viernes, 29 de abril de 2016

RAMOS # ZAPETTI - ENIGMAS CRUZADOS

Una historia contada por Francisco Alcántara Jurado, publicada en el nº 398 de la revista Madrid Científico en 1902, relativa a los inicios de la fotografía y a la posibilidad de que un español, concretamente un zaragozano apellidado Ramos Zapetti se encontrara entre los pioneros inventores, ha sido el origen de diferentes indagaciones encaminadas a identificar al personaje del que, sorprendentemente, nadie sabe nada, hasta el punto de que la búsqueda ha sido bautizada como el "Enigma Ramos Zapetti"

Madrid científico 1902. Colaborador: Francisco Alcántara

Tendemos a dar credibilidad a aquello que vemos escrito en documentos que tienen una cierta antigüedad y además en este caso la historia apareció en una revista de carácter científico divulgativo  aunque, como veremos más adelante todo es susceptible de interpretación y la memoria a veces juega malas pasadas, sobre todos cuando nos encontramos ante personas de una cierta edad y frente a anécdotas en las que intervienen muchos actores.

El autor de la crónica, Francisco Alcántara, (1854-1930) natural de Pedro Abad (Córdoba), fue un hombre de amplia formación y gran predicamento, profesor de la Escuela de Artes Industriales, colaborador como crítico de arte en diarios y revistas, que estuvo relacionado con Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza, con M. Bartolomé Cossío y Aureliano Beruete y mantuvo una estrecha amistad con José Ortega Munilla, padre de Ortega y Gasset quien se referirá a Alcántara como “mi maestro”.

La fuente de información primaria, bien conocida en este blog, es Vicente Poleró y Toledo, personaje digno de toda confianza, ganada por su amplia formación y erudición, plasmada en más de una docena de publicaciones relacionadas con el mundo del Arte, museos, colecciones, restauración, grabado y un largo etcétera.
Federico Madrazo, Retrato de Vicente Poleró 1873
 MNP  Depositado en el Museo de Lugo


¿EL INVENTOR DE LA FOTOGRAFÍA?

Así se titulaba la crónica que Francisco Alcántara publica en 1902 en la revista Madrid Científico y merece una lectura detenida. El cronista cuenta que realizando una visita al pintor y restaurador octogenario D.Vicente Poleró, a quien colma de elogios, se puso a hojear unos tomos en los que éste había recogido sus memorias:
       "Chocóme al hojear uno de dichos tomos el retrato, cuya reproducción acompaña estas líneas y obtuve sobre él los siguientes pormenores: 
Retrato que aparece en la publicación citada

        "Lo adquirió de un chamarilero antiguamente establecido en la Carrera de San Jerónimo, ... Después de limpio y aderezado mostróse una pintura de mérito. Púsose á investigar quién sería el retratado sin conseguirlo, hasta que un día y aquí llega el momento en que la casualidad presta gran interés científico a las investigaciones del artista, fue a su estudio don Federico de Madrazo a quien sorprendió grandemente la pintura, reconociendo en ella acto continuo a su compañero de Roma, José Ramos Zapetti, natural de Zaragoza."

Hasta aquí la crónica resulta creíble en todos sus aspectos; sabemos que Poleró tiene la afición de adquirir pinturas antiguas de ocasión y restaurarlas y que mantiene una relación de amistad con Federico de Madrazo que además será su jefe directo como Director del Museo Nacional de Pinturas (El Prado) en su trabajo de restaurador oficial de la institución. 

Las dificultades comienzan con la transcripción que Alcántara dice realizar de las Memorias escritas por Poleró sobre el personaje retratado:

      «Por los años de 1834 al 40, hallándose don Federico de Madrazo estudiando en Roma, había un joven pintor llamado José Ramos Zapetti, natural de Zaragoza, pensionado por un paisano suyo."

La primera frase ya nos provoca dudas ya que Federico Madrazo no llega a Roma hasta finales del año 1839. Hasta entonces la mayor parte del periodo para el que obtuvo la beca lo pasó en París. Del 29 de octubre de 1839 es la primera carta que le escribe a su padre desde la ciudad eterna en la que le cuenta los pormenores de su llegada.

      "Más que para artista pintor, Ramos Zapetti había nacido para químico. ... Sus compañeros le llamaban el nigromántico, pues siempre que iban a verle encontrábanle ocupado en sus experimentos. ... Sobre esto daban muchos detalles, tanto D. Federico de Madrazo como D. Carlos Rivera, a quien debo estas noticias."

La entrada del pintor Carlos Luis de Ribera en el relato contribuye a aumentar las dudas sobre la historia, pues este pintor, colega y amigo de Federico Madrazo, nunca estuvo con él en Roma, ya que durante todo el periodo de su beca residió en París, desde el año 1836 al 1845, por tanto no es posible que pudiera aportar noticias de unos hechos acaecidos en Roma.

Izq.: Retrato de Federico de Madrazo pintado por Carlos Luis de Ribera (Hispanic Society) 1839
Dcha.: Retrato de Carlos Luis de Ribera pintado por Federico de Madrazo (MNP) 1839

          "Asegurábales Ramos cuantas veces se encontraban que muy pronto había de darles a conocer los admirables resultados obtenidos con su cámara oscura, que redundarían en beneficio de todos y muy especialmente de los artistas sus compañeros que podían ahorrarse el modelo y maniquí. Un día, citados de antemano D. Carlos y don Federico, vieron asombrados reproducida en brillante lámina de cobre una figura y parte del estudio, que con júbilo grandísimo les mostró Ramos Zapetti comprobando cuanto les había anunciado."

Además del hecho de que "D. Carlos" [Ribera] no pudo asistir a la cita que se menciona por no hallarse en Roma, sorprende el asombro que se menciona, dadas las fechas del relato, en relación con el invento de la fotografía, dado que Madrazo cuando llega a Italia era conocedor de que la fotografía ya estaba inventada.

En efecto, a lo largo del año 1839, viviendo Madrazo en París, ya se habían sucedido diversas presentaciones privadas de lo que vino a llamarse el daguerrotipo, que fue oficialmente expuesto al público por su artífice, Louis-Jacques Mandé Daguerre, el 19 de agosto de ese mismo año ante la Academia de las Ciencias francesa. Estas experiencias fueron reflejadas por Madrazo en al menos seis de las cartas que en esa época dirige a su padre. En la última que le escribe antes de su partida a Roma, el 7 de septiembre, le comenta:

          "He visto por fin el resultado, o sea las pruebas, que se pueden obtener por el daguerrotipo y es verdaderamente cosa maravillosa, increíble, a no verlo. Roca [de Togores] ha comprado un aparato que ya se venden..."
Carta de Federico de Madrazo a su padre  7 de septiembre de 1839

Esto, por tanto, ocurría antes de que Federico Madrazo llegara a Roma, por ello la anécdota contada a Poleró en la que habla de "admirables resultados obtenidos  con la cámara oscura" por Ramos no podían sorprender de ningún modo a un Madrazo que había conocido personalmente en París los resultados efectivos del nuevo invento. Por ello no es posible aceptar la veracidad de esta historia, al menos en el tiempo y lugar en que se sitúa.

