viernes, 29 de julio de 2022

JOSÉ "ZAPETTI" EN LOS RECUERDOS DE POLERÓ

Federico Madrazo y Kuntz, Detalle del Retrato de Vicente Poleró 1873 MNP 

La lectura de las memorias de Vicente Poleró con el título Recuerdos de Antaño que han sido legadas por sus descendientes a Patrimonio Nacional, nos han permitido conocer nuevos detalles de su vida personal y profesional. Interés especial teníamos en comprobar el relato original que dio lugar al artículo publicado por Francisco Alcántara (1854-1930) en la revista "Madrid Científico" (1902) que originó el llamado "Enigma Ramos-Zapetti" al que ya dedicamos un artículo en este blog. 

Concluíamos entonces con la convicción de que el mencionado artículo no encerraba una, sino dos historias que habían de ser separadas y tratadas de modo independiente para conseguir su total esclarecimiento. La primera historia relativa al apellido Zanetti, tenía que ver con el pintor-grabador José María Zanetti Paret (Lérida, 1797 - Roma, 1854), que realizó sus primeros estudios artísticos en Zaragoza y que se trasladó pensionado a Roma, donde se sitúa la narración relacionada con los inicios de la fotografía y su probable inclusión entre los pioneros inventores, cuya trayectoria ha investigado el profesor Hernández Latas de la Universidad de Zaragoza. 

La segunda, que guarda relación con el apellido Ramos, deriva exclusivamente del retrato presentado en la revista con el supuesto nombre de José Ramos Zapetti y la búsqueda de la verdadera identidad del retratado. La investigación, en este caso, me condujo, a través de documentos de toda credibilidad, a su indudable identificación como el pintor madrileño Francisco Javier Ramos y Albertos (Madrid, 1746 – 1817)

El relato sobre el pintor-grabador Zanetti, aparece dos veces en los Recuerdos con ligeras variantes. Poleró dice haber intentado dar a conocer su historia en diversas ocasiones haciendo una crítica poco velada a su colega y amigo Ossorio y Bernard: 
        
"Y a propósito de la fotografía voy a referirle a V. un episodio relativo a la misma y del cual nadie se ha ocupado hasta hoy a pesar de haberlo referido varias veces y especialmente hécholo notar a mi amigo D. Manuel Osorio y Bernal, [sic] cuando, con más entusiasmo que precisión, escribió el Diccionario Biográfico de Artistas Contemporáneos". 

A la posibilidad de confrontar la historia contada por Alcántara con los Recuerdos de Antaño de Poleró, hay que unir también la aparición de una nueva fuente, el propio Federico Madrazo, que habla del mismo tema en una entrevista realizada en 1890 (dada a conocer por el profesor Hernández Latas en El Heraldo 13.6.2019). 

El primer relato de Poleró 

Se inicia en el contexto de una charla con Federico Madrazo sobre la influencia de la fotografía en las Bellas Artes: 
               "Hablando un día con mi amigo D. Federico Madrazo sobre los adelantos de las Bellas Artes y muy especialmente los conquistados por la fotografía, a la vez que me dibujaba el carácter especial que distinguía a un condiscípulo suyo, en Roma, llamado José Zapetti, natural de Zaragoza y el que me dijo ser un ente sumamente raro, aunque de afable trato y que más bien que en el Arte, pudiera ser cualquiera cosa a que se hubiera dedicado llegando a ser notable y especialmente en lo que tenía relación con los estudios químicos. Hallábase en Roma escaso de recursos y bien fuera por esto, o porque su natural le empujase a la sobriedad, ello es, solo en su estudio se arreglaba su escasa comida que regularmente partía con un perro inseparable compañero suyo..." 

El segundo relato de Poleró 

Cambia el contexto de charla por el de una narración: 
            "En la época en la que Federico de Madrazo residió en Roma, estudiando, tuvo un compañero llamado Zapetti, natural de Zaragoza, que por las cualidades de su carácter se había hecho querer de todos sus condiscípulos. Como la pensión que tenía no alcanzaba mucho, vivía con grande economía, reuniendo en el cuarto que tenía alquilado, el estudio, la cama y la cocina y por único compañero, un perro al que llamaba Mambrino. .../... Más que el estudio del arte, se dedicaba  Zapetti a experimentos químicos por lo cual sus compañeros le conocían como el nigromántico y siempre que iba a verle, Federico y D. Carlos Ribera a los cuales debo estos detalles, lo encontraban ocupado en hacer experimentos combinando unas sustancias con otras, asegurándoles que muy pronto les daría a conocer admirables resultados que vendrían a refluir en beneficio de todos y muy particularmente, en provecho de los artistas que no tendrían necesidad de alquilar modelos ni gastos en maniquís para el estudio de paños. "

El relato de Federico Madrazo

La fuente que debemos considerar más directa de esta historia por tratarse de un testigo directo, es la de Federico Madrazo quien habla del pintor Zanetti (D. José) en el reportaje monográfico que le dedicó La Ilustración Artística en 1890. El pintor recuerda bien el nombre del artista, centra las circunstancias y el tiempo de la anécdota y aunque imprecisa en algún aspecto, resulta la fuente primaria más fiable: 

        "El pintor Zanetti (D. José), un poco poeta y un poco músico y un poco mecánico, español, de Zaragoza (que vivía en Roma en Santiago de los Españoles, en Plaza Navona, donde tenía una sala inmensa y destartalada que le servía de estudio, de laboratorio, de todo, pues que todo hacía, hasta una máquina para volar), nos enseñó a varios amigos suyos, españoles, las primeras imágenes de la cámara oscura fijadas por él de un modo bastante imperfecto en verdad, no recuerdo sobre qué materia, pero sí que eran de un color violáceo y que eran dos o tres vistas de las casas y monumentos que tenía frente a sus ventanas; esto era por los años 40 o 41". (La Ilustración Artística 1.7.1890) 

En sincronía con el recuerdo comentado, el retrato del pintor y litógrafo José Zanetti, hoy en el Museo del Prado, fue realizado por Federico Madrazo en 1842. Hay que señalar que el aspecto pulcro y conforme a la moda de los artistas de la época que presenta el modelo, no parece responder ni al comentario de Poleró"Tan raro como en esto era en el vestir su siempre descuidada persona", ni a la interpretación de Alcántara: "Su traje era tan raro como sus costumbres". 
Federico de Madrazo. Retrato del pintor y grabador José Zanetti. Roma, 1842 MNP

