de la radio. Son muy numerosas las reseñas de sus actuaciones en programas musicales de Unión Radio. (El Año académico y cultural, 1926, p.89. Revista Ondas 26.6.1927, p.27...).

Después de la Guerra Civil ya no encontramos más reseñas periodísticas de sus actuaciones. Cabría pensar que el cambio de régimen no favorece sus expectativas, sobre todo si se tiene en cuenta que su padre, el abogado Joaquín Rocamora, era un reconocido republicano, y tampoco tenía el apoyo de su tío José que había fallecido el año de inicio de la contienda. Ella indica en el testamento  que "por falta de salud se vio privada de ser figura del "bel canto". La vida profesional de Consuelo por tanto se reconducirá hacia trabajos más prosaicos y se integrará en la administración pública, hasta su fallecimiento en Madrid el 23.8.1968.

La curiosa historia de este legado, que estuvo a punto de no serlo, puede seguirse a través de los documentos que se encuentran en el Archivo del Museo (Caja : 100 / Legajo: 16.13 / Nº Exp: 1, varios documentos) que repasamos a continuación.

De acuerdo con lo previsto en el testamento otorgado en 1968 por Consuelo Rocamora Menéndez, que establecía al Museo de Arte Moderno como destinatario de su legado, su albacea se dirige al recién creado Museo de Arte Contemporáneo (1968), heredero del Museo de Arte Moderno, y le hace entrega del legado contemplado en su cláusula 7 y que está compuesto por cuatro obras: un Retrato de la donante de 1912 pintado por Fernando Alberti Barceló (1870-1950), dos Platos pintados con sendos bodegones de flores y frutas por José Pinazo Martinez (1879-1933), y "el cobre que tiene la testadora en su alcoba, de autor desconocido, de 1769 y que representa a Santa Inés", que es la obra que ahora nos ocupa y que encabeza este artículo. 

Habían pasado tres años desde el fallecimiento de la donante. El albacea entrega al Museo, junto a las obras, una copia del testamento. El certificado que acredita la entrega de las obras es de 13.12.1971 .

Detalle de la cláusula 7 del testamento de Consuelo Rocamora - 1968 (Arch. MNP)

F. Alberti Barceló*, Retrato de Consuelo Rocamora Menéndez. 1912 MNP

*Del pintor e ilustrador Fernando Alberti Barceló el Museo del Prado tiene otras dos obras: "La Verbena" y "Vieja Celestina" recibidas del MNCARS en el proceso de reorganización de las colecciones.
José Pinazo Martinez, Bodegón con rosas (1900) y Bodegón con frutas (1903) MNP.

Pero se da la circunstancia de que a la fecha de la entrega del legado se encuentra en proceso la separación la colección de pintura del XIX que, como sabemos, pasará al Casón del Buen Retiro formando parte del Museo del Prado. En consecuencia el secretario del Museo de Arte Contemporáneo, Sr. Echanove, en nombre de su director, solo tres días después de su recepción (16.12.1971) rechaza el legado con el argumento de que "dichas obras no encajan con la línea contemporánea de la institución", indicando al albacea que las recoja y se dirija al Museo del Prado.

El subdirector del Museo del Prado, Joaquín de la Puente, que es a la vez conservador de la colección del XIX, recibe la información del albacea y se dirige inmediatamente (18.12.1971) al director del Contemporáneo para que le envíe los antecedentes del legado, diciéndole a modo de reproche: "A mi me parece que la dirección de ningún museo está en condiciones de rechazar así un legado. Es la Dirección General la que rechaza o acepta..." (subrayado en el original).

Una vez obtenida la información, el mismo de la Puente se la envía a Xavier de Salas, director del Prado diciéndole: "Tres de las tales obras son novecentistas, es decir, destinables al Museo Contemporáneo o controlables por él. Si no le interesan es evidente que pueden interesar en cualquier otro museo español. Creo que se debe dar cuenta a la Dirección General de este legado, con los informes correspondientes, con el fin de que se decida qué procede". (Carta 3.2.1972).

