jueves, 31 de enero de 2013

El PASMO DE SICILIA. RAFAEL. MUSEO DEL PRADO

Con el nombre popular de El Pasmo de Sicilia se conoce en España el cuadro títulado Caída en el Camino del Calvario que fue pintado por Rafael Sanzio hacia 1515 para la iglesia del convento Santa María dello Spasimo de los monjes de Monte Oliveto (benedictinos) de Palermo y que hoy se encuentra en el Museo del Prado.
Caída en el Camino del CalvarioRafael Sanzio h.1515. MNP

La firma"RAPHAEL VRBINAS" 
aparece en la piedra del primer plano con el monograma habitual del artista.

LA DENOMINACIÓN

Es evidente que el sobrenombre de "El Pasmo" dado a la obra de Rafael deriva del nombre de la iglesia palermitana para la que fue realizado: Santa María dello Spasimo y aunque se suele tomar por una vulgarización del mismo, lo cierto es que el significado de "Pasmo" en nuestro idioma no se aleja mucho del sentido de la imagen y del correspondiente italiano. La primera acepción de nuestro diccionario para Pasmo es: "Admiración y asombro extremados que dejan como en suspenso la razón y el discurso"; mientras que en italiano significa sufrimiento o dolor intenso, aunque suele traducirse la advocación italiana como Nuestra Señora de las Angustias.

Por otra parte, aunque algunos consideren la denominación "El Pasmo" una corrupción del italiano original, lo cierto es que el cuadro figura con este nombre en las fuentes antiguas desde su llegada a España. En una descripción de 1661 tras su llegada al palacio real se dice: "le dio su Artífice nombre de Admiración de la Virgen y Pasmo del Mundo" y en el inventario de palacio de 1686: "...por su primor y grandeza le llaman el Pasmo...".  En italiano la obra se conoce como Lo Spasimo”.

LA ESCENA

La obra representa el encuentro de la Virgen con Jesús en la calle de la Amargura, acompañada por San Juan y las santas mujeres, en el momento en que éste ha caído bajo el peso de la cruz. No hay en los evangelios ninguna referencia concreta a este episodio. La única cita evangélica relacionada la encontramos en San Lucas: 23,27, que al narrar la subida al Calvario dice "le seguían a Cristo una gran muchedumbre de mujeres, que se golpeaban el pecho y hacían duelo por Él".

El relato detallado del momento que recoge la pintura se encuentra en los Evangelios Apócrifos, en las “Actas de Pilatos” o Evangelio de Nicodemo del siglo V. La escena en cuestión aparece en la versión conocida como "Recensión B", descubierta por el teólogo alemán Tischendorf en el S.XIX.

En este manuscrito se cuenta como en la mañana del Viernes Santo, Juan el Apóstol va en busca de María para informarle de que Jesús había sido enjuiciado y condenado a muerte y que ya caminaba con la Cruz a cuestas hacia el lugar de la ejecución:

            "Al oír la Virgen el relato quedó transida de dolor, y se fue en seguida, acompañada por Juan, Marta, María Magdalena y Salomé, a la Calle de la Amargura”. 

A continuación recoge algo que nos resulta sorprendente y es el hecho de que María no reconoce a su  propio hijo: 

            “Al ver la comitiva, preguntó a Juan cuál era su hijo. Él lo señaló, diciéndole que era el que llevaba la corona de espinas y las manos atadas. La Virgen, que divisó a Jesús, cayó desmayada hacia atrás y estuvo bastante tiempo en el suelo".

María permanece inconsciente durante un tiempo y cuando al fin se reanima:


       "...comenzó a prorrumpir en exclamaciones de dolor, golpeándose  el pecho. Los judíos, al ver esta escena tan desgarradora, quisieron alejarla, pero Ella permaneció firme junto a su hijo".

Fue tal la acogida de este relato en la devoción popular que, a pesar de no figurar en los evangelios canónicos, la escena forma parte del Vía Crucis del que constituye su IV estación. Lo mismo ocurre con otras escenas de la pasión como el encuentro con la Verónica o las tres caídas de Jesús, todas ellas provenientes de fuentes no canónicas, a pesar de lo cual han formado parte a través del tiempo de todo tipo de oraciones y escritos de autores religiosos. 

   5 Estaciones del Vía Crucis que no se encuentran recogidas en los Evangelios

La iconografía relacionada con este relato del encuentro de la Virgen con su hijo en el camino del calvario en España ha formado parte de la imaginería y de la devoción popular pero no ha sido muy representada por pintores españoles. Uno de los pocos que, aunque con distinto tratamiento, se hace eco de la narración del Evangelio de Nicodemo es el sevillano Valdés Leal . 
          Valdés Leal: La Virgen con San Juan y las Marías camino del calvario

LA DOCTRINA

A principios del siglo XIII se fija esta tradición y el papa Paulo V establece la conmemoración del Espasmo o Martirio de la Virgen María el lunes siguiente al domingo de Pasión, lo que nos hace pensar en una frecuencia de esta advocación del Pasmo que paulatinamente ha ido sustituyéndose por otras advocaciones debido a que estudios doctrinales posteriores rechazaban el hecho de que la Virgen sufriera un desvanecimiento, tal como se narraba en los textos apócrifos. 
La doctrina de la iglesia se ha ido decantando por una imagen de la virgen firme en su sufrimiento, que no pierde el conocimiento a pesar del profundo dolor que le  pudiera causar el ver a su hijo desfigurado.
Detalle del desmayo de la Virgen en la Pala Baglioni de  Rafael

Poco antes de la realización de la pintura de Rafael, el año 1506 el dominico Tommaso de Vio Cajetan había publicado un estudio titulado "De Spasmo Beatae Virginis Mariae", que trataba sobre el comportamiento de la Virgen en su encuentro con Jesús, camino del Calvario. (Según V.I. Stoichita, -Enciclopedia Museo del Prado- la investigadora Helen Ettlinger fue la primera que en 1982 relacionó el cuadro de Rafael con el escrito del dominico).

Pocos años antes Rafael había pintado en la llamada Pala Baglioni a la virgen en situación de desvanecimiento. Cabe pensar que Rafael modifica su posición en el debate teológico que suscitaba el tema del comportamiento de la Madre de Dios en el que se discutía si la demostración de dolor de María ponía en tela de juicio su creencia en la futura resurrección. Por ello Rafael habría evitado en esta obra la representación del momento del desmayo y así reflejar un comportamiento más acorde con la nueva interpretación doctrinal. Este cambio de actitud del pintor se debería al asesoramiento que recibía de las mejores fuentes como el dominico Tomasso de Vio que es uno de los prelados que aparece retratado en la Disputa del Sacramento que Rafael pinta en la Stanza de la Signatura vaticana. 
Otros textos de la época reflejan también esta nueva consideración del relato, como la obra del padre Fray Antonio del Castillo, impresa en Madrid en 1656, "El devoto peregrino y viaje a Tierra Santa" en el que el autor describe: 

        "...la Virgen acompañada de San Juan, la Magdalena y otras devotas mujeres, salió al encuentro de su Bendito Hijo, (...) cuando le vio tan desfigurado y en trance tan doloroso, su corazón sería traspasado de dolor (…) Y por ser éste el lugar adonde tuvo tan grande dolor la Virgen es llamado el Pasmo de la Virgen, no tomada en todo rigor la palabra pasmo, porque a la Divina Señora nunca le faltó el valor y esfuerzo para poder padecer tan terribles dolores y acerbos sufrimientos". 

