jueves, 5 de febrero de 2026

MANUELA MONNEHAY Y LOS BÉCQUER

La reciente exposición sobre 'Los Bécquer, un linaje de artistas' del Museo de Bellas Artes de Sevilla, tiene gran importancia por tratar de manera conjunta una saga familiar de pintores de primera línea siempre opacada por la personalidad indiscutible y la fama de uno de sus miembros, el poeta Gustavo Adolfo Bécquer. Con independencia del gran interés del conjunto, en este artículo nos fijamos para su identificación y estudio en una de las obras que se ha incorporado a la muestra, un Retrato de Señora pintado en 1854 por Joaquín Domínguez Bécquer (1816-1879). La obra, perteneciente a la Colección Abelló, identifica a la persona retratada, considero que sin fundamento, con la escritora Cecilia Böhl de Faber, conocida en el ámbito literario como Fernán Caballero.  

Joaquin Domínguez Becquer. Retrato de Señora. Det. 1854 Col. Abelló

Hace ya tiempo escribí en este blog un artículo titulado "DESCUBRIENDO A CECILIA BÖHL DE FABER" que tenía como principal argumento mostrar la gran resistencia que la escritora siempre opuso a ser retratada; rechazo que fue vencido en escasísimas ocasiones en que pudo sentir la presión de personas a las que no podía negarse por el agradecimiento y la consideración que tenía hacia ellas, como fue el caso de los Duques de Montpensier. Así, de las pocas imágenes seguras que tenemos de la escritora, podemos considerar como la más fiel el retrato que, por encargo del Duque, realizó en 1858 Federico de Madrazo, dada la calidad indiscutible del retratista. A pesar de que en la actualidad se ignora el paradero de ese retrato, es bien conocido por fotografias y por una copia que el propio Duque encargó para la Biblioteca de personajes ilustres de la Universidad de Sevilla.

Estanislao Espejo. Retrato de Fernán Caballero según F. Madrazo. 1877 Universidad de Sevilla

La propuesta de identificación que se realiza en este artículo del Retrato de Señora de Joaquin Domínguez Becquer, presentado en la Exposición sevillana es que se trata de Manuela Monnehay Moreno, una mujer estrechamente ligada a la familia Bécquer en su conjunto y a sus distintos componentes, pero de indudable relevancia en la vida de Gustavo Adolfo Bécquer. Se trata de una persona mencionada en todas las biografías del poeta, aunque de un modo superficial, y con datos a menudo erróneos. Antes de entrar en la pintura concreta revisaremos los datos de su biografía que se circunscribe a la ciudad de Sevilla. 

Manuela Monnehay Moreno (1814-1855)

Narciso Campillo, amigo de la infancia de Bécquer, el poeta, cuenta que "Gustavo  fué recogido por la señora Monehay, su madrina de bautismo, persona de claro talento, que poseía bastantes libros y cosa rara en mujer ¡que los había leído todos!" (La Ilustración de Madrid, 15 enero 1871). Por su parte Santiago Montoto, uno de sus principales biógrafos, señala que Manuela Monnehay fue alumna de José Domínguez Bécquer, (padre del poeta) en las clases de pintura que impartía tanto en el Liceo Sevillano como en su propio domicilio, siendo nombrada madrina del recién nacido Gustavo cuando sólo tenía 10 años. (La Madrina de Bécquer. Santiago Montoto. ABC de Sevilla 28 agosto 1970). Inexactitudes o medias verdades como estas abundan en la biografía inicial del poeta relativa a su niñez y en general al periodo de sus diecinueve años transcurridos en Sevilla, dando un aire legendario y romántico a este periodo de la vida del poeta.

La existencia de Manuela Monnehay es bien conocida y una atenta mirada a los documentos oficiales de que se dispone ofrecen una información clara y precisa sobre las circunstancias de su vida que no han sido suficientemente consideradas por los biógrafos de la familia Bécquer. 

Manuela nace en Sevilla en 1814, su padre, Carlos Monnehay Monnehay, de origen francés de la región de Picardie, era dueño de una tienda de perfumes situada en la Plaza del Duque, 21 y 22 en el centro de Sevilla, que era también su domicilio particular. Estos datos pueden comprobarse en el Padrón de quintas del municipio sevillano del año 1838 en el que constan el titular Carlos Monnehay, su esposa, Dolores Moreno Rodriguez de 54 años, su hija, Manuela Monnehay Moreno, soltera de 24 años, (dato que nos permite calcular su fecha de nacimiento entorno a 1814), dos dependientes del comercio y una sirvienta.
Padrón General para la Quinta del año 1838 Plaza del Duque, 21 y 22.

