miércoles, 11 de febrero de 2026

LAS HIJAS DEL CID DE FEDERICO DE MADRAZO

En fechas recientes he tenido ocasión de leer dos interesantes artículos sobre un intercambio epistolar entre Federico de Madrazo y los Duques de Montpensier que nos permite conocer tres de las cuatro cartas que lo componían. El asunto que tratan está relacionado con unos dibujos del Fondo Madrazo del Archivo del Museo del Prado con la temática de "La afrenta a las hijas del Cid en el robledal de Corpes ". Ambos estudios, como veremos, no solo se complementan, sino que al hacerlo dan respuesta a las dudas de autoría y datación de dichos dibujos. 

F. de Madrazo, Las hijas del Cid descubiertas por el escudero Ordoño. Detalle. (1849)  Museo del Prado (D7054)

El primer artículo, titulado “Retratos sobre el papel. Nuevos datos sobre las relaciones artísticas de Federico de Madrazo con los duques de Montpensier” de J. Ramón Sánchez del Peral, publicado en 2023 en Laboratorio de Arte, 35 (US), hace referencia, entre otros temas, a los dibujos mencionados y a dos cartas del Fondo Madrazo del Archivo del Museo del Prado (AMP: 11 / Nº Exps: 116 y  115). Estas últimas fueron escritas por Andrés Juez-Sarmiento (1808-1871), magistrado de la Audiencia de Sevilla que se formó en la Academia de Bellas Artes madrileña junto a Federico Madrazo, a quien se dirige en calidad de amigo e intermediario del duque de Montpensier, recién asentado en Sevilla tras su matrimonio, para proponerle un encargo. El hecho de que en ninguna de las dos cartas figure el año en que fueron escritas, impide al autor del artículo completar la identificación del autor y la datación correcta de los dibujos mencionados.

El segundo artículo que vamos a comentar, escrito por José Fernández López, con el título “Una carta inédita de Federico de Madrazo al Duque de Montpensier”, en Temas de Estética y Arte, 33, de la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla (2019), se refiere a una carta firmada y fechada en 1849 en Madrid que Federico de Madrazo escribe al Duque de Montpensier como continuación de las anteriores.

PRIMER CONTACTO

Carta del magistrado Andrés Juez-Sarmiento a Federico Madrazo

La carta, escrita en Sevilla, está fechada un 28 de noviembre y tiene cuatro páginas. En ella, el magistrado informa a Madrazo que al Duque de Montpensier le gustaría encargarle un gran cuadro, para lo cual le comenta como ejemplo una obra que recientemente le ha realizado Dominique-Louis Papety con el título “Le Duc de Montpensier visitant l’Acropole d’Athènes”. La intención de Montpensier era que Madrazo crease una composición similar, que formara pareja con la del pintor francés y relatara un hecho relacionado con la nueva vida del duque. El tono de la carta indica una relación de confianza entre ambos por la falta de fórmulas de cortesía ya que en todo momento el magistrado tutea al pintor.

Carta de Andrés Juez-Sarmiento a Federico de Madrazo (Det.). Signatura: AMP: 11 / Nº Exp: 116

Sevilla 28 de Nove

        "Amigo Federico: hace dos días que me llamó el Sr. Duque de Montpensier y me hizo ver un cuadro, y hablamos de ti, y quedé en escribirte para que te encargues de pintar otro que le sirva de compañero y adorne el palacio que está renovando. El que tiene es obra de un artista francés llamado Papetí, ya difunto, y á quien acaso conocerías en París o Roma. Buen dibujo en líneas y claro-oscuro, y buena composición; pero colorido frío y tan rechupado que más parece pintado al temple que al óleo. / Todo se lo dije con franqueza, y le añadí que dibujarías otro tanto, y pondrías un colorido mucho mejor y de mayor efecto y armonía. Contento de mi informe, y deseando proteger a los artistas españoles encargándoles cuanto se le ofrezca, me dijo que te escribiese dándote una idea del cuadro y del que desea, y proponiéndote la obra, para que me digas el tiempo que podrás necesitar y su precio, si deseas hacerla. Abusan aquí de su posición y generosidad personas que no son artistas sino en el nombre; pero le dije que tu obrarías como caballero, y como verdadero artista que desea ocasiones en que poder lucir su mérito y corresponder a los buenos sentimientos de un príncipe liberal. Este cuadro tiene poco más o menos dos varas y media de ancho y cuatro y media de alto pues está colgado por el lado más corto, y representa un paseo que dio el Duque en Atenas acompañado del rey de Grecia y su esposa, y de algunas damas y caballeros de su comitiva y de la del príncipe, todos a caballo, y en el momento de detenerse entre unas ruinas de orden corintio".

