jueves, 27 de junio de 2013

LA REINA CATALINA Y FAMILIA

La imagen que tenemos de la reina Catalina se la debemos al pintor flamenco Antonio Moro.


En 1550 Antonio Moro fue enviado a Portugal para hacer los retratos de la familia real portuguesa y en especial el de María de Portugal, la prometida frustrada de Felipe II. En la primavera de 1552 está documentada su presencia en Lisboa, donde permanece cerca de un año. Los retratos realizados en la corte lisboeta reflejan sus dotes de gran retratista: Catalina de Austria de 45 años, João III de 50 años, el hijo de ambos João Manoel de 16 años, y su reciente esposa la princesa Juana de 17. También retrata a otros miembros de la familia real como a María de Portugal, hija del Rey Manuel I y de Leonor (hermana mayor de Catalina) y a Isabel de Bragança, condesa de Gimarães, cuñada de Catalina, con 40 años.

Del grupo de retratos varios pueden ser identificados actualmente:
De izquierda a derecha y de arriba abajo: Catalina de Austria (MNP); Isabel de Braganza (MNP); João III (M. Lázaro Galdiano); Joao Manuel (Hampton Court) Juana  de Austria (MBA Bruselas); Maria de Portugal (D.Reales)                                   

Las imágenes de Catalina antes del retrato de Moro

Entre su nacimiento en 1507 y el retrato de Moro en 1552 no es fácil encontrar imágenes de Catalina. Las que conocemos, algunas de ellas anteriores a su matrimonio (1525), además de ser escasas tienen por fuerza que ser supuestas o idealizadas, pues sabemos que en su encierro en Tordesillas, junto a su madre, no goza de una vida de corte ni probablemente se le hiciera retrato alguno. La primera imagen que tenemos de ella seguramente sea la del díptico familiar en el que aparecen a un lado los hermanos, Carlos y Fernando, y al otro las hermanas, Leonor, Isabel, María, y la propia Catalina, la menor, de apenas un año de edad.
Anónimo flamenco Museo de Santa Cruz (Toledo)

Algo posterior en el tiempo es la imagen que encontramos en un tapiz en el que la vemos representada junto a sus hermanas y su tía Margarita, pero esa imagen tiene que ser forzosamente idealizada ya que Catalina nunca pudo ser retratada con sus hermanas criadas en Malinas, con las que no llegó a convivir.

Algunas imágenes que nos han llegado a través de grabados de la época muestran una fisonomía tan diversa que tampoco nos aportan una clara idea de esa hermosa imagen juvenil de la que hablan quienes la conocieron.
Catalina y sus hermanos en un grabado de Grabado de Jan van Nieulandt    

Tampoco encontramos auténticos retratos a partir de su matrimonio, lo que resulta más sorprendente en una corte rica en la que no faltaron pintores y retratistas de corte. Una imagen en la que nos cuesta reconocer a Catalina la tenemos en el retrato que junto al de su marido se encuentra en la obra Portraits au vray de tous les roys et reines de Portugal de Melchior Tavernier, a pesar de que, como se indica en el título, los retratos pudieran estar tomados del natural.

Joao y Catalina. Portraits au vray de tous les roys et reines de Portugal

Especialmente irreconocible, -aunque con la misma barbilla prominente de la imagen anterior- resulta la imagen que podemos ver en una medalla conmemorativa en la que aparece como reina de Portugal, de perfil, tocada con un curioso sombrero y llevando una capa sobre los hombros y empuñando un cetro. En el reverso de la medalla vemos un sol radiante con aspecto femenino por la disposición de las nubes, con el lema: "Purche mi adombre". 
Colleçao das Medalhas e condecoraçoes portuguezas M.B. Lopes Fernandes
 
La explicación de la falta de retratos antes de casarse por causa de su encierro parece plausible. Catalina creció junto a su madre en el palacio de Tordesillas, donde vivió una vida austera y alejada de la vida de corte que tuvieron sus hermanas, a alguna de las cuales ni siquiera llegó a conocer. Dicen que la pequeña infanta vestía como una campesina, y ni siquiera admitía que la peinaran si no era su nodriza, doña María de Ulloa, o su madre, que a pesar de su presunta enfermedad siempre fue dulce y cariñosa con ella.

En 1517 Carlos V y su hermana Leonor llegan a Tordesillas para conocer a su hermana Catalina. Como resultado de esa visita, que resultó accidentada incluyendo un frustrado intento de secuestro, las condiciones de vida de Catalina mejoraron pues el emperador exigió que se le diera el trato que le correspondía como infanta. 

El 2 de enero de 1525 Catalina sale de Tordesillas camino de su nuevo destino como esposa del rey João III de Portugal, pero nunca rompió su relación con la ciudad y sus conventos con quienes fue siempre  generosa y mantuvo continua correspondencia sobre asuntos de su madre. 

Su vivencia en Tordesillas ha sido magníficamente recreada por Francisco Pradilla y Ortiz en su precioso cuadro de la Reina Juana con su hija la infanta Catalina en Tordesillas, pintado en 1906, de visita obligada en la actual exposición "La belleza encerrada" del Museo del Prado*.



La imagen de Catalina a partir del retrato de Antonio Moro

En cuanto a las imágenes posteriores a 1552, prácticamente todas las que conocemos se basan en el retrato que de ella hizo Antonio Moro sin salirse ni un ápice del modelo establecido: misma apariencia, misma edad, mismo tocado y traje... incluso se reproducen fielmente los preciosos pendientes que luce con tres perlas colgantes.