La relación de Manuela Monnehay con la familia Bécquer debió producirse a partir de la asistencia de esta a las clases de dibujo y pintura que impartía José Domínguez (Bécquer) Insausti (1805-1841) tanto en el Liceo como en su domicilio. En ellas coincidía con Joaquín Domínguez (Bécquer) Puertas (1816-1879), primo del maestro, que asistía a las clases y colaboraba con él en diversas tareas como la preparación de lienzos o pintando fondos. La fluida y estrecha relación de Manuela con la familia se confirma por su elección como madrina del recién nacido Gustavo Adolfo en 1836, cuando ella tenía 22 años (en ningún caso los diez que mencionan varios biógrafos).
Partida de Bautismo de Gustavo Adolfo de 25.2.1836 y su transcripción.

Los avatares de la familia Bécquer a partir de la muerte de su padre

Debemos en buena parte al escritor Santiago Montoto la información sobre muchos datos relevantes concernientes a la familia aclarando en muchos casos informaciones dudosas que por la fama del poeta se iban convirtiendo en leyenda. Mas tarde, su principal biógrafa, Rica Brown, revisará y pondrá al día la historia familiar del poeta. 

En 1841, la vida de la familia Becquer, casado con Joaquina Bastida era tranquila y sin dificultades de tipo económico gracias al trabajo del padre, el pintor José Dominguez Bécquer.  Padres de siete hijos, todos varones, su situación cambia de forma abrupta con la muerte prematura del pintor a los 35 años. La radical disminución de recursos económicos obliga a contar con la ayuda de familiares para su mantenimiento y produce situaciones que se irán modificando con frecuencia hasta que los huérfanos vayan alcanzando su autonomía.

En 1842, año siguiente a la muerte del padre, vemos en el Padrón de vecindad de San Lorenzo,  que la familia, se habia mudado de domicilio a la calle del Espejo, nº 12, 2º, figurando como habitantes solo la madre, Joaquina Bastida Vargas, con tres de sus hijos Estanislao, Eduardo y Valeriano, siendo únicamente el mayor quien puede aportar algún recurso económico como fruto de su trabajo. Ello viene a confirmar que la viuda hubo de contar con la ayuda familiar de su pariente, probablemente su tío, Juan de Vargas a quien mencionan muchas crónicas por el acogimiento de alguno de los huérfanos que la madre no podía mantener. De hecho a este pariente hace referencia Gustavo Adolfo cuando escribe en 1870 los recuerdos de la vida de su hermano Valeriano

En 1847, solo seis años más tarde, se produce el fallecimiento de su madre, Joaquina, a los 37 años, con lo que la situación cambia de nuevo. Cabe suponer que los hijos que se habían mantenido con su madre pasan también al cuidado de Juan de Vargas cuyo posible fallecimiento provocará otro cambio de situación de los hermanos. Para Gustavo Adolfo representa un periodo significativo pues coincide con el cierre de la escuela de San Telmo donde estudiaba interno por lo que pasará a ser acogido por su madrina de bautizo Manuela Monnehay; esta situación, a veces puesta en duda, es confirmada por Rica Brown que confirma esta estancia en casa de la madrina a pesar de que el joven no aparece inscrito en el Padrón de su domicilio. En todo caso se trata de un periodo que solamente va a durar dos años pero que serán cruciales en su biografía. 

En 1849, de nuevo encontramos juntos a los hermanos que se han trasladado a vivir a la casa de una prima de su madre Manuela Bastida Gil en el nº 37 de la calle Alameda, tal como figuran en el Padrón general de 1850, en el que figura como cabeza de familia su tía Manuela de 67 años, que era viuda de José Román, uno de cuyos hijos, Vicente, convive con ellos.  

Padrón General para la Quinta del año 1850 Recto C/ Alameda, 37.

En 1852 ninguno de los hermanos permanece en la casa de la calle Alameda. No sabemos como se organizan el resto de hermanos pero ese año y los dos siguentes, hasta 1854, Valeriano y Gustavo Adolfo figuran como residentes en el nº 17 de la calle Mendoza Ríos, en el barrio de San Vicente. Por la variedad de personas que aparecen empadronadas, bien podría tratarse de una pensión. Sabemos que en ese tiempo Valeriano, ya con 18 años, ha empezado a ganarse la vida vendiendo tablitas pintadas con asuntos de escenas locales, o haciendo retratos a los forasteros; es probable que ello le animara a vivir por su cuenta llevando consigo a su hermano dos años menor, con el que estuvo unido a lo largo de su vida.  

Padrón General para la Quinta del año 1854 C/ Mendoza Ríos, 17.

Esta será la última ocasión en la que Gustavo Adolfo aparezca domiciliado en Sevilla, puesto que, en el otoño de ese mismo año, marchó a Madrid resuelto a forjarse un nombre como literato. 