La historia contada por Alcántara sobre el inventor de la fotografía
Francisco Alcántara en 1911, Fotografía de Kaulak

El artículo que dio origen a esta historia, se publicó en 1902 en el nº 398 de la revista "Madrid Científico", a pesar de que su autor se había comprometido a enviarlo a la revista "La Fotografía" dirigida por el célebre Antonio Cánovas, quien la publicaría en Marzo de 1903 con una disculpa previa de Francisco Alcántara: 

        "Amigo, Cánovas; no es mía la culpa. Yo le había escrito á usted un artículo para su Revista, pero precisamente cuando se lo llevaba, tropecé con mi también querido amigo el Director del Madrid Científico, hablamos, y se me escapó el asunto de mis cuartillas ... ¡Tuve que dárselas!. .. La noticia era de interés y quiso ser el primero en divulgarla. Ya se ha publicado. Le autorizo á usted. para que reproduzca el artículo en La Fotografía."

El artículo publicado introduce desde el inicio de su narración detalles que no se encuentran en las memorias de Poleró que ahora hemos podido conocer, a pesar de que Alcántara inicia su narración diciendo: "Copio de las memorias de Poleró cuanto se refiere al que parece ser inventor de la fotografía en España": 

    «Por los años de 1834 al 40, hallándose don Federico de Madrazo estudiando en Roma, había un joven pintor llamado José Ramos Zapetti, natural de Zaragoza, pensionado por un paisano suyo. Más que para artista pintor, Ramos Zapetti había nacido para químico. Por las cualidades de su carácter se había hecho querer de todos sus condiscípulos... » 

Como vemos, Alcántara, a pesar del entrecomillado, no transcribe literalmente ninguno de los dos relatos de Poleró e introduce en la historia un nuevo apellido, "Ramos", que no figura en los Recuerdos, incluyendo a continuación una imagen del presunto retrato del protagonista con esa recién creada identidad.
Retrato que aparecía en el Artículo de la revista Madrid Científico en 1902

¿Por qué incorpora F. Alcántara el apellido Ramos que no aparece en los Recuerdos de Poleró?  

La lectura de los relatos contenidos en los "Recuerdos de Antaño" de Poleró, así como de las anotaciones directas de Federico Madrazo, ponen en evidencia que la única causa de relacionar al pintor José Zanetti con el retrato mostrado en el artículo periodístico se debe exclusivamente a la intervención directa del escritor Francisco Alcántara, que incorpora el apellido Ramos, que no figura en ninguno de los apuntes mencionados. Si retirásemos el apellido Ramos de la historia, se eliminaría automáticamente el retrato asociado a él, con lo que desaparecería la duda que se había planteado al intentar ligar el conocido autorretrato del pintor Francisco Javier Ramos con las vivencias del presunto iniciador de la fotografía, el aragonés José Zanetti

A falta de otra explicación tenemos que pensar que el Sr. Alcántara introduce de forma consciente elementos ajenos a la narración con el único objeto de "redondearla" y darle una visibilidad con la imagen de su presunto protagonista. 

Pero, como ya sabemos, Alcántara reproduce en su artículo el retrato de un conocido pintor, Francisco Ramos (1746 - 1817), anterior en medio siglo a José Zanetti, como atestigua además su modo de vestir, y sabedor de la falta de coincidencia entre la imagen y el personaje de la historia, modifica el apellido del artista aragonés incorporándole el apellido Ramos y, en consecuencia, cambia la identidad del retratado añadiéndole el apellido Zapetti. Que el articulista conoce la identidad de la persona retratada se pone en evidencia cuando añade al final del relato: "...el retrato del pintor y químico de Zaragoza fué adquirido á Poleró por el marqués de Santa Marta y hoy debe figurar en las galerías de sus herederos...", ya que el retrato había sido efectivamente catalogado por el propio Poleró como Retrato de D. Francisco Ramos, pintado por él mismo.- en la colección de dicho marqués en 1875, (en la actualidad en la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno). La amplia descripción e historia del personaje que aparece en el Catálogo de la colección del marqués de Santa Marta indica que Poleró lo investigó a fondo, lo que formaba parte de su práctica habitual, incorporando la información al catálogo. 
Det, de la página 136 del Catálogo del Marqués de Santa Marta, 1875

Izq. Pag. del Catálogo de la Exposición de Pinturas Españolas de la primera mitad del siglo XIX. 1913.   64.- Auto-retrato por D. Francisco Ramos. Propiedad del Excmo. Sr. Conde de Torre Arias
Der. Autorretrato de Francisco Ramos. Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno.

Sabemos que Poleró no conoció a Zanetti, por lo que su imagen le era desconocida. Solamente cabría la posibilidad de que hubiera visto el retrato pintado por Madrazo, que de ningún modo podría confundirse con el de Ramos. Por ello Poleró nos sorprende cuando indica al final de su relato: 
        "En el catálogo manuscrito y parte impreso que va unido, de todos los retratos que poseo adquiridos a fuerza de paciencia, de tiempo y de trabajo, todos ellos de personas notables, se encuentra el de Zapetti." 
Ese catálogo de retratos que menciona no figura entre los Recuerdos de Antaño. Cabe la posibilidad de que esta información sobre el retrato pudiera haber sido añadida por la persona que transcribió o mecanografió las memorias en las que además incorporó la fotocopia del artículo de Alcántara publicado en Madrid Científico.

Es posible que el "octogenario" Poleró pudiera tener un lapsus de memoria y confundir el nombre del pintor Zanetti por Zapetti; incluso, aunque mucho más difícil, es que al cabo del tiempo atribuyera su personalidad a otro artista bien conocido por él por haber restaurado su retrato e investigado su identidad y su historia; pero no cabe la indulgencia de la edad o la falta de memoria para el Sr. Alcántara, quien, consciente de la falta de coincidencia entre la historia y el retrato, decide modificar el apellido del protagonista para conciliar la discrepancia.

En las conclusiones de su investigación el profesor Hernández Latas habla de una doble imprecisión de la historia: la del propio Poleró que registra un relato recibido por transmisión oral y la de su transcripción posterior por el crítico Francisco Alcántara, provocando entre ambos un error en la historiografía de la fotografía durante más de un siglo. La aparición del testimonio directo de Madrazo debería ser suficiente para poder situar a Zanetti en el lugar que le corresponde en esta historia e identificar su imagen, exclusivamente, con la captada por el maestro del retrato de la época Federico Madrazo.

