martes, 9 de julio de 2019

LA ENSEÑANZA DE LA PINTURA EN FILIPINAS EN LA 2ª MITAD DEL SIGLO XIX

José Honorato Lozano, Calle de San Sebastián en Manila. 1875

En la primera parte de la Enseñanza de la Pintura en Filipinas en el Siglo XIX, se hablaba de la Academia de Dibujo y Pintura de Manila, creada por Damián Domingo en 1821 en su propia residencia de Tondo. Era la primera fundada en las Islas Filipinas y probablemente de toda Asia, que fue oficializada por la Real Sociedad Económica de Amigos del País y se mantuvo activa hasta 1834, año en que la enfermedad y posterior muerte de su fundador, único maestro y director, hizo inviable su continuidad.

Tendrán que transcurrir doce años para que en 1846 se apruebe el proyecto de abrir una nueva Academia Oficial de Dibujo Natural y Pintura a semejanza de las existentes en la península, y otros cuatro años más –a causa de la intensa burocracia existente– antes de su apertura definitiva, de la que nos ocupamos en esta nueva entrada. 

LA NUEVA ESCUELA DE DIBUJO NATURAL Y PINTURA (1850-1898)

La creación del nuevo centro de enseñanza fue propuesta al gobernador de las Islas Filipinas, Narciso Clavería y Zaldúa (1844–1849), por la Junta de Comercio de las Islas en 21 de mayo de 1845, ofreciendo la posibilidad de asumir su coste con los fondos propios de dicha Corporación.

La iniciativa partió de Mariano Roxas y Ubaldo, perteneciente a una de las principales familias criollas de Manila, graduado en derecho de la Universidad de Santo Tomás, y miembro del Tribunal de Comercio, quien dirige junto con otros miembros de la Junta una petición al gobernador alegando que la escuela era necesaria "para ampliar el conocimiento en esta rama de las bellas artes, para que los artesanos en general puedan adquirir ese nivel de perfección, elegancia y excelente gusto que les ayudará a mejorar la prosperidad y la expansión del comercio", afirmando también que ese tipo de escuelas existía en otras provincias españolas bajo la coordinación de la Academia de San Fernando en Madrid. (Carlos Quirino, Manila’s School of Painting, 1967)
Retrato del Gobernador Narciso Clavería y Zaldúa, Conde de Manila. 
 (h.1849) MNP  En depósito en el Museo del Ejército. Toledo.

El Gobernador Clavería realizó diversas actuaciones durante su mandato que dejaron una profunda huella en las Islas Filipinas: decretó que los nativos debían adoptar apellidos españoles; resolvió el desajuste del calendario suprimiendo un día; fue el artífice de la creación de la Galería de Retratos de los Gobernadores de las Islas, que inició precisamente con el suyo, y a petición de la Junta de Comercio promovió la reapertura de la Escuela de Dibujo y Pintura de Manila.

El Archivo Histórico Nacional (AHN) conserva el expediente instruído para la apertura de esta nueva Escuela,  (Ultramar 431, Exp. 8) en el que se encuentran los documentos por los que el gobernador Clavería informa haber concedido autorización a la Junta de Comercio de Manila para establecer en aquella capital una Escuela de Dibujo Natural y PinturaLa Real Orden de 17 de junio de 1846 de Creación de la Escuela contempla los mismos términos en que se realizó la propuesta, siguiendo el modelo de las escuelas españolas. 

Después de cuatro años de tramitación, aún quedaba sin resolver el tema de la elección de un director que reuniera las condiciones técnicas necesarias para el puesto. Un informe de 26 de Mayo de 1849 del Secretario de Gobierno, José Mª Peñaranda, recogido en el expediente del AHN, informa de la fortuna de haber encontrado un director y de la circunstancia de su  nombramiento:

              "... Hoy empero, que una feliz casualidad nos depara dentro de la misma capital el aventajado profesor D.Enrique Nieto recién llegado de la Península destinado por S.M. a venta de Correos, y joven de sobresaliente talento en la pintura según se ha podido juzgar en vista de los preciosos cuadros, obra suya, que ha mostrado a alguno de los Sres. Vocales de la Junta, que posee por principios conocimientos de la facultad, y siendo así que se presta a desempeñar el profesorado de la Escuela para cuyo cargo reúne también todas las demás circunstancias que se requieren, ... en sesión de este día ha nombrado profesor de la Escuela de Dibujo y Pintura al referido D.Enrique Nieto, cuyo sueldo de 1.200 pesos designado en las bases .../... no empezará a percibir hasta la instalación de la Escuela..."