Una última referencia a esta cuestión, la del padre Francisco Suárez, Doctor Eximio, que escribe en 1548: "Al ver María a su Hijo, camino del Calvario, no se desmayó, pues no convenía que tal Madre perdiera el uso de la razón; mas experimentó un dolor capaz de causarle mil muertes”


LA HISTORIA DEL CUADRO

           "La historia de este cuadro es muy singular, hasta tal punto que a veces parece que las grandes cosas deben sufrir como los grandes personajes, sus infortunios". A. Dumas


La historia de esta obra comienza el 29 de septiembre de 1508, cuando el jurista nacido en Messina, Giacomo Basilicò, cumpliendo la última voluntad de su esposa Eulalia Resolmini, natural de Pisa, ante el notario Pietro Tagliante, hace una donación a los padres Olivetanos de una propiedad con casas, viñedos, jardines y capilla, situada a las afueras de Palermo junto con una renta anual de cien onzas para realizar la construcción del monasterio y de la iglesia.


La escritura de donación contiene varias disposiciones que deben cumplirse, incluyendo entre otras que la iglesia fuese dedicada a Sta. Maria dello Spasimo, que en el monasterio tendrían que vivir por lo menos 25 monjes y que no podría ser vendido ni convertido a otro uso. El 21 de mayo de 1509 el Papa Julio II aprobó por medio de una bula la donación de Basilicò y ese mismo año comienzan las obras que debían incluir "Iglesia con un campanario, cementerio, claustro, refectorio, dormitorio, huertos y talleres".


En 1517 Giacomo Basilicò encargó a Rafael, para decorar su propia capilla, un cuadro con el tema de la subida de Jesús al Calvario. La pintura sobre tabla fue pintada en Roma ese mismo año por el maestro de Urbino, con la colaboración de dos de sus principales ayudantes: Giulio Romano y Giovan Francesco Penni conocido como Il Fatore.


No hay que olvidar que nos encontramos en el periodo de mayor actividad del artista que trabajaba en diversos proyectos para León X, la continuación de los frescos de las stanze, la preparación de los Cartones para los tapices destinados a la Capilla Sixtina y había sido nombrado arquitecto de San Pedro además de ser el responsable de la arqueología, por lo tenía que apoyarse cada vez más en su taller para atender los encargos de su numerosa clientela.


Es creencia generalizada, que la «invención» de la obra es de Rafael, quien al parecer se pudo inspirar para realizar la composición en grabados nórdicos como los que Alberto Durero había realizado de la «Pequeña y la Gran Pasión» en 1509 y 1510 respectivamente.

A. Durero. Subida al calvario. Grande y Pequeña Pasión

No creo que pueda decirse que el diseño esté enteramente tomado de una u otra obra, pero de acuerdo con la forma de hacer de Rafael, que no tiene inconveniente en recoger ideas y figuras de otros para incorporarlas a sus diseños, podemos encontrar, efectivamente, elementos tomados de estos u otros grabados flamencos o incluso motivos de sus propias obras, como el hombre de la izquierda en primer plano que tiene la misma disposición, pero invertida, que la figura que aparece en "El Juicio de Salomón" en la Stanza de la Signatura del Vaticano.


La obra, una vez terminada fue transportada por mar a Palermo, tal como nos cuenta Vasari, pero una tormenta  hizo naufragar el barco por lo que se perdió la tripulación y toda la carga. Sólo este cuadro, encerrado en una caja, se salvó y fue llevado por las olas  hasta Génova sin sufrir daño alguno. Cuando la noticia del salvamento se propagó los monjes de Palermo trataron de recuperar la pintura y a través del propio Rafael consiguieron la intercesión del Papa para obtenerla, para lo cual se dice que hubo que recompensar a todos los que habían  contribuido a su conservación.

Este acontecimiento se tuvo por un hecho milagroso y contribuyó a la fama de la obra y a la admiración de sus contemporáneos. Vasari, que se refiere a ella como “cosa maravigliosa” dice que finalmente fue colocada en Palermo  "y desde entonces es allí más famosa que el mismo monte volcánico".

Consta documentalmente que en 1520 la obra por fin pudo ser instalada en la capilla de la Iglesia, para la que Basilicò había encargado al escultor siciliano Antonello Gagini, la decoración en mármol. (La estructura de la capilla hoy se encuentra desmontada y almacenada en la sede de los jesuitas en Villa Cataldo en Bagheria a la espera de recursos para volver a instalarla.)


Reconstrucción imaginaria realizada por Legambiente (It) con una imagen del cuadro del Museo del Prado sobrepuesta en una foto del altar que data de 1928, antes de ser desmontado.

Pero tanto la obra como la capilla, no pudieron permanecer mucho tiempo en el lugar al que fueron destinadas ya que estando aún sin finalizar las obras del monasterio, en 1536, el virrey Ferrante Gonzaga decide realizar una nueva fortificación para defender la ciudad de Palermo de los ataques de los piratas turcos y entre los planes se proyecta la construcción de un baluarte en la zona que linda con el monasterio, por lo que se sacrifican algunas partes del mismo ya edificadas. El Senado de Palermo, ofrece a los monjes Olivetanos otra propiedad con el fin de utilizar toda el área del Spasimo para fines militares, pero ante la oposición de los monjes, se realizan ciertos cambios en el diseño del bastión para permitir el doble uso militar y religioso.

Tras diversas vicisitudes y no poca resistencia, en 1573 se cierra un acuerdo entre el Senado palermitano y la comunidad benedictina por el que se decide finalmente su traslado, llevando consigo la obra de Rafael, a la abadía del Santo Spirito fuera de los muros de la ciudad, cuya iglesia es famosa por haber sido señal y testigo en 1282 de la revuelta contra el invasor francés conocida como "Vísperas Sicilianas". En la actualidad no se conserva la parte dedicada al monasterio, destruida en 1782 para hacer un cementerio, pero la iglesia ha sobrevivido y conserva en gran parte su aspecto original, con excepción de la fachada perdida.


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Iglesia del Santo Spirito 

Hoy también podemos ver lo que queda de la Iglesia dello Spasimo, único ejemplo de gótico tardío del norte en Sicilia, con su ábside poligonal y su alta y esbelta nave que, perdido su techo original de madera, ha permanecido descubierta durante siglos. En cuanto al baluarte del mismo nombre, saliendo de la iglesia a la izquierda se puede ver un arco realizado en el siglo XIX y una escalera que nos permite llegar hasta el muro, que es lo que queda de la antigua fortificación del siglo XVI.

Lo Spasimo de Palermo. Iglesia y muros del baluarte

Una vez desacralizada, en 1582 el virrey Marcantonio Colonna hace representar en la iglesia  el drama teatral Amintas de Torquato Tasso; esta fue la primera de una serie de representaciones que hacen de "Lo Spasimo" el primer teatro público de la ciudad y después de haber pasado por múltiples usos, sobre todo de tipo sanitario y de almacén, en la actualidad ha retornado a un uso socio cultural, a cielo abierto, con sus árboles de zumaque creciendo en su interior.

Volviendo a la obra pictórica que habíamos dejado instalada en la Iglesia del Santo Spirito, tras una serie de acontecimientos entre los que se mezclan presiones de todo tipo, tráfico de favores e incluso el engaño, en 1661 el cuadro pasa a manos del virrey Ferdinando de Ayala que, sabedor de los gustos del rey español Felipe IV, se lo ofrece para su  famosa colección de pinturas. 

El propio abad del monasterio olivetano, Clemente Staropoli, vino a España el año 1661 y presentó al rey la tabla con todos los beneplácitos necesarios, del Padre Torelli, general de su Orden y del cardenal César Faqueneti, protector en la Santa Sede de la misma Orden. Felipe IV la  recibió con suma gratitud, como quedó registrado en los documentos de la época.