El acogimiento de Gustavo Adolfo por su madrina, tal como hemos comentado, solamente durará dos años, un tiempo que supuso la consolidación de su incipiente vocación literaria. Rodríguez Correa, amigo íntimo de Gustavo, afirma que la madrina se encargó de él, además de mantener una cordial relación con toda la familia. Todas las crónicas y recuerdos de sus amigos y conocidos aseguran que su vocación literaria fue especialmente alimentada por la biblioteca que poseía la señora Monnehay donde durante esos años literalmente devoraba los libros. Según su amigo Campillo "Esos libros fueron una mina para Gustavo: los leyó, los releyó, y como algunos estuviesen destrozados, faltándoles ya el principio, ya el fin, los comenzaba o concluía de su cosecha, devanándose los sesos días enteros y semanas seguía en semejante empeño, descomunal y extraordinario para las fuerzas intelectuales de un niño." 

La vida de Manuela Monnehay no había estado exenta de acontecimientos en ese periodo; su padre había fallecido en 1843 dejando en herencia la perfumería de la Plaza del Duque a su mujer, Dolores y a su hija Manuela, aunque cabe pensar que la gestión del negocio quedara en manos de uno de sus dependientes. Si volvemos a mirar el Padrón de 1842, vemos que figuraban dos "Dependientes de la casa" el primero llamado Carlos Hinrichs, de 28 años se casará con Manuela en 1845, como vemos en la sección de "Matrimonios de 1841 a 1882" del Archivo Documental de Sevilla y en el Registro Civil. (El hecho de que ambos contrayentes tengan apellido extranjero a veces dificulta la identificación de registros).
Registro Civil - Sevilla. 20.4.1845, Hoja 192 Matrimonio Hinrichs-Monnehay

No durará mucho la felicidad para Manuela Monnehay quien 
tras diez años de matrimonio verá morir a su marido y ella misma fallecerá en la epidemia de cólera morbo que sufrió Sevilla el año 1855. En su registro de defunción de 25 de octubre de ese año figura que ya era viuda de Carlos Hinrichs.

Cuenta sobre ella el escritor Julio Nombela que "...era señora de clara inteligencia, algo rara según decían algunas de las contadas personas que con ella tenían trato, muy aficionada a leer y poseedora de una regular biblioteca en la que su ahijado encontró entre otros libros que influyeron poderosamente en su expíritu, las Odas de Horacio traducidas al castellano y las Poesías de Zorrilla, que por entonces eran leídas con entusiasmo... y fluctuando entre aquellos dos polos vivió dos años casi sin salir de la casa de su protectora, á quien agradaba verle tan juicioso, tan aplicado, sin ocasionar la menor molestia y resignado con su suerte". 

Y continua Nombela: "Bécquer muchas veces recordaba que esos dos años le pareció vivir en un mundo ideal, no acariciando más aspiración que la de ser poeta... Pero la excelente madrina comprendió que su ahijado necesitaba una profesión para ganarse con ella la vida cuando fuese hombre, y como la de poeta no constituía una carrera ni siquiera un oficio, pensó que el joven que daba muestras de tan rica imaginación, podía ser pintor como había sido su padre y a ello le animó. En 1850 comenzó á ejercitarse en el dibujo en los estudios menores de la Academia que dirigía Antonio Cabral Bejarano, pasando dos años despues al taller de su tío Joaquín, quien comprendió que sería mejor literato que pintor y le aconsejó que se consagrase por completo a las letras, para lo que le costeó los gastos de de latinidad y de literatura clásica"; (Impresiones y Recuerdos. J. Nombela, 1909)

Se ha comentado con extrañeza el hecho de que Bécquer, el poeta, no mencione en ningún escrito ni tenga una palabra de agradecimiento para su madrina que no solo fue, aunque de modo indirecto, su vía de entrada a la literatura, sino que siempre mantuvo una estrecha relación con la familia y con el escritor mientras este permaneció en Sevilla. Muestra de esa cercanía es el hecho de haber sido retratada por los dos pintores de la familia, Joaquín (1854) y Valeriano (1858?). Bien es verdad que el poeta tampoco menciona en ninguno de sus escritos a su madre, quizás haya un trasfondo de idealización de los personajes masculinos de la familia.