El 7 de julio de 1849 la Junta creó un comité de planificación integrado por el propio Nieto, Ventura del Arco, Luis Pérez Dominé, Nicolás Enrile y José Bosch como secretario. Este Comité elabora el Reglamento que fue aprobado el 12 de noviembre del mismo año, que establecía entre otras normas que el sistema de formación a seguir sería el de la Academia de San Fernando, la gratuidad de la enseñanza, y que las clases se desarrollarían en horario vespertino. Todavía transcurrirá cerca de un año para la efectiva apertura de la Escuela, que se produjo el 1° de Abril del 1850 con setenta alumnos, que era el número de plazas disponibles.


LOS TRES PRIMEROS DIRECTORES

La Escuela fue dirigida en sus primeros años por tres funcionarios españoles que, aunque no eran del todo ajenos a la actividad artística, se encontraban en las islas cumpliendo otras funciones como empleados del gobierno.

Enrique Nieto (1850-1852) 

El primer director nombrado para la Escuela fue, como se ha señalado, Enrique Nieto Zamora (1828? - Madrid, 1874), que se encontraba en las islas como oficial auxiliar de la administración de Correos en Manila. Fue elegido para el puesto por su condición de artista formado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, ya que la principal función del director era la de ser profesor, el único de la escuela. Además de "los preciosos cuadros, obra suya, que ha mostrado a alguno de los Sres. Vocales de la Junta" de los que habla el informe comentado de Peñaranda, su curriculum contaba con la participación en diversas exposiciones como la de Bellas Artes de 1844 en la que Nieto había presentado un grupo de obras: El Ángel de la Guarda (copia de Camarón), La casta Susana (copia de Velázquez), una Virgen con el Niño, y Dos paisitos chicos (E. Navarrete, La Academia de Bellas Artes de San Fernando y la pintura en la primera mitad del siglo).

La importante afluencia de alumnos en su primera convocatoria aconsejó crear una plaza de Ayudante, dotándola con 400 pesos anuales de sueldo, para poder "atender a la corrección de los 70 alumnos que en su mayoría se hallaban copiando extremos en las clases elementales". El nombramiento recayó en Manuel Cortina, funcionario de Hacienda, (sobrino del famoso jurisconsulto español del mismo nombre, retratado por Federico Madrazo, que fue Ministro de la Gobernación en 1840), que se encontraba en las islas como oficial archivero de la Secretaría de Gobierno. (AHN. Ultramar, 5167, Exp.3).

La relación entre director y ayudante no fue pacífica, Cortina no estaba de acuerdo con los planes y el sistema de enseñanza de Nieto y se fue creando un ambiente de confrontación entre partidarios de uno y otro, que llevó a la Junta de Comercio a plantear una competencia pública en la que cada uno debía presentar sus obras para ser juzgadas. Nieto, disgustado, dio por terminada su estancia en Filipinas y decidió volverse a España donde fue contratado como restaurador del Museo Nacional de Pinturas, cargo que ejercerá hasta 1868.
Detalle del nombramiento de Enrique Nieto Zamora para la plaza de Restaurador del Museo Nacional de Pintura en el que se hace constar su anterior condición de “Director de la Academia de Dibujo de Manila” 30. nov. 1853. (Archivo MNP  Caja 936 Legajo 35.04 Exp 18.3)

Por un apunte en La Ilustración Española y Americana sabemos que Enrique Nieto murió en 1874.
La Ilustración Española y Americana de 15 de enero de 1875,

Manuel Cortina (1853-1855)

Tras la marcha de Nieto, el ayudante Manuel Cortina y Espinosa se convertirá en el segundo director de la Escuela, puesto para el que es nombrado en julio de 1853, mientras la plaza de profesor ayudante se cubrirá con un joven alumno que no había cumplido los diecisiete años, Lorenzo Rocha de Ycaza, uno de los más aventajados, perteneciente a la primera promoción de la Academia, que tendrá un importante papel en su historia. Rocha ejercerá este puesto de ayudante, sin remuneración, durante dos años.

El nuevo director Cortina conocía, debido a su etapa anterior como profesor ayudante, las carencias de la Academia de Dibujo y entre ellas la total ausencia de modelos para el aprendizaje de los alumnos, que debían ya iniciar las clases de colorido, lo que constituía una necesidad de primer orden para seguir progresando. Por ello el 25 de junio de 1855 solicita del Gobierno de las Islas en nombre de la Junta de Comercio, que se le autorice a realizar las gestiones para poder obtener copias de obras maestras del Real Museo de Pintura y Escultura de Madrid. Tras la obtención de un permiso de 18 meses en los que cobrará la mitad de sueldo Cortina se desplaza a Madrid para ocuparse personalmente de la adquisición de las obras.