A partir de aquí sigue una detallada descripción de la obra que omito y después continua: 

        "El cuadro que desea debe ser igual tamaño, representar un paseo a caballo dado por el Principe, su señora la Ynfanta, la reina, el rey y la reina madre, el duque de Aumale, y las demás personas reales o notables que quieras. El lugar, Madrid o sus alrededores, y la época la del casamiento de estos señores, eligiendo algún punto conocido por sus edificios u otros objetos para que aparezca más el asunto y le sirva de buen fondo. Desea que haya algo de pintoresco y característico en la composición, vistiendo a los espectadores con trajes nacionales, y procurando que el cuadro guarde la posible analogía con su compañero, que en verdad es riquísimo en adornos, por prestarse a ello las armas trajes y gualdrapas de los griegos, y aun la arquitectura que le sirve de fondo y complemento. Contéstame cuanto antes para enseñar tu carta original al Sr. Duque, y que en su visita resuelva lo que tenga por conveniente. Si se arregla todo, te se enviará la medida exacta, y aun un apunte del dibujo de este cuadro si le quieres, aunque no me parece necesario más que el describírtele.  A Dios, Mis recuerdos a tu Sr. Padre, y dispón de tu amigo."         

                                                                                Andrés Juez Sarmiento [rúbrica]

SEGUNDO CONTACTO

Carta de Federico de Madrazo a Andrés Juez-Sarmiento o al propio Duque de Montpensier.

Escrita en Madrid en los primeros días de Diciembre (Este documento no se conserva, conocemos de su existencia y contenido por la siguiente respuesta del magistrado.)

Se trataría de una carta de contestación de Federico Madrazo, de acuerdo con el ruego de este: "Contéstame cuanto antes para enseñar tu carta original al Sr. Duque" en la que el pintor ofrecería al duque alternativas de cuadros con temas históricos relacionados con la historia de España. Por la respuesta dada hemos de suponer que el tema inicialmente propuesto es descartado o queda en suspenso.

TERCER CONTACTO

Carta de Andrés Juez-Sarmiento a Federico de Madrazo

Andrés Juez-Sarmiento contesta a Federico Madrazo en carta fechada el 13 de diciembre, en la que le dice que el duque “cede gustoso” y –en referencia a un listado de temas que el pintor le ha enviado, que desconocemos– le informa de que entre ellos el duque elige el de Las Hijas del Cid atadas en el bosque, cuando las encuentra Alvar Fañez”.  Le aconseja que envíe algún apunte del tema y comenta que a partir de ese momento él termina su labor de intermediario por lo que Madrazo puede dirigirse directamente al Duque o a alguno de sus representantes.

Carta de Andrés Juez-Sarmiento a Federico de Madrazo. Signatura: AMP, AP 11, n.º exp. 115.

Dice. 13. Sevilla

            "Amigo Federico: S. A. después de ver tu carta, pues era el mejor modo de que se enterase de tu deseo y sus motivos, cede gustoso, eligiendo entre los asuntos que propones el de “Las Hijas del Cid atadas en el bosque, cuando las encuentra Alvar Fañez”. Conoce lo que son artistas. Manos pues a la obra, y haz lo que puedas libremente, remitiendo cuanto antes un apunte para su inteligencia y diciendo el tamaño que prefieres. Bueno será que por formalidad hables del tiempo y precio, pues en eso nada se pierde, aunque nada ha dicho S. A. 
        Mi misión acabó en el asunto, y creo que ya debes entenderte con S. A. o directamente, o poniéndole sobre A Don Joaquín Alcazar, alcaide de SS AA RR – Sevilla – o tratando ahí lo que te se (sic) ofrezca con su apoderado Dn. Santiago Tejada, el abogado de ese colegio. A Dios. Expresiones al Sr. Don José y tu dispón de tu amigo." 

