viernes, 15 de junio de 2018

PINTORAS EN EL MUSEO DEL PRADO IN & OUT (III) MINIATURISTAS Y DIBUJANTES

LAS MINIATURISTAS

Continuando con el estudio de las pintoras con obra en el Museo del Prado nos detenemos ahora en un pequeño grupo de cuatro artistas cuyas obras, generalmente singulares, se han ido incorporando a la colección en diferentes momentos, aunque ninguna de ellas se encuentra expuesta al público en la actualidad. 

En este caso no parece que la falta de espacio pueda aducirse como causa de no exposición, dado el pequeño formato de las obras podrían, sin gran dificultad unirse al grupo de miniaturas expuestas en la Planta -1, Salas 100-102. 

MARGUERITE BENOIT

Según la especialista Carmen Espinosa, la miniaturista Marguerite Benoit se sitúa entre el último tercio del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX. Nació en Les Grands Moulins y estudió con Madame Letruffe-Colomb, Madame Gabrielle Debillemont-Chardon y Madame Berthe Jouvin. Expuso en la Societé des Artistes Français en 1905. Esta es toda la información que ofrece el Museo sobre esta miniaturista, de la que consta la reciente adquisición de una de sus obras.
Miniatura no expuesta: Mujer joven en un río [O723] Sobre marfil


ANTOINETTE BRUNET
Burdeos- Activa en Francia 1800-1825 y en Argentina 1826 -1862

Pintora nacida a final de siglo en Burdeos, huérfana desde corta edad adoptó el apellido de su padre adoptivo el también pintor francés Jean-Manuel Brunet. Representante de la Escuela francesa de miniatura, con el que aprendió el oficio. Pronto empezó a realizar sus propios retratos en miniatura que vendía con mucho éxito. Anunciaba su llegada a las ciudades por medios publicitarios. Muchos de sus retratos representan mujeres morenas de ojos negros del sur de Francia probablemente embelleciendo sus imágenes. Según la información que facilita el Museo del Prado, ella expuso un retrato en el Salón de 1810.

La plataforma digital argentina Historias entre Lienzos, amplía la biografía de esta pintora a partir de 1825, momento en que no se encuentran huellas de su labor en Francia pues, al parecer, se había trasladado a la Argentina junto con su padre  que en Buenos Aires trabajará como profesor de dibujo y pintura. 

En Buenos Aires, en 1825, Antoinette, es conocida como Antonia. Contrae matrimonio con el dorador y fabricante de espejos francés Claude Annat con el que compartía taller y en el mismo edificio también trabajaba el miniaturista Jean-Philippe Goulu y otros diez profesionales, entre los que ella era la única mujer. Sus expresivas miniaturas eran requeridas por los personajes mejor situados de la sociedad bonaerense, políticos, la militares y miembros del clero. Varias de sus miniaturas, firmadas y fechadas se pueden ver en el Museo Histórico Nacional en Buenos Aires. 

Según Gluzman (Mujeres y arte en la Buenos Aires del siglo XIX: Prácticas y discursos. Tesis de doctorado. Universidad de Buenos Aires. 2015), “En sus anuncios destacaba su formación parisina, indicando que era discípula de «los primeros maestros de París" (La Gaceta Mercantil, 1826: 2). Ya en enero de 1826 anunciaba su intención de instalar en su residencia «una escuela de dibujo para jóvenes» (La Gaceta Mercantil, 1826:2), "dándose cuenta del interés de la alta sociedad porteña por la educación artística” (p. 501).

Con la llegada del daguerrotipo el éxito de las miniaturas tradicionales empezó a decaer y su uso se vio reemplazado por esta técnica innovadora de mayor precisión y menor costo. Desde 1854 Antonia incorpora esta técnica a su labor de retratista lo que le hace ser hoy considerada la primera fotógrafa del país. En 1858 figura como retratista y profesora de dibujo en el nº 126 de la calle Cuyo, como Madame Annat donde se tiene conocimiento de que continuó trabajando hasta 1862. (Gluzman, G. 2015). 

La obra del Museo del Prado, que ha sido recientemente restaurada, fue adquirida en 1980 a los herederos de Arturo Perera y Prats.

Retrato de caballero 1819 [O799] 
Expuesto en las salas del S.XIX desde Julio 2021


SOPHIE LIENARD
Francia, activa entre 1842 y 1860
Durante el segundo tercio del siglo XIX se puso de moda el retrato sobre placas de porcelana, adquiriendo un gran desarrollo en París, ciudad en la que proliferaron pequeños talleres que se dedicaron a la pintura de retratos. Sophie Lienard trabajó en París donde fue muy cotizada. Expuso en el Salón entre 1842 y 1845.

Hija y nieta de artistas, dedicó su actividad a la miniatura, al igual que su padre, Jean Auguste Edouard Lienard, mientras su abuelo, Jean Baptiste Lienard, fue grabador.
Sophie Lienard: Carmen Acuña y Davitte [O678]  Duquesa de Bivona.
Expuesto en las salas del S.XIX desde Julio 2021

ACTUALIZACIÓN 2015

La Galería online del Museo ha incorporado otras dos miniaturas a esta pintora, una de ellas atribuida
Mª Tomasa Álvarez de Toledo y Palafox. H.1835 [O756] Expuesto en salas del S.XIX desde Julio 2021
y  Retrato masculino.(Atribuido) H.1840 [O692]


TERESA NICOLAU PARODY
Madrid, 1817- San Sebastián, 1895

Pintora española. Hija de Isidro Nicolau y Puig, secretario honorario del rey Fernando VII, comenzó su formación con el pintor Vicente López Portañá, de quien es el retrato de la izquierda conservado en el Museo del Prado [P3304] (que en la actualidad forma parte de la Sala de Retratos del siglo XIX inaugurada en Julio 2021).