Otras "intervenciones" de Alcántara en el relato

No fue esta la única licencia que se permitió el escritor del artículo, ya que introdujo ciertas informaciones que no aparecen en el texto de los Recuerdos, pero que figuran entrecomilladas como si de una transcripción textual se tratara. Aporta datos o comentarios que desvirtúan el relato y lejos de aportar claridad inducen a confusión. 

Así Alcántara, a diferencia de Poleró que no menciona fecha alguna, sitúa la escena entre 1834 y 1840, periodo que no resulta coincidente con la trayectoria personal de Federico Madrazo, que databa cartas y diarios de tal modo que nos permiten hacer el seguimiento temporal de su vida con poco margen de error. Como ya indicábamos en el artículo del blog arriba citado, es un hecho que Madrazo no llega a Roma hasta octubre de 1839, habiendo conocido personalmente el invento de Daguerre antes de dejar París. Por su parte en su relato Madrazo dice:  "esto era por los años 40 o 41".

Poleró comenta, dando un cierto toque dramático -probablemente infundado- al relato,  que Zanetti "vivió en la miseria y murió en el olvido" y Alcántara añade de su propia cosecha que falleció "unos cuatro años después de realizar su descubrimiento". No parecen ser ciertas ninguna de estas afirmaciones ya que hoy sabemos que Zanetti falleció años más tarde en Roma, concretamente el 8 de julio de 1854, a los 57 años, teniendo propiedades, pues la Gaceta de Madrid, de 30.6.1865 publica un llamamiento de su testamentaria a posibles herederos del pintor en relación con las mismas.

Una curiosidad es que el nombre del perro no era Maestrino, como sin duda por error debió transcribir Alcántara, sino Mambrino; nombre mucho más castizo que lo relaciona con la famosa anécdota quijotesca.

Hemos de concluir tras la lectura de los Recuerdos de Antaño de Vicente Poleró que ya no podremos seguir hablando de enigmas en relación con los apellidos Ramos y Zanetti. Cada uno de los integrantes de este binomio tiene una personalidad y una historia propia distinta y distante en el tiempo, aunque la sorprendente manipulación de un escritor, generalmente bien considerado en el mundo de la cultura, los haya unido en una crónica periodística.


Puede leerse el artículo de Alcántara completo de la revista Madrid Científico núm. 398 de 1902, en la Hemeroteca digital de la BNE.

domingo, 19 de junio de 2022

EL TAJO VISTO DESDE TOLEDO - CHARLES COTTET

[ LE TAGE VU DE TOLÈDE ]

Recientemente he tenido ocasión de conocer esta original pintura de El río Tajo visto desde Toledo que se encuentra en el Musée des Beaux-Arts de Pau (Francia). La obra, pintada en 1904 por el francés Charles Cottet, me sorprendió desde el primer momento por haber adoptado un enfoque fuera de lo común, al tratarse de una visión que da la espalda a Toledo en lugar de representar la prototìpica y bella imagen del promontorio toledano, a la que pocos artistas se resisten. 

Charles Cottet, Le Tage vu de Tolède. 1904 MBA Pau (Fr)

El pintor ha aprovechado la oportunidad de realizar su obra en un día de tormenta lo que dota al conjunto de un colorido especial y original con el agua oscurecida por el barro y el cielo cubierto de nubes, dejando traslucir sus intereses y tendencias en pintura. 

El Museo de Pau ofrece una descripción de la obra firmada por DV que traduzco por su interés: "En una gama cromática dominada por los ocres, revela, a través de la variedad de su toque, todo su virtuosismo. En efecto, sobre el tinte marrón donde el artista representa el Tajo terroso, se eleva el acantilado, tratado en una cuasi-abstracción que levanta los pocos toques de verde que evocan los olivos y el empaste de salmón que subrayan la arquitectura de la hacienda. La gran pincelada rápida que sugiere este cielo aún amenazante acentúa la atmósfera vehemente de la obra. En esta obra, ejecutada con extrema libertad, la fluidez de su gesto y su espontaneidad de ejecución demuestran tanto su dominio de la materia como su conocimiento del paisaje. Envolviendo su obra en un misterio imperceptible, Cottet consigue dar una visión poética y atormentada a este extracto de Castilla".

La primera tarea fue la de identificar el lugar representado y la ubicación del pintor para la realización de la obra, pues en el recorrido del río alrededor de Toledo existen varias zonas que presentan altas y escarpadas paredes rocosas haciendo honor al nombre del río.

Charles Cottet, Le Tage vu de Tolède. Detalle, 1904 MBA Pau (F)

Acercando la mirada al conjunto de edificaciones que se representan en la pintura se puede distinguir una edificación con una fachada singular que nos ayuda a situarnos, pues reconocemos en ella la de la ermita de Nuestra Señora de la Cabeza con su característica espadaña, situada en el entorno de los cigarrales, denominación que de antiguo se aplica a las casas de labor o de recreo del entorno toledano:“Hállanse en contorno desta ciudad muchos cigarrales, así dichos, porque en el estío cantan allí mucho las cigarras.” (Jerónimo de la Higuera, 1538-1611) 

Fachada de la ermita de N.Señora de la Cabeza en la actualidad. Toledo

La falda del promontorio sobre el que se alza la ermita ha sufrido cambios en su morfología a lo largo del siglo transcurrido desde la realización de la pintura, pues como puede verse en la fotografía actual,  la ladera ha descargado buena parte de su material rocoso, con lo que el promontorio ha perdido parte del volumen y redondez que le caracterizaba a principios del S.XX, habiéndose ampliado, en consecuencia la base de tierra y piedra a sus pies en la que ahora crecen los arbustos.

Vista actual del cerro de la Cabeza (2022) y Pintura de Cottet (1904)

Francisco de Pisa describe la ermita en los "Apuntamientos para la segunda parte de la Historia de Toledo". (1612); "Ermita de N. Señora de la Cabeza, extramuros. Volviendo por la puente de San Martín, a la otra parte del rio, a mediodía se ofrece en lo alto de un cerro la ermita de N. Señora de la Cabeza, que ha pocos años que se fundó a imitación y en memoria de otra mayor iglesia que hay del mismo título dos leguas de la ciudad de Andújar, en un monte llamado la Cabeza." 

