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sábado, 13 de agosto de 2022

NUEVAS NOTICIAS SOBRE VICENTE POLERÓ

Raimundo Madrazo. Retrato de Vicente Poleró, h,1859 PN
       
Patrimonio Nacional ha recibido de la familia Poleró la donación del retrato del artista pintado y dedicado por un joven Raimundo de Madrazo (18 años), y otro de su mujer Camila García Moltó, en edad madura, realizado por el propio Vicente Poleró. (Curiosamente se trata de un Poleró joven y una Camila mayor al contrario que los existentes en el Museo del Prado). Además de los retratos, la donación realizada ha incorporado "parte de las memorias del pintor" que llevan por título: RECUERDOS DE ANTAÑO / por / D. Vicente Poleró y Segura / Ordeno y mando(en adelante  "Recuerdos"

Detalle de la primera página de los "Recuerdos de Antaño" PN

Se trata de un conjunto de fotocopias de textos mecanografiados, cartas y otros anexos, formando seis volúmenes, dos con sistema clásico de encuadernación y el resto con sistema moderno de espiral de alambre. Hay que suponer que las memorias del pintor-restaurador fueron transcritas y mecanografiadas por alguno de sus descendientes* y posteriormente fotocopiadas por lo que ignoramos si siguen existiendo los originales -tanto los manuscritos como los mecanografiados-, sin los cuales pueden plantearse algunas dudas sobre la fidelidad de las memorias que en ocasiones se complementan con documentos de época posterior o incluso con algún dato o comentario del transcriptor. 

*Al final del segundo volumen encuadernado, (Tomo 3º)  aparece una nota de un bisnieto: "Se añaden fotocopias de la biblioteca del bisabuelo y otras curiosidades de su última pertenencia".

Tantas veces habíamos leído sobre las famosas "Memorias" de Poleró, que nos ha sorprendido la naturaleza del conjunto heterogéneo que constituye la donación. A pesar de su amplitud resulta poco explícito en lo que se refiere a su biografía personal y familiar; no obstante la combinación de los Recuerdos de Antaño con los documentos dispersos de que disponíamos nos ha permitido reconstruir en parte su hasta ahora escasa biografía y colmar algunas lagunas de su historia y de sus relaciones personales. 

Los verdaderos apellidos del pintor: Poleró y Segura

La primera página de los Recuerdos, ya despeja la duda de sus apellidos, que eran Poleró y Segura, a pesar de que él siempre utilizó en sus publicaciones los apellidos de su padre -Poleró y Toledo-. 

Hemos podido observar al respecto que en los documentos de naturaleza administrativa relativos a cuestiones relacionadas con reconocimiento de servicios, cesantía o clasificación de pensión, (recogidos en gacetas oficiales), siempre figura como Poleró y Segura, sus auténticos apellidos, mientras que en la práctica totalidad de sus publicaciones profesionales de carácter artístico utiliza los apellidos de su padre: Poleró y Toledo. con la excepción de una publicación singular dedicada a su afición cinegética titulada El Cazador de Pájaros (1887) que firma con sus auténticos apellidos. Esta publicación ha constituido durante mucho tiempo fuente de duda respecto a la identidad del autor, por tratarse de una obra a priori ajena a su especialidad. Que la caza formaba parte de sus aficiones lo hemos podido constatar en estos Recuerdos en los que describe alguna partida de caza con amigos. Además, Elías Tormo en su Necrológica (La Época, 24.2.1911) ya mencionaba entre sus escritos el titulado "La caza de los tordos en las paradas" cuyo texto, o parte de él, también forma parte de estas Memorias.

Cabe preguntarse por qué tomaría la decisión de cambiar su apellido en sus publicaciones profesionales ya que es una cuestión que no se menciona en ninguno de los escritos que conforman sus Recuerdos. Un posible argumento podría ser la necesidad de diferenciarse de un hermano, que pudo formar parte de una de esas partidas de combatientes carlistas que derivó en bandolerismo. Según la Gaceta de Madrid de 10.1.1839, "...el capitán del 3.° ligero de caballería, D. Ramón María Figueroa, tuvo aviso de hallarse una partida de facciosos robando á unos carreteros en la venta Quemada, y apresurando aquel su marcha cargó decididamente á un grupo de siete, de los cuales quedaron cinco en su poder, entre ellos el cabecilla Poleró, que por haber confesado era capitán de la facción de Palillos fue fusilado en Almagro". 

Vicente Poleró menciona de pasada en sus Recuerdos la muerte de uno de sus hermanos, militar, por un hecho accidental: "un hermano herido y muerto en accidente, capitán, en cumplimiento del deber", pero resulta raro que no mencione el nombre ni las circunstancias.

Los datos familiares y personales
Árbol genealógico de Vicente Poleró en el 2º tomo de los Recuerdos de Antaño. PN

De acuerdo con los datos que Poleró plasma en su árbol genealógico -que alguno de sus descendientes, completa con datos posteriores a su fallecimiento-, podemos confirmar su ascendencia de la familia Poullereau, procedentes de la ciudad belga de Tournay. Su abuelo Marc François Poullereau llega a España en tiempos de Carlos III, casado con Crisanta de Toledo, tuvieron diez hijos, en los que el apellido francés del abuelo se castellanizó. Entre ellos se encontraba el padre de Vicente, Bernardo Poleró y Toledo (1743-1831), nacido en el Puerto de Santa María y casado en 1791 con Josefa Segura, quienes  tuvieron doce hijos, el menor de los cuales fue Vicente Poleró y Segura.

De su padre, Bernardo Poléró y Toledo, sabíamos que en 1763 obtuvo licencia para viajar a Veracruz como criado del comerciante Francisco del Castillo, que solicitó para su viaje a Indias "...llevar en mi compañía un criado y por tal propongo a Bernardo Poleró y Toledo del Puerto de Santa María, de veinte años de edad, pequeño de cuerpo, blanco, de frente pequeña, el cual es soltero, natural de estos reinos..." (AGI - Contratación 5506,N.3,R.33). 

También encontramos el año 1800 a Bernardo Poleró junto a un hermano, como "Vigías de la Torre Alta de la Isla de León", tal como recoge la publicación de Estado General de la Real Armada de dicho año.
Estado General de la Real Armada: Año 1800

A pesar de que el relato de su vida en los primeros años no es muy preciso, de aquí y de allá vamos tomando detalles que nos permiten conocer que Poleró pasó sus primeros años en San Fernando (Cádiz), probablemente hasta 1828. Después la familia residió en Sevilla, de donde él, años después, dice guardar recuerdos de casas y calles de la ciudad: 

        "Los tres días que pasé en Sevilla me di a corretear los sitios donde se deslizaron felices los primeros años de mi vida y de tal modo fueron acudiendo sus recuerdos a mi memoria cual si fueran presentados por un genio protector que no parecía más que el día antes había salido de la ciudad. Igual me pasó con las calles, pues, aunque en su mayoría no me acordaba de sus nombres, visité las casas en que viví, calle del Turco; Plazuela de San Pablo, de las Armas y San Roque,...".

Finalmente, en 1835 se trasladan a Madrid; Vicente tiene once años, y continua sus estudios en los jesuitas de San Isidro el Real, hasta terminar 2º de latín. En 1837, gracias a un amigo de la familia consigue un empleo de escribiente en las oficinas de la Caja de Amortización, en clase de meritorio, cobrando 1.500 reales. (Estado de Empleados de la Hacienda Pública en 1839. P.69 BNE). Desconocemos las dificultades económicas que le obligaron a abandonar sus estudios tempranamente pero, cabe pensar, -aunque él no lo menciona-, que tras la muerte de su padre en 1831, la escasez de ingresos pudo motivar el traslado de la familia a Madrid quizás buscando el apoyo de alguno de sus hermanos mayores. 

Dedica un par de páginas Poleró a comentar "las distracciones" que tenía junto a otros jóvenes de su edad "por los años 38 al 40", que recuerdan a las fechorías que la Partida del Trueno hiciera famosas pocos años antes. Gamberradas hechas a menudo agrediendo a gente sencilla, vendedores, mujeres, zapateros. Cuesta creer que una persona de cierta cultura las airee como si de una diversión inocente se tratara.

Cuando cumplió los 18 años y entró en quintas, solicitó y consiguió la exención del servicio militar, que en la época duraba 7 años, alegando la necesidad de atender a su anciana madre y a su hermana Juana, con las que vivía, aunque probablemente no dependieran de él pues cuenta que pide a dos amigos que mientan por él confirmando esa dependencia y le preocupa que algún conocido presente pueda decir la verdad. Dice -y no explica la razón- que a esta solicitud se oponía su hermano José, que por entonces vivía por su cuenta, aunque en el mismo barrio. 

Por otra parte obligado por su condición de funcionario hubo de ingresar en las milicias nacionales, en la 5ª Cia. del 7º batallón, con el que prestó servicio en la famosa jornada del 7 de octubre de 1841 en cuyo transcurso se produjo el intento de secuestro de la reina niña que fue protegida por los alabarderos de palacio. Recuerda que fue una época de algaradas, trastornos y motines, que no finalizaron hasta 1843 con el ascenso al poder de Narváez. 
        "Pasados aquellos días ocurrieron escenas de otra clase y más serias en la noche del 7 de octubre del 41.../... El plan que los amotinados se propusieron fue, ayudados por una soldadesca ebria, apoderarse de la reina niña entonces y así lo hubieran conseguido a no haberse defendido valerosamente un puñado de guardas alabarderos comandados por el Capitán Dulce. Desde aquella noche no veía el momento de soltar "el chopo" como llamábamos al fusil de 14 libras..."
José Balaca Carrión. Retratos en miniatura de los 19 alabarderos que, al mando del coronel Domingo Dulce defendieron a la reina niña en las escaleras de palacio el 7.10.1841.

