Narciso Campillo, amigo de la infancia de Bécquer, el poeta, cuenta que "Gustavo fué recogido por la señora Monehay, su madrina de bautismo, persona de claro talento, que poseía bastantes libros y cosa rara en mujer ¡que los había leído todos!" (La Ilustración de Madrid, 15 enero 1871). Por su parte Santiago Montoto, uno de sus principales biógrafos, señala que Manuela Monnehay fue alumna de José Domínguez Bécquer, (padre del poeta) en las clases de pintura que impartía tanto en el Liceo Sevillano como en su propio domicilio, siendo nombrada madrina del recién nacido Gustavo cuando sólo tenía 10 años. (La Madrina de Bécquer. Santiago Montoto. ABC de Sevilla 28 agosto 1970). Inexactitudes o medias verdades como estas abundan en la biografía inicial del poeta relativa a su niñez y en general al periodo de sus diecinueve años transcurridos en Sevilla, dando un aire legendario y romántico a este periodo de la vida del poeta.
La existencia de Manuela Monnehay es bien conocida y una atenta mirada a los documentos oficiales de que se dispone ofrecen una información clara y precisa sobre las circunstancias de su vida que no han sido suficientemente consideradas por los biógrafos de la familia Bécquer.
Manuela nace en Sevilla en 1814, su padre, Carlos Monnehay Monnehay, de origen francés de la región de Picardie, era dueño de una tienda de perfumes situada en la Plaza del Duque, 21 y 22 en el centro de Sevilla, que era también su domicilio particular. Estos datos pueden comprobarse en el Padrón de quintas del municipio sevillano del año 1838 en el que constan el titular Carlos Monnehay, su esposa, Dolores Moreno Rodriguez de 54 años, su hija, Manuela Monnehay Moreno, soltera de 24 años, (dato que nos permite calcular su fecha de nacimiento entorno a 1814), dos dependientes del comercio y una sirvienta.
Padrón General para la Quinta del año 1838 Plaza del Duque, 21 y 22.
La relación de Manuela Monnehay con la familia Bécquer debió producirse a partir de la asistencia de esta a las clases de dibujo y pintura que impartía José Domínguez (Bécquer) Insausti (1805-1841) tanto en el Liceo como en su domicilio. En ellas coincidía con Joaquín Domínguez (Bécquer) Puertas (1816-1879), primo del maestro, que asistía a las clases y colaboraba con él en diversas tareas como la preparación de lienzos o pintando fondos. La fluida y estrecha relación de Manuela con la familia se confirma por su elección como madrina del recién nacido Gustavo Adolfo en 1836, cuando ella tenía 22 años (en ningún caso los diez que mencionan varios biógrafos).
Partida de Bautismo de Gustavo Adolfo de 25.2.1836 y su transcripción.
Los avatares de la familia Bécquer a partir de la muerte de su padre
Debemos en buena parte al escritor Santiago Montoto la información sobre muchos datos relevantes concernientes a la familia aclarando en muchos casos informaciones dudosas que por la fama del poeta se iban convirtiendo en leyenda. Mas tarde, su principal biógrafa, Rica Brown, revisará y pondrá al día la historia familiar del poeta.
En 1841, la vida de la familia Becquer, casado con Joaquina Bastida era tranquila y sin dificultades de tipo económico gracias al trabajo del padre, el pintor José Dominguez Bécquer. Padres de siete hijos, todos varones, su situación cambia de forma abrupta con la muerte prematura del pintor a los 35 años. La radical disminución de recursos económicos obliga a contar con la ayuda de familiares para su mantenimiento y produce situaciones que se irán modificando con frecuencia hasta que los huérfanos vayan alcanzando su autonomía.
En 1842, año siguiente a la muerte del padre, vemos en el Padrón de vecindad de San Lorenzo, que la familia, se habia mudado de domicilio a la calle del Espejo, nº 12, 2º, figurando como habitantes solo la madre, Joaquina Bastida Vargas, con tres de sus hijos Estanislao, Eduardo y Valeriano, siendo únicamente el mayor quien puede aportar algún recurso económico como fruto de su trabajo. Ello viene a confirmar que la viuda hubo de contar con la ayuda familiar de su pariente, probablemente su tío, Juan de Vargas a quien mencionan muchas crónicas por el acogimiento de alguno de los huérfanos que la madre no podía mantener. De hecho a este pariente hace referencia Gustavo Adolfo cuando escribe en 1870 los recuerdos de la vida de su hermano Valeriano.