Gaspare Palermo reproduce en su Guía de Sicilia de 1816, lo que se cuenta en la ciudad sobre la salida de la obra de su territorio: 

        "El doctor D. Giovanni Dies, queriendo conseguir el favor del Virrey español, para ascender al cargo perpetuo de auditor de los ejércitos, y aprovechando las discordias que había entre los monjes y el Abad del Monasterio, consiguió que éste último hiciera una donación al virrey, quien a su vez se lo ofrece a Felipe IV, que al principio no quería aceptar, considerándolo como un expolio a su reino de Sicilia, pero después que le aseguraron que la donación se hacía por persona legítima, como era el abad del monasterio, lo aceptó con gusto y  lo hizo poner en su capilla en Madrid y en señal de agradecimiento el soberano concedió al monasterio una pensión de cuatro mil escudos anuales y otros 500 escudos anuales al abad Staropoli, aunque ni el monasterio ni el abad percibieron un centavo."

El 22 de abril de 1662 el rey dicta un privilegio en latín por el que se concedían 4.000 ducados de renta perpetua al Monasterio de los monjes olivetanos del Santo Spirito de Palermo y 500 ducados de renta vitalicia a su Abad Staropoli. Los documentos españoles acreditan que el dinero se pagó, pero a menudo encontramos comentarios sicilianos como el anteriormente transcrito, que afirman que el dinero allí nunca llegó. Al no citarse referencia alguna, cabe pensar que esta creencia puede formar parte de la leyenda que tan poco favorable ha sido al juzgar el "periodo español" en Italia.

Conforta saber que la historiografía italiana más reciente ha retomado el estudio del papel de España en Italia con una mirada y una valoración ciertamente más positiva. (Ver: Italia en la monarquía hispánica - Siglos XVI-XVII. Manuel Rivero Rodriguez-UAM).

Una vez el cuadro en España, se instaló al principio en la sala ochavada también conocida como "el rubí" y luego en la capilla del Alcázar madrileño donde es apreciado como entre las mejores obras de la colección real. Denominado en ocasiones como la "joya", no hay crónica de viajero, noble o visitante del palacio real que no lo nombre como una de las obras más bellas que ha visto. En la víspera de navidad de 1734 se produjo un incendio en el alcázar, del que también se salvó, siendo trasladada temporalmente al Buen Retiro de donde volvió para instalarse en el nuevo palacio.

Tras la invasión francesa, en 1813 las tropas de Napoleón en su retirada se llevaron a París doscientas cincuenta pinturas de España, entre las que se encontraban cinco de Rafael: El Pasmo de Sicilia, La Virgen del pez, La Visitación, La Sagrada familia, llamada «La Perla» y La Sagrada Familia del roble, pertenecientes a la Colección Real española. Su destino era el recién creado Museo Napoleón, donde fueron expuestas.


Las pinturas de Rafael, deterioradas por el maltrato del viaje y por las inclemencias del tiempo sufridas antes de llegar a su destino, fueron transferidas desde la tabla al lienzo (excepto la Sagrada Familia del Roble), entre 1814-16, por J. Toussaint Hacquin y restauradas bajo la dirección de Féréol Bonnemaison, motivo por el que este artista fue galardonado con la Legión de Honor por Luis XVIII. 
El proceso fue descrito por Passavant

           "Hay pocas dudas de que estos cuadros necesitaban ser limpiados y transferidos de la madera al lienzo, pero tengo igualmente pocas dudas en decir, que se dañaron mucho en el proceso y no fueron tratados con el cuidado que se merecían. Como confirmación de esto, recuerdo una anécdota que David, -bajo cuya instrucción estudié en París-, solía relatar: Al visitar a Bonnemaison un día, en su estudio, David lo encontró, para su gran consternación, con una esponja empapada en esencia de trementina en la mano, con la que estaba despiadadamente frotando las partes dañadas, y contra la evidencia del peligro que un procedimiento como aquel podría entrañar, Bonnemaison se limitó a decir: "No importa, la trementina no les hace daño". 

Además el propio Bonnemaison realizó copias del tamaño natural de las cuatro obras restauradas para el duque de Wellington, que hoy se conservan en el Apsley Museum de Londres y dirigió la realización de un conjunto de grabados basados en las mismas obras.


"El Pasmo de Sicilia" y los otros cuadros de Rafael, junto con la mayoría de pinturas sustraídas, volvieron a Madrid el 22 de noviembre de 1818. Ramírez de Villa-Urrutia en su obra "Algunos cuadros del Museo del Prado. Como se recobraron y salvaron de segura ruina los de Rafael que se llevó Bonaparte" resume en pocas líneas los avatares del cuadro: 
           «Así puede decirse del Pasmo de Sicilia que fue milagrosamente salvado del agua en 1516, en el naufragio del buque, que lo conducía a Palermo, (...), salvado después del fuego en el incendio del Real Alcázar de Madrid, en 1734; salvado de las garras del águila imperial francesa, en 1814, aunque harto maltrecho y próximo a su ruina por las inclemencias del tiempo a que se vio expuesto, y que no pudo resistir la tabla tres veces secular y carcomida; y salvado, por fin, de algo más destructor y más temible que el agua, el fuego, la guerra, las inclemencias del tiempo y el roer de la polilla y de los siglos: salvado de los rigores académicos de unos profesores de pintura,...»

Las muchas peripecias, viajes, daños e intervenciones sufridas por la obra pueden haber modificado algunos de sus elementos, hasta el punto de que su observación actual nos puede hacer pensar que hay ciertos detalles que no pudieron ser pintados por el maestro. Suele hacerse alusión en este sentido a la mano defectuosa que Jesús apoya en primer plano sobre la piedra o el pie izquierdo del personaje que tira de la cuerda, lo que ha podido contribuir a la teoría de que la intervención  de sus ayudantes fue más intensa de lo que solía considerarse.

LA RESTAURACIÓN


Como epílogo de esta historia merece un comentario la restauración que con objeto de incorporar la obra a la exposición “El último Rafael” del Museo del Prado, llevó a cabo Rafael Alonso, quien como nos tiene acostumbrados, deja clara huella de sus intervenciones.

Rafael Alonso -Restaurador MNP

En una interesante conferencia previa a la exposición, la especialista del Prado, Ana González Mozo explicó los daños sufridos en la obra por el paso de tabla a lienzo y las dificultades para su análisis derivadas de la opacidad de la base utilizada en el cambio de soporte de la pintura. En la misma conferencia, el restaurador Rafael Alonso explicó cómo había ido reparando los daños, limpiando manchas y borrando algunos repintes al óleo realizados en la restauración que se hizo en 1970 en el propio Museo, en la que se cambió el bastidor al cuadro. A falta de documentación escrita sobre la obra, comentó que había tenido apoyo de imágenes, tanto de copias como de fotografías de finales del XIX.

Si se compara el antes (izquierda) con el después de la restauración, pueden observarse algunos de sus cambios, como el estandarte rojo de la esquina superior en el que una limpieza "a fondo" ha cambiado su anterior apariencia bicolor por una especie de doblez parcial de la tela y ha aflorado parte de lo que parece una letra P, algo borrosa, de lo que sería el SPQR, visto por el envés de la tela. 


También son evidentes las diferencias en el personaje central del grupo humano del paisaje a lo lejos en el que aparecen unas piernas que antes se ocultaban tras un montículo.
En la desaparición de parte del halo de una de las santas mujeres y las uñas de su mano.
En la práctica desaparición de la cenefa que decoraba el borde del manto de la mujer que se encuentra de rodillas a la derecha.
También vemos cambio, en este caso a mejor, del personaje al que el restaurador se refería como "el Castiglione" probablemente por su parecido con el personaje Baltasar de Castiglione, gran amigo de Rafael.