Las gestiones realizadas dieron sus frutos (Ver en este blog La Elección de modelos para la Academia de Manila), pero Cortina ya no volvió a las islas sino que se reincorporó a su carrera administrativa como funcionario de Hacienda. Conocemos que en 1858 fue nombrado para la tesorería de Hacienda de Zaragoza, puesto remunerado con 20.000 reales. (La Época 30/6/1858, p.3).

Nicolás Valdés (1855-1857)

En ausencia de Cortina había sido nombrado con carácter interino Nicolás Valdés y Fernández, (1819-1872), teniente coronel del cuerpo de Ingenieros, de 36 años. Su nombramiento deviene definitivo al no producirse la reincorporación de su antecesor, con lo que Valdés se convierte en el tercer director de la Escuela.

Originario de la localidad toledana de La Torre de Esteban Hambrán, Nicolás Valdés ejercía la función de arquitecto del Ayuntamiento de Manila dirigiendo las obras de su catedral y otras obras públicas de la Isla. Sus habilidades como dibujante podemos constatarlas en las publicaciones que realizó, principalmente en su Manual del Ingeniero y Arquitecto que incorpora un catálogo de 133 láminas realizadas por él.
Nicolás Valdés. Lámina 58 del Manual del Ingeniero y Arquitecto. 1870

Durante el mandato de Valdés, la Junta de Comercio ofreció un premio de 300 pesos que se dividiría equitativamente entre las dos mejores pinturas de un español y un estudiante nativo. Lorenzo Rocha obtuvo el primer puesto entre los criollos por la realización de un Retrato de la reina regente Mª Cristina,  y el premio de los naturales del país le correspondió a Lorenzo Guerrero (1835-1904) por un Retrato de Magallanes. Según Luciano P. R. Santiago (Philippine Academic Art: The second phase - 1845-98) estos dos lienzos se exhibieron permanentemente en el salón de sesiones de la Junta de Comercio.

Sin embargo, al igual que ocurría con la mayoría de funcionarios españoles en Filipinas, la estancia de Valdés tenía fecha de finalización, por lo que en 1857 cuando apenas llevaba dos cursos ocupando la dirección de la Academia, tuvo que marcharse. En recompensa por el conjunto de su actividad en las islas Filipinas le fue concedida la Cruz de Carlos III.

La sucesión de estos tres primeros directores pone en evidencia para la Junta de Comercio la necesidad de dotar el puesto de una mayor estabilidad, lo que debería permitir desarrollar proyectos formativos a más largo plazo. Ello, unido a la necesidad de especialización que se hace más necesaria a medida que avanzan los cursos, motiva que la Junta pida autorización para buscar un director en España, incluyendo la condición de que haya realizado sus estudios en la Academia de Bellas Artes madrileña.

LA DIRECCIÓN INTERINA DE 1857 
Lorenzo Rocha de Ycaza

El Decreto de 1º de mayo de 1857, que disponía la contratación en la península de un director con un sueldo anual de 1.200 pesos, con derecho a pasaje y vivienda, también establecía que hasta su formalización se convocara un concurso para cubrir de forma interina el puesto de director, al que se presentan doce candidatos. En el proceso resultó elegido Lorenzo Rocha de Ycaza (1837-1898), el joven pintor criollo de Binondo, probablemente el alumno más aventajado de la Escuela que además había ejercido la función de asistente durante dos años. Su nombramiento, con carácter interino, le daba derecho al goce de sueldo total que tenía asignada la plaza, hasta la llegada de su definitivo titular.

Para el puesto de asistente que queda vacante con el ascenso de Rocha será nombrado el también alumno Lorenzo Guerrero (1835-1904) -recordemos que era quien había obtenido el premio de naturales por su retrato de Magallanes- que se ofreció voluntario, sin cobrar salario, para ocuparse de los alumnos nativos. Guerrero será un personaje fundamental para la historia de la enseñanza de la pintura en Filipinas y tendrá una presencia ininterrumpida en la academia a lo largo de toda su vida.

Con la situación provisionalmente resuelta se inicia la búsqueda para encontrar un director "profesional". Las gestiones realizadas dieron su fruto en la persona del pintor murciano Agustín Sáez Glanadell con quien se establece contacto en España y culminará con su incorporación al puesto en 1858.