En el Monasterio de las Descalzas Reales (Madrid) existe una copia del retrato de Moro realizada por Alonso Sánchez Coello hacia 1553.
Alonso Sanchez Coello h.1553

En los museos portugueses podemos encontrar retratos que siguen también el modelo del flamenco que tanta escuela dejó en las cortes portuguesa y española. A destacar entre ellos la pareja de  retratos de João y Catalina del Museo de San Roque cuya atribución recae en el pintor Cristovão Lopes, hijo del también pintor de corte Gregorio Lopes.

João y Catarina, según Moro, atribuidos a Cristovão Lopes Museo de San Roque. Lisboa

También en Portugal tenemos las dos parejas de grandes retratos de los reyes con sus santos patronos, Santa Catalina y San Juan Bautista, realizados por Lourenço Salzedo pintor de la Reina Catalina a partir de su viudez en 1564, por cuyo encargo realizó las pinturas del retablo mayor de Los Jerónimos. Esta atribución de Vitor Serrão al pintor de los Jerónimos rompe con la tradición que venía adjudicando estas obras a Cristovão Lopes. En la actualidad las dos parejas de retratos se encuentran en el Museo Nacional de Arte Antiga y en el Convento de la Madre de Deus de Lisboa, respectivamente.
Lourenço de Salzedo. 1564-1572 Retratos de João  y Catarina MNAA- Lisboa

Lourenço de Salzedo. Convento Madre de Deus. Lisboa

La imagen de la familia a través del pintor Francisco de Holanda

Un retrato casi de miniatura de la reina y su familia lo encontramos en la denominada Virgen de Belem, actualmente en el Museo de Arte Antiga, proveniente del Monasterio de los Jerónimos. Se trata de una tabla de pequeño tamaño (32cm x 45cm) pintada por ambas caras. En el anverso aparece el único retrato de grupo familiar pintado con minuciosidad por el celebre tratadista y miniaturista portugués. En el reverso se representa el Descenso de Cristo al limbo. La obra debió ser encargada por la reina a Francisco de Holanda una vez que volvió de Italia. 

El cuadro sigue el modelo traído de Italia por Francisco de Holanda de la Virgen de la Misericordia que protege bajo su manto a donantes o comitentes. Se trata de una antigua advocación de la virgen que llegará de nuevo a la península ibérica de la mano de pintores que se han formado en el país vecino o bajo la influencia de pintores italianos. (Ver por ejemplo la Virgen de la Caridad de El Greco en Illescas)

En el centro del cuadro se encuentra la Virgen con el niño flanqueada por San Agustín y San Jerónimo, con dos ángeles que le sujetan el manto azul como un cielo protector bajo el que se cobijan dos grupos: A la derecha, monjes jerónimos postrados en oración y a la izquierda la familia real portuguesa, junto al Papa Julio III.

El conjunto familiar 

El grupo familiar está compuesto por once personas, algunas identificadas por sus iniciales, se sitúa a la izquierda, detrás del Papa («Ivlius III») colocado en primer plano, prácticamente de espaldas al espectador. 

En el centro del grupo destaca la figura de la Reina Catalina (ChA-R) que mira en dirección contraria al resto pues se dirige hacia su marido, el rey, João III (I.R.III) quien sujeta por el hombro a su hijo mayor el príncipe João Manuel (IP). La imagen de Catalina se diferencia ligeramente del modelo del retrato de Moro por el vestido claro que luce, aunque coincide con él en su porte y su posición. 

Detrás de este primer grupo se encuentran los hermanos del rey, Maria,  Luis (I.LV), y el cardenal D. Henrique (ICHR). A la izquierda, junto al rey, su nuera Juana de Austria (IOANA.P). Al fondo, en último término la viuda del fallecido Infante Duarte, Isabel de Bragança (ISA) a quien distinguimos por la toca de monja y sus dos hijas, Maria (MA) y  Catherine (CH). 

El muchacho que se encuentra entre el Papa y el Cardenal D. Henrique podría ser Duarte, el hijo menor de Isabel de Bragança nacido poco después de la muerte de su padre o quizás el primer nieto de Catalina, el Príncipe Carlos, hijo de María Manuela y Felipe II. Este último personaje, al igual que Catalina, mira hacia el grupo en lugar de dirigir su mirada hacia la Virgen como hace el resto.

Existe una gran coincidencia en cuanto a la identidad de los personajes con la serie de miniaturas al óleo (16 x 13 cm) que realiza el mismo Francisco de Holanda y que se encuentran en la  Galleria Nazionale di Parma compuesta por veinticuatro retratos que representan a los miembros de la familia Farnesio (basados en retratos de Tiziano) y a los de la familia real portuguesa, que vemos a continuación, basados en buena parte en los que realizó Moro en 1552. 


De izquierda a derecha y de arriba abajo (Entre paréntesis relación con el rey João III):
1. Luis, Duque de Beja y prior de Crato (Hno.) 2. João III; 3. Fernando, Duque de Guarda (Hno.)
4. Príncipe João Manuel, (Hijo) 5. Duarte, Duque de Gimaraes (Hno.), 6. Catalina (esposa)
7. Isabel de Bragança (Cuñada); 8. María Manuela (hija); 9. Beatriz (Hna.)

10. La emperatriz Isabel (Hna.) 11. Juana de Austria (Nuera) 12. María de Portugal (Sobrina)

La colección de retratos en miniatura fue encargada en 1565 por la reina Catalina, ya viuda, como regalo de bodas para su sobrina, María de Portugal, (12) futura princesa de Parma por su matrimonio con Alejandro Farnesio, para que en Italia pudiera recordar a sus seres queridos.

Como vemos, no todas las identidades de la tabla de la Virgen de Belem coinciden con los mini-retratos de Parma aunque si lo hacen en buena parte. La principal diferencia estriba en que en las miniaturas de Parma aparecen familiares ya fallecidos: los hermanos del rey: Isabel, (9) Beatriz (10) Fernando (3) y Duarte (5) y su hija María Manuela (8) que no se encuentran en el grupo familiar.

