El camino de Juan Luna hasta el SPOLIARUM
Detalle de una versión del Spoliarium de Juan Luna considerada como boceto
El pintor más importante de la historia hispano filipina, entró en el mundo de la pintura después de terminar su formación como Piloto de Altos Mares.
Juan Luna de San Pedro Novicio (1857-1899), un joven de 17 años que á poco tiempo de embarcado era conocido entre sus compañeros como
el marino atrevido. Aficionado y con buenas dotes para el dibujo decide abandonar su futuro profesional como marino para entrar en la Escuela de Dibujo y Pintura de Manila, dirigida en la época por el pintor español afincado en Manila
Agustín Sáez Glanadell.
Juan Luna Novicio. Autorretrato. Roma, 1879 NM Phillipines El sistema de enseñanza artística en el archipiélago filipino, de características similares al de las academias oficiales de la península que seguía las directrices de la Academia de Bellas Artes madrileña de San Fernando, no fue del agrado del joven Luna, que, como ocurre a menudo con los artistas dotados de especial genio, no se acomodó a las enseñanzas establecidas en la escuela oficial por lo que se vio abocado a seguir su camino de forma independiente. Asiste entonces a las clases particulares del pintor filipino Lorenzo Guerrero, que era en la escuela el profesor encargado de la sección de pintura para nativos, quien permite a su discípulo el desarrollo libre de sus inquietudes artísticas y, según Rizal, con quien Luna abandona el dibujo del natural y comienza con el uso del color.
Consciente de la valía del alumno y de sus propias limitaciones para continuar su labor didáctica, Guerrero aconseja a los padres de Luna que envíen a su hijo a continuar sus estudios en Madrid, a pesar del hecho de que su formación, fuera de los cauces oficiales, no le permitía optar a una pensión como sus colegas de la escuela, lo que obligaría a la familia a costear dichos estudios. La buena situación económica de la familia Luna, les permite sufragar los gastos de formación y estancia en Madrid de sus hijos, el mayor, Joaquín, estudiará Derecho, Juan, pintura y Manuel, música, a ellos les seguirá más tarde el menor de los hermanos, Antonio, que estudiará Farmacia en la Universidad de Barcelona.
En 1877 Juan Luna llega a España fijando su residencia en en Madrid matriculándose en la Academia de San Fernando donde tuvo ocasión de conocer al pintor Alejo Vera, a quien siempre considerará más un amigo que un maestro y casi un padre. Al cabo de un año Vera obtiene la plaza de pensionado de mérito por la pintura de figura (R.O. de 19 de junio de 1878) y le ofrece al joven Luna viajar con él a Roma a donde llegan en otoño tras realizar un tour por diversas ciudades italianas lo que dio al filipino la oportunidad de conocer las grandes obras del Renacimiento y sobre todo las ruinas de la antigüedad romana tan admiradas por su maestro.
A la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1881 Alejo Vera presentó la obra Los últimos días de Numancia, obteniendo 1ª medalla y Luna se estrenaba presentando ese mismo año La muerte de Cleopatra, por la que obtuvo una 2ª medalla y la obra fue adquirida por el gobierno. La obra, actualmente en el almacén, ha sido expuesta recientemente en el Museo del Prado .
Juan Luna. Cleopatra, 1881. Museo del Prado
El maestro Vera se volvería a Madrid sin terminar de disfrutar el tiempo de su pensión por la muerte de sus padres. Luna, tras el éxito obtenido, el mayor de un pintor filipino en una exposición nacional, recibe entonces una pensión mil pesos anuales durante cuatro años del Ayuntamiento de Manila para continuar estudios por lo que decide quedarse en Roma. Allí concibió y pintó la obra que le dio más renombre:
Spoliarium, cuya estructura, temática y composición no resultan ajenas a la
Numancia de su maestro, y
que presentará en la Exposición Nacional de Bellas Artes del año 1884.
El pintor Luis de Llanos que se encontraba en Roma en el tiempo en que Luna trabajaba para su Spoliarium decía de él: "No es erudito ni presuntuoso; es buenamente un pintorazo que ejecuta mucho más que habla, y que sin ser rudo es más que rudo; debe tener sangre salvaje en las venas".