El Tribunal de Comercio, consciente de la temporalidad que regía habitualmente las relaciones profesionales con los españoles que se desplazan a Filipinas, decide al mismo tiempo tomar medidas para la formación académica de candidatos filipinos que en su momento puedan ejercer la dirección y el profesorado de la Academia de Manila. Por ello propone dotar de una pensión a Lorenzo Rocha, quien había ejercido la dirección algo más de un año, a fin de que pueda realizar estudios superiores en Madrid por cuatro años. La pensión además conllevaba la obligación de enviar copias de pinturas clásicas a la Academia de Manila. Con el soporte económico de la pensión concedida, la primera que se concede a un pintor filipino, Rocha se embarca hacia EspañaDe él y su relación con la Escuela volveremos a hablar a su regreso.


PRIMER DIRECTOR PROFESIONAL (1858-1866) 
Agustín Sáez Glanadell 
(Lorca - Murcia, h.1828 - Manila, 1891)- Director y Profesor  

En 1857 la Junta de Comercio de Filipinas por medio de su representante en la península, el comerciante de Cádiz Manuel Fernández de Castro se pone en contacto con Sáez y le ofrece el puesto de director de la Escuela de Pintura filipina, con unos haberes de 6.000 reales (2.500 de sueldo y 3.500 de sobresueldo) que conllevaba el ejercicio de la dirección y la enseñanza. Sáez acepta y parte de inmediato con su familia para las islas, tomando posesión del puesto el 27 de enero de 1858, aunque no tendrá un nombramiento definitivo hasta 1860 después de solicitarlo formalmente. La Orden de 20 de octubre de ese año recoge su nombramiento que será posteriormente confirmado en 1862 tras acreditar su voluntad de continuar en el puesto y solicitar y obtener el reconocimiento de los beneficios que otorga el carácter de "funcionario público".

Una de las principales razones por las que fue elegido el lorquino Agustín Sáez Glanadell, fue haber realizado doce años de estudios artísticos en la Academia de Bellas Artes de San Fernando donde estuvo matriculado desde 1845 hasta 1857, siendo alumno entre otros de José de Madrazo Juan Antonio Ribera. En su expediente, que se conserva en el Archivo Histórico Nacional (Ultramar, 603. Exp.6), se recuerdan algunos de sus trabajos como Eliézer y Rebeca y su presencia en exposiciones con sendas obras de misericordia: Dar de beber al sediento y Enseñar al que no sabe, que fueron elogiadas por la prensa de la época. A pesar de tales referencias solamente conocemos una de sus realizaciones de ese tiempo que es el Retrato del Rey godo Tulga que le encarga su maestro José de Madrazo para formar parte de la Serie Cronológica de los Reyes de España que patrocina el Museo Nacional de Pintura. El archivo del Museo conserva el documento de pago por 2.000 reales de vellón, de fecha 1º de diciembre de 1853. (Caja: 1248 / Legajo: 37.3.66 / Nº Exp.: 2).
Agustín Sáez. El rey Tulga. 1853. MNP 
En depósito en la Diputación Provincial de Lugo

También se apunta como mérito de Sáez el hecho de haber competido en 1855 en el concurso-oposición celebrado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando para el otorgamiento de pensión en el extranjero que finalmente fue asignada de modo extraordinario a dos pintores, Gisbert y Casado del Alisal.  En ese mismo tiempo es incluido por la Academia en el grupo de pintores que iba a llevar a cabo el encargo del Tribunal de Comercio de Filipinas antes mencionado de realizar una serie de copias de obras maestras para servir de modelo a los alumnos de la escuela de Manila; la obra que le fue asignada fue El sueño de Jacob de Ribera, por cuya copia el pintor recibió 3.000 reales. En los registros de copistas del Museo Nacional consta la asistencia asidua de Sáez para su realización.

Por decreto de 23 de Septiembre de 1863 se suprime la Junta de Comercio que hasta entonces se había ocupado de la Escuela y se encomienda la inspección facultativa de la misma a la Real Sociedad Económica de Amigos del País y la administrativa y disciplinaria al Gobernador Civil de las Islas que en ese momento era Rafael Echagüe y Bermingham.

ESTABLECIMIENTO DE UNA DIRECCIÓN EXTERNA (1867-1889)
El retorno de Rocha.

Habíamos dejado a Lorenzo Rocha en España disfrutando de su pensión, con la que se había inaugurado una práctica que pocos años más tarde se establecerá con carácter periódico. Instalado en Madrid continúa sus estudios en la Escuela Especial de Pintura y alcanza el honor de ser nombrado pintor honorario de Cámara de la Corona española. En 1862, finalizado el tiempo para el que se le había concedido la pensión, Rocha solicita su reincorporación a la plaza de director de la Escuela de Manila, pero su petición no puede atenderse porque precisamente ese año había sido confirmado Agustín Sáez en el puesto.