Una mención especial al retrato de Isabel de Bragança, cuñada de Catalina, con hábito de monja en las dos imágenes de Francisco de Holanda, que probablemente vistiera como señal de luto por la muerte prematura de su esposo el Infante Duarte.

Annemarie Jordan ya la identificó con la Dama del Joyel de Antonio Moro que se encuentra en el Museo del Prado y sobre la que he realizado el siguiente foto-montaje para visualizar el parecido de las imágenes a pesar del tiempo transcurrido entre ambos retratos, el que viste hábito probablemente de fecha cercana a su viudez (1540), que pudiera ser un original del propio Francisco de Holanda, y  el de Moro de 1552.
         MNP                                                          Gª N. de Parma

La importancia que tiene la familia para Catalina de Austria se evidencia en todos sus actos, su preocupación por hacer felices a sus familiares cercanos y lejanos tal como vimos en  la entrada sobre los regalos de la Tía Catarina es una constante a lo largo de toda su vida.

Sin embargo no tuvo una gran suerte en su propia vida, ni como hija, ni como madre, ni aún como abuela. El encierro que vivió la primera parte de su vida junto a una madre inestable la separó del resto de su familia y de la vida que le hubiera correspondido como infanta de España. A partir de su matrimonio con el rey de Portugal fue un ejemplo de lo que se esperaba de las mujeres de la realeza en su tiempo: Tuvo nueve hijos de los que solo dos llegaron a adultos: João Manuel, que murió a los diecisiete años, y María Manuela, primera esposa de Felipe II que murió a los 18 a causa del parto del príncipe Carlos, nieto a quien Catalina también sobrevivió. En 1562, abandona la regencia de Portugal y renuncia a la tutela del heredero, su nieto Sebastián, al que verá partir desde su retiro a la guerra suicida de Alcazarquivir, aunque por pocos meses no llegará a conocer su desaparición en tierras africanas.

A pesar de los avances en la investigación de la figura de la reina Catalina realizados durante años por la historiadora Annemarie Jordan, ella sigue reivindicando la "restauración" de su imagen y su papel en la historia. Me uno a esa reivindicación y desde aquí hago mi pequeña aportación al conocimiento de su imagen.

lunes, 27 de mayo de 2013

ACERCA DE UN RETRATO DE ISABEL CLARA EUGENIA

Una nueva lectora del blog, Christine, me pregunta si tengo alguna noticia de un "Retrato de Isabel Clara Eugenia, en medallón, de tres cuartos, poco documentado, atribuido según distintas fuentes a Pieter Pourbus, a Franz Pourbus II o a Sánchez Coello". Ella considera que "el retrato se parece mucho al que Sofonisba Anguissola hizo de Isabel Clara Eugenia y que se encuentra en la Embajada de España en París (1599)"

La pregunta me ha llevado a una búsqueda interesante y he pensado compartirla en el blog.


Esta es la imagen en cuestión. Se trata de un retrato de busto, ovalado, de pequeña medida, 67 x 61 cm. Probablemente se trata de Isabel Clara Eugenia, hija mayor de Felipe II. No sé donde se encuentra en la actualidad pero parece que fue subastado en la Dorotheum de Viena en abril 2010, proveniente de una colección privada francesa, sin que haya podido encontrar mayores detalles de la transacción.

Análisis de la moda

Algunas respuestas sobre el retrato hay que buscarlas en el análisis de la moda. Siguiendo a Carmen Bernis podemos decir que el cuello de lechuguilla que luce el personaje corresponde a la década de los años 80 del siglo XVI: 

"Al mediar el siglo, las lechuguillas no rozaban las orejas. Hacia 1560 habían subido ya hasta tocarlas. En esta forma, subidas por detrás pero si sobrepasar las orejas se mantuvieron durante las décadas de los 60 y los 70. La siguiente modificación consistió en subirlos aún más por detrás, de modo que tapaban totalmente la nuca y rebasaban la altura del borde superior de las orejas que quedaban tapadas total o parcialmente. Esta modalidad se representa en los retratos fechados en los años 80. La fase final, los cuellos en forma de plato, se pueden documentar a partir de los 90". Carmen Bernis: "La moda en la España de Felipe II".

Tres ejemplos de obras fechadas en torno al 1585 con "lechuguilla alta". De Izquierda a derecha: Isabel Clara Eugenia del taller de Sánchez Coello (MNP) Catalina Micaela de Sánchez Coello (Hermitage) y Dama desconocida de Scipione Pulzone (MNP) 

A partir de haber situado la obra en mitad de la década de 1580, vamos a intentar relacionarla con los diferentes autores a quienes ha podido atribuirse.

El pintor Franz Pourbus


Nace en Amberes en 1569, hijo, nieto y sobrino de pintores, ejerce el oficio desde 1591 en la ciudad de Amberes. En 1598 se traslada a Bruselas donde va a trabajar para la corte de los archiduques que acaban de asumir el gobierno de los Países Bajos.


Los primeros retratos que Franz Porbus realiza de la entonces archiduquesa Isabel Clara Eugenia datan de 1599 cuando, tras el matrimonio con su primo Alberto, los archiduques se instalan en Bruselas. El pintor, que entra entonces a su servicio, retrata primero a la pareja con fondo oscuro y estilo sobrio, quizás como señal de luto por el reciente fallecimiento de Felipe II o bien por ser más acorde con la moda española;  y poco después realiza una nueva pareja con un estilo mas recargado y colorista. En ambos casos la moda que lucen los personajes es la propia de final de siglo.


