jueves, 5 de noviembre de 2020

LA INAUGURACIÓN DE LA EXPOSICIÓN FILIPINA EN MADRID - 1887

Las Exposiciones, libro abierto donde se lee el estado de los pueblos, son como la esfera de un reloj que marca el grado de adelanto, de atraso, ó de estacionamiento que tiene la máquina, sin necesidad de mirarle por dentro. Son, con toda su abundancia, la demostración de la carencia; José Emilio de Santos. 1873

Francisco Javier Amérigo Aparici. Detalle del boceto de 
"Indígenas ante la reina regente en la Exposición General de las Islas Filipinas", 1887

La inauguración de la Exposición de Filipinas en Madrid el 30 de junio de 1887 fue un acontecimiento ampliamente seguido en las crónicas de la prensa nacional. La Ilustración Española y Americana (8/7/1887) y La Ilustración (10/7/1887) ofrecían no solo el relato del evento sino su imagen a través de las ilustraciones de sus correspondientes dibujantes colaboradores. La imagen más precisa e interesante es la que dibuja Juan Comba en la primera. 

Ambas revistas realizan un extenso relato con los pormenores del evento "que se verificó en el pabellón de hierro y cristal destinado al acto solemne de la inauguración de la primera de las exposiciones de productos filipinos que se celebra en Madrid." 

Juan Comba. Ceremonia de Apertura de la Exposición de Filipinas en el pabellón de cristal de El Retiro, en la tarde del 30 de junio de 1887. "Dibujo tomado del natural", aparecido en la Ilustración Española y Americana el 8 de julio de 1887.

        "La Exposición de Filipinas debida á la iniciativa de D. Alfonso XII y á los esfuerzos y constancia del ministro de Ultramar D. Víctor Balaguer, se inauguró con toda solemnidad á las 6 de la tarde del 30 de junio último, por Su Majestad la Reina Regente .../... En el sitial preparado al efecto en el centro del pabellón de hierro y cristal, de estilo moderno inspirado en el gusto griego, se hallaba instalado el trono, que se destacaba sobre el rico tapiz de Palacio "La muerte de Absalón" y entre dos hermosísimos ejemplares de palmeras murcianas y tapices chinos. El pavimento estaba cubierto con rica alfombra, cuyos contornos orlaban macetones con pinos reales, palmeras, fúchias, (sic) nicaraguas (sic) y otras diversas plantas." 

La presencia como telón de fondo del tapiz que representa la terrible muerte de Absalón, corresponde a la obra realizada en 1817 en la Real Fábrica de Tapices de Madrid, perteneciente a Patrimonio Nacional que es perfectamente visible en la ilustración de Comba  y en el boceto de la obra.

Tapiz. La Muerte de Absalón. Patrimonio Nacional en depósito en el 
Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional-CESEDEN
Detalle del  Boceto de Francisco Javier Amérigo Aparici de la
Inauguración de la Exposición de Filipinas. 1887

   "Pocos minutos antes de la hora prefijada para la ceremonia llegaron al pabellón los filipinos igorrotes, los carolinos, los joloanos, toda la colonia oceánica con sus trajes, armas, coronas de plumas y turbantes exóticos de formas extrañas y brillantes colores, situándose a la entrada, en dos filas laterales: al frente de la derecha estaba el inteligente Ismael [Alzate], vestido de levita negra y luciendo en el pecho tres condecoraciones y seguían los moros de Joló y de Mindanao, los igorrotes, el carolino y el negrito; en el de la izquierda se hallaban los obreros indios y mestizos, las tejedoras y las tabacaleras, todas vestidas con sus trajes indígenas, ricos y pintorescos."

Detalle del grupo de Filipinos con su guía-traductor Ismael Alzate

      "Poco después llegó S.M. la Reina Regente que vestía sencillo traje negro, acompañada de S.A. la infanta Dª Isabel vestida de elegantísimo traje azul celeste." La reina, viuda desde hacía dos años, mantenía su luto, mientras su cuñada, la popular Isabel de Borbón, conocida como "la chata", de 36 años, iba vestida de azul claro.

S.M. la Reina Regente Mª Cristina, de negro y  S.A. la infanta Isabel de Borbón (La Chata), de azul.
Detalle del boceto de Francisco Javier Amérigo Aparici "Indígenas ante la reina regente en la Exposición General de las Islas Filipinas", 1887.

      "El Sr. Ministro de Ultramar, D. Víctor Balaguer, pronunció el discurso de bienvenida y apertura de la Exposición de Filipinas, la primera que se celebra en España," añadiendo para terminar: "y declaro igualmente inaugurado este pabellón que servirá en lo futuro de Museo Ultramarino permanente. Los indios desfilaron entonces ante la reina, haciendo una ceremoniosa reverencia." 

Con esta descripción reflejaba la prensa del momento el gran acto de inauguración de la Exposición de las Isas Filipinas en Madrid. La necesidad de inmortalizar el momento, más alla de las imágenes publicadas, llevó al promotor y factótum de la misma, el Ministro de Ultramar, Victor Balaguer, a encargar al conocido pintor Francisco Javier Amérigo Aparici, que acababa de obtener una medalla de 1ª clase por su obra Del saqueo de Roma en la Exposición Nacional de Bellas Artes, la realización de una gran pintura que inmortalizara el evento. (AHN Ultramar, 5289 Exp.15).

El presupuesto para la realización de la pintura que debía reproducir "la presentación a S.M. de los Indígenas Filipinos en el acto solemne de la apertura de la Exposición general de las Yslas Filipinas" con destino al Museo de Ultramar, quedó establecido en "diez y seis mil quinientas pesetas" a las que habría que sumar los quinientos pesos en que se tasa la realización del marco. Para la concreción de los detalles, el pintor pone por escrito las indicaciones verbales recibidas del ministro en una carta que remite al ministro el 12 de agosto de 1887. Sobre las dimensiones del lienzo indica "que cuando menos tengan el ancho del de la Rendición de Granada del Sr. Pradilla".

El ministro muestra gran interés en la evolución del proyecto tal como podemos leer en La Correspondencia de España del 23 agosto: "El ministro de Ultramar, Sr. Balaguer, acompañado del jefe de su gabinete particular Sr. Pujol y Camps, ha visitado ayer el estudio del pintor Sr. Amérigo para conocer por sí mismo los tres bocetos que éste ha hecho con destino al gran cuadro que le ha sido encomendado por orden de S.M. la reina regente, para perpetuar en él el acto solemnísimo de apertura de la exposición general de Filipinas. El ilustrado visitante, que los ha contemplado largo rato, no ha querido inclinarse por ninguno con detrimento y abandono do las bellezas de los otros, por lo cual el Sr. Amérigo ha prometido hacer un cuarto estudio, recopilando en él lo más sobresaliente de los otros y trasladarlo luego, desarrollado en gran escala, al cuadro final." 

El resultado de la visita al pintor fue la donación de uno de los bocetos al ministro Balaguer para el Museo que había abierto dos años antes en Vilanova i la Geltrú. En el que figura la dedicatoria del pintor en la esquina inferior izquierda. 
Francisco Javier Amérigo i Aparici. Boceto de la obra "Indígenas ante la reina regente en la Exposición General de las Islas Filipinas", 1887. M.B.Victor Balaguer. Vilanova i la Geltrú

Hasta ahora no sabíamos el destino de los otros bocetos hasta que en la exposición “Filipinos in the Gilded Age” celebrada en la León Gallery de Manila se mostró al público otro de los bocetos realizados adquirido en Europa por un coleccionista filipino. El expositor presentaba la obra como Pièce de résistance: pintura del siglo XIX de un artista desconocido, de la controvertida Exposición Filipina de 1887 en Madrid.  No cabe duda que el autor de la obra, al que consideran desconocido, es el propio Amérigo y que este es uno de tres los bocetos preparatorios que realizó y que presenta ligeras variaciones respecto al de Vilanova pero un estilo y una factura idénticos.