Cuando Gustavo Adolfo toma la determinación de marchar a Madrid, en 1954, acude a su madrina con la esperanza de que le preste ayuda. Ella, que ha intentado en muchas ocasiones guiar a su ahijado por caminos más prácticos y menos arriesgados, desaconseja ese viaje tan temprano por las dificultades que conlleva y no le presta la ayuda económica que él esperaba. Inasequible al desaliento el poeta busca la ayuda en su tío Joaquín quien le da treinta duros (600 reales) que van a ser su único caudal, para costear el viaje y la primera estancia en Madrid, a donde llega con unas cartas de recomendación que poco le servirán en su nuevo destino, iniciando de esta forma precaria lo que va a ser su difícil trayectoria como escritor. Probablemente fue la negativa de la madrina a ofrecerle su ayuda la causa de la ruptura de relaciones entre ambos, si bien es cierto que tampoco hubo tiempo de restablecer la relación por el temprano fallecimiento de Manuela al año siguiente de la marcha del poeta.

El retrato de Manuela Monnehay por Valeriano Domínguez Bécquer del Museo Romántico.  

Valeriano Domínguez Bécquer - Retrato de Manuela Monnehay. 1858 (?) MROM

Según la información del Museo del Romanticismo este retrato llegó como la escritora Fernán Caballero, datado en 1850. A pesar de que todavía figura en el Museo con esa identidad ya se admite en la información de la obra que se trata de Manuela Monnehay Moreno, la madrina del poeta. Resultaba sorprendente el mantenimiento del error no solo por la falta de similitud con la imagen fidedigna de la escritora que por las mismas fechas había pintado el principal retratista de la época, Federico de Madrazo, sino por el hecho de que además existen fuentes documentales como el Archivo Montesinos que identifican a la persona retratada como la madrina de Bécquer.
Comparación con el retrato de Federico Madrazo que permite ver que los retratos representan a dos personas diferentes tanto por su edad como por su fisonomía y estilo.        

La relacion familiar de Manuela Monnehay con los Bécquer, como hemos comentado al principio, justificaría por sí sola el hecho de que Valeriano Dominguez Bécquer, hermano inseparable del poeta, pudiera retratarla. Una duda se mantiene en cuanto a la cronología de la obra, si, como sabemos la madrina fallece en el año 1855, sorprende que el pintor realice un retrato póstumo de la misma. Según la información del Museo, "Esta obra ingresó en el Museo fechada en 1850, por la cartela que lleva sobre el marco, sin embargo en la firma del lienzo el año es 1858". La obra, según la información del Museo está firmada y fechada "V. B. D. 1858", aunque la imagen presenta cierta dificultad para su lectura considero que podría ser más bien "V. D. B. 1850"

El retrato de Manuela Monnehay por Joaquín Domínguez Bécquer (Colección Abelló)
Joaquín Domínguez Bécquer. Retrato de Señora, 1854. Col. Abello

El retrato que comentamos al principio de este artículo, que forma parte de la Exposición 'Los Bécquer, un linaje de artistas' actualmente en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, es presentado como Retrato de Señora (Cecilia Böhl de Faber - Fernán Caballero). Óleo sobre lienzo, 103,5 x 82,5 cm. Firmado y fechado: «Joaquín D. Becquer, Sevilla 1854» (ángulo inferior izquierdo) Colección Abelló, procedente de la Galería Caylus de Madrid. 

De nuevo, como en la obra anterior, vemos que identifica sin fundamento a la escritora, a pesar de la inconsistencia de la imagen, de los datos y las fechas: En la fecha del retrato de Joaquín Domínguez Bécquer, el año 1854, Cecilia Böhl de Faber, que estaba casada con su tercer marido Antonio Arrom Ayala, tenía 77 años. La constatación de su edad y la comparación del retrato de Bécquer con la imagen de de la escritora pintada por Madrazo en 1958, evidencian la imposibilidad de dicha identificación. 

Considero que también en este caso estamos ante un retrato de Manuela Monnehay, amiga de la familia y madrina del poeta Gustavo Adolfo Bécquer.

Una primera apreciación visual permite ver que los retratos representan a dos personas diferentes tanto por su edad como por su fisonomía y estilo.  

Joaquín Domínguez Bécquer (Sevilla, 1817-1879) tío del poeta, estudió en la Academia de Bellas Artes de Sevilla, y con su primo José, donde coincidió con Manuela Monnehay, manteniendo como el resto de la familia una relación cercana que propicia el hecho de retratarla.  El retrato, realizado en 1854 indica efectivamente el mantenimiento en el tiempo de esa relación estrecha entre ambos.

Joaquín Domínguez Bécquer fue profesor y académico de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría (Sevilla), conservador del Real Alcázar, pintor de cámara de la reina Isabel II y de los duques de Montpensier y preceptor artístico de sus hijos. 

La actual exposición de Sevilla ha puesto de relieve la importancia artística de este pintor que a menudo ha pasado desapercibido entre otros nombres notables de la familia cuando debería figurar en primera línea
Joaquín Dominguez Bécquer. Autorretrato, 1855 Det.

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