No será hasta 1859, con 35 años cumplidos -siguiendo con los datos personales-, cuando se case con la alcoyana Camila García y Moltó (1833*-1902) a la que probablemente conoce en alguna de sus excursiones pictóricas. Camila fallece a comienzos del siglo: "El 31 de marzo de 1902, a las 9 de la mañana voló el espíritu de mi querida compañera de 43 años, quebrantado por larga y penosa enfermedad, sin que durante tan larga fecha me hubiera dado un solo día de pesar." 

Camila García en 1863 por Luis de Madrazo. MNP y Camila en edad madura por Vicente Poleró. PN

El matrimonio tuvo tres hijas, la mayor, Pilar (1865-1934), casada en 1885 con Alejandro Chacón (Badajoz), quienes vivían en una casa modernista, aun existente, de la C/ Luchana, 12, y tuvieron dos hijos, Rafael y Alfonso y dos hijas, Concha, casada con Ricardo Albarrán y Gloria, casada con Rafael Martínez Loaisa. 

Su segunda hija, Concha (1870*), se casó en 1900 en la parroquia de San José con el teniente de infantería Tomás Terol y Agustí. Tuvieron una hija: Mª de los Desamparados, y un hijo, Tomás, más tarde relacionado con el cine. Concha regentaba una administración de loterías en la plaza de Colón, 13.

La tercera hija, Consuelo, (1877*) fue pintora y participó en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de 1897 y 1899. Se casó en 1901 con el teniente de Infantería Juan Antonio Arenas. En 1913, tras la muerte de Vicente Poleró, fue la donante de los retratos de sus padres, pintados por Federico y Luis de Madrazo, al Museo de Arte Moderno.

*Datos del Padrón Municipal de Madrid de 1890, en el que Vicente Poleró figura viviendo con su mujer y sus dos hijas menores. 

De acuerdo con las diversas menciones en sus Recuerdos, el domicilio de Poleró en Madrid fue variando a lo largo de su vida: la calle Luna, 6, Huertas, 69, Fuencarral 56, (que fue el más duradero), su estudio de la calle Santa María, 40, donde se reunía la Academia del Gato, el domicilio de la calle Palafox, 19, construido por él mismo ya a principios de siglo y su casa-chalet de Pozuelo que tanto consideró y que finalmente decidió dejar por la alta contribución municipal que le exigían pagar. 

La última dirección que consta a la fecha de su fallecimiento en 1911 es la de Fuencarral 108, probablemente el domicilio de una de sus hijas, donde debió vivir sus últimos años cuando ya se había quedado ciego. Francisco Alcántara escribe un nostálgico artículo sobre Poleró en El Imparcial (18.4.1908), con el título Notas de Arte, con motivo de haberle visto paseando por la calle Fuencarral acompañado por una de sus hijas.

Formación

A pesar de que las biografías citan estudios artísticos de Poleró tanto en Cádiz como en Madrid, lo cierto es que no llegó a completar ninguno. Como hemos comentado, en 1837, ya viviendo en Madrid,  con trece años, tras finalizar el 2° curso de Latín deja de estudiar para empezar a trabajar como escribiente, "chupatintas" según su propia expresión. Después de dos años de meritorio en la Junta de Liquidación de la Deuda del Estado pasó a escribiente tercero de la Caja de Amortización, y de ahí en un año a escribiente segundo y después primero, durante nueve años.

Pero la necesidad de trabajar no le impide mantener sus ansias de aprender, sus sueños y aspiraciones: "Desde que tuve uso de razón sentí una afición desmedida a viajar y como quiera que esta ayuda en gran manera a la educación intelectual, desarrollando sus energías, de aquí infiero que lo poco que sé, a la lectura y a mis excursiones lo debo. Empujado por este mi constante deseo cuanto adquiría con mi trabajo después de cumplidas mis obligaciones, veníalo a emplear en viajes, resultando de aquí que cuanto más viajaba más quería ver y más quería estudiar."

Es conocida la anécdota de su primera excursión a Toledo en 1838, cuando, a la vista de las esculturas de la capilla de D. Álvaro de Luna, en la Catedral, siente la necesidad de dibujarlas, descubriendo sus incipientes habilidades artísticas: "Grande e inolvidable efecto fue el que causó en mi ánimo la contemplación de la Basílica y en ella sentí germinar el instinto de lo bello en las artes, pues sin tener el menor conocimiento del dibujo, a no ser los monigotes con que llenaba las márgenes de mis libros de la escuela que aún conservo, me di a copiar todo cuanto a mi imaginación hallaba, dando comienzo nada menos que por los suntuosos mausoleos del condestable D. Álvaro de Luna y su mujer Dª Juana Pimentel. Cuando registrando mis apuntes sale al paso el que entonces hice, no puedo comprender ni darme cuenta como lo realicé probándome lo que puede el entusiasmo y la fe al emprender un trabajo. A esta casualidad, pues, debo mi independencia y bienestar." 

La experiencia toledana será fundamental para las decisiones que tome acerca de su vida, "regresando mohíno y apesadumbrado al banco de la paciencia que desde entonces me pareció prisión y la silla en que me sentaba, un grillete. Deberé tal vez a esto el carácter serio que me distingue..." proponiéndose por una parte ampliar sus viajes tanto dentro como fuera de España y por otra, aprender a dibujar.
V. Poleró, Puerta antigua de Bisagra, Toledo, 1850 Mº Lázaro Galdiano

    "Comprendiendo por el ambiente que respiré en Toledo que mi camino iba extraviado, sin aconsejarme de nadie, dirigí el rumbo por el que mi imaginación alborotada me ponía delante, por lo tanto matriculándome en la Escuela de Dibujo que había en el Convento de la Trinidad, me dediqué sin descanso al estudio aprovechando desde entonces (1839) los momentos que me dejaba libre mi humilde destino".

Las clases de dibujo, que se impartían en el Convento de la Trinidad, le permitieron realizar su segundo viaje (1844 - Burgos, Vitoria y Tolosa, Biarritz y Bayona) en mejores condiciones, "pues, si no era más rico, contaba al menos con más recursos en el dibujo, habiendo sido mi maestro, aunque por poco tiempo, D. Vicente López, artista notable en la época como retratista; así lo publican los techos del Palacio Real y del Casino de la Reina trasladados por mí al Museo del Prado en 1857. (Actualmente en la Sala 39). En el archivo del Museo del Prado se encuentra la "Noticia" firmada por Poleró, relativa a la realización de esta actividad. (Año 1865. Caja: 1366 / Legajo: 11.280 / Nº Exp: 44)
Vicente López. Alegoría de la donación del casino a la reina Isabel de Braganza por el Ayuntamiento de Madrid. 1818 
Trasladada por V. Polero en 1865 a la Sala 39. MNP

También cuenta que aprendió con el cartagenero José Balaca, liberal a ultranza, de quien pudo recibir otras influencias además de lecciones de dibujo. "Mis cortos conocimientos en el dibujo y color, que de D. José Balaca había recibido, me permitieron aumentar mis recursos, pintando pequeños cuadros y haciendo copias en el Museo Nacional establecido en el Convento de Trinitarios al que fueron llevados los cuadros del infante Sebastián". Aunque no indica fechas, debemos suponer que ese aprendizaje se produjo entre los años 1838 y 1843, cuando Balaca estuvo en Madrid completando sus estudios en Bellas Artes, ya que en 1844 salió de España por temor a represalias por su ideología liberal y no volvió hasta 1850.

De la Pintura a la Restauración

Del aprendizaje del dibujo y la pintura Vicente Poleró pasó a la Restauración: "Con el trato y conocimiento de algunos artistas y aficionados, determiné estudiar a fondo la restauración de pinturas en vista de la afición que por entonces fue extendiéndose entre los particulares, dada la facilidad de adquirir con ventaja obras estimables de nuestros antiguos pintores", pero en esta materia todo parece indicar que fue autodidacta.

Cuenta que su posición económica iba mejorando a costa de su salud, "Cuando en 1846 fui al país donde nací, ya tenía 4.000 reales de sueldo, lo cual demuestra que hacía mi carrera por intriga (?), pero en cambio, destruyendo mi salud, ganaba 8.000 con mis copias y cuadros."

Viaje "sanador" a Cádiz

"Por efecto del desarreglo de comidas y poco descanso del cuerpo, perdí el estómago, aconsejándome de mi amigo D. Mariano Salgado, que mudara de clima creyendo que el de mi país [Cádiz] y más que nada la quietud por algún tiempo podía conseguir con ello lo que las medicinas habían negado". 