Francisco Javier Amérigo i Aparici. Boceto de la obra "Indígenas ante la reina regente en la Exposición General de las Islas Filipinas", Madrid, 1887. Leon Gallery 2016. Manila

La pintura original

El documento que formaliza la entrega definitiva de la obra tiene fecha de 18 de diciembre de 1889. Diversos diarios publican el 9 de enero de 1890 que la pintura por fin ha sido expuesta en el Museo Biblioteca de Ultramar donde estará hasta 1908; ese año se decide la supresión del Museo y en consecuencia se lleva a cabo un proceso de reparto de sus colecciones entre diversas instituciones museísticas madrileñas. 

La obra de Amérigo, junto con la mayor parte de las pinturas pasan a depender del Museo de Arte Moderno. Allí estuvo la obra colgada hasta 1930 año en que, gracias a la generosa política de depósitos que realizó Sánchez Cantón para su tierra, fue enviado al Ayuntamiento de O Porriño (Pontevedra) por Real Orden de 16 de Enero de dicho año. Un incendio en el edificio del ayuntamiento en 1976, acabó con dos de las doce obras allí depositadas, por desgracia una de ellas era la de Amérigo. (En 2007 se produjo el levantamiento definitivo del resto de las obras allí conservadas).

Imagen de la sala en la que se exponía la obra "Indígenas ante la reina regente en la Exposición General de las Islas Filipinas", Madrid, 1887, en el Museo de Arte Moderno (IPCE)

Como puede observarse la obra original tenía más coincidencias con el boceto de Filipinas que con el de Vilanova. Se trataba de una obra de gran tamaño (4,10 x 6,40 mts.) superando ligeramente las del cuadro de Pradilla mencionado y, de acuerdo con el encargo realizado, según La Correspondencia de España del 23.8.1987: "Las dimensiones de este lienzo serán bastantes á contener en él, como figura principal, á la reina doña María Cristina, de tamaño natural, colocada en pie; su regia servidumbre, el ministro de Ultramar y el elemento oficial; multitud de espectadores: la colonia filipina toda (puesto que el momento elegido es el de la presentación de los filipinos á la augusta señora); algunas palmeras en bastante desarrollo, y muchas flores y otros detalles".

Sobre la vida y obras del pintor Francisco Javier Amérigo y sus familiares, Ramón Amérigo, pintor - grabador y Federico Amérigo, pintor y escenógrafo ver: EL PINTOR FRANCISCO AMÉRIGO Y FAMILIA

martes, 20 de octubre de 2020

INVITADAS - SEGUNDAS IMPRESIONES

Continuación de las Primeras Impresiones  de la Exposición INVITADAS. 

La Miniatura y el Bodegón  ¿Especialidades femeninas?

Una pequeña pero interesante sección se dedica a las pintoras miniaturistas. El Prado conserva obras de cuatro de ellas, habitualmente guardadas en el almacén, de las que tres están en la exposición. Dos son francesas, la desconocida Marguerite Benoit con Mujer joven en un río y Sophie Lienard,  procedente de una familia de pintores miniaturistas, con dos retratos de damas nobles. 

La más interesante, la española Teresa Nicolau Parodi, se formó en pintura al óleo con el valenciano Vicente López, pasando posteriormente a la miniatura. Entre ellos se estableció una gran amistad que los llevó a retratarse entre sí, hacia 1844, siguiendo la costumbre de intercambiar retratos con sus maestros que estableció la gran ausente de esta exposición, Sofonisba Anguissola. Lástima que la miniatura realizada por la pintora haya perdido parte del pigmento que daba color al rostro de López, que aparece ahora azulado y con un aspecto fantasmal.

Nº 98 Vicente López Portaña, Retrato de Teresa Nicolau (det.) h.1844 MNP 
depositado en el MN del Romanticismo
Nº 99 Teresa Nicolau. Retrato de Vicente López Portaña, Museo Lázaro Galdiano

Teresa alcanzó en su tiempo una gran consideración llegando a ser académica de honor y mérito por la Academia de Bellas Artes de San Fernando y por la de San Carlos de Valencia. Casada con el polifacético cirujano-dentista Antonio Rotondo, sus dos hijos, Emilio y Adriano, fueron famosos en el campo de la arqueología. De ella se presenta además su obra más conocida, una copia en miniatura del Cristo con la cruz a cuestas de Sebastiano del Piombo, por la que el Museo pagó en su momento 500 pesetas. 

La exposición ofrece también la posibilidad de contemplar la obra de Adriana Rostán de la que se expone una hermosa copia de la Sagrada Familia del Cordero de Rafael, procedente del Palacio de la Granja de San Ildefonso (PN). 

Junto a las pintoras de miniaturas la muestra trae una amplia representación de pintura de flores y bodegones realizada por mujeres que, según explica la especialista Mª Cruz de Carlos, ha sido “a lo largo de los siglos una especialidad femenina”, por lo que “la exposición presenta un notable conjunto de obras florales… que demuestra la pervivencia de esta línea temática asociada a las mujeres” (Cat. p.320). 

Si damos por buena esta afirmación, no tenemos más remedio que preguntarnos ¿Y por qué ninguna de las obras que aquí se muestran están colgadas de forma permanente en el Museo? 

Nº 92 Fernanda Frances  Jarrón de lilas (Det.) MNP - P06352  
En depósito, Ministerio Política Territorial

A pesar de no tratarse de una especialidad masculina, al parecer se prefieren colgar flores y bodegones realizados por pintores. El Museo expone en sus salas la sorprendente cifra de treinta y tres reiterativos bodegones de un mismo pinto, Luis Egidio Menéndez, lo que supone cerca de un tercio de todas las pinturas dedicadas a este género en el Museo. 

La excepción que confirma la regla la constituye Clara Peeters (ausente en esta muestra) de quien hasta hace poco tiempo, en ese mar de bodegones masculinos, colgaba una única de las cuatro obras que el Museo posee de la pintora, puesta a doble altura sin que apenas pudiera verse, por lo que no es de extrañar que pasara desapercibida como dice Estrella de Diego, aunque ella parece considerar que se trataba de “una espléndida representación” (Catálogo, p.25). Afortunadamente la Exposición dedicada a la pintora en 2017 y la posterior inclusión de sus cuatro bodegones en las nuevas salas de pintura flamenca y holandesa han venido a situarla en el lugar que le corresponde.

Para ilustrar esa idea de las raíces femeninas de la pintura de flores y bodegones, se presentan magníficas obras de pintoras del XIX, todas destacables y todas depositadas en instituciones ajenas al Museo: Mª Luisa de la Riva, Emilia Menassade, Fernanda Francés, Julia Alcayde y Joaquina Serrano, a ellas se han añadido dos obras de pintoras de flores del siglo XVII, la italiana Caffi y la flamenca Ykens, quizás por ser buenas candidatas a ser expuestas de forma permanente al finalizar la muestra actual.

La gran Rosa Bonheur

La colosal Cabeza de león de la pintora Rosa Bonheur ocupa un lugar privilegiado en la muestra. Avalada por su reciente presencia como obra permanente del Museo, se ha decidido incorporarla a la exposición actual, a diferencia de su compañera en salir del almacén, Angelica Kauffmann, que no ha tenido la misma suerte. 

Poco se puede decir sobre la vida y obra de esta pintora que no haya sido contado por sus biógrafas y por multitud de especialistas, aunque cabe señalar que, al menos en el contexto artístico español, la información que ha proliferado en los últimos tiempos sobre esta gran pintora no se debe a sus indudables cualidades artísticas, pues como dice Estrella de Diego ahora es "tal vez más conocida por su homosexualidad que por sus cuadros" (Catálogo, p.38). 

Sin ánimo de entrar en consideraciones ajenas a la pintura defiendo el respeto a la voluntad expresada por la artista en múltiples ocasiones. Si hay algo que se trasluce de las diferentes biografías de personas que la conocieron, es que ella era una mujer libre y de gran personalidad, que puso un gran empeño en defender sus relaciones de amistad íntima como "un afecto divino", y que ante los comentarios, decía y hoy seguiría diciendo: "Nunca me ha preocupado lo que digan los tontos".