                                                                 Andrés [rúbrica]

Hasta aquí las dos cartas que conserva el Museo del Prado en las que no figura el año en que se escriben. Como respuesta a la última carta se conserva una carta firmada y fechada por Federico Madrazo en 28 de dicienmbre de 1849 del Archivo Orléans-Borbón, recogida José Fernández López en el segundo de los artículos comentados al principio, que pone fecha al conjunto de este intercambio epistolar que tiene lugar entre el 28 de noviembre y el 28 de diciembre de 1849.

CUARTO CONTACTO

Carta de Federico de Madrazo a don Antonio de Orleáns, Duque de Montpensier

El pintor envía al Duque el “primer pensamiento” de la obra. Esta carta de 28 de diciembre de 1849, del Archivo Orleans-Borbón, pone fecha a las dos anteriores.

En la carta se explica el asunto y las características de la propuesta que hace Federico de Madrazo al duque de Montpensier para la realización del cuadro de historia sobre el tema de las Hijas del Cid.  

Carta de Federico Madrazo al Duque de Montpensier. 28.12.1849.  Archivo Orléans-Borbón

“Sermo. Sor.
            Tengo el honor de elevar a las augustas manos de V. A. el primer pensamiento para el cuadro que he de pintar de su encargo, cuyo asunto está sacado de los romances, del Romancero del Cid, que hablan de la injuria hecha a las hijas de este por los Condes de Carrión, quienes después de maltratarlas las dejaron atadas en un bosque. He elegido el momento en que las encuentra Alvar Fañez sobrino del Cid. Algo distante se verá al pastor que no atendió a sus súplicas y más lejos, cercanos ya a su escolta, los Condes de Carrión corriendo a caballo a escape.
         Al someter a V. A. este primer pensamiento de mi obra, espero que se dignará hacerme saber lo que sobre su disposición general juzgue oportuno. Considerando a V. A. demasiado inteligente para desconocer lo que deberá ganar después de estudiado convenientemente el asunto y pintando el cuadro con el debido esmero, no me he detenido en acabar más esa simplemente primera idea.
        Creo que el tamaño del cuadro podrá ser de 5 ½ pies de alto por 8 de ancho, de modo que las figuras resalten como las de la bacanal de Tiziano, que existe en este Real Museo; tamaño que conceptúo como el más simpático y adaptable para esta clase de asuntos. V.A. sin embargo decidirá lo que sea más conveniente. Ahora solo me resta, Sermo. Sr., tributar respetuosamente á V. A. las más expresivas gracias por el inmerecido recuerdo que hace de mi humilde persona, y suplicarle se digne admitir, con la expresión de mi profundo agradecimiento, la reverente obediencia con que a las órdenes de V. A. quedo. 
                                  Sermo. Sor. De V. A. R. humilde servidor"
                                                                Federico de Madrazo.
                                                                Madrid 28 de Diciembre de 1849

Tiziano. Bacanal de los Andrios. MNP (Modelo citado)

LOS DIBUJOS

Consecuente con esta descripción, cabe pensar que Federico Madrazo envía al mismo tiempo al Duque algún apunte para mostrar la idea de la obra tal como le habían solicitado, lo que nos lleva de nuevo al Archivo del Museo del Prado que guarda una serie de cinco dibujos relacionados con la temática propuesta. 

Hasta ahora los dibujos habían sido atribuidos a su hijo Raimundo, relacionando las cartas con la conocida visita de Federico Madrazo y su hijo Raimundo a Sevilla en 1858 para realizar otros encargos del Duque de Montpensier, que hemos comentado en otro artículo de este blog. La atribución a Raimundo Madrazo —de la que duda Sanchez del Peral— con los datos actuales quedaría descartada de modo absoluto, ya que en la época en que se produce este intercambio epistolar -1849-Raimundo Madrazo tenía unos 8 años. 

