sábado, 19 de enero de 2019

LA ENSEÑANZA DE LA PINTURA EN FILIPINAS EN EL SIGLO XIX -1-

Academia de Dibujo, Manila 1887 BNE

LA PRIMERA ESCUELA DE DIBUJO Y PINTURA DE MANILA

La posibilidad de crear una escuela de pintura en Filipinas era una idea que había surgido desde finales del siglo XVIII entre los responsables de la administración de las islas. En este sentido, del Gobernador Rafael Mª Aguilar y Ponce de León se conserva una carta dirigida al Príncipe de la Paz, Manuel Godoy, en la que se expone la necesidad de crear en las Islas un Hospital, una Escuela de Pilotos, un Observatorio Astronómico y una Academia de Dibujo, afirmando que "...crecería el buen gusto en las Artes y Oficios y los indios uniendo las reglas a su facilidad en toda suerte de trabajos, podrían hacer competir y aun exceder la perfección de sus obras a las mejor pensadas y ejecutadas en Europa..."

A pesar de estas consideraciones, la primera Escuela de la que se tiene noticia fue fundada en 1821, y no por iniciativa publica sino gracias a un joven pintor filipino, Damián Domingo (Manila, 1796 - 1834).

La Real Sociedad Económica de Amigos del País de Manila, consciente de que el dibujo y la pintura constituyen un ámbito profesional ocupado en ese momento por aficionados que no han recibido la capacitación que les permita ejercer tal actividad como una profesión auténtica, también se plantea la necesidad de establecer una Escuela de Pintura que ofrezca la posibilidad de otorgar títulos oficiales. En 1823 se abre una segunda Escuela pero, tras unos comienzos poco exitosos, la Asociación decide unir fuerzas ofreciendo a Damián Domingo el puesto de profesor único de la escuela oficial y poco después la dirección de la misma.

Este artículo repasa la figura de este pintor filipino, su importancia como pionero de la enseñanza de la pintura en el Archipiélago y la trascendencia que tuvo su escuela, primera de las Islas, que continuó siendo conocida hasta su desaparición en 1834 como "la Escuela de Damián Domingo".

Damián Domingo y familia

Damián Domingo nació alrededor de 1790 en la ciudad de Tondo –la segunda en importancia de la isla de Luzón, después de Manila– probablemente el 27 de septiembre, festividad de los santos Cosme y Damián, de donde vendría su nombre.

La información biográfica del pintor fue escasa durante décadas, basada fundamentalmente en una primera biografía escrita y publicada por el pintor Miguel Zaragoza en La Ilustración Filipina el 7 de mayo de 1894, con el título "Don Damián Domingo, Primer Profesor de Pintura, Filipino", que constituyó un importante punto de partida para el conocimiento del pintor aunque carecía de información sobre sus orígenes, sobre los que se especularon diversas opciones.

Durante el siglo XX se escribieron otras biografías (Clotet, Quirino, Zaide, Ongpin, Joaquín, o Santiago), en su mayor parte basadas en la de Zaragoza, pero en 1992 el estudioso de la pintura filipina Luciano P. R. Santiago, encontró casi por casualidad en el Archivo Nacional de Filipinas el testamento del pintor, documento que sirvió para disipar las dudas existentes y para conocer con más detalle su biografía y su entorno familiar. Es un documento breve, de dos páginas, con un sello de dos reales en cada una, que forma parte del Libro Notarial de 1834, un volumen encuadernado en cuero del escribano Don Clemente Cobarrubias, de la antigua provincia de Manila.

El 23 de julio de 1834, en su residencia en Tondo, Manila,  Domingo dictó su testamento en español, sin necesidad de traductor, al notario que lo anotó en tercera persona. En él dice que se encuentra "postrado en cama con una enfermedad natural que Dios, nuestro Señor, se ha complacido en enviarle y temeroso de la muerte, lo cual es natural para todas las criaturas humanas, pero en total posesión de su juicio, memoria, comprensión y voluntad". Persona muy religiosa, manifiesta profesar el credo, los misterios y los sacramentos de Nuestra Santa Madre Iglesia, católica, apostólica y romana" y pide que sus restos sean enterrados envueltos en un hábito religioso.

Este documento de últimas voluntades, que se desarrolla en once cláusulas, nos ha permitido conocer que Damián Domingo era un mestizo (mestizo-chino) natural de la ciudad de Tondo, hijo de  Domingo Macario y Ermenigilda Gabriel, ambos fallecidos en el momento de la redacción del texto.

  
Autorretrato de Damián Domingo1826, y recipiente en el que se guarda en la col. L. Araneta.

Conocemos la imagen del pintor a través de una miniatura pintada al óleo sobre lámina de marfil en 1826, que es además el autorretrato más antiguo conocido del arte filipino, en el que Damián Domingo nos permite ver un rostro joven y agraciado en el que se distinguen perfectamente los rasgos chino-mestizos, la tez amarillenta, ojos ligeramente estrechos, nariz recta, pómulos altos y pelo fosco negro. Vestido de uniforme de la armada española, correspondiente al grado de alférez, que ostenta con orgullo, gracias al título honorífico otorgado por el gobierno probablemente para reconocer su dedicación a la escuela y sus habilidades artísticas. Durante mucho tiempo se pensó que esta miniatura se había perdido, pero se conserva como una auténtica pieza única en la Colección filipina Luis Araneta, donde se guarda en un recipiente que es un huevo de avestruz envuelto en oro, nácar y plata.

Uno de sus hijos, José, hizo posteriormente una versión al óleo del retrato de su padre en la que parece intentar mostrar un aire más "español" que el  original, en cuya base figura la inscripción: Damián Domingo / Gabor Alférez. A la izquierda el nombre de pila, Damián y el primer apellido Domingo que proviene del nombre del padre y a la derecha Gabor, probable segundo apellido que puede ser una variante del apellido materno "Gabriel" y el título Alférez, que su hijo escribe en la copia del retrato que realiza. Hay que recordar que en esta época la mayoría de los filipinos no transmitían sus apellidos de una generación a otra lo que daba lugar a una gran confusión. No fue hasta 1849 cuando el gobernador Clavería puso fin a esa situación al decretar la incorporación de apellidos españoles a las familias filipinas y su sistematización de acuerdo con la norma española.

Fotografía publicada por Carlos Quirino en "Damián Domingo, Filipino Painter" (1961) en la que figura la inscripción: Damián Domingo / Gabor, Alférez.
Der.: Retrato de Damián Domingo, realizado por su hijo José Domingo. Col. Hrs. Jaime Ongpin

Hacia 1818 Damián contrae matrimonio con Lucía Casas, hija de Ambrocio (sic) Casas (c1750-1816), coronel del Batallón de chinos-mestizos, una posición elevada en la colonia, como muestra el hecho de que su familia estuviera exenta del pago de tributos como si fueran españoles de origen. Su nombramiento en 1795 de Capitán de  Cazadores del Regimiento de Milicias del Príncipe, otorgado por Carlos IV, se encuentra en el Archivo de Simancas (SGU, LEG, 6911,4). El mismo Dr. Santiago que publica su testamento da cuenta del expediente conservado en el Archivo General de Indias "Sobre que se conceda a Don Ambrocio Casas la gracia de gozar los mismos privilegios que los Españoles en aquellas Yslas," (Ultramar 528).

Retrato de Ambrocio Casas, suegro de Damián Domingo

Ambrocio Casas, personaje notable de Manila, además de su cargo en la milicia era fabricante de cañones, y se encargó de la fundición de la estatua de bronce del Rey Carlos IV, aunque murió sin verla erigida. Iniciada por encargo del Ayuntamiento de Manila en 1796, el molde fue realizado en España por el escultor Juan Adán y se envió a Manila para su fundición por resultar mucho más económico. En la Maestranza de artillería se iniciaron los trabajos en 1806 y terminaron en 1808, pero la estatua estuvo guardada hasta 1824 haciendo coincidir su colocación con la famosa entrada del Retrato de Fernando VII pintado por Vicente López en la ciudad de Manila, que se realizó con tanta pompa como si del rey en persona se tratara. El monumento con la estatua de Carlos IV todavía puede verse en su emplazamiento original en la Plaza de Roma, frente a la Catedral de Manila.