El colofón de la transcripción corrobora esta imposibilidad:

         "Fue éste un acontecimiento celebrado entre los artistas. Hubo quien hizo proposiciones para la adquisición del invento, que Ramos no aceptó. Unos dos años después se hizo público el invento de Daguerre».

Como hemos comentado, el invento de Daguerre ya había sido presentado en público en París en 1839 y había sido bien conocido por Madrazo antes de que fuera a establecerse a Roma por lo que esta conclusión, relativa a ese tiempo y lugar es claramente imposible.

El autorretrato de "Ramos Zapetti"

Descartada la vía de búsqueda del personaje por los hechos narrados queda la pista de la imagen reproducida en la revista de la que se dice ser el autorretrato del pintor Ramos Zapetti, siguiendo la cual se puede indagar acerca de su verdadera identidad. Empezamos buscando estos apellidos y no es posible encontrarlos juntos en ningún personaje dentro o fuera del mundo del arte. Lógicamente la dificultad está en el apellido Zapetti ya que con el apellido Ramos podemos encontrar más de un pintor español de la época.

En esta situación y con ocasión de una visita a la exposición Effigies Amicorum, en el Museo del Prado en la que se presentaban diversos retratos de Federico Madrazo realizados con distintas técnicas, veo entre los personajes expuestos al pintor y grabador José Zanetti y pienso en la posible confusión entre Zanetti y Zapetti. La información que se aporta dice que el retrato fue realizado en Roma el año 1842.

Federico de Madrazo. Retrato de José Zanetti
Firmado y fechado: Roma 1842

A pesar de la similitud del nombre y la coincidencia con el lugar y el tiempo de la narración, el cotejo de la imagen con el autorretrato de la revista resulta poco convincente, pero este nuevo nombre de Zanetti permite abrir una nueva línea de investigación.

La crónica de la revista finalizaba con una información puntual sobre el paradero de la obra:  

        "El retrato del pintor y químico de Zaragoza fue adquirido a Poleró por el marqués de Santa Marta y hoy debe figurar en las galerías de sus herederos". 

Por ello me dirijo a la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, fundada en 2012 por la marquesa de Santa Marta y condesa de Torre Arias, heredera de dicha colección de pintura, preguntando por el presunto Autorretrato de José Zanetti. A pesar de una primera respuesta negativa, insisto remitiendo la imagen publicada en la revista de 1902 y desde la Fundación me envían amablemente diversas fotografías de la obra con diferentes detalles de la misma entre los que figura la indicación de un nombre: Francisco Ramos y diversos detalles ampliados que pueden ilustrar sobre el personaje y la antigua pertenencia de la obra a la colección Torre Arias.

Original del Autorretrato reproducido en la revista Madrid Científico
Col. Fundación Tatiana de Guzmán el Bueno

La coincidencia con la imagen de la revista queda fuera de toda duda por lo que a partir de ese momento descarto la búsqueda de Zanetti, (que es la que han seguido otros investigadores, como el profesor Hernández Latas de la Universidad de Zaragoza, quien ha realizado una exhaustiva investigación en torno a ese pintor y litógrafo) y por mi parte decido continuar el camino en busca de Francisco Ramos, retomando algunos pasos anteriores relacionados con el apellido Ramos.


BUSCANDO A FRANCISCO RAMOS

La primera señal de estar en el buen camino la encontré en un Catálogo de Pinturas de una Exposición realizada por la Sociedad de Amigos del Arte en 1913.

Anuncio de la exposición en la revista Por el Arte, Mayo 1913

En el Catálogo aparece la obra con el nº 64.
Catálogo de la Exposición de Pinturas Españolas 
de la primera mitad del siglo XIX. Año 1913. 
 64.- Auto-retrato por D. Francisco Ramos. Propiedad del Excmo. Sr. Conde de Torre Arias
Imagen del Auto-retrato reproducido en el Catálogo


El siguiente paso, que no puede faltar en cualquier búsqueda, es la consulta a la Fototeca de Patrimonio Histórico, donde efectivamente se encuentra la fotografía del Autorretrato, coincidiendo el nombre del autor.
Nº de inventario: 3085 B
Título: Autorretrato
Autor de la obra:  Francisco Ramos
Archivo Moreno. IPCE

Como puede verse, el nº 64 que figura en el marco se corresponde con el número asignado en la Exposición de la Sociedad de Amigos del Arte anteriormente mencionada.

Pero la pieza de convicción fundamental proviene de un documento anterior en el tiempo: el Catálogo de la Colección de Enrique Pérez de Guzmán, Marques de Santa Marta realizado en 1875 por el propio Vicente Poleró, en el que a pesar de que no aparece la imagen de la obra se aporta una exacta descripción del Autorretrato y la identificación indubitable del pintor: D. Francisco Ramos y Albertos. 
275 Retrato de D. Francisco Ramos, pintado por él mismo.- Figura de medio cuerpo, tamaño natural. Alto, 0,60. Ancho, 0,54. (Obsérvese que el nº 275 es el que aparece pintado con tiza en la fotografía del IPCE)
       "Aparece en actitud de pintar, rodeado de varios libros de la profesión, en uno de los que se ve la firma. Su edad será de cincuenta años, su semblante animado, facciones angulosas y color arrebatado, boca de labios gruesos. Viste una especie de bata de color azulado y por encima una especie de toquilla encarnada."

En la información biográfica que aporta Poleró del personaje incluye que "En la invasión francesa fue privado de su empleo y hallándose sin recursos se vio obligado a vender a vil precio sus obras". lo que explicaría el hecho de que su retrato estuviese en manos de un chamarilero cuando Poleró lo encuentra.

En 1959 el historiador, D. Juan Contreras, Marqués de Lozoya, publica unas Cartas de Nicolás de Azara a Francisco Javier Ramos y en la semblanza preliminar del pintor hace referencia a este autorretrato de la colección del marqués de Santa Marta:

La presencia de la obra en el Catálogo nos hace pensar que sea cierta la primera parte del relato del cuadro contado por Vicente Poleró, es decir el hecho de haberlo comprado en un establecimiento de la Carrera de San Jerónimo, haberlo restaurado y posteriormente vendido al Marqués de Santa Marta, todo ello antes de 1875, fecha en que realiza el Catálogo. Es un hecho que la dedicación a la restauración que Poleró inicia tempranamente de modo autodidacta, le lleva a la adquisición de obras en el mercado de viejo con las que realizar sus prácticas. Afición que se convertirá en el fundamento de su carrera profesional y la principal razón por la que ha pasado a la historia. 