Los tres primeros apuntes que están realizados con carboncillo sobre papel vegetal, al igual que el cuarto hecho a lápiz sobre el mismo tipo de papel, parecen ser apuntes previos del tema. El quinto es un boceto más terminado puesto que incorpora la tinta parda y el albayalde, consiguiendo un mayor efecto de profundidad y contraste. Probablemente este último responde más al tipo de dibujo que Madrazo debió enviar al Duque.
Federico de Madrazo, Las hijas del Cid maniatadas en el robledal de Corpes (1849), carboncillo sobre papel vegetal, 204 x 300 mm, Museo del Prado (D6996); 

F. de Madrazo, Las hijas del Cid descubiertas por el escudero Ordoño (1849), carboncillo sobre papel vegetal, 220 x 316 mm, Madrid, Museo del Prado (D6994);

F. de Madrazo, Las hijas del Cid descubiertas por el escudero Ordoño (1849), carboncillo sobre papel vegetal, 202 x 415 mm, Madrid, Museo del Prado (D6997); 

F. de Madrazo, El escudero Ordoño (1849), lápiz sobre papel vegetal, 163 x 85 mm, Madrid, Museo del Prado (D6995).
F. de Madrazo, Las hijas del Cid descubiertas por el escudero Ordoño (1849) lápiz, tinta parda y albayalde sobre papel, 137 x 210 mm, Madrid, Museo del Prado (D7054); 

“He elegido el momento en que las encuentra Alvar Fañez sobrino del Cid. Algo distante se verá al pastor que no atendió a sus súplicas y más lejos, cercanos ya a su escolta, los Condes de Carrión corriendo a caballo a escape.”

No sabemos qué ocurrió con este proyecto, si la obra Las Hijas del Cid llegó a realizarse, si se ha perdido o si nunca llegó a existir. Lo cierto es que este fue el comienzo de una fructífera relación entre los Duques de Montpensier y Federico Madrazo que pronto se materializó con la realización de los retratos de los duques, lo que era la especialidad del pintor. Patrimonio Nacional conserva en el Palacio Real de Madrid los retratos de cuerpo entero de Luisa Fernanda de Borbón y Antonio de Orleans y Borbón, Duques de Montpensier, realizados por Federico de Madrazo en 1851, tenidos por los mejores de la pareja.

Luisa Fernanda de Borbón y Antonio de Orleans y BorbónDuques de Montpensier, Palacio Real


LOS PROTAGONISTAS DE ESTE ARTÍCULO

Andrés Juez-Sarmiento (RABASF Fot-02262)
Federico de Madrazo y Kuntz (Raimundo Madrazo)
Antonio de Orléans, Duque de Montpensier (Alfred Dehodencq)

A primeros de Marzo de 2026, el Museo del Prado ha subido a la Galería Online los dibujos de Federico Madrazo realizados en 1849, rectificando la anterior atribución a Raimundo Madrazo Garreta tras la identificación de los dibujos en una carta de 28 de diciembre de 1849 de Federico de Madrazo al Duque de Montpensier mencionada en el artículo.

jueves, 5 de febrero de 2026

MANUELA MONNEHAY Y LOS BÉCQUER

La reciente exposición sobre 'Los Bécquer, un linaje de artistas' del Museo de Bellas Artes de Sevilla, tiene gran importancia por tratar de manera conjunta una saga familiar de pintores de primera línea siempre opacada por la personalidad indiscutible y la fama de uno de sus miembros, el poeta Gustavo Adolfo Bécquer. Con independencia del gran interés del conjunto, en este artículo nos fijamos para su identificación y estudio en una de las obras que se ha incorporado a la muestra, un Retrato de Señora pintado en 1854 por Joaquín Domínguez Bécquer (1816-1879). La obra, perteneciente a la Colección Abelló, identifica a la persona retratada, considero que sin fundamento, con la escritora Cecilia Böhl de Faber, conocida en el ámbito literario como Fernán Caballero.  

Joaquin Domínguez Becquer. Retrato de Señora. Det. 1854 Col. Abelló

Hace ya tiempo escribí en este blog un artículo titulado "DESCUBRIENDO A CECILIA BÖHL DE FABER" que tenía como principal argumento mostrar la gran resistencia que la escritora siempre opuso a ser retratada; rechazo que fue vencido en escasísimas ocasiones en que pudo sentir la presión de personas a las que no podía negarse por el agradecimiento y la consideración que tenía hacia ellas, como fue el caso de los Duques de Montpensier. Así, de las pocas imágenes seguras que tenemos de la escritora, podemos considerar como la más fiel el retrato que, por encargo del Duque, realizó en 1858 Federico de Madrazo, dada la calidad indiscutible del retratista. A pesar de que en la actualidad se ignora el paradero de ese retrato, es bien conocido por fotografias y por una copia que el propio Duque encargó para la Biblioteca de personajes ilustres de la Universidad de Sevilla.