Monumento a Carlos IV en la plaza de Roma (antes Mc Kinley). Manila

Cuenta la tradición familiar recogida por Santiago, que Domingo regaló a Lucía un pequeño retrato que le había pintado de lejos mientras la cortejaba, que por su calidad impresionó al futuro suegro que, a partir de entonces, le permitió visitar a su hija en su casa. Este hecho le dio cierta fama y le supuso una gran demanda como retratista de miniaturas.

Damián Domingo y Lucía Casas tuvieron diez hijos de los que, según su testamento, le sobrevivieron ocho (dos de ellos, Severo y José, también pintores). Domingo había construido para su familia una mansión en la Calle Real de Tondo, frente a su famoso teatro, que albergaba también su estudio y la escuela de arte, demolida tras el gran terremoto de 1880.


Damián Domingo, Pintor

RETRATISTA

Como pintor, Domingo comienza haciendo retratos, como el comentado de su esposa Lucía Casas o su propio Autorretrato. El jesuita Jose Mª Clotet, que en 1916 publicó una semblanza de Damián Domingo, cuenta que Rafael Enríquez (1850-1937), otro pintor hispano-filipino, le dijo que los jóvenes de Manila encargaban a Damián pintar retratos en miniatura de sus enamoradas. Debido a que la costumbre no permitía a los pretendientes y pintores hacer visitas formales, tenían que contentarse con desfilar frente a las casas donde las jóvenes se mostraban en las ventanas tras sus abanicos de encaje. Después de dos o tres paseos, Damián les sorprendía con una imagen perfecta de la dama en cuestión. Por cada retrato, le pagaban siete u ocho pesos.

Según el mismo Clotet en el palacio del gobierno en Malacañang se encontraban diversos retratos de gobernadores generales que llevaban la firma de Domingo y comenta que "en este género de pintura, la fama que disfrutó era indiscutible, por lo que no solo las familias más destacadas de Manila y las provincias, sino también las principales autoridades eclesiásticas, civiles y militares le encargaron pintar sus retratos." Miguel Zaragoza también dice en su biografía que "tal fue su fama como artista que incluso los Gobernadores Generales hicieron sus retratos, trabajos que aún se conservan en la galería de retratos de Gobernadores que existen en el palacio de nuestro principal funcionario". Se desconoce el paradero de la mayoría de ellos ya que en la actualidad solo se conservan el del gobernador Pascual Enrile y el de su entonces ayudante, el capitán José Mª Peñaranda  ingeniero militar y cartógrafo que más tarde será Secretario de Gobierno con Narciso Clavería.

Damián Domingo. Retratos de Pascual Enrile y Alcedo (Det.) y José Mª Peñaranda (Det.) 1832

Los retratos de medio cuerpo se realizan sobre placa de marfil con una técnica propia de la miniatura y revelan una cierta ingenuidad en su ejecución. Al examinarlos vemos las mismas características de las miniaturas dando la impresión de que la base está preparada de la misma manera, usa los mismos colores y los mismos trazos de pincel, o, mejor dicho, la misma ausencia de ellos ya que es imposible distinguir una pincelada.

TIPOS DEL PAÍS

La especialidad que ha dado mayor notoriedad a Domingo es la de las ilustraciones sobre temas nativos que se conocen como Tipos del País. Se trata de dibujos coloreados a la acuarela que representan personas que viven en las islas recorriendo todas las clases sociales y la diversidad de tipos étnicos existentes. Aunque no fue el primero en hacer este tipo de representaciones, su forma de hacer tuvo mucho éxito a juzgar por sus notables seguidores. Inició esta actividad por encargo del comerciante en telas Rafael Babom, un católico de Calcuta que llegó a Manila hacia 1820. Damián realizó varios de esos álbumes de los que se conservan cinco. El que se encuentra la Biblioteca Newberry de Chicago, con 29 láminas, está datado entre 1827 y 1832 y es el único en el que aparecen todas las ilustraciones firmadas por él, como "Damianus Dominicus pinxit".

Portada del ejemplar de la Biblioteca Newberry (Chicago)

 Damián Domingo. Mestizos de Manila. "Colección de Trajes Manila..."

Para hacer las láminas Domingo usaba cinco pinceles chinos de marta cibelina, alguno de una sola cerda. Sus ilustraciones hacen un recorrido por todos los personajes de la sociedad isleña con la finalidad de dar a conocer las telas que vendía el Sr. Babom.  Se dice que entre los personajes Domingo pudo haber pintado a su esposa y una de sus hijas de camino a la iglesia.

Damián Domingo. Posible retrato de Lucía Casas con su hija (tipos del País)

PINTURA RELIGIOSA

Domingo también realiza por encargo una serie de pinturas para las iglesias y conventos locales, de las que se han conservado pocas y solo de cuatro se afirma su autoría con seguridad: “Nuestra Señora dando el Rosario a Santo Domingo y Santa Catalina”, (c1815), "La Sagrada Familia" (c1830), "La Cátedra de San Pedro" (c1825) y “La Inmaculada Concepción”. Las tres primeras pertenecen a sus descendientes, y la última al Museo de la Universidad Xavier. 

  
Damián Domingo. La Virgen del Rosario entre Santo Domingo y Santa Catalina. 
Col. Herederos Luis Ongping

No sería extraño que con el tiempo se le atribuyan otras obras, inseguras en la actualidad, dado el importante nivel de investigación que en las últimas décadas se ha dirigido a la historia de la pintura en Filipinas en el siglo XIX. Sus obras religiosas recuerdan la pintura española del XVII lo que sugiere que podría haber utilizado como modelos las obras llevadas Manila por las cinco grandes órdenes religiosas.

EL AMBIENTE ARTÍSTICO QUE LE PRECEDE

A pesar de que probablemente Domingo no tuvo una enseñanza formal, se piensa que además de inspirarse en las obras religiosas que pudo contemplar en conventos e iglesias de Filipinas debió tener algún buen maestro, con el que aprendería no solo a pintar sino también a enseñar y gracias a ello pudo llevar a cabo la tarea docente en su escuela. Se ha considerado que su maestro pudo ser  Faustino Quiotan (c1779-1825), el más antiguo pintor mestizo-chino conocido, especializado en pintura religiosa y activo en el distrito de Santa Cruz de Manila.

 Faustino Quiotán, S.Basilio y la Virgen del Caracol de Cavite
  
Tampoco es descartable que Domingo hubiera podido aprender alguna de sus técnicas de dibujantes o pintores foráneos que formaran parte de alguna de las diversas expediciones de naturalistas que estuvieron en Filipinas desde finales del siglo XVII hasta primer tercio del XIX, actividad que propició en las islas la existencia de una amplia tradición de pintores, dibujantes y grabadores de temas naturalísticos dada la demanda para publicaciones científicas.

CREADOR DE LA PRIMERA ESCUELA

Como hemos comentado, en 1821, cuando Damián Domingo ya se había hecho un nombre como pintor de retratos, decidió establecer una Escuela para artistas en su residencia en Tondo. Fue la primera creada en las Islas Filipinas y probablemente la primera de toda Asia, que atrajo enseguida no solo a los jóvenes que buscaban instrucción artística, sino también a los miembros de familias influyentes en la ciudad. El hecho de instruir a los jóvenes en el dibujo y la pintura suponía elevar a la categoría de arte lo que hasta entonces era considerado como artesanía por la mayoría de los filipinos.

Es probable que la necesidad de atender la demanda de dibujantes o pintores que pudieran participar en la realización de este tipo de obras llevara a la Sociedad Económica de Amigos del País a plantearse  establecer en Filipinas los estudios adecuados para esta actividad. Este proyecto quedaría en suspenso por causa de la inactividad de la institución en los primeros años del siglo, pero una vez restablecida, en 1822 una de las primeras iniciativas es proponer al gobernador de las islas D. Juan Antonio Martínez Alcobendas (1769-1825) la apertura de una Academia de Dibujo. Así, tras los trámites oportunos, el 2 de diciembre de 1823 se inaugura la Academia oficial de Arte en las Islas.


