lunes, 27 de abril de 2026

MARÍA IRITIA, MUSA DE FÉLIX RESURRECCIÓN

La compañera del pintor 

A pesar de haber tratado anteriormente este tema en el artículo que dedicamos en este blog a FÉLIX RESURRECCIÓN HIDALGO 1853 - 1913 , (Enero 2022) he considerado de interés extraer y ampliar la información relativa a María Abad Yritiala misteriosa mujer que fue musa y compañera del pintor a lo largo de su vida y dedicarle un artículo específico.

A menudo podemos ver documentos gráficos relativos a la vida del pintor filipino Felix Resurrección Hidalgo que muestran a la mujer que le acompañó durante toda la vida, pero pocas son las referencias escritas que sobre ella disponemos. Tenemos la impresión de que era 'un tema' del que no se hablaba, quizás porque nunca llegaron a regularizar su situación de pareja y los amigos y conocidos respetaban la discreción del pintor respecto a esta relación que chocaba con los prejuicios de una sociedad conservadora. Esta situación se confirma por la información que hemos podido obtener de la Partida de Defunción que publicamos, donde se constata de modo indudable "que el finado era soltero"

El origen de esta mujer que acompañó al pintor hasta el final de su vida, era hasta ahora un misterio que ha podido ser en parte desvelado a través de la investigación de los documentos relativos a la estancia de pintores filipinos en Madrid en el último cuarto del siglo XIX 

Félix Resurrección Hidalgo. "La Modelo" Retrato de María Abad Yritia. 
Colección Eugenio López Foundation

Las pocas veces que aparece nombrada en documentos de la época lo hace como "María Yrritia", lo que hacía suponer a algunos un posible origen vasco, quizás por la sonoridad del apellido, y otras veces francés, pues es en París donde se conoce su convivencia; también hemos leído sobre ella que sirvió de modelo al pintor a lo largo de los años y compartió con él su vida. Un cierto misterio envolvía el origen de esta mujer y el momento de su relación inicial con el pintor que ahora se descubre y se documenta prácticamente al tiempo de su llegada a Madrid. 

El origen de la relación con María

Encontramos por primera vez el nombre de María en un documento público, los Padrones Municipales de la ciudad de Madrid de 1878 y 1879 correspondientes a una casa de huéspedes de la céntrica Travesía de Moriana, 7, que era una callejuela del viejo Madrid que desapareció con la construcción de la Gran Vía. En ella se alojaban diversos huéspedes procedentes de Filipinas: la mayoría militares y entre ellos los hermanos Juan y Manuel Luna, aunque el el documento correspondiente a diciembre de 1878 figura solamente como huesped Manuel , el hermano músico. pues Juan Luna, el pintor, en esa fecha había partido para Roma con Alejo Vera.

En el documento del Padrón de 1878 [Distrito: Centro, Barrio: Jacometrezo, Calle: Travesía de Moriana, Casa nº 7, cuarto Principal derecha], encontramos a María Abad Iritia. Si atendemos a los apartados que describen su situación, vemos que no tenía parentesco alguno con la familia. Por la fecha de nacimiento, 21 febrero 1852, podemos saber que tenía 26 años, que procedia de un pequeño municipio de la provincia de Guadalajara denominado Selas —que entonces no llegaba a los 300 habitantes y en la actualidad a unos 50

Panorámica actual del pueblo de Selas (Guadalajara)

Por la información de Padrón sabemos que María estaba soltera, llevaba 11 años viviendo en Madrid —a donde llegaría con 16 años— y habitaba en la casa en calidad de 'sirbienta' ganando 12.50. Finalmente se indica que no sabe leer ni escribir. 

Detalle parcial de la hoja del Padron de La Travesia Moriana, 1 diciembre 1878
1ª referencia documental a María Abad Iritia

En esta misma casa de huéspedes de la Travesía Moriana se alojaron por un tiempo, cuando llegaron a Madrid, tres pintores filipinos amigos que coincidieron en Madrid en su pensionado académico, Félix Resurrección, Miguel Zaragoza y Esteban Villanueva. En el documento de empadronamiento del mismo domicilio correspondiente al año 1879, que transcribimos parcialmente a continuación, vuelve a figurar en primer lugar el casero, Agustín Hernáez y su familia, y a continuación, de nuevo, María Abad e Iritia y figuran como huéspedes los tres pintores mencionados. 

Transcripción del Padrón de Habitantes de Madrid de 1879

María Abad e Iritia figura con los mismos datos que habíamos visto en el Padrón del año anterior. La única diferencia que observamos es que parece saber leer. Sobre los tres estudiantes figuran sus fechas de nacimiento, su naturaleza filipina, su dedicación —estudiante Pintor en la Academia de San Fernando— donde llevan un año. La única novedad que vemos sobre ellos, respecto a los datos conocidos previamente, es el estado de Miguel Zaragoza que aparece como 'casado'. 