Quizás pueda sorprender que en 1902, Vicente Poleró pueda haber olvidado este extremo y a preguntas del Sr. Alcántara lo haga formar parte de una historia plagada de inexactitudes. Solo cabe pensar que el octogenario restaurador pudiera en ese tiempo tener fallos de memoria.


EL PINTOR FRANCISCO RAMOS

Francisco Javier Ramos Albertos nació en Madrid el 30 de marzo de 1746, y murió en la misma ciudad el 11 de octubre de 1817. Recibió sus primeras enseñanzas de pintura en el taller del fraile pintor y académico Bartolomé de San Antonio (1708-1782). Fue un alumno destacado pues a los diecisiete años ya ganó un premio en la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando.

Pensionado por Carlos III para proseguir sus estudios en Roma, salió de Madrid en enero de 1777 con otros cuatro jóvenes pintores para seguir su formación junto a Anton Rafael Mengs que hacía poco tiempo que había conseguido el permiso para trasladarse a Roma a causa de sus problemas de salud. Por estos años la huella de las enseñanzas de Mengs estaba muy presente en la Academia madrileña a la que Ramos siempre será fiel. Tras la muerte de Mengs se mantuvo en contacto con el diplomático D. José Nicolás de Azara, gran admirador y amigo del maestro, con quien Ramos mantuvo una entrañable amistad: hecho que se evidencia en las cartas publicadas por el Marqués de Lozoya quien considera que "El culto a Antonio Rafael Mengs, profesado por ambos con fervor de devotos, fue, sin duda, la base de esta compenetración espiritual."

Residiendo todavía en Roma, en 1787, remitió un cuadro de San Pedro curando al paralitico que fue objeto de elogio por la prensa especializada italiana: Se fosse vivo il gran Maestro, si gloriarebbe d’un tanto Scolare". La obra gustó tanto al rey que decidió quedarse con ella y encargó una copia para la iglesia granadina a la que estaba destinado y poco después le nombró pintor de cámara «con la precisa obligación de enseñar el arte de la pintura a los jóvenes que le proponga la Academia», lo que requería su vuelta a España que se realiza en 1788.

F.J. Ramos, San Pedro curando al paralitico 1783 Colección particular

La muerte del monarca dejo en suspenso ese nombramiento que su sucesor, Carlos IV no ratificó. No obstante, al llegar es nombrado académico de mérito de la Academia de San Fernando, y posteriormente, en 1794, teniente director de pintura de la misma.

De su actividad de carácter más neoclásico se conservan las obras que realizó para el embajador de Rusia Ángel Sáez y Sebastián Martinez que se conservan en el Museo estatal Arkhangelskoye (Moscú).
Francisco Ramos Albertos, Izq.: Ganímedes (1786c)  Dcha.: Hebe (1784)
Museo estatal Arkhangelskoye (Moscú)

De su mano se conservan también dibujos como el retrato de su amigo el grabador Manuel Salvador Carmona, casado en segundas nupcias, con la hija mayor de Mengs o los dibujos de personajes que fueron grabados por Doménico Cunego que se conservan en la Biblioteca Nacional de Portugal y en la de España.
F. Ramos, Retrato de Manuel Salvador Carmona (1778) BNE
Dos de los grabados de Cunego con dibujo de F. Ramos BNP

Tras la invasión francesa se quedó sin destino y padeció unos años de estrecheces "quedando reducido a la miseria y viéndose obligado, vender vil precio todos sus trabajos" (Osorio y Bernard 1868) para su subsistencia. Como hemos comentado éste puede ser el momento en que vende su retrato al establecimiento donde lo encontrará posteriormente Poleró. En 1812 es repuesto como profesor y como pintor de cámara, lo que le permite disfrutar de nuevo de su actividad aunque por poco tiempo pues la muerte le sorprende cinco años después, en 1817.

Aunque no se trata de un pintor muy conocido no es difícil hallar referencias suyas en autores de la época y posteriores, en las cuales casi siempre figura una mención explícita a su Autorretrato.

Enrique Serrano Fatigati, fundador de la Sociedad Española de Excursiones, habla de la desigual fortuna del pintor y menciona su autorretrato en un artículo publicado en La Ilustración Española y Americana el 15 de mayo de 1911, dedicado al filósofo y pedagogo suizo J. H. Pestalozzi, que fue retratado por él:

    "Revélase en esta obra Francisco Ramos Albertos como un artista que no tenía nada de adocenado, y su fama fue, sin embargo, tan escasa, y su nombre tan obscuro, que sólo llegó aquella a las columnas de los diccionarios y apenas es conocido éste de gentes que no formen en el grupo de los eruditos. Disfrutó, sin embargo, no hace aún muchos años, de honores y distinciones, leyéndose en sus biografías detalles que le hacen digno de ser más recordado."

  "De su pincel quedó en Madrid el Tránsito de San Agustín en la iglesia de la Encarnación, y por Toledo, Ciudad-Rodrigo, Jumilla, Academia de Méjico y otras localidades y corporaciones, se repartieron otros muchos lienzos suyos, unos buenos y otros apreciables, habiendo hecho también varias obras para el Embajador de Rusia, ... y un autorretrato que se conserva en la colección de Santas Martas" (sic). 

Francisco Ramos. Retrato de Pestalozzi. RABASF

El retrato de Pestalozzi, que se conserva en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, se considera una de sus producciones más acertadas y tiene evidentes paralelismos con su propio autorretrato por el fondo utilizado y por el tratamiento de la figura.

Sobre la actividad de Francisco Ramos Albertos y otros discípulos de Mengs ver “Crear artífizes yluminados en el buen camino de el Arte: los últimos discípulos españoles de Mengs de J. Jordán de Urríes y de la Colina, de Patrimonio Nacional. (Goya. Revista de arte, núm. 340, 2012).


LOS DETALLES DE LA OBRA QUE CONFIRMAN LA IDENTIDAD DE SU AUTOR

Además de que todos los autores de la época ofrecen la seguridad de que estamos ante el retrato del pintor Francisco Javier Ramos Albertos, en la obra aparecen una serie de elementos y detalles que no hacen sino confirmar la identidad del artista retratado. Esta inclusión de elementos identificativos es bastante frecuente en retratos de la primera mitad del XIX.

En primer lugar es evidente que estamos ante un pintor por la presencia de un lienzo vertical a la derecha y la paleta que el artista sostiene con la mano izquierda sujetando un pincel entre el pulgar y el índice. Todos ellos atributos habituales del pintor que se presenta "en actitud de pintar". Es probable que la obra, quizás por hallarse deteriorada antes de su restauración, hubiera podido ser recortada por la parte inferior pues sorprende que no se muestre la mano derecha.