En contrapartida ella, realizó el  retrato de su maestro en miniatura que se conserva en el Museo Lázaro Galdiano, (imagen a la derecha), que por efecto del tiempo ha perdido el componente naranja de la piel que ahora muestra un fantasmal tono azul. 


Teresa se casó con Antonio Rotondo y Rabasco, cirujano dentista de la Casa Real, desde Isabel II hasta Alfonso XII. Era un hombre polifacético, escritor y pintor con quien tuvo dos hijos, Adriano y Emilio Rotondo Nicolau, historiadores y arqueólogos de reconocido prestigio.

Fue nombrada Académica de honor de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y de la de San Carlos de Valencia. Participó activamente en las exposiciones públicas de la Academia madrileña y en las Nacionales de Bellas Artes, concurriendo a la de 1866 con cuatro obras entre las que se encontrada la miniatura Jesucristo con la cruz a cuestas, una copia de Sebastiano del Piombo, por la que obtuvo mención honorífica de primera clase. 


             Jesucristo con la cruz a cuestas, óleo sobre cobre, 13 x 10 cm [P3644]
Expuesto en las salas del S. XIX desde Julio 2021

MARCELA DE VALENCIA CODALLOS
(1775 - d. 1833)
La pintora, Marcela Valencia Codallos es hija de Francisco de Valencia y Sáenz del Pontón, Primer Conde de Casa Valencia, título otorgado por Carlos IV en 1789, que ocupó diversos cargos relacionados con la administración de Indias y contrajo matrimonio en Madrid, en 1767, con María Josefa de Codallos, y tuvieron un hijo y cinco hijas. El título de conde de Casa Valencia (II) lo hereda su único hermano Pedro de Valencia y Codallos (1767- 1816). Marcela, la pintora, a pesar de que en ocasiones aparece nombrada como condesa de Valencia, no ostentará título alguno y vivirá al amparo de sus padres y a falta de estos, de este hermano Pedro, cuya prematura muerte, como veremos, la dejará en una situación apurada. 

En 1805 Marcela de Valencia presenta a la exposición del año de la Academia de Bellas Artes de San Fernando un San Sebastián atendido por santa Irene, en miniatura, que se conserva en la institución con el número de inventario 455. Con esa obra la artista obtuvo el nombramiento de Académica de Mérito en la Pintura (25.7.1805), título que mantendrá, al menos hasta 1° de Enero de 1833, ya que en esa fecha sigue figurando en el Catálogo de los señores individuos de la Real Academia de San Fernando. Se trata de una pequeña obra (12,8 x 16,5 cm) realizada con técnica de miniatura, aguada sobre marfil, algo ingenua en su desarrollo pero con una buena ejecución de dibujo y colorido. Se dice que es copia de Luca Giordano pero no he encontrado la obra original.
Marcela Valencia. San Sebastián atendido por Santa Irene, y trasera de la obra.1805 RABASF

La obra aparece firmada y fechada en su parte inferior derecha en el hueco que deja el rojo manto del santo: Marcela Valencia / Año 1805. En la parte posterior aparece la inscripción: "Por la Srª. Dª. Marcela de Valencia, Académica de Honor y de Mérito".  Del mismo modo en el Inventario de las alhajas y muebles existentes en la Real Academia de San Fernando 1804 y su continuación de 1804-1814, figura entre las Pinturas [Pág. 66.  Fol. 32r] con el Nº 346. "San Sebastián en miniatura, por la señora doña Marcela de Valencia, hija de los señores condes de Casa Valencia, Académica de honor y de mérito". 

A pesar del doble título "de Honor y de Mérito" reseñado tanto en la inscripción de la obra como en el Inventario, sorprende que en la información de la Real Academia Marcela de Valencia solo figura entre las Académicas de Mérito (23) y no entre las de Honor (12) de las que la mayoría (11) lo son de ambas categorías. 

Como informa la Academia estos títulos se otorgaban en base a trabajos presentados y fueron creados para fomentar la educación estética de los ciudadanos. A ellos concurrían artistas y aficionadas cuyas obras se han conservado en la Academia. En general la mayoría de las académicas pertenecían a la alta sociedad, cultivaban la miniatura con gran éxito y habilidad pero siempre como aficionadas. Marcela de Valencia encajaba a la perfección en este tipo de artista que por su condición solían ser admitidas a pintar en la Sala de Distinguidos de la Academia, reservada a personalidades.

En los años siguientes Marcela sigue concurriendo a las exposiciones de la Academia: en 1806 con  tres miniaturas de mujeres; en 1806 se documenta una copia del retrato de "la Chenchi" [Beatrice Cenci] de Guido Reni. En 1807 presentó de nuevo una Cabeza de mujer en miniatura. Es bastante probable que la imagen de la miniatura que se conserva en en la fototeca del Instituto de Patrimonio Cultural Español (IPCE) que aparece con la firma de "Marcela" y la fecha 1810, perteneciente a la colección del Marqués de la Torrecilla, pueda tratarse de una obra suya.

"Marcela" Sign.06052_B Casa Moreno. Archivo de Arte Español, IPCE

Sabemos por una carta del Archivo de la Universidad de La Sabana (Bogotá) que Marcela es la única de las cinco hermanas que permaneció soltera y que tras la muerte de su hermano (1816) que es ajusticiado por su apoyo a la causa independentista colombiana, se encontró en una situación económica apurada, por ello desde Granada se dirige a sus tías Paula y María Manuela Valencia y Sáenz del Pontón, que viven en Bogotá, para que le ayuden a gestionar su pensión de orfandad.