Por su peculiar forma de pintar Juan Luna era la atracción de los estudios de españoles en Roma donde muchos pintores se daban cita por verle actuar tal como describe Llanos:
"Diana [Luna] pintaba siempre alguna cosa, ¡pero Dios de Dios, de qué manera! A cada pincelada se echaba atrás muchos pasos, y como el estudio estaba literalmente lleno, tenía que abrirse paso á puros codazos. Llegado al punto de vista, se encaramaba sobre un mueble y miraba por cima de los sombreros de los amigos cuadro y modelo; descendía de nuevo y gritando como los mozos de café: - ¡Señores! ¡que mancho! - pasaba entre el grupo y llegaba á poner su pincelada en la tela. No me explico cómo se acordaba de forma y color a tanta distancia entre la observación y el brochazo.... Usaba por paleta una especie de velador del tamaño y forma de corazón de valiente, por lo grande, y sobre ella se veían verdaderas cordilleras de colores de muchas épocas, amontonados los unos sobre los otros, no obstante, de allí salían, no sé por qué extraño milagro, tonos transparentes, brillantes y simpáticos; escasamente se notaba un poco de suciedad general en todos sus cuadros.... ¡Señores! ¡qué resultado! Allí no hay figuras ni asunto pero ya hay color y armonía."
En el mes de marzo culminada la obra, antes de ser enviada al concurso español alcanza en Roma un éxito incontestable, dice Llanos " ... Señores, ¡qué descomunal creación! ¡Daba vértigo mirarla! ". Era un lienzo de unos nueve metros de ancho, que cuando son de tela blanca parecen diez y seis, y desde el techo hasta el suelo del inmenso estudio y de pared a pared, todo lo ocupaba la tela ... y el marco, alusivo a las circunstancias, formado de fragmentos ciclópeos de muros, de sillas curules destrozadas de trofeos y clavos gordos, hierros de cintra, y finalmente, en el ángulo de arriba de la derecha, un sol de oro, el sol de Italia que se escondía llorando detrás del cuadro."
Los ecos de la noticia empiezan a ser recogidos por la prensa española:
ROMA 31 de Marzo 1884. El señor don Juan Luna de nuestras islas Filipinas, ha presentado un cuadro, también de vastas dimensiones, que llama la atención de toda Roma y que por eso mismo las controversias acerca de él son ardientísimas. Su título es un Expoliarium del Coliseo en tiempo de los romanos y representa el arrastre de los cadáveres de los gladiadores muertos en el circo. Hay tal verdad en las figuras, sobre todo en las del primer término, en que se ven los esclavos que con cuerdas arrastran los cadáveres de los gladiadores, que horroriza el contemplarlas. Los gladiadores, muertos revestidos de sus armaduras, llenos de sangre, están dibujados estupendamente y todo el mundo se admira de que un joven de tan poca edad —el señor Luna no cuenta aun veinticinco años,—haya comprendido y realizado obra de arte tan soberbia. Nuestra opinión es que el joven pintor, si continua así, será una de las figuras artísticas más grandiosas de nuestra patria. (Crónica en La Dinastía - Barcelona 5.4.1884, pág.10).
El gran cuadro de Luna Novicio (8 x 4,5 metros aproximadamente) representa la retirada de unos gladiadores muertos en el circo que son conducidos al spoliarium, nombre por el que se conoce a la dependencia del anfiteatro romano donde se despojaba a los cadáveres de sus armas y vestiduras y se depositaban sus restos y los de las fieras que morían en la arena del circo.
Según su amigo Graciano López Jaena, Luna "empleó en la ejecución del cuadro ocho meses continuos sin levantar mano de la obra que, antes de venir á la Exposición, fué celebrada con grande entusiasmo en Roma en donde encontraron más comprensible el asunto, dados los recuerdos que conservan de su antigua civilización y grandeza". (Los dos mundos)
Juan Luna Novicio, Spoliarum 1884, Sala de Grandes Maestros de la Galería Nacional de Filipinas
El camino del SPOLIARIUM de Juan Luna hasta el Museo Nacional de Filipinas
Vista del salón central de la Exposición General de Bellas Artes de Madrid de 1884, con el "Spoliarium" de Juan Luna y Novicio. Fotografía en papel albúmina de autor desconocido,BNE
Vista del Salón central de la Exposición nacional de Bellas Artes de 1884. Grabado de B.Rico a partir de una fotografía de J. Laurent. La Ilustración Española y Americana, 30.5.1884.
La obra produjo gran sensación en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1884; la crítica, aunque no exenta de polémica, se volcó a favor de la obra. Obtuvo Primera Medalla a pesar de lo cual no fue adquirida por el gobierno como era habitual.