Detalles de los Retratos de los Gobernadores Basco y Vargas (1778-1787), de autor Anónimo (Mº Peregrinaciones. Santiago) y 
Juan Martínez Alcobendas. (1822-1824) de Emilia Carmena Monaldi. MNP

Pero transcurre el tiempo y la Academia no consigue realizar sus objetivos, en contraposición al éxito de la escuela de Damián Domingo, por lo que la Sociedad toma la decisión de unir esfuerzos y apoyarse en la iniciativa del pintor, convirtiendo su taller en la verdadera primera Academia oficial de Dibujo de las Islas. 

La principal fuente de información sobre la creación de esta escuela oficial es el acuerdo firmado entre la Sociedad Económica y el pintor Damián Domingo de 5 de marzo de 1827, en el que se le ofrece el puesto de profesor único y la utilización de su domicilio como sede de la misma mediante el pago de 300 pesos mensuales, incluyendo el pago del alquiler por el uso de su domicilio familiar como sede. Posteriormente le nombrarán director de la misma. El acuerdo fue publicado por primera vez en La Ilustración Filipina del 7 de mayo de 1894 por Miguel Zaragoza quien afirma: "fundó D. Damián Domingo una Academia de dibujo y pintura, siendo la primera que se estableció, y tan próspera fue, que al poco tiempo acudían a ella hijos de principales familias de esta capital."

El contenido del acuerdo que se hizo público decía lo siguiente:

"¡Saludos a todos! 
     La Real Sociedad Económica de estas Islas, bien informada sobre la conducta, habilidad, talento y dedicación al arte de pintar de Don Damián Domingo, residente de Tondo, acordó en una reunión celebrada el 13 de junio del año pasado [1826] para nombrarlo, de hecho ha sido nombrado, profesor de la Escuela de Dibujo y este debe ser pagado por la misma Sociedad, ... se espera de su celo patriótico que trate a los estudiantes bajo su cuidado con la moderación y el gusto que le son propios; que no permitirá ningún tipo de desorden en la escuela, en la economía del papel y los lápices, que no se debe utilizar para fines distintos de aquellos para los que está destinado; que tendrá una lista con los nombres de los estudiantes, el de sus padres, el país, la edad y el día de su ingreso; que todos los equipos de la Academia se mantengan en las mejores condiciones posibles, .... que todos los que se presenten para la admisión sean inscritos, ya sean españoles, mestizos o indios, siempre que haya espacio en la Academia y se presenten con decencia y en los momentos correspondientes, tolerando tanto como sea posible todas las faltas debidas a la distancia que no pueden ser fácilmente superadas por criaturas delicadas y por la fuerza del sol o el agua, y por su propia enfermedad, o la de sus padres; y, por último, que no permitirá que se distraigan con otros objetivos que no sean los que propondrá la Sociedad, ni les permitirá pinturas ya sean iluminadas o no, que presenten indecencia al público, y que tienen que limitarse precisamente a los modelos proporcionados por la Academia; permitiendo de esta manera la entrada de cualquier persona decente que desee visitarla.
 Sociedad Económica de la Ciudad de Manila. 5 de marzo de 1827".

Uno de los aspectos de mayor interés de la nueva Academia es que estaba prohibida toda discriminación de raza gozando todos los alumnos –eso sí, siempre varones– españoles, mestizos y filipinos, de los mismos derechos y obligaciones. En ella se realizaron los primeros exámenes oficiales en 1828, el mismo año en que la Sociedad, consciente de su buen funcionamiento, nombra finalmente a Domingo director de su propia Escuela.

En la Academia se daban cursos completos de dibujo y de pintura tanto a la acuarela como al óleo, se enseñaba a los alumnos a dibujar la naturaleza muerta y la forma humana, así como la perspectiva.  También se concedía mucha importancia a la preparación de colores y lienzos en lo que Domingo era muy exigente y dedicaba mucho tiempo pues de ello dependía en gran medida el éxito y la permanencia de las obras, cuya base podía ser de lienzo, tablas de madera, placas de marfil, láminas de cobre, plata e incluso de oro. 

Los temas favoritos eran los religiosos, que eran los más demandados para las iglesias y conventos de las ciudades más grandes: vidas y milagros de los santos, la pasión de Cristo y representaciones de la Virgen María. También estaba de moda la pintura de miniaturas, pequeños retratos usados como recuerdos o amuletos hasta la introducción de la fotografía en la década de los 70. El tercer ámbito era el de tipos del país más enfocado al dibujo de costumbres.
  
La Academia gozó de gran reconocimiento y mantuvo buenas relaciones con el gobierno español de las islas, especialmente en los años 30 siendo gobernador Pascual Enrile y Alcedo, de quien hemos visto su retrato. Pero a pesar de su éxito tuvo una vida efímera, debido a la escasez de recursos económicos, que junto a la enfermedad y prematura muerte de Domingo supuso su decadencia y cierre definitivo.

Según las memorias de la Real Sociedad Económica, la Academia cerró oficialmente el 16 de mayo de 1834 "por falta de fondos", es decir, dos meses antes de que Domingo escribiera su testamento, por lo que es probable que no fuera su muerte sino la enfermedad lo que causó su declive. Puede que la enfermedad apareciera ya en 1832 pues cuenta el periodista Díaz Arenas en sus Memorias históricas y estadísticas de Filipinas (1850) que ese año "los Padres Dominicos ofrecieron una de las salas del colegio de Sto. Tomás para la Academia". Ello nos lleva a suponer que la salud del maestro debió hacer inviable la continuación de las clases en su domicilio y su ausencia como único profesor debió reducir su alumnado y sus ingresos provocando su cierre.

Habrán de pasar doce años, hasta 1846, para que se apruebe el proyecto de abrir una nueva Escuela Oficial de Dibujo Natural y Pintura a semejanza de las existentes en la península, y pasarán otros cuatro años más –a causa de la intensa burocracia existente– antes de su apertura definitiva (de la que nos ocuparemos en la próxima entrada). En todo caso no puede olvidarse que Damián Domingo fue quien puso los cimientos de la enseñanza del arte de la pintura en Filipinas.

El clan Domingo

Damián Domingo será cabeza de un clan artístico que tuvo un gran reconocimiento en las islas y fuera de ellas. De él forman parte sus dos hijos pintores, Severo y José (quien pinta su retrato), su nieta Pascuala, hija mayor de Severo, casada con Román Ongpin, de la que parte una línea familiar que ha llegado hasta nuestros días conservando buena parte de su legado pictórico; y otros dos nietos, también hijos de Severo, Vicente y Francisco, que dedicaron su vida al arte de la pintura.

Entre ellos destacamos la figura del menor, Francisco Domingo y Casas, nacido hacia 1845, quien tomó como segundo apellido el de su abuela paterna, Lucía Casas, cuya familia como hemos comentado disfrutaba de los privilegios de la nobleza española, aunque eran mestizos chinos.

Francisco Domingo, que probablemente era botánico además de pintor, realizó alrededor de 50 láminas de plantas en color para la Flora del Padre Blanco, lo que indica su alta consideración como artista. Sus retratos estaban adornados con plantas en primer plano.


Francisco participó en la Exposición General de Filipinas de 1887 en Madrid con la obra titulada Monumento a Pineda, con la que ganó una medalla y que fue comprada por el ingeniero de montes  Sebastián Vidal, español, naturalista y director del Jardín Botánico de Manila.

De 1891 a 1895 Domingo fue invitado por los hermanos Zaragoza para participar en La Ilustración Filipina, donde se publicaron sus dibujos, sobre todo paisajes y retratos de personajes históricos como Antonio Pineda, su abuelo Damián Domingo y su bisabuelo Ambrocio Casas. También pintó obras religiosas para el convento de los agustinos en Intramuros, donde todavía se conservan.