La estancia de Poleró en Cádiz duró alrededor de un mes en el que no solo repuso su salud física sino también su ánimo. "El mucho bien que disfrutaba y el regalo de las comidas abundantes en pescados y mariscos hizo más que cuantas medicinas había tomado por lo tanto adquiridas nuevas energías y completa salud que hasta hoy no me ha faltado... Restablecido por completo y por demás agradecido a tantas atenciones que en realidad yo no merecía, despedíme de la familia y amigos y tomé pasaje de vapor con rumbo a Málaga"

De vuelta en Madrid retoma sus actividades artísticas con especial dedicación a la Restauración. 
        "Mi afición por todo lo de épocas pasadas y especialmente de obras pictóricas influido por la naciente de adquirir cuadros que en su mayor parte procedían de las antiguas órdenes religiosas, con otros que el abandono y la ignorancia tenía relegados a los cuidos (?) en los desvanes de palacios y casas solariegas, me decidió a encaminar mis pasos por nuevos derroteros, trocando la paleta del pintor por la modesta del restaurador, sin abandonar empero aquella. Esto expuesto y observando que el camino que seguían los que por entonces se dedicaban a esta importante rama de la pintura, no era ni con mucho el que debía seguirse, ni menos el más acertado, a fuerza de ensayos repetidos, conseguí realizar mi propósito, trazando un camino seguro sin temor a dudas y vacilaciones".

        "Era por entonces Director del Museo y de la Escuela de Pintura, D. José Madrazo, artista notable en su época y muy entendido en autores antiguos por cuyos conocimientos había reunido una famosa colección de cuadros de artistas españoles y extranjeros. A este señor, pues me dirigí con el manuscrito "Arte de la Restauración" cuya materia nadie había tratado. Parecida la idea aceptable, las reglas seguras y su publicación conveniente, por lo que con tan autorizada opinión dí a la estampa mi librejo y como premio, no mucho tiempo después, el nombramiento de restaurador del Real Museo de Pinturas. Desde aquel instante mi amistad con el Director fue estrechándose cada día más y en aumento creciente, la de sus hijos D. Federico, D. Pedro y D. Luis, contando conmigo para todo."

Suele decirse que gracias al buen nombre conseguido con la publicación de su Tratado fue contratado al año siguiente, en 1854, como restaurador por el Museo del Prado, pero lo cierto es que en la portada de "El Arte de la Restauración", publicado en 1853, ya figura como "Individuo de la Sala de Restauración del Real Museo de Pinturas y escultura de S.M.". Además, el Museo del Prado guarda en su archivo el nombramiento de "Restaurador Auxiliar" de Poleró de 1 de junio y el recibo firmado por él de su primer sueldo de 30 de junio de 1853. Es posible entonces que fuera contratado tras la lectura del manuscrito por José Madrazo quien además recomendaría su publicación.

Vicente Poleró. Portada de "El Arte de la Restauración" 1853

Daba así comienzo a su actividad profesional en el campo de la Restauración por la que hoy es principalmente recordado, dada la importancia de su aportación en este campo. La confianza de José de Madrazo en sus habilidades se traduce en una serie de encargos especiales a partir de su entrada al museo.
    "Considerando el Director que había llegado el momento de emprender ciertos trabajos, especialmente en determinados cuadros de las escuelas Italianas y Flamencas, después que terminé la restauración reponiendo media figura representando Andrómeda, me encargó que fuese despojando de las vestiduras a varias otras que por una exquisita pulcritud de conciencia de la reina Amelia [María Josefa Amalia de Sajonia, 3ª esposa de Fernando VII], habíanlas sobrepuesto, ocultando desnudeces que la vista de esa señora no podía soportar. ... A estas profanaciones que estuvieron a punto de hacer desaparecer obras capitales, se prestaron dócilmente D. Vicente López (1772-1850) que, a su reconocido talento pictórico, superaba una servil y mal disimulada adulación, que también heredaron con menos conocimiento sus dos hijos, D. Bernardo y D. Luis." 

Se conocen historias sobre ocultamientos de obras "impúdicas" y el intento de Carlos III de hacerlas desaparecer, hecho que evitan el pintor Mengs y el marqués de Esquilache con su confinamiento en la Casa de Rebeque y su envío posterior a la Academia de San Fernando. Sin embargo no teníamos noticias de los hechos que comenta Poleró y que necesariamente han de situarse en fechas posteriores según su relato. En el decenio 1819-1829 de M. Josefa Amalia en el trono, Vicente López, además de primer pintor de cámara, era director artístico del Museo de Pinturas y se ocupaba de la restauración, creando de hecho una sala específica para la que contrató tres restauradores y un forrador. En el archivo del Museo del Prado, en el que existe documentación abundante sobre esta época, no hemos encontrado ningún testimonio  sobre el relato de las "vestiduras" que cuenta Poleró, que nos permita verificarlo.

El siguiente encargo de importancia que recibe Poleró es el de realizar tareas tanto de restauración como de catalogación y organización de las obras de El Escorial, actividad que ejerció durante tres años  y de la que se sentía especialmente orgulloso. En cierta ocasión, sintiéndose herido por un artículo que Cruzada Villamil escribe en "El Arte en España" sobre el retablo de la ermita de la Granjilla, incluido en su Catálogo de El Escorial, se dirige a él diciéndole lo injusto que había sido "sin reconocer el servicio que yo creía haber prestado a las Artes en primer término". Y cuenta que este le contestó que “no creyéndome con los conocimientos precisos para redactar por mí solo un catálogo de tal especie supuso que D. Pedro Madrazo lo había hecho y, como aborrecía de muerte a esta familia, por esto se había ensañado conmigo por lo inseparable de ella”. 

Aclarado el asunto en el siguiente número de la revista, Cruzada, a pesar de no retirar su crítica, habló elogiosamente de Poleró"Debemos estos datos a la perseverancia con que el Sr. Poleró con la inteligencia que le distingue, y ahora nos complacemos en reconocer y confesar, se ocupa desde hace mucho tiempo en recoger y registrar noticias sobre las vidas y obras de nuestros pintores". (El Arte en España, 1867).
Imagen de la Sacristía. Mº del Escorial

Además de la reorganización de las obras, Poleró propuso a la Dirección del Museo la redacción de un Catálogo de los cuadros del Real Monasterio de San Lorenzo, llamado del Escorial, en el que se comprendían los del Real Palacio, Casino del  Príncipe y Capilla de la Fresneda. La propuesta fue apoyada por José de Madrazo y finalmente fue publicado en 1857. A pesar de la excelente consideración del trabajo realizado, es cesado al finalizarlo por cuestiones económicas, aunque la continuidad de su trabajo en el Museo de Madrid nos permite considerar que el cese no se llevó a efecto, o lo fue por poco tiempo.

En 1857 se produce la dimisión de José de Madrazo a causa de un Decreto del Marqués de Santa Cruz, Intendente general de la Real Casa y Patrimonio, sobre los talleres de restauración del Museo, por considerarlo una crítica a su dirección; en su lugar fue nombrado Juan Antonio Ribera (1779-1860) que llevaba cierto tiempo apartado de la primera línea. Poleró considera que este nombramiento obedeció a "los amaños y manejos" del yerno de Ribera, Julián Sáez Milanés (a quien él llama Gironés) que era Secretario honorario del rey. Precisamente ese mismo año, El Museo Universal, (28.2.1857), había publicado un artículo laudatorio de Milanés sobre su suegro en el que ponía de manifiesto lo injusto de su situación de ausencia y poca relevancia en el panorama artísticoComenta Poleró que a pesar de su nombramiento, el cargo de Ribera estaba "condicionado a que sus disposiciones fueran intervenidas por D. Federico Madrazo y D. Bernardo López, lo cual probó que de su gestión en Palacio, no tenían completa seguridad." 

La importante reducción operada en el presupuesto, en este caso, no afectó a Poleró: "A solo tres empleados quedó reducido el personal facultativo, que fueron Argandona, Gato y mi persona, cuyo nombramiento llamó la atención, no solo por no haberlo solicitado, como por constar a todos mi amistad con el Director". 

         "Tres años pasaron bajo la inspección de la persona menos apta para el cargo que desempeñaba. Como profesor de la Escuela era notado por sus manías y ridiculeces; por su inquina contra la familia Madrazo, por sus celos infundados con el feísimo Peleguer, a quien llamaba "pelagatos" y por el descuido y abandono de su memoria. Viviendo separado de su mujer, anciana venerable, hacía por su cuenta la compra, procurando economizar cuanto podía los 3 o 4 reales de que disfrutaba, no siendo extraño verle llevar a las clases en un pañuelo, hierbas, lechugas, coles, peregil, patatas y alguna vez un besugo asomando la cola por el bolsillo posterior de la levita. ¡Y que un ente de esta naturaleza hubiese llegado a ser Primer Pintor de Cámara y Director de un Museo como el nuestro!..."

La verosimilitud de este relato se corrobora por la descripción del mismo personaje que realiza el archivero Ángel M. Barcia y Pavón (1841 - 1927) en sus Mamotretos, (BNE) coincidente en la mayoría de sus detalles con la de Poleró.

        "Con respecto a sus conocimientos en restauración, reflejábanse las mismas ridiculeces de su carácter, baste decir que nos quiso obligar a que, en lugar de esponja y agua, hiciéramos el empleo de la saliva asegurando que era mejor corrosivo para la limpieza de los cuadros, sin alterar la pátina que solo el tiempo imprime." 