Parte del comentario aparecido en el Catálogo Cómico-Crítico de la Exposición de 1884, publicado por el periodista murciano Francisco Serrano de la Pedrosa, (1855-1926).
En enero de 1886 la obra se expuso en la Sala Parés donde fue visitada por más de 60.000 personas. “La exhibición de Spoliarium, una pintura del filipino Juan Luna, ganadora del primer premio en la Exposición Nacional de Madrid (1884), es uno de los primeros ejemplos de éxito de asistencia de público a las exposiciones de la época. El cuadro estuvo expuesto en la sala Parés entre los meses de enero y febrero de 1886 con un alud continuado de público que fue ampliamente comentada en la prensa de la época. El éxito llevó a los organizadores a ofrecer entrada gratuita a las clases con menos posibilidades". "La Diputación provincial [Barcelona] acordó, en sesión de anteayer, que se procurase la adquisición del magnífico cuadro del joven pintor filipino don Juan Luna, «Spoliarium», que actualmente se halla expuesto en casa del señor Parés. (LVG 22 enero 1886)
Exposición del "Spoliarium" del pintor Luna en el Salón Parés, según dibujo de J.L.Pellicer
La Ilustración Artística, 15 feb. 1886
La Diputación de Barcelona acuerda la adquisición de la obra de
Luna. La propuesta de compra con estipulaciones es publicada en diversos medios.

Propuesta de adquisición DP de Barcelona. Diario de Avisos de La Coruña, 18.3.1886
El autor acepta la oferta con las condiciones y limitaciones que se le imponen en cuanto al tiempo de disposición y entrega y la realización de una sola copia de tamaño más reducido que el original. Ese mismo año Luna realiza la copia del Spoliarium y la envía a Manila "junto al Pacto de sangre, una Playa de Margate y unos estudios de cabezas" tal como le cuenta a su amigo Javier Gómez de la Serna en una carta desde París el 18 de agosto de 1886.
Tras la adquisición "se dispone que la obra se exponga en el Salón San Jorge de dicha Diputación." (La Opinión, 17 agosto 1886), donde es visitada en 1888 por la reina.
La Unión Católica 6 junio de 1888. Visita de la reina
En 1888 la obra participó en la Exposición Universal de Barcelona donde fue premiada con una Segunda medalla; en 1890 es enviada al Salón de París y en 1891 a la Exposición Internacional de Berlín. En diciembre de ese mismo año según informa la prensa , "formuló una moción el señor Torent recordando otra que hiciera en el mes de Abril para que volviese á la Diputación el cuadro del pintor Luna, titulado «Spoliarium» que fue enviado á una Exposición, y que aún no figura en su sitio del Palacio Provincial". (LVG 31.12.1891).
El interés por la obra se va desvaneciendo en los últimos años del siglo; a medida que pasa el tiempo la Diputación llega a cubrir la obra con un velo cuando se realiza alguna recepción en el Salón de San Jorge, donde se halla expuesta: "...El spoliarium, gran cuadro de Luna, estaba cubierto con un velo, determinación acertada, pues las sangrientas y aun repugnantes escenas que dicho cuadro representa, no son por cierto las más a propósito para tenerlas a la vista en un banquete ni compatibles con la mejor digestión de los manjares." (1889 1º enero El Salón de la Moda). Este hecho se agudiza a medida que se va asentando el proceso independentista del archipiélago.
Este cambio radical en la consideración de la obra pudo ser la causa de que la Diputación, en los primeros años del nuevo siglo, pusiera la obra a disposición de la Junta de Museos de Barcelona que la depositó para su exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de la misma ciudad, donde consta catalogada y expuesta en 1926.
En 1933 la prensa filipina empieza a preguntarse por la situación del cuadro, el Director de la Biblioteca Nacional Filipina, Teodoro Kalaw, tras realizar pesquisas infructuosas en la Diputación y en el Ayuntamiento de Barcelona denuncia en la prensa filipina su desaparición (La Vanguardia. Manila 28 y 29 agosto 1933). Esta información es contestada por el Director de Arte de los Museos de Barcelona, Joaquim Folch i Torres, quien dirige un escrito al director de La Vanguardia Filipina informando de que la obra se encontraba expuesta desde 1926 en el Museo de Arte Contemporáneo del palacio de Bellas Artes.