Pasa más de un año y la cuestión del legado sigue sin resolverse. De nuevo De la Puente se dirige al director gerente del Prado, Rodolfo R. Boeta y tras ponerle al corriente de la situación le dice: "Haz el favor de poner en marcha este asunto para que se resuelva de una vez. (Carta 28.3.1973)

Finalmente el 4.9.1973 el Director General de Bellas Artes, Pérez-Embid, firma la Resolución por la que se aceptan las obras y se ordena que sean expuestas figurando el nombre de la donante, que es publicada en el B.O.E. de 15 de septiembre de 1973.


Sobre "El cobre que tiene la testadora en su alcoba, de autor desconocido, de 1769 y que representa a Santa Inés"

LA PINTORA: Cattalina Cherubini (1726 - 1811)

Anton von Maron, Retratos de "Caterina Cherubini " (Atrib.)  y "Preziado de Siviglia"  (Preciado de la Vega)(1767)
Academia de San Luca Roma

Cattalina Cherubini es una pintora de pastel y miniatura que también realiza obras al óleo, generalmente copias, de temas religiosos. Aunque su apellido parece indicar un origen italiano algunos estudiosos como Orazio Marrini (Serie di ritratti di celebri pittori -1764) la consideran de procedencia española, lo que resulta acertado pues su propio marido, el pintor Preciado de la Vega, en una carta al embajador en Roma Manuel de Roda (15.3.1770 - BNE) le habla "...de esta familia Cherubini, oriunda del reino de Aragón...".  

Cherubini se casó en 1750 con el sevillano Francisco Preciado de la Vega (1712-1789), pintor y tratadista español que vivió la mayor parte de su vida en Roma a donde llegó con 20 años, al principio como estudiante con una pensión real y posteriormente como encargado de la supervisión de los pensionados españoles que eran enviados a estudiar a la ciudad eterna. 

El matrimonio Preciado-Cherubini coincide en Roma con otros grupos familiares que obedecen a un patrón semejante en su composición, donde alrededor de un pintor ya establecido, sus hijas, esposas o hermanas realizan un aprendizaje que les va a permitir dedicarse a la pintura en especialidades como la miniatura, el dibujo, el pastel o la acuarela e incorporarse a las Academias de Bellas Artes. 

Así coinciden en el mismo tiempo y lugar el clan Mengs que partiendo de Anton Rafael cuenta con su hermana, Theresa Concordia, casada con el pintor Anton von Maron, y su hija Anna Mengs que más tarde será Académica de la española de San Fernando (1790); el grupo familiar del pintor francés Pierre Subleyras establecido en Roma con su mujer la miniaturista Maria Felice Tibaldi, hija del violinista Gian Battista Tibaldi, que llegará a ser Académica de San Luca en 1742 y admitida en la Academia de Arcades con el nombre de Asteria Aretusa. María Felice enseñará a su hermana Teresa Tibaldi y a su hija Clementine Subleyras la técnica de la miniatura. También en Madrid conocemos ejemplos similares como el del pintor de corte napolitano Jacopo Amigoni, quien enseña a su hija Caterina a realizar retratos en miniatura y a su hermana Carlota, que era experta en grabado; o el de la francesa Faraona Magdalena Olivieri, ​casada con el arquitecto Jacques Marquet, que en 1759 fue admitida como académica de mérito por la sección de pintura en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la miniaturista Clara Menéndez, nacida en Nápoles en 1712 y muerta prematuramente en Madrid a los veintidós años, que había aprendido el oficio de su padre el pintor y miniaturista Francisco Antonio Menéndez.

El pintor Preciado de la Vega probablemente conoce a su mujer como alumna. Cattalina era hermana del pintor Domenico Cherubini (1754-1815), quien a su vez era alumno de Marón. Después de diez años de aprendizaje ella consigue alcanzar cierta notoriedad y reconocimiento, lo que le va a posibilitar la obtención de unos ingresos que ayudan a la economía familiar que, a juzgar por sus cartas (BNE - Cartas de Francisco Preciado de la Vega a Manuel de Roda, transcritas por Jorge Gª Sánchez -Academia 2007), siempre anda algo estrecha, pues del matrimonio dependen la suegra, con dos hermanas de su marido y tres cuñadas "doncellas". 