La obra de Marcela Valencia que ahora expone en la vitrina de miniaturas de la Sala 62, fue adquirida por el Museo del Prado en abril de este mismo año a la Galería José de la Mano de Madrid. Lleva por título La amabilidad, [O3688] y fue realizada en 1806 en aguada sobre marfil. Rrepresenta una elegante dama vestida, en lo que puede verse, al modo clásico, según la moda imperio de finales del XVIII y principios del XIX, que no puede por menos que recordar al estilo de Anna Escher Von Muralt pintada por Angelica Kauffmann, también expuesta actualmente en el Museo del Prado. 

La dama luce pendientes de aro, lleva una fina blusa blanca sobre la que se superpone el vestido sujeto a un solo hombro con un broche azul y dorado que hace juego con una diadema, algo descentrada, ornamentada con dos botones azul cobalto y en el centro un camafeo en el que puede verse una cabeza laureada. 
Marcela de Valencia y Codallos. La amabilidad. Aguada sobre marfil. 1806 MNP Sala 62

En el anverso figura la firma y la fecha: Marcela V. ft. 1806; y en el reverso en una etiqueta manuscrita a tinta negra. figura el título y una dedicatoria a Manuel Godoy: La Amabilidad / Dedicada al Exmo. Sr. Príncipe de la Paz / por su mas reconocida servidora / Marcela de Valencia. Figuró en el Inventario de obras de Godoy hasta 1808.

Damos la bienvenida a esta artista que se incorpora al elenco de pintoras del Museo del Prado, en la especialidad de Miniaturistas, y que nos lleva a conocer un poco más el papel de las mujeres en el arte y en la Academia en una época, el paso del siglo XVIII al XIX, que ha sido poco estudiada y quizás por esa causa poco valorada.


DIBUJANTES

El Museo del Prado dispone de una serie de dibujos realizados por un pequeño grupo de mujeres artistas, algunas especializadas exclusivamente en Dibujo y otras pintoras reconocidas que han realizado dibujos y bocetos como trabajos previos a sus obras.


ANGELICA KAUFFMANN, 
Coire (Suiza), 1741 - Roma, 1807

Maria Anna Catharina Angelica Kauffmann, era hija de Joseph Johann Kauffmann, un pintor especializado en retratos. Comenzó a pintar muy joven, ayudando a su padre en la decoración mural de algunas iglesias de Suiza, Austria y el norte de Italia.

En 1763 viajó a Roma, donde coincidió con artistas neoclásicos y donde fue admitida en la Academia de San Luca. En Venecia estudió la obra de Tiziano y de allí se trasladó a Londres donde conoció a Joshua Reynolds con quien participó en la fundación de la Royal Academy of Art. Tras una boda fallida con un falso conde sueco, volvió a casarse con el pintor veneciano Antonio Zucchi, con el que regresó a Italia. Pintaba composiciones de historia y género aunque se hizo famosa por sus retratos alegóricos de los que el Prado posee un magnífico ejemplar: Anna Escher von Muralt [P2473], procedente del Legado Errazu de 1926 e incorporado en 2019 a la exposición permanente.

El dibujo del Museo del Prado, podría tratarse de un trabajo preparatorio para la despedida de Telémaco y Eucaris que hubiera formado parte de la serie que realizó la pintora basada en Las aventuras de Telémaco que alcanzaron gran éxito en la época por la famosa publicación de Fenelón (1699) y por el poema que publicó José Bermúdez de la Torre, escritor criollo de Lima, con el título Telémaco en la isla de Calipso (1728). Se trata de una aguada, de 32 x 26 cm. realizada con pluma sobre papel [D02276].

Tres soldados y un desnudo femenino en barca. MNP
Legado Pedro Fernández Durán y Bernaldo de Quirós, 1931


ANNA MENGS
(Dresde, 1751 - Madrid, 1792)

Anna Maria Teresa Mengs es una pintora alemana que destacó como miniaturista y dibujante al pastel, en el último cuarto del siglo XVIII. Fue discípula de su padre, Anton Raphael Mengs.

Casada en Roma en 1777  con el grabador español Manuel Salvador Carmona vinieron juntos a Madrid donde tuvieron siete hijos y llegó a ser miembro de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1790.

Se hizo especialmente célebre por sus miniaturas y sus retratos al pastel que realizó para la familia real y la nobleza, también trabajó para la Biblioteca Nacional y especialmente para la familia Lobkowicz. Sus trabajos fueron expuestos públicamente en la Academia con gran consideración después de su muerte, en 1793. Ese mismo año apareció publicada su biografía en la que fue particularmente apreciado el retrato que realizó de su marido.

(La imagen corresponde al Retrato de Ana Mengs, realizado por su marido, Salvador Carmona.)

La obra del Museo del Prado es un retrato de su padre,  realizado al pastel sobre papel, 573 mm x 442 mm [D07452].
Ana Mengs. Retrato de Antón Rafael Mengs MNP
Expuesto en la Sala de Retratos del S.XIX desde Julio 2021

En 2019, el Museo ha adquirido un dibujo de la cabeza de una joven en el que aparece una inscripción, probablemente de Valentín Carderera que lo atribuye a Ana Mª Mengs. A pesar de ello se duda si puede ser obra de su marido el grabador Salvador Carmona.
Ana Mª Mengs, Estudio de cabeza de muchacha [D9567] 
Detalle de la inscripción: "retrato de la familia de Carmona hecho por / D. Ana M. Mengs. Manuscrito a lápiz. Anverso, parte inferior


GIULIA LAMA 
(Venecia, 1681-1747)
A pesar de tener una formación sólida, que recibió de su padre, el pintor Agostino LamaGiulia Elisabetta Lama nunca pintó profesionalmente, ni se unió a ninguna escuela pictórica y se mantenía con su trabajo de bordadora. Las primeras muestras de su actividad artística son algo tardías, cuando tenía más de treinta años; su primera obra firmada es el Retrato del fiscal Pietro Grimani (1719).