Tras una corta estancia en la casa de la Travesía de Moriana los tres pintores Miguel ZaragozaEsteban Villanueva y Félix Resurrección, deciden alquilar un piso en común en el número 6 de la madrileña calle Olózaga, donde aparecen empadronados al año siguiente. En ese mismo domicilio, como jóvenes de buena familia que son, los tres estudiantes contratan los servicios de dos mujeres que se ocupen de las labores de mantenimiento y limpieza de la casa, como podemos ver en el Padrón general de los habitantes de Madrid, de 1º de diciembre de 1880, Distrito Buenavista, Barrio de Alcalá, casa nº 6, cuarto 4º de la calle Olózaga, que transcribimos a continuación. 

Transcripción del Padron de habitantes de Madrid de 1 diciembre 1880

Como titular del contrato figura Miguel Zaragoza y Araquizna, de estado casado, a continuación Félix Resurrección Hidalgo y Esteban Villanueva como solteros "Pensionados para el estudio de la Pintura" y seguidamente el nombre de las dos sirvientas: En primer lugar volvemos a ver a María Abad Hiritia y todos los datos que de ella aparecen en este documento coinciden con los ya mencionados en la casa de la Travesía de Moriana, con pequeñas variaciones como la "h" de su segundo apellido y una diferencia de un año en la fecha de nacimiento, que hacía 13 años que vivía en Madrid  y que "no sabía leer ni escribir." Hay que tener en cuenta que puede haber algún error  en los datos que ella no escribe personalmente. A pesar de esas pequeñas diferencias no cabe duda de que en ambos casos  estamos ante la misma persona que es la que habitualmente se menciona como "María Yrritia".

Todo ello nos lleva a poder afirmar que los tres pintores pensionados que habían conocido a María sirviendo en la pensión de la Travesía Moriana donde estuvieron alojados los primeros meses de su estancia en Madrid, deciden para el segundo curso, alquilar su propia casa y proponen a María Abad Iritia que se ocupe de su servicio, lo que supondrá para Félix Resurrección el comienzo de una relación que durará toda su vida. 
Félix Resurrección Hidalgo "La Inocencia"  Paris 1901 
Probable retrato de María Iritia

El concepto de "sirvienta" o "criada" utilizado a finales del siglo XIX que figura en el formulario de Padrón puede no coincidir exactamente con lo que hoy entendemos por esa ocupación, ya que en la época existía una figura a medio camino entre ama de llaves y criada que se ocupa del servicio doméstico y que puede incluso tener otra persona a su servicio, como ocurre en este caso, para realizar las tareas menores. Esa situación podría ser más acorde al papel que desempeña María en el domicilio de los pintores, aunque el hecho de no saber leer ni escribir también resulta indicativo de su procedencia social.  Además, parece indudable por las obras que conocemos, que María sirvió como modelo a Félix Resurreccion en múltiples ocasiones.

La relación entre ambos hubo de superar periodos de separación, como el tiempo en que Félix, junto a sus colegas, se desplaza a Roma a continuar sus estudios en la Academia española de Bellas Artes. Ello no fue óbice para el mantenimiento de su relación pues es un hecho que cuando Félix decide continuar su actividad en París, María viajará con él. Su constante presencia en la vida del pintor puede seguirse en las pinturas en las que ella sigue apareciendo a través del tiempo.

La vida en París para los jóvenes artistas filipinos que allí se instalaron fue feliz a juzgar por los testimonios escritos y las fotografías de la época.  Rizal, Luna e Hidalgo comparten sus experiencias artísticas y literarias, sus reuniones se amenizan con su propia música, y eran invitados frecuentes de la familia Pardo de Tavera Gorricho que residía en París.

París h.1886 Fotografía de grupo en la que distinguimos a Paz Tavera (de negro) y María Iritia (de blanco), haciendo música con Félix Resurrección al violín, José Rizal a la flauta, Juan Luna al contrabajo, uno de los hermanos Paternó a la guitarra y otro amigo al acordeón. Lamina XI de la Biografía de Rizal por Rafael Palma

En 1912, después de treinta años de ausencia, atendiendo a la llamada de su madre, el pintor regresa a Manila acompañado por María Iritia para que conociera a su familia. Parece que no hubo una buena sintonía entre María y la madre de Félix, la poderosa Doña Barbara Padilla, viuda desde 1867, del abogado Eduardo Resurrección, era una importante empresaria, propietaria de una gran flota naviera y comercial heredada de su padre Narciso Padilla. La visita de la pareja concluyó a los seis meses, antes del tiempo previsto, probablemente por esa falta de entendimiento entre ambas mujeres. Félix y María  fueron a Japón y desde allí, viajaron de regreso a Europa en el ferrocarril transiberiano. Al parecer mientras estaba en Rusia contrajo una enfermedad respiratoria y una vez en París prosiguieron el viaje hacia Barcelona, con la idea de que el pintor pudiera reponerse, sin sospechar el poco tiempo que le quedaba de vida ya que estando en Sarriá morirá en 1913. 