Discípulos y colegas 

Sabemos que el pintor Justiniano Asunción (1816-1896) de Sta. Cruz, Manila, se hizo cargo de la continuación de los álbumes de trajes filipinos de su maestro. Asunción sigue los pasos de Domingo con las mismas temáticas, tipos del país y cuadros religiosos aunque en los retratos refleja un mayor carácter.
Justiniano Asunción, Tipo del país y Retrato de Romana Carillo (1875)

Junto a Justiniano asistieron a la Escuela de Damián Domingo sus hermanos Antonio, Mariano y Leoncio, así como los hijos del maestro, Severo y José. También se tienen noticias de que asistieron a la escuela Juan Serapio Transfiguration Nepomuceno, quien también pintó Tipos del País para el Dr. Mallat; Severino Flavier Pablo de Fernando de Dilao (ahora Paco) y Antonio Malantic (Binondo 1820-1885) a quien conocemos en España por el retrato que realiza en 1855 del general Ramón Montero y Blandino, gobernador de Filipinas de forma intermitente en tres ocasiones entre 1853 y 1857.


Antonio Malantic. Retrato del gobernador Ramón Montero, 1855 MNP 
En depósito en el Museo del Ejército

La escasez de documentos de esta primera Escuela no nos permite afirmar con seguridad que tal o cual pintor de la época pudiera haber estudiado con Damián Domingo, únicamente podemos constatar que fueron contemporáneos en la pequeña sociedad manilense y deducir que entre ellos debió haber algún contacto. Destacaremos dos pintores de renombre que pudieron ser discípulos, seguidores o solo colegas: Juan Arzeo y Esteban Villanueva. 

Juan Arzeo (c1785 - c1870) 

Pintor filipino de San Fernando de Dilao (ahora Paco) Arzeo –así es como firmaba sus obras– fue contemporáneo de Damián Domingo, pero no sabemos si uno aprendió del otro o bebieron de las mismas fuentes. Aunque no se conocen muchos detalles de su vida, se sabe que se casó con Romualda Gonzaga. Su hijo, Isidro Arceo, también fue pintor, (cambió la ortografía del apellido), se casó con Isabel Pablo, hija de otro colega pintor, Severino Flavier Pablo, cuyo hijo, Hipólito (1864-1942), fue el primer chambelán papal filipino con el título de monseñor (1922).

Se conservan varias obras de Juan Arzeo, la más antigua es el retrato del arzobispo Fray Juan Antonio Zulaybar, (1820) en la Universidad de Santo Tomás. La más conocida, El Éxtasis de San Pascual Baylon, (1836), es una obra de madurez de su arte en la que vemos al centro la figura del santo, enmarcado por las viñetas de su vida, lo que evidencia su aprendizaje de técnicas miniaturistas. El retrato del Padre Fr. Manuel Blanco se realizó para su incorporación al libro de la Flora de Filipinas.

Juan Arzeo. Izq. Éxtasis de San Pascual Baylon (1836) Der. Padre Manuel Blanco. Agustino

Hay muchas otras obras firmadas por Arzeo, pero también se le atribuyen algunas sin firmar que se encuentran en iglesias y conventos. En el año 2015 salieron al mercado dos especialmente interesantes representando a la Familia Azcárraga, firmadas y fechadas en 1824 y 1827 respectivamente, figurando en una el Matrimonio Azcárraga-Palmero con dos hijas y la niñera filipina y en el otro los Hermanos José y Pilar Azcárraga con su niñera.

Juan Arzeo, dos retratos de la Familia Azcárraga (Comercio 2015)

Abundan las referencias de estos pintores, que muestran que gozaban de gran fama; por citar algunas, el  diplomático y escritor español Sinibaldo de Mas (1842) llamó a Arzeo "el López de Manila" comparándolo con el pintor de corte español Vicente Lopez. El médico francés Jean Mallat, escribió en su libro Les Philippines (París, 1846): "El dibujo y la pintura son mucho más avanzados entre los indios de Filipinas de lo que uno hubiera pensado. ... las miniaturas de Damián (Domingo) y Soriano y las pinturas de las iglesias y los retratos al óleo de Arceo. Estas obras están lejos de ser perfectas, ya que los artistas a quienes se les deben nunca tuvieron un maestro, pero muestran una gran habilidad y los retratos son de una sorprendente semejanza”.

Esteban Villanueva (Vigán, 1798-1878)

Para terminar, una breve reseña de otro probable seguidor de Damián Domingo –aunque algunos le consideran autodidacta–. Se trata de su contemporáneo Esteban Villanueva Pichayhijo de Plácido Villanueva y Justa Pichay, casado con Petrona Acosta con quien tuvo siete hijos, de los cuales Leona Villanueva (1828-1848) fue famosa como poeta.

Villanueva es conocido únicamente por su serie de Pinturas de la Revuelta Basi, que realizó en 1821 por encargo del gobierno para recordar el levantamiento de los ilocanos contra la prohibición del comercio de la bebida basi local (vino obtenido de la caña de azúcar) para no competir con el monopolio del vino establecido por el gobierno colonial español. Esta revuelta, ocurrida en septiembre de 1807 y que no ha sido bien estudiada, se debió a juicio del especialista R. Blanco Andrés no solo al vino, sino a mayores y complejas motivaciones. Tuvo una duración de 13 días y terminó con la ejecución de los rebeldes en las orillas del río Bantaoay en la ciudad de San Ildefonso, al norte de Manila.

La historia está contada, como si de un Vía Crucis se tratara, a través de catorce paneles iguales de algo menos de un metro cuadrado, que recorren los diferentes momentos de la rebelión desde el levantamiento hasta su extinción; son las pinturas más antiguas conservadas de un hecho histórico filipino. Tienen un estilo ingenuo muy descriptivo y todas tienen en la base una leyenda que describe el momento. Parece que a pesar de que fueron encargadas para desalentar nuevas insurrecciones, están hechas más bien para alentarlas. Aunque los documentos no hablan de quién fue el que encargó este relato pictórico hay que pensar que se trata de Mariano Fernández de Folgueras (1766-1823), que en la fecha de la Revuelta era gobernador interino, y volvió a serlo de nuevo entre 1816 y 1822, coincidiendo con la fecha del encargo.

Los catorce paneles aparecieron en la década de 1950 en una bodega de la familia Villanueva y en la actualidad se exponen en el Museo Ayala de Vigan que se encuentra en la antigua casa del sacerdote  Jose Burgos, mártir filipino.


Esteban Villanueva, Dos paneles de la Rebelión Basi, 1821 Museo Ayala, Vigán

Una curiosidad es que en alguno de los paneles vemos un cometa, cuya aparición es considerada por la creencia popular como la señal para el inicio de la revolución. Hay quien ha señalado que pudiera ser el cometa Halley, lo que no es posible pues los registros indican que fue visto en 1835, es decir después de los hechos y de su representación en 1821. En todo caso podría tratarse del Gran Cometa de 1811, que fue visible a simple vista durante aproximadamente 260 días, y que el pintor hubiera querido reflejar para alimentar o crear la leyenda.

De entre las diversas fuentes consultadas, un reconocimiento especial para Luciano "Chito" P. R. Santiago, escritor, historiador y psiquiatra filipino conocido por sus libros sobre historia, arte y cultura de Filipinas, principal artífice de la recuperación de la memoria del pintor Damián Domingo "Primer Profesor de pintura en Filipinas".

domingo, 26 de agosto de 2018

ALEJANDRO FERRANT Y FISCHERMANS

UNA VIDA DEDICADA A LA PINTURA
Madrid 1843 - 1917

Retrato de Alejandro pintado por Luis Ferrant, 1856 -  Alejandro Ferrant en su estudio, 1914. La Esfera

Haber nacido en una familia en la que el arte y la cultura constituían el medio natural de la mayoría de sus miembros, predestinó desde niño a Alejandro Ferrant Fischermans a dedicarse a las Bellas Artes y a la pintura. Una vida dedicada al Arte en la que consiguió premios y reconocimientos, una huella pictórica presente en los principales edificios e instituciones estatales, y una bonhomía que recuerdan cuantos le trataron. A pesar de ello resulta difícil a veces seguir el hilo de su historia, pues no es mucho lo que se ha escrito sobre él y su obra. 

Con estos recuerdos del pintor, que no pretenden ser una biografía aunque en ellos afloren detalles poco conocidos de su vida, culmina la serie dedicada a los Ferrant, que comenzó con Los Ferran[t] Una familia de Artistas (I), y continuó con Los Ferrant (II).