Estanislao Espejo. Retrato de Fernán Caballero según F. Madrazo. 1877 Universidad de Sevilla

La propuesta de identificación que se realiza en este artículo del Retrato de Señora de Joaquin Domínguez Becquer, presentado en la Exposición sevillana es que se trata de Manuela Monnehay Moreno, una mujer estrechamente ligada a la familia Bécquer en su conjunto y a sus distintos componentes, pero de indudable relevancia en la vida de Gustavo Adolfo Bécquer. Se trata de una persona mencionada en todas las biografías del poeta, aunque de un modo superficial, y con datos a menudo erróneos. Antes de entrar en la pintura concreta revisaremos los datos de su biografía que se circunscribe a la ciudad de Sevilla. 

Manuela Monnehay Moreno (1814-1855)

Narciso Campillo, amigo de la infancia de Bécquer, el poeta, cuenta que "Gustavo  fué recogido por la señora Monehay, su madrina de bautismo, persona de claro talento, que poseía bastantes libros y cosa rara en mujer ¡que los había leído todos!" (La Ilustración de Madrid, 15 enero 1871). Por su parte Santiago Montoto, uno de sus principales biógrafos, señala que Manuela Monnehay fue alumna de José Domínguez Bécquer, (padre del poeta) en las clases de pintura que impartía tanto en el Liceo Sevillano como en su propio domicilio, siendo nombrada madrina del recién nacido Gustavo cuando sólo tenía 10 años. (La Madrina de Bécquer. Santiago Montoto. ABC de Sevilla 28 agosto 1970). Inexactitudes o medias verdades como estas abundan en la biografía inicial del poeta relativa a su niñez y en general al periodo de sus diecinueve años transcurridos en Sevilla, dando un aire legendario y romántico a este periodo de la vida del poeta.

La existencia de Manuela Monnehay es bien conocida y una atenta mirada a los documentos oficiales de que se dispone ofrecen una información clara y precisa sobre las circunstancias de su vida que no han sido suficientemente consideradas por los biógrafos de la familia Bécquer. 

Manuela nace en Sevilla en 1814, su padre, Carlos Monnehay Monnehay, de origen francés de la región de Picardie, era dueño de una tienda de perfumes situada en la Plaza del Duque, 21 y 22 en el centro de Sevilla, que era también su domicilio particular. Estos datos pueden comprobarse en el Padrón de quintas del municipio sevillano del año 1838 en el que constan el titular Carlos Monnehay, su esposa, Dolores Moreno Rodriguez de 54 años, su hija, Manuela Monnehay Moreno, soltera de 24 años, (dato que nos permite calcular su fecha de nacimiento entorno a 1814), dos dependientes del comercio y una sirvienta.
Padrón General para la Quinta del año 1838 Plaza del Duque, 21 y 22.

La relación de Manuela Monnehay con la familia Bécquer debió producirse a partir de la asistencia de esta a las clases de dibujo y pintura que impartía José Domínguez (Bécquer) Insausti (1805-1841) tanto en el Liceo como en su domicilio. En ellas coincidía con Joaquín Domínguez (Bécquer) Puertas (1816-1879), primo del maestro, que asistía a las clases y colaboraba con él en diversas tareas como la preparación de lienzos o pintando fondos. La fluida y estrecha relación de Manuela con la familia se confirma por su elección como madrina del recién nacido Gustavo Adolfo en 1836, cuando ella tenía 22 años (en ningún caso los diez que mencionan varios biógrafos).
Partida de Bautismo de Gustavo Adolfo de 25.2.1836 y su transcripción.

Los avatares de la familia Bécquer a partir de la muerte de su padre

Debemos en buena parte al escritor Santiago Montoto la información sobre muchos datos relevantes concernientes a la familia aclarando en muchos casos informaciones dudosas que por la fama del poeta se iban convirtiendo en leyenda. Mas tarde, su principal biógrafa, Rica Brown, revisará y pondrá al día la historia familiar del poeta. 