En cuanto a su obra, conviene recordar que con motivo de su recuperación expositiva, primero temporal y luego permanente, el museo, a instancias del actual comisario,  decidió cambiar su título "Cabeza de León", con el que figura en toda la documentación conservada en el archivo del Museo sobre su entrada en la institución, por el de El Cid. Para ello se basó en una única mención aparecida en un periódico (La Época, 19.9.1879) dando preferencia a una interpretación anónima de una fuente secundaria antes que  las múltiples evidencias documentales del Archivo. 

Profundizando un poco más en su biografía y en su catálogo de obras, constataremos que originalmente la autora lo denominó "Un jeune Prince" (Un joven príncipe), por contraposición a otra obra pintada por ella el mismo año titulada "Un vieux monarche"  (Un viejo monarca). 

Rosa Bonheur. Un jeune prince (tête de lion) MNP y 
Un vieux monarque (tête de lion), Colección Vanderbilt. 1879

Referencias del catálogo de obras que figura en la Biografía de Anna Klumpke. Pag. 426 

Finalmente se ha decidido aplicar ese mismo título 'hispanizado' al grabado de reproducción de Gilbert que se muestra en la actual Exposición, en cuya base aparece la leyenda "Estudio de león". A pesar de ello en la cartela de la obra figura con el título "El Cid", y lo más sorprendente, se dice que la estampa fue retocada por la pintora, obviando las fuentes documentales que señalan que fue firmada por esta solo con objeto de aumentar su valor, y sin pedir ninguna contrapartida económica a cambio.

Es evidente que estamos ante una obra de características muy mediáticas, en la que confluyen una serie de circunstancias que se prestan a interpretaciones diversas y a juicios de valor contradictorios, pero ello no debe ser impedimento para aplicar el mayor rigor en la obtención e interpretación de los datos. 


La "vocación" de Aurelia Navarro

Una magnífica obra de Aurelia Navarro Moreno (1882-1968), Desnudo de mujer, inspirada en la Venus del espejo de Velázquez, se presenta en la muestra para ilustrar el argumento de las dificultades que encontraban las mujeres, ya en el siglo XX, para desarrollar su carrera artística sobre todo si, como dice la especialista Dolores Jiménez-Blanco, se atrevían a tocar un tema tabú, como podía ser el desnudo.

Aurelia era una pintora granadina procedente de una familia ilustrada y acomodada que recibió una buena formación artística y pictórica de los mejores maestros que podía encontrar en su tierra, José Larrocha y Tomás Muñoz Lucena. Con una pensión de la Diputación de Granada a cuyos fondos artísticos pertenece la obra presentada en la exposición, marchó a Madrid para completar su formación. A los 22 años consigue su primera mención honorífica y su carrera fue evolucionando jalonada de reconocimientos hasta llegar a la exposición de 1908 en la que presenta su Desnudo de mujer logrando en esta ocasión una tercera medalla que muchos consideraron insuficiente para la calidad de la obra.

Nº 119 Aurelia Navarro. Desnudo femenino. 1908 Diputación de Granada

Sin embargo, algo parecía estar cambiando en la vida de Aurelia, que ese mismo año, ya de vuelta en Granada realiza una gran pintura para el santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. A partir de 1910 sigue participando en diversas exposiciones con obras que van evidenciando un nuevo rumbo en su pintura. En 1914 presenta una obra titulada La oración y en 1916 una titulada Éxtasis. La vida y el pensamiento de la pintora están cambiando y en las diferentes biografías e informaciones que he ido consultando no he podido encontrar la fuente que demuestre que su voluntad hubiera sido forzada para que, quince años más tarde, cumplidos ya los 40 y en plena madurez vital, tomara la decisión de seguir una nueva vocación, ingresando en la orden religiosa de las Adoratrices.

La congregación, fue creada por Mª Micaela Desmaisières y López de Dicastillo (canonizada en 1934) que desde 1845 utilizaba todos los medios a su alcance para dar acogida en una casa de Madrid a mujeres de la calle que necesitaban ayuda. Su obra fue creciendo con nuevas casas de acogida hasta 1865 año en que Mª Micaela fallece a causa de la epidemia de malaria en Valencia a donde se había desplazado a prestar auxilio a las víctimas. Muchas mujeres de la época vieron un ejemplo en ella, siguieron sus pasos y colaboraron en esa obra que ha perdurado hasta hoy.  Las Adoratrices actualmente realizan una Obra Social que se ocupa de las mujeres en situación de exclusión en contextos de prostitución, de víctimas del delito de explotación sexual y de trata de seres humanos con el mismo fin. Desarrollan recursos de apoyo integral para la recuperación física, psicológica, emocional y social, para que cada mujer pueda recuperar su autonomía y la capacidad de decidir sobre su propia vida. 

Lejos de considerar "trágica" la decisión de la pintora, como argumentan tantas voces algo novelescas de las que se hace eco esta Exposición, considero ejemplar el valor de esta mujer y su generosa dedicación a una causa humanitaria que ni entonces ni ahora cuenta con el suficiente apoyo de las instituciones públicas. El hecho de que se trate de una obra religiosa (que hoy podría haber sido una ONG) no justifica tantos juicios de valor que nos la presentan como enterrada en vida, comparándola con ejemplos, esos sí desgraciados, de mujeres artistas que fueron encerradas en manicomios por motivos poco claros. En el caso de Aurelia Navarro se perdió quizás, una excelente pintora, pero se ganó una gran activista en favor de las mujeres peor tratadas por la sociedad.

Las escultoras
Nº109 Adela Ginés. Canto de victoria, 1892 Col. particular

A pesar del bien documentado artículo dedicado a la escultura por Leticia Azcue en el Catálogo, solamente  se ha conseguido traer a la muestra dos esculturas realizadas por mujeres y para ello se ha recurrido a colecciones externas al museo. Al igual que en el caso de los hombres, la proporción de mujeres que se dedica a la escultura es muy pequeña. Según un artículo de Isabel Rodrigo Villena citado en el Catálogo, entre 1900 y 1936 solo se presentan veintiocho escultoras a exposiciones, frente a las más de quinientas cincuenta pintoras. 

Es especialmente de agradecer la presencia de la obra Canto de Victoria,  procedente de una colección particular, de la madrileña Adela Ginés, pintora, escultora y maestra de muchas artistas de la época que hasta el momento no ha tenido el estudio que se merece.

Echamos de menos, sin embargo, a la danesa, nacionalizada española Eva Aggerholm (1879 – 1959) escultora vanguardista cuyas obras han pasado del Museo Reina Sofía al Museo del Prado en el proceso de redistribución de obras entre ambos museos. Se trata de la adscripción de varias obras de esta artista de quien se ha reconocido la influenciaejerció en la pintura de su marido Daniel Vázquez Díaz. Sorprende que disponiendo de una amplia representación de obras de la escultora, el Museo no haya podido traer alguna a la exposición en lugar de la poco acertada Las tentaciones de San Antonio de Borrás.

Concepción Figuera Martinez y Güertero. 
Una pintora bajo el seudónimo "Larmig" 

Figura en la Muestra la única obra que posee el Museo de la pintora Concepción Figuera, titulada Estudio del natural, depositada en el Teatro Real de Madrid. La razón de su presencia es que aparece firmada bajo seudónimo, que no es personal sino que está tomado del que utilizaba su tío, Luis Martínez Güertero, político moderado, escritor y poeta, que se suicidó en 1874. 
Concepción Figuera "Larmig", Estudio del natural, 1887 
P06318,  MNP Depositado en el Teatro Real de Madrid

No se conocen las razones que llevaron a la pintora a utilizar tal seudónimo, si tuvieron que ver con un homenaje a su tío o con un intento de ocultar su verdadero nombre. El Museo se decanta por esta segunda intención. Sin embargo, por las referencias que leemos en las publicaciones de la época nadie ignoraba la verdadera naturaleza de la pintora. Así, en sucesivas obras y exposiciones mantuvo el seudónimo aunque a veces acompañado de su propio nombre. 

La Correspondencia de España, 27 abril 1897

La obra "Estudio del natural" tuvo un discreto reconocimiento en la exposición de 1887: una consideración de 3ª medalla y más de diez años después, en 1898 la pintura fue adquirida por 1.250 pesetas para el Museo de Arte Moderno.