Se especializó en obras de carácter religioso, que completaba con retratos de amigos y conocidos como el de su colega el pintor Piazzetta (1715-1720) a quien representó con las herramientas y útiles del oficio y su Autorretrato como pintora de 1725 de la Galería de los Uffizi.

Su estilo es independiente, sin relación con el de otros pintores contemporáneos, realiza una pintura esencial en la que el uso del claroscuro es fundamental llegando a producir cierta deformación anatómica. A pesar de que las pintoras de su época no tenían acceso al estudio del desnudo, Giulia parece haber roto esa barrera según se deduce de una serie de dibujos que realiza en su etapa de formación en los que muestra desnudos masculinos y femeninos. También tuvo cierta fortuna como poeta, sus poemas fueron publicados en diversas ocasiones, como en la antología poética editada por Luisa Bergalli (1726) en la que aparecen tres sonetos y dos canciones de Lama, que se caracterizan por un cierto estilo petrarquista.

La obra que conserva el Museo del Prado es un dibujo preparatorio realizado a carboncillo, clarión y lápiz negro sobre papel agrisado, 378 x 305 mm. que representa el busto de una mujer de frente, que mira hacia arriba y aparece tocada con un velo con adornos circulares de perlas que le cubren las orejas.
Giulia Lama. Cabeza de Mujer [D03375] 


ELISABETTA SIRANI
Bolonia, 1638 - 1665

Hija del pintor Giovanni Andrea Sirani que fue también su maestro, Elisabetta, a pesar de su corta vida (murió a los veintisiete años) dejó una obra considerable y alcanzó el éxito y el reconocimiento de sus contemporáneos como pocas mujeres artistas.

En su pintura devota y de carácter religioso deja ver las huellas del arte tardío del pintor Guido Reni. Sus obras más reconocidas fueron sus 'Vírgenes con Niño' y sus 'Sagradas Familias', en pequeño formato.

Como dibujante, sorprenden sus virtuosos dibujos a la aguada, realizados a punta de pincel, con fuertes contrastes de luz y sombra, como puede verse en los dos ejemplares que conserva el Museo de Prado: Fraile arrodillado y San Juan Bautista niño en el Desierto.
Elisabetta Sirani. San juan Bautista en el desierto - D2094 Fraile arrodillado - D0864

HERBERTINA VAN DER HEIM
(Gravenhage - Holanda, 1731-1798)

Segunda hija del político holandés Anthonie van der Heim y de Catharina van der Waeyen. Herbertina se casó en 1758 con el también político Gerlach Jan van der Does (1732-1810), con quien no tuvo hijos.

En la obra que conserva el Museo del Prado, que figura como "atribuida", aparece inscrito su nombre completo en la parte inferior derecha. Se trata del dibujo de una mano femenina realizada con Sanguina sobre papel verjurado. Entró al Museo formando parte del legado de Pedro Fernández Durán y Bernaldo de Quirós en 1931 en el que, además de un gran número de pinturas de primer orden, se encontraba una colección de 2.875 dibujos.
Ernestina van der Heim. Una mano femenina. [D02266]


FLORENSA DE CLOMESNIL, 
(Activa en París entre 1823 y 1861)

Ilustradora de moda, realiza anuncios destinados a publicaciones de moda de París. El Museo del Prado conserva cuatro de sus litografías a pluma, iluminadas sobre papel avitelado procedentes de la Colección de la Familia Madrazo, que entraron en el Museo en 2006. Las cuatro forman parte de la Colección "Petit courrier des dames", una revista de moda semanal publicada en París en la que publicó 49 láminas entre 1823 y 1861. Las láminas aparecen firmadas por "Mme Florensa de Clomesnil".

Madame de Clomesnil fue responsable de muchas láminas de moda que aparecieron tanto en Le Petit Courrier des Dames como en Le Journal des Demoiselles, La Mode y Le Bon Ton.
Florensa de Clomesnil. Dos Anuncios de moda de París. Petit Courier des Dames.

El Museo cuenta con otras dos láminas representando Anuncios de Moda de París de la misma publicación,  Petit Courrier des Dames que no están firmadas pero son de la misma clase y estilo.
Dos Anuncios de moda de París. Petit Courier des Dames.

ANAÏS COLIN TOUDOUZE
(París, 1822 - 1899)
Siguiendo en el mundo de la moda, el Museo del Prado posee un grupo de quince litografías realizadas entre 1862 y 1864 por la ilustradora Adèle Anaïs Colin Toudouze que era hija del pintor y litógrafo, Alexandre-Marie Colin y su esposa Marie Josèphe Juhel (1796-1837), también pintora.

Anaïs se casó en 1845 con el arquitecto y grabador Gabriel Toudouze  que murió nueve años después dejándola con tres hijos pequeños. Para mantener a su familia, Anaïs se dedicó a hacer ilustraciones de moda para revistas. Su hijo mayor, Gustave, fue escritor; el segundo, Édouard, pintor y su hija Isabelle (1850-1907), pintora e ilustradora.

En la imagen el Retrato de las Hermanas Anaïs y Heloise Colin pintado por ellas mismas. (Cada una pintó el retrato de la otra en 1840).

Las quince láminas que se encuentran en el Museo están realizadas a pluma, iluminadas sobre papel avitelado, recogen otros tantos Anuncios de Moda; también proceden de la Colección de la Familia Madrazo, que entraron en el Museo en 2006.

En todas ellas consta la autoría de Anaïs, pero en diez aparece acompañada de J. Desjardins y en cinco figura como su colaboradora Marie Prèval. Corresponden a la publicación del Magasin des demoiselles. [Paris: Hennuyer et Cie].
Anaïs C. Toudouze y J. Desjardins. Anuncio de Moda
  del Magasin des demoiselles 
Anaïs C.Toudouze y Marie Prèval. Anuncio de Moda
  del Magasin des demoiselles.