En 1841, la vida de la familia Becquer, casado con Joaquina Bastida era tranquila y sin dificultades de tipo económico gracias al trabajo del padre, el pintor José Dominguez Bécquer.  Padres de siete hijos, todos varones, su situación cambia de forma abrupta con la muerte prematura del pintor a los 35 años. La radical disminución de recursos económicos obliga a contar con la ayuda de familiares para su mantenimiento y produce situaciones que se irán modificando con frecuencia hasta que los huérfanos vayan alcanzando su autonomía.

En 1842, año siguiente a la muerte del padre, vemos en el Padrón de vecindad de San Lorenzo,  que la familia, se habia mudado de domicilio a la calle del Espejo, nº 12, 2º, figurando como habitantes solo la madre, Joaquina Bastida Vargas, con tres de sus hijos Estanislao, Eduardo y Valeriano, siendo únicamente el mayor quien puede aportar algún recurso económico como fruto de su trabajo. Ello viene a confirmar que la viuda hubo de contar con la ayuda familiar de su pariente, probablemente su tío, Juan de Vargas a quien mencionan muchas crónicas por el acogimiento de alguno de los huérfanos que la madre no podía mantener. De hecho a este pariente hace referencia Gustavo Adolfo cuando escribe en 1870 los recuerdos de la vida de su hermano Valeriano

En 1847, solo seis años más tarde, se produce el fallecimiento de su madre, Joaquina, a los 37 años, con lo que la situación cambia de nuevo. Cabe suponer que los hijos que se habían mantenido con su madre pasan también al cuidado de Juan de Vargas cuyo posible fallecimiento provocará otro cambio de situación de los hermanos. Para Gustavo Adolfo representa un periodo significativo pues coincide con el cierre de la escuela de San Telmo donde estudiaba interno por lo que pasará a ser acogido por su madrina de bautizo Manuela Monnehay; esta situación, a veces puesta en duda, es confirmada por Rica Brown que confirma esta estancia en casa de la madrina a pesar de que el joven no aparece inscrito en el Padrón de su domicilio. En todo caso se trata de un periodo que solamente va a durar dos años pero que serán cruciales en su biografía. 

En 1849, de nuevo encontramos juntos a los hermanos que se han trasladado a vivir a la casa de una prima de su madre Manuela Bastida Gil en el nº 37 de la calle Alameda, tal como figuran en el Padrón general de 1850, en el que figura como cabeza de familia su tía Manuela de 67 años, que era viuda de José Román, uno de cuyos hijos, Vicente, convive con ellos.  

Padrón General para la Quinta del año 1850 Recto C/ Alameda, 37.

En 1852 ninguno de los hermanos permanece en la casa de la calle Alameda. No sabemos como se organizan el resto de hermanos pero ese año y los dos siguentes, hasta 1854, Valeriano y Gustavo Adolfo figuran como residentes en el nº 17 de la calle Mendoza Ríos, en el barrio de San Vicente. Por la variedad de personas que aparecen empadronadas, bien podría tratarse de una pensión. Sabemos que en ese tiempo Valeriano, ya con 18 años, ha empezado a ganarse la vida vendiendo tablitas pintadas con asuntos de escenas locales, o haciendo retratos a los forasteros; es probable que ello le animara a vivir por su cuenta llevando consigo a su hermano dos años menor, con el que estuvo unido a lo largo de su vida.  

Padrón General para la Quinta del año 1854 C/ Mendoza Ríos, 17.

Esta será la última ocasión en la que Gustavo Adolfo aparezca domiciliado en Sevilla, puesto que, en el otoño de ese mismo año, marchó a Madrid resuelto a forjarse un nombre como literato. 

El acogimiento de Gustavo Adolfo por su madrina, tal como hemos comentado, solamente durará dos años, un tiempo que supuso la consolidación de su incipiente vocación literaria. Rodríguez Correa, amigo íntimo de Gustavo, afirma que la madrina se encargó de él, además de mantener una cordial relación con toda la familia. Todas las crónicas y recuerdos de sus amigos y conocidos aseguran que su vocación literaria fue especialmente alimentada por la biblioteca que poseía la señora Monnehay donde durante esos años literalmente devoraba los libros. Según su amigo Campillo "Esos libros fueron una mina para Gustavo: los leyó, los releyó, y como algunos estuviesen destrozados, faltándoles ya el principio, ya el fin, los comenzaba o concluía de su cosecha, devanándose los sesos días enteros y semanas seguía en semejante empeño, descomunal y extraordinario para las fuerzas intelectuales de un niño." 