Para terminar estas segundas impresiones dejo una imagen de una de las obras que creo más interesante. Se trata de una obra de Flora López Castrillo,  que a pesar de figurar en el catálogo de la exposición como "paisajista y marinista", considero que es la única representante que tiene el Museo del simbolismo modernista de comienzos del S.XX.  

La obra que figura actualmente como Marina, aparecía con el título de Galatea en la exposición de 1912, mucho más acorde con la temática que representa. Según Muñoz Degrain, su compañero, su fuente de inspiración es una oda del poeta valenciano del siglo XVI Gaspar Gil Polo titulada Galatea, que es la ninfa que aparece en la orilla del mar junto a su joven enamorado Licio.

Flora Lopez Castrillo. Galatea. 1912. MNP En depósito en la Facultad de Derecho UCM  

martes, 13 de octubre de 2020

INVITADAS - PRIMERAS IMPRESIONES

Por fin llegó la tan esperada exposición que iba a conseguir aflorar la pintura de mujeres que el Museo del Prado mantenía guardada en sus almacenes o dispersa en instituciones no siempre accesibles para su visita. Si ese era el objetivo, solo en parte parece haberse cumplido. 

Cuarenta y seis obras de pintura o escultura realizadas por mujeres se presentan a la Exposición, algo más de un tercio del conjunto de obras expuestas. De ellas el Museo ha sacado de sus fondos o de sus depósitos veintidós obras; otras doce proceden de Patrimonio Nacional, hecho que supone una doble alegría, primero por la dificultad de acceso a sus colecciones y segundo porque parecen haber sanado las viejas heridas a cuenta de la titularidad de ciertas obras en el pasado reciente; el resto de las obras proviene de colecciones diversas y solamente una ha sido prestada por el Museo hermano Reina Sofía. 

 
Nº 129 Marina - det. (1912) Flora López Castrillo 
MNP (Habitualmente depositada en la Facultad de Derecho de la UCM)

Son de agradecer los medios que el Museo ha puesto a disposición del público, en especial la completa información que ofrece en su página web con imágenes y amplias explicaciones además de su interesante presentación, en estos tiempos de aislamiento. El contenido de esta exposición ofrece luces y sombras cuya primera impresión quisiera compartir, pues cualquier persona que conozca la línea de este blog comprenderá el interés que me suscita la materia. 

EL TÍTULO COMO CONTEXTO DE LA EXPOSICIÓN

“INVITADAS. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931)”

El largo título aplicado a la muestra refleja claramente que no estamos ante una exposición sino ante varias. El Museo ha vuelto a hacer lo que ya resultó criticable en la Exposición de Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana.  Si entonces se consideró insuficiente el discurso de una única pintora y se propuso una exposición doble, ahora ocurre lo mismo aunque a otra escala. En INVITADAS se ha decidido que todo un grupo de mujeres artistas que, a pesar de las dificultades, consiguió abrirse un camino en el complicado y cambiante mundo del Arte de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, vayan acompañadas por sus compañeros varones con la excusa de ofrecer el contexto necesario para poder reflexionar sobre sus creaciones.

Si analizamos el contenido de las diferentes secciones, solo siete de ellas se ocupan de las mujeres como sujetos, es decir como artistas, quedando las once secciones restantes dedicadas al tratamiento tradicional de la mujer como objeto del arte, con una especial presencia de obras que nos muestran "mujeres solteras ó casadas que han menester perdón de padres ó maridos, desahucios, locos, trabajadores heridos y, en fin, todo linaje de calamidades é infortunios hechos con más ó menos dominio de la paleta, pero en general, faltos de sincera emoción, exagerados, en los cuales aparecen siempre el suceso y la situación no en el momento y con los caracteres que pueden ser más bellos y artísticos, sino buscando el modo de que impresionen desagradablemente". Hace 125 años Jacinto Octavio Picón describía de este modo las pinturas de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1895, que sigue siendo válido para muchas de las obras que se exponen en INVITADAS.

No es que considere que ese aspecto socio-moralizante carezca de interés y que probablemente mereciera un análisis y un espacio más amplio, pero aquí se ha convertido en el auténtico protagonista de la Exposición, restando importancia a la específica realización de mujeres artistas de la época. He hecho una pequeña encuesta (nada científica) de las primeras dieciséis entradas de internet que desde distintos ámbitos informaban de la inauguración de la muestra y he podido contabilizar unas 80 imágenes de las obras presentadas. De ellas únicamente 10 corresponden a pinturas realizadas por mujeres. En cuanto a las 70 restantes, como era de esperar, sobresalen por su frecuencia las obras Crisálida, El sátiro, Falenas, La rebelde y La bestia humana, todas ellas indicadoras de hacia dónde se ha dirigido el interés de los medios y por ende la visibilidad pública.

Siguiendo con las cifras, vemos que se expone una veintena de obras con escenas de costumbres protagonizadas por mujeres en situación de precariedad, otras seis, en las que se representa a la mujer como pintora queriéndose ver -con ojos de hoy- chanza y burla donde hay simple coquetería, y siete en las que se las presenta desnudas. Entre estas últimas dos adolescentes del pintor Pedro Sáenz, algo perturbadoras, sensación que se convierte en bochorno al saber que una de ellas ha estado hasta ahora depositada en Sevilla en el Cuartel General de la Fuerza Terrestre del Ejército del Aire, anomalía que esperemos se corrija a partir de esta exposición.

Dentro de ese enfoque, que no deja de repetir el modelo tradicional de tratamiento de la mujer en el mundo del arte -que ocupa más de la mitad de la exposición- quizás lo más contraproducente sea la pretendida intención de mostrar los sesgos machistas de una época pasada, lo que se traduce en una reproducción de los mismos, quizás a distinta escala y bajo una capa de nueva moralidad más liberal. Vemos en ocasiones un intento por incidir en la denuncia sobre ciertas temáticas, que lejos de suponer una reparación para el sujeto agraviado, vienen a mantener los mismos prejuicios que se pretenden combatir. Pongamos un ejemplo: la hermosa pintura que se presenta con el nº 22 titulada La toilette (1899) de Federico Godoy Castro, de innegable influencia sorollesca.

Nº20 La toilette. (1899) Federico Godoy Castro, MNP (Depositada en el Museo de La Rioja) 

La obra se encuentra incluida en la Sección 5 titulada "Madres a Juicio" y de ella se dice en el catálogo: "...una humilde muchacha que se peina sin recato ante los pobres chiquillos que juegan a su aire lejos de cualquier cuidado materno. .../... el desorden del entorno es, de algún modo, el desorden de su conciencia... Esa contraposición se traslada al título -toilette, arreglo, aseo- que se contradice con la suciedad y desarreglo que vemos". 

Conviene destacar que que no se trata de un texto de la época sino del año 2002, aceptado y reproducido en el catálogo, desconociendo probablemente la figura de este pintor gaditano, sordo desde los cinco años por una meningitis que le provocó además la pérdida del habla, persona de gran sensibilidad que probablemente está retratando a su mujer y sus hijos en esta luminosa obra. Cabe preguntarse si es la temática del cuadro o el prejuicio actual lo que  justifica esa forzada interpretación.

Una presencia que sorprende por el amplio espacio que se le dedica en la Exposición y en el Catálogo es la del parisino Raimundo de Madrazo y Garreta, que a diferencia del resto de su familia es ajeno al contexto artístico español, pues abandonó el país con veinte años y no llegó a participar en ninguna de las Exposiciones Nacionales que periódicamente se celebraban. Considero que su personal visión de la mujer no es en absoluto representativa del modo de hacer de los pintores españoles de la época, que constituyen una nómina amplia y bien representada en el Museo. 