Rocha solicita la prórroga de la pensión que venía disfrutando “… con objeto de terminar un cuadro de composición que tiene ya emprendido…”. y consigue la ampliación solicitada, primero por dos años y después por otros dos.(AHN: Ultramar, 603, Exp.6). Como resultado del trabajo realizado en esta segunda época, presenta en la Exposición Nacional de 1866 (inaugurada el día 25 de enero de 1867) su obra El Sueño de Don Ramiro tal como se recoge en el Catálogo de la misma, que fue premiada con una Mención honorífica, y seleccionada para su adquisición por el Gobierno que la destinará al recién creado Ministerio de Ultramar (1863), en donde quedó depositada.

Después de recibir este galardón Lorenzo Rocha considera finalizado su trabajo de pensionado y decide volver a Filipinas. Como hemos comentado de vuelta en Manila, donde es recibido calurosamente, solicita su reincorporación a la Academia de Dibujo y Pintura.

Agustín Sáez había ejercido la dirección y la enseñanza en la Escuela a plena satisfacción hasta ese momento pero la vuelta de Lorenzo Rocha provocó un cambio sustancial en la institución. De acuerdo con la información obtenida tanto de los documentos del AHN, como de la Memoria de la Exposición General de las Islas Filipinas (BNE HA/17688) y las diferentes Guías oficiales que se publicaban anualmente, sabemos que el 6 de diciembre de 1866 se publica una Real Orden que establece diversos cambios como la nueva denominación como Escuela de Dibujo y Pintura y la separación de las actividades de Director y Profesor declarando honorífico y gratuito el cargo y disponiendo que su desempeño recaiga en el Inspector General de Obras Públicas en las Islas, que era el encargado de la administración de los fondos de la Escuela. La Orden crea además una segunda plaza de profesor con idéntico sueldo cuyo nombramiento recae en Lorenzo Rocha como recompensa al resultado de sus logros artísticos en la Península y a su interinidad como director de la Escuela. La razón que se aduce para ambas decisiones es "atender más ventajosamente a la instrucción de los alumnos". 

Ello va a suponer que a partir de ese momento Agustín Sáez ejercerá exclusivamente el puesto de profesor, aunque con el mismo sueldo. En ningún documento hemos encontrado otra justificación para proceder a dicho cambio que Sáez no aceptó de buen grado a juzgar por la reclamación que planteó en 1870 para intentar recuperar su puesto de director sin conseguirlo. En realidad Agustín Sáez  había ido ampliando contra todo pronóstico su estancia en las islas mucho más de lo que se esperaba de los peninsulares que solían retornar una vez cumplido el tiempo para el que fueron asignados. Al menos esa era la idea de la Sociedad Económica que lo nombró y la razón del envío de Rocha a la península para que pudiera prepararse para ejercer ese puesto de dirección a su vuelta.

Como consecuencia de estas nuevas previsiones a partir del 5 de octubre de 1867 los dos pintores serán profesores titulares al mismo nivel, existiendo en la práctica una doble dirección de la Escuela repartiendo entre ellos las distintas enseñanzas; Sáez se ocupará de la superior de pintura y la elemental de paisaje, ornamentación, lineal y topográfico y Rocha de las clases superiores de dibujo natural y yeso y de las elementales del dibujo de figura.  Además de la actividad docente de los dos profesores en la Escuela ambos realizaban otra actividad profesional complementaria, Sáez daba clase de dibujo en el Ateneo de Manila y Rocha en la Escuela Normal de la misma capital. Hasta 1877 Sáez figura como Consejero en Arte en la Sociedad Económica de Amigos del País y a partir de 1882 es Lorenzo Rocha quien aparece en ese puesto en los registros de la Sociedad.

La relación entre ambos fue en todo momento amigable; la Academia era conocida en ese tiempo como la Escuela de Sáez y Rocha por la similitud de sus funciones y el reparto de tareas entre ambos. Esta situación se mantendrá hasta la unificación de la Escuela con la de Artes y Oficios en 1889 y el posterior fallecimiento de Agustín Sáez en 1891.

En este periodo de tiempo la dirección de la escuela recaerá en dos inspectores generales de Obras Públicas: Manuel Ramírez y Bazán de 1867 a 1884 (AHN. Ultramar,477, Exp.16), y, a partir de ese año hasta 1889, José Borregón y López (AHN. Ultramar,477,Exp.17), ambos funcionarios del cuerpo de ingenieros de caminos, canales y puertos.