Joaquim Folch i Torres, escrito al director de La Vanguardia Filipina. 25.10.1933
El cierre de museos y el traslado de obras a lugares seguros caracteriza el periodo bélico, momento en que El Museu d’Art de Catalunya bajo dirección de
Joaquim Folch i Torres para proteger el patrimonio de posibles bombardeos y saqueos traslada las obras a diferentes destinos, como la iglesia de Sant Esteve de Olot. Finalizada la guerra
Spoliarium volvió, como el resto de obras protegidas, al Palacio de Bellas Artes pero quedó en el almacén y ya no volvió a ser expuesta; a partir de entonces sufrió un notable deterioro y se perdió la memoria de su localización. (Sobre el retorno de las obras de Olot, ver
El Museo de Arte Moderno de Barcelona de
Cristina Mendoza)
Pasan los años y aumenta el olvido pero la representación diplomática filipina mantiene vivo el interés por la obra, iniciando en 1949 las gestiones para localizarla. El recién llegado embajador de Filipinas en Madrid, Manuel Nieto, envió a la Ciudad Condal al pintor y caricaturista Luis Lasa para que, en su nombre, iniciara la búqueda; Lasa averigua que el lienzo, aunque en mal estado, se conserva enrollado en el depósito del Palacio Nacional de Montjuich. Cuando se dio a conocer el lugar donde se encontraba el Spoliarum se produjo un movimiento de interés en los medios artísticos y políticos de Filipinas, que se tradujo en el deseo ferviente de que el cuadro pasara a formar parte de su colección nacional. Es en ese momento y, dadas las buenas relaciones políticas con el Archipiélago, cuando se plantea la posibilidad de recuperar la obra y ofrecerla al gobierno de Manila como un regalo de amistad del gobierno español.
El Ministro de Educación Nacional, Sr. Rubio. se hace cargo del tema y se ocupa del traslado de la obra a los talleres del Museo del Prado donde hace su entrada la obra el 26 de julio de 1955 sin ninguna documentación que lo acompañe.
El Ministerio solicita un informe técnico sobre las posibilidades de su restauración que sería encargado a los especialistas Cristóbal González Quesada y Manuel Pérez Tormo, primer y segundo restaurador respectivamente del Museo del Prado. Los restauradores informan de las dificultades que plantea la obra por sus dimensiones para realizar el forrado de la misma ya que no disponen de tableros o bastidores apropiados a su tamaño por lo que proponen dividirla en tres partes para facilitar su trtamiento y su posterior transporte, lo que informa el Director del Museo [Álvarez de Sotomayor] al Ministerio.
"...cortar el lienzo en tres partes proporcionadas, que formen como un tríptico..."
Oficio del Director del Museo al DG de Bellas Artes, 13.12.1955 (Arch.MNP)
La autorización de la propuesta de restauración por el Director General de Bellas Artes se hará esperar pues no será finalmente aprobada hasta el 30 de septiembre de 1957, y ello siempre que a juicio de los técnicos sea adecuada para su envío a Filipinas, añadiendo que los gastos correrán a cargo del Museo. (Carta al Director del Museo de 30.9.1957 Arch.MNP). A partir de ese momento todo son prisas, solo ha pasado una semana cuando el ministerio de Asuntos Exteriores escribe al Director del Museo del Prado intentando apresurar la restauración. En el mismo oficio aparece una nota manuscrita fechada el 15 de noviembre en la que se dice que se ha informado telefónicamente que el cuadro ya está cortado.
Oficio de 8 de octubre del Director General de Relaciones Culturales del Ministerio de Asuntos Exteriores al Director del Museo.
Aspecto de la división de la obra antes de su unificación
Una vez acabado el proceso para el que se invirtieron unos cuatro meses de trabajo, los restauradores realizan un informe para los técnicos de Manila cuya copia se conserva en el Archivo del Museo del Prado que dice, entre otras cosas, que el lienzo "no se ha forrado ni entelado porque está pintado sin preparación y por ser previsible que en el clima de Manila -cálido y húmedo- pudiera alterarse el adherente que se emplease para unir las telas y el planchado podría hacer perder fuerza al vigor y frescura de la pincelada". Los restauradores, Sánchez Quesada y Pérez Tormo plantean tres escenarios para recomponer la obra: en tres marcos separados, como un tríptico; uniendo las obras con un junquillo de separación y finalmente volviendo a unir las tres partes cubriendo la junta con cera coloreada; sugiriendo que el procedimiento más adecuado es el segundo que es el aplicado al tríptico de Reinaldo y Armida de Eduardo Chicharro del Museo de Arte Moderno de Madrid.