Esta pareja de retratos de los archiduques forma parte del legado de Policarpo Sanz, de la
Colección de pintura europea antigua del Museo Municipal de Vigo "Quiñones de León". 
El retrato de ella lleva una inscripción indicando que el autor lo realizó del natural: 
AUTOGRAPH. APUD PICTOREM CELEBREM F. PORBUS, AD VIVUM DEPICT 

Retratos de los archiduques en el Museo Groeninge de Brujas

El tiempo en que se realizan estos primeros retratos de la pareja, coincide prácticamente con el cambio de siglo, lo que nos lleva en principio a descartar que el retrato en óvalo que estamos analizando sea de Franz Pourbus, el Joven ya que como se ha dicho muestra la moda de los años 80 del siglo.

Por su parte Pieter Pourbus (abuelo de Franz) que también se mencionaba en la pregunta inicial como probable autor, igualmente habría que descartarlo, pues muere en 1584 sin haber salido de Flandes y por tanto no ha tenido ocasión de conocer a la infanta; lo mismo le ocurre a su hijo Franz Porbus el Viejo que muere antes que su padre, en 1581.


La pintora Sofonisba Anguissola

De origen italiano (Cremona), Sofonisba Anguissola llega a la corte española en 1559 como dama de honor de la reina Isabel de Valois y se mantiene en ella hasta el año 1573 en que vuelve a Italia, a pesar de lo cual mantiene contactos esporádicos con personas de la corte española y realiza retratos de alguno de sus componentes en épocas posteriores. Durante el tiempo que está en España no firma sus obras y esa ha sido la causa principal de que se hayan atribuido a los mejores pintores contemporáneos a ella.

Si comparamos el retrato con el que realiza Sofonisba Anguissola de Isabel Clara Eugenia en 1599, que se encuentra en la embajada de París, las diferencias son notables, no solo por cuestiones de moda pues el cuello de lechuguilla que luce en el de París es más voluminoso pero no tapa las orejas, sino, sobre todo, por la dulzura del rostro de Isabel, al estilo “Anguissola” que parece reflejar el cariño que la pintora siente por la infanta de la que tanto se ocupó mientras estuvo en la corte española. Es una imagen muy alejada del rostro menos expresivo y algo abotargado del retrato del que hablamos. 

Isabel Clara Eugenia por Sofonisba Anguissola 1598-99

Creo que en la práctica no parece existir ningún tipo de coincidencia que pudiera llevar a pensar en la autoría de Sofonisba Anguissola de ese retrato ovalado.

Pintores españoles: Blas de Prado (c. 1545-1599) y 
Alonso Sánchez Coello (c.1531-c.1588)

Blas de Prado es un pintor toledano, probablemente nacido en Camarena, que trabajó principalmente para la Catedral de Toledo y para el rey Felipe II. Consta que en 1583 se encontraba en Toledo trabajando en la realización de una serie de retratos de la familia real para decorar uno de los arcos triunfales con que la ciudad recibió las reliquias de Santa Leocadia.


Alonso Sanchez Coello, originario de Benifairó (Valencia) se trasladó por razones familiares a Lisboa donde se forma artísticamente protegido por Joao III quien le envía a Flandes a estudiar con Antonio Moro. Por mediación de la princesa Juana de Austria en 1555 regresa a la corte española donde se convirtió en retratista de la familia real.

Podemos poner en relación el retrato que analizamos  con la grisalla de Isabel Clara Eugenia de cuerpo entero, de Blas de Prado  que se encuentra en el Museo de Santa Cruz de Toledo, fechado en 1583.

El parecido de aspecto e indumentaria nos lleva directamente a Alonso Sánchez Coello pues está documentado que él fue el autor de los retratos ("cabezas") que sirvieron de base a Blas de Prado para realizar ésta y la otra grisalla que se encuentra en el mismo Museo de la emperatriz María que fueron realizadas con ocasión del recibimiento de las reliquias de Santa Leocadia en Toledo (1587).

F. Pérez Sedano en Datos documentales inéditos para la historia del arte español de 1914, publica una Instrucción en la que se recogen las directrices de todo tipo que son dadas para el embellecimiento de la ciudad de Toledo con motivo de la solemne entrada en la ciudad de las reliquias de su patrona, Santa Leocadia. Uno de sus capítulos dice que se ha de realizar un pórtico con encuadramientos en los que figuren en un lado el retrato de la emperatriz María con su nieto el futuro Felipe III y en el otro el de la infanta doña Isabel.

           “…y para que sean más al natural se hagan pintar las cabezas en  Madrid
a  Alonso  Sanchez, pintor del rey nuestro señor, para que acá
Blas de Prado las imite en el arco”
 

La grisalla, que se ha conservado a pesar de formar parte de una arquitectura efímera no destinada a perdurar, refleja el mismo estilo del retrato que estamos analizando coincidiendo en el tiempo y la moda, y guarda también relación, dentro de la distancia, con el de la Infanta Isabel Clara Eugenia con Magdalena Ruiz (MNP), obra que en la actualidad es considerada del taller de Sánchez Coello, en la que la infanta sostiene, al igual que en la grisalla, un camafeo con el retrato de su padre. 


Por todo lo expuesto considero, con todas las cautelas debidas a la rapidez y a la falta de documentación del retrato que por fuerza solo permite realizar el análisis a través de un procedimiento visual, que el pintor que  más probabilidades tiene de ser el autor de la obra es Alonso Sánchez Coello, aunque también podría obra de su taller basada en un original suyo.

En todo caso, en el retrato de corte de la época que nos ocupa hay pocos cuadros que sean verdaderamente singulares pues cuando un retrato agradaba a su propietario encargaba copias del mismo para enviar a sus más directos familiares. Esto ocurría especialmente con los retratos de pequeño o mediano formato, por ser más fáciles de transportar.  
Un retrato oval de Isabel Clara Eugenia que figura como perteneciente a la colección del Duque del Infantado (Sevilla) muestra las mismas características: peinado, diadema, vestido, adornos de joyas incluyendo la gran perla, el zafiro y el rubí de gran tamaño y el collar de perlas de dos vueltas, aunque el retrato sevillano exhibe una mayor suavidad y dulzura en sus facciones. 