La ropa que viste, que aparece cubierta por un guardapolvo de tono verdoso con un forro rojo-anaranjado de suave material para hacerlo confortable y abrigado, muestra detalles de calidad como la chaqueta de terciopelo azul con un adorno blanco de la que apenas se entrevé la solapa, o el pañuelo de seda coordinado con las tonalidades de la ropa que le dan un toque de distinción. Como en otras ocasiones la moda de la época es fundamental para su datación. Podemos ver el mismo tipo de bordados en retratos del mismo momento realizados por su compañero Luis Paret, también alumno de Mengs en la misma época.

Situados ligeramente detrás del lienzo se pueden ver dos libros de cierto volumen. En el lomo del superior aparece el nombre del autor clásico P. Virgilius, autor de la Eneida, dedicada al fundador de Roma, que puede representar el ideal neoclásico del pintor y al mismo tiempo su presencia en la ciudad eterna. En el volumen inferior podemos distinguir claramente, aunque esté incompleto, Tdo. de Anat [omía].
Detalle de los tejuelos de los libros en la obra

La presencia del Tratado de Anatomía, además de ser un elemento habitual para el estudio de la figura humana tiene importancia especial en este caso ya que sabemos, por el artículo mencionado del Marqués de Lozoya, que Ramos, escribe un memorial para que en la Academia madrileña se utilice el Tratado de Anatomía de Mr. Epilé, pintor del Rey de Francia en 1765, en el que además de otras razones aduce "el aprecio que Mengs hacía de este tratado, que hacía poner en manos de sus discípulos para su instrucción en este ramo importante de la pintura". Finalmente, en la esquina inferior izquierda, vemos como su brazo se apoya en otro libro oscuro en el que distinguimos claramente el nombre de su maestro y mentor MEN/GS.

Detalles de la obra

La parte trasera del cuadro, que como dice el profesor J. Mª Luzón guarda a menudo valiosas informaciones, muestra detalles que informan sobre la obra entre los que distinguimos el nombre del autor, Fr. Ramos, y la procedencia de la colección Torre Arias.


Detalles de la parte trasera en la que figura el nombre del autor y de la colección

A pesar de algún encomiable estudio queda mucho por investigar sobre este pintor y su época. Ya en 1959, el Marqués de Lozoya decía refiriéndose a Francisco Ramos: "Sería interesante un estudio de los cuadros del más fiel de los discípulos de Mengs, hoy completamente olvidado" , y en relación con su época reivindicaba "la revisión de los valores de la generación académica de fines del siglo XVIII, injustamente exaltada en su tiempo e injustamente desdeñada en el nuestro".

CONCLUSIÓN

El "Enigma Ramos Zapetti" no encierra una sino dos historias que han de ser separadas y tratadas de modo independiente para conseguir su total esclarecimiento. Habría que hablar en su caso de un "Enigma Ramos" y de un "Enigma Zapetti" o mejor "Zanetti". 

La historia relativa al apellido Zanetti, tiene que ver con un pintor-grabador que realizó sus estudios en Zaragoza y que se traslada a Roma donde se sitúa la narración de su historia relacionada con los inicios de la fotografía y su probable inclusión entre los pioneros inventores, trabajo que ha avanzado extraordinariamente el profesor Hernández Latas de la Universidad de Zaragoza.  

La segunda historia en relación con el apellido Ramos, deriva exclusivamente del retrato presentado en la revista y su verdadera identificación, es la que he intentado esclarecer en esta entrada y que salvo nuevas aportaciones, siempre posibles, me ha conducido a través de documentos de toda credibilidad a su indudable identificación como autorretrato del pintor madrileño Francisco Javier Ramos y Albertos.

Sería un error intentar casar ambas historias ya que la indudable atribución del retrato Francisco Ramos por todos los autores mencionados de la época y los documentos que avalan tal identificación no pueden en ningún caso aplicarse a la historia del pintor-grabador Zanetti, posterior en casi medio siglo, aunque los azares de una crónica periodística los haya unido. 

En todo caso y dada la imposibilidad de que el hecho que se cuenta pudiera haber ocurrido en el tiempo y lugar que recoge el artículo, si consideramos la posible verosimilitud de la anécdota narrada, habría que pensar en trasladar la investigación desde la Roma "de 1834 al 1840" al París de esos mismos años para que pudieran encajar los distintos elementos y protagonistas de la misma.

Puede leerse el artículo completo de la revista Madrid Científico núm. 398 de 1902, en la Hemeroteca digital de la BNE.

viernes, 1 de abril de 2016

MARGARITA DE SABOYA: ENTRE FEDERICO ZUCCARO Y SOFONISBA ANGUISSOLA

Sofonisba Anguissola. Retrato probable de Margarita de Saboya. H. 1601 MLG (Madrid)

Hace ya algún tiempo tuve ocasión de leer un artículo del marchante Phillip Mould sobre un Retrato de Dama que se identificaba como Margarita de Saboya (1589-1655) de alrededor de 1605, que apareció en el mercado de arte en 2006 (Christie's, 7 dic) catalogada como obra del "Círculo de Anguissola" .

La obra y el personaje

Actualmente no existen dudas de que se trataba de un retrato de Margarita de Saboya, primera nieta de Felipe II, hija mayor de Catalina Micaela y Carlo Emanuel de Saboya, pero había sido considerada durante mucho tiempo como una "Dama Desconocida", aunque algunos especialistas ya habían apuntado al entorno de las hijas de Felipe II, como Xavier de Salas (MNP, marzo 1976) que había sugerido que podría tratarse de Elizabeth de Valois o bien de su hija mayor la infanta Isabel Clara Eugenia. 

Federico Zuccaro. Retrato de Margarita de Saboya 1605

La identificación del personaje ha sido ratificada por diferentes especialistas. La primera, la historiadora Diana Scarisbrick, especialista en joyería, que basa sus conclusiones, entre otras, en la importancia de las margaritas en el tocado de su pelo y en la semejanza de su rostro con el retrato de Margarita de Saboya con un enano, de Sofonisba Anguissola, en una colección particular de Madrid.

Sofonisba Anguissola. Margarita de Saboya con un enano, 1595 Col. privada Madrid

También se establecieron semejanzas con los retratos de Margarita de Saboya realizados por Frans Pourbus el joven en la época; tal es el caso del especialista en pintura italiana Daniele Sanguineti que llegó a la misma conclusión al comparar esta imagen con un retrato de cuerpo entero de Margarita de Saboya de Frans Pourbus II. No hay que olvidar que este pintor, principal retratista de Vincenzo Gonzaga, cuarto duque de Mantua, fue enviado por éste a Turín para retratar a Margarita que poco después, en 1608, sería su esposa.

Fran Pourbus II. Margarita de Saboya. 1608, Hermitage

Un detalle a observar es que nunca falta en su tocado el adorno con forma de  las margaritas que aluden a su nombre.
La autoría

En cuanto a la autoría de la obra ha ido variando desde que en los años 70 del siglo pasado se atribuyó, como tantas otras, a Alonso Sánchez Coello, (quien no la conoció), para pasar más tarde en su última transacción (2006) a considerarse  como obra del círculo de Sofonisba Anguissola.