La enseñanza en la Escuela

En la Escuela predominaba la enseñanza de una pintura costumbrista local reflejando tipos y escenas populares. Ambos profesores seguían los procedimientos aprendidos en la escuela madrileña, aunque no fuera igual la interpretación que hacían de las técnicas estudiadas. Contaban con el aliciente de los premios y exposiciones anuales y las becas de estudio que se convocaban periódicamente para realizar estudios en la península. La posibilidad de conquistar algún premio en las exposiciones nacionales y superar de ese modo a sus maestros era el sueño de todos los que pasaban por la Escuela. El testimonio del pintor Félix Resurrección Hidalgo, pensionado para el estudio de la pintura en la madrileña escuela de San Fernando, nos permite ver que la enseñanza en ambas instituciones difería poco.

              "Entramos con dificultad y por qué negarlo, con un poco de miedo, pero al ver aquí el trabajo de los estudiantes de la Academia, perdimos nuestro miedo .../... Nuestro profesor en la clase de pintura antigua y ropaje es el Sr. Espalter; en colorido y composición el Sr. Federico Madrazo; en anatomía pictórica, el Sr. Ignacio Llanos; y en el de pintura natural o pintura de bodegones el Sr. Carlos Ribera. Todos son muy buenos profesores, pero puedes estar muy seguro de que lo que puedes estudiar allí con D. Agustín Sáez es exactamente lo mismo que lo que se enseña aquí, ni más ni menos, con la diferencia de que allí usted pinta y dibuja mucho más cómodamente que aquí, porque allí tiene todo un salón a su disposición, mientras que aquí casi no podemos encontrar un mal rincón, a menudo envuelto en la oscuridad, y tenemos que estirar el cuello para ver al modelo..."  (De la carta de Félix Resurrección a José Rizal, de 15 de octubre de 1879.)

Los alicientes que los pintores filipinos encontraban al llegar a Madrid eran otros, como la competencia entre compañeros o la posibilidad de aprender de las grandes obras que podían ver en el Museo Nacional.
                    "… No quiero hablarte del museo porque me falta tiempo. Todo lo que puedo decirte es que contiene la colección de pinturas más valiosa de Europa, 3.000 de ellas. Uno abandona el edificio con dolor de cabeza y desesperación en el corazón, convencido de que sabe muy poco y ni siquiera es una molécula en comparación con esos gigantes ..."  (De la misma carta anterior de Félix Resurrección a José Rizal).

Sorprende que en Filipinas no se hayan conservado obras de ninguno de los dos maestros que tantos años dedicaron a la pintura y a su enseñanza. Parece que la mayoría de obras existentes debieron perecer en la Segunda Guerra Mundial cuando Intramuros fue totalmente destruido.

El Museo del Prado, sin embargo conserva dos obras de Sáez: la mencionada anteriormente de El rey Tulga y una de las dos obras que presentó en la Exposición de Filipinas celebrada en Madrid en 1887, se trata del retrato de Una española filipina vestida con el atuendo típico de las Islas que se encuentra depositada en el Museo Casa Colón de Las Palmas de Gran Canaria.
Agustín Sáez Glanadell. Una mestiza con un abanico en la mano.
MNP en dep. en el Museo "Casa Colón" de Las Palmas de Gran Canaria [P6849]

De Rocha el Museo del Prado tiene una obra depositada en el Museo de Bellas Artes de Álava titulada El sueño de Ramiro, realizada durante su estancia en España que fue presentada a la Exposición nacional de 1866 con la que obtuvo una mención honorífica. La obra adquirida por el Ministerio de Ultramar también fue presentada en la Exposición de las islas Filipinas de 1877. Su reciente atribución a Rocha se ha realizado gracias a la investigación realizada por este blog. 
Lorenzo Rocha  de Icaza . El Sueño de Ramiro. 1866 MNP en depósito en el MBA de Álava

Disponemos en España, por suerte, de otra obra de Rocha en el Museo de Bellas Artes de Córdoba, gracias a la generosidad de Ángel Avilés, director general de Administración Civil en el gobierno de Filipinas en la última década del siglo. Coleccionista y pintor aficionado cuando Avilés volvió de Filipinas trajo consigo algunas obras que a su muerte legó a la ciudad de Córdoba y que hoy se encuentran en su Museo. Entre ellas destaca por su calidad la de Rocha que representa una Mujer Filipina, realizada en 1895 que nos permite hacernos una idea de la evolución del estilo de este pintor.
Lorenzo Rocha. Mujer Filipina. 1895 MBA Córdoba

La creación de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos y su unión con la Escuela de  Pintura (1889-1892)

Un nuevo cambio organizativo en la Escuela volverá a producirse con en 1889 cuando el Real Decreto de 5 de abril crea la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Manila y dispone que la de Dibujo, Pintura, Escultura y Grabado quede unida a aquella y sometida a su dirección. Esta expansión del plan de estudios, realizada con el desacuerdo de los profesionales, no se hizo efectiva hasta 1891, después de la muerte de Sáez, y supuso una ampliación considerable de su tamaño, con aumento del personal docente con cinco nuevos profesores que se incorporan en 1890.