La entrada en la Dirección del Museo del pintor Federico Madrazo en 1860 abre una nueva etapa que Vicente Poleró celebró por lo que iba a suponer, según él, en mejoras de la institución y de la organización de las obras expuestas: 

        "Por fallecimiento de D. Juan fue nombrado Director mi amigo D. Federico de Madrazo que, por su reconocido talento como artista, nadie reunía mejores condiciones y, desde el primer día, todo cambió, dando principio a determinadas y precisas reformas en el arreglo y colocación de los cuadros, consagrando la mitad del Salón central a los maestros de la Escuela Española y la segunda a los de Italia, exponiendo las celebradas Venus de Tiziano, por tanto tiempo ocultas. En el salón elíptico, reformado hoy, se colocaron las más preciosas joyas de las escuelas que poseemos dando entrada al precioso cuadro de Fra Bartolomeo que traje del Convento de las Descalzas Reales...".[Se refiere a la Anunciación de Fra Angélico, llevada al Museo en 1861].

Su relación con el Director, que le confía muchos de los trabajos a realizar, y su buena disposición a colaborar en estas tareas de reorganización le acarrean ciertos problemas con los empleados del Museo y las críticas a la nueva dirección llegan hasta la prensa y que Poleró califica de "Asquerosas e innobles suposiciones inventadas por el ruin proceder del conserje D. Juan Goiti". Las consecuencias de esta tensa situación no se vieron hasta que se dio por finalizado el trabajo de reorganización: "Por si eran pocas, esperábanme mayores judiadas... ello fue que al colocar el último cuadro dando por terminada la tarea, un portero me entregó un oficio firmado por el Director, copiando otro de la Intendencia de Palacio, declarándome cesante con el haber que por clasificación me correspondiera;" (Archivo MNP, Real Orden por la que se jubila a Vicente Poleró, Tercer Restaurador del Real Museo, 21/11/1866).

        "Alguna explicación requería la mala pasada que conmigo se había jugado y nadie más que el Director tenía que darla; así fue, en efecto, y por cierto una en consonancia con su naturaleza fría y endeblez de carácter". Poleró, que no entiende que por su amistad el Director no le hubiera puesto sobre aviso de esta situación, le pregunta directamente a Federico Madrazo quien le contesta: “Amigo Poleró, más que nadie siento lo que ha sucedido, pero me fue preciso acceder a las exigencias que se me hicieron”. Poleró escribe a continuación: "Jamás volví a hablar del asunto."

Ciertamente, para Madrazo no constituyó sorpresa esta noticia ni le faltó voluntad, aunque infructuosa, de evitar el daño, ya que, conocedor de "las economías que se quieren hacer en el Museo", el 14 de diciembre anotó en su Agenda: "He estado estudiando el modo de salvar algunos dependientes del Museo amenazados de cesantía!". Poleró, por su parte, no corta su relación con Federico Madrazo pues, si nos atenemos a los apuntes de su agenda, todavía se verán varias veces en lo que resta de año.

La relación con los Madrazo

De lo dicho hasta ahora puede intuirse la especial relación que unía a Vicente Poleró con la familia Madrazo, que tuvo su comienzo con el padre, José, cuando en 1853 dirigía el Real Museo de Pintura y Escultura. Conocíamos a través de la correspondencia de José y sus hijos, las habituales visitas a su domicilio de la calle Greda, y por las anotaciones en la Agendas de Federico la continua colaboración que se desprende de las mismas para la selección de obras, la colocación de cuadros, el asesoramiento en cuanto a su estado y posible restauración... De hecho la carta blanca que Federico, ya Director del Museo, deposita en Poleró para la reorganización que se lleva a cabo al inicio de su mandato, parece haber sido propiciada por la confianza que Madrazo padre tenía en el restaurador. Pero ya desde el primer momento Vicente Poleró se percata de que padre e hijo no son iguales -pese a los méritos que reconoce en el segundo-: "La entereza de carácter que determinó a D. José de Madrazo y las singulares pruebas de amistad que siempre me dio, aparecieron tan frías y deslavazadas en su hijo D. Federico, como jamás pude figurarme, dado el conocimiento que tenía de mis servicios y circunstancias particulares." 

La admiración que siente Vicente Poleró por algunos hijos de José de Madrazo, especialmente Federico, Pedro y Luis, deriva de su conocimiento temprano a través de su padre, que es quien le abre las puertas de su casa y del Museo y con ello su reconocimiento como restaurador que va a constituir el fundamento de su profesión. Los retratos de Poleró y Camila, su mujer, realizados por Federico y Luis y el que ahora hemos conocido de Raimundo, hablan de esa fluidez en la relación. Pero tras la lectura de los Recuerdos de Antaño tenemos la sensación de que no se trataba de una relación entre iguales sino que, en especial en lo que se refiere a Federico, parece considerar a Poleró como una persona a su servicio. El hecho de comunicarle su cesantía, sin previo aviso, justamente al terminar las tareas que le había encomendado, dice poco de la ética del director y de sus eventuales esfuerzos por salvarle de ella. Pero no será esta la única faena que deba sufrir de un Madrazo.

Aconsejado por Federico Madrazo, en 1891 Poleró presenta al Ministerio de Fomento un manuscrito, producto de años de trabajo, a fin de obtener la subvención para poder publicarlo: "Todo cuanto constituye mi modesta obra "El traje en España" en apuntes, calcos de códices, pinturas murales y al temple, estatuas decorativas y conmemorativas, bustos yacentes y orantes, retratos y alhajas de pasadas edades, forman once tomos."  Dicho manuscrito se envía para informe de las secciones de pintura y escultura de la Academia de San Fernando.

Detalle del Acta del 15 de abril de 1891 de la RABASF

El 28 de noviembre del mismo año, presenta su informe el ponente D. Rodrigo Amador de los Ríos, quien "después de un erudito y bien estudiado informe sobre las Artes en la Edad media" recomienda la concesión de los auxilios oficiales para la publicación del trabajo por reunir las condiciones previstas para ello a pesar de que existan algunos de similares características "por el interés subidísimo y nunca mermado de la obra del Sr. Poleró", y hace especial hincapié en el especial interés de la obra ya que muchas de las figuras reproducidas pertenecían a obras perdidas por el transcurso del tiempo y las guerras.

    "Interrumpiendo varias veces la lectura, D. Pedro de Madrazo, que era el Presidente de la Comisión, empezó por negar que yo hubiera empezado mi trabajo en el año 1838, pues no contaría por entonces más que unos cinco años de edad , por tanto, sería incapaz de dibujar ni discernir en materia de artes" tras esta primera inexactitud prosiguió con comentarios sobre dibujos copiados de una obra de la Academia y que algunos calcos habían sido proporcionados por él mismo. Poleró manifiesta su estupefacción "No se puede triturar más a un hombre, ni desacreditar más un trabajo, por lo tanto ligerezas de tal especie y suposiciones tan gratuitas, no merecen más que el desprecio o un generoso olvido, hasta que esclarecidos los hechos, cada uno ocupe el lugar que le pertenece".

Tras aclarar en sus Recuerdos uno por uno todos los extremos que considera erróneos mencionados por Pedro Madrazo, de quien dice había sido su amigo desde hacía 43 años, Poleró comenta: "Como era consiguiente retiré mi obra de la Academia dejando tranquilo a mi impugnador..."

La larga relación con los Madrazo acaba así de esta forma abrupta sin que entendamos el porqué de este triste final: "Desde el 29 de noviembre de 1891 renuncié a la amistad de estos Srs. y, aunque D. Federico nada intervino en la marcha de este asunto, parece natural me hubiese preguntado sobre mi alejamiento de su casa y de la de sus hermanos." lo que evidentemente, no hizo.

Hasta aquí las principales novedades biográficas de Vicente Poleró y Segura, extraídas en su mayor parte del primer volumen de sus Recuerdos de Antaño, el más personal de los seis que forman el conjunto, siendo el resto de carácter más descriptivo, en relación con sus múltiples viajes que narra con toda suerte de detalles, con el afán didáctico que caracteriza la mayor parte de sus obras. 

Adenda. Los "despistes" de Poleró

La lectura de los Recuerdos de Poleró nos ha dejado claro que era una persona algo despistada, especialmente con los nombres de las personas. Conocíamos la historia del pintor Zanetti a quien él denominó Zapetti, pero a lo largo de sus escritos encontramos este tipo de error en múltiples ocasiones: al yerno del pintor Juan Antonio Ribera, de apellido Milanés, le llama Gironés; al pintor Fra Angelico, le llama Fra Bartolomé; al jefe del Departamento de Restauración del Museo que se llamaba Victoriano Gómez le llama Antonio; lo mismo ocurre con sus compañeros restauradores: a Ventura Torija, le llama Francisco; a  José Carlos Méndez le llama M. Mendez, a Pedro Sáez le dice José...

viernes, 29 de julio de 2022

JOSÉ "ZAPETTI" EN LOS RECUERDOS DE POLERÓ

Federico Madrazo y Kuntz, Detalle del Retrato de Vicente Poleró 1873 MNP 

La lectura de las memorias de Vicente Poleró con el título Recuerdos de Antaño que han sido legadas por sus descendientes a Patrimonio Nacional, nos han permitido conocer nuevos detalles de su vida personal y profesional. Interés especial teníamos en comprobar el relato original que dio lugar al artículo publicado por Francisco Alcántara (1854-1930) en la revista "Madrid Científico" (1902) que originó el llamado "Enigma Ramos-Zapetti" al que ya dedicamos un artículo en este blog. 