En 1847, solo seis años más tarde, se produce el fallecimiento de su madre, Joaquina, a los 37 años, con lo que la situación cambia de nuevo. Cabe suponer que los hijos que se habían mantenido con su madre pasan también al cuidado de Juan de Vargas cuyo posible fallecimiento provocará otro cambio de situación de los hermanos. Para Gustavo Adolfo representa un periodo significativo pues coincide con el cierre de la escuela de San Telmo donde estudiaba interno por lo que pasará a ser acogido por su madrina de bautizo Manuela Monnehay; esta situación, a veces puesta en duda, es confirmada por Rica Brown que confirma esta estancia en casa de la madrina a pesar de que el joven no aparece inscrito en el Padrón de su domicilio. En todo caso se trata de un periodo que solamente va a durar dos años pero que serán cruciales en su biografía.
En 1849, de nuevo encontramos juntos a los hermanos que se han trasladado a vivir a la casa de una prima de su madre Manuela Bastida Gil en el nº 37 de la calle Alameda, tal como figuran en el Padrón general de 1850, en el que figura como cabeza de familia su tía Manuela de 67 años, que era viuda de José Román, uno de cuyos hijos, Vicente, convive con ellos.
Padrón General para la Quinta del año 1850 Recto C/ Alameda, 37.
En 1852 ninguno de los hermanos permanece en la casa de la calle Alameda. No sabemos como se organizan el resto de hermanos pero ese año y los dos siguentes, hasta 1854, Valeriano y Gustavo Adolfo figuran como residentes en el nº 17 de la calle Mendoza Ríos, en el barrio de San Vicente. Por la variedad de personas que aparecen empadronadas, bien podría tratarse de una pensión. Sabemos que en ese tiempo Valeriano, ya con 18 años, ha empezado a ganarse la vida vendiendo tablitas pintadas con asuntos de escenas locales, o haciendo retratos a los forasteros; es probable que ello le animara a vivir por su cuenta llevando consigo a su hermano dos años menor, con el que estuvo unido a lo largo de su vida.
Padrón General para la Quinta del año 1854 C/ Mendoza Ríos, 17.
Esta será la última ocasión en la que Gustavo Adolfo aparezca domiciliado en Sevilla, puesto que, en el otoño de ese mismo año, marchó a Madrid resuelto a forjarse un nombre como literato.
El acogimiento de Gustavo Adolfo por su madrina, tal como hemos comentado, solamente durará dos años, un tiempo que supuso la consolidación de su incipiente vocación literaria. Rodríguez Correa, amigo íntimo de Gustavo, afirma que la madrina se encargó de él, además de mantener una cordial relación con toda la familia. Todas las crónicas y recuerdos de sus amigos y conocidos aseguran que su vocación literaria fue especialmente alimentada por la biblioteca que poseía la señora Monnehay donde durante esos años literalmente devoraba los libros. Según su amigo Campillo "Esos libros fueron una mina para Gustavo: los leyó, los releyó, y como algunos estuviesen destrozados, faltándoles ya el principio, ya el fin, los comenzaba o concluía de su cosecha, devanándose los sesos días enteros y semanas seguía en semejante empeño, descomunal y extraordinario para las fuerzas intelectuales de un niño."
La vida de Manuela Monnehay no había estado exenta de acontecimientos en ese periodo; su padre había fallecido en 1843 dejando en herencia la perfumería de la Plaza del Duque a su mujer, Dolores y a su hija Manuela, aunque cabe pensar que la gestión del negocio quedara en manos de uno de sus dependientes. Si volvemos a mirar el Padrón de 1842, vemos que figuraban dos "Dependientes de la casa" el primero llamado Carlos Hinrichs, de 28 años se casará con Manuela en 1845, como vemos en la sección de "Matrimonios de 1841 a 1882" del Archivo Documental de Sevilla y en el Registro Civil. (El hecho de que ambos contrayentes tengan apellido extranjero a veces dificulta la identificación de registros).
Registro Civil - Sevilla. 20.4.1845, Hoja 192 Matrimonio Hinrichs-Monnehay
No durará mucho la felicidad para Manuela Monnehay quien tras diez años de matrimonio verá morir a su marido y ella misma fallecerá en la epidemia de cólera morbo que sufrió Sevilla el año 1855. En su registro de defunción de 25 de octubre de ese año figura que ya era viuda de
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