La sexta entrega de la serie "Pintoras por tradición familiar" está dedicada a la italiana Orsola Maddalena Caccia a quien la tradición le llegó por doble vía, por parte de su padre, el pintor Guglielmo Caccia, y por de su madre, Laura Oliva que era hija del pintor Ambrogio Oliva.
Su padre, Guglielmo Caccia (1568-1625)
Conocido como "Il Moncalvo" por la localidad en la que pasó gran parte de su vida, es el principal pintor del Piamonte italiano de su época. Pertenecía a una familia de agricultores de la localidad de Montabone, cerca de Acqui. Desde muy joven mostró sus habilidades en pintura hasta el punto que sus padres Giovanni Battista y Margherita vendieron un castañar de su propiedad para poder pagar su aprendizaje al uso de la época, asistiendo al taller de un maestro, incluso viviendo en su casa; primero como aprendiz y más tarde como colaborador hasta convertirse en un maestro independiente. Aunque no existen documentos que nos informen con certeza sobre los inicios de su carrera artística, es probable que diera sus primeros pasos en el taller del pintor de Casale Monferrato, Ambrogio Oliva, no solo por el estilo común de sus primeras obras sino también por el hecho de que a los veintiún años (1589) se casara con la hija de este, Laura Oliva.

De los nueve hijos del matrimonio Caccia-Oliva, seis fueron niñas, todas se dedicaron a la vida religiosa y dos de ellas además fueron pintoras: Anna Guglielma, que al entrar en el convento cambió su nombre por el de Francesca, de la que apenas se reconocen obras quizás a causa de su prematura muerte; y Theodora, que cambió el suyo por el de Orsola Maddalena, de la que tenemos más noticias.
Orsola aprende el arte de la pintura trabajando en el taller de su padre desde los quince a los veinticuatro años (1611-1620). Con él aprendió a preparar lienzos, a mezclar pigmentos y a realizar los detalles decorativos y las figuras secundarias en sus obras. Pero es la única de las hermanas que además aprendió a leer y escribir, lo que era menos habitual en la formación de mujeres, y ello le permitirá relacionarse a traves de cartas con personas influyentes para obtener permisos y encargos y más tarde ser la abadesa de su convento entre 1627 y 1652.
En 1620 Orsola ingresó en el convento de las ursulinas de Bianzè, en el que ya habían profesado cuatro de sus hermanas y poco después de ella entró la última. Transcurrido un tiempo, su padre considerando que Bianzè era una localidad peligrosa por ser cruce de caminos entre las tierras de Mantua, el Monferrato y Saboya solicitó permiso al obispo de Casale Monferrato, Scipione Agnelli, para fundar un nuevo convento de monjas ursulinas en la localidad de Moncalvo para lo cual aportó su dinero y su propia casa a donde se trasladaron sus hijas en 1625.
La idea de fomentar la creación de congregaciones femeninas dedicadas a Santa Úrsula, siguiendo el modelo fundado por Angela Merici, había sido promovida por Carlo Borromeo en Milán modificando la regla existente y autorizando la actividad en los conventos de Ursulinas que, con el tiempo, se transformaron en colegios. El buen funcionamiento en Milán llevó a la fundación de otros nuevos en muchos lugares de Lombardía y Emilia Romagna, que se vieron favorecidos por el impulso que supuso para los movimientos religiosos femeninos el Concilio de Trento. De ese modo las jóvenes que no querían casarse podían realizar a través de este tipo de organizaciones servicios a la iglesia y a la sociedad sin necesidad de tener que optar por una vida en clausura.
Se conoce por el testamento del padre (1625) que Orsola Maddalena y Francesca habrían sido usufructuarias de los pequeños cuadros y dibujos de su padre, siendo materiales utilizados como modelos por Orsola hasta mucho tiempo después de la muerte de su padre. Para ayudar a mantener el convento Guglielmo Caccia había organizado un taller de pintura en él y contratado personal de apoyo para poder llevarlo a cabo. La actividad artística era dirigida por Orsola que tuvo que solicitar permiso a Cristina de Francia, en ese tiempo regente de Saboya, para poder realizar trabajos remunerados que les permitieran poder mantenerse ya que el convento carecía de recursos de otro tipo. La hermana Orsola no solo realizaba las pinturas sino que también formaba a las novicias que colaboraban en su realización, especializándose en la pintura de bodegones aunque también realizaban por encargo pintura de carácter religioso para iglesias e instituciones.
En sus primeras obras personales se ve claramente la influencia paterna, pero además el hecho de que ella concluyera las pinturas inacabadas de su padre supuso por mucho tiempo confusión a la hora de distinguir las obras de una y otro. Gracias a la formación técnica recibida y a su propia experiencia Orsola adquiere con el tiempo la libertad de elegir sus temas de carácter religioso independizándose de los modelos paternos.
En su obra percibimos la influencia del gran pintor piamontino Gaudenzio Ferrari (Vercelli, c.1475 -Milán d.1546), en especial en el uso para sus fondos de colores frios y oscuros, especialmente azules. Su obra alcanza una amplia difusión y se reparte por iglesias y residencias nobles de la zona, llegando incluso a la corte de Saboya. Gozó del patrocinio y la amistad de Margarita de Saboya, así como de otros miembros de la corte saboyana, tal como recogen diversos testimonios recogidos en su correspondencia de 1643.
A pesar de la fama adquirida en su tiempo y de haber realizado más de un centenar de obras, el nombre de Orsola Caccia quedó durante mucho tiempo en el olvido hasta que alguna de sus obras se presentó en la exposición de bodegones italianos realizada en Nápoles en 1964. (G. Romano, Nature morte in Piemonte, 1964). A partir de ese momento se incrementaron los estudios y las investigaciones que han puesto de manifiesto la importancia del trabajo de Orsola Caccia a quien hoy se reconoce y se distingue por la calidad y amplitud de su obra y por su labor didáctica en el taller conventual. Entre las discípulas acogidas en el convento sobresalen las también hermanas Laura y Angélica Bottero, dos pintoras alemanas que realizan algunas obras de gran belleza.
Orsola sobrevivió a todas sus hermanas y no dejó de pintar hasta su muerte, en el convento de Moncalvo, el 26 de julio de 1676 a los 80 años.
Especialidad de la pintora fueron las naturalezas muertas, hasta el punto de que hoy se la considera introductora de este género en el Piamonte. Flores, frutos y a veces pequeños animales como pájaros, caracoles o algún insecto, constituyen una presencia casi constante en sus obras. El Museo cívico de Moncalvo (antiguo convento de las ursulinas), conserva tres bodegones de flores inspirados en grabados nórdicos que solían estar destinados a decorar las paredes de la institución. Se trata de composiciones de flores y frutos en las que se une el interés por la botánica con el orden y la verticalidad y con fondos azules que evocan la espiritualidad de la vida conventual.




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