El pintor de corte -y tenemos muchos documentos que así lo constatan- tiene entre sus funciones no solo realizar los retratos originales que se le encarguen sino también hacer copias y no precisamente de obras propias, sino de otros. Esto ocurre en varias ocasiones con Sanchez Coello a quien encargan hacer copias de retratos realizados por otros pintores y particularmente de Sofonisba Anguissola

Ella, en cambio, al no ser pintora "de oficio" solamente realiza retratos del natural y nunca hace copias.

domingo, 19 de mayo de 2013

LAS INFANTAS Y SUS MASCOTAS. LOS REGALOS DE LA TÍA CATALINA

Felipe II tuvo dos hijas de su tercera esposa la francesa Isabel de Valois. Siguiendo la tradición, a la primera de ellas, que nació el 12 de Agosto de 1566, le pusieron el nombre de Isabel por su madre, Clara por la santa del día y Eugenia por San Eugenio, ante cuyas reliquias traídas de Francia se había postrado la reina en Toledo para pedir que le diera un hijo. El nacimiento de Isabel Clara Eugenia, nueve meses después de este hecho, a pesar de no ser un varón, fue celebrado como si lo fuera, ya habría más oportunidades. Poco más de un año después, el 6 de Octubre de 1567, nace la segunda hija a la que llaman Catalina Micaela por su abuela francesa (Catalina de Médicis) y por el  santo más cercano, S. Miguel Arcángel, pero en esta ocasión ya no hubo celebraciones, el rey no oculta su decepción y se marcha de viaje sin esperar siquiera a su bautizo.

En octubre del año siguiente, el aciago 1568, muere Isabel de Valois de un parto prematuro, poco después del fallecimiento en extrañas circunstancias del único heredero varón del rey, Don Carlos (24 de julio), hecho, que por no bien explicado, ha sido la principal fuente de la leyenda negra que ha marcado la historiografía del reinado de Felipe II.


Las dos infantas adquieren a partir de este momento un relieve singular, se colocan en primera línea sucesoria y su “imagen oficial” debida a Sofonisba Anguissola y al pintor de corte Alonso Sánchez Coello, recorre Europa. 

LOS RETRATOS DE LAS HIJAS DE FELIPE II
A. Sánchez Coello (atr) 1568, Descalzas Reales
Sofonisba Anguissola 1570, Palacio de Buckingham
Alonso Sánchez Coello  1575 Museo del Prado

En 1569 se casa por cuarta vez Felipe II con su sobrina Ana de Austria, hija de su hermana María y de su primo el emperador Maximiliano II. Este nuevo matrimonio no cambia la situación de las dos niñas a las que el rey dedica una constante atención y se ocupa personalmente de que tengan la mejor educación, por ello las infantas aprenden idiomas, francés, portugués, latín e italiano, pintura, música y bordado; artes que constituían uno de los dones principales de las damas de la corte (Amezúa y Mayo, 1949).

Los diez años que dura la unión del rey con la bondadosa Ana serán los más bellos de la infancia de las infantas, y cuando la reina fallezca en 1580, las niñas serán un gran consuelo para su padre. Su abuela Catalina de Médicis se preocupa por el nuevo estatus de las infantas y lo hace no solo como abuela de las niñas sino como reina de Francia y proyecta un futuro enlace de una de las infantas con su hijo menor el Duque de Anjou, aunque no tardará en percatarse de que ese posible enlace no entra en los cálculos de Felipe II
Las infantas en el Libro de Horas de Catalina de Medicis

La abuela encarga imágenes de las Infantas en miniatura para incorporar a su famoso Libro de Horas (BNP) en el que conserva los retratos de sus personas más queridas.Es probable que dos retratos en miniatura de estas mismas características que se encuentran en la Galería de los Uffizi fueran enviadas por Catalina a su familia en Florencia. 
Los retratos de las infantas en los Uffizi (Florencia)

Sobre la fuente de estas imágenes en miniatura no cabe duda de que provienen del doble retrato de las infantas de Sánchez Coello del Museo del Prado, sin embargo, la cuestión de la identidad del artista responsable de estas pequeñas imágenes es una cuestión no cerrada, aunque no falta quien afirma que fueron realizadas por Sofonisba Anguissola (D. Bentley Cranch, 2002), lo que no tendría nada de extraño si se tiene en cuenta la estrecha relación de esta pintora con la reina y sus hijas y por su especialización en la técnica de la miniatura aprendida del mejor maestro de la época, el croata Giulio Clovio (del que hablaremos en otra ocasión).

De los muchos retratos que Sofonisba Anguissola realiza de las hijas de Felipe II, siempre he tenido predilección por dos individuales, de pequeño tamaño, en los que aparecen vestidas de luto. Maria Kusche considera que fueron realizados para formar un grupo familiar junto con los retratos del rey y la reina Ana, su cuarta esposa, también con ropas de luto, que en la actualidad se encuentran en la Sala 56 del Museo del Prado, mientras que los de las infantas, se encuentran hoy separados, Isabel Clara Eugenia en la Galería Sabauda de Turín y Catalina Micaela con un tití, en una colección particular en Londres.
Ana de Austria                                             Felipe II
Isabel Clara Eugenia                            Catalina Micaela

Mantengo ciertas reservas en relación con la fecha en que se dice que fueron pintados (1573), ya que en ese tiempo las infantas tendrían siete y seis años respectivamente y en los retratos parecen mayores. Aunque se suele decir que se trata de un efecto del luto. La comparación con las imágenes de aspecto más infantil aunque teóricamente posteriores (1575) del Doble Retrato de Sánchez Coello del Museo del Prado, refuerzan esta sensación.