1ª página del Acta de Defunción de Félix Resurrección 14.3.1913

No sabemos qué razón movió a Félix para trasladarse a Barcelona, ¿el clima?, ¿un amigo?, ¿un medico? El caso es que después de casi treinta años de ausencia regresa a Barcelona y se instala en el número 25 de la Calle Galvany en Sant Gervasi, según consta en el Acta de Defunción del Registro Civil de Barcelona, documento que aporta poca información sobre las circunstancias de la muerte que se produce a las dieciséis horas del 13 de marzo de 1913. Tampoco conocemos la relación que tenía con las personas que figuran en dicho documento como D. Juan Bel Lluch, casado y carpintero, que es la persona que en calidad de mandatario informa de su fallecimiento para lo que presenta al juez del Registro Civil el certificado médico de defunción que indica que la muerte se produjo "a consecuencia de enfisema pulmonar y parálisis cardiaca". 

Por la información que este mandatario aporta al Juzgado se deduce que no es una persona cercana o familiar ya que le hace natural de Manila cuando era de Binondo y dice que tiene cincuenta y ocho años cuando en realidad acababa de cumplir sesenta. Se aporta como información adicional "que el finado era soltero", lo que confirma el hecho de que nunca se casó con su compañera de vida, María Iritia; y "que se ignora si testó". 

Como testigo presencial figura el nombre de Enrique Piferrer Ventura por cuyo segundo apellido podríamos deducir algún parentesco con Valentín Ventura, amigo de Félix y residente en esa época en Barcelona. Hemos de suponer que Félix murió acompañado por María quien es la persona que realiza las gestiones para el traslado de los restos del difunto a Manila a fin de que pudieran ser enterrados en su tierraAl año siguiente María Abad Iritia viajará a Manila acompañando los restos de su compañero para que pudieran ser enterrados en su tierra natal, en el Cementerio del Norte, y probablemente también portaría alguno de sus bienes, volviendo de nuevo a París. 

 
Mausoleo familiar de la Familia Hidalgo en el Cementerio Norte de Manila

La muerte de Félix Resurrección Hidalgo en 1913 dejaba una fortuna de bienes raíces, acciones, y pinturas – y sin dejar descendientes legítimos ni reconocidos naturales herederos - su madre doña María Bárbara Padilla y Flores, heredaba todo, pero ese mismo año también moriría la madre de Félix dejando la fortuna de Hidalgo-Padilla a sus herederos.

Cuatro años más tarde, en 1917, María iniciara un segundo viaje a Manila, que será el último, ya que por un desgraciado accidente no llegará a su destino. Tras haberse ocupado de los asuntos relativos al cierre de la casa y el estudio parisino y la liquidación de los bienes del pintor, se embarca de nuevo hacia Manila llevando "la herencia de Félix" que había pasado a formar parte de la herencia familiar de Bárbara Padilla, por lo que correspondía legalmente a los herederos de esta. La mayor parte de las pinturas fueron a lsus sobrinos, Felipe Hidalgo, hijo de su hermano José, Eduardo y Rosario hijos de su hermana Pilar que estaba casada con Máximo Paz
 
La identificación de María Irritia, con la María Abad Iritia que figura en los padrones madrileños relacionados con la estancia de los pintores en Madrid, se corrobora definitivamente con la última noticia que tenemos de ella que es la de su desaparición en el naufragio sufrido por el barco que la transportaba a ManilaEn la lista del pasaje que embarcó en Barcelona en el vapor Eizaguirre figura su nombre: María Abad Iritia, lo que supone la confirmación de la historia, contada pero hasta ahora no documentada, de su desaparición en el siniestro del vapor de la Compañía Trasatlántica 'Carlos Eizaguirre' cuando se dirigía a Manila, ocurrido la noche del 26 de Mayo de 1917

El barco fue hundido frente a Ciudad del Cabo por una mina naval sembrada por la armada alemana en plenas hostilidades de la I Guerra Mundial. En este naufragio, que se conoce también como el del "Titanic catalán", murieron 134 personas, 50 pasajeros y 84 tripulantes, y solo se salvaron 25. (Historia de un naufragio' por Julio Molina Font)

Recorte de prensa del 30 de Mayo de 1917. El Restaurador - Tortosa

Imagen del Vapor Carlos de Eizaguirre hundido en 1917

Podemos imaginar la importante pérdida de obras de Félix Resurrección en el siniestro ocurrido en ese último y desgraciado viaje de retorno de María a Filipinas.

Una vida discreta 

Resulta curioso confrontar las trayectorias vitales de los dos principales pintores filipinos de la época, Juan Luna y Félix Resurrección, que corrieron en buena parte paralelas. En especial resultan de interés las historias relativas a sus compañeras de vida que difícilmente podrían resultar más opuestas. 