Concluíamos entonces con la convicción de que el mencionado artículo no encerraba una, sino dos historias que habían de ser separadas y tratadas de modo independiente para conseguir su total esclarecimiento. La primera historia relativa al apellido Zanetti, tenía que ver con el pintor-grabador José María Zanetti Paret (Lérida, 1797 - Roma, 1854), que realizó sus primeros estudios artísticos en Zaragoza y que se trasladó pensionado a Roma, donde se sitúa la narración relacionada con los inicios de la fotografía y su probable inclusión entre los pioneros inventores, cuya trayectoria ha investigado el profesor Hernández Latas de la Universidad de Zaragoza. 

La segunda, que guarda relación con el apellido Ramos, deriva exclusivamente del retrato presentado en la revista con el supuesto nombre de José Ramos Zapetti y la búsqueda de la verdadera identidad del retratado. La investigación, en este caso, me condujo, a través de documentos de toda credibilidad, a su indudable identificación como el pintor madrileño Francisco Javier Ramos y Albertos (Madrid, 1746 – 1817)

El relato sobre el pintor-grabador Zanetti, aparece dos veces en los Recuerdos con ligeras variantes. Poleró dice haber intentado dar a conocer su historia en diversas ocasiones haciendo una crítica poco velada a su colega y amigo Ossorio y Bernard: 
        
"Y a propósito de la fotografía voy a referirle a V. un episodio relativo a la misma y del cual nadie se ha ocupado hasta hoy a pesar de haberlo referido varias veces y especialmente hécholo notar a mi amigo D. Manuel Osorio y Bernal, [sic] cuando, con más entusiasmo que precisión, escribió el Diccionario Biográfico de Artistas Contemporáneos". 

A la posibilidad de confrontar la historia contada por Alcántara con los Recuerdos de Antaño de Poleró, hay que unir también la aparición de una nueva fuente, el propio Federico Madrazo, que habla del mismo tema en una entrevista realizada en 1890 (dada a conocer por el profesor Hernández Latas en El Heraldo 13.6.2019). 

El primer relato de Poleró 

Se inicia en el contexto de una charla con Federico Madrazo sobre la influencia de la fotografía en las Bellas Artes: 
               "Hablando un día con mi amigo D. Federico Madrazo sobre los adelantos de las Bellas Artes y muy especialmente los conquistados por la fotografía, a la vez que me dibujaba el carácter especial que distinguía a un condiscípulo suyo, en Roma, llamado José Zapetti, natural de Zaragoza y el que me dijo ser un ente sumamente raro, aunque de afable trato y que más bien que en el Arte, pudiera ser cualquiera cosa a que se hubiera dedicado llegando a ser notable y especialmente en lo que tenía relación con los estudios químicos. Hallábase en Roma escaso de recursos y bien fuera por esto, o porque su natural le empujase a la sobriedad, ello es, solo en su estudio se arreglaba su escasa comida que regularmente partía con un perro inseparable compañero suyo..." 

El segundo relato de Poleró 

Cambia el contexto de charla por el de una narración: 
            "En la época en la que Federico de Madrazo residió en Roma, estudiando, tuvo un compañero llamado Zapetti, natural de Zaragoza, que por las cualidades de su carácter se había hecho querer de todos sus condiscípulos. Como la pensión que tenía no alcanzaba mucho, vivía con grande economía, reuniendo en el cuarto que tenía alquilado, el estudio, la cama y la cocina y por único compañero, un perro al que llamaba Mambrino. .../... Más que el estudio del arte, se dedicaba  Zapetti a experimentos químicos por lo cual sus compañeros le conocían como el nigromántico y siempre que iba a verle, Federico y D. Carlos Ribera a los cuales debo estos detalles, lo encontraban ocupado en hacer experimentos combinando unas sustancias con otras, asegurándoles que muy pronto les daría a conocer admirables resultados que vendrían a refluir en beneficio de todos y muy particularmente, en provecho de los artistas que no tendrían necesidad de alquilar modelos ni gastos en maniquís para el estudio de paños. "

El relato de Federico Madrazo

La fuente que debemos considerar más directa de esta historia por tratarse de un testigo directo, es la de Federico Madrazo quien habla del pintor Zanetti (D. José) en el reportaje monográfico que le dedicó La Ilustración Artística en 1890. El pintor recuerda bien el nombre del artista, centra las circunstancias y el tiempo de la anécdota y aunque imprecisa en algún aspecto, resulta la fuente primaria más fiable: 

        "El pintor Zanetti (D. José), un poco poeta y un poco músico y un poco mecánico, español, de Zaragoza (que vivía en Roma en Santiago de los Españoles, en Plaza Navona, donde tenía una sala inmensa y destartalada que le servía de estudio, de laboratorio, de todo, pues que todo hacía, hasta una máquina para volar), nos enseñó a varios amigos suyos, españoles, las primeras imágenes de la cámara oscura fijadas por él de un modo bastante imperfecto en verdad, no recuerdo sobre qué materia, pero sí que eran de un color violáceo y que eran dos o tres vistas de las casas y monumentos que tenía frente a sus ventanas; esto era por los años 40 o 41". (La Ilustración Artística 1.7.1890) 

En sincronía con el recuerdo comentado, el retrato del pintor y litógrafo José Zanetti, hoy en el Museo del Prado, fue realizado por Federico Madrazo en 1842. Hay que señalar que el aspecto pulcro y conforme a la moda de los artistas de la época que presenta el modelo, no parece responder ni al comentario de Poleró"Tan raro como en esto era en el vestir su siempre descuidada persona", ni a la interpretación de Alcántara: "Su traje era tan raro como sus costumbres". 
Federico de Madrazo. Retrato del pintor y grabador José Zanetti. Roma, 1842 MNP

La historia contada por Alcántara sobre el inventor de la fotografía
Francisco Alcántara en 1911, Fotografía de Kaulak

El artículo que dio origen a esta historia, se publicó en 1902 en el nº 398 de la revista "Madrid Científico", a pesar de que su autor se había comprometido a enviarlo a la revista "La Fotografía" dirigida por el célebre Antonio Cánovas, quien la publicaría en Marzo de 1903 con una disculpa previa de Francisco Alcántara: 

        "Amigo, Cánovas; no es mía la culpa. Yo le había escrito á usted un artículo para su Revista, pero precisamente cuando se lo llevaba, tropecé con mi también querido amigo el Director del Madrid Científico, hablamos, y se me escapó el asunto de mis cuartillas ... ¡Tuve que dárselas!. .. La noticia era de interés y quiso ser el primero en divulgarla. Ya se ha publicado. Le autorizo á usted. para que reproduzca el artículo en La Fotografía."

El artículo publicado introduce desde el inicio de su narración detalles que no se encuentran en las memorias de Poleró que ahora hemos podido conocer, a pesar de que Alcántara inicia su narración diciendo: "Copio de las memorias de Poleró cuanto se refiere al que parece ser inventor de la fotografía en España": 

    «Por los años de 1834 al 40, hallándose don Federico de Madrazo estudiando en Roma, había un joven pintor llamado José Ramos Zapetti, natural de Zaragoza, pensionado por un paisano suyo. Más que para artista pintor, Ramos Zapetti había nacido para químico. Por las cualidades de su carácter se había hecho querer de todos sus condiscípulos... » 

Como vemos, Alcántara, a pesar del entrecomillado, no transcribe literalmente ninguno de los dos relatos de Poleró e introduce en la historia un nuevo apellido, "Ramos", que no figura en los Recuerdos, incluyendo a continuación una imagen del presunto retrato del protagonista con esa recién creada identidad.
Retrato que aparecía en el Artículo de la revista Madrid Científico en 1902

¿Por qué incorpora F. Alcántara el apellido Ramos que no aparece en los Recuerdos de Poleró?  

La lectura de los relatos contenidos en los "Recuerdos de Antaño" de Poleró, así como de las anotaciones directas de Federico Madrazo, ponen en evidencia que la única causa de relacionar al pintor José Zanetti con el retrato mostrado en el artículo periodístico se debe exclusivamente a la intervención directa del escritor Francisco Alcántara, que incorpora el apellido Ramos, que no figura en ninguno de los apuntes mencionados. Si retirásemos el apellido Ramos de la historia, se eliminaría automáticamente el retrato asociado a él, con lo que desaparecería la duda que se había planteado al intentar ligar el conocido autorretrato del pintor Francisco Javier Ramos con las vivencias del presunto iniciador de la fotografía, el aragonés José Zanetti

A falta de otra explicación tenemos que pensar que el Sr. Alcántara introduce de forma consciente elementos ajenos a la narración con el único objeto de "redondearla" y darle una visibilidad con la imagen de su presunto protagonista. 

Pero, como ya sabemos, Alcántara reproduce en su artículo el retrato de un conocido pintor, Francisco Ramos (1746 - 1817), anterior en medio siglo a José Zanetti, como atestigua además su modo de vestir, y sabedor de la falta de coincidencia entre la imagen y el personaje de la historia, modifica el apellido del artista aragonés incorporándole el apellido Ramos y, en consecuencia, cambia la identidad del retratado añadiéndole el apellido Zapetti. Que el articulista conoce la identidad de la persona retratada se pone en evidencia cuando añade al final del relato: "...el retrato del pintor y químico de Zaragoza fué adquirido á Poleró por el marqués de Santa Marta y hoy debe figurar en las galerías de sus herederos...", ya que el retrato había sido efectivamente catalogado por el propio Poleró como Retrato de D. Francisco Ramos, pintado por él mismo.- en la colección de dicho marqués en 1875, (en la actualidad en la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno). La amplia descripción e historia del personaje que aparece en el Catálogo de la colección del marqués de Santa Marta indica que Poleró lo investigó a fondo, lo que formaba parte de su práctica habitual, incorporando la información al catálogo. 
Det, de la página 136 del Catálogo del Marqués de Santa Marta, 1875

Izq. Pag. del Catálogo de la Exposición de Pinturas Españolas de la primera mitad del siglo XIX. 1913.   64.- Auto-retrato por D. Francisco Ramos. Propiedad del Excmo. Sr. Conde de Torre Arias
Der. Autorretrato de Francisco Ramos. Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno.