Se ignora el porqué de su abandono, pero a fines del siglo XVIII se encontraba en ruinas, tal como se conoce por un dibujo de 1855 del litógrafo Alfred Guesdon, hasta que en 1859 se reedificó constituyendo de nuevo la cofradía y trasladando la imagen de la Virgen que estaba depositada en la antigua parroquia de San Martín situada cerca de la puerta del Cambrón y demolida por ruinosa en esas mismas fechas.

En cuanto al punto en el que se situó el pintor para captar esta vista del cerro de la Cabeza, hay que pensar que tomó posición en el extremo derecho del mirador que mira hacia el río del Paseo del Tránsito, desde donde está hecha la fotografía anterior. 

Cottet pintó al menos una segunda obra representando el mismo tema del río desde otra perspectiva que se conserva en el Musée de Beaux Arts de la ville de Quimper. La obra esta realizada igualmente al óleo sobre cartón y probablemente en el mismo tiempo de su estancia en Toledo. Curiosamente la obra podría ser la continuación en el tiempo y en el espacio de la obra anterior, en la que vemos que ha pasado la tormenta y el cielo, todavía con nubes, clarea con una luz que ilumina el conjunto basado igualmente en ocres y verdes pero dotándolo de más brillo y luminosidad. 
Charles Cottet, Le Tage, h.1904. Óleo s/ cartón, 37 x 46,3 cm MBA de Quimper 

De su estancia española conocemos otras obras, como La Plaza Mayor de Segovia. actualmente en el Museo del Prado, proveniente de la reasignación de obras realizada en 2016 con el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Aunque aparece catalogada hacia 1909 es probable que sea posterior ya que fue presentada en la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza de 1919 y fue adquirida por el Estado un año más tarde al propio pintor por 4.000 francos que al cambio de de la época (40,6) equivalían a 1.624 pts. según consta en el documento de adquisición de esta y otras obras que se conserva en el Archivo del Museo del Prado procedente del Museo de Arte Moderno (MAM_29_Exp_5_Doc_1). La presencia del pintor en Segovia está documentada en 1904. (Revista El Manantial Nº VII - 1929, p.34). 
Charles Cottet, La Plaza mayor de Segovia, MNP P008130 (No expuesta)
Ch.Cottet, la Catedral de Burgos (Comercio) y Alrededores de Burgos (MuMa, El Havre)
Charles Cottet, Vistas de Córdoba y Salamanca. (Rev. Museum 1918-1920)


EL PINTOR, CHARLES COTTET 
(Le Puy-en-Velay, 1863 - París, 1925) 

Charles Cottet, Autorretrato  Óleo sobre papel pegado sobre lienzo 73 x 92 cm. MBA Quimper

Charles Cottet estudió en París en la École des Beaux-Arts y en la Académie Julian, con Puvis de Chavannes y Alfred Philippe Roll. Varios de sus compañeros de estudio como Lucien Simon, o André Dauchez formarían con él el grupo Bande noire que se caracterizaría por el uso de tonos sombríos, opuestos a la paleta brillante de los posimpresionistas y por el deseo de evocar escenas de costumbres populares. Viajó y pintó por Egipto, Italia, España y Suiza, aunque fue su estancia y sus visitas periódicas a la costa bretona de 1886 las que han dejado mayor huella en su pintura.

Quizás su venida a España estuviera relacionada con su amistad con el pintor Ignacio Zuloaga, a quien pudo conocer en Roma y con quien se relacionó posteriormente en el París de 1890, que era el centro de las vanguardias artísticas e intelectuales. También tuvo relación con el pintor catalán Ramón Casas que le hizo uno de sus característicos retratos.
Ramon Casas, Retrato de Charles Cottet, 1900. MNAC

Pero su retrato más conocido es el realizado por el pintor suizo Félix Valloton (1865-1925) que le retrató con un aire algo caricaturesco en su obra Cinq peintres (Cinco pintores).
Izq. retrato de Charles Cottet detalle de la obra "Cinco pintores" de Félix Valloton, en el que aparecen de izquierda a derecha, de pie, Félix Vallotton, sentados, Pierre Bonnard, Édouard Vuillard y Charles Cottet, y de pie Ker-Xavier Roussel. 
1902-1903, Óleo sobre lienzo, 145 x 187 cm. Winterthur. 

Charles Cottet se suma al variado elenco de artistas franceses que visitaron Toledo en las postrimerías del siglo XIX y los inicios del XX animados por las relaciones de amistad y camaradería establecidas con las pintoras y pintores españoles que eligieron continuar su formación en París. También supuso un importante aliciente para su visita el redescubrimiento de la figura de El Greco. Pasaron por Toledo y dejaron huella en sus obras Maurice Denis, Adrien Dauzats, Léon Bonnat, Zacharie Astruc, Carolus-Durán, Denis Etcheverry, Louis-Jules Arnout, Louis M. Desiré-Lucas, Edmé Emile Laborne, René Binet, o Ferdinand-J. Gueldry, entre otros.

El paisaje de Toledo y de la ribera del Tajo están entre las cosas más ardientes y más tristes del mundo. (Maurice Barrés)

sábado, 14 de mayo de 2022

HERMANAS VALDÉS - PINTORAS POR TRADICIÓN FAMILIAR (4)


R. Monasterio de San Clemente en Sevilla en el que profesó una de las hijas de Valdés Leal
 Detalle de la portada barroca con un azulejo del patrón.

La familia Valdés Carrasquilla estaba formada por el matrimonio del sevillano de origen portugués Juan [de Niça] Valdés Leal (1622-1690), maestro en el arte de pintar, y la cordobesa Isabel Carrasquilla y Morales, que se casaron en Córdoba en 1647. Alternaban sus trabajos entre Córdoba y Sevilla, ciudad esta última a donde se trasladaron definitivamente en 1656 donde Valdés Leal estableció su taller. 

Durante mucho tiempo se consideró a Valdés Leal como un pintor cordobés, hasta que su naturaleza fue aclarada gracias a la aparición de su partida de bautismo en la parroquia sevillana de San Esteban; labor de investigación realizada por Enrique Romero de Torres (1872-1956) conservador restaurador desde 1895 del Museo de Bellas Artes de Córdoba, hasta 1917 y director del mismo, hasta 1941. 