LAS PINTORAS EN LA EXPOSICIÓN

Como se ha comentado, siete secciones de la muestra están dedicadas a mujeres artistas, seis de ellas a pintoras que son las que realmente aquí nos interesan. Era una antigua reivindicación de este blog que el Museo mostrara el conjunto de obra realizada por mujeres que conserva, bien en sus almacenes o de manera dispersa, lo que debería conllevar un avance en su estudio científico y clasificación. De este modo podrían verse los logros mayores o menores que consiguieron alcanzar mujeres de muy distintas procedencias en lo espacial y en lo social. Solo a través de la investigación se ha ido llegando a ellas en los últimos años, lo que supone un hito como reconocimiento de su mera existencia y de las dificultades que hubieron de enfrentar para poder coexistir en el difícil mundo del arte. Además, muchas de ellas se dedicaron también a la docencia cumpliendo un importante papel en la formación artística de otras mujeres de su época. 

La tesis de la exposición ha querido evidenciarse en su primera sala, en la que aparece únicamente una obra, destrozada, asignada a la pintora Concepción Mejía, como metáfora del maltrato hacia la mujer artista. Se trata de una evidente exageración que convierte la anécdota en categoría. Así, olvidando la existencia de casos similares entre los fondos del Museo, tanto en obras de su almacén como sobre todo en el Prado disperso, se deja claro que este lienzo, perteneciente al Museo del Prado desde el año 2016, procede del Reina Sofía, fruto de la última reorganización de fondos entre ambas instituciones. Pero el exceso se redobla al afirmar que este tipo de situaciones parece afectar principalmente a obras realizadas por mujeres, cuando se comenta en el catálogo: "Otras obras de pintoras y escultoras decimonónicas custodiadas por el Estado vivieron idéntico peregrinaje, en el transcurso del cual desaparecieron varias piezas en circunstancias que se desconocen, lo que muestra el desinterés institucional por ellas". 

En cualquier caso, la exageración se convierte en sarcasmo cuando, tras una pequeña investigación, se descubre que esta obra presentada de manera preferente y simbólica en INVITADAS no ha sido realizada por una mujer sino por un hombre, por un invitado sorpresa. 

Adolfo Sánchez Megías. 1895. La marcha del soldado. MNP

A pesar de que la obra se conserva en un estado lamentable, resultaba extraño que hubiera sido realizada por una poco conocida pintora granadina, Concepción Mejía de Salvador, cuando su estilo se acerca más a la escuela valenciana que a la andaluza. La única referencia documental en la que se basaba su incorrecta atribución, realizada por los responsables del Prado, se encuentra en una relación de obras no inventariadas del Museo de Arte Moderno, publicada en el Catálogo general de Pintura del siglo XIX del Museo del Prado (2015) en el que la obra figura como “Megía (S.) Escena de Familia, Exn. B.A. [Exposición Bellas Artes] 153 x 245”. Esta referencia fue la primera pista para comenzar la búsqueda, que dio como resultado que la inicial "S", que en ningún caso podía pertenecer a Concepción, correspondía sin embargo al primer apellido del pintor almanseño Adolfo Sánchez Megías (1864-1945), formado en la Academia de San Carlos de Valencia y compañero de estudios de Joaquín Sorolla.

A partir de esta primera posible identificación, las pruebas se fueron sucediendo: una nota aparecida en la Gaceta de Madrid del 28 de Julio de 1895 informa de que el representante de "un tal Adolfo Sánchez Mejía", autor de un cuadro presentado a la Exposición Nacional de Bellas Artes titulado "La marcha del soldado", había perdido el recibo talonario que le debía permitir recogerlo. La temática indicada por el título de la obra coincide bien con la del actual cuadro destrozado, en el que con un poco de esfuerzo podemos ver al hijo llamado a filas que recibe los consejos de su padre mientras dirige la mirada hacia las tres mujeres que están a la derecha en la estancia, entre las que se encuentra su apenada madre. 
Adolfo Sánchez Megías. 1895 La marcha del soldado. det.

El siguiente paso, el cotejo de la firma, fue posible gracias a su reproducción en un estudio sobre el artista publicado por la historiadora del Arte Pilar Callado (Adolfo Sánchez Megías. Pintor y Maestro, 2013). A pesar del deterioro de la obra ha sido posible identificar en la zona inferior derecha un fragmento de la firma que corresponde a sus dos iniciales, una S sobrepuesta a una M que coincide plenamente con la rúbrica conocida del pintor. Según Pilar Callado: “Aunque su segundo apellido aparece escrito de varias formas en los distintos documentos donde aparece, el artista siempre firma sus obras como Mejía.”
Detalle del cotejo de firmas

La constatación de la presencia de la obra en la Exposición Nacional de 1895 y la correspondencia de sus medidas con las del cuadro expuesto ha sido el último y definitivo paso del proceso para identificar correctamente el autor y el título original de la obra. En la página 184 de la sección de Pintura del Catálogo de 1895 figura con el nº 1.077: SÁNCHEZ MEJÍA (D. Adolfo). natural de Almansa (Albacete). "La marcha del soldado". Alto 1,50.-Ancho 2,50 metros. 

Todo lo expuesto nos lleva a pensar que la obra en cuestión no fue finalmente recogida por su autor al término de la Exposición y de ahí su presencia en los fondos del Museo de Arte Moderno, donde permanecería durante décadas en un almacén, a falta de cuidados y sufriendo un gran deterioro. Lo que resulta verdaderamente sorprendente es que la pintura haya sobrevivido hasta hoy en esas circunstancias y que ahora se encuentre colgada como cabecera en una exposición del Museo del Prado dedicada a reflexionar sobre el papel de la mujer en el sistema artístico de hace un siglo. Cabría preguntarse qué sentido cobra la metáfora inicial una vez revelada la verdadera autoría de la obra.

Señoras ¿Copiantas?

Las pintoras de la época, al igual que sus homólogos varones, acudían al Museo del Prado a realizar copias como parte de su formación como artistas. El Museo abría a diario exclusivamente para los copiantes mientras la entrada de público general se reservaba para un día a la semana. Todos los artistas que se formaron en Madrid, y los que venían de paso, fueron copiantes, pero a ellos no se les reserva esta calificación, pues se asume que además de copiantes, fueron pintores de todo tipo de géneros. El hecho de que alguna mujer haya podido utilizar el término “copianta” no permite convertirlo en regla aplicable a todas las pintoras que copiaron en el Museo, convirtiendo de nuevo la anécdota en categoría. 

No obstante, el principal interés de esta sección es que permite contemplar obras pertenecientes a Patrimonio Nacional que, como hemos comentado anteriormente, son de difícil acceso. Conviene señalar que la realización de copias de obras del Museo del Prado fue una actividad lucrativa para muchas mujeres pintoras, para quienes constituyó un importante medio de subsistencia. El ejemplo más significativo en este sentido es el de Rosario Weiss, que a pesar de estar presente con su magnífica copia de los Duques de San Fernando de Tegeo en la exposición, podría haber estado representada por alguna de sus obras de "creación".

Al igual que en el caso de la supuesta obra destrozada de Concepción Mejía, alguna de las copias que se presentan denotan cierta falta de investigación previa que debería necesariamente acompañar una exposición de esta envergadura. Así, se presenta una copia de El Greco realizada por Paula Alonso Herreros sin aportar ningún dato biográfico sobre su autora, como que se trata de una pintora toledana, alumna del pintor Matías Moreno, y que participó al menos en la Exposición Nacional de 1878 con diversos dibujos y retratos. También, aunque en sentido contrario, sorprende que se tome por pintora "creadora" a la extremeña Laura Díaz, de quien se muestra en el Catálogo una preciosa Ciociara, sin mencionar que se trata de una copia de la obra homónima del pintor extremeño Nicolás Megías que se encuentra en el Museo de Badajoz. 

Las obras de ambas pintoras pertenecen a Patrimonio Nacional y fueron regaladas a la que iba a ser reina, Mª de las Mercedes, con motivo de su enlace matrimonial, en el marco de esa curiosa costumbre de la época por la que un medio periodístico abría una suscripción para que los súbditos hicieran regalos a los monarcas en momentos señalados.
"Ciociara" Original (izq.) de Nicolás Megías (1873) y copia de Laura Díaz (1878)

Ha sido una alegría poder ver en directo dos interesantes copias realizadas por Emilia Carmena Monaldi también procedentes de Patrimonio Nacional, una Mona Lisa a partir de la copia de taller de Leonardo y una Virgen del pez, copia de Rafael, ambas de notable factura y copiadas en el Museo del Prado, en cuyos libros de copistas consta su asistencia en repetidas ocasiones. Sentimos, no obstante, que su inclusión en esta sección no haya permitido mostrar su faceta de pintora "creadora" de al menos un retrato de los que habitualmente realizaban hombres. El retrato al que me refiero es el de Juan Antonio Martínez Alcobendas procedente de la Galería de Gobernadores Generales de las Islas Filipinas, que se conserva en el Museo del Prado (P05938).