COPIAS

Al igual que ocurrió cuando se trajo a España el cuadro de la Visitación de Rafael de la ciudad de L'Aquila en 1655, hecho que no fue aceptado por sus ciudadanos, la salida de el Pasmo de Sicilia  nunca fue "digerida" por los sicilianos. En ambos casos se encargaron copias de calidad para sustituir la obra sustraída.

      Hay quien sospecha, con poco fundamento, que los monjes olivetanos no se dejaron sustraer tan fácilmente el cuadro y que el trato alcanzado de sustituir la pintura original por una copia, se dio la vuelta por lo que su abad, ignorándolo, habría entregado al rey la copia del original que ellos conservaron; Parece que un dicho popular en dialecto siciliano podría aludir a esta historia: "U parrino ci fici u paccu o Re" que viene a decir que el cura “le dio el cambiazo” al rey. 

Pero esta historia, que algunos desearían que hubiera ocurrido, no tiene visos de realidad. Las pequeñas ciudades del entorno de Palermo quisieron tener su propia copia, muchas de las cuales todavía se conservan aunque algunas con evidente deterioro. Una de las más fieles es la del Convento de Santa Croce de Caltanissetta, que incluso llevaba la firma de Rafael, lo que ha dado lugar durante mucho tiempo a controversias sobre la posibilidad de que pudiera tratarse de la obra original. Las dudas han sido disipadas negativamente en la investigación seguida en 2010 con motivo de la importante Muestra itinerante “Spasimo e Spasimi di Sicilia” que ha reunido un gran número de "Spasimi" provenientes de toda la isla.
Spasimo de Caltanisseta (Museo Diocesano)

Entre sus diversos intérpretes y, por citar sólo contemporáneos, recordaremos a Antonello Gagini, autor de la decoración de la capilla en la que fue instalada, que hizo una copia escultórica de estilo personal que es la que hoy se encuentra en la catedral de Palermo;
Antonello Crescenzio (1537) hizo una copia para el convento de las Hermanas Dominicas de Sciacca que hoy muestra importantes pérdidas
Antonello Gagini, Catedral de Palermo

Antonello Crescenzio 1537 - SCIACCA

Entre las reproducciones más antiguas del Spasimo se encuentra  la obra del pintor valenciano JohanesJoan de Matta, documentado en Sicilia come "pictor hispanicus e habitator policci" que se conserva en la Iglesia Matriz de Polizzi Generosa, ciudad donde el pintor vivió y dirigió su taller.  La pintura con algunas diferencias iconográficas presenta en el centro, bajo la figura del Redentor, la fecha aunque incompleta: MCCCCC[XX]I, que confirmaría su realización a la llegada a Palermo del cuadro de Rafael.
Johannes De Matta. Andata al Calvario 1521 Palermo

También en nuestro país se encuentran numerosas copias repartidas por la geografía española (Ver:"Originales de Rafael conservados en España y de procedencia española y copias de los mismos de J. M. Ruiz Manero), entre las que podemos destacar la realizada por Carreño de Miranda en 1674 para el retablo mayor de la iglesia de los Carmelitas Descalzos de Madrid y que en la actualidad se encuentra en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Esta copia tiene la singularidad de que las medidas (3,25 x 2,35 cm.) son algo mayores que el original del Prado (3,18 x 2,29), lo que hace pensar que en el proceso de transposición de la pintura de la tabla al lienzo se perdieran los centímetros que le faltan por estar en mal estado.

Copia de Carreño de Miranda en la RABASF

Otra copia que también puede ser visitada es la que realiza Joseph Sirena (Milán, 1526-1593) en Palermo, antes de que el original viniera a España. Al parecer la copia fue encargada por el virrey de Sicilia don Alfonso de Fonseca para su capilla familiar y es la que hoy se encuentra en el oratorio de los Filipenses de Alcalá de Henares (Madrid). Tiene la particularidad de su terminación superior en arco. 
Joseph Sirena. Iglesia de San Felipe Neri. Alcalá de Henares

Esta copia durante mucho tiempo ha sido ha sido considerada de Diego Pérez Mexía por la mención que de ella realizó Elías Tormo en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones n°25. Madrid, junio de 1917, (p. 148), donde habla de la autoría de Pérez Mexía y dice que está firmada. Pero lo cierto es que en su esquina inferior izquierda aparece una inscripción que informa de que Joseph Sirena, en Palermo, ha realizado la copia de la "obra admirable y divina de Rafael de Urbino".
Detalle de la inscripción de la obra

También se realizan copias siguiendo otras técnicas como el grabado el tapiz. En algunas ocasiones las copias las realizan sus propios discípulos como es el caso de Agostino Veneciano, que realiza un grabado en 1517, probablemente antes de que el cuadro partiera para Sicilia; también sobresale por su calidad la estampa que conserva el Museo del Prado, grabada por Domenico Cunego en Roma en 1781. 
  Grabados: Agostino Veneciano (1517)  y   Domenico Cunego (1781) MNP   

En tapiz mostramos el el llamado Tapiz del Cardenal Bibiena, probablemente la primera representación del cuadro de Rafael, realizado entre 1517 y 1520 que se encuentra en los Museos Vaticanos, que se atribuye al tapizador flamenco Pieter van Aelst y el de  Perin del Vaga, uno de los principales colaboradores de Rafael, de 1520.                                                            
Pieter van Aelst 1520                                      Perin del Vaga    

Se ha escrito tanto sobre esta obra desde el momento de su creación, ha sufrido tantos vaivenes y se han producido tantas copias, interpretaciones y variaciones, que es difícil  eludir el relato de tanta peripecia a la hora de intentar establecer un criterio definitivo respecto a ella. Pero es posiblemente ese conglomerado de historia, leyenda y arte lo que convierte al Pasmo de Sicilia, en una obra única, realizada por un genio, que conmueve y fascina a todo aquel que se acerca a contemplarla.

domingo, 23 de diciembre de 2012

LA ESFERA ARMILAR


En la entrada anterior hemos visto que en el retrato realizado por Sofonisba Anguissola del poeta Caselli  aparece una esfera armilar como atributo del personaje con el significado de conocimiento o sabiduría que es el valor que se le da a este instrumento a partir del renacimiento. 

No es de extrañar esa atribución pues pocos objetos encierran en sí tanta belleza, tanta armonía y tanto conocimiento como la esfera armilar. También conocida como astrolabio esférico, la esfera armilar, es un instrumento de observación que reproduce el modelo de la esfera celeste formada por una serie de círculos concéntricos (de donde viene su nombre, del latín "armilla", que significa anillo) que representan el Ecuador, la eclíptica, los meridianos y paralelos, dispuestos de tal manera que, una vez dirigida hacia una estrella, se podían leer sus coordenadas celestes sobre unas escalas graduadas.

La esfera representaba el universo conocido en la antigüedad, con las estrellas y constelaciones tal y como se creía que giraban alrededor de nuestro planeta que se situaba en su interior. Su mecanismo permitía estudiar el movimiento aparente de las estrellas alrededor de la Tierra. Se dice que fue inventada en Grecia en la época Helenística por el griego Eratóstenes alrededor del 255aC. De Grecia pasó a Persia, a los países Árabes y a Europa.