Más recientemente los estudios han llevado a los especialistas a la atribución probablemente definitiva a Federico Zuccaro, ya que además de que existen dibujos preparatorios que permiten ver similitudes estilísticas y técnicas con el retrato de Margarita, existe prueba documental en el diario del artista, "Il Passaggio per l'ltalia, con la dimora di Parma del sig. cavaliere Federico Zuccaro" (publicado en Bolonia, 1608) que permite constatar que Zuccaro en julio 1605 viajó a Turín, invitado por el duque de Saboya para pintar a sus dos hijas Margarita e Isabel en edad de casarse, coincidiendo con las negociaciones para el matrimonio entre Margarita y el duque de Mantua,  Vincenzo Gonzaga. 

Zuccaro escribe al duque de Mantua señalando las características que ve en Margarita, de la que dice tener "una cara limpia, y la piel brillante... no oscura, como muestran los retratos que había visto hasta ahora ...".
F. Zuccaro, 1606 Margarita de Saboya. Det.

Pintado entre 1605 y 1606, estamos ante un auténtico retrato de corte que presenta una lujosa,  aristocrática y seductora imagen de Margarita a los dieciséis años, con una perrita cocker a su izquierda que se considera signo de fidelidad y fecundidad. Ella aparece ataviada con un lujoso collar adornado con piedras preciosas, perlas de gran tamaño y figuras en oro y esmalte. El tocado del pelo, muy elaborado, está formado por las margaritas a las que hemos aludido anteriormente.



La Joven Dama del LÁZARO GALDIANO

El análisis detallado y la observación de este retrato, me ha llevado inexorablemente a otra obra de la pintora cremonesa que retrata a una dama hasta ahora no identificada: me refiero al Retrato de Dama joven vestida de rojo de Sofonisba Anguissola del Museo Lázaro Galdiano.
 Sofonisba Anguissola. [Propuesta de identificación] Margarita de Saboya. MLG
Datación [Nueva  propuesta]: 1601c.

La autoría de Sofonisba establecida por la especialista Dolores Fúster siguiendo una primera atribución de W. E. Wallace (1988, Goya nº207), tras la restauración realizada por el IPCE para el Museo Lázaro Galdiano no ha tenido contestación aunque hay que señalar que tampoco ha tenido gran repercusión pues de modo sorprendente no ha sido incorporada por los especialistas al elenco de obras anguissoliano.

La probabilidad de que Sofonisba Anguissola retratara a la hija de Catalina Micaela es altísima, ya que conocemos la estrecha relación que la pintora mantiene con la infanta española y su familia desde su incorporación a la corte de los Saboya en Turín (1585) tan próxima a su lugar de residencia en Génova.
Comparación Zuccaro / Sofonisba

Las similitudes faciales entre ambas retratadas, quedan fuera de toda duda, las cejas arqueadas, los ojos almendrados, la nariz recta y los labios pequeños y carnosos... Las variaciones que podemos advertir, derivan de la diferencia de 4 o 5 años que  media entre ambos retratos. En todo caso hay que señalar la mayor suavidad, y cariño que trasluce el retrato de Sofonisba, a la que unen lazos sentimentales con la retratada, hija de una de las niñas que ella misma cuidó, atendió y enseñó a pintar durante su estancia en España. Esa calidez en el tratamiento de los personajes, en especial de las infantas es un elemento característico de los retratos que realiza Sofonisba de personas cercanas.

"Entonada en rojo, todas las calidades de la piel y de los paños se tratan con amorosa ternura,..."
(J. Camón Aznar)

El retrato representa la continuidad de los retratos cortesanos que había realizado la pintora de su abuela, la reina Isabel de Valois, y de su madre, la infanta Catalina Micaela (ambos en la Sala 56 del Museo del Prado) con la única diferencia de que aquellas van vestidas de negro, quizás para ser más del gusto del rey, y esta de rojo.

El parecido de Margarita con el retrato de su madre, Catalina Micaela (Colección Valls. Londres) pintado por Sofonisba cuando la infanta tenía aproximadamente la misma edad que su hija, constituye un elemento más de convicción en torno a su identidad.
 
 Comparación de Catalina Catalina Micaela (1578) con su hija Margarita (1602c) a una edad similar

La época de madurez personal y artística que vive la pintora en su etapa genovesa, que le permite un acercamiento a sus personajes queridos sin las trabas y rigideces que imponía el protocolo cortesano, tiene su paradigma en el retrato de Catalina Micaela como La Dama del Lince (antes armiño), que por sí sola justificaría la fama de excelente pintora de Sofonisba Anguissola.
 Sofonisba Anguissola. Detalle de La Dama del Lince c.1595. Pollock House. Glasgow

Dos propuestas previas a la luz de la nueva identificación
La más que probable identificación de Margarita de Saboya como la Joven Dama vestida de rojo pintada por Sofonisba Anguissola, me lleva a descartar dos propuestas que se han venido barajando en los últimos años sin suficiente fundamento que han partido del siciliano Alfio Nicotra, conocedor de la obra de la pintora, quien se vale de la intuición para hacer innumerables propuestas, a veces muy imaginativas pero que a menudo carecen del soporte documental o técnico que les sirva de apoyo.

La primera de las propuestas mencionadas,  que ha sido recogida en el portal CERES, se refiere a la identificación de la Dama Joven del Lázaro Galdiano con un posible retrato de Leonor de Medici, (1567-1611) hija del Gran Duque de Toscana Farncesco I de Médici. La propuesta de identificación parte de una hipótesis del Sr. Nicotra, que se basa en el hecho de que pudo ser realizado en Florencia en 1579 en el tiempo en que la pintora residió en la cercana Pisa, tras su segunda boda, en su viaje de retorno de Sicilia con destino a Génova.

Desde hace poco tiempo sabemos que en ese momento Sofonisba realizó un retrato del Duque Francesco I, padre de Leonor, admirador y seguidor de Felipe II en lo relativo a su imagen austera, vestido de elegante negro absoluto, a quien tuvo ocasión de visitar junto con su marido Orazio Lomellino para que éste pudiera presentarle sus respetos.
Sofonisba Anguissola. Francisco I de Médicis, 1580 (Det.) Sothebys 2011

No existe constancia alguna de que pintara también a su hija que entonces tendría alrededor de doce años, edad sensiblemente menor que la Dama joven vestida de rojo quien, por otra parte, tampoco guarda parecido con las numerosas imágenes que conocemos de la joven Leonor de Médicis.
Retrato considerado de Leonor de Médicis de A. Allori

La segunda de las propuestas que ahora considero descartable se refiere a la atribución a Sofonisba Anguissola del Retrato de Margarita de Saboya con un león encadenado (1604c) que se encuentra en la Galleria Sabauda de Turín.
Margarita de Saboya con el león encadenado. 1604. Galería Sabauda. Turín

Se trata de una obra tradicionalmente considerada del pintor oficial de la corte saboyana, Giovanni Caracca (Haarlem, c.1540–Turín, 1607) sin que existan, a mi entender, razones que justifiquen un cambio de autoría. No puedo compartir por tanto, la atribución realizada también por el Dr. Nicotra, a pesar de que la especialista Maria Kusche, (a la que sigo en la mayoría de sus conclusiones), aceptó la atribución a la pintora en un ejercicio poco fundamentado. (AEA, LXXXII, 327 - 2009).