La vida de Manuela Monnehay no había estado exenta de acontecimientos en ese periodo; su padre había fallecido en 1843 dejando en herencia la perfumería de la Plaza del Duque a su mujer, Dolores y a su hija Manuela, aunque cabe pensar que la gestión del negocio quedara en manos de uno de sus dependientes. Si volvemos a mirar el Padrón de 1842, vemos que figuraban dos "Dependientes de la casa" el primero llamado Carlos Hinrichs, de 28 años se casará con Manuela en 1845, como vemos en la sección de "Matrimonios de 1841 a 1882" del Archivo Documental de Sevilla y en el Registro Civil. (El hecho de que ambos contrayentes tengan apellido extranjero a veces dificulta la identificación de registros).
Registro Civil - Sevilla. 20.4.1845, Hoja 192 Matrimonio Hinrichs-Monnehay

No durará mucho la felicidad para Manuela Monnehay quien 
tras diez años de matrimonio verá morir a su marido y ella misma fallecerá en la epidemia de cólera morbo que sufrió Sevilla el año 1855. En su registro de defunción de 25 de octubre de ese año figura que ya era viuda de Carlos Hinrichs.

Cuenta sobre ella el escritor Julio Nombela que "...era señora de clara inteligencia, algo rara según decían algunas de las contadas personas que con ella tenían trato, muy aficionada a leer y poseedora de una regular biblioteca en la que su ahijado encontró entre otros libros que influyeron poderosamente en su expíritu, las Odas de Horacio traducidas al castellano y las Poesías de Zorrilla, que por entonces eran leídas con entusiasmo... y fluctuando entre aquellos dos polos vivió dos años casi sin salir de la casa de su protectora, á quien agradaba verle tan juicioso, tan aplicado, sin ocasionar la menor molestia y resignado con su suerte". 

Y continua Nombela: "Bécquer muchas veces recordaba que esos dos años le pareció vivir en un mundo ideal, no acariciando más aspiración que la de ser poeta... Pero la excelente madrina comprendió que su ahijado necesitaba una profesión para ganarse con ella la vida cuando fuese hombre, y como la de poeta no constituía una carrera ni siquiera un oficio, pensó que el joven que daba muestras de tan rica imaginación, podía ser pintor como había sido su padre y a ello le animó. En 1850 comenzó á ejercitarse en el dibujo en los estudios menores de la Academia que dirigía Antonio Cabral Bejarano, pasando dos años despues al taller de su tío Joaquín, quien comprendió que sería mejor literato que pintor y le aconsejó que se consagrase por completo a las letras, para lo que le costeó los gastos de de latinidad y de literatura clásica"; (Impresiones y Recuerdos. J. Nombela, 1909)

Se ha comentado con extrañeza el hecho de que Bécquer, el poeta, no mencione en ningún escrito ni tenga una palabra de agradecimiento para su madrina que no solo fue, aunque de modo indirecto, su vía de entrada a la literatura, sino que siempre mantuvo una estrecha relación con la familia y con el escritor mientras este permaneció en Sevilla. Muestra de esa cercanía es el hecho de haber sido retratada por los dos pintores de la familia, Joaquín (1854) y Valeriano (1858?). Bien es verdad que el poeta tampoco menciona en ninguno de sus escritos a su madre, quizás haya un trasfondo de idealización de los personajes masculinos de la familia.

Cuando Gustavo Adolfo toma la determinación de marchar a Madrid, en 1954, acude a su madrina con la esperanza de que le preste ayuda. Ella, que ha intentado en muchas ocasiones guiar a su ahijado por caminos más prácticos y menos arriesgados, desaconseja ese viaje tan temprano por las dificultades que conlleva y no le presta la ayuda económica que él esperaba. Inasequible al desaliento el poeta busca la ayuda en su tío Joaquín quien le da treinta duros (600 reales) que van a ser su único caudal, para costear el viaje y la primera estancia en Madrid, a donde llega con unas cartas de recomendación que poco le servirán en su nuevo destino, iniciando de esta forma precaria lo que va a ser su difícil trayectoria como escritor. Probablemente fue la negativa de la madrina a ofrecerle su ayuda la causa de la ruptura de relaciones entre ambos, si bien es cierto que tampoco hubo tiempo de restablecer la relación por el temprano fallecimiento de Manuela al año siguiente de la marcha del poeta.