Sabemos que Poleró no conoció a Zanetti, por lo que su imagen le era desconocida. Solamente cabría la posibilidad de que hubiera visto el retrato pintado por Madrazo, que de ningún modo podría confundirse con el de Ramos. Por ello Poleró nos sorprende cuando indica al final de su relato: 
        "En el catálogo manuscrito y parte impreso que va unido, de todos los retratos que poseo adquiridos a fuerza de paciencia, de tiempo y de trabajo, todos ellos de personas notables, se encuentra el de Zapetti." 
Ese catálogo de retratos que menciona no figura entre los Recuerdos de Antaño. Cabe la posibilidad de que esta información sobre el retrato pudiera haber sido añadida por la persona que transcribió o mecanografió las memorias en las que además incorporó la fotocopia del artículo de Alcántara publicado en Madrid Científico.

Es posible que el "octogenario" Poleró pudiera tener un lapsus de memoria y confundir el nombre del pintor Zanetti por Zapetti; incluso, aunque mucho más difícil, es que al cabo del tiempo atribuyera su personalidad a otro artista bien conocido por él por haber restaurado su retrato e investigado su identidad y su historia; pero no cabe la indulgencia de la edad o la falta de memoria para el Sr. Alcántara, quien, consciente de la falta de coincidencia entre la historia y el retrato, decide modificar el apellido del protagonista para conciliar la discrepancia.

En las conclusiones de su investigación el profesor Hernández Latas habla de una doble imprecisión de la historia: la del propio Poleró que registra un relato recibido por transmisión oral y la de su transcripción posterior por el crítico Francisco Alcántara, provocando entre ambos un error en la historiografía de la fotografía durante más de un siglo. La aparición del testimonio directo de Madrazo debería ser suficiente para poder situar a Zanetti en el lugar que le corresponde en esta historia e identificar su imagen, exclusivamente, con la captada por el maestro del retrato de la época Federico Madrazo.

Otras "intervenciones" de Alcántara en el relato

No fue esta la única licencia que se permitió el escritor del artículo, ya que introdujo ciertas informaciones que no aparecen en el texto de los Recuerdos, pero que figuran entrecomilladas como si de una transcripción textual se tratara. Aporta datos o comentarios que desvirtúan el relato y lejos de aportar claridad inducen a confusión. 

Así Alcántara, a diferencia de Poleró que no menciona fecha alguna, sitúa la escena entre 1834 y 1840, periodo que no resulta coincidente con la trayectoria personal de Federico Madrazo, que databa cartas y diarios de tal modo que nos permiten hacer el seguimiento temporal de su vida con poco margen de error. Como ya indicábamos en el artículo del blog arriba citado, es un hecho que Madrazo no llega a Roma hasta octubre de 1839, habiendo conocido personalmente el invento de Daguerre antes de dejar París. Por su parte en su relato Madrazo dice:  "esto era por los años 40 o 41".

Poleró comenta, dando un cierto toque dramático -probablemente infundado- al relato,  que Zanetti "vivió en la miseria y murió en el olvido" y Alcántara añade de su propia cosecha que falleció "unos cuatro años después de realizar su descubrimiento". No parecen ser ciertas ninguna de estas afirmaciones ya que hoy sabemos que Zanetti falleció años más tarde en Roma, concretamente el 8 de julio de 1854, a los 57 años, teniendo propiedades, pues la Gaceta de Madrid, de 30.6.1865 publica un llamamiento de su testamentaria a posibles herederos del pintor en relación con las mismas.

Una curiosidad es que el nombre del perro no era Maestrino, como sin duda por error debió transcribir Alcántara, sino Mambrino; nombre mucho más castizo que lo relaciona con la famosa anécdota quijotesca.

Hemos de concluir tras la lectura de los Recuerdos de Antaño de Vicente Poleró que ya no podremos seguir hablando de enigmas en relación con los apellidos Ramos y Zanetti. Cada uno de los integrantes de este binomio tiene una personalidad y una historia propia distinta y distante en el tiempo, aunque la sorprendente manipulación de un escritor, generalmente bien considerado en el mundo de la cultura, los haya unido en una crónica periodística.


Puede leerse el artículo de Alcántara completo de la revista Madrid Científico núm. 398 de 1902, en la Hemeroteca digital de la BNE.

miércoles, 5 de agosto de 2020

EL GATO DE POLERÓ

Vicente Poleró. Fot. J. Laurent. Archivo Mº Historia de Madrid

Hace ya cinco años dediqué un artículo de este blog a Vicente Poleró y desde entonces estoy atenta a lo que se publica sobre él.  Me alegró ver en su momento que el Museo del Prado había atendido la propuesta de mostrar en su Galería online el retrato, guardado (y olvidado) en el almacén, de Camila García de Poleró, pintado por Luis de Madrazo. El retrato había sido donado por su hija Consuelo, también pintora, junto con el de su padre, obra de Federico de Madrazo, actualmente depositado en el Museo de Lugo.

Recientemente la Biblioteca Regional de Madrid Joaquín Leguina, ha adquirido para su colección de manuscritos la recopilación de romances escritos por los miembros de la Academia del Gato que en 1873 se reunieron en un volumen titulado Romancero español, que se ha incorporado a la Biblioteca Digital de la CM.

Hasta ahora tenía conocimiento de esta obra y de su relación con Vicente Poleró a través de dos antiguos artículos publicados por el Ayuntamiento de Madrid. 

El primero de ellos apareció en la Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo del Ayuntamiento, en tiempos de la República, en 1934, debido a la pluma del periodista y autor dramático Alejandro Larrubiera y Crespo (1869-1936), en el que se comenta ampliamente la historia de la formación y los objetivos de la Academia del Gato, incluyendo la biografía de la mayoría de sus componentes y el primer romance publicado de la serie. Al revisar ahora la información he podido comprobar que Larrubiera no solo cita, sino que reproduce en su práctica totalidad otro artículo publicado por el periodista malagueño Eduardo Lustonó (1849-1905) en la Ilustración Española y Americana de 15 de Marzo de 1903. Este último afirma que su fuente fueron las propias actas de la ya extinguida tertulia.

El segundo artículo, más reciente, de Juan Contreras, Marqués de Lozoya, lo publicó el Instituto de Estudios Madrileños en 1973, formando parte de un ciclo de conferencias. En él contaba que rebuscando en su biblioteca familiar "tuve la fortuna de tropezar con dos volúmenes, bien encuadernados a la española, que ostentan sobre el lomo, en letras doradas, esta inscripción: Academia del Gato. Romancero Español. Tomo I-Tomo II. El primer volumen consta de ciento cincuenta folios, que hacen 300 páginas, escritas en menuda y compacta letra de varias manos, y de 236 el segundo".  Decía el Sr. Contreras que la obra perteneció a la biblioteca de don Jerónimo López de Ayala y Álvarez  de Toledo, Conde de Cedillo, su tío y suegro, en la que ingresó seguramente "como donativo de don Vicente Poleró, pintor y arqueólogo insigne con quien mantuvo el Conde, en su juventud, estrecha amistad". (El Conde de Cedillo será el prologuista de la obra de Poleró Estatuas Tumulares de Personajes Españoles de los Siglos XIII AL XVII. 1902).

La reciente adquisición de la Biblioteca madrileña (¿Se tratará del ejemplar del Marqués de Lozoya?) y la digitalización del volumen publicado del romancero me ha permitido conocer el contenido completo de la obra y me ha dado la ocasión de revisar los artículos citados y recordar la curiosa historia de esta efímera Academia.
           "Primer pensamiento que como encavezamiento (sic)  para todos los romances se pensó hacer por fin de economizar el gasto de los grabados. Vicente Poleró."

LA ACADEMIA DEL GATO

La denominada Academia del Gato surge alrededor de 1869 en la tertulia literaria y artística que se reunía en el Café de Levante, situado en la calle de Alcalá, junto a la Puerta del Sol. La iniciativa, que culminará con la creación de la Academia, partió del pintor y restaurador Vicente Poleró y Toledo
Antiguo Café de Levante. Puerta del Sol, 5. 1935

La necesidad de disponer de un local más adecuado para la actividad de dicha Academia y la falta de recursos para financiarlo fue resuelta con el ofrecimiento de Vicente Poleró de su propia casa en la Calle Santa María de la Cabeza, 49, en la que el 21 de marzo de 1870 se celebró la primera sesión, reuniéndose allí a partir de entonces todos los lunes.