Los rasgos y la forma de expresión facial en el retrato de la Dama Joven del Lázaro Galdiano, siguen la "manera anguissolesca" que mira de frente al espectador mostrando suavidad y cercanía a pesar de traslucir una cierta seriedad adolescente. Esta actitud cercana se encuentra muy lejos del correcto pero frío y formal Retrato de Margarita de la Galería Sabauda, más propio de un auténtico retrato "de corte" al estilo de Caracca.

Comparación detalle de los rostros de ambos retratos

Unos datos sobre Margarita de Saboya

Margarita era hija de Carlos Manuel I de Saboya y de la infanta Catalina Micaela de Austria, nieta de Felipe II, sobrina de Felipe III y prima de Felipe IV.  


Se casó en Turín el 19 de febrero de 1608 con Francisco IV Gonzaga que ese mismo año sucedió a su padre como duque de Mantua y Montferrato, pero antes de un año, Margarita quedó viuda. Mientras el ducado de Mantua pasó al siguiente hermano de su marido, el Montferrato lo hereda la hija de Margarita por lo que ella fue nombrada regente hasta que los dos ducados vuelven a unirse por el matrimonio de su hija María con Carlos Gonzaga - Nevers en 1627.

En 1635 su primo Felipe IV la nombra virreina de Portugal por sus vínculos con las coronas portuguesa -dos bisabuelas- y española -madre, abuelo materno y bisabuelo-. (Ver cuadro genealógico).

En 1640 intenta calmar a los revolucionarios en Lisboa y al no conseguirlo fue confinada en su cuartel general hasta que la llegada de un nuevo gobernador le permitió partir para España. La Rebelión, como sabemos, finalizó con la proclamación del duque de Braganza como Juan IV de Portugal.

La escena de su prendimiento fue imaginada en 1888 por el pintor luso de historia Caetano Moreira da Costa Lima (Porto, 1835-1898).
Prendimiento de Margarita de Saboya. Caetano Moreira da Costa Lima. MN Soares do Rei

Margarita de Saboya murió a los 66 años (1655) en la localidad burgalesa de Miranda de Ebro, en la conocida como Casa de los Urbina.
Casa de los Urbina en Miranda de Ebro WP

lunes, 28 de marzo de 2016

GUTIÉRREZ DE LA VEGA - LA CORONACIÓN DE SAN FERNANDO


José Gutiérrez de la Vega y Bocanegra. Coronación de San Fernando (det.) 

Finalizaba una anterior entrada  hablando de La Coronación de San Fernando, una obra inacabada de José Gutiérrez de la Vega y Bocanegra a la que dedico esta nueva por considerar que se trata de una obra singular por varios motivos, entre los que hay que destacar su importancia dentro de la obra del pintor, y su historia que, de algún modo, es el reflejo de la propia experiencia vital del artista.

LA HISTORIA

Se trata de una obra de carácter histórico que representa el acto solemne en el que se produce la abdicación de la reina Berenguela y la proclamación, juramento de fidelidad y homenaje a su hijo Fernando III como nuevo rey de Castilla, en junio de 1217, hecho que, según cuentan las crónicas, ocurrió en la localidad de Autillo de Campos (Palencia), aunque la ceremonia de la coronación oficial se llevó a cabo pocos días después, el primero de Julio del mismo año en la Plaza Antigua del Mercado de Valladolid.

El rey Fernando III de Castilla, llamado "el Santo" por su gran devoción, (h.1200-1252) era hijo del rey Alfonso IX de León casado en 1197 en segundas nupcias con su sobrina, la hija mayor de Alfonso VIII de Castilla, Doña Berenguela, personaje clave en esta historia y en general en el contexto de la reunificación de Castilla y León. A pesar de que el matrimonio fue aceptado de hecho por el papa Celestino III, fue anulado siete años después por otro papa, Inocencio III, mucho más exigente con las causas de consanguinidad, por lo que en 1204 hubieron de separarse los consortes volviendo cada uno a sus dominios aunque se mantuvo la legitimidad de su descendencia.

En 1217, a la muerte de Enrique I su único hermano varón, el trono de Castilla le corresponde a Berenguela que decide ceder la corona a su hijo primogénito que ya tiene diecisiete años, por lo que tras salvar muchas dificultades consigue que se lleve a cabo en un mismo acto su abdicación y la coronación de Fernando como rey de Castilla. Posteriormente, en 1230, tras la muerte de su padre, Fernando es proclamado rey de León  con lo que se producirá la reunificación definitiva de los reinos de León y Castilla.

Fernando III el Santo fue el artífice de la conquista a los musulmanes de Jaén, Córdoba, Sevilla y Murcia lo que supuso un importante retroceso musulmán cuyo territorio quedó reducido a los Reinos de Niebla, Tejada y Granada, este último como feudo castellano.

Sus restos se conservan en Capilla Real de la catedral de Sevilla, donde su hijo Alfonso X mandó poner el siguiente epitafio que refleja la gran admiración del hijo hacia su padre :

“Aquí yace el muy honrado Fernando, señor de Castilla y de Toledo y de León y de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, el que conquistó toda España, el más leal, el más verdadero, el más franco, el más esforzado, el más apuesto, el más granado, el más sufrido, el más humilde, el que más teme a Dios, el que más le hace servicio, el que quebrantó y destruyó a todos sus enemigos, el que alzó y honró a todos sus amigos y conquistó la ciudad de Sevilla, que es cabeza de toda España”

San Fernando (que fue canonizado en 1671 por Clemente X) es patrón de varias localidades: Sevilla, Aranjuez, San Fernando de Henares, Maspalomas (Gran Canaria) y otras; también es patrón del Arma de Ingenieros del Ejército de Tierra y de diversas instituciones como la Real Academia de Bellas Artes madrileña.