Esta obra estuvo adjudicada hasta fechas muy recientes a un inexistente pintor de nombre "Emilio Carmona de Rota", hasta que una investigación publicada en este blog devolvió su autoría a la pintora que realmente lo realizó, lo que supuso incorporar una mujer más a la nómina de pintoras que integran la colección del Museo Nacional del Prado.

Emilia Carmena Monaldi.  Retrato de Juan Antonio Martinez Alcobendas, (det.) 1864 MNP
Ref. de la obra, ahora en el almacén, en el Boletín del Museo del Prado nº 34 de 1995 

Además de ignorar esta obra y su curioso descubrimiento, otro error en el Catálogo de la Exposición (Pág.293) muestra un presunto Retrato de la pintora de autoría desconocida que resulta ser el Retrato de su madre, Luisa Monaldi Mancini, pintado por la propia Emilia Carmena tal como recoge Carmen Pescador del Hoyo en su artículo "La colección de cuadros de las Dominicas de Loeches" en la que aparece con el nº 202 de la colección. (Anales del Instituto de Estudios Madrileños, nº 24, 1987).

Emilia Carmena. Retrato de su madre, Luisa Monaldi 
Col. de las dominicas de Loeches nº 202

Con carácter de "copianta" se nos presenta también a la pintora gaditana de origen ruso Alejandrina Gessler, conocida como "Madame Anselma", que no solo fue copista extraordinaria sino una excelente pintora creadora, que gozó de gran consideración artística y social y fue nombrada socia honoraria del Ateneo madrileño donde hoy sigue figurando su obra. 

Ahora sabemos que muchas mujeres pintoras tuvieron fama y se ganaron la consideración y la admiración de sus contemporáneos; otra cosa son los demoledores efectos de la Historia del Arte sobre ellas, postergándolas, olvidándolas, negándolas o atribuyendo sus obras a sus colegas pintores. Pero esta es otra cuestión que no se suele abordar en los estudios dedicados a la mujer en el Arte.

La amplitud de la Exposición me hace dejar en el tintero una buena parte de comentarios que serán objeto de unas "Segundas Impresiones".

Una rápida reacción



jueves, 10 de septiembre de 2020

ESCULTORES FILIPINOS 1850 - 1898 (M - Z)



ROSENDO MARTÍNEZ Y LORENZO 
(Manila, 1856 - h.1920)

Familiar -probablemente hermano- de los pintores Félix (1859-1906) y Leandro, ambos participantes en la Exposición de Filipinas e integrantes de un amplio clan familiar artístico y artesano. Rosendo, escultor, presenta dos imágenes a la exposición, una de ellas, La Sampaguita, actualmente en paradero desconocido, representaba una mujer, aunque el título de la obra proviene de la flor así llamada, que es blanca y olorosa, parecida al jazmín.

La segunda obra, titulada A orillas del Pasig, si ha llegado a nosotros y se encuentra depositada por el Museo del Prado en el de Antropología. Se trata de una hermosa figura tallada en madera de 124 cms. de altura que también representa una mujer con larga melena que se refresca a orillas del rio Pásig con un cuenco de agua, mostrando con gran naturalidad el aspecto mojado de la ropa.
Rosendo Martínez. A orillas del Pasig, MNP en depósito Mº Antropología

Cuenta Félix Laureano en su Álbum-libro Usos y Costumbres de Filipinas, presentado también a la Exposición (BNE), que "en ningún país se hace uso con tanta frecuencia del baño como en el Archipiélago filipino. La limpieza del cuerpo es proverbial en aquellas islas. La gente se baña en todo tiempo, lo mismo en los calurosos días de Marzo, Abril y Mayo, que en los frescos días de Diciembre y Enero. Se bañan varias veces al día, al levantarse, antes de sentarse a la mesa, después de descansar y al concluir los trabajos del día, y no se cena sin antes haber tomado el cotidiano baño, que se toman generalmente a tavo o tabú, esto es, derramando agua por este adminículo, de la cabeza a todo el cuerpo. El tavo o tabú es una especie de vaso o jarra, hecha de la cascara dura del coco..." 
Tavo del Museo de Artes Decorativas de Madrid
Fotografía del álbum de Félix Laureano (Det.) en la que pueden verse las mujeres que se bañan 
en el río con su tavo similar al de la escultura

ANICETO MERCADO Y NONATO 
(Manila. h.1858 - h.1920)

La escultura que aparece en el Catálogo General de la Exposición de las Islas Filipinas de 1887 con el nº 49 con el título "El País del Abacá" también se encuentra sobre una peana o pedestal; es obra de Aniceto Mercado probable estudiante de la Escuela de Manila del que no volvemos a oír hablar en relación con ninguna otra realización artística.
Aniceto Mercado. El País del Abacá, 1887 MNP depositado en el Mº Antropología

Es una pequeña escultura de 55 cms. de altura que representa a un joven con los brazos atados a la espalda, que parece querer reflejar una crítica a la dureza de trato de los españoles con los naturales de las Islas. Irónicamente el país que genera riqueza con la producción de abacá, utiliza sus fibras también como ligaduras represivas. El título de la obra figura grabado en la parte frontal de la base y la firma en el lateral derecho. La escultura se encuentra deteriorada, ha perdido el ala del sombrero que cubre al personaje, parte de la base y de la pintura amarillenta que cubría el conjunto. 

MARIANO PASCUAL NAKPIL Y RIVERA
(Manila, h.1856 - h.1900)

Hijo de Juan Nakpil y Gervasia de Rivera, el escultor Mariano Nakpil era tío del famoso arquitecto filipino Juan Nakpil (1899-1963) que fue nombrado Artista Nacional de Arquitectura en 1973.

Mariano envió a la exposición una escultura de madera de apenas 53 cm de altura que representa un caballero vestido con toga y birrete, como corresponde al cargo de Oidor de la Audiencia de Manila que ostentaba el retratado que es Don Simón de Anda, que sujeta con la mano derecha el mástil de una bandera que recoge respetuosamente con la izquierda. El título, que figura en la base sobre la que se apoya, "Civismo" en un claro homenaje al personaje representado.

Simón de Anda y Salazar (1709-1776) fue un joven alavés, oidor de la Audiencia filipina, que durante la invasión de Manila por los ingleses en 1762 se negó a rendirse a las fuerzas británicas y asumiendo temporalmente el cargo de Gobernador inició contra ellas una larga guerra de guerrillas hasta que se firmó la paz entre Inglaterra y España en 1764. Posteriormente fue nombrado Presidente de la Audiencia, Consejero de Castilla y finalmente Gobernador General de las Islas Filipinas, cargo en el que murió en 1776.
Anónimo filipino. Retrato de D. Simón de Anda y Salazar (Det.). MNP 
(Procedente del Museo de Ultramar)


FÉLIX PARDO DE TAVERA Y GORRICHO 
(Manila, 1859 - París, 1932)
Detalle de una fotografía de Félix Pardo de Tavera en Buenos Aires. 1909. A.G.N. Rep. Argentina

Nacido en Manila, en el seno de una conocida familia hispano filipina, Félix Victor Francisco Pardo de Tavera y Gorricho se educó en el Ateneo Municipal de Manila en 1874 y en la Academia de Dibujo y Pintura, ubicada en una de las propiedades de su familia. Después de su graduación en 1876, se fue a París donde estudió en la Universidad de la Sorbona y se graduó en medicina en 1882. A pesar de que ejerció la medicina nunca dejó de hacer esculturas por las que ha sido considerado el principal escultor filipino de su época. 