Mientras Juan Luna, de origen malayo, de una familia que había logrado una posición en la clase media de Manila gracias al comercio, crecido por el éxito, se casa en París con una joven Paz Pardo de Tavera, de una de las principales familias filipinas, para lo que hubo de vencer la resistencia de su madre qien no vería con buenos ojos que su única hija se uniera a un indio filipino, a pesar de que hubiera gozado de una buena educación y hubiera alcanzado el éxito en su profesión. 
Mi novia o retrato de Paz Pardo de Tavera en la época de su boda (1885c)

Por su parte el joven Félix Resurrección procedente de una notable y pudiente familia, dueña de un imperio empresarial naviero, cuando llega a Madrid se enamora de una joven de un nivel social claramente inferior, María Abad Iritia, que se ocupa de las tareas domésticas en la casa en la que viven y no duda en visitarla durante su pensionado en Roma o llevarla consigo como modelo y compañera cuando decide establecerse en París en 1884
Félix Resurrección. Una dama a la luz de la luna
Probable retrato de María Abad Iritia

El futuro de ambas parejas tras una primera época de triunfos y felicidad no puede ser más diferente: 
El temperamental Luna tira por la borda todo lo conseguido cuando en un ataque de celos dispara a su mujer y a su suegra causándoles la muerte. Es considerado culpable de un crimen pasional, por lo que sólo le imponen el pago de una indemnización a sus cuñados y el exilio de París. Pero la vida de Juan Luna se oscurece y sus obras pierden los destellos del genio con los que había brillado en la época anterior. 

Por su parte Félix Resurrección no llega a formalizar su relación con María a pesar de que se mantienen juntos a lo largo de su vida. No podemos saber hasta qué punto los prejuicios de clase pesaron en el ocultamiento de esa situación, ninguno de sus amigos y compañeros mencionan esta relación con María, quizás por respeto a una intimidad que él mismo no tiene intención de hacer pública o porque el resto del grupo adolece de los mismos prejuicios que el propio pintor. Otra causa posible para esta extraña situación pueda ser el respeto a su madre -lo hemos visto en otros casos-. La opinión de la poderosa Bárbara Padilla, tanto desde el aspecto religioso como desde los prejuicios sociales a causa del modesto origen de María pudieron influir en la indecisión del pintor que tardará más de treinta años, toda una vida, en volver a visitar a su madre en Filipinas. 

Posible retrato de María en la obra dedicada 
"A mi amigo M. leyendo en mi studio  FR Hidalgo. 1896 Paris” 

Tanto si es por una u otra causa el caso es que 
Félix Resurrección decide vivir su vida fuera de las convenciones sociales existentes, lo que de nuevo puede ser tomado tanto como fortaleza como por debilidad de sus convicciones y nos lleva a mantener el carácter enigmático del personaje a la espera de que nuevos documentos pudieran aparecer que nos permitieran traspasar esa barrera de discreción que caracterizó su vida.

"Hidalgo es todo luz, colores, armonía, sentimiento, limpidez, como Filipinas en sus noches de luna, en sus días tranquilos con sus horizontes que convidan a la meditación y en donde se mece el infinito". José Rizal, (1884)

viernes, 10 de abril de 2026

SPOLIARIUM

El camino de Juan Luna hasta el SPOLIARIUM

Detalle de una versión del Spoliarium de Juan Luna considerada como boceto

El pintor más importante de la historia hispano-filipina entró en el mundo de la pintura después de terminar su formación como Piloto de Altos Mares. Juan Luna de San Pedro Novicio (1857-1899), un joven de 17 años que á poco tiempo de embarcado era conocido entre sus compañeros como el marino atrevido. Aficionado y con buenas dotes para el dibujo, decide abandonar su futuro profesional como marino para entrar en la Escuela de Dibujo y Pintura de Manila, dirigida en la época por el pintor español Agustín Sáez Glanadell. 

Juan Luna Novicio. Autorretrato. Roma, 1879 NM Phillipines

El sistema de enseñanza artística en el archipiélago filipino, de características similares al de las academias oficiales de la península que seguía las directrices de la Academia de Bellas Artes madrileña de San Fernando, no fue del agrado del joven Luna, que, como ocurre a menudo con los artistas dotados de especial genio, no se acomodó a las enseñanzas establecidas en la escuela oficial por lo que se vio abocado a seguir su camino de forma independiente. Asiste entonces a las clases particulares del pintor filipino Lorenzo Guerrero, que era en la escuela el profesor encargado de la sección de pintura para nativos, quien permite a su discípulo el desarrollo libre de sus inquietudes artísticas y, según Rizal, el maestro con quien Luna abandona el dibujo del natural y comienza con el uso del color.

Consciente de la valía del alumno y de sus propias limitaciones para continuar su labor didáctica, Guerrero aconseja a los padres de Luna que envíen a su hijo a continuar sus estudios en Madrid, a pesar del hecho de que su formación, fuera de los cauces oficiales, no le permitía optar a una pensión como sus colegas de la escuela, lo que obligaría a la familia a costear dichos estudios. La buena situación económica de la familia Luna, les permite sufragar los gastos de formación y estancia en Madrid de sus hijos, el mayor, Joaquín, estudiará Derecho, Juan, pintura, y Manuel, música. A ellos les seguirá más tarde el menor de los hermanos, Antonio, que estudiará Farmacia en la Universidad de Barcelona. 