EMILIA CORANTY LLURIÀ
(Barcelona, 1862-1944)

Emilia Coranty Lluriá estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona, la Llotja durante dos cursos, de 1885 a 1887, junto a Francisca Sans Benet y eran las únicas alumnas entre entre más de 500 inscritos.  También estudió en Madrid donde se matriculó en las clases de Antiguo y de Paisaje en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, gracias a una bolsa de viaje que le concedió la Diputación de Barcelona. Después fuera de España, fue a Roma gracias asimismo a una bolsa de viaje con la que fue premiada por la Diputación de Barcelona de una duración de cuatro meses que se le prorrogaría el año siguiente. Allí conoció a su futuro marido, el pintor e historiador Francisco Guasch Homs (1861-1923).

Vivió en París, en Valls y en Barcelona, sin dejar de dedicarse a la actividad artística y fue profesora en la Escuela de Dibujo y Pintura para Niñas y Adultas, creada en el seno de la Llotja en 1882 para formar maestras especializadas en la aplicación del dibujo a las labores domésticas. 

Su obra fue calificada por los críticos como femenina, porque pintaba flores y naturalezas muertas, aunque en Cataluña tuvo mucha importancia por su relación con la industria textil. Obtuvo medalla de plata en la exposición de Chicago de 1893 donde había un pabellón para mujeres artistas, diseñado por la arquitecta Sophie Hayden. Murió en 1944, después de haber legado su torre y una serie de bienes destinados a crear los premios Guasch-Coranty para las mejores alumnas de su especialidad para lo que se creó una fundación que aún subsiste. 

He incorporado esta pintora a este grupo porque, a pesar de que el Museo guarda de ella una única pintura al óleo, su fama le vino dada más por el diseño y la ilustración. 

La obra del Museo del Prado es una Reproducción al óleo de “La dalmática de Carlomagno” [P08137], con la que obtuvo tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890. La imagen de la obra que hasta hace poco se encontraba en el MNCARS muestra su estado después de la restauración realizada por el Museo del Prado. 
Emilia Coranty, “La dalmática de Carlomagno” MNP [P08137]

La obra, realizada en 1889 en Roma, reproduce la llamada "Dalmática de Carlomagno" guardada en el Tesoro de San Pedro en el Vaticano, que fue regalada por el Patriarca de Constantinopla, Isidoro de Kiev (1439) al Papa Eugenio IV (1431-1447). Se desconoce la historia del origen de la leyenda de que fue usada por Carlomagno para su coronación como emperador en el año 800. Está totalmente bordada con hilos de oro, plata e hilo de seda azul con escenas de la iconografía bizantina.
Imagen de la Dalmática de Carlomagno. Vaticano. S.XI

En una imagen de la revista Feminal publicada en julio de 1908, podemos ver a la artista en su taller y en la pared de la izquierda, tras el caballete, distinguimos la dalmática comentada.
Emilia Coranty en su taller. Revista Feminal Julio, 1908

Hasta aquí la información sobre la presencia de mujeres pintoras miniaturistas, dibujantes / ilustradoras en el Museo, que cierro con una relación actualizada del conjunto de pintoras y dibujantes del museo del Prado. 


jueves, 26 de abril de 2018

LORENZO ROCHA - PINTOR FILIPINO EN EL MUSEO DEL PRADO

Lorenzo Rocha y de Ycaza (Manila, 1837-1898) 
(Detalle de la fotografía cedida por los bisnietos del pintor)

La Pintura en Filipinas en el siglo XIX

En la segunda mitad del siglo XIX florecen en Filipinas un grupo de pintores en torno a la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado de Manila creada por el gobierno español. Esta institución había dado continuidad a una primera escuela de enseñanzas artísticas fundada en 1821 por el pintor chino-filipino Damián Domingo (1796 - 1834), considerado el precursor en la enseñanza de la pintura en las islas, era especialista en la realización de retratos en miniatura, imaginería religiosa y en ilustraciones sobre temas nativos e influyó de forma notable en la siguiente generación de pintores que floreció en las Islas. Conocemos la imagen del pintor a través del retrato que de él realizó su hijo. el pintor José Domingo, basado en un autorretrato en miniatura realizado por su padre.
Retrato de Damián Domingo realizado por su hijo José Domingo

La escuela tuvo una vida efímera ya que la escasez de recursos económicos, junto a la prematura muerte de Domingo en 1834, supuso su decadencia y el cierre.  La nueva Academia, fue aprobada en 1846 a semejanza de las existentes en la península, aunque su apertura no se produjo hasta 1850. Dirigida en sus primeros años por diferentes funcionarios del gobierno que ejercían el puesto hasta el momento en que se cumplía el tiempo de sus servicios y se producía su retorno a la Península.

Ante esta situación de inestabilidad que no permitía el diseño de proyectos a largo plazo, la Junta de Comercio pide autorización para buscar un director especializado en España. Entre tanto convocan una oposición para cubrir la plaza de forma interina, para la que fue elegido el pintor Lorenzo Rocha y de Ycaza que era el alumno más aventajado de la renovada escuela, declarándole, con derecho al goce de sueldo total que tenía asignada la plaza, hasta que se produjera la llegada de su titular. Se nombra también como colaborador al joven alumno Lorenzo Guerrero (1835-1904)que va a ser un personaje fundamental para la historia de la Escuela, cuyo puesto, dedicado a la enseñanza de los nativos, lo desempeñaba gratuitamente. Las gestiones para encontrar un director dieron sus frutos en la persona del pintor español Agustín Sáez Glanadell que se incorpora al puesto en 1857 acabando así el periodo de interinidad de Lorenzo Rocha a quien se le agradecen los servicios prestados.

Lorenzo Rocha y de Icaza (1837-1898) 

El Tribunal de Comercio buscando compensar los servicios prestados por Lorenzo Rocha y conscientes de que para dirigir la Academia era necesario poseer una formación especializada, le propuso para una pensión a fin de que siguiese los estudios de pintura en la Península por cuatro años, inaugurando una práctica que pocos años más tarde se establecerá con carácter periódico.