Es difícil encontrar argumentos para retrasar la fecha de los retratos de las niñas pues todos los detalles parecen conducir, efectivamente, al 1573. El luto de todo el grupo bien podría ser por la muerte en septiembre de ese año de la hermana del rey, la princesa Juana, que es un personaje fundamental en la familia, tanto para el propio Felipe II como para las infantas, con las que la princesa mantuvo una estrecha relación. Por otra parte sabemos que Sofonisba contrajo matrimonio en Madrid en junio de 1573 y, aunque no conocemos con exactitud la fecha de su partida de España, documentos sicilianos la sitúan a principios de 1574 en la isla italiana; cabe suponer que los retratos debieron quedar finalizados antes de su partida.

Es precisamente en el retrato de Catalina Micaela de Austria sosteniendo el monito entre sus manos en el que vamos a fijarnos de modo especial para observar estas exóticas mascotas que acompañan a los personajes de la familia real, que suelen tener su origen en los territorios de ultramar conquistados y colonizados por españoles y portugueses en la primera mitad del S. XVI.

LOS ANTECEDENTES

No era nueva la presencia de este tipo de animales exóticos relacionados con personajes de la Casa de Austria, pues los animalillos llegaban a la península a bordo de los barcos que traían sus cargamentos del nuevo mundo desde principios del siglo XVI. Me refiero exclusivamente a mujeres y niños ya que los varones recibían animales de otra índole, están documentados elefantes, cebras, leones e incluso un pobre rinoceronte que pasó sus malos ratos entre Lisboa y Madrid.

Volviendo a los antecedentes de animales de pequeño formato, más adecuado para manos femeninas e infantiles, citaré solo un par de ejemplos, el de Catalina de Aragón, primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra,  o el de  Margarita de Austria,  hija y nuera respectivamente de los Reyes Católicos, que son retratadas con este tipo de mascotas ya en el primer tercio del siglo.

  Catalina de Aragón. L. Hornebout h.1525    
   Margarita de Austria Anónimo h.1525

Podríamos citar muchos otros pero vamos a centrarnos en la segunda mitad del siglo, en el círculo familiar más directo de Felipe II, empezando por las infantas ya que disponemos de diversos retratos que nos permiten ver su evolución en el tiempo.

LAS MASCOTAS DE LAS INFANTAS 

La serie comienza con una obra verdaderamente innovadora, el famoso retrato de las niñas atribuido a Alonso Sánchez Coello, pintado en 1569, que se encuentra en el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid en el que la pequeña Catalina, de apenas un año, metida en un curioso andador, sujeta con un aro y un cordel, un pequeño pájaro cantor. A la derecha, como eje central del cuadro, Isabel Clara Eugenia un año mayor que su hermana, embutida en un rígido vestido de corte y al fondo una ventana desde la que se ve el alcázar. El nombre de las niñas aparece a la derecha debajo de la ventana. Todo es nuevo en esta composición con respecto a los esquemas de la pintura de corte.

Retrato de las infantas  atribuido a Sánchez Coello. Monasterio de las Descalzas Reales. Madrid 1569

En el siguiente retrato atribuido a Sofonisba Anguissola, (I. S. Perlinguieri, Sofonisba Anguissola. The Firts Great Woman Artist of the Renaissance, N. York, 1992)realizado probablemente un año más tarde, vemos de nuevo a las niñas con sus mascotas, aquí es Isabel Clara Eugenia la que se encuentra a la izquierda sujetando en su mano un pequeño loro; a la derecha la hermana menor, en una disposición prácticamente idéntica a la de Isabel en el cuadro anterior, poniendo su mano derecha sobre la mesa en la que se encuentra sentado un perrillo faldero. Esta obra que está colgada en uno de los salones del Palacio de Buckingham en Londres es un claro antecedente del famoso Doble retrato de las infantas, ya mencionado, de Sánchez Coello que se encuentra en la Sala 56 del Museo del Prado.

Las infantas con mascotas por Sofonisba Anguissola
Palacio de Buckingham. Londres. 1570

Continuando la serie en el tiempo, tenemos el precioso retrato de Catalina Micaela realizado por Sofonisba Anguissola, con el que iniciábamos esta entrada, luciendo en su pelo un narciso, probablemente traído de los jardines de Aranjuez, mientras sujeta entre sus manos un pequeño mono tití de tufos blancos proveniente de la selva amazónica.

 Retrato de Catalina Micaela con tití.
Sofonisba Anguissola. 1573
Colección Rafael Valls. Londres

Sorprende de este retrato que sea Catalina Micaela la que sostiene la curiosa mascota cuando es bien conocido que la hermana que cultiva desde niña y durante toda su vida una gran afición a los animales no es Catalina sino  Isabel Clara Eugenia. Con un parecido tan grande entre ellas, puede caber la duda de que en algún momento se pudieran haber trastocado sus nombres.

Conocemos que   Juan de Austria, según cuenta Van der Hammen, llevaba en la batalla de Lepanto una pequeña mona tití de orejas blancas en la galera real, de la que cuenta un episodio anecdótico:  
“Vagaba este animalejo por la cubierta de la real durante la batalla, sin que pareciese sorprenderle ni asustarle el fragor de ella. De repente vino a clavarse una flecha en la caja que encerraba el Cristo de los moriscos, mandado colgar del estanterol por don Juan de Austria. Irritadísima entonces la mona, trepó al estanterol arriba como pudo, y arrancó con las manos y la boca la flecha; hízola pedazos con gran furia, y desapareció, con gran asombro de todos, una vez terminada su hazaña”.  [Don Juan de Austria, fol. 179 v.]