El estilo de Cattalina sigue tan fielmente al de su marido que sus obras a veces se confunden. El alto nivel artístico que alcanza le va a permitir ser admitida en tres Academias de Bellas Artes, la de San Luca (Roma, 1760) la de San Fernando (Madrid, 1761) y la Clementina (Bolonia, 1766), y además en la romana Academia Literaria de los Arcades a la que accede junto a su marido en 1766 con el seudónimo de Ersilla Atenea. (El nombre guarda relación con las fundaciones de Roma, -Ersilia era la mujer de Rómulo-, y de Atenas -fundada por la diosa Atenea-.

El concepto que se tiene sobre la tarea artística de estas pintoras no es muy elevado, como vemos en el juicio que expresa el pintor Preciado de la Vega en una carta en la que, a pesar de ponderar las obras de su esposa, dice: "Mi muger con salud también prosigue como siempre laboriosa y aplicada unas vezes miniando (qe lo haze grandemente) y otras pintando al olio con qe suele, contentando a m.s ayudarse y ayudarme, pues gusta su prolixidad y acierto en copiar qe es a quanto puede estenderse una muger". Así pues, el pintor valora el acierto de su esposa en copiar y considera que la calidad de sus copias es lo máximo que puede esperarse de una mujer. (BNE, Carta 15.12.1768) 

A pesar de ello las obras que Cattalina Cherubini envía a España son muy bien acogidas y la hacen acreedora de una pensión de 3.000 reales anuales concedidos por Carlos III con la condición de que envíe a la corte copias de figuras procedentes de obras de pintores italianos como Guido Reni, su preferido, Rafael, Corregio..., lo que ella realiza periódicamente incluso tras la muerte de su marido (1789) y continua  enviando sus obras después de la llegada al trono de Carlos IV. Está documentado un primer envío a este monarca de una copia de una Madonna de Guido Reni y a la reina María Luisa de Parma una copia de la Fanciulla con colomba de Rosalba Carriera. A estos siguieron otros envíos de al menos una o dos obras cada año, de las que nada se sabe en la actualidad. 

La complejidad y los materiales nobles que se utilizan para la ejecución encarecen el proceso de realización de estas obras, como sabemos por los comentarios de Preciado a Roda (carta 5.12.1776), informándole de que ha pedido al conde de Floridablanca que medie ante el rey para mejorar la asignación de su mujer: 

         "...no solo por las planchas de marfil que es necesario hacer venir de afuera por no averlas aquí sino muy pequeñas y molduras curiosas, sino el pagar a uno que copie bien un original en una galería o Palacio no pudiendo una muger exponerse a ello ni lograr el que se le prestare para que en la casa lo copiase al olio, como sabe V. Excª que sabe hacerlo con mucho acierto, para después de dicha copia hacer la miniatura que le ocupa mucho tiempo por el modo con que ella lo haze de modo que no se vean puntos desunidos i que toda la obra quede empastada como si fuese pintada al olio conservando las formas i carácter del autor que copia".

La mediación solicitada tuvo éxito según vemos en una carta del marqués de Grimaldi al embajador Azara (7.12.1776 - BNE) en la que comenta la satisfacción de Carlos III por las miniaturas recibidas y la ampliación de la asignación: 

        “...el Sr. Conde me dice, que para hacer estas copias, se originan a Doña Catalina algunos dispendios que la incomodan por la cortedad de medios. Quiere S.M que yo le dé 100 escudos romanos de ayuda de costas de los dos cuadritos que ha remitido este año y el antecedente a 50 por cada uno, cargándolos en la cuenta de los gastos extraordinarios”. Este pago adicional de cincuenta escudos por obra se mantuvo para los siguientes envíos.

Tras la muerte de su marido, Cattalina sufre mayores estrecheces económicas al tener que ocuparse por sí sola de sus hermanas solteras. La pintora se ayudó en su viudez con la venta de la biblioteca y de algunas obras de su marido como la Santa Catalina que vende en 1789 a la Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi de Barcelona, donde hoy subsiste. La obra reproduce otra de la pintora con el mismo motivo, realizada sobre cobre y firmada al dorso, que estuvo en la Galería José de la Mano y actualmente en colección privada.
Izq.: Catterina Cherubini, Santa Catalina, (Colección privada).
Der,: F. Preciado de la Vega, Santa Catalina (Academia de San Jordi)