Con el soporte económico de la pensión concedida, Rocha se embarca hacia España tal como recoge el diario El Mallorquín del sábado  29 de mayo de 1858: "La fragata Magnolia salió para Cádiz el día 12; Vienen en este buque de pasaje .../... D. Lorenzo Rocha que pasa pensionado por la Junta de Comercio de Manila para estudiar el Arte en Madrid". 

Es probable que pudiera hacer un periplo por Roma o París pero sabemos que en 1860 se encuentra instalado en Madrid continuando sus estudios en la Escuela Especial de Pintura. Es posible que en ese tiempo realizara alguna obra para la casa real ya alcanza el privilegio de ser nombrado pintor honorario de Cámara de la corona española.

Cuando en 1862, finaliza el tiempo para el que se le había concedido la pensión, Rocha solicita su reincorporación a la plaza de director de la Escuela de Manila (AHN: ULTRAMAR, 603, Exp.6), pero se le deniega la petición por seguir ocupado el puesto por el español Agustín Sáez, que había sido  precisamente confirmado ese mismo año. 

Ante esta situación Rocha solicita al Ministerio de Ultramar una ampliación de la pensión que venía disfrutando “… con objeto de terminar un cuadro de composición que tiene ya emprendido…”  
El ministerio realiza consulta al director del Museo Nacional de Pinturas sobre los avances del pintor, quien informa favorablemente la petición "...constándome los adelantos que con su constante aplicación ha conseguido adquirir el recurrente en tan difícil arte" y considerando entre sus méritos el haber merecido los honores de Pintor de Cámara. (Archivo MNP. Caja 353 / Legajo 18.12 / Exp. 6 / Doc. 4). Finalmente se le concede la ampliación de la pensión de 12.000 reales anuales de que disfrutaba, primero por dos años y después por otros dos. El periódico La Correspondencia de España se hace eco de la concesión de la segunda prórroga en 1864.

La Correspondencia de España, 14 de agosto de 1864

La Exposición Nacional de Bellas Artes de 1866

Como resultado del trabajo realizado durante el tiempo de la ampliación de la pensión Lorenzo Rocha y de Icaza presenta en la Exposición Nacional de 1866 (inaugurada el día 25 de enero de 1867) su obra El Sueño de Don Ramiro tal como se recoge en el Catálogo de la misma.

Páginas 38 y 39 del Catálogo de la Exposición de 1866 donde figura la obra presentada por Lorenzo Rocha con la descripción de su contenido. 

Por la información del Catálogo, sabemos que Rocha vivía en Madrid, en el número 3 de la céntrica calle del Clavel, perpendicular a la Gran Vía. A través de la consulta al Padrón madrileño de los años 1865 y 1866, conocemos de su puño y letra que había nacido en Manila el 10 de junio de 1837, habiendo sido bautizado en la parroquia de Binondo, que estaba soltero y que era uno de los inquilinos de la casa de Eusebio Sáiz, un cerrajero de la localidad de Mora de Toledo; también deducimos por las fechas de referencia que aporta, que había llegado a Europa en 1858 y que en 1860 se encuentra instalado en Madrid calificándose a sí mismo como "Pintor de Cámara y de Historia", añadiendo en el apartado de observaciones: "Comisionado por el Gobierno".

El Catálogo de la Exposición de 1866 describe con amplitud las características de la obra: 

362 - El sueño de D. Ramiro
          "Corrían los tiempos de la Monarquía española. El soberbio Abderramán exige del noble Ramiro un tributo abominable. Ramiro levanta su reino en armas; y aunque con hueste bisoña y escasa, cierra con la morisma en su propio campo, Albelda. La noche cubre con negro manto un cuadro fatídico y sangriento. Ramiro rehace su quebrantado ejército frente a Clavijo. Su esforzado espíritu no enflaquece: medita la venganza. El dolor y la fatiga llevan a sus párpados un sueño agitado, turbulento y convulsivo. Mil pensamientos cruzan por su mente, fíjase en una aparición mística, quizá fantástica, en la figura simbólica, viva y corpórea del Santo Apóstol Santiago que rompe raudo el éter, radiante y glorioso: imagen del genio de la guerra, penetra en la regia tienda inspirando y persuadiendo con el lábaro de la fe en la diestra y señalando con la siniestra al campo del triunfo. Ramiro con oír las sacrosantas palabras in hoc signo vinces, Ramiro sonríe soñando. Ramiro apresta de nuevo el combate. Ramiro vence. Ramiro realiza su sueño. Ramiro pasa a la posteridad glorificado; la cristiandad le venera, casi le exige altares." (Ortografía adaptada)

Lorenzo Rocha y de Icaza: El sueño de D. Ramiro. 1866.  Museo del Prado Nº de Catálogo P7869. Depositado en el MBA de Álava

Esta obra fue premiada en dicha exposición con una Mención honorífica de 2ª clase, y además del correspondiente premio en metálico fue seleccionada para su adquisición por el Gobierno al igual que otras obras presentadas al certamen. Con toda probabilidad fue destinada al recién creado Ministerio de Ultramar (1863), en donde quedó depositada.
 Revista de Bellas Artes. 17/2/1867, nº 20, BNE. Det. de la página 7.

Después de recibir este galardón Lorenzo Rocha considera finalizado su trabajo de pensionado y decide volver a Filipinas, con el reconocimiento de haber recibido el honor de pintor de Cámara y la mención honorífica por esta obra, que no debió ser la primera ya que un documento conservado en el AHN (Ultramar, 5221-Exp. 17-1874) menciona que le es otorgado el título de Comendador de la Orden de Carlos III, honor que se adjudicaba tras la recepción de una segunda mención honorífica conseguida por un pintor en exposiciones nacionales. 