LA OBRA

José Gutiérrez de la Vega y Bocanegra. Coronación de San Fernando, 1852-1864

La obra representa el momento de la Coronación del rey Fernando III de Castilla; una pintura de gran tamaño (3.20 x 2,10 mts.) que fue encargada en 1852 por la Casa Real a José Gutiérrez de la Vega y Bocanegra, en su calidad de Pintor de Cámara honorario

En la escena aparece un amplio grupo de personajes, clérigos, santos, prelados y ángeles acompañando a los protagonistas de la historia: El joven rey Fernando de pie a la izquierda, vestido con manto amarillo, que con su mano izquierda sujeta su espada, -probablemente la famosa espada Lobera que se conserva en la catedral de Sevilla- apoyada en el globo, atributos ambos de los reyes santos. A su derecha un ángel sujeta un escudo en el que podemos ver, como una premonición de su futura conquista, una silueta de la ciudad de Sevilla con su símbolo del NO8DO

Detalle del Rey  Fernando


Escudo representando Sevilla

De los dos personajes femeninos que aparecen en la composición, el de la derecha representa a la reina Berenguela arrodillada en un reclinatorio sobre el que se encuentra la corona que va a pasar de ella a su hijo. Algunos creen reconocer en ella las facciones de la regente María Cristina de Borbón, madre de Isabel II, y otros a la propia heredera, aunque a ésta se atribuye el segundo personaje femenino, más joven, vestido de blanco, que se encuentra a la izquierda. (Debido al largo periodo de realización de la obra existen referencias de las dudas del pintor al adjudicar los papeles a causa de los cambios políticos que se venían sucediendo por lo que los rostros pudieron cambiar de una a otra, dependiendo del momento).

Detalles de los dos personajes femeninos

Cuenta el crítico e historiador Méndez Casal (El Romanticismo en la Pintura Española: José Gutiérrez de la Vega” ABC 28.5.1922) que el Duque de Riansares, segundo esposo de la reina gobernadora María Cristina, fue un constante protector del pintor, lo que "se tradujo en más honra que provecho", en una de sus cartas al pintor desde el destierro de París "le habla con dolorido acento del cuadro emprendido y mil veces corregido, ¿Con que nuestra grande obra la abandonó usted?, nunca hubiese estado de más el concluirla, aunque hubiese tenido que cubrirse luego la cabeza principal (alude a la reina Cristina) con un lienzo...”. Lo cierto es que, como sabemos, Mª Cristina, la reina gobernadora, había sido expulsada del panorama político y resultaba cuando menos extemporáneo, mantenerla representando el principal personaje de la obra.

Al lado de la reina Berenguela aparece una figura de aspecto eclesiástico ligeramente inclinada hacia delante que probablemente sea el famoso Obispo Mauricio de Burgos a quien siempre tuvo como consejero a su lado. Detrás de ella otro religioso alzando una cruz puede representar al obispo de Palencia, don Tello Meneses que, según cuenta la historia, también estuvo presente en la proclamación.


Detalle de los personajes centrales de la obra

El personaje que ocupa el centro de la composición con manto rojo podríamos identificarlo con el apóstol Santiago, a cuyos pies se encuentran el bastón, la calabaza y el sombrero de ala ancha que habitualmente se asocian a este santo peregrino, por otra parte tan relacionado con la lucha contra el infiel en la reconquista.

Detalle de los atributos de peregrino a los pies del santo

La escena representada es narrada por S. Rodríguez Salcedo, en su obra:“VII Centenario de la muerte de Fernando III, el Santo. Precedentes de un glorioso reinado que toca a Palencia”:

      “En la llanura que se hacía fuera del recinto amurallado del castillo, alzábase solitario un olmo corpulento y frondoso. A la sombra de sus ramas quiso Doña Berenguela que fuese levantado el sólito cadalso para verificar la sencilla ceremonia de la publicación real. Morisca alfombra cubría el entablado, sobre la cual quedaron dispuestos dos ricos sitiales para la reina y su joven heredero. Alrededor estaban prelados y magnates. Eran aquellos los obispos Don Tello de Palencia y Don Mauricio de Burgos; figuraban entre estos Don Gonzalo Ruíz, Don Lópe Díaz, Don Suero y Don Alfonso Téllez de Meneses, Don Fernando Suárez y algunos otros..." 

El boceto preparatorio

El Museo de Bellas Artes de Córdoba conserva un pequeño boceto de la obra de 16,70 x 28,50 cm. realizado en 1852, fecha en la que se produjo el mencionado encargo. En él podemos ver la escena que luego será reproducida en el cuadro, con pequeñas diferencias, sobre todo en lo que se refiere a los personajes secundarios. Por la izquierda, aparece San Fernando acompañado de un fraile y otro personaje y, a la derecha, las dos figuras femeninas arrodilladas una de ella en un sitial o reclinatorio, a ambos lados del personaje con manto rojo,  con varios testigos al fondo.

J.G.de la Vega Bocanegra. Boceto preparatorio para la Coronación de San Fernando. 1852 
Museo de BBAA de Córdoba

La realización de la obra

Tras este primer boceto, el pintor inicia la realización de la obra que se extendió a lo largo de un periodo de tiempo de unos doce años que estuvieron marcados por una serie de avatares e incidencias de carácter político y personal que cuenta José Mª Mena, académico de la la Real Academia de la Historia y de la de Bellas Artes de San Fernando, en un interesante artículo publicado en 1992 en el nº 96 de la Revista Antiquaria. 

Las vicisitudes de la obra pueden recomponerse utilizando como hilo conductor el relato del Sr. Mena, apoyado en la abundante documentación que se conserva en los archivos tanto del Museo como en el Archivo Histórico Nacional,  las órdenes y cartas como las que transcribe Ana Mª Arias de Cossio en el apéndice documental de su biografía del pintor.

En 1852
la reina Isabel II pide al pintor que haga un cuadro sobre el tema expresado. Por las grandes dimensiones del lienzo, (tres metros y veinte centímetros de ancho por dos con diez de altura) el artista arguye que no puede realizarlo en su estudio particular, y entonces la Reina ordena que se le facilite un salón, el llamado Salón de Próceres del Palacio del Buen Retiro. (Edificio del actual Casón del Buen Retiro)

Pero pasa el tiempo y el cuadro progresa muy lentamente porque Gutiérrez de la Vega ha de atender a otros encargos simultáneamente, y creemos que, aunque la iniciativa de la obra ha sido de la Reina, no existe un contrato en firme, ni se le ha abonado cantidad alguna.

El inicio de una obras en el Salón de Próceres hace necesario desalojar el cuadro de Gutiérrez que se traslada al convento de los Jerónimos. El pintor, visita el lugar y considera que no reúne condiciones, especialmente de luz para poder realizar su trabajo. Se dirige al director de Real Museo de Pinturas y esculturas y solicita poder instalarse en el denominado Salón de Descanso de los Reyes que se encuentra en el extremo oriental del Museo en lo que hoy es la Sala 39, con una magnífica luz y vista al Real Jardín Botánico.