En París vivía buena parte de su familia, su tío Joaquín como cabeza de familia, —heredero del bufete de abogados de su hermano Félix fallecido en el terremoto de Manila de 1863 a los 33 años—, que hubo de exiliarse tras ser amnistiado por su implicación en el intento de levantamiento de Cavite en 1872; su famoso hermano Trinidad y su madre, Juliana Gorricho, que residía con su hija menor, Paz, que se había casado con el pintor Juan Luna.  Allí fue testigo y víctima del ataque de este último que terminó con la vida de su madre y su hermana. 

Félix solicitó y obtuvo una pensión del gobierno español para continuar su formación en escultura en París, que fue la última de esta clase que se concedió a un filipino (AHN-Ultramar, 603, Exp.12). Estuvo en el atelier de Bouguereau de la Academia Julien y también aprendió con Mariano Benlliure

Casado con la argentina Agustina Manigot, se fue a vivir a Buenos Aires, donde mantuvo sus dos actividades y obtuvo la nacionalidad en 1910. En la Casa Rosada se conservan los bustos que realizó del General San Martín y del presidente Juárez Celman. En Argentina vivió hasta la muerte de su mujer, después se trasladó a París donde vivió hasta 1932.

A la Exposición filipina presentó tres esculturas: Una cabeza de niño indio, titulada «Cirilo»; un medallón con un bajorrelieve titulado «Salcedo» y un Busto de niña P[ardo] T[avera]. Las dos primeras se vendían por 500 pts. cada una.

A pesar de que realizó, sobre todo en Buenos Aires, escultura de gran tamaño de carácter urbano, su especialidad continuó siendo la de las figuras de niños. No conocemos el paradero de las que figuraron en la Exposición filipina en Madrid, pero en la de Bellas Artes de 1892 presentó varias figuras y entre ellas la probable primera versión de la escultura titulada "C'est moi" en la que representa a un niño con las manos en los bolsillos que, de sus obras infantiles, es la que le ha dado más fama y se ha reproducido en más ocasiones.
F. Pardo de Tavera. "C'est moi" (1892)

     "El señor Pardo de Tavera parece tener predilección por los niños; y en sus temas los trata siempre con gran atención, un bello humor y un buen cariño". 
(Rubén Darío. Artículo en La Prensa, 10.11.1895).

JUAN ROSALES E HILARIÓN S. ROSALES
(Manila)

De nuevo el Catálogo oficial de la Exposición une las obras de dos artistas como si se tratara de uno solo a causa de la coincidencia de sus apellidos. El Catalogo publicado de los Objetos Remitidos por la Sección 8ª (BNE) aclara que estamos ante dos artistas diferentes Juan Rosales e Hilarión S. Rosales, en los que a pesar de coincidir el apellido no sabemos si les unía algún parentesco pero se da la circunstancia de que ambos son orfebres plateros. Solamente conocemos el aspecto de la obra correspondiente al primero de ellos, Juan Rosales, que es una auténtica filigrana de platería titulada "Rica flor" y ello gracias a la imagen publicada en su época que fue premiada por el jurado de la Exposición con medalla de bronce. Por su parte la obra de platería de Hilarión llevaba por título "Albay beneficio del abacá."
Juan Rosales, "Rica Flor" Obra de platería. Manila. La Ilustración 25.9.1887 


ISABELO TAMPINCO Y LACANDOLA
(Manila, 1850 - 1933)

Mestizo sangley, nacido en Binondo, Tampinco era un escultor profesional con experiencia que concurría con diversas obras a la Exposición. Era hijo de María Justa de Lacandola, descendiente de Bunao Lakan Dula, gobernante -Lakan- supremo de Tondo a la llegada de los españoles, bautizado posteriormente como Carlos Lakandula.

Isabelo Tampinco estudió en la Academia de Dibujo y Pintura de Manila y también modelado en el Ateneo Municipal donde fue compañero de Rizal. A los 20 años empieza a ser conocido y en 1876, una de sus esculturas, descrita simplemente como un busto de madera, fue una de las dos elegidas para representar a Filipinas en la Exposición Universal de Filadelfia. En 1883 también presentó diversas obras a la Exposición Colonial de Amsterdam entre ellas un Crucifijo de marfil  que le haría merecedor de una Medalla de plata. 

Cuando concurre a la Exposición de Filipinas celebrada en Madrid en 1887 ya goza de un gran prestigio y presenta por sí mismo o por personas o entidades poseedoras de sus obras, un gran número de ellas, alguna de las cuales ya habían concurrido a anteriores exposiciones. Junto con Pardo de Tavera fue premiado con Medalla de plata.

Una de sus obras más valoradas, presentada por el Director del Ateneo Municipal, era el Marco del cuadro de honor de los alumnos de la institución, ya presentado en Amsterdam en 1883, que según Graciano López Jaena (1856 - 1896) "haría la reputación de un artista". Podemos conocer su aspecto por la imagen reproducida en el Álbum de fotografías de dicha institución que se conserva en la BNE.
Isabelo Tampinco. Imagen del Cuadro de Honor del Ateneo Municipal. 
Álbum del Ateneo de Manila presentado a la Exposición de Filipinas. 1887 (BNE)

Pero los cronistas destacan como la obra más perfecta salida del taller de Tampinco, un tríptico de metro y medio de altura tallado en madera de alcanfor para retratos de familia que se dice del estilo del Giotto por estar inspirado en la decoración de la torre de la catedral de Florencia y por sus inscripciones góticas. Cuenta Taviel de Andrade en su Historia de la Exposición. que lo que más llama la atención, es la repisa de madera de tíndalo en que se apoya que representa una rama de acanto con un nido de palomas con sus polluelos. El tríptico fue presentado por su dueño, el Director General de Administración Vicente Barrantes. En la actualidad se desconoce su paradero.

Tampinco fue el artista predilecto de los jesuitas para quienes dirigió la decoración de la Iglesia de San Ignacio de Intramuros que se completaría en 1889; presentó a la exposición una serie modelos de los elementos decorativos que en ese momento estaba realizando. La iglesia de estilo neoclásico, destruida durante la Segunda Guerra Mundial, fue considerada la más hermosa de Filipinas debido a sus pinturas y tallas hechas en maderas tropicales de diferentes colores.

También presentó a la Exposición un conjunto de  figuras  de carácter religioso: un crucifijo de marfil, una Resurrección, tres imágenes de la Purísima Concepción, un San José con dos ángeles y una imagen del Apóstol Santiago. Esta última es probablemente la única que conserva el Museo del Prado, con evidentes signos de deterioro, depositada en el Museo Nacional de Antropología.
Isabelo Tampinco. Santiago Apóstol, 1887 MNP en depósito en el Mº de Antropología

El inventario del Museo de Arte Moderno menciona con los números 92 y 93 dos imágenes de la "Purísima" que aunque figuran de autor anónimo podría tratarse de dos de las obras de Tampinco perdidas.
Detalle del Inventario del MAM 1899 Archivo MNP


DOMINGO TEOTICO Y EUGENIO 
(Manila, 1853 - 1904)

Escultor y tallista en madera. Hijo de Santiago Teotico y Maria Eugenia de Santa Cruz, se matriculó en la Academia de Dibujo y Pintura con Lorenzo Rocha y luego estudió modelaje con uno de los miembros de la gran familia artística Asunción, herederos de la maestría y el arte del primer Maestro de pintura Damián Domingo. 

Con Leoncio Asunción (1813-1888) Teotico se especializó en la talla de "santos" de marfil y madera. Después de ocho años de aprendizaje, abrió su propio taller en Quiapo donde se hizo muy popular por sus imágenes religiosas en madera, de santos o de la Sagrada Familia, que decoraban muchas casas particulares filipinas. 

En 1880 ganó el segundo premio en un concurso de arte patrocinado por la Sociedad de Escultores de Santa Cruz; y en 1882 una medalla de plata para un busto del Papa Gregorio XV en un Certamen Artístico-Literario, pero participó por primera vez en una gran exposición con ocasión de la de Filipinas de Madrid a la que presentó una talla en madera titulada Pobre Vencido aunque no logró alcanzar ninguna distinción por ella. 