Esta historia es resumida por Gervasio Memije, de la Comisión Central de Manila, en la Memoria que se publica en 1887 con motivo de la Exposición General de las Islas Filipinas en Madrid:

Exposición General de las Islas Filipinas en Madrid 1887
Memoria correspondiente a la Sección 8ª. Grupos 72 Y 73 . P.86 
Tipografía del Colegio de Sto. Tomás. Manila

La prensa de las islas se hizo eco de su retorno.
 La Correspondencia de España 17 de diciembre de 1867 1ª pág.

La Exposición General de Filipinas de 1887

Años más tarde la obra El Sueño de D. Ramiro fue presentada por el propio Ministerio de Ultramar a la Exposición General de Filipinas de 1887, tal como consta en el Catálogo publicado en el que no figura, quizás nadie se acordara, ni su autor ni su título, pero la descripción: Cuadro con la leyenda "in hoc signo vincis", no deja lugar a dudas de que se trataba de la obra de Rocha.

Recorte del Catálogo de la Exposición de Filipinas pág. 597(1887) BNE. 

El retorno a Filipinas

Tras su vuelta a Manila, Lorenzo Rocha se incorpora a la Academia de Pintura, Escultura y Grabado, dirigida por el español Agustín Sáez, donde ejercerá la función de profesor, cargo que complementa con el de catedrático de dibujo en el Colegio de San José. Tras la desaparición de este último Rocha propone la creación de una cátedra de Dibujo en la Escuela Normal de Maestras de Manila de la que será titular una vez que es aceptada. (AHN Ultramar, 604, Exp.6). Pocos años después el Tribunal de Cuentas de las Islas planteará la incompatibilidad de ambos puestos, lo que desembocará en un expediente administrativo y en el planteamiento del correspondiente incidente (lo que hoy sería un recurso) por parte de Rocha para evitar tener que devolver los haberes recibidos durante los seis años que ejerció la docencia en la mencionada Escuela. (AHN. Ultramar, 604, Exp.6)

De acuerdo con la información recogida en la Memoria -sección 8ª, grupos 72 y 73- de la Exposición General de las Islas Filipinas de 1887 (BNE HA/17688), en 1876 se declara honorífico y gratuito el cargo de director que a partir de entonces recaerá en el Inspector general de Obras públicas en las Islas, y el hasta entonces director, Agustín Sáez, pasa a ser exclusivamente Profesor aunque con el mismo sueldo de 1.200 pesos anuales, "para atender más ventajosamente a la instrucción de los alumnos". Al mismo tiempo se crea una segunda plaza de Profesor con idéntico sueldo, para la que se nombra a Lorenzo Rocha, como recompensa al resultado de sus estudios en la Península, el desempeño  interino de la Dirección ganado por oposición en 1856 y la obtención de distinciones en su etapa de estudio.
Retrato de Lorenzo Rocha y de Icaza
(Fotografía cedida por los bisnietos del pintor a quienes agradecemos su contribución 
al conocimiento del artista y su época)

Como consecuencia de estas nuevas previsiones existirá en la práctica una doble dirección en la Academia con dos profesores del mismo nivel repartiendo entre ellos las distintas enseñanzas; Agustín Sáez se ocupará de la superior de pintura y la elemental de paisaje, ornamentación, lineal y topográfico y Lorenzo Rocha de las clases superiores de dibujo natural y yeso y las elementales del dibujo de figura.

En 1891 tras el fallecimiento de Agustín Sáez se produce una nueva reforma de la Escuela y se vuelve a crear el puesto de director-profesor que es solicitado por Rocha para el que será nombrado en 1893. Esta reforma había sido auspiciada por Ángel Avilés Merino que desde 1892 estaba destinado en las islas como Director General  de Administración Civil.
Retrato de Ángel Avilés Merino por Nicolás García Márquez
Legado Ángel Avilés. MBA Córdoba

Ángel Avilés que, además de pintor acuarelista formado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, era gran aficionado y coleccionista de pintura, recibió como recuerdo de su estancia en Filipinas una serie de obras de pintores locales entre las que se encontraba una especialmente relevante del propio Rocha. Se trata de una bellísima Mujer Filipina, que fue presentada en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1895 más de treinta años después de su participación en la de 1863 en la que consiguió el primer galardón de un filipino en una competición de ámbito nacional. La obra se conserva en la actualidad en el Museo de Bellas Artes de Córdoba, formando parte del legado artístico que este político dejó a su ciudad junto con su biblioteca y archivo personal depositado en la Biblioteca Pública Municipal de Córdoba.
Lorenzo Rocha. Mujer filipina. 1895 MBA Córdoba

Lorenzo Rocha y de Ycaza por tanto ya ostentaba la dirección de la Academia cuando oficialmente pasó a llamarse Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado y fue ampliada incorporando más profesores, incluyendo algunos españoles. No obstante este sería el último periodo de su vida tanto profesional como personal, que duró desde 1893 hasta su muerte en 1898. 

Tras su desaparición, a pesar del nombramiento de un nuevo director de la escuela, Eusebio Santos González, el triunfo de la revolución con el consiguiente cambio de colonizadores, hizo que esta fuera decayendo lentamente hasta su práctica desaparición y posterior conversión en Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Filipinas, que fue inaugurada en 1909 siendo su primer director  Rafael Villanueva Enriquez (1850-1937).

De Hidalgo a Rocha: El Sueño de Ramiro en el Museo del Prado

Hasta ahora hemos visto cómo la obra El sueño de Ramiro de Lorenzo Rocha y de Ycaza presentada a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1866 fue adquirida por el gobierno con destino al Ministerio de Ultramar, desde donde consta que fue presentada veinte años después a la Exposición General de Filipinas (1887), tal como figura en el Catálogo de la misma en el que se menciona la obra por la inscripción que contiene: "In hoc signo vinces" sin que figure título ni autor. Al cierre de la Exposición la obra quedó adscrita al Museo Biblioteca de Ultramar (MBU) creado a partir de los contenidos de la mencionada Exposición.