También se habla de un origen oriental, en China, los astrónomos Geng Shou-chang y Luo-xia Hong, en el 52 aC. construyeron otra Esfera Armilar a la que llamaron Esfera Celeste. Las esferas Chinas alcanzaron un alto grado de sofisticación, y la evolución tecnológica de estos instrumentos llevaron a la aparición, en 723, del primer reloj mecánico enteramente movido por agua de la historia. 
Sacerdote astrónomo chino, por Utagawa Kuniyoshi 

Las esferas armilares fueron utilizadas por astrónomos árabes, por Hiparco y por Tolomeo. Tuvieron un gran desarrollo en la época final de la Edad Media y en el Renacimiento, hasta llegar al astrónomo danés Tycho Brahe (1576-1601), que montó varias en su laboratorio. 
    Tolomeo por Alonso Berruguete              Una esfera armilar de Tycho Brahe

A causa de su complejidad y su utilidad desarrollada por matemáticos y astrónomos se convirtió en un instrumento de "prestigio" que se representaba en los retratos de hombres de de ciencia y de personajes públicos, como el símbolo de sabiduría y conocimiento.
Fresco de San Agustín en la Iglesia de Ognisanti en Florencia

La aparición de la esfera Armilar marcó el inicio de un nuevo camino más cerca de la razón por ello hoy  la entendemos como el esfuerzo de la humanidad por comprender y representar la bóveda celeste más allá de las explicaciones metafísicas hasta entonces disponibles.

Viajando por Portugal es habitual ver esferas armilares como elemento de decoración. De hecho podemos ver una de ellas, dorada, en la propia bandera portuguesa, ya que ha sido un símbolo nacional  desde el reinado de Manuel I de Portugal. Su significado siempre se ha asociado a la vocación marítima portuguesa, que supuso un gran impulso de la navegación y al desarrollo de la astronomía, la cartografía y las matemáticas.
La esfera armilar simboliza la potencia marítima descubridora portuguesa. 


En un reciente viaje a Lisboa, sin un ánimo especial de búsqueda nos han ido saliendo al paso esferas armilares usadas unas veces como elemento simbólico y otras como simple decoración, que hemos procurado captar. 
Palacio Nacional de Sintra 
     Claustro de Los Jerónimos   
Iglesia de San Roque - Lisboa
Imagen del matemático y astrónomo Pedro Nunes [1502-1578] 
con la esfera armilar y el compás en el Padrão dos Descobrimentos de Lisboa

Esfera  armilar en cerámica portuguesa


                                         

domingo, 16 de diciembre de 2012

RETRATO DE CASELLI: OTRO "ANGUISSOLA" EN EL MUSEO DEL PRADO

Pocas veces se tiene la ocasión de asistir al redescubrimiento de una pintura y a todo el proceso que conlleva: investigación, documentación, limpieza, restauración, por no hablar de lo más prosaico,  subasta, adjudicación y posterior venta a un gran Museo. He tenido la suerte de conocer el camino recorrido por una obra de Sofonisba Anguissola desde la Sala de Subastas Segre hasta su reciente adquisición por el Museo del Prado y que ahora me dispongo a compartir a través de este blog.

IDENTIFICACIÓN Y DOCUMENTACIÓN

Bajo el título "Escritor místico" la sala de subastas Segre ofrecía este lienzo (85 x 71 cm), en su subasta de pinturas del mes de febrero de este año,  catalogado como escuela italiana de finales del XVII, con un precio de salida de 1.800€.


La obra que denotaba una clara ampliación y algunos repintes debió llamar la atención del director de la galería Caylus de Madrid, que movido seguramente por indicios de una posible identificación, decide adquirirla e inicia un proceso de limpieza y restauración, además de la búsqueda de documentación que les permita ratificar su primera intuición sobre la autoría de la obra.

La galería Caylus, especializada en pintura antigua española e italiana  y en arte latinoamericano, es uno de los patrocinadores de la Fundación Amigos del Museo del Prado.

Es probable que una primera pista para su identificación pudiera derivar de la marca de colección que puede verse en la parte baja de la obra, característica de la colección Altamira, que utiliza el tipo de numeración en blanco flanqueada por dos cruces, ("Los números y marcas de colección en los cuadros del Museo del Prado" María López-Fanjul Díez del Corral y José Juan Pérez Preciado.


En 1856 el retrato aparece en el Catálogo de José Madrazo como obra de Sofonisba Anguissola procedente de la Colección Altamira, con la peculiaridad de que en el propio catálogo aparece una rectificación en relación con la identidad del personaje retratado a quien erróneamente se había considerado San Pedro por aparecer con unas llaves, resultando ser "el poeta Caselli" cuyo nombre aparece en el canto del libro que está escribiendo.

Rectificación en el Catálogo

Detalle del corte delantero del libro

Un largo camino hasta llegar a la colección de José Madrazo:


El humanista cremonés Francesco Zava menciona este retrato en 1569 hablando de la participación de las hermanas Anguissola en un  curioso conjunto pictórico cremonés: la serie de retratos de personajes ilustres que adornaban el dormitorio del canónigo Pietro Antonio Lanzoni, Il Tolentino, de la Catedral de Cremona que era una figura principal en la Cremona de la segunda mitad del S.XV, que teniendo que guardar cama por enfermedad, se rodeó de retratos de personajes antiguos y modernos. 

La importancia de Caselli como poeta y medallista, le haría merecedor de formar parte de esa colección y la realización del retrato por Sofonisba no sorprende ya que el Caselli la había celebrado en versos encomiásticos y a él se atribuye la medalla con el perfil de la artista.

Medalla de Sofonisba Anguissola (Sin reverso) British Museum

El retrato del poeta Caselli aparece en el inventario de la Colección  de Angelerio Barbó en Cremona (1614) que señala entre los cuadros "que erano prima di monsig.r Tolentino un ritratto del Casello fatto dalla sig.ra Sofonisba Anguissola"  

El cuadro vuelve a aparecer en la famosa Colección del Marqués de Leganés a mediados del siglo XVII a la que pasa probablemente por compra durante su estancia italiana en el periodo en que fue gobernador de Milán (1635-1641). En el inventario realizado tras la muerte del marqués en 1655 figura:


"257. san Pedro escriuiendo y nrª señora con su hijo y san Juan de mano de una señora Jinobesa, que fue dama de la ynfanta Doña ysabel, de 3 quartas de alto /601v/ y dos terçias de ancho"


La colección, que permaneció unida durante los siglos XVII y XVIII hasta la muerte del tercer marqués de Leganés en 1711 sin descendencia, momento en que pasa, por herencia, a los condes de Altamira, en cuyo poder permaneció hasta la ruina de esta casa a principios del siglo XIX.

En 1833 la colección fue subastada públicamente, a pesar de ello muchas de sus obras actualmente pueden disfrutarse en el Museo del Prado pues son fruto de los regalos que Leganés hizo a Felipe IV y que pasaron a engrosar la colección real.

La obra probablemente fue adquirida en ese momento por José de Madrazo [1781-1859], ya que en 1856, como sabemos, figura en su catálogo, y a su muerte es vendido junto con otros cuadros, tal como refiere F, Sacchi, en su "Notizie Pittoriche cremonesi" de 1872.

Por tanto el el periplo de la obra puede resumirse en los pasos siguientes:
  1. H.1555.- Sofonisba Anguissola realiza el retrato de Caselli  por encargo de Pietro Antonio Lanzoni llamado el Tolentino para decorar su dormitorio junto con otra serie de retratos de personajes ilustres.
  2. 1614.- Se encuentra en la colección Angelerio Barbó. Cremona.
  3. 1635-1641.- Adquirido por Don Diego Mexía de Guzmán y Dávila (h.1580-1655), primer Marqués de Leganés, probablemente durante su estancia en Milán como gobernador.
  4. 1711.- Por herencia, pasa a los Condes de Altamira, en cuya posesión se mantuvo hasta la ruina de esta casa a principios del siglo XIX.
  5. 1856.- Se encuentra en la Colección de José de Madrazo
  6. H.1860 es probablemente vendido pasando a una colección privada madrileña. 
  7. 2012- Febrero, reaparece en pública subasta (Subastas Segre). Adquisición, limpieza y restauración por Caylus.
  8. La obra es depositada en el Museo del Prado en Marzo 2012. Tras su estudio y valoración, es adquirida por Resolución del el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (Mayo 2012) por 60.000€ y asignada al Museo del Prado, donde se firma el Acta de Recepción en Septiembre 2012. 
EL PERSONAJE RETRATADO
El poeta y medallista: Giovanni Battista Caselli


Poco se sabe de la vida de este personaje, cremonés, coetáneo de Sofonisba Anguissola. Las noticias de la época le tienen por poeta, escultor y retratista. Sobre su poesía se conocen algunas composiciones publicadas por Francesco Arisi en su libro “Cremona Literata” entre las se encuentran unos sonetos en alabanza de la Anguissola. No obstante lo que parece que le dio más fama fue su faceta de grabador de medallas entre las que se encuentran la que hizo de sí mismo, la de Maximiliano Sforza y de otros personajes cremoneses, entre los que se encuentra la medalla que se le atribuye de Sofonisba, mencionada anteriormente. 