Alejandro Ferrant y Fischermans vino al mundo en Madrid el 9 de septiembre de 1843; primer hijo de Alejandro Ferrant Llausás (1810-1852) y de su bella esposa María Fischermans Casano (1820-1887). Dos años después, en 1845, nacerá su hermano Luis. A pesar de ser músico de afición, se dedica al negocio familiar de la talla y el dorado de molduras, junto a su padre y su hermano mayor Cayetano.

 Luis Ferrant Llausás. Detalles de los Retratos de María Fischermans y Alejandro Ferrant

La familia que rodea a Alejandro está formada por los abuelos paternos, Luis [Alejandro] y Cayetana; los maternos, Guillermo Fischermans, alemán, de la ciudad de Birgelen y la madrileña María Casano; y  por sus tíos, los tres hermanos de su padre, los pintores Luis y Fernando Ferrán Llausás, y el tallista dorador Cayetano, casado con su tía Ramona, hermana de su madre. 


El Museo Romántico, al que han ido a parar por uno u otro camino la mayor parte de los retratos familiares de los Ferrant, conserva entre ellos una pareja dibujada, datada y firmada por Luis Ferrant a su vuelta de Italia, que llegó al museo formando parte de la importante donación realizada por los familiares en 1940. Esto nos induce a pensar en la posibilidad de que fueran efectivamente retratos de familia, en concreto de los abuelos maternos, María Casano y Guillermo Fischermans en cuya imagen nos parece adivinar las amables facciones de su nieto Alejandro.

Luis Ferrant 1849. Posibles retratos de los abuelos maternos de Alejandro Ferrant Fischermans

Todo parecía ir bien en el hogar de los Ferrant Fischermans cuando en 1847 la prematura muerte del padre, Alejandro, con 33 años recién cumplidos vino a truncar el equilibrio familiar. En ese mismo tiempo y quizás influido por esta situación sobrevenida, tiene lugar la finalización de la estancia del hermano mayor, Luis Ferrant, en Italia, país en el que había pasado los últimos años bajo el patronazgo del infante Sebastián Gabriel de Borbón, al principio en Roma, junto a su hermano Fernando, también pintor paisajista, y los últimos años, ya solo, en Nápoles.

Posiblemente movido por una cierta obligación de lealtad Luis empieza a ocuparse de la familia de su hermano. Le imaginamos como un auténtico padre de sus sobrinos a quienes pinta, al igual que a su cuñada, ya que es una persona con un apego familiar fuera de toda duda si hemos de juzgarlo por su actividad retratística respecto de los miembros de la familia.

1851. Luis Ferrant. Retrato de los hermanos Luis y Alejandro Ferrant Fischermans, MROM

Con el tiempo nacerá entre los cuñados una relación sentimental que desemboca en un nuevo matrimonio, de modo que el tío Luis se convierte en el segundo marido de María Fischermans y en padre de sus hijos Alejandro y Luis, para quienes ello debió suponer el restablecimiento del equilibrio familiar perdido sin que la nueva situación fuera una ruptura sino más bien una continuación con ligeros cambios.

Luis Ferrant, det. retrato Mª Fischermans. Alejandro Ferrant det. retrato de su tío Luis 1864

Cuenta Manuel Osorio Bernard que la pareja se habría casado en Roma en 1853, pero ese dato no coincide con los que figuran en el padrón madrileño de 1854, que nos indican que el nuevo matrimonio, que había trasladado su domicilio al número 21 de la Calle Aduana, tuvo su primera hija de nombre Pilar, el 21 de Febrero de 1852, de lo que se deduce que la boda habría tenido lugar a principios de  1851.
Actual nº 21 de la Calle Aduana en Madrid

No tardará mucho en romperse de nuevo la paz familiar por el fallecimiento de Luis, el menor de los hermanos, con siete u ocho años, pues ya no figura en el padrón realizado en enero de 1854, y no mucho después el de la niña Pilar con tres años cumplidos (todavía aparece en el padrón de Enero de 1855). Desconocemos las circunstancias de ambas muertes que no sorprenden dado el alto índice de mortalidad infantil de la época.

En el siguiente boletín de empadronamiento disponible, que se cumplimenta en Enero de 1857, figura el nacimiento de una segunda hija con fecha 19 de noviembre de 1856, a la que ponen el mismo nombre de su hermana fallecida, Pilar; es un nacimiento algo tardío para la época teniendo en cuenta que Luis Ferrant ya había cumplido 50 años y 36 su mujer, María. 

Con Luis Ferrant la pintura entra en la casa de la calle Aduana, en la que además del domicilio familiar se encuentra el estudio del pintor, justo detrás de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que tanta incidencia tendrá en sus vidas. Por los registros del padrón sabemos que en esa época viven en el mismo edificio: Rafael Tegeo, colega de los hermanos Ferrant Llausás como profesor de la Academia y como pintor de cámara; y el músico Urbano Aspa, a quien pudimos identificar en un retrato del Museo del Prado realizado por Ferrant, del que dimos cuenta en este blog.

El nacimiento de la segunda niña Pilar, alegra de nuevo el hogar de los Ferrant en el que el ya joven Alejandro ha iniciado sus estudios oficiales de pintura con la atención y el consejo de su tío Luis, a quien considerará siempre como un verdadero padre.
Luis Ferrant. Retratos de Alejandro con 14 años (1858) y Pilar (probable) con 7 años (1863) MROM

El retrato de Alejandro Ferrant,
pintado por su tío en 1858, ya nos muestra a un joven a quien encaja bien la descripción que de él hace su amigo Ángel Barcia, con quien coincide en 1857 en algunas clases de la Academia de San Fernando cuando tenía 14 años: "Casi niño, simpático, juguetón, con chaquetita de terciopelo, cuello grande vuelto, gorra, melena encrespada y sobre todo un bozo de bigote, tan poblado, tan negro, que podía estimarse verdadero bigote". (Alejandro Ferrant en el recuerdo de Barcia y Pavón. 1979. E. Pardo Canalís RIE 145).

El privilegio de disponer de un gran maestro en casa le permite a Alejandro acceder tempranamente a los estudios de la Academia en la que coincide con Raimundo Madrazo, en parecida situación familiar aunque dos años mayor que él. En la famosa fotografía de Martinez Hnos. con los alumnos y profesores del curso 1857-1858 de la Academia de San Fernando, podemos ver a los jóvenes Raimundo y Alejandro cerca de sus profesores.

Detalle de la foto de grupo realizada por Martinez, hnos. 1857. BNE. En ella vemos a Raimundo Madrazo y Alejandro Ferrant, 1º y 3º respectivamente a la izquierda; a continuación Carlos Luis Ribera, Carlos de Haes, Federico Madrazo y Juan Antonio Ribera.

El joven Alejandro  vivirá en esta casa años felices de juventud en la que se irá mostrando como una promesa en el ámbito de la pintura bajo la tutela magistral de su tío, comenzando muy joven su participación en los concursos de pintura que se convocaban en la época.

Los concursos del Ayuntamiento de Cádiz

La Real Academia de Bellas Artes de Cádiz convocó durante algún tiempo un concurso bianual de pintura para promocionar la ciudad, su historia y su arte eligiendo como argumento a desarrollar acontecimientos históricos vinculados al municipio. Alejandro Ferrant se presentará en tres ocasiones a dicho certamen, logrando el primer premio en cada una de ellas. (Aunque ya comenté los detalles de estos concursos en otra entrada del blog, resumo aquí a grandes rasgos sus características).

En la primera convocatoria realizada en 1862 el tema elegido era el suceso de la caída del pintor Murillo en la Iglesia de los Capuchinos de Cádiz cuando estaba realizando su última obra, los Desposorios de Santa Catalina, que sería la causa de su muerte. El primer premio fue otorgado al jovencísimo Alejandro Ferrant que presentó su obra La Caída Mortal de Murillo bajo el lema: ¡Murillo, siempre serás admirado!. El premio consistía en la adquisición de la obra en diez mil reales de vellón para el Museo de Cádiz, donde se encuentra en la actualidad (aunque guardada en su almacén) y representa el punto de partida de una carrera plagada premios y reconocimientos.