Tras la pérdida de las últimas colonias, en 1899 cerrará definitivamente sus puertas el Ministerio de Ultramar; por su parte el MBU será también clausurado pocos años después; una Real Orden de 4 de febrero de 1908 dispone el desalojo inmediato del edificio del Museo y la distribución de sus colecciones entre instituciones especializadas en las diferentes materias expuestas: Museo de Ciencias Naturales, Museo Arqueológico, Museo de Antropología, Biblioteca Nacional y Museo de Arte Moderno. 

La mayor parte de las pinturas y esculturas que formaron parte de la exposición, realizadas por artistas autóctonos que se mantuvieron en el Museo Biblioteca de Ultramar mientras duró, fueron enviadas tras su desmantelamiento al Museo de Arte Moderno que ocupaba en ese tiempo parte del edificio de la Biblioteca Nacional, aunque muchas de ellas, por falta de espacio, fueron depositadas directamente  en otras instituciones. Finalmente, tras el cierre definitivo del Museo de Arte Moderno, en 1971, las pinturas del siglo XIX pasan al Museo del Prado, aunque la mayoría de las realizadas por artistas filipinos ya se encontraban depositadas en distintos museos e instituciones, destacando por su número las enviadas a las islas Canarias.

La atribución actual de la obra

Actualmente la obra, se encuentra depositada por el Museo del Prado en el Museo de Bellas Artes de Álava, en Vitoria, figurando en ambas instituciones la autoría del también pintor filipino Félix Resurrección Hidalgo y Padilla (Manila, 1855-Sarriá, Barcelona, 1913), presente con varias obras en la pinacoteca nacional. Es preciso señalar que Hidalgo no llegará a España hasta 1879, tras la obtención de la correspondiente beca, y que en ninguno de los catálogos de las diferentes Exposiciones Nacionales de Bellas Artes realizadas a partir de su llegada figura obra alguna de este autor que coincida con la temática de esta pintura.
Félix Resurrección Hidalgo Padilla. Autorretrato. 1901 

El título con el que la obra figura en ambas instituciones: "Aparición del Apóstol Santiago al rey don Ramiro I, antes de la Batalla de Clavijo"obedece más a una descripción del tema tratado que a un título propiamente dicho. 

Por la completa información que ofrece el Museo de Álava, en el que se encuentra expuesto El sueño de Ramiro en la actualidad, sabemos que la obra, aunque estuviera adscrita al Museo de Arte Moderno no llegó a incorporarse al mismo ya que en 1908, el mismo año de la disolución del Museo Biblioteca de Ultramar, fue depositada en el Instituto Ramiro de Maeztu de Vitoria (actual sede del Parlamento Vasco) y de allí, en 1944, pasó al Museo Provincial, actual Museo de Bellas Artes de Álava. Probablemente este último traslado fuera desconocido por la especialista Mercedes Orihuela, ya que en el Boletín del Museo del Prado, que recoge las obras del "Prado disperso" depositadas en Vitoria (1989), informa que el cuadro depositado en el Instituto Ramiro de Maeztu está "Sin localizar".
 El "Prado disperso". Cuadros depositados en Vitoria. BMNP, 10, 1989. Det. de la pag. 107

Es difícil saber en qué momento se cambia el título a la obra y se produce su adjudicación a Félix Resurrección Hidalgo y Padilla (ver actualización al final de la página). Precisamente Hidalgo forma parte del grupo de pintores que tuvieron como profesores a Sáenz y a Rocha y que tantos éxitos cosecharon en Madrid y París en las dos últimas décadas del siglo, entre los que figuraban otros pintores notables como Juan Luna, Fabián de la Rosa, Miguel Zaragoza o Esteban Villanueva. 


Conclusión
La adjudicación de la obra "El Sueño de Ramiro" a Lorenzo Rocha y de Ycaza no solo viene a restablecer el nombre del pintor, lo que por justicia le corresponde, sino que además tiene el interés de adelantar en 20 años la constatación de la existencia de pensionados de la Escuela de Pintura y Escultura de Manila en Madrid, ya que Rocha fue el primero de los pintores filipinos que tuvo la posibilidad de obtener una pensión para perfeccionar estudios en Europa. Su buen hacer le valió en España el honor de pintor de Cámara, siendo a su vuelta a Filipinas maestro de la mejor generación artística de pintores filipinos y posteriormente director de la Escuela de Manila hasta su muerte.

Actualización - Mayo 2019
El Museo del Prado ha aceptado la propuesta de autoría recogida en este blog, modificando el título de la obra y el autor de la misma, reconociendo a Lorenzo Rocha y de Icaza como su verdadero titular, tal como puede verse en la Galería Online del Museo del Prado.
Vista de la nueva ficha técnica de la obra en la Galería Online del Museo

En la nueva descripción de la obra recogida en la Galería Online, se alude al origen del error tanto del título como de atribución de autoría padecido hasta ahora:
         "En la Relación de los cuadros que pertenecientes al Museo Biblioteca de Ultramar son entregados con este mismo carácter al Museo de Arte Moderno según Real Orden de [4 de marzo de 1908] no figura esta obra pero sí una anotación que indica: “Se ha recibido fuera de relación el cuadro de D. Félix Resurrección Hidalgo titulado “Aparición del Apóstol Santiago al Rey D. Ramiro I antes de la batalla de Clavijo” Firmado: R. Hidalgo de Caviedes. Este es el origen del error en la autoría asignada a esta obra en el Catálogo de Pintura del siglo XIX en el Museo del Prado".