Cattalina Cherubini continuó trabajando y enviando sus obras a la corte española. En la correspondencia que se conserva en el archivo de la Embajada de España ante la Santa Sede (reproducida en España y Bolonia: siete siglos de relaciones artísticas y culturales - 2006), figuran veintiocho cartas entre Madrid y Roma que reflejan las entregas que Cherubini realiza periódicamente para mantener la pensión que recibe. Al menos en dos ocasiones (1789 y 1800) solicita un aumento de pensión que le es concedida y de forma sistemática recibe el mensaje del aprecio de sus obras por parte de los monarcas. Estas peticiones están siempre favorablemente consideradas por los diplomáticos que las tramitan, en Roma el duque de Grimaldi primero, el embajador Roda y  José Nicolás Azara, que es un gran admirador de la pintora y en Madrid por el conde de Floridablanca, con la excepción puntual del diplomático marqués de Labrador -conocido por su ineptitud- que critica la solicitud de incremento mensual de la pintora diciendo que es un "medio astuto de que se ha valido ... pues cinco pesos al mes suenan menos que sesenta anuales" (10.11.1800)

La última comunicación que conocemos sobre la entrega de "una miniatura y un quadro con una representación de la misma" (¿un autorretrato?) tiene fecha de 15 de agosto de 1803, lo que nos permite pensar que, al menos hasta esa fecha, continuó pintando y cobrando la pensión. Cattalina falleció en Roma el 19 de mayo de 1811. 

Las "bondades" de la pintora eran muy valoradas por quienes la conocían, se la considera no solo por sus cualidades como pintora sino por sus virtudes personales. Contaba Manuel Montano, pensionado de Cádiz  en Roma, quien conoció a la pintora por mediación del director de la escuela gaditana, Domingo Álvarez, en una carta de 18.5.1796: «a esta sª [Catalina Cherubini] ay algun tiempo qe la visito una o dos veces en la semana de noche (pr qe vivimos muy serca) y me edifica además de su talento en pintar, qe es un prodigio, pª tanta ansianidad la qe executa, pr su virtud con la cual está muy agradesida a los Favores qe recibe de Nuestro Católico Monarca, de la Pensión de los 30 escudos pª quien pinta, y no quiere pª otros aunque se lo encomiendan;» (Carta de Manuel Montano, 18 de mayo de 1796. AHCA). 

El embajador Manuel de Roda manifestaba en carta al diplomático Ricardo Wall sobre ella, (10.4.1761): 
           “Tiene grande habilidad. Yo la hiciera Pintora de Cámara, he visto muchas cosas suyas, que me agradan infinito."

El estudioso romano Marrini, considera que era una excelente pintora con grandes habilidades para pintar al óleo y en miniatura 
              “Divenuta dipoi una brava pittrice con sue varie opere dimostrò talmente la sua grande abilità nel dipignere a olio, e la miniatura..."

LA OBRA, Santa Inés
Santa Inés, la obra atribuida a Cattalina Cherubini. 1769, MNP

La información del Museo sobre la obra comienza refiriéndose al elemento que sirve de pieza de convicción para su atribución: "Una inscripción en su reverso vincula este óleo sobre cobre de pequeñas dimensiones con la pintora Caterina Cherubini Preciado":

 "Regalo en Roma de D.a Catha/lina Preziado dí 7 de Sept.e de 1769". 

Nada puede oponerse a esta afirmación si se entiende de modo literal, es decir que la inscripción 'vincula' la persona a la obra aunque no necesariamente acredita su autoría ya que no se trata estrictamente de una firma. 

Tampoco es la primera vez que vemos esta atribución a la pintora, pues al menos en 2006, Jesús Urrea, en otra época relacionado con el Museo, reproduce la imagen en blanco y negro y menciona esta autoría tomando como base la inscripción, en una nota del capítulo que dedica a Preciado de la Vega en sus "Relaciones artísticas Hispano-Romanas en el siglo XVIII". 

A pesar de que Cherubini realizó para la corona española una o dos obras al año desde 1774 hasta al menos 1803, lo que supondría alrededor de medio centenar de obras, de las que no existe conocimiento en las colecciones reales. El hecho de que haya desaparecido un número tan importante de obras de las que existen tantos rastros en los documentos de correspondencia solo puede explicarse porque se  mantengan en el anonimato, o bien hayan sido asignadas a otros pintores (historia que resulta tristemente bien conocida en el devenir de las obras de otras pintoras). 