A. Ferrant Fischermans. La Caída de Murillo. 1862 MBA Cádiz

En la convocatoria del 1864 el tema propuesto era la historia de los jóvenes patronos de la ciudad de Cádiz, Servando y Germán, que fueron martirizados en sus inmediaciones. Ferrant obtuvo de nuevo el primer premio con la obra Martirio de los santos Servando y Germán que según el Catálogo del Museo escrito por César Pemán (1952), "...muestra en el centro uno de los jóvenes arrodillado antes de recibir el golpe de espada del verdugo, mientras a su espalda otro personaje muestra la cabeza de su compañero cuyo cuerpo yace en tierra". También en este caso la obra se encuentra en el almacén del museo y no hemos podido obtener una imagen de la misma. (Al mismo certamen se presentó Francisco Torras quien posteriormente participó con la misma obra en la Exposición Nacional de ese año, donde fue premiada y adquirida por el Estado y hoy pertenece al Museo del Prado - P05632)

En el certamen de 1866 la temática a representar era un episodio sucedido en la playa de Santa María, junto a Torregorda, cuando los vecinos de Cádiz tomaron una galeota de unos piratas berberiscos en el momento en que se disponen a reembarcar con su botín, después de haber saqueado la ciudad. De nuevo el ganador del concurso fue Alejandro Ferrant con la obra Acción de armas de los gaditanos contra los moros en 1574. La obra se presentó a continuación en la Exposición Nacional de Bellas Artes de ese año, donde obtuvo el reconocimiento de segunda medalla. Es la única obra de Ferrant que se expone en la actualidad en el museo gaditano.

  A. Ferrant Fischermans. Acción de armas de los gaditanos contra los moros en 1574. MBA Cádiz.

Pensionado en Roma 1874-1877

Animado por sus éxitos en Cádiz, Ferrant empieza a participar en Exposiciones Nacionales a partir de 1864, año en que consigue una medalla de tercera clase por el retrato del tío -ya su padrastro-, el pintor Luis Ferrant; y en 1867 una de segunda clase por la obra ganadora ese año en el certamen de Cádiz: Acción de armas de los gaditanos contra los moros en 1574. Al no poder adquirir esta obra por ser propiedad del Ayuntamiento de Cádiz, el gobierno le compra Un Estudio, también presentado en la Exposición que representa la cabeza de un anciano, en la actualidad depositado por el Museo del Prado en el Museo de Arte de Girona.

Alejandro Ferrant, Retrato de su tío Luis (1864) en el MROM y Un Estudio (1866) MNP.

Estos méritos conseguidos formaron parte de la memoria presentada para conseguir la plaza de pensionado de mérito por la Pintura de Historia en la recién creada Academia de Bellas Artes de España en Roma, que le fue concedida en 1874. Alejandro partirá hacia Italia y al poco de su llegada  tiene lugar la muerte de Mariano Fortuny, hecho que le impresionó profundamente; de hecho será uno de los dibujantes, junto con su colega Pradilla, que captaron los detalles de su velatorio y entierro enviando sus dibujos para su publicación en La Ilustración Española y Americana.

Roma 1874. Dibujo de Ferrant que recoge la comitiva del entierro de Fortuny. A la izquierda el pintor Pradilla tomando notas

La familia Ferrant Fischermans, compuesta en ese tiempo únicamente por Alejandro, su madre -de nuevo viuda desde 1868-, y su hermana Pilar, se instala en Roma en la plaza de Capuchinos en un departamento que se componía, según cuenta el amigo Barcia, de dos piezas unidas por una tercera que era la cocina; la habitación más grande era ocupada por su madre y su hermana y la menor por el propio Alejandro. Hacían vida de familia, lo que no era habitual entre los pensionados, a la que se unía de forma sistemática el escultor Ricardo Bellver, compañero inseparable de estudios de Alejandro Ferrant y prometido de su hermana, y el pintor Ángel Barcia durante el tiempo en que coincidió su estancia en Roma. Además Ferrant disponía de un estudio en la vía Sixtina.

Fotografía conservada en la BNE,  entre los papeles de Barcia

El primero de los trabajos realizados en Roma lo hizo Ferrant en colaboración con su compañero Pradilla y consistió en una copia de La Disputa del Sacramento de Rafael de la estancia vaticana de la Signatura. El trabajo fue enviado a España para cumplir con sus obligaciones de primer año de pensionados, causando sorpresa y admiración, según los cronistas de la época. Hoy se encuentra en el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Parte central de la copia de la Disputa del Sacramento de Rafael del Vaticano. Óleo sobre lienzo 3,08 x 7,95m. Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación 
Dibujo de Francisco Pradilla. Ferrant y Pradilla Copiando el fresco de la Disputa del Sacramento en la Sala de la Signatura del Vaticano. 1875. Colección particular.

Pero la gran obra realizada por el pintor en el resto de su estancia romana es la pintura de carácter religioso historicista "San Sebastián hallado en la Cloaca Máxima" que en la actualidad se encuentra expuesta en la Sala 61 del Museo del Prado con el título erróneo de "Entierro de San Sebastián", por la que obtuvo primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878.

Detalle del Registro Inventario del Museo Nacional de Arte Moderno. 1899. Museo del Prado - "El verdadero título es "San Sebastián hallado en la Cloaca Máxima".

 Alejandro Ferrant. San Sebastián hallado en la Cloaca Máxima de Roma. MNP

El cordobés Ángel Barcia cuenta en sus memorias, a las que llama "Mamotretos" (BNE)diferentes anécdotas por las que vamos viendo la evolución de esta obra ya que su estancia coincidió plenamente con su desarrollo, desde el paso del dibujo a la cuadrícula del lienzo, hasta la búsqueda de la tela para el manto de santa Lucina que tomó del velo del hábito de unas monjas, o la presencia de la vasija que lleva el niño que aparece de espaldas en primer término, que fue uno de los "Cachivaches italo-etruscos que el pintor recibió del príncipe del Drago (hijo, creo de la reina Cristina y del duque de Riánsares)", como pago por unos dibujos a pluma del pintor.

Barcia acompañaba asiduamente a Ferrant a la basílica de San Sebastián y a veces iban a visitar la Cloaca Máxima, donde se desarrolla la escena del cuadro. Entre sus papeles se encuentra una foto que muestra el exterior de la Cloaca Máxima, en la que anota la fecha y el lugar, que pudiera corresponder a una de esas visitas de ambos amigos.

Fotografía conservada en la BNE entre los papeles de Ángel Barcia

Los Ferrant vivieron en Roma hasta finales de 1877, momento en que Alejandro y su madre tuvieron que volverse a Madrid con gran sentimiento pues dejaban en Roma, a la que hasta entonces había sido su inseparable hermana Pilar, ya casada con el escultor Ricardo Bellver. 


Retrato de Pilar Ferrant Fischermans por Ricardo Bellver. 
Colección Sanchez-Bellver Valdivieso

Una nueva visita a Roma 1878-1879

Un año después Alejandro y su madre volverán a Roma, aprovechando el viaje a la Exposición de París de 1878, para cuya visita Ferrant ganó por concurso la pensión que convocó el Ayuntamiento de Madrid. Terminada la visita a la Exposición, madre e hijo fueron a Roma a conocer a Luisín, el primer hijo de Pilar y Ricardo y allí pasaron unos meses.

De izq. a dcha.: María Fischermans, Alejandro Ferrant, Ricardo Bellver y Pilar Ferrant en Roma en 1879. En el centro su hijo Luisín que es sostenido por una niñera. 

De esa misma época son los retratos de la abuela María, realizados por Bellver y Ferrant que parecen haber sido captados al mismo tiempo desde distintos ángulos.

 
Dos retratos de María Fischermans "La Nona de Luisín" (sic) 5 abril/79 / A. Ferrant (comercio) y "Besos de tu abuelita" por Ricardo Bellver (A. Hernández. Tesis sobre Ricardo Bellver UCM -2012)

En agradecimiento por la pensión concedida, Ferrant envió al Ayuntamiento de Madrid una pintura que representa un Desfile ante el pabellón español en la Exposición de París que en la actualidad se encuentra expuesta en el Museo de Historia de Madrid.