De Isabel Carrasquilla, que según los documentos se llamaba Isabel Martines de Morales, se decía que también era pintora, pero según Romero de Torres no podía tener tal formación ya que ni siquiera sabía firmar. Más plausible parece la información del escritor Teodomiro Ramirez de Arellano cuando dice que Valdés Leal "se casó siendo joven con doña Isabel Carrasquilla, pintora de afición". Del matrimonio nacieron cuatro hijas y un hijo que desde muy pequeños participaron en los trabajos del taller de su padre.

Además del hijo, Lucas Valdés (1661-1725), pintor, grabador y magnífico dibujante que, según Ceán, también tuvo formación en latinidad y matemáticas, que fue el heredero de la profesión y el taller de su padre; dos de sus hijas tuvieron un papel relevante en pintura tal como se recuerda en documentos de la época y  podemos constatar por alguna de sus obras. La hija mayor, Luisa Rafaela Valdés, (1654) fue conocida en el ámbito artístico sevillano como Luisa de Morales (utilizando el 2º apellido de su madre); y la cuarta, Mª de la Concepción Valdés, (1664) a quien también se conoce como María Valdés. Las otras dos hijas, Eugenia María, (1657) y Alfonsa María (1667) es probable que también colaboraran en el taller familiar, aunque no constan realizaciones concretas que se les puedan adjudicar, si bien Palomino las menciona como tales en el Parnaso Español Pintoresco y Laureado, de su Museo Pictórico y Escala Óptica, en las páginas referidas a Juan de Valdés Leal:

“Dexó, ademas del ya dicho don Lucas, dos hijas, la una doña Maria, que entró religiosa, y la otra doña Luisa, ambas condecoradas con la habilidad de la pintura, así en miniaturas, como á el olio; y especialmente en retratos, con gran felicidad”.

Las obras que salían del taller de Valdés Leal fueron muy estimadas en su tiempo, compartiendo con Murillo la admiración de los sevillanos por lo que la demanda contínua de obras hacía que toda la familia estuviera implicada en su ejecución.

En su biografía de Valdés Leal (1917) José Gestoso trata de reivindicar la figura del pintor que según él había ido adquiriendo en los últimos tiempos una mala fama que consideraba injusta y ello a pesar de que "...sus obras eran solicitadas con gran empeño, pruébanlo, precisamente, su número extraordinario, pues apenas si hubo iglesia, incluso la misma Catedral, convento, hermandad, o casa particular de persona rica, o siquiera acomodada, que no contase con alguna del admirado y fecundísimo maestro, que compartía con Murillo la supremacía de la pintura sevillana, al punto que, según Ceán, cuando aquél murió «quedó siendo el pintor más acreditado de la ciudad.» Y sin embargo de no dar abasto a los constantes encargos para cuyo cumplimiento, en varias ocasiones, hubo de ayudarle su hijo Lucas, que desde la edad de diez años manejaba los lápices con notable aptitud". 

Quizás por tan abundante número de encargos realizados no se explica el biógrafo la penuria en la que vivió y piensa que su "situación económica debió ser hija de la falta de orden, acaso del despilfarro, tan común y corriente en los artistas".

LAS HIJAS PINTORAS

Luisa Rafaela Morales (1654 - 1692) 

La hija mayor de los Valdés Carrasquilla a quien se conocía en el ámbito artístico como Luisa Morales, colaboraba habitualmente en el taller de su padre donde no faltaba el trabajo. Es considerada como una destacada pintora, miniaturista y grabadora. Luisa se casó en 1672 con el escultor e imaginero Felipe Martínez (1651-h.1700), de quien tuvo una hija llamada Catalina Sicilia (1673), pero en la documentación conservada de los años siguientes en la parroquia de San Andrés de Sevilla aparece ella sola viviendo en la casa familiar y no se menciona ni a su marido ni a su hija, hecho que parece confirmar la información de la separación del matrimonio y su posible anulación en 1675.

Luisa Morales, al igual que su hermano Lucas, colaboró como dibujante en la edición del Libro conmemorativo de la canonización de Fernando III, de Fernando de la Torre Farfán (1609-1677), que tuvo lugar en 1671, titulado Fiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla al nuevo culto del Señor Rey S. Fernando el Tercero de Castilla y León. 

La ilustración de la obra entre 1671 y 1672 corrió a cargo de artistas renombrados como Murillo, Francisco de Herrera o el propio Valdés Leal que reprodujo en un gran dibujo el monumento conmemorativo de la catedral de Sevilla. La firma de Luisa y su datación aparece en dos páginas con cuatro emblemas grabados en cada una, la que contiene los emblemas del 5 al 8; y la de los números 13 al 16.
    Emblema 8: SALIENS IN VITAM ETERNAM,        Emblema 16: LVPVS, ET AGNVS PASCENTVR SIMVL
 Firmados: Dª Luisa Morales / F.1671

Realizó también Luisa Morales una lámina con seis jeroglíficos que firma en 1672. De ellos el que se encuentra en la parte superior derecha resulta singular por su iconografía que lo relaciona con una de las Postrimerías realizadas por su padre por encargo de Juan de Mañara. Es el que bajo el título "El peso eterno de la gloria" inscrito en una filacteria, reproduce una mano sosteniendo una balanza cuyos platillos soportan una espada "para los enemigos" y una corona "para sí".
Segundo Jeroglífico de una lámina de 6, firmada al pie: Dª Luisa Morales / F. Aº1672

En ese mismo tiempo, con tan solo dieciséis años también se ocupó de la policromía y el estofado de la figura de San Fernando que se encuentra en la Sacristía la Catedral de Sevilla, realizada por Pedro Roldán, quien solía colaborar con Valdés Leal. Un texto que se conserva en la catedral cuenta la historia del milagro de curación de unas fiebres que Luisa padecía, mientras realizaba el trabajo:

       “Luisa Rafaela, hija de Juan de Valdés y de doña Isabel de Carrasquilla, su legítima mujer, como estuviese enferma cuando vino a Sevilla la Bula de Beatificación de San Fernando, año 1671, y hubiesen encomendado a Juan de Valdés la disposición de altares, pinturas, estofados y obeliscos de la catedral y hallándose Juan de Valdés agobiado por tanto trabajo, quedándose por estofar el Santo Rey, que había de ponerse al culto y veneración pública hecho por Pedro Roldán, y como empeorase Luisa de Valdés, imploró el auxilio de San Fernando y tomando el pincel con gran fe cuando le subía la fiebre, quedo de súbito completamente curada”. 
Pedro Roldán. S. Fernando, Sacristía catedral de Sevilla
Policromada y estofada por Luisa Morales h.1672


Mª de la Concepción Valdés (1664 - 1730)

Es Ceán Bermúdez quien nos informa de que la cuarta hija de Valdés, Mª de la Concepción, a pesar de que se inclinó por la vida religiosa ingresando en la orden del Cister en el Monasterio de San Clemente de Sevilla, “pintó muy bien al óleo y de miniatura, e hizo retratos con facilidad y semejanza” e informa de su fallecimiento en 1730. 