El retrato de Manuela Monnehay por Valeriano Domínguez Bécquer del Museo Romántico.  

Valeriano Domínguez Bécquer - Retrato de Manuela Monnehay. 1858 (?) MROM

Según la información del Museo del Romanticismo este retrato llegó como la escritora Fernán Caballero, datado en 1850. A pesar de que todavía figura en el Museo con esa identidad ya se admite en la información de la obra que se trata de Manuela Monnehay Moreno, la madrina del poeta. Resultaba sorprendente el mantenimiento del error no solo por la falta de similitud con la imagen fidedigna de la escritora que por las mismas fechas había pintado el principal retratista de la época, Federico de Madrazo, sino por el hecho de que además existen fuentes documentales como el Archivo Montesinos que identifican a la persona retratada como la madrina de Bécquer.
Comparación con el retrato de Federico Madrazo que permite ver que los retratos representan a dos personas diferentes tanto por su edad como por su fisonomía y estilo.        

La relacion familiar de Manuela Monnehay con los Bécquer, como hemos comentado al principio, justificaría por sí sola el hecho de que Valeriano Dominguez Bécquer, hermano inseparable del poeta, pudiera retratarla. Una duda se mantiene en cuanto a la cronología de la obra, si, como sabemos la madrina fallece en el año 1855, sorprende que el pintor realice un retrato póstumo de la misma. Según la información del Museo, "Esta obra ingresó en el Museo fechada en 1850, por la cartela que lleva sobre el marco, sin embargo en la firma del lienzo el año es 1858". La obra, según la información del Museo está firmada y fechada "V. B. D. 1858", aunque la imagen presenta cierta dificultad para su lectura considero que podría ser más bien "V. D. B. 1850"

El retrato de Manuela Monnehay por Joaquín Domínguez Bécquer (Colección Abelló)
Joaquín Domínguez Bécquer. Retrato de Señora, 1854. Col. Abello

El retrato que comentamos al principio de este artículo, que forma parte de la Exposición 'Los Bécquer, un linaje de artistas' actualmente en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, es presentado como Retrato de Señora (Cecilia Böhl de Faber - Fernán Caballero). Óleo sobre lienzo, 103,5 x 82,5 cm. Firmado y fechado: «Joaquín D. Becquer, Sevilla 1854» (ángulo inferior izquierdo) Colección Abelló, procedente de la Galería Caylus de Madrid. 

De nuevo, como en la obra anterior, vemos que identifica sin fundamento a la escritora, a pesar de la inconsistencia de la imagen, de los datos y las fechas: En la fecha del retrato de Joaquín Domínguez Bécquer, el año 1854, Cecilia Böhl de Faber, que estaba casada con su tercer marido Antonio Arrom Ayala, tenía 77 años. La constatación de su edad y la comparación del retrato de Bécquer con la imagen de de la escritora pintada por Madrazo en 1858, evidencian la imposibilidad de dicha identificación. 

Considero que también en este caso estamos ante un retrato de Manuela Monnehay, amiga de la familia y madrina del poeta Gustavo Adolfo Bécquer.

Una primera apreciación visual permite ver que los retratos representan a dos personas diferentes tanto por su edad como por su fisonomía y estilo.  

Joaquín Domínguez Bécquer (Sevilla, 1817-1879) tío del poeta, estudió en la Academia de Bellas Artes de Sevilla, y con su primo José, donde coincidió con Manuela Monnehay, manteniendo como el resto de la familia una relación cercana que propicia el hecho de retratarla.  El retrato, realizado en 1854, indica efectivamente el mantenimiento en el tiempo de esa estrecha relación entre ambos.
Joaquín Domínguez Bécquer fue profesor y académico de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría (Sevilla), conservador del Real Alcázar, pintor de cámara de la reina Isabel II y de los duques de Montpensier y preceptor artístico de los hijos de este. La actual exposición de Sevilla ha puesto de relieve la importancia artística de este pintor, que a menudo ha pasado desapercibido entre otros nombres notables de la familia.
Joaquín Dominguez Bécquer. Autorretrato, 1855 Det.