La medalla con la efigie del Caselli se encuentra en el Museo de Brescia, en este caso se sabe que es de mano del propio Caselli, por algunos versos suyos en la que la menciona. (Portrait medals of italian artists of the Renaissance. G. F. Hill). En el reverso lleva un lema: ET NVLL ASTRINGO ET TVTTO IL MONDO ABRACCIO, que puede darnos la idea del humanismo del personaje.

LA OBRA. PROCESO DE LIMPIEZA Y RESTAURACIÓN 

Como hemos comentado anteriormente, la obra en el momento de la subasta presentaba un cierto deterioro, con evidentes repintes y había sido ampliada completando algunos elementos sobre la mesa que en el original solo se veían parcialmente. La imagen obtenida por rayos x, así como una primera limpieza, permiten verificar esa primera impresión, al mismo tiempo que aparecen objetos importantes para la caracterización del personaje: libros y una esfera armilar, que habían sido cubiertos con el repinte posterior de un crucifijo:


 

Asimismo vemos como la limpieza saca a la luz un tapete rojo que sobre el que se encuentra el tintero, que es característico de muchas obras de Sofonisba y vemos como las llaves que se encuentran en primer término habían sido ampliadas al igual que el libro en que el poeta escribe, para ocupar la parte de tela que se había añadido.


La obra presenta varios elementos simbólicos que la pintora pone en relación con el personaje retratado:  la imagen de san Juan Bautista en alusión al nombre del poeta; la esfera armilar, símbolo de sabiduría, los libros también relacionados con el conocimiento de la literatura y la poesía, y finalmente las llaves cuyo significado nos es desconocido por la poca información que tenemos del poeta y que, como sabemos, dieron lugar en algunos momentos al equívoco de que fuera tomado por "San Pedro escribiendo sus epístolas".

Una vez terminado el proceso de limpieza-restauración, podemos ver la obra en plenitud tal como fue diseñada y realizada por la pintora, con todos los elementos alusivos al personaje y con la sensibilidad que la caracteriza a la hora de plasmar la personalidad de la persona retratada:



La nueva ficha de catálogo del Museo para la obra:


Nº catálogo:
 P08110
Autor/a:
 Anguissola, Sofonisba
Título:
 Giovanni Battista Caselli, poeta de  Cremona
Técnica:
 Óleo
Soporte:
 Lienzo
Datación:
 1550-1560
Medidas:
 Alto: 77,7 cm.; Ancho: 61,4 cm.
Escuela: 
 Italiana
Tipo objeto:
 Pintura
Ubicación:
 Edificio Villanueva -Taller de                    Restauración 

Ha sido para mí una gran satisfacción el haber podido conocer los avatares de esta nueva adquisición del Museo del Prado de una obra de Sofonisba Anguissola con la que probablemente la pinacoteca reúna no sólo el mayor número sino también algunas de las mejores obras de la pintora de Felipe II.

Su presentación al público podría ser una buena ocasión para realizar una muestra dedicada a la pintora y su tiempo tan ampliamente representado en el Museo del Prado, lo que podría poner en evidencia la influencia y las relaciones, hasta ahora poco estudiadas, de la pintora con otros artistas de su su época.

Agradezco a mi hijo Cano, siempre atento a lo que ocurre en el mundo del arte, que me informara sobre esta reaparición del cuadro de Sofonisba Anguissola y a Cristina Uribe de la Galería Caylus que me aportó la información necesaria para poder reconstruir el camino de la obra hasta su entrada en el Museo del Prado.


Actualización septiembre 2014
La obra restaurada y con su flamante nuevo marco, ha sido expuesta al público en la exposición La belleza cautiva. Pequeños tesoros del Museo del Prado en la sede del Caixaforum de Barcelona (Hasta el 5 de Enero de 2015). La exposición, que reproduce con ligeras variantes la que se celebró en el Museo del Prado bajo el título La belleza encerrada. De Fra Angelico a Fortuny, reúne 135 obras de pequeño formato que habitualmente no se encuentran expuestas.

El poeta Caselli en Caixaforum. Barcelona

En la presentación de la exposición, en la página web del Museo, no se hace ninguna referencia especial a la obra ni a su pintora ni a que es la primera vez que se presenta en una exposición. La única información sobre ella menciona por error que se trata de un "cuadro de devoción":

30. Giovanni Battista Caselli, poeta de Cremona
Sofonisba Anguissola
Óleo sobre lienzo, 77,7 x 61,4 cm
1557 - 1558
Cuadro de devoción



martes, 4 de diciembre de 2012

SOFONISBA ANGUISSOLA EN SIENA. UN CUADRO, DOS HISTORIAS.

La Pinacoteca Nazionale de Siena guarda una de las obras más enigmáticas de la pintora Sofonisba Anguissola. Una obra con un curioso historial tanto en lo que se refiere a su aspecto, que ha sufrido importantes variaciones a través del tiempo como en lo que se refiere a su interpretación que asimismo ha sido objeto de diversas conjeturas entre las que es difícil discernir el grado de veracidad que puedan encerrar aunque nos pueda gustar más alguna que otra.

Lo que sabemos de la obra y sus versiones hasta llegar al aspecto actual

La obra que comentamos, que se reproduce a continuación tal como hoy podemos verla, se trata de un Doble Retrato en el que vemos a un pintor que está realizado el retrato de una mujer.

El juego de miradas que parecen cruzarse entre las personas retratadas y las que imaginamos fuera del cuadro es uno de sus elementos más inquietantes; se diría que el pintor retratado mira hacia la persona real que está realizando la obra, mientras la mujer retratada mira hacia un posible acompañante situado a la izquierda de quien realiza la pintura, que bien podría ser el propio pintor retratado. Es decir, nos podemos fácilmente imaginar que las mismas personas retratadas son las que se encuentran frente al cuadro dando la espalda al espectador, reflejándose como en un espejo, pero con la actividad cambiada: en la realidad que no vemos, quien pinta es ella y quien mira es él. 

Imagen actual del "Doble Retrato" en la Pinacoteca de Siena

La obra  llegó a Siena  formando parte de la denominada Colección Spannocchi, un conjunto de obras legado a la ciudad por la homónima familia hacia 1835, que posteriormente fue incorporado a la Pinacoteca Nazionale dedicada en su mayor parte a la pintura Sienesa de fondo dorado del Trecento y el Quatrocento. 