En 1877 Juan Luna llega a España fijando su residencia en en Madrid, matriculándose en la Academia de San Fernando donde tuvo ocasión de conocer al pintor Alejo Vera, a quien siempre considerará más un amigo que un  maestro, y casi un padre. Al cabo de un año Vera obtiene la plaza de pensionado de mérito por la pintura de figura (R.O. de 19 de junio de 1878) y le ofrece al joven Luna viajar con él a Roma, a donde llegan en otoño tras realizar un tour por diversas ciudades italianas lo que dio al filipino la oportunidad de conocer las grandes obras del Renacimiento y sobre todo las ruinas de la antigüedad romana tan admiradas por su maestro.

A la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1881 Alejo Vera presentó la obra Los últimos días de Numancia, obteniendo 1ª medalla. Luna se estrenaba presentando ese mismo año La muerte de Cleopatra, por la que obtuvo una 2ª medalla, y la obra fue adquirida por el gobierno. Actualmente en el almacén, la pintura ha sido expuesta recientemente en el Museo del Prado. 
Alejo Vera. Los últimos días de Numancia. 1881 MNP Depositada en la Dip.de Soria
Juan Luna. Cleopatra, 1881. Museo del Prado

El maestro Vera se volvería a Madrid sin terminar de disfrutar el tiempo de su pensión por la muerte de sus padres. Luna, tras el éxito obtenido, el mayor de un pintor filipino en una exposición nacional, recibe entonces una pensión mil pesos anuales durante cuatro años del Ayuntamiento de Manila para continuar estudios, por lo que decide quedarse en Roma. Allí concibió y pintó la obra que le dio más renombre: Spoliarium, cuya estructura, temática  y composición no resultan ajenas a la Numancia de su maestro, y que presentará en la Exposición Nacional de Bellas Artes del año 1884.

El pintor Luis de Llanos, que se encontraba en Roma en el tiempo en que Luna trabajaba para su Spoliarium, decía de él: "No es erudito ni presuntuoso; es buenamente un pintorazo que ejecuta mucho más que habla, y que sin ser rudo es más que rudo; debe tener sangre salvaje en las venas". 

Por su peculiar forma de pintar, Juan Luna era la atracción de los estudios de españoles en Roma, donde muchos pintores se daban cita por verle actuar tal como describe Llanos
    
    "Diana [Luna] pintaba siempre alguna cosa, ¡pero Dios de Dios, de qué manera! A cada pincelada se echaba atrás muchos pasos, y como el estudio estaba literalmente lleno, tenía que abrirse paso á puros codazos. Llegado al punto de vista, se encaramaba sobre un mueble y miraba por cima de los sombreros de los amigos cuadro y modelo; descendía de nuevo y gritando como los mozos de café: - ¡Señores! ¡que mancho! - pasaba entre el grupo y llegaba á poner su pincelada en la tela. No me explico cómo se acordaba de forma y color a tanta distancia entre la observación y el brochazo....         Usaba por paleta una especie de velador del tamaño y forma de corazón de valiente, por lo grande, y sobre ella se veían verdaderas cordilleras de colores de muchas épocas, amontonados los unos sobre los otros, no obstante, de allí salían, no sé por qué extraño milagro, tonos transparentes, brillantes y simpáticos; escasamente se notaba un poco de suciedad general en todos sus cuadros.... ¡Señores! ¡qué resultado! Allí no hay figuras ni asunto pero ya hay color y armonía."

Culminada la obra en el mes de marzo, antes de ser enviada al concurso español, Luna alcanza en Roma un éxito incontestable. Dice Llanos " ... Señores, ¡qué descomunal creación! ¡Daba vértigo mirarla! ". Era un lienzo de unos nueve metros de ancho, que cuando son de tela blanca parecen diez y seis, y desde el techo hasta el suelo del inmenso estudio y de pared a pared, todo lo ocupaba la tela ... y el marco, alusivo a las circunstancias, formado de fragmentos ciclópeos de muros, de sillas curules destrozadas de trofeos y clavos gordos, hierros de cintra, y finalmente, en el ángulo de arriba de la derecha, un sol de oro, el sol de Italia que se escondía llorando detrás del cuadro."

Los ecos de la noticia empiezan a ser recogidos por la prensa española:

ROMA 31 de Marzo 1884. El señor don Juan Luna de nuestras islas Filipinas, ha presentado un cuadro, también de vastas dimensiones, que llama la atención de toda Roma y que por eso mismo las controversias acerca de él son ardientísimas. Su título es un Expoliarium del Coliseo en tiempo de los romanos y representa el arrastre de los cadáveres de los gladiadores muertos en el circo. Hay tal verdad en las figuras, sobre todo en las del primer término, en que se ven los esclavos que con cuerdas arrastran los cadáveres de los gladiadores, que horroriza el contemplarlas. Los gladiadores, muertos revestidos de sus armaduras, llenos de sangre, están dibujados estupendamente y todo el mundo se admira de que un joven de tan poca edad —el señor Luna no cuenta aun veinticinco años,—haya comprendido y realizado obra de arte tan soberbia. Nuestra opinión es que el joven pintor, si continua así, será una de las figuras artísticas más grandiosas de nuestra patria. (Crónica en La Dinastía - Barcelona 5.4.1884, pág.10).