También sabemos de un retrato de la princesa Juana sosteniendo un mono diminuto de las mismas características que el de su sobrina fue presentado en una Exposición de Maestros Antiguos celebrada en Londres en 1914 donde figuraba como prestado por Louis Raphael, Esq. y se identificaba con la reina Isabel de Portugal, esposa de Carlos I. El paradero de esta obra se desconoce en la actualidad.
Imagen del Illustrated Catalogue of The Exhibition of Spanish Old Masters. 
Londres 1914 en el que figura como "Portrait of The Queen of Charles V."

La presencia de estos pequeños animales de compañía nos muestra el lado infantil y amable de las infantas y otros familiares, lejos de la imagen formal y cortesana, pero al mismo tiempo representan el poderío de la casa de Austria a través de la presencia de lo exótico e inaccesible para quienes no pertenecieran a ese pequeño mundo relacionado con la casa real más poderosa del XVI.

LA ATRIBUCIÓN DE LOS RETRATOS DE LAS INFANTAS 

La atribución de los dobles retratos infantiles de las infantas unos a Alonso Sánchez Coello y los otros a Sofonisba Anguissola, no deja de plantear algunas dudas, aunque por mi parte considero que su adscripción a la pintora italiana parece siempre más segura ya que sus características están más relacionadas con el tipo de sensibilidad y las habilidades de la pintora italiana que gusta de introducir en sus cuadros elementos "humanizadores" suavizando el rígido corsé de normas y reglas entre las que se desarrolla la retratística real. Por otra parte es un hecho constatado que Sofonisba Anguissola nunca firmó las obras que realizó durante su estancia en la corte española, pero Sánchez Coello, sí, y en estas obras no aparece firma alguna.

El primer retrato de las dos infantas de las Descalzas Reales, tradicionalmente atribuido a Sánchez Coello sin que tal adscripción tenga un fundamento indiscutible, constituye además una novedad en la pintura de corte, nunca se había hecho hasta entonces un retrato de hermanos de este estilo que bien pudo ser introducido en España por la pintora cremonesa que, en cambio, sí estaba familiarizada con el retrato infantil que ya había practicado en varias ocasiones en Italia. Pienso por tanto, que este primer retrato de las infantas encaja más con el carácter, el estilo y la personalidad de la pintora italiana que como sabemos se convirtió en su principal retratista.


Antes de llegar a España Sofonisba ha realizado numerosos retratos infantiles, de sus hermanas, de su hermano o de niños pertenecientes a familias acomodadas, a menudo acompañados de sus mascotas, en general perros, como podemos ver en el propio retrato de su hermano Asdrubal, en el del joven Maximiliano Stampa o en el de los Hermanos Gaddi. 

Izq.: Asdrubal Anguissola det. Retrato Familia 1558 Nivaa
Dcha.: M Stampa. 1557 Walters Gallery. Baltimore
Hnos.Gaddi, Corsham Court, (col. Lord Methuen)

En cualquiera de estos casos, siempre estamos ante familias acomodadas en las que el animal de compañía es siempre un perro, generalmente de pequeño tamaño. Sería impensable la presencia de otro tipo de animales raros o exóticos reservados únicamente al más alto nivel de las casas reales.


CATALINA, LA BENEFACTORA
Para comprender la afición a los animales exóticos entre las familias reales europeas de esta segunda mitad del siglo XVI, es imprescindible hablar de Catalina de Austria, puesto que es la verdadera responsable de este trasiego de mascotas que se mueven por toda Europa. Es difícil no sentir simpatía por este personaje, que tantas penalidades pasó en su vida, una mujer de grandes cualidades y generosidad, de una gran cultura e inteligencia práctica, entre otras, de la que la historia, tanto española como lusa, apenas se ha ocupado.

Hija póstuma de Felipe el hermoso y por tanto hermana menor de Carlos VCatalina pasó sus primeros años en Tordesillas junto a su Madre, Juana la Loca, donde padeció privaciones y hasta maltratos de los sucesivos guardianes de la reina. A los 17 años es liberada por su hermano que decide casarla con su primo el rey de Portugal, João III, hermano de Isabel  de Portugal, quien un año más tarde contraerá matrimonio con el propio emperador.

Catarina por Cristovão Lopes. Museu de São Roque 
siguiendo el modelo de Antonio Moro del Museo del Prado

Como reina de Portugal y de sus territorios en África, Asia, Arabia, India y Brasil, Catarina, como sería llamada en la corte portuguesa, con la colaboración de sus embajadores, se convierte en la proveedora de animales exóticos para todos sus parientes de las cortes europeas, especialmente la española y la austriaca, con especial atención a sus sobrinos, Felipe, María y Juana, hijos de su hermano Carlos, hacia el que siempre se mostró agradecida. Para ellos y sus hijos envía todo tipo de animales, juguetes y curiosidades exóticas y ese tráfico continuo de regalos mantenía los lazos y las relaciones de afecto con sus parientes.

Consta que en 1544, envió un cargamento que tuvo que ser transportado por mulas con todo tipo de telas, objetos y animales curiosos, a sus sobrinas Juana y Maria y a su propia hija, Maria Manuela, que se hallaba entonces en España por su reciente matrimonio con el entonces príncipe Felipe.

Catarina mantuvo una relación especial con su sobrina Juana, que en 1552 se convirtió  en su nuera por el matrimonio con su hijo menor el príncipe heredero João Manoel.  Como sabemos, Juana enviuda justo antes del nacimiento de su hijo Sebastián y pocos meses después es llamada a Madrid por su hermano Felipe para hacerse cargo de la regencia española, teniendo que dejar al recién nacido en manos de la abuela Catarina que va a ser la auténtica madre del niño, heredero de la corona portuguesa, que nunca más volverá a estar con su madre. Tía y sobrina, no solo tenían en común la atención a este niño que comparten a pesar de la distancia, sino que coinciden en sus inquietudes religiosas y en su estrecha y admirativa relación con la Compañía de Jesús.