María de la Concepción tomó el hábito de novicia en 1681. A pesar de que cuando entró solamente tenía dieciséis años, la formación que había adquirido en el taller de su padre, le permitió seguir realizando obras en el convento. Suponemos que al igual que sus hermanos desarrolló su destreza siendo una niña. 

Para cumplir con las obligaciones de dotar a la joven novicia su padre hubo de comprometerse a realizar una serie de trabajos artísticos para el convento. Según cuenta Rosario Marchena en un artículo dedicado a las cartas de profesión de las monjas de San Clemente (Laboratorio de Arte 28 - 2016) "La trayectoria de María en el monasterio está íntimamente relacionada con la artística de su padre. Éste en 1680, dio carta de pago por los trabajos de dorado y pintura del retablo mayor del monasterio y poco después, el 20 de abril de 1681, ella tomó el hábito. El padre, coincidiendo con la profesión de su hija (18-V-1682), contrató las pinturas de muros y bóvedas del convento que habrían de servir como pago de la dote de María. Como la empresa se prolongara mucho por otros trabajos del maestro y por su mala salud, Lucas Valdés se comprometió en 1689 a terminarla haciéndose cargo de esta forma del cumplimiento de la dote de su hermana."

En el interior de la iglesia del Monasterio, las paredes se cubren con pinturas murales al temple, algunas de ellas obra de Lucas Valdés, de carácter geométrico y vegetal además de cuatro grandes pinturas del mismo en la parte alta de esos muros representando Episodios de la vida de San Clemente, siguiendo los dibujos de su padre. Juan de Valdés Leal, realizó sobre el muro del coro La entrada de San Fernando en Sevilla, fechada hacia 1683.

La imagen de Santa Gertrudis de Hefta de María Valdés

Santa Gertrudis. María Valdés (Atribuído) Mº S.Clemente Sevilla

La principal obra que se le atribuye, realizada ya en el Monasterio de San Clemente, es la imagen de una monja, vestida de negro, con un báculo abacial en su mano derecha. Muestra en su pecho un corazón, que sujeta con su ensortijada mano izquierda, con un niño Jesús en su interior. Se trata de Gertrudis de Helfta, (1256-1302) también denominada "La Magna". La iconografía responde a su historia personal recogida entre otros por Antonio Rubial (Cistercium, 2012) que cuenta cómo "en una de las visiones, Cristo le concedió siete promesas para los devotos que pidiesen intercesión de la santa. Como confirmación, Cristo mete la mano de Gertrudis en su corazón, y al sacarla le aparecieron siete anillos: en cada dedo uno y en el de la sortija tres”.

Gertrudis la Magna, venerada como santa a pesar de que nunca fue canonizada, tuvo fama de escritora, como Santa Teresa y la difusión de su culto en la Edad Moderna estuvo asociada con la publicación de su autobiografía y de sus escritos en la Cartuja de Colonia en 1536. Fue utilizada en el periodo de la Contrarreforma por su origen alemán, como bandera en la lucha del catolicismo contra los protestantes. A pesar de que suele ser representada con el atributo del báculo, nunca fue abadesa, la confusión se produce por la coincidencia de su nombre con la auténtica abadesa del monasterio su contemporánea Gertrudis de Hackeborn (m. 1292). La devoción a Santa Gertrudis traspasó el mundo ibérico siendo su culto muy difundido en América donde, en el periodo virreinal, fue objeto de múltiples representaciones en pintura y escultura. 

En un artículo sobre la iconografía de la Santa en Nueva España, A.Rubial y D.Bieñko (UNAM) informan que el jerónimo fray Diego de Yepes, confesor de Felipe II, se tenía a sí mismo por autor intelectual de su primera representación en España: "El primero que en España se hizo, yo le mandé sacar en Madrid de otro de una religiosa de su hábito que estaba en el guardajoyas de su Magestad, y salió la más hermosa figura que se ha hecho en España: y para diferenciarla del original, púsele un Niño Jesús en el corazón y un rótulo que dice lo que nuestro Señor le dijo: "Invenies me in corde Gertrudis", y siete anillos en su mano derecha...,"

En el Monasterio de San Clemente además de una representación de la santa realizada por Pacheco, se conservan dos retablos dedicados a ella. En uno vemos en el panel central, a Santa Gertrudis escribiendo las revelaciones, obra realizada precisamente por Lucas Valdés, mientras el otro es un retablo barroco “desmontable”, con varios fanales con escenas de la vida de Santa Gertrudis en miniatura que se encuentra junto al púlpito, en el lado de la epístola, fechable en los últimos años del siglo XVII.
Lucas Valdés. Santa Gertrudis la Magna recibiendo las revelaciones. 
R. Mº de San Clemente. Sevilla

Imagen de uno de los fanales del Retablo Desmontable. 
R.Mº.de San Clemente. Sevilla

El convento de San Clemente en Sevilla, que fue fundado en 1248 por Fernando III el Santo dedicado al pontífice Clemente I, para por la Orden monástica del Císter femenino, atesora en sus diversas dependencias un vasto conjunto artístico de gran importancia en el que se integra un importante número de obras de artistas de la familia Valdés Carrasquilla por haber formado parte de las obligaciones concertadas por el pintor Juan Valdés Leal en concepto de dote por la entrada en el mismo de su hija Mª de la Concepción Valdés. Esta presencia singular nos permite hacer un recorrido por su historia, sus componentes, su estilo y su época. 

Sorolla en el compás del Convento de San Clemente. Sevilla, 1914


OTRAS PINTORAS POR TRADICIÓN FAMILIAR




domingo, 6 de marzo de 2022

SARAH AFFONSO - PINTORA

Sarah Affonso es el nombre artístico de la pintora portuguesa Sara Sancha Afonso (1899 -1983). 