El gran cuadro de Luna Novicio (8 x 4,5 metros aproximadamente) representa la retirada de unos gladiadores muertos en el circo que son conducidos al spoliarium, nombre por el que se conoce a la dependencia del anfiteatro romano donde se despojaba a los cadáveres de sus armas y vestiduras y se depositaban sus restos y los de las fieras que morían en la arena del circo. 

Según su amigo Graciano López Jaena, Luna "empleó en la ejecución del cuadro ocho meses continuos sin levantar mano de la obra que, antes de venir á la Exposición, fué celebrada con grande entusiasmo en Roma en donde encontraron más comprensible el asunto, dados los recuerdos que conservan de su antigua civilización y grandeza". (Los dos mundos

Juan Luna Novicio, Spoliarium 1884, Sala de Grandes Maestros de la Galería Nacional de Filipinas


El camino del SPOLIARIUM de Juan Luna hasta el Museo Nacional de Filipinas

Vista del salón central de la Exposición General de Bellas Artes de Madrid de 1884, con el "Spoliarium" de Juan Luna y Novicio. Fotografía en papel albúmina de autor desconocido,BNE 
Vista del Salón central de la Exposición nacional de Bellas Artes de 1884. Grabado de B.Rico a partir de una fotografía de J. Laurent. La Ilustración Española y Americana, 30.5.1884

La obra produjo gran sensación en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1884. La crítica, aunque no exenta de polémica, se volcó a favor de la obra. Obtuvo Primera Medalla a pesar de lo cual no fue adquirida por el gobierno como era habitual. 
Parte del comentario aparecido en el Catálogo Cómico-Crítico de la Exposición de 1884, publicado por el periodista murciano Francisco Serrano de la Pedrosa, (1855-1926).

En enero de 1886 la obra se expuso en la Sala Parés donde fue visitada por más de 60.000 personas. “La exhibición de Spoliarium, una pintura del filipino Juan Luna, ganadora del primer premio en la Exposición Nacional de Madrid (1884), es uno de los primeros ejemplos de éxito de asistencia de público a las exposiciones de la época. El cuadro estuvo expuesto en la sala Parés entre los meses de enero y febrero de 1886 con un alud continuado de público que fue ampliamente comentada en la prensa de la época. El éxito llevó a los organizadores a ofrecer entrada gratuita a las clases con menos posibilidades""La Diputación provincial [Barcelona] acordó, en sesión de anteayer, que se procurase la adquisición del magnífico cuadro del joven pintor filipino don Juan Luna, «Spoliarium», que actualmente se halla expuesto en casa del señor Parés. (LVG 22 enero 1886) 
Exposición del "Spoliarium" del pintor Luna en el Salón Parés, según dibujo de J.L.Pellicer
 La Ilustración Artística, 
15 feb. 1886 

La Diputación de Barcelona acuerda la adquisición de la obra de Luna. La propuesta de compra con estipulaciones es publicada  en diversos medios. 
Propuesta de adquisición DP de Barcelona. Diario de Avisos de La Coruña, 18.3.1886 

El autor acepta la oferta con las condiciones y limitaciones que se le imponen en cuanto al tiempo de disposición y entrega y la realización de una sola copia de tamaño más reducido que el original. Ese mismo año Luna realiza la copia del Spoliarium y la envía a Manila "junto al Pacto de sangre, una Playa de Margate y unos estudios de cabezas" tal como le cuenta a su amigo Javier Gómez de la Serna en una carta desde París el 18 de agosto de 1886.

Tras la adquisición "se dispone que la obra  se exponga en el Salón San Jorge de  dicha Diputación. (La Opinión, 17 agosto 1886), donde es visitada en 1888 por la reina
La Unión Católica 6 junio de 1888. Visita de la reina

En 1888 la obra participó en la Exposición Universal de Barcelona donde fue premiada con una Segunda medalla; en 1890 es enviada al Salón de París y en 1891 a la Exposición Internacional de Berlín. En diciembre de ese mismo año, según informa la prensa, "formuló una moción el señor Torent recordando otra que hiciera en el mes de Abril para que volviese á la Diputación el cuadro del pintor Luna, titulado «Spoliarium» que fue enviado á una Exposición, y que aún no figura en su sitio del Palacio Provincial". (LVG 31.12.1891). 

El interés por la obra se va desvaneciendo en los últimos años del siglo. A medida que pasa el tiempo la Diputación llega a cubrir la obra con un velo cuando se realiza alguna recepción en el Salón de San Jorge, donde se halla expuesta: "...El spoliarium, gran cuadro de Luna, estaba cubierto con un velo, determinación acertada, pues las sangrientas y aun repugnantes escenas que dicho cuadro representa, no son por cierto las más a propósito para tenerlas a la vista en un banquete ni compatibles con la mejor digestión de los manjares."  (1889 1º enero El Salón de la Moda). Este hecho se agudiza a medida que se va asentando el proceso independentista del archipiélago.