Ejemplo mencionado: Poema de Reinaldo y Armida, Eduardo Chicharro y Agüera (1904)
MNCARS, en depósito en el Museo de Jaén
El 16 de enero de 1958 los ministros de Asuntos Exteriores (
Castiella) y de Educación (
Rubio) realizan la entrega simbólica de la obra al embajador de Filipinas, el coronel
Manuel Nieto, en un acto celebrado en el Museo del Prado.

Titular 18 enero 1958. La Noche (Galicia)
A pesar de que la obra pertenecía a la Diputación de Barcelona, la institución, que ya hacía tiempo que se había desentendido de ella, no hizo valer el hecho de ser su propietaria para retenerla, ni solicitó compensación alguna por su cesión. La información enviada a la prensa no deja duda de la falta de interés mostrado hacia ella:
"DESPACHO OFICIAL. El presidente [de la Diputación] informó también a la Corporación de la entrega hecha en Madrid por el Gobierno a la nación de Filipinas del cuadro «Spoliarium», que esta Diputación tenía depositado y que se cedió en su día a tal efecto por conducto del Ministerio de Educación Nacional." (La Vanguardia Española, 29.1.1958 P.16)
Una vez en su destino final, en Manila, hacia 1960 el gobierno filipino encarga la reunificación de la obra al pintor Antonio Gonzales Dumlao (1912-1983), a pesar de que no era restaurador ni especialista en la materia. No tenía formación específica ya que abandonó sus estudios el mismo año en que se matriculó en Bellas Artes en la Universidad de Filipinas pero era un artista polifacético al que se le reconoce mérito como pintor muralista, retratista y restaurador de vidrieras. Para la unificación del Spoliarium se decidió utilizar la tercera de las opciones propuestas por el Museo del Prado: "Los tres lienzos dentro de un cuadro, colocándolos a tope y cubriendo la linea de unión con cera, coloreada con el tono del fondo, evitando las rebabas", y una vez unida se completó con un robusto marco de madera.
La obra ya terminada fue instalada en el vestíbulo del edificio del Departamento de Asuntos Exteriores entonces en la calle Padre Faura (actual Depto. de Justicia). Finalmente la obra pasó a su ubicación actual en el Museo Nacional de Filipinas, donde sigue siendo considerada su principal obra.
Composición fotográfica que muestra las dos obras más famosas de la pintura filipina expuestas en el Spoliarium Hall del Museo Nacional de Filipinas: La obra de Juan Luna y Novicio que da nombre a la sala y El Asesinato del Gobernador Bustamante, de Félix Resurrección Hidalgo (1855-1913).
Tras su recepción, el Congreso filipino expresó su gratitud al pueblo español por la donación del Spoliarium a Filipinas. En 1962, como reconocimiento de su valiosa intervención, se le impuso la Legión de Honor Filipina al Ministro de Educación español Jesús Rubio García-Mina. (ABC 30 junio de 1962)
Algunos protagonistas de esta historia.
Izq. Fotografía (Detalle) del personal del Museo del Prado hacia 1950 muestra a los restauradores
Cristóbal Sánchez Quesada (14) y
Manuel Pérez Tormo (16); sobre ellos el Director de Servicios Técnicos
Sánchez Cantón (9). Arch.fotográfico MNP
Dcha.: El pintor filipino Antonio Gonzales Dumlao
De Izq. a dcha. y de arriba a abajo: El ministro de Educación, Sr.Rubio. El embajador de Filipinas en Madrid, Sr. Nieto saludando a Franco; el Director de la Biblioteca nacional filipina, Sr. Kalaw y el caricaturista Lasa en un retrato pintado por Fernando Amorsolo.
En El Expoliarium, al través de aquel lienzo que no es mudo, se oye el tumulto de la muchedumbre, la gritería de los esclavos, el traqueteo metálico de las armaduras de los cadáveres, los sollozos de la orfandad, los murmullos de la oración, con tanto vigor y realismo como se oye el estrépito del trueno en medio del fragor de las cascadas o el retemblido imponente y espantoso del terremoto.
Discurso de Rizal en el banquete dado en honor de los pintores Filipinos, Luna e Hidalgo, pronunciado en Madrid en la noche del 25 de junio de 1884
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