Sarah Affonso, O meu retrato 1927

“Eu entrei na pintura por emoção. A primeira vez que vi o sol desaparecer no mar, a impressão que isso me fez! Era ainda muito pequena, tão pequena que nem sabia que aquilo era o pôr do sol, mas fiquei com aquela recordação…”
Conversas com Sara Affonso, Maria José Almada Negreiros


Nacida en Lisboa, en Calçada do Duque de Lafões, en el seno de una familia trabajadora, Sarah fue la mayor de seis hermanos. Su padre, Francisco Marcelino Afonso nacido en Valença era sargento de infantería y su madre, Alexandrina Rosa Gomes Afonso, nacida en Lisboa de padre argentino, era empleada doméstica. En el año 1904 por cambio de destino de su padre la familia se traslada a Viana do Castelo, en el noroeste de Portugal, donde vivieron hasta 1915, es decir, entre los 5 y los 15 años de Sarah. Es el tiempo de adolescencia y primera juventud, en el que estudió en el Colégio de Nossa Senhora de Monserrate de monjas francesas ursulinas, donde aprendió pintura, bordados y lengua francesa como correspondía a la enseñanza femenina de la época. La vida en Viana dejó una impronta profunda en su carácter que más tarde expresará a través de su pintura.

    “Estos primeros años de su vida marcarán de forma indeleble su obra, desarrollada en la línea de esa memoria de los paisajes del Minho, los azules, los pinares y las playas, su vida cotidiana y sus tradiciones” (G.Verheij. «Sarah Affonso». Museu Calouste Gulbenkian).

A su regreso a Lisboa con sus padres en 1915, se matriculó en la Escola de Belas-Artes de Lisboa donde fue alumna del pintor ya jubilado Columbano Bordalo Pinheiro (1857-1929), formado en París y uno de los integrantes del Grupo do Leão, renovador de la estética artística portuguesa, a cuyos componentes retrató en su famosa obra.

Columbano Bordalo Pinheiro. Grupo do Leão. 1885 MNAC do Chiado 
(Columbano a la derecha, de pie, con sombrero de copa; a la derecha con sombrero, sentado, su hermano Rafael.)

Después de graduarse, expuso en 1923, en el Belas-Artes, en una colectiva de estudiantes. De sus obras dice un crítico en la prensa: Os retratos que apresenta sao tecnicamente bem feitos, academicamente falando. Possuem, entretanto, um qué de impalpavel que só consegue fixar nas obras de arte quem tem alma para sentir. (Mário Domingues) El crítico, que ve en ella un no sé qué de impalpable que solo consigue expresar quien tiene alma para sentir, le aconseja continuar sus estudios en Paris, probablemente el mismo consejo que recibiera de su maestro Columbano; ella envía el recorte de prensa a su padre que estaba en África, y a vuelta de correo recibe el dinero para el viaje.

A pesar de las dificultades que tenía un viaje de esas características para una joven que a sus veinticuatro años nunca había abandonado el ámbito familiar, la ilusión por continuar sus estudios la llevó a Paris en 1924 donde pasó casi todo el año. Asistió a las clases de modelo en vivo de la Académie de la Grande Chaumière, escuela innovadora fundada por la suiza Martha Stettler (1870-1945) y la rusa Alice Dannenberg (1861-1948), que impulsaban una docencia que se apartaba de las reglas pictóricas oficiales de la Ecole-des-Beaux-Arts. 

        "Nesses oito meses frequentei uma Academia, livre, não tive professores e vi coisas que não sabia que existiam na pintura. Certos movimentos do Impressionismo para cá, eram completamente ignorados em Portugal. Aqui, dizia-se até, que em França estavam todos loucos." (Entrevista Soledade Marinho Costa. 1979)


 Mãe e filha (1924)

Al regresar a Portugal, participó en exposiciones colectivas, en el “Salão de Outono” (1925, 1926), o en la Sociedade Nacional de Belas Artes (SNBA), pero tuvo que alternar la pintura con la realización de bordados, una de las destrezas que había aprendido en el colegio.

En 1927, despues de cuatro años ahorrando, de nuevo con el apoyo de su padre, vuelve a París, donde se mantiene con su trabajo de diseñadora en un taller de costura, pinta en el estudio de Sónia Delaunay y expone en el Salon d’Automne (1928) el cuadro “Meninas”, una de sus obras mas conocidas. En aquel ambiente parisino de nuevos horizontes y tendencias artísticas conoció la obra de Matisse según cuenta en una entrevista: 

        "Una exposición de quince cuadros pequeños, con esas flores primaverales, que son blancas, azules y rojas, que se llaman anémonas. Vi esta exposición y me quedé tan maravillada que, como había unos puestos con estas flores en la calle, compré un ramo y me fui a casa a hacer un cuadro. A pintura dele era uma pintura por camadas, para tirar um tom, por exemplo roxo, ele dava uma camada de encarnado transparente e depois por cima uma camada de azul, mas de um azul flou. Uma técnica criada por ele. Com duas cores, dava uma terceira. O que se aprende a ver um quadro! O que eu aprendi com Matisse! ". 

La obra de Matisse cambió su forma de entender la pintura y su impronta se refleja en alguna de sus obras de ese momento. 
                Anemonas (1924)                                                        Meninas  (1928)                     
Figuras num jardin (1926)                                      A menina do cachecol (1927)

La muerte de su madre provoca su regreso a Portugal, "Quando regressei a Portugal, senti a necessidade, a obrigação de trabalhar. Meu pai tinha-me dado o dinheiro para eu ir a Paris essas duas vezes – todas as suas economias – e eu sentia-me na obrigação de corresponder"(S. Marinho Costa.1979)

En 1928, realizó e Lisboa su primera exposición individual, en el Salón Bobonne, cuyo catálogo muestra en la portada el bello retrato del natural que le hace en talla directa el escultor bejarano Mateo Hernández con el que probablemente tuvo relación durante su estancia en París. 

Mateo Hernández, Retrato de Sarah Affonso, talla directa, 1927 MNCARS
       
Decidida a continuar su vida en Lisboa Sarah comenzó a frecuentar A Brasileira do Chiado, lo que resultaba poco habitual en una mujer de la época, participando en las tertulias con sus amigos, Jorge Segurado, Bernardo Marques, Abel Manta, Mário Eloy y Carlos Botelho. También continua realizando ilustraciones de libros infantiles de su amiga la escritora Fernanda de CastroMariazinha em África (1925), y Tesouro da casa amarela (1932), y otros como S. João subiu ao trono, de Carlos Amaro (1927).