Solo una investigación rigurosa en el pozo sin fondo de las colecciones de Patrimonio Nacional o entre las múltiples copias anónimas que guarda la Academia madrileña de Bellas Artes, o incluso entre las del Museo del Prado, podría dar respuesta a esta extraña situación hasta ahora no estudiada. 

En la actualidad sabemos de pocas obras seguras de esta pintora y generalmente están firmadas, incorporando junto al nombre, en su caso, los títulos de académica que iba adquiriendo de los que naturalmente se siente orgullosa.

De 1754 es la primera primera obra que conocemos en la actualidad de Caterina Cherubini. Se trata de una pequeña pintura sobre lámina de cobre que representa a la Virgen con el Niño sobre las pajas que se conserva en una Colección Particular de Murcia. Es copia de una pintura de Carlo Maratta cuyo original [?] se conserva en el Museo del Prado.
 Firma: «Cattalina Querubini Preziado / fecit en Roma / año de 1754»

De 1760 es la pequeña obra al óleo sobre lámina de cobre que Caterina regala a la Accademia de San Luca como agradecimiento por su recepción como académica, representando una Virgen con el niño en brazos.
Firma: “Sig.ra Catterina Cherubini / Preziado anno 1760”

También de 1760 es la obra que guarda el museo de la Academia de San Fernando, que la hizo merecedora del título de Académica de Mérito en 1761, que se cree copia de una obra desaparecida de Ciro Ferri que representa  La Justicia y la Paz.
Firma: "Catherina Cherubini / Preciado/ Academi /ca Romana Facie/bat Romae Anno/1760."

De 1763 es la Virgen con el niño que conocemos por la tesis de C. de la Cruz Alcañiz sobre Francisco Preciado de la Vega (UCLM-2011). La obra, que se encuentra en la iglesia romana della Trinitá degli Spagnoli, en la actualidad ha sido restaurada.
Firma: «Caterina Querubini Preziado / Academica romana et Ma/tritensis Fac. Anno 1763 

Conclusiones

Estamos pues ante una pintora de reconocido mérito que, siguiendo las reglas de la sociedad artística de la época, tuvo una trayectoria en todo momento ligada a la de su marido Francisco Preciado de la Vega, que actuaba realmente como su representante a la hora de ofrecer sus obras. A pesar de ello también vemos como, tras la muerte del marido, ella continúa de forma autónoma su labor sin que ello afecte a sus logros. 

Hay que valorar positivamente la incorporación de Cattalina Cherubini a las filas de pintoras del Museo del Prado por lo que significa de dar visibilidad a una artista que reúne todos los requisitos para poder formar parte activa de un capítulo poco conocido de la historia sobre las pintoras que trabajaron en la Roma del siglo XVIII. Ello podría propiciar la investigación específica sobre la obra de Cattalina Cherubini, ya que su presencia en la Historia del Arte se ha limitado hasta ahora a figurar, en el mejor de los casos, en un apéndice de los estudios dedicados a su marido, Francisco Preciado de la Vega. 

El componente negativo deriva de la propia atribución, basada en una inscripción que se ha interpretado como autoría cuando no se trata de una rúbrica ni se le puede asignar dicho significado sin otros elementos que la avalen. Quienes han estudiado la trayectoria de esta pareja de pintores, conocen bien que en ocasiones sus obras se han confundido, hecho que se puede constatar en las dos obras vistas anteriormente de Santa Catalina, una de Cattalina Cherubini (en col. privada) y otra de Preciado de la Vega (Academia de san Jordi). Preciado, al margen de sus obras de encargo, también solía realizar, como su mujer, pequeñas pinturasEl hecho, para concluir, es que se estamos ante una obra menor, de escasa trascendencia artística, por lo que bastan unos mínimos apoyos circunstanciales para realizar su asignación a la pintora. La experiencia desgraciadamente nos dice que el nivel de exigencia crecería exponencialmente si estuviéramos ante una obra de mayor envergadura o complejidad.

Cattalina Cherubini. San Francisco confortado por un ángel. Col. part. Valladolid
En Urrea Fernández, Relaciones Artísticas Hispano Romanas en el siglo XVIII