En 1566 la reina Catarina obsequia a Juana con cuatro perros falderos, haciéndoselos llegar junto con una serie de consejos sobre su cuidado y alimentación. Uno de ellos, de nombre Así-como-vos, es representado en el conocido cuadro de Alonso Sánchez Coello del Convento de las Descalzas Reales de Madrid.

En relación con estos regalos de perrillos falderos que la reina le hacía a su nuera y sobrina preferida, probablemente para aliviar su soledad, he encontrado una curiosa anécdota en un artículo de la especialista Anne Marie Jordan Gschwend que ha publicado un gran número de trabajos relacionados con la corte portuguesa del siglo XVI. 

Con el título "El patronazgo religioso de Catalina de Austria" el artículo trata otra de las aficiones de la reina que era la de conseguir reliquias de santos que luego donaba a conventos y monasterios portugueses. En él la señora Jordan escribe: "Los monjes del convento de Nossa Senhora da Luz de Pedrógão Grande, cerca de Leiria,  .../..., enviaban a la reina cada año un número de pequeños perros falderos, codornos, los cuales eran criados especialmente para ella."

Sorprendida por esta historia sobre frailes que criaban perros, busqué la fuente de información que creo haber encontrado en el libro de Miguel Leitão de Andrada: «Miscellânea do sitio de Nª Srª da Luz de Pedrógão Grande», de 1629, en cuyo Dialogo Primeiro hablando de los árboles frutales del huerto del convento, el autor dice:
       "Tem este Pomar muitas outras ruas de arvores, de frutas singuralissimas, de peros & peras de toda a sorte, a camoeza, o verdeal, o pero de Rey, a cainha, & outras mil, & os codornos tão gabados da Rainha Dona Catarina, a quem os Padres mandavao cada ano cargas deles...” 

Resultando por tanto que, los "codornos" tan alabados por la reina, de los que cada año le enviaban "una carga", no eran perros, como la autora entendió por un error de traducción al confundir "peros" por "perros", sino una  de las variedades de esa fruta que se producía en el convento. [Un interesante artículo sobre codornos: Codorneiro que dá codornos en  http://saberescruzados.wordpress.com]

Cuando la reina Catarina queda viuda, su nieto Sebastián, heredero de la corona, solo tiene tres años. Ella asume la regencia y con ella la educación del nieto que a pesar de su intento se le va de las manos pues tiene que ceder a las imposiciones que su cuñado, el cardenal D. Henrique establece para su educación en general y en especial la religiosa. En 1562  Catarina renuncia definitivamente a la regencia en favor del Cardenal. Sus reiterados intentos de casar al rey para garantizar la sucesión dinástica no dieron fruto. D. Sebastián se oponía sistemáticamente al matrimonio, entre otras razones porque creía «que su padre avia vivido tan poco por casarse tan temprano.».

En 1570 Catarina intenta, como antes habían hecho sus hermanas, retirarse a un convento en España. Apoyada por su sobrino Felipe II buscan el lugar idóneo, eligiendo finalmente un convento en Ocaña, pero estos planes pronto se desvanecen por la resistencia que opusieron los dirigentes eclesiásticos y de la corte portuguesa por lo que Catarina se retira al convento de la Madre de Deus en Xabregas, (Actual Museo del Azulejo) en Lisboa, donde pasa sus últimos años del mismo modo que los primeros, encerrada contra su voluntad,  hasta su muerte en 1578.


Volviendo a las mascotas y a las infantas, como comentábamos al principio, no hay noticia de que Catalina Micaela continuara cultivando la afición por los animales de compañía. Recordemos que en 1585, con diecisiete años, se casó con el duque de Saboya y se fue a vivir a Turín. En ninguno de los muchos retratos que se realizan de ella vemos que aparezca animal alguno que nos permita suponer lo contrario. No será hasta 1590 en el retrato de su cuarta hija, Margarita, cuando tenía alrededor de un año, que volvamos a ver una mascota exótica; la imagen no puede por menos que recordarnos la del primer retrato de la madre.

Sofonisba Anguissola. Margarita de Saboya

En cambio su hermana, Isabel Clara Eugenia, como sabemos por los documentos y las imágenes que nos han llegado de ella, mantendrá durante toda su vida esta afición a rodearse de animales de compañía, como podemos ver en algunas de las muchas obras que se conservan de ella, y que recogen escenas pintorescas en las que aparece rodeada de todo tipo de animales, realizadas durante el periodo de su gobierno en Flandes.
H. Francken II  J. Brueghel El viejo.
Los archiduques Alberto e Isabel visitan el estudio de un coleccionista. det.

Un ejemplo digno de mención es la sorprendente imagen de su azafata Juana de Lunar de San Martín de Valdeiglesias, que tenía como única misión la de atender a los animales de compañía de la archiduquesa, actividad por la que ha pasado a la historia al ser retratada junto con ellos en el cuadro de autor anónimo que se conserva en el castillo de Fontainebleau.

Aunque la calidad de la imagen no permita distinguirlos, al lado de cada uno de los animales figura escrito su nombre: Bruneta, Melisendra, Coquina, Breda, El viudo, Tirlila, Fidela, Píramo, el Blanco, Piramillo, El Caballero, Si-Señor, Ojos negros, Oriana, Polidoro, Lovillo, Petí, Berlina, Bolatín,  Cadet, Patar, Sin-Nombre, Fidellila, Amoroso, Gunca, y Oliva.
Anónimo. Dona Juana de Lunar avec les chiens de l'infante Isabelle. Fontainebleau.