La colección Spannocchi, dada su singularidad respecto al conjunto museístico, se encuentra separada del resto, ubicada en la tercera planta del Museo. Se trata de un grupo heterogéneo de obras, en el que predominan pinturas del del XV y XVI, del norte de Italia, además de pintura flamenca, alemana y holandesa.
Vista de la galería en la que se expone la colección Spannocchi

El Museo se encuentra  en la actualidad en el Palazzo Buonsignori e Brigidi, un edificio histórico de Siena en la vía San Pietro, 29, cerca de la catedral.
Vista del piso superior del PalazzoSpannocchi  con la línea de personajes bajo la cornisa 

El Doble retrato fue catalogado en Siena en 1852 atribuyéndolo a un “anónimo veneciano” mencionando la posibilidad de que fuera del Tintoretto o del Veronés. La atribución a Sofonisba Anguissola no se produce hasta el 1890 por Giovanni Morelli (1816-1891) que identifica el personaje femenino como Sofonisba Anguissola y a partir de esa primera identificación supone que el pintor que aparece en primer plano se trata de su primer maestro Bernardino Campi  con el que ella aprendió el oficio entre 1546 y 1549. Considera, además Morelli, que se trata de una obra de la propia pintora cremonesa, atribución que fue incorporada al Catálogo de la Pinacoteca en 1909 y que ha sido apoyada posteriormente por múltiples especialistas, Dani, Bonetti, Brandi, Berenson, Torriti y Caroli. A partir de entonces en el catálogo de la colección figura como obra de Sofonisba Anguissola realizada hacia 1559 con el título: Bernardino Campi retrata a Sofonisba.

Es preciso señalar que es posible que tanto Morelli como otros especialistas no vieran la pintura en el estado en que la podemos ver ahora, sino que  la obra que ellos pudieron admirar, presentaba unas características bien distintas, tal como se puede ver en la siguiente imagen.
La obra en tiempos de Morelli, antes de la restauración

Todavía en 1994 cuando Rossana Sacchi describe la obra para el Catálogo de la Exposición de Cremona: "Sofonisba Anguissola e le sue sorelle", a la vista de la pintura dice:

          "El doble retrato no se encuentra en buen estado de conservación por el espesamiento de los negros debido seguramente al betún utilizado en su elaboración, que ha supuesto además la perdida de color de los adornos del vestido de Sofonisba y la caída de las veladuras como en la mano de ella, muy restaurada o en la de Bernardino en la que se constata un evidente pentimento".

Este espesor de los negros y la oscuridad general del cuadro de la que solamente sobresalen los rostros iluminados de los dos personajes y las manos, sumado a su mal estado de conservación lleva a los responsables de la Pinacoteca Sienesa, en 1996, a llevar a cabo una limpieza-restauración integral. Cuando se está realizando se encuentran con la sorpresa de que el vestido de Sofonisba no lucía su color original sino que había sido repintado de negro. La limpieza y el levantamiento de veladuras y repintes sacó a la luz el hermoso color rojo del vestido de Sofonisba con toda su decoración y algún que otro pentimento, ahora sí más que evidente.

Esta imagen, tomada durante de la restauración de 1996, muestra no solo el rojo original del vestido, sino también el primer diseño del brazo visible de Sofonisba, con la mano hacia arriba, rectificado posteriormente para no coincidir con la mano del maestro, a la posición descendente que hoy puede verse sujetando unos guantes. Esta es la imagen que vio la especialista Maria Kusche cuando escribía su libro "Retratos y Retratadores" que le hizo comentar que "parecía no estar acabada"

Aunque la Pinacoteca no ha publicado ningún estudio ni información sobre el proceso de restauración que ha supuesto un cambio tan importante de la apariencia de la obra al retornar a sus colores originales, cabe pensar, y así lo han manifestado algunos estudiosos, que probablemente fue la propia Sofonisba quien repintó su vestido de color negro en señal de luto por alguna persona querida.

Existe otro caso de una adaptación similar realizada por ella,  que podemos ver en el retrato de Felipe II del Museo del Prado, cambiando la posición de la mano y oscureciendo la ropa, para que pudiera hacer pareja con el de su cuarta esposa Ana de Austria (ambos en la Sala 56 del Museo del Prado), tal como Maria Kusche dedujo del análisis radiográfico realizado por la especialista del Museo, Carmen Garrido en 1990.
Felipe II por Sofonisba Anguissola MNP y radiografía del mismo

Así pues, en cuanto a la apariencia de la obra se refiere, conocíamos tres imágenes de la misma y a falta de explicaciones que pudieran dar razón de esas diferencias ha sido necesario acudir directamente al Museo para ver in situ la apariencia actual de la obra, (siempre es bueno tener una excusa para viajar a Italia), lo que ahora me permite poder entender la evolución de la obra hasta la imagen actual que luce los colores originarios que pintó su autora:
La obra 'repintada y con los repintes negros levantados

Una vez analizada la evolución de la imagen pasemos a la interpretación, de la que se pueden extraer, al menos, dos historias:

La Historia generalmente aceptada 

Desde el momento en que Giovanni Morelli identificó el personaje femenino de la obra, como la pintora cremonesa Sofonisba Anguissola y le atribuyó su autoría, suponemos que buscó entre los personajes que rodeaban a la pintora antes de su venida a España, que además tuvieran la característica de ser pintores, para identificar al retratado. Entre los posibles se decantó por su primer maestro: Bernardino Campi lo que significaría que Sofonisba habría hecho una demostración de maestría a su propio maestro, haciéndole ver que había finalizado su aprendizaje. 

Esta interpretación resultaría plausible toda vez que tiene un antecedente de similares características. Me refiero al retrato que ella pintó de su maestro de miniatura Giulio Clovio una vez concluidas las lecciones que éste le dio en Parma. En esa ocasión, Sofonisba pintó el magnífico retrato del maestro como colofón de su aprendizaje. En la mano izquierda le coloca una imagen en miniatura que, aunque se dice que es la efigie de una de sus discípulas, me inclino a creer que se trata de de la propia pintora, y en la derecha un fino pincel, 

Giulio Clovio por Sofonisba Anguissola

Pero hay una diferencia entre una y otra historia que entiendo fundamental para la interpretación: En el caso del retrato de Giulio Clovio estamos hablando de una acción inmediatamente posterior al aprendizaje. Sofonisba ha recibido sus lecciones y antes de despedirse del maestro le hace el retrato mencionado, seguramente como regalo de agradecimiento por la enseñanza recibida.

En el caso de Bernardino Campi, cuando la pintora realiza el Doble retrato han pasado unos diez años desde que terminó su relación de aprendizaje con el maestro, que había finalizado, como hemos comentado, en 1549 en su Cremona natal, cuando ella tenía dieciséis años, aproximadamente. Es lógico preguntarse porqué iba la pintora a acordarse tan tardíamente de su maestro y representarlo, pasado tanto tiempo, sin tenerlo a la vista, con ese aire de complicidad que parece desprenderse de los retratados.

Quienes consideran que el retratado es Campi sostienen que Sofonisba debió mantener el contacto con el maestro todo ese tiempo y como prueba de esa relación aducen el contenido de una carta que se conserva de Sofonisba de 1561 estando ya en la corte española, en la que contesta a una petición que le hace Campi de que le envíe un retrato del rey.

Por mi parte considero que la carta demuestra lo contrario, es decir, pone en evidencia la falta de relación con su primer maestro, tal como se refleja en el siguiente fragmento de la carta que no suele ser publicado:

    "Muy Magnífico Señor Bernardino: 
Hace unos días recibí carta de su Señoría que me complació mucho por saber de su salud y de la de su esposa, a la que amo como a una queridísima hermana, y no viviré contenta hasta que efectivamente le demuestre que la quiero; He escrito varias cartas a su Señoría y nunca tuve respuesta alguna, ni tampoco recibí carta alguna de su Señoría hasta ésta que me ha entregado el caballero Sechi.