Sobre la historia del nombre de la Academia, cuenta Eduardo Lustonó que "cuando [Poleró] apenas empezaba a saber dibujar y sin tener todavía la más leve noción del colorido, pudo proporcionarse unos colores al óleo y en su afán de aplicarlos discurrió que una hermana suya sujetase un hermoso gato blanco que tenían, mientras que él lo copiaba, como lo efectuó, siendo su primera obra al óleo". Pasado el tiempo, continúa el cronista, Poleró encontró su "opera prima" a la venta en un puesto del Rastro por seis cuartos, pero no quiso adquirirlo. La anécdota fue contada por el propio Poleró en la primera reunión del grupo y al siguiente domingo el recién nombrado secretario, Julián Díaz Cobeña, se acercó al Rastro y adquirió la pintura, ofreciéndola a los tertulianos que la convirtieron por aclamación en el símbolo de la nueva sociedad que se denominó "Academia del Gato". La obrita de Poleró presidió desde entonces la sala de reuniones y la imagen del felino pasó a integrar el símbolo de la nueva Academia.
V. Poleró. Logotipo de la Academia del Gato, 1873

Vicente Poleró expone en el preámbulo del Tomo II, que se incluyó como prólogo en la publicación de 1873, las circunstancias que llevaron a la fundación del grupo en una época de ruina económica y de desastres políticos y militares: "Teníamos el corazón dolorido por las desgracias de la patria. Teníamos abrumada la inteligencia bajo la presión candente de los comentarios políticos que rara vez se interrumpen en el ahumado recinto de los cafés. ... Las artes y las letras vertieron en nuestras almas el bálsamo de sus consuelos; nos acariciaron con sus dulcísimos encantos y nos adormecieron al arrullo de sus fantásticas inspiraciones."

El propósito principal de los fundadores de la Academia era "Desterrar de entre el pueblo los absurdos e inmorales romances, que hoy sirven de pasto a sus aficiones poéticas, extraviando su gusto y pervirtiendo sus instintos; despertar en él ideas de grandeza y de justicia con la enseñanza de los hechos que abundan en su gloriosa historia"

              "Escribamos para el pueblo, recordémosle su historia y sus tradiciones, para que se goce en ellas; despertemos en él el entusiasmo de sus más santas empresas" 

A lo largo de tres años, se fueron publicando los romances de carácter histórico hasta un total de cincuenta, cuyos originales están escritos con numerosas tachaduras, enmiendas y correcciones. En un primer momento se fueron vendiendo sueltos, como pliegos de cordel, a dos cuartos cada ejemplar. Cada romance iba acompañado de un dibujo o grabado en madera alusivo al asunto que se tratara y al final figuran siempre las iniciales del escritor y el logotipo creado que consistía en un escudete en cuyo centro campeaba la cabeza del gato sujetando una pluma entre sus dientes.

El reglamento establecía un máximo de diez socios fundadores, aunque también preveía que hubiera miembros supernumerarios. Todos debían pagar una cuota de dos reales mensuales. Dice Lustonó que "antes de proceder a la publicación de un trabajo se discutía en plena sesión, dándose el caso en diferentes ocasiones de ser rechazados muchos romances, por no llenar, a juicio de los académicos, las condiciones que se requerían para figurar en el Romancero..., rigorismo que, lejos de aflojar, estrechó los vínculos amistosos de todos los académicos".

ACADÉMICOS: ESCRITORES

La Academia del Gato estaba formada por un grupo heterogéneo de abogados, ingenieros o periodistas con inquietudes literarias y algunos pintores y grabadores dispuestos a dedicar su tiempo y recursos a una actividad cultural de dudosa viabilidad económica. Dice Contreras: "No había poetas en la Academia del Gato, sino eruditos y artistas con veleidades literarias". Pocos de ellos, salvo honrosas excepciones, continuaron la carrera literaria hasta el fin de sus días. La mayoría fue abandonado el arte o teniéndolo como afición, dedicándose a su profesión principal.

Conocemos la práctica totalidad de ellos porque los nombres de los escritores aparecen al pie de cada uno de los romances, aunque en la publicación aparecen solamente sus iniciales. Siguiendo el orden alfabético utilizado por Lustonó expongo a continuación la lista revisada de los académicos que tomaron parte en el Romancero, completando en algunos casos las breves reseñas que el periodista nos da de ellos, incluyendo entre paréntesis los títulos de sus romances que a cada uno le corresponden. A pesar de que el marqués de Lozoya afirma que Poleró Carderera colaboran en la redacción de los romances, no consta en ninguno de ellos la firma que acredite tal intervención, como tampoco se conoce aportación alguna de este último a los dibujos y grabados.

Alfredo Boccherini y Calonje (Madrid, 1845 - 1907)

Firma con las iniciales AByC. Bisnieto del famoso músico Luigi Boccherini de quien publicó una biografía y el catálogo de sus obras. A pesar de ser ingeniero industrial, su gran afición a las letras le llevó a publicar una colección de romances históricos y tradicionales. Fue redactor del diario conservador madrileño El Eco de España y  colaboró en varios periódicos literarios. 

Autor de: La calle de la Cabeza, El reloj de San Plácido, La peña de los enamorados, El Cristo del socorro y El Caballero de Gracia.

Luis Bonafós Vázquez,  (+1903) 

Firma con las iniciales FS que corresponden a su seudónimo anagramático: «Fabio Sunols». Era intendente militar. Realizó en 1901 el Catálogo de la Biblioteca del Centro del Ejército y de la Armada. Con su pariente y compañero de Academia Luis Díaz Cobeña firmó las tragedias clásicas Norma y Epiceris. Escribía la crítica musical y de teatros en El Correo Militar. 

Autor de: El Nuevo Mundo, Los hermanos Carvajales, La campana de Huesca y El mulato de Murillo.

José del Castillo y Soriano (Madrid, 1849 - 1928) 

Firma con sus iniciales JCS. Abogado, periodista, escritor y político. Con el seudónimo “El Sotillo” dio al teatro algunas obras muy aplaudidas. Ingresó en el cuerpo facultativo de archiveros y bibliotecarios llegando a alcanzar el cargo de segundo jefe de la Biblioteca Nacional, fue Gobernador Civil en distintas provincias y durante más de 20 años el cargo de secretario general de la Asociación de Escritores y Artistas.. 

Autor de: La batalla del Guadalete, A la luz de un candil. El tributo de las cien doncellas, Justicias del rey don Pedro, La muerte de Escobedo y Trafalgar.

Jaime Clark. (1844 - 1875) 

Firma con las iniciales CS. Nacido en Nápoles, en la primavera de 1864, se trasladó a España a fin de estudiar castellano. Amigo de Juan Valera se hizo famoso por sus diez traducciones de Shakespeare y de las Poesías de Heine y otros poetas alemanes. 

Autor de: Jaque al rey.

Carlos Luis de Cuenca y Velasco. (Madrid, 1849 - Ávila, 1927) 

Firma con las iniciales QNK. Escritor y abogado del Cuerpo Jurídico Militar, en el que llegó a teniente fiscal del Supremo de Guerra y Marina. Publicó algunas de sus composiciones con el  título de Alegrías. Junto con José del Castillo y Soriano escribió el libreto La Divina Zarzuela, en 1885. Ejerció el periodismo, siendo redactor del Heraldo de Madrid, La Correspondencia Militar, ABC, El Debate, crítico de teatro en La Ilustración Española y Americana y redactor jefe de Blanco y Negro
Autor de: El laurel de la Zubia.

Luis Díaz Cobeña (1837 - 1915)

Firma con las iniciales LVD de su seudónimo "Lucio Viñas Deza".  Político y abogado de prestigio, de quien se publicaron innumerables textos jurídicos y llegó a ser decano del Colegio de Abogados de Madrid. Colaboró en diversos periódicos madrileños.
La afición literaria que cultivó especialmente en sus años jóvenes le llevó a colaborar con su pariente
Luis Bonafós con quien firma dos tragedias clásicas. De él decía Ángel Ossorio (hijo de Manuel) que era elegante y modesto a la vez, bondadoso, humorístico, cordial, y discreto hasta en sus minutas. 
Autor de: El cardenal Cisneros. Francisco de Avellaneda y El Avemaría.  

Jose Gutiérrez Cabiedes. (+ Quesada-Jaén, 1898)

Firma con las iniciales JC. Poeta y dramaturgo. En 1872 estrenó en colaboración con Castillo y Soriano el drama Doña María Pacheco, y posteriormente El gran Tamerlán. Formó parte de las redacciones de la Gaceta, El Diario del Pueblo, Las Ocurrencias y El Cronista. Por la coincidencia en la localidad y el apellido es probable su parentesco con el pintor Rafael Hidalgo [Gutierrez] de Caviedes. 

Autor de: La esposa de Padilla, La batalla de Otumba, El alcalde de Móstoles, Las Trinitarias Descalzas, Don Alfonso VIII, Granada, La victoria de Lepanto, El Rastro y Bailén.

Pedro Larraza. (Iniciales PL)

Abogado, escritor y pintor. Tío carnal de Unamuno. La Universidad de Salamanca conserva una "Marina" firmada por él, heredada por Unamuno posiblemente de su viuda. 

De este autor el manuscrito de la obra contiene, en su página 14, un romance dedicado a la Academia del Gato firmado en Guetaria, su patria, donde, al parecer, estaba desterrado y en la página 18 un Soneto a Cervantes firmado en 1872 el día 23 de abril, aniversario de su muerte. Finalmente, en la página 20 aparece una "Epístola a Perico" (que Contreras considera Pedro de Larraza) escrita por Ossorio y Bernard, firmada y fechada el 24 de abril de 1870.
Autor del Romance: Zaragoza

Nicolás Muñoz Cerisola (Málaga, 1849 - 1907)

Firma con las iniciales NM. Poeta, escritor y periodista. Siendo muy joven marcha a Madrid empezando allí su vida literaria. Cronista de Málaga y colaborador en la prensa local desde 1865, fundador del semanario El Museo (1874) y La Patria.
Publica novelas en La Ilustración Española y obras como Rimas (1875), Semblanzas (1876), Romances de ciego (1896) además de algunas obras de temática social y otras de carácter literario como La Antología de poetas árabes durante la dominación musulmana en España.