Obtuvo diversos premios y menciones en otros certámenes como la Exposición Universal de Barcelona en 1888, la Regional de Filipinas en Manila de 1895 en la que presentó tallas de muebles que ganaron una medalla de plata, o la de San Luis en 1904, en la que también fue galardonado con medalla de plata, el mismo año de su muerte de la que le sobrevivió su esposa, Braulia Gregorio, con quien había tenido 6 hijos.

"Pobre vencido" es una pequeña figura de carácter costumbrista de 56 cms. de altura, tallada en madera,  que representa a un hombre cabizbajo que retorna derrotado, tal como reza el título, de una pelea de gallos, trayendo en la mano el paño vacío en el que debía envolver al animalEn el frente de la peana se encuentra grabado el título de la obra y en su lateral derecho la fecha y la firma.
Domingo Teotico. Pobre vencido, 1887 MNP depositado en el Mº de Antropología

Félix Laureano (1866-1952 ) Pelea de gallos (Det.) c.1880. Foto MNA

En la fotografía de Félix Laureano que se conserva en Museo de Antropología, podemos observar como algunos de los participantes en las peleas de gallos sujetan un trapo de las mismas características que el que sujeta con su mano izquierda el Pobre vencido de Teotico.

SERAPIO TOLENTINO 
(Manila, h.1870 - h.1920) 

Al igual que otras figuras de similares características que se presentaron a la Exposición, este pequeño busto de 42 cms. de altura que representa a un hombre con un pañuelo anudado en la cabeza probablemente sea obra de un alumno de la Academia de Dibujo, Pintura y Grabado de Manila. El autor, del que no se conocen otras obras, ha querido representar un personaje muy reconocible en el ámbito del archipiélago filipino, el Sentenciador, también relacionado con las peleas de gallos una de las costumbres más populares y arraigadas de Filipinas.
 Serapio Tolentino. El sentenciador 1887. MNP depósito en el Mº de Antropología

El sentenciador representa a la autoridad en las peleas de gallos. Hay que tener en cuenta que las peleas de gallos son una actividad estancada explotada por el estado que mantiene el monopolio y es quien autoriza a abrir las galleras donde se desarrollan las peleas que están reglamentadas en todos sus extremos. (Juan Álvarez Guerra, “Viaje por Filipinas”


LICERIO VILLARREAL Y REYES 
(Luzón, h.1870 - 1950)

Otro pequeño busto de 41 cms. de altura, es el de Licerio Villarreal que representa un joven probablemente funcionario municipal que porta una  gorra que ha perdido la visera en cuya banda puede leerse "Servicio Público", que da título a la obra. La vista posterior nos permite ver la enorme grieta formada en la madera, cosa que ocurrió con muchas de las obras presentadas por el cambio de un clima húmedo al aire seco madrileño. Al igual que otros bustos de similares características que fueron presentados a la Exposición la obra se realizó mientras Licerio era alumno de la Escuela de Dibujo, Pintura y Grabado de Manila. Posteriormente sabemos que volvió a presentar Dos tipos del País en la Exposición Regional de Filipinas celebrada en Manila en 1895.

Licerio Villarreal. Servicio Público, 1887 MNP, depositado Mº Antropología

Ubicación de algunas de las esculturas en la Sala de la Sección 8ª de la Exposición de Filipinas. Foto Laurent, 1887

UNA MATER DOLOROSA ANÓNIMA

Una mención especial requiere por su alta valoración en el conjunto de las crónicas de la época, una obra anónima presentada por la Junta provincial de Santa Cruz (Laguna). Se trata de una imagen de tamaño natural de una Mater dolorosa de una sola pieza de madera baticulín. 

Detalle del CATÁLOGO DE LOS OBJETOS REMITIDOS POR LA SECCIÓN 8ª Manila 1887 Pag.105

Todos los comentaristas mencionan esta imagen como la mejor de las presentadas: "Hay a la puerta de la Sección primera una estatua de la Virgen de los Dolores, verdaderamente encantadora. ¡Lástima que no se exprese el nombre del autor! La tarjeta sólo indica su procedencia de la Laguna" (Guía de la Exposición General de las Islas Filipinas, 1887 - BNE)Provenía en concreto de la ciudad de Paete, un pequeño pueblo de Laguna, famoso aún hoy por ser cuna de los mejores talladores en madera de figuras religiosas.

Entre los escultores que conocemos de la ciudad de Paete en La Laguna que podrían haber realizado esta imagen, se podría señalar a Mariano Madriñán Baldemor (Paete, 1858 -1939) de quien se dice que presentó en la Exposición Colonial de Amsterdam de 1883 una Mater Dolorosa por la que recibió una medalla, pero no he podido constatar este hecho ni en el Catálogo oficial de la Exposición ni en la relación de premiados publicada en la Gaceta de Madrid de 21.12.1884.  Se cuenta que el rey, Alfonso XII, sorprendido por el premio conseguido, hizo que le enviaran un pergamino con su nombre en letras doradas, junto con el premio conseguido. En la actualidad una Mater Dolorosa existente en la iglesia de la localidad de Paete se dice que fue una réplica que él mismo realizó. 

La Crónica de la Exposición de Filipinas de Flores y Piquer de 1887 (BNE) aporta más información sobre esta imagen aunque sin desvelar su autoría: Una Dolorosa, tamaño natural labrada en el tronco de un árbol, sin preparación alguna, por dos aficionados, padre e hijo naturales de Santa Cruz, provincia de la Laguna. 
Mariano Baldemor Madriñan

El nombre de M. Madriñán, de Paete, La Laguna, aparece en el Catálogo de la Exposición Regional celebrada en Manila (1895) presentando una escultura en madera titulada "Pescador de Dalag" y un "Busto de Rizal" en la Exposición de Sant Louis de 1904.


OTROS ESCULTORES DEL CATÁLOGO

El Catálogo Oficial de la Exposición de Filipinas menciona otros escultores participantes de quienes no conocemos su obras y de los que apenas tenemos noticias pero merecen ser al menos mencionados para mantener el recuerdo:

- Marcos Banson (Samar): Un busto de madera
- Tomás Dominguez (Manila): Una obra de madera en rama estilo Renacimiento
- José Fernández Giner (Manila): Escultura de su padre el Excmo. Sr. D. Juan Fernández y Palma.
José Fernández Giner (Granada, 1850 - Manila, 1888) pertenecía al cuerpo jurídico militar y estaba destinado desde 1880 en Filipinas primero como juez de 1ª instancia en Binondo y desde 1886 como fiscal de la Audiencia de Manila. Era primo de Francisco Giner de los Ríos. Probablemente por afición realizó el busto de su padre Juan Fernández y Palma, juez de Montefrío (Granada). Además de la afición a la escultura, escribía tanto de temas jurídicos como crónicas y artículos periodísticos. Murió prematuramente a los 37 años.
- Primitivo Formoso (Vigan) Un crucifijo de marfil
Eulogio García (Quiapo): Busto de madera del Ministro de Ultramar, [Victor Balaguer], en cuyo pedestal se lee: "Tu nombre será recordado con amor. Las Artes filipinas te son agradecidas." 
- Fray Mariano Granja (Tayabas): San Francisco de Asís. 
Fray Mariano Granja era un fraile franciscano que llegó a Filipinas con 31 años en el año 1872, que promovió la creación de la parroquia de San Fernando de Lucena con sus propios ahorros que con el tiempo se convirtió en catedral. Al padre Granja se le atribuyen otras construcciones como una escuela primaria para niños y niñas y un hospital con una pequeña farmacia que puso al cuidado de las Hermanas Terceras Franciscanas, todo ello realizado con su esfuerzo y financiado con sus ingresos. El duro trabajo pudo afectar su salud y partió a Manila para recuperarse, pero murió en el barco que le llevaba el 18 de mayo de 1889 a la edad de 48 años.
- Francisco Mendizábal (Albay): Estatua de Cosme Damián Churruca
- Doroteo Reyes (Manila): Correspondencia. Escultura en madera, 
- Tomás Rodriguez  (Manila): Dos crucifijos y un San Miguel
- Luis Roig de Lluis (Madrid): Un crucifijo de sándalo.