Este cambio radical en la consideración de la obra pudo ser la causa de que la Diputación, en los primeros años del nuevo siglo, pusiera la obra a disposición de la Junta de Museos de Barcelona que la depositó para su exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de la misma ciudad, donde consta catalogada y expuesta en 1926.


En 1933 la prensa filipina empieza a preguntarse por la situación del cuadro. El Director de la Biblioteca Nacional Filipina, Teodoro Kalaw, tras realizar pesquisas infructuosas en la Diputación y en el Ayuntamiento de Barcelona denuncia en la prensa filipina su desaparición (La Vanguardia. Manila 28 y 29 agosto 1933). Esta información es contestada por el Director de Arte de los Museos de Barcelona, Joaquim Folch i Torres, quien dirige un escrito al director de La Vanguardia Filipina informando de que la obra se encontraba expuesta desde 1926 en el Museo de Arte Contemporáneo del palacio de Bellas Artes.

Joaquim Folch i Torres, escrito al director de La Vanguardia Filipina. 25.10.1933

Comenzada la guerra civil en 1936, el cierre de museos y el traslado de obras a lugares seguros caracteriza el periodo bélico, momento en que El Museu d’Art de Catalunya bajo dirección de Joaquim Folch i Torres, para proteger el patrimonio de posibles bombardeos y saqueos traslada las obras a diferentes destinos, como la iglesia de Sant Esteve de Olot. Finalizada la guerra Spoliarium volvió, como el resto de obras protegidas, al Palacio de Bellas Artes pero quedó en el almacén y ya no volvió a ser expuesta; a partir de entonces sufrió un notable deterioro y se perdió la memoria de su localización. (Sobre el retorno de las obras de Olot, ver El Museo de Arte Moderno de Barcelona de Cristina Mendoza)

Pasan los años y aumenta el olvido pero la representación diplomática filipina mantiene vivo el interés por la obra, iniciando en 1949 las gestiones para localizarla. El recién llegado embajador de Filipinas en Madrid, Manuel Nieto, envió a la Ciudad Condal al pintor y caricaturista Luis Lasa para que, en su nombre, iniciara la búqueda. Lasa averigua que el lienzo, aunque en mal estado, se conserva enrollado en el depósito del Palacio Nacional de Montjuich. Cuando se dio a conocer el lugar donde se encontraba el Spoliarum se produjo un movimiento de interés en los medios artísticos y políticos de Filipinas, que se tradujo en el deseo ferviente de que el cuadro pasara a formar parte de su colección nacional. Es en ese momento y, dadas las buenas relaciones políticas con el Archipiélago, cuando se plantea la posibilidad de recuperar la obra y ofrecerla al gobierno de Manila como un regalo de amistad del gobierno español. 

El Ministro de Educación Nacional, Sr. Rubio. se hace cargo del tema y se ocupa del traslado de la obra a los talleres del Museo del Prado donde hace su entrada la obra el 26 de julio de 1955 sin ninguna documentación que lo acompañe.
El Ministerio solicita un informe técnico sobre las posibilidades de su restauración que sería encargado a los especialistas Cristóbal González Quesada y Manuel Pérez Tormo, primer y segundo restaurador respectivamente del Museo del Prado, ambos procedentes de la extinta Junta de Conservación de obras de Arte. Los restauradores informan de las dificultades que plantea la obra por sus dimensiones para realizar el forrado de la misma ya que no disponen de tableros o bastidores apropiados a su tamaño  por lo que proponen dividirla en tres partes para facilitar su tratamiento y su posterior transporte, lo que es informado por el Director del Museo [Álvarez de Sotomayor] al Ministerio.    

"...cortar el lienzo en tres partes proporcionadas, que formen como un tríptico..."
Oficio del Director del Museo al DG de Bellas Artes, 13.12.1955 (Arch.MNP)

La autorización de la propuesta de restauración por el Director General de Bellas Artes se hará esperar, pues no será finalmente aprobada hasta el 30 de septiembre de 1957, y ello siempre que a juicio de los técnicos sea adecuada para su envío a Filipinas, añadiendo que los gastos correrán a cargo del Museo. (Carta al Director del Museo de 30.9.1957 Arch.MNP). A partir de ese momento todo son prisas, solo ha pasado una semana cuando el ministerio de Asuntos Exteriores escribe al Director del Museo del Prado intentando apresurar la restauración. En el mismo oficio aparece una nota manuscrita fechada el 15 de noviembre en la que se dice que se ha informado telefónicamente que el cuadro ya está cortado.