Ilustraciones de Sarah Affonso

Aunque no consigue ningún encargo, ni vende ningún cuadro, Sarah continuó pintando y participando en exposiciones colectivas en el “Salón de Artistas Independientes” (1930, 1931 );“Salón de Invierno” (1932); en la “Exposición de Arte Moderno” (1936, 1940, 1942, 1944, 1945). Tambien expone en 1929 con José Tagarro (1902-1931) e individualmente en la Galeria do Século (1932, 1939). La crítica, siempre amable con ella, ponía de relieve la feminidad de su pintura, utilizando para describirla calificativos como tierna, infantil e ingenua, de colores frescos y vibrantes, caracteres que habitualmente contraponían al carácter fuerte, realista y vigoroso de la pintura realizada por hombres.

     La escritora Fernanda de Castro (1928)     Los pintores José Tagarro y Waldemar da Costa (1929)  
          
        "Yo era un poco rara, no era enamoradiza ni coqueta y tuve suerte porque mis compañeros eran muy amigos y me admiraban, pensaban que tenía cualidades y eran los únicos que me animaban a trabajar, no fue el público. Y pinturas que después de 50 años todavía se pueden ver revelan algún valor. El cuadro que es malo se puede ver, pero luego, después de 10 años, ya no gusta en absoluto. Y los mios ganaron con el tiempo, en aquel momento nadie pintaba así. Y nunca gané nada con eso. ¡Nunca tuve un pedido, nunca vendí una pintura y realmente necesitaba dinero!"
Conversas com Sarah Affonso. JL Jornal de Letras, Artes e Ideias, 8-21-12-1981. 

A pesar de este concepto de sí misma, Sarah Affonso conoce al hombre de su vida con el que se casa en 1934: el pintor José Sobral de Almada Negreiros, con quien tiene dos hijos: José Afonso, nacido en diciembre de ese año, y Ana Paula, en 1942. 
31 marzo 1934. Dia de su boda

La primera etapa que siguió a su matrimonio, en el plano artístico, es la más íntima y personal, realizando las obras que le han dado más fama por la incorporación de la cultura popular del Alto Miño, evocando las costumbres, fiestas y leyendas de su niñez y  adolescencia en Viana do Castelo. Ella comenta la importancia que tuvo su marido en su forma de pintar: 

        "Meu marido deu-me, principalmente, uma noção de liberdade que eu não tinha até então." (S. Marinho Costa. 1979)

   Andor (Procissão) 1938                                                        Casamento na Aldeia 1938
           Danza                                                                                         Músicos e Músicas

Las pinturas de esta época nos transportan a las fiestas del Minho, a las romerías de Nuestra Senhora da Agonia (patrona de los pescadores) de Viana, bailes y músicas junto a la expresión de la religiosidad que puede verse en procesiones e imágenes de vírgenes con niño y angelitos populares. Después de una visita al pueblo de su padre, cerca de Valença, escribe a su amiga Fernanda de Castro

        "Creo que me quedaría aquí este invierno para pintar y de este modo prolongar el estado de gracia en el que me encuentro. Esta región es un campo inédito en pintura. Todo son cuadros a la espera de ser pintados. Y siento eso profundamente". 

También muestra en pinturas su vida personal, como podemos ver en una de las más emblemáticas, en la que aparece con su marido y su primer hijo.

Sarah Affonso, Família, 1937, Museu Calouste Gulbekian 

A pesar de que su marido la animaba constantemente y de las buenas críticas que seguía obteniendo a su abundante producción de este tiempo, y a pesar de la obtención del Premio Souza-Cardoso en la Exposición de Arte Moderno de 1944, Sarah Affonso piensa que todo esto no basta para compensar las necesidades de la familia. El hecho de no haber tenido nunca un encargo y la dificultad para vender sus obras, le llevan a tomar la decisión de abandonar la pintura. Sarah cuenta en una de sus conversaciones que publica su nuera, que se vio obligada a interrumpir sus vacaciones en Moledo (cerca de Viana do Castelo) para acompañar a su marido que debía volver a Lisboa por motivos profesionales: 

        “Hice las maletas, guardé los lienzos, lloré todo el día y José se dio cuenta de que no volvería a pintar…” 

Así se lo contó a su nuera quien grabó sus recuerdos que posteriormente publicó en su libro "Conversas con Sarah Affonso". Continuó, sin embargo, con una labor artística menos visible retomando su actividad de dibujo e ilustración y dando apoyo a Almada Negreiros. Transfirió su creatividad al espacio familiar en la Quinta de Bicesse, para donde fue realizando todo tipo de bordados, azulejos y elementos decorativos.

Elementos decorativos realizados por Sarah Affonso con azulejos y conchas 
Quinta da Lameirinha, Bicesse

Almada Negreiros murió en 1970; en ese tiempo Sarah Affonso fue objeto de varias exposiciones retrospectivas que rindieron homenaje a su obra, la última, en 1978, en el Centro de Arte Contemporáneo del Museo Soares dos Reis, en Oporto. 

En junio de 1982, el presidente de la República António Ramalho Eanes la honró con la Orden de Santiago de la Espada y un año después murió en su Lisboa natal. Desde entonces, su obra se fue olvidando hasta que cuarenta años después, en el 120 aniversario de su nacimiento, fue redescubierta. 

Casi simultáneamente en 2019 y 2020 dos de los principales museos portugueses, el Calouste Gulbenkian y el Nacional de Arte Contemporáneo, coincidieron en realizar sendos proyectos expositivos sobre la vida y obra de esta pintora modernista. Ambas exposiciones han supuesto la ocasión de recuperar el conjunto de su obra e incorporarla a la primera línea de la Historia del Arte Portugués, dejando atrás la tenue imagen de quien era conocida como la esposa de Almada Negreiros, para ser vista como ella misma, en sus brillantes colores:  Sarah Affonso.

Sarah Affonso borda una reproducción del dibujo 'Bailarinos', de Almada Negreiros.

A mi hija Concha, que disfrute de Viana y que descubra la luz, los colores y la alegría que Sarah Affonso encontró en el Alto Minho, que también es la cuna de su propia familia materna.

Castiçais (Palmatorias) modelo creado por Sarah Affonso