Del Administrador del Palacio del Real Sitio del Buen Retiro 
Exmo.Sr. 
Con motivo de las obras que se están ejecutando en el salón llamado de próceres ha sido necesario trasladar a S. Jerónimo el cuadro que está pintando el Sr. Gutiérrez de orden de S.M. el rey, nuestro señor, más como en el templo no hay las luces necesarias, Gutiérrez se ha dirigido al director del real Museo de Pinturas consultándole si podría concluir este dicho cuadro en aquel establecimiento y salón llamado de descanso en lo que no ha encontrado impedimento toda vez que se mandase por la superioridad. En esa atención y a fin de evitar que quede sin concluir una obra de mucho mérito y por sus grandes dimensiones no es de fácil colocación, ruego a V. Excelencia se sirva autorizar a dicho Sr. Gutiérrez para el traslado y concluya el cuadro en el Real Museo de Pintura dando para ello las órdenes correspondientes.
Buen Retiro, 11 de noviembre de 1863
Exmo. Sr. Administrador General de la Real casa y Patrimonio

El vicesecretario de la  Real Casa y Patrimonio comunica al Museo la orden de 17 de noviembre de 1863 de traslado de la obra al mencionado Salón de Descanso del Museo.

Una vez recibidas y acatadas las órdenes de la superioridad, el director del Museo, Federico Madrazo, responde a vuelta de correo para informar de que ya se ha instalado la obra aunque pone de manifiesto los inconvenientes que puede producir la duración de su estancia en el Museo ya que se perjudica la visita de los interesados a esa sala donde se encuentran colgadas obras de Goya y de van Loo.

Pocos días después (23 nov. 1863) Federico de Madrazo solicita del administrador de la Real Casa que sería conveniente fijar un plazo al pintor para la terminación de la obra. El administrador anota en su respuesta dos días después: "Si el director del Real Museo siendo tan artista no puede fijar el tiempo que ha de tardar el Sr. Gutiérrez en concluir su cuadro, medidas sus dimensiones y conocido el asunto que representa, menos puede hacerlo el que suscribe..."

Las comunicaciones entre la administración de la Real Casa y Patrimonio, y el Real Museo de pinturas se suceden a lo largo de los años. En Febrero de 1864, el director del Museo ofrece la posibilidad de trasladar el cuadro para su conclusión a la Sala de Restauraciones donde podría presentar menos inconvenientes para el funcionamiento de la Institución. El administrador está de acuerdo con la solución pero solicita la Real venia para poder llevarla a cabo.

El 10 de julio del mismo año Madrazo se dirige al administrador para informarle que han incorporado a la Sala de Descanso un retrato de Luis XVI de Francia, entre los otros reyes y príncipes de la casa de Borbón, (obra de A.F. Callet que en la actualidad sigue expuesta en la Sala 39) y aprovecha para hacerle presente que continúa en dicha sala el "cuadro de  Gutiérrez" que apenas ha avanzado desde que entró en el Museo.

Finalmente el director del Museo obtuvo el permiso para trasladar su incómodo huésped a la Sala de Restauraciones donde podrá estar el tiempo que precise para su terminación, "en la seguridad de que quedará allí muchos años y sin concluirse". 

Muy contento debió quedar Federico Madrazo de verse por fin liberado de esta obra de gran tamaño que perjudicaba sus planes de remodelación de las salas del museo, y así lo expresa en una carta que escribe a su amigo Carderera recogida en el II tomo del Epistolario de Federico de Madrazo publicado por el Museo del Prado en 1994 a cargo de José Luis Díez.


Carta de Federico Madrazo a Carderera h.1864

El profesor Mena termina su relato

                   "Habían transcurrido nada menos que doce años, y el cuadro aún no estaba concluido. Es decir, sí estaba concluido, pero Gutiérrez de la Vega no quería separarse de él porque le consideraba su obra maestra, y de cuando en cuando aún le daba, amorosamente, alguna pincelada, resaltando una línea o suavizando una exquisita veladura. En 1865 muere Gutiérrez de la Vega sin entregar el cuadro..."

A pesar de este último comentario del Sr. Mena es evidente que la obra quedó inacabada como puede verse en varios de sus elementos, como el león del primer plano, se encuentra simplemente esbozado.

Detalle del león esbozado que se encuentra en primer plano

El destino de la obra

A partir de la muerte del pintor se pierde la pista del cuadro. Los cambios políticos que se suceden después: el destronamiento y exilio de Isabel II hacen que la Casa Real probablemente se desentienda de la obra, por lo que podemos suponer que nunca llegó al destino para el cual había sido realizada.

El crítico y coleccionista Antonio Mendez Casal en el artículo anteriormente mencionado aporta una valiosa información de que, en el momento en que escribe su artículo (1922), la obra era propiedad del Marqués de Santa Mª de Silvela, sin que sepamos cómo llegó hasta él.

Hay que recordar que el marquesado de Santa María de Silvela, creado en 1893 por la Reina Regente María Cristina de Austria durante la minoría de edad de Alfonso XIII a favor María de la Concepción Viesca y Roiz, Dama de la Reina, casada en 1886 con el político Francisco Silvela, se ha mantenido en la familia habiendo tenido cinco titulares hasta la actualidad.

Pasaron 66 años desde la fecha de referencia en los que el cuadro permanece en el olvido, no sabemos si en la propia familia o en otras manos privadas; incluso se olvida el título y el tema, y así algunos autores se refieren a él como “Cuadro de asunto religioso”, cuando en realidad es un cuadro histórico de la mejor época del historicismo romántico, hasta que en 1988 sale a la luz tras una testamentaria, con sentencia judicial de 14 de septiembre de 1987 y Ana María Arias de Cossío, única biógrafa del pintor, identificará el cuadro como «La Coronación del rey San Fernando».

Sabemos que fue adquirido en 1988 por el coleccionista José Luis Pascual Fernández quien lo muestra en diversas ocasiones en Feriarte y lo expone en un establecimiento madrileño de restauración. Según su propia declaración al Diario de Sevilla, el Sr. Pascual Fernández lo cedió en depósito al Ayuntamiento de Sevilla que lo tuvo expuesto desde 2003, en el Cuarto del Almirante del Alcázar sevillano, hasta su devolución en 2010. La prensa local recogió con gran interés la llegada de la obra al Alcázar de Sevilla, su lugar de exposición.

 El Diario de Sevilla, 5 de Mayo de 2005

En 2009, una vez cumplido el plazo establecido en el contrato de depósito, diversos medios locales se hicieron eco de la retirada de la obra criticando la falta de interés del Ayuntamiento que no quiso aceptar el ofrecimiento de venta que propone el propietario a pesar de tratarse de una obra tan ligada a Sevilla por su autor y por su temática e iconografía. 



Finalmente la obra volvió a Madrid y, aunque ha cambiado de propietario, continúa lamentablemente en manos privadas. Sería del máximo interés que un cuadro como éste vinculado a tantas instituciones y localidades tanto por su temática como por su autor, último representante de la Escuela Sevillana y uno de los principales pintores del romanticismo español, encontrara un adecuado espacio de exposición pública abriendo la posibilidad de poder admirar una obra maestra representativa de los movimientos artísticos de la España del siglo XIX.