Alejandro Ferrant. Un desfile ante el pabellón español de la Exposición de París de 1878

Ricardo Bellver y Pilar Ferrant tuvieron un segundo hijo, al que pusieron de nombre Alejandro, pero su madre no sobrevivió al parto. La fatalidad fue total para Bellver, que poco después de un año perdió también a su primer hijo Luis. (Parece que el nombre de Luis iba acompañado de mala suerte, ya que la familia pierde tres niños de ese nombre en distintos momentos: el hermano de Alejandro, el hijo de tres años de Cayetano y el de Bellver. De hecho Alejandro, a pesar del cariño que profesa a su tío Luis, no pone ese nombre a ninguno de sus hijos). En ese tiempo se encontraba en Roma pensionado por la Diputación de Granada Manuel Gómez-Moreno, gran amigo de Ferrant, y su mujer Adela se hizo cargo de la crianza del pequeño Alejandro el tiempo que duró su estancia en Roma. A su vuelta a España Bellver contraerá nuevas nupcias con la sevillana Luisa Barrio Aguinaco (1883), con la que tendrá  nueve hijos que dieron continuidad a la línea Bellver. Poco sabemos en cambio de este joven Alejandro Bellver Ferrant. En el testamento su padre nombra tutor al tío Alejandro.

Primer amor, primer fracaso...

En las memorias ya comentadas de Ángel Barcia también encontramos la historia del primer amor de Alejandro Ferrant:

         "En su juventud se enamoró de Ángela Botella, hermana de otro muchacho pintor, destinado después a la Academia de Cádiz. Ella era guapísima, arrogante figura, de carácter varonil y más resuelta de lo que era menester. Parecía corresponderle, pero al fin le hizo la mala partida y cambiando de objetivo tendió las redes y pescó a mi íntimo amigo Isidro Rosell con el que se casó. Alejandro, que la amaba con toda el alma, sufrió una grave enfermedad y aunque salió de ella, quedó sin la antigua alegría que solo reaparece en él de vez en cuando, como el sol en los países brumosos. En el fondo ama siempre a Ángela, la recuerda y a veces habla de ella conmigo, única persona con quien probablemente podrá hacerlo."

Todas las personas relacionadas con esta historia se movían en un estrecho círculo artístico-cultural. La familia de Ángela (1839) guardaba grandes similitudes con la de Ferrant: su padre era el pianista alcoyano Rafael Botella Serra, su hermano mayor Rafael (1837) era compañero de Ferrant en la escuela de pintura (podemos verlo retratado en la famosa foto de los hermanos Martinez antes mencionada, del curso 1857-1858), y el otro hermano Baldomero (1844), un año menor que Alejandro, estudió arquitectura.

Por su parte Isidoro Rosell (1845), el agraciado con el amor de Ángela, también se movía en el mismo ambiente. Su padre era el famoso archivero Cayetano Rosell que llegó a ser director de la Biblioteca Nacional (a quien recordamos por su presencia en el cuadro de Los Poetas de Esquivel, cogiendo un libro de la estantería). Isidoro era licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Central pero es conocido por su actividad como grabador. Precisamente recibió una medalla de tercera clase por sus grabados al aguafuerte presentados a la exposición de 1876, la misma en la que Ferrant ganó la primera medalla de Pintura de Historia por su obra San Sebastián hallado en la cloaca Máxima. Isidoro fue contratado como ayudante en la Sección de Estampas de la Biblioteca Nacional, puesto en el que le sucedería precisamente Ángel Barcia a su vuelta de Roma.

Detalle de los retratos de Ángela Botella (Procedente de la familia)
e Isidoro Rosell (Album Hartzenbusch, BNE)

Rafael Botella Coloma, pintor, hermano de Ángela y compañero de Ferrant. 
Otro detalle de la foto del grupo de alumnos de Madrazo y Ribera, vista anteriormente.
 Realizada por Martinez, hnos. 1858. BNE

Barcia hace comentarios en sus Memorias sobre este amor frustrado asegurando que Alejandro no olvida a pesar del paso del tiempo. En una ocasión comenta cómo Ferrant se suele fijar en una mujer que le recuerda a su amor perdido: ...a veces [mira] a una que suele pasar por la vía Sixtina y me dice: ¿No cree vd. que así por detrás recuerda mucho ésa a Ángela...? Amor loco, yo por vos y vos por otro..." (Domingo 10 de mayo de 1876).

Ángela era cuatro años mayor que Ferrant, diferencia que pudo influir en su elección ya que Isidoro Rosell era dos años mayor que ella. Cuenta Barcia que ella enviuda muy pronto pues su marido fallece a los 34 años y que intentó acercarse de nuevo a Ferrant,  pero éste la ignoró.

Matrimonio y familia

De nuevo Ángel Barcia, que mantendrá la relación con Ferrant a lo largo de su vida, comenta la fortuna de Ferrant para conocer a su esposa:

       "La Providencia lo favoreció como él no imaginaba. Encontró Alejandro su media naranja, tan buena, de tan excelentes cualidades, tan ad hoc para él como nunca pensó. Por casi treinta años ha disfrutado el amor, la paz, el bienestar del hogar cristiano." 

A decir de un discípulo de Ferrant, el pintor Ramón Pulido, "la providencia" no fue otra que su propia madre que le acompaña durante toda su vida y que al parecer antes de morir dejó elegida a la mujer con la que el pintor debía casarse. Así lo cuenta Pulido en un amplio y elogioso artículo publicado el 20 de Diciembre de 1914 en el diario El norte de Madrid:

               "....Hijo amantísimo, mientras vivió su madre tuvo para ella tan extraordinarias ternuras que nos edificaba a sus discípulos; hasta que falleció esta virtuosa señora no se quiso casar, y cuando lo hizo fue bastante tiempo después de esta desgracia, con doña Blanca Vázquez, distinguida discípula de Ferrant a quien había escogido la madre del artista como dignísima compañera de su hijo por sus extraordinarias cualidades morales". 

Efectivamente, en Julio de 1887 fallece María Fischermans, su madre,  dejando a Alejandro sumido en una gran desolación. En una carta que dirige al músico Jesús de Monasterio para agradecerle el pésame enviado, le dice: "...es tan grande, tan fuerte la impresión que produce en mi alma el ver que en veinte y seis horas y media, que fue el tiempo que mi pobrecita mamá tuvo la pulmonía fulminante, viéndola por momentos perder la vida, que solamente a fuerza de reflexiones y resignación me puedo consolar y no entregarme a la desesperación."

Un año después, habiendo cumplido ya los 45, Alejandro se casa con la mujer elegida por su madre, una discípula suya de 32 años, Blanca Vázquez López-Amor, de una notable familia de Betanzos. La  familia sigue viviendo  por un tiempo en la casa de la calle Aduana, pero la llegada de sus seis hijos probablemente les obliga a buscar una vivienda de mayor tamaño, por lo que se trasladan a la que será su nueva residencia en la calle Recoletos nº 5, siempre cerca de la parroquia de San José que había sido la habitual de la familia, en la que Alejandro fue bautizado.

La elección del lugar no podía ser más acertada, poco después Ferrant sería nombrado Director del Museo de Arte Moderno, ubicado entonces en el edificio de la Biblioteca Nacional, en el mismo Paseo de Recoletos desde donde volvía a casa dando un agradable paseo en el que a veces coincidía con su amigo Barcia. En el padrón de 1910 figuran viviendo en el nº 7 del mismo Paseo en lugar del 5. No sabemos si se mudaron o si pudo haber un cambio en la numeración de la calle.

Actual nº 5 del Paseo de Recoletos, único edificio de la zona que conserva su antigua estructura a pesar de haber sido recientemente restaurado. Sobre el número 5 de la puerta figura el año de 1883

Alejandro y Blanca tendrán tres hijas y tres hijos, casi todos artistas, las hijas, María y Blanca, se dedicarán a la música, la primera al piano y la segunda al violín, y de ellas leemos en la prensa de la época comentarios de elogio a su virtuosismo. Sabemos que la tercera, Carmen, muere joven pero desconocemos si habría seguido el mismo camino de la música que sus hermanas.