Oficio de 8 de octubre del Director General de Relaciones Culturales del Ministerio de Asuntos Exteriores al Director del Museo.
Aspecto de la división de la obra antes de su unificación

Una vez acabado el proceso para el que se invirtieron unos cuatro meses de trabajo, los restauradores realizan un informe para los técnicos de Manila cuya copia se conserva en el Archivo del Museo del Prado. Dice, entre otras cosas, que el lienzo "no se ha forrado ni entelado porque está pintado sin preparación y por ser previsible que en el clima de Manila -cálido y húmedo- pudiera alterarse el adherente que se emplease para unir las telas y el planchado podría hacer perder fuerza al vigor y frescura de la pincelada". Los restauradores, Sánchez Quesada y Pérez Tormo plantean tres escenarios para recomponer la obra: en tres marcos separados, como un tríptico; uniendo las obras con un junquillo de separación y finalmente volviendo a unir las tres partes cubriendo la junta con cera coloreada; sugiriendo que el procedimiento más adecuado es el segundo que es el aplicado al tríptico de Reinaldo y Armida de Eduardo Chicharro del Museo de Arte Moderno de Madrid.

Ejemplo mencionado: Poema de Reinaldo y Armida, Eduardo Chicharro y Agüera (1904)
MNCARS, en depósito en el Museo de Jaén

El 16 de enero de 1958 los ministros de Asuntos Exteriores (Castiella) y de Educación (Rubio) realizan la entrega simbólica de la obra al embajador de Filipinas, el coronel Manuel Nieto, en un acto celebrado en el Museo del Prado.


Titular 18 enero 1958. La Noche (Galicia)

A pesar de que la obra pertenecía a la Diputación de Barcelona, la institución, que ya hacía tiempo que se había desentendido de ella, no hizo valer el hecho de ser su propietaria para retenerla, ni solicitó compensación alguna por su cesión. La información enviada a la prensa no deja duda de la falta de interés mostrado hacia ella: 
      
    "DESPACHO OFICIAL. El presidente [de la Diputación] informó también a la Corporación de la entrega hecha en Madrid por el Gobierno a la nación de Filipinas del cuadro «Spoliarium», que esta Diputación tenía depositado y que se cedió en su día a tal efecto por conducto del Ministerio de Educación Nacional." (La Vanguardia Española, 29.1.1958 P.16)

Una vez en su destino final, en Manila, hacia 1960 el gobierno filipino encarga la reunificación de la obra al pintor Antonio Gonzales Dumlao (1912-1983), a pesar de que no era restaurador ni especialista en la materia. No tenía formación específica ya que abandonó sus estudios el mismo año en que se matriculó en Bellas Artes en la Universidad de Filipinas, pero era un artista polifacético al que se le reconoce mérito como pintor muralista, retratista y restaurador de vidrieras. Para la unificación del Spoliarium se decidió utilizar la tercera de las opciones propuestas por el Museo del Prado: "Los tres lienzos dentro de un cuadro, colocándolos a tope y cubriendo la linea de unión con cera, coloreada con el tono del fondo, evitando las rebabas", y una vez unida se completó con un robusto marco de madera

La obra ya terminada fue instalada en el vestíbulo del edificio del Departamento de Asuntos Exteriores, entonces en la calle Padre Faura (actual Depto. de Justicia). Finalmente la obra pasó a su ubicación actual en el Museo Nacional de Filipinas, donde sigue siendo considerada su principal obra.

Composición fotográfica que muestra las dos obras más famosas de la pintura filipina expuestas en el Spoliarium Hall del Museo Nacional de Filipinas: La obra de Juan Luna y Novicio que da nombre a la sala y El Asesinato del Gobernador Bustamante, de Félix Resurrección Hidalgo (1855-1913).

Tras su recepción, el Congreso filipino expresó su gratitud al pueblo español por la donación del Spoliarium a Filipinas. En 1962, como reconocimiento de su valiosa intervención, se le impuso la Legión de Honor Filipina al Ministro de Educación español Jesús Rubio García-Mina. (ABC 30 junio de 1962)

Algunos protagonistas de esta historia.
Izq. Fotografía (Detalle) del personal del Museo del Prado hacia 1950 muestra a los restauradores Cristóbal Sánchez Quesada (14) y Manuel Pérez Tormo (16); sobre ellos el Director de Servicios Técnicos Sánchez Cantón (9). Arch.fotográfico MNP
Dcha.: El pintor filipino Antonio Gonzales Dumlao 

 De Izq. a dcha. y de arriba a abajo: El ministro de Educación, Sr.Rubio. El embajador de Filipinas en Madrid, Sr. Nieto saludando a Franco; el Director de la Biblioteca nacional filipina, Sr. Kalaw y el caricaturista Lasa en un retrato pintado por Fernando Amorsolo.

"En El Expoliarium, al través de aquel lienzo que no es mudo, se oye el tumulto de la muchedumbre, la gritería de los esclavos, el traqueteo metálico de las armaduras de los cadáveres, los sollozos de la orfandad, los murmullos de la oración, con tanto vigor y realismo como se oye el estrépito del trueno en medio del fragor de las cascadas o el retemblido imponente y espantoso del terremoto."
Discurso de Rizal en el banquete dado en honor de los pintores Filipinos, Luna e Hidalgo, pronunciado en Madrid en la noche del 25 de junio de 1884