La recién creada Escuela de Artes y Oficios, primera en las Islas Filipinas, tenía su origen en el Asilo de Santa Rita creado después de la epidemia de cólera de 1882 a fin de atender a la manutención, educación y enseñanza de niños huérfanos, en el que se pusieron en marcha talleres de escultura, cerámica, pintura y modelado, a los que posteriormente se unirán otras aulas en las que los agustinos enseñaban letras, pintura, dibujo, impresión y encuadernación.

Esta situación de unificación de ambas escuelas será poco eficiente y muy criticada por los profesionales y durará poco tiempo, pues en 1893, siendo Ángel Avilés Director General de Administración Civil en Filipinas, considera que la índole de ambos establecimientos es tan distinta que la práctica ha venido a evidenciar que no es conveniente mantener aquella unión y por ello promoverá una nueva normativa (Decreto de 11 de agosto de 1893) restableciendo la separación de ambas escuelas y nombrando un director para cada una de ellas. Para la Escuela de Pintura será nombrado Lorenzo Rocha, decano de los profesores y como director de la Escuela de Artes y Oficios lo será el profesor Francisco Pintado y Delgado. 


La Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado. El retorno a la Dirección de Lorenzo Rocha (1893-1898)

Lorenzo Rocha y de Ycaza ostentaba la dirección de la Academia cuando oficialmente pasó a llamarse Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado, en la que se incorporan nuevas especialidades como la Cátedra de Acuarela, Pastel y demás procedimientos pictóricos distintos de la pintura al óleo, y se  amplía el claustro de profesores.

Varios pintores españoles solicitan en este tiempo incorporarse como profesores tanto a la Escuela de Pintura como a las de Artes y Oficios, la de Manila y la recién creada creada de Iloilo. En la sección Ultramar del AHN encontramos la información sobre estas nuevas contrataciones. En 1982 se incorporan los hermanos Martínez Bueso, Rafael para Escultura y Ramón para Dibujo. El mismo año se nombra a Antonio García Granda como profesor interino de Grabado en dulce y a Alejandro Villegas Agustina como profesor interino de Ropajes y Antiguo, este último será sustituido al año siguiente por el que probablemente sea el pintor más interesante que se incorpora como profesor a la Escuela de Manila: Joaquín María Herrer nombrado por Real Orden de 1 de febrero de 1893, como profesor de Ropajes y Antiguo.(ULTRAMAR,603, Exp.2)
Joaquín Mª Herrer. Detalle de la famosa foto del curso 1857-1858
de alumnos de la Academia de San Fernando. Fot. Hnos Martínez. BNE

Joaquín María Herrer y Rodríguez (Madrid, 1836 - Manila, 1917) comenzó su formación en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de San Fernando de Madrid, donde fue discípulo de Federico de Madrazo y Carlos Múgica. Gracias a una pensión de la Diputación Provincial de Madrid, pudo ampliar sus estudios en París, donde fue alumno del pintor Gleyre y formó parte del grupo de artistas españoles Mariano Fortuny, Martín Rico y Eduardo Zamacois con los que le unió una estrecha amistad. Con ellos también coincidió en Roma hasta la muerte de Fortuny. En la década de 1880 volvió a España y se instaló en Ciudad Real tras obtener la cátedra de dibujo del Instituto de Segunda Enseñanza. Participó asiduamente en exposiciones nacionales y extranjeras, obteniendo tercera y segunda medallas en las Nacionales de 1867 y 1892, por los cuadros titulados El agua bendita o las comendadoras de Santiago y Flores de mayo, adquiridas por el Estado y destinadas al Museo del Prado que posee en total once obras de este pintor*.

Herrer jugó un importante papel como profesor en la Escuela de Pintura y Escultura en Manila donde fue muy apreciado e influyó profundamente en los jóvenes artistas de Filipinas de donde ya no volvió. Murió en 1917 y fue enterrado en el cementerio de la Loma (Manila).