Autor de: La conquista de Málaga y Álvarez de Castro.
Francisco Muñoz y Ruiz (1843 - 1892) 

Firma con sus iniciales FM. Natural de Cádiz, vino a Madrid en 1869. Junto con Ossorio y Bernard escribe el drama histórico Abd al Rhamán III.  Fue redactor de El Imparcial, El Liberal y El Día y colaborador de diversas publicaciones literarias. Al igual que varios de los componentes del grupo era de ideología republicana.

Autor de: El suplicio de D. Álvaro de Luna.

Eduardo Navarro y Gonzalvo  (Valencia, 1846 - 1902) 

Firma con sus iniciales ENyG. Periodista, escritor, dramaturgo y libretista de zarzuela. Estudió Filosofía y Letras en su ciudad natal y luego se trasladó a Madrid, donde se dedicó al periodismo y al teatro. Colaboró en El Combate, La Igualdad, El Imparcial, El Globo y Blanco y Negro. De ideología republicana, sus artículos críticos y satíricos sobre la monarquía de Amadeo I le costaron algunos periodos de prisión. 
Estrenaba obras tan a menudo que el periódico satírico Madrid Cómico, en el que entró de redactor en 1880, le dedicó la portada a su caricatura con estos versos: “Es fecundo como pocos,/ y escribe con mucha gracia,/ y se va a hacer millonario/ si cobra como trabaja” 
Autor de: El Príncipe Don Carlos.

Manuel Ossorio y Bernard (Algeciras, 1839 - Madrid, 1904)  

Firma con las iniciales de sus apellidos OyB. Inició su carrera en la administración, pasando por el Ministerio de Fomento y la Gaceta de Madrid, pero su verdadera vocación fue el periodismo. Su labor literaria con dos dramas e innumerables cuentos y artículos en las revistas de la época, está hoy totalmente olvidada, pero la obra que le da un lugar de honor en la cultura, es la Galería biográfica de Artistas Españoles del siglo XIX (1869) que, junto con su Ensayo de un Catálogo de Periodistas Españoles del S.XIX (1903) le convierten en un autor de consulta imprescindible para el estudio de la época. 
Autor de: La torre de los Lujanes, Pedro de Vera, El mejor premio del Arte, Muerte de Lope de Vega y Villamediana.

Gregorio Perogordo y Rodriguez
(Madrid, 1840-1891) 

Firma con las iniciales JR de su seudónimo "José Roldán" excepto los dos últimos que lo hace con JHG del seudónimo "J. Hernández y González". Abogado, poeta y pintor. Se ordenó sacerdote tras quedar viudo y fue rector de las Comendadoras de Santiago. 

Autor de: El voto de Alfonso VI, El compromiso de Caspe, La muerte de una artista, La prisión de Quevedo, Doña Juana la Loca, La perla de Ávila, Una aventura de Olmedo, El soplo de la muerte. Contra Dios o contra el rey y La Arganzuela.

Pablo Vera Bañón (+ Toledo, 1897) 

Iniciales PV. Pintor de origen alcoyano, formado en el taller de Espalter. En 1861 se traslada a Burgos para realizar el decorado del salón de Sesiones de la Casa Consistorial. Hacia 1870 recibe el encargo de decorar la capilla y otras salas del Alcázar toledano, ciudad en la que vivirá hasta su muerte. Cabeza de una saga que continúa con su hijo, José Vera González (1863-1936), y su nieto Enrique Vera Sales (1886-1956), acreditados pintores toledanos. (F. Dorado Temas Toledanos, nº 45, 1986), Colabora con sus caricatura-retratos en la revista La Campana Gorda

Autor del romance Alfonso VI en el destierro del que también realiza la ilustración.)

Pablo Vera. Romance 22. Alfonso VI en el destierro. 

DIBUJANTES Y GRABADORES

Varios artistas ilustraron los romances gatunos, si bien en este caso, la nómina de académicos es difícil de establecer pues varía de unos cronistas a otros. En todo caso la lista concreta de ilustradores "gatos" sería escasa ya que se aceptaron colaboraciones externas. Dice Lustonó que la casa editorial de Gaspar y Roig, para el mejor éxito de la empresa, facilitó algunos clisés [sic] firmados por Benedicto, Capuz, Hispaleto (Manuel), Lizcano, Miranda, Pizarro, Rico (Martín), José Severini y José Vallejo y Galeazo.

Tanto Lustonó como Larrubiera mencionan entre los artistas ilustradores del Romancero sin distinguir si se trata de pintor, dibujante o grabador, a Ignacio Calles, Eusebio Fernández Cuesta, José Galán, Luciano del Hoyo, Antonio Lanzuela, Carlos Múgica, Antonio Pérez Rubio y Vicente Poleró. Pero Contreras en el catálogo detallado publicado al final de su artículo, que contiene algunos errores, añade a esta lista a los pintores Luis FerrantManuel Ojeda Antonio Bravo, al grabador Joaquín Sierra y Ponzano y al dibujante Julián D. Cobeña. 

No siempre aparecen la firma o las iniciales del ilustrador en los propios dibujos, lo que hace casi imposible la confrontación de muchos de ellos con la información dada por los articulistas. Por ello, en esta ocasión me limitaré a exponer la reseña de aquellos cuya colaboración es amplia por lo probablemente fueran miembros integrantes de la Academia.

Carlos Múgica y Pérez (1821-1892) 

Pintor, dibujante e ilustrador originario de Villanueva de Cameros (Logroño). Estudió en la Academia de San Fernando y en 1848 decidió trasladarse a Roma a sus expensas; a su vuelta colaboró con Carlos Luis Ribera en la decoración pictórica del Congreso de los Diputados. Dedicado más especialmente al dibujo de láminas, ha firmado un gran número de ellas para revistas y periódicos. En 1858, ganó por oposición la plaza de profesor de dibujo de anatomía en la recién creada Escuela Superior de Pintura y Escultura de Madrid y poco después también fue profesor de la Escuela de Artes y Oficios. (Realiza 5 ilustraciones, las correspondientes a los romances 6, 8, 10, 34 y 42, firmando en unas "Mujica" y en otras "Mª")
C. Mugica. Romance 8º  El Nuevo Mundo

José Vallejo y Galeazo (Málaga, 1821-Madrid, 1882) 

Pintor, ilustrador, dibujante y grabador. Profesor de dibujo de la Escuela de Minas de Madrid, al estallar la guerra de África, se alistó voluntario y fue destinado al Cuartel General de O'Donnell. Además de hacer estudios artísticos durante la campaña, ganó una cruz de San Fernando por sus servicios en la batalla de Tetuán. Organizó una Escuela de Artes y Oficios en la calle del Turco y más tarde una «Escuela de Artes para señoritas». Fue ilustrador de importantes obras como Viajes de Fray Gerundio; Iconografía española de Valentín Carderera, Historia de las órdenes de caballería, Crónicas de la guerra de África, y muchas otras. También realizó numerosos dibujos para publicaciones periódicas. (Según Contreras son suyas las ilustraciones de los romances 14, 18, 27, 33 y 48).

Entre los grabadores, el nombre de Galán sobresale del conjunto, siendo el responsable del grabado de un total de 23 de las ilustraciones. Poco sabemos de este artífice, a quien Contreras llama Don José mientras que Ossorio y Bernard se limita a indicar una "N" como inicial de su nombre y decir que su firma "se ve al pie de numerosas láminas de los periódicos". 

Algo más sabemos de su colega Carlos Capuz Alonso (1834-1899. Grabador xilógrafo, natural de Valencia y discípulo de la Real Academia de San Fernando, premiado con mención honorífica y medallas de segunda y tercera clase en Exposiciones Nacionales desde 1860 a 1878, cuya firma podemos ver en cuatro de las ilustraciones publicadas.
Romance 27º La Victoria de Lepanto, Vallejo / Capuz
Romance 10º Francisco de Avellaneda. Múgica / Galán

Vicente Poleró (Cádiz, 1824 - Madrid, 1911)

Termino incluyendo en la relación de artistas a Vicente Poleró, promotor y factótum de la Academia del Gato, a pesar de que su papel en ella sobrepasa con creces su aportación a las ilustraciones del romancero. Vemos su clara firma "V. Pº" en doce de las ilustraciones de los romances, ocho de las cuales están grabadas por Galán. A pesar de que en pintura su especialidad fueron los interiores de monumentos, en estas ilustraciones predominan los retratos de los personajes que protagonizan los romances, más que escenas relativas a los mismos.
Vicente Poleró, Retrato de Velázquez en el Romance 26º 
Vicente Poleró. Retrato de Lope de Vega del Romance 31º 
Vicente Poleró. Retrato de Alonso Cano del Romance 19º

Para terminar hago mías las palabras con que cierra su relato Juan Contreras

           "Al sacar del olvido la Academia madrileña del Gato queremos, en ella, rendir un homenaje a tantas tertulias de poetas y de artistas que iluminaron con la luz de una ilusión un momento en las vidas, acaso desventuradas de cuantos se reunían para elevar la cultura de una España cerril, desgarrada por una perpetua guerra entre hermanos."