Árbol Familiar de Alejandro Ferrant (Realizado por Concha Cano)

De los chicos, el mayor, competirá en fama artística con su padre, llegando a ser el famoso escultor Ángel Ferrant. El segundo, Alejandro, arquitecto, fue, junto a su mentor y gran amigo de la familia, Manuel Gómez Moreno, el artífice de innumerables restauraciones arquitectónicas entre las que merece destacarse por su interés el traslado y restauración de la iglesia visigoda de San Pedro de la Nave para salvarla de la inundación por la construcción de un embalse; y la reconstrucción de la Cámara santa de la Catedral de Oviedo tras su voladura durante la Revolución de Octubre de 1934. El menor de los hijos, Antonio, se dedicará a la abogacía.

Velada musical en el domicilio de los Ferrant
A la izquierda, Blanca al violín María y al piano. En el centro Blanca Vázquez sentada, tras ella su hermana María que vivía con ellos y los hijos mayor y menor, Ángel y Antonio. Alejandro Ferrant a la derecha con su hija Carmen sentada en el brazo del sillón. 

Evolución profesional. La Dirección del Museo de Arte Moderno.

En 1880 la Academia de Bellas Artes de San Fernando le eligió Académico de número para la plaza que había ocupado Valentín Carderera. Ferrant toma posesión cinco años después y regala para la ocasión dos retratos para la colección de la Academia, que constituyen sendos homenajes a su tío Luis, de quien dice en su discurso "a quien, después de Dios, debo, con ser poco, cuanto soy y valgo"; y a su predecesor en el puesto, el mencionado Carderera. En su discurso Reflexiones sobre la pintura decorativa, hace un recorrido histórico sobre la pintura al fresco utilizada en la decoración de templos y edificios, resaltando su importancia y mostrando un amplio conocimiento del periodo renacentista italiano donde sitúa la cumbre de dicha modalidad artística.


Alejandro Ferrant. Retratos de Valentín Carderera y Luis Ferrant. 1880 RABASF

Es la época en que su actividad se concentra precisamente en participar en diversas decoraciones murales, como las del Palacio de Linares, el Ministerio de Fomento, la Iglesia de San Francisco el Grande, o el casino de Zaragoza,  por citar solo las principales.

A. Ferrant. Alegoría de las artes del Palacio de Fomento. Madrid 

A. Ferrant, Alegoría de la ciudad de Zaragoza. Palacio de Sástago

A pesar del cambio estilístico que se produce a finales de siglo, que supuso el paulatino abandono de la pintura de historia, Alejandro Ferrant consigue por segunda vez el máximo galardón en la Exposición Nacional de 1892 con la obra Cisneros, fundador del Hospital de Illescas que se puede ver en el santuario de Nuestra Señora de la Caridad de la localidad toledana.

Además de la pintura mural que realiza por encargo, la acuarela es su medio de expresión más habitual de esta época. Es una técnica que usará desde su estancia en Roma aunque generalmente para el ámbito familiar. Muchas de sus acuarelas fueron presentadas por sus hijos en la Exposición de Acuarelas de 1946 organizada por la Sociedad española de Amigos del Arte. Se trata de obras que se encuentran sobre todo en colecciones privadas y a menudo vemos alguna de ellas en el comercio. Algunos críticos del momento consideran que en acuarela era el mejor pintor del momento, después de Fortuny.
A. Ferrant,  Tocando el violín en el cenador y Paisaje del Escorial . Acuarelas 

En 1903 fue nombrado director del Museo de Arte Moderno. Mantiene además sus actividades como profesor, tanto en la Academia de San Fernando como en la Escuela de Artes y Oficios de la calle Marqués de Cubas.

Ya entrado el nuevo siglo todavía produce un cuadro de historia para el palacio del Senado, el Viático de Fernando III el Santo, finalizando la obra que le fue encargada por el Infante Sebastián Gabriel y que abandonó a causa de su muerte en 1875.

Alejandro Ferrant. La última comunión de San Fernando. 1914 Senado

Su terminación en 1914 la convierte en la última de las grandes obras del pintor y del género, en la que se puede estudiar su evolución y en la que nos parece adivinar su autorretrato en el personaje que se encuentra a la espalda del rey, apoyado en el respaldo de una silla.

Alejandro Ferrant. La última comunión de San Fernando. Detalle. 1914 Senado


La curiosa historia del Mozo de café.

A. Ferrant Fischermans. Mozo de café. MBA Santa Cruz de Tenerife

Siendo Alejandro Ferrant  director del Museo de Arte Moderno ocurre un hecho relacionado con el Museo de Bellas Artes de Tenerife, que resulta curioso. Cuentan los anales del museo tinerfeño, que desde 1900 era depositario de una serie de obras del Museo Nacional, que en 1903 Ferrant, recién nombrado director, propone al de Tenerife, Eduardo Tarquis, un trato que consistía en que a cambio de proceder a la devolución de uno de los cuadros del depósito inicial, recibirían una nueva remesa de obras.

Según las mismas fuentes, el cuadro a devolver era una obra de Luis Ferrant, tío y padrastro del director del Museo de Arte Moderno, y no hubo problema para llegar enseguida a un acuerdo, lo que supuso para el Museo de Tenerife la obtención de un segundo depósito de obras del museo nacional  premiadas en exposiciones nacionales, que incrementó la presencia de la pintura del XIX en la colección tinerfeña; obras como La Guerra de Manuel Villegas Brieva, el magnífico Retrato de Antonio Medrano de Ulpiano Checa; La venganza de Fulvia de Francisco Maura; Burlado y vencido de Saint Aubín y así hasta una docena de obras. Para rematar el trato y en agradecimiento por el acuerdo realizado, Alejandro Ferrant dona al museo una obra propia: El mozo de café, óleo sobre lienzo, 62 x 50,5 cm., interesante obra apenas conocida que se encuentra en la actualidad en el almacén visitable del museo.

Lo curioso de esta historia es que la presunta obra de Luis Ferrant que su sobrino deseaba retornar al Museo Nacional, en realidad se trataba de la pintura de historia del barcelonés Manuel Ferrán Bajona (1830–1896) titulada Felipe III de Francia, moribundo, bendice a sus hijos,  premiada con 3ª medalla en la Exposición Nacional de Pintura de 1862.

Manuel Ferrán Bajona. "Felipe III de Francia , moribundo, bendice a sus hijos". 1860 
MNP, en depósito en el Ayuntamiento de Alcalá de Henares.

¿Desconocía Alejandro Ferrant la verdadera autoría de esta obra?  La referencia recogida en el inventario del MAM no dejaba lugar a dudas sobre el título y el autor de esta pintura, por lo que cuesta creer que el director del museo incurriera en un error tan evidente. La única explicación plausible es que entre ambos pintores existiera realmente algún vínculo de parentesco (posibilidad que ya apuntaba Marta de la Fuente en sus Aportaciones documentales sobre una familia de artistas: Los Ferrant. Goya. 2001) y fuera a ese lazo familiar al que aludiera Alejandro Ferrant en el momento de solicitar la devolución de la obra. De ser así habría que incorporar una nueva rama de Ferrán, sin "t" a este árbol de los Ferrant, donde habría que incluir tanto a Manuel Ferrán Bajona como a su padre Antonio Ferrán Satayol.

En todo caso y pese al interés que ambos pudieran aportar a esta amplia familia artística, habría que esperar a obtener alguna prueba fehaciente de la existencia de tal relación. Hay que decir que la obra en cuestión apenas duró en el Museo de Arte Moderno pues poco después de la muerte de Ferrant fue de nuevo enviada, en calidad de depósito, al Ayuntamiento de Alcalá de Henares por R.O. de 25 de septiembre de 1919, donde continúa hasta hoy.

Concluyo con esta anécdota el recorrido por la vida personal y profesional de uno de los grandes pintores del siglo XIX, deseando que mi contribución a su estudio, aportando detalles de su vida no conocidos hasta ahora, sirva para consolidar su memoria y animar nuevos trabajos que completen una biografía que la Historia del Arte le adeuda.

Alejandro Ferrant.  La familia en el jardín. Tablita 17,3 x 28cm. H.1900
Fundación Rguez. Acosta, Instituto Gómez Moreno. Granada