Vemos en la carta como ella le contesta con mucha amabilidad pero no deja de hacerle el reproche de su falta de respuesta a lo largo del tiempo. Si pensamos que Sofonisba y su hermana Elena convivieron casi tres años con la familia del pintor en su etapa de aprendizaje, no sorprende que ella les profese un gran cariño, especialmente a su mujer, Anna Longaroni, con la que el trato debió ser estrecho, y se sienta dolida por la falta de comunicación del pintor en todo ese tiempo. El final de la carta anterior muestra el conocimiento y el cariño que la pintora tiene de la familia de Campi:

...le beso la mano así como la de su querídisima y muy honorable esposa a la que tanto amo y a su madre la Señora Bárbara, y a su hermana la señora Francesca y a su padre el Señor Pietro.  
                  En Madrid a 21 de octubre de 1561. De su afectísima discípula.  Sofonisba Anguissola 

Resulta evidente que dada la fama que ha alcanzado la pintora, por la cual es requerida por el mismo Santo Padre para que le envíe un retrato de la reina Isabel, el antiguo maestro intenta aprovechar el ascendiente que tiene sobre ella para solicitarle el envío de un retrato del Rey.

Es poco probable que dada esta evidente falta de relación entre ellos, solo un par de años antes la pintora hubiera querido rendirle un homenaje retratándose junto a él. Además, es de sobra conocido que Sofonisba pinta siempre del natural y, como hemos comentado, la falta de relación con su maestro hace difícil que éste pudiera haberle servido de modelo o que ella pudiera adaptar su recuerdo al momento en que realiza la obra.

Por último quedaría la cuestión del parecido físico del personaje del Doble retrato con el maestro Campi. Aquí hay que decir que apenas se conservan retratos de Campi del que únicamente tenemos referencia a través de un grabado de J. Cavalli de 1774 (que algunos consideran que precisamente tiene su origen en el cuadro de Sofonisba) y de un personaje que aparece en un cuadro del Chiaveghino que es considerado por algunos como el retrato de Bernardino Campi.

Comparación con el grabado de Cavalli y con la imagen del Chiavellino

Aunque no dispongo de elementos suficientes que me permitan descartar de un modo absoluto que la identidad del retratado sea la del maestro Campi, entiendo que existen suficientes elementos en la historia y diferencias para poder pensar que no se trata de la misma persona. 

La otra historia 

Algunos especialistas han afirmado que el pintor que aparece en el Doble Retrato no es Bernardino Campi, como supuso Caroli, sino Orazio Vecellio, hijo de Tiziano, a quien Sofonisba Anguissola habría podido conocer en Milán, cuando se hallaba invitada por el gobernador español, el Duque de Sessa, preparando su viaje a la corte española a petición de Felipe II. De hecho hay constancia de que tanto ella como él pintan en ese momento el retrato del Duque, aunque no se conoce el paradero de tales obras.

Sabemos que Orazio Vecelio, residente en Venecia, fue a ver al Duque de Sessa para realizar gestiones en nombre de su padre en relación con el cobro de deudas de algunas obras y con la pensión que Carlos V le asignó a su padre. Conocemos esta estancia en Milán de Orazio en la que coincide con Sofonisba a través de una carta que Tiziano dirige a Felipe II, en la que le cuenta con gran detalle que Orazio había sido objeto de un intento de robo y asesinato por parte del escultor Leone Aretino (en referencia a Leone Leoni, natural de Arezzo), que previamente le había invitado a vivir en su casa.

Venezia 12 giulio 1559
                                       ... Esta pasada Cuaresma, Orazio, su servidor, mi hijo, fue en mi nombre a Milán a donde había sido llamado  por el duque de Sessa, no pudiendo ir yo por estar entonces medio enfermo y, lo que es más importante, por estar ocupado en las pinturas de su majestad...
Tiziano Vecellio

Algunos investigadores consideran que es seguro que Sofonisba y Orazio Vecellio se conocieron en esa época, apuntan incluso la posible existencia de un romance entre ambos pintores y la posibilidad de un intercambio de retratos en el que cada uno pintaría al otro, por lo que además de "Vecellio pintando a Sofonisba" existiría una obra titulada "Sofonisba pintando a Vecellio" de la que en la actualidad nada sabemos, aunque se dice que una obra de esas características ha sido descrita entre las que se quemaron durante el incendio del Alcázar de Madrid en 1734.

Pero tampoco podemos garantizar la verosimilitud de este romance pues si nos atenemos a la información que sobre él nos da G. Cadorin, biógrafo de Tiziano,  afirma que Orazio podría estar ya casado:

   "Se casó en 1547, si hemos de dar crédito a una carta de Aretino (1547, abril), pero se ignora de hecho la condición de la esposa. Cierto es que no tuvo hijos porque habrían obtenido la herencia paterna...". 

Por otra parte, al igual que ocurre con Campi, hay pocas imágenes de Orazio Vecellio que nos puedan servir de referencia o comparación. Existe un retrato que puede corresponder a esta época en una obra de Tiziano que se encuentra en el Palazzo Pitti de Florencia. Se trata de la representación de la Virgen de la Misericordia que cubre con su manto a todos los miembros de su familia Vecelio, entre los que podemos distinguir a Orazio con barba y bigote, con características semejantes a la imagen que muestra la obra de Sofonisba, aunque por supuesto no suficientes para avalar su identificación.

Comparación Orazio Vecelio (det. Misericordia de Tiziano) con el personaje del Doble Retrato

Lo que es seguro es que en el tiempo que Sofonisba y su familia pasan en Milán invitados por el Duque de Sessa, la pintora alterna con los artistas allí residentes que rivalizarían por dar muestras de sus habilidades artísticas. Tenemos noticia de que allí conoce al escultor Leone Leoni, que le hace una medalla con su efigie, y a través de él entraría en contacto con su su hijo Pompeo, con el que más tarde coincidirá en España.
Medalla de Sofonisba h.1559 BM Londres

La especialista Maria Kusche considera realizado por Sofonisba el retrato del hijo del escultor que se ha venido atribuyendo a El Greco con escaso fundamento. Un interesante retrato que habría realizado ya en España del que hablaremos en otra ocasión.
   Pompeo Leoni por Sofonisba Anguissola (Atrib.)

En cuanto a Orazio Vecelio, sería también posible que en el tiempo en que realizan los retratos del Duque de Sessa, su relación hubiera podido plasmarse en el cuadro que comentamos, tanto si hubo entre ellos una amistad o cualquier otro tipo de relación o incluso podríamos hablar de una contienda pictórica tan habitual entre los pintores renacentistas.

En todo caso el futuro de ambos estaba marcado hacia distintos caminos, Sofonisba está atada por el compromiso contraído por su padre nada menos que con el rey de España, lo que constituye un destino irrenunciable; Orazio, por su parte, se ha convertido en la mano derecha de Tiziano, que a pesar de su avanzada edad no cesa de aceptar encargos en los que la participación de su hijo le es imprescindible, por lo que probablemente no cabría ni siquiera plantearse la posibilidad de marchar.

La conservación de la obra

Al tratarse de una obra de carácter personal, es probable que ella la hubiera conservado, al menos hasta realizar el repinte en negro del vestido, que bien podría haberse llevado a cabo con ocasión de la prematura muerte de Orazio Vecelio en 1576 a causa de la peste, el mismo año de la muerte del padre de la pintora.

Sea cual sea la historia que se esconde detrás de esta obra, lo cierto es que se trata de un magnífico cuadro, con unas características singulares dentro de la obra de la artista cremonesa, en el que refleja la maestría que ha alcanzado en el diseño y en la composición de obras. Probablemente habrá que esperar a Velázquez para encontrar en pintura el juego especular que podemos admirar en este Doble Retrato de Sofonisba Anguissola.

Mi agradecimiento a Tommaso Romeo por su ayuda en la traducción de la carta de Sofonisba.


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