*La mayoría de sus obras se encuentran depositadas en diferentes instituciones nacionales. Algunas de ellas pueden verse en Museos como el de Logroño (El agua bendita) o el de Pontevedra (Confidencias), pero otras son inaccesibles bien por encontrarse en el almacén o bien depositadas en instituciones que no pueden ser visitadas como el Palacio Episcopal de Palencia (Preparativos para las Flores de Mayo), la Fiscalía General del Estado (Jaque Mate y El pasatiempo), la Subdelegación del Gobierno en Albacete, (Carlos V recibe en Yuste la visita de San Francisco de Borja) o la Diputación Provincial de Zamora (En el estudio). 

Este periodo final del siglo bajo la dirección de Rocha que dura desde 1893 hasta su muerte en 1898 va a suponer el canto del cisne de la Escuela. A partir de entonces y con la entrada del nuevo siglo, la Escuela fue decayendo lentamente hasta su conversión en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Filipinas, que fue inaugurada en 1909 siendo su primer director  Rafael Villanueva Enriquez (1850-1937).


El eterno Profesor ayudante, Lorenzo Guerrero y Leogardo (1835 - 1904)
Fotografía de de Lorenzo Guerrero

No sería justo cerrar este periodo de medio siglo de historia de la enseñanza de la pintura en Filipinas sin hablar de Lorenzo Guerrero y Leogardo por ser un personaje que  jugó un papel fundamental desde el nacimiento hasta el cierre de la Escuela.

Nacido en  1835 en Ermita, fue el segundo de catorce hijos de León Guerrero Clara Leogardo. Su padre estaba al servicio del gobierno español como almacenero de la administración de rentas estancadas, en el distrito de Pásig desde 1858, pero dejó el servicio tras la caída de la monarquía en 1868.

Lorenzo Guerrero, estuvo ligado desde su inicio a la Escuela de Pintura y Dibujo de la que fue nombrado asistente cuando obtuvo la dirección interina Lorenzo Rocha, puesto que conservó toda su vida. Guerrero había estudiado Latínidad en el Colegio de San José, más tarde estudió en la Escuela de Dibujo y Pintura en la época de sus primeros directores españoles: Nieto, Cortina y Valdés. A los 16 años ya daba clases de dibujo. En 1856 fue nombrado asistente interino y dos años después, siendo ya director Agustín Sáez, obtuvo la plaza con carácter definitivo.

"Don Lorenzo", como se le llamaba cariñosamente, daba también clases de dibujo en la escuela para niñas de Santa Isabel y clases particulares a muchas alumnas a las que no se permitía asistir a la escuela oficial y a algunos alumnos notables como Juan Luna o Fabián de la Rosa quien le recuerda como "el pintor filipino más instruido, que cultivaba poesía y literatura al mismo tiempo y no era indiferente a la música. Este artista poseía, en el más alto grado... el arte de la instrucción artística." y comenta que fue uno de los primeros artistas en aplicar el arte a la decoración de interiores. José Rizal también habla de él de forma elogiosa y lo describe como un "maestro que prácticamente se había enseñado a sí mismo".

Su alumno más famoso, el pintor Juan Luna, acudió a él tras su desacuerdo con Agustín Sáez a quien no gustaba su estilo libre y audaz que no se ceñía a las normas académicas, pero Guerrero vio fuerza y seguridad en su intuición y un genio artístico que solo necesitaba encauzarse. Tras un periodo de aprendizaje aconsejó a los padres de Luna que le enviaran a estudiar a España a donde llega en 1877, lo que fue el inicio de la carrera más importante de la historia del Arte Filipino.

Guerrero se casó alrededor de 1868 con una de sus alumnas, Clemencia Ramírez, que cultivaba las Bellas Artes, cantaba, pintaba y bordaba. Del matrimonio, nacieron nueve hijos aunque solo tres alcanzaron la madurez. En 1880, recibió la medalla del mérito civil del gobierno colonial por sus servicios y logros en el campo del arte de manos del gobernador general, Fernando Primo de Rivera, marqués de Estella,  que se la le impuso sobre el tagalog de barong que vestía para la ocasión.

De su obra como pintor cabe destacar la decoración del altar de la iglesia de San Sebastián en Quiapo (Manila), también se conservan algunos de sus paisajes o su colaboración con 35 láminas para la Flora de las Filipinas del padre Manuel Blanco en la que participaron un gran número de artistas filipinos de primera línea.
Lorenzo Guerrero. En el meandro del río. (Comercio) 
Lorenzo Guerrero. Ejemplar de la Flora Filipina

Murió repentinamente de asma el 8 de abril de 1904 a los 69 años y fue despedido por un gran número de personas que acudieron a su entierro. Sus restos se conservan bajo el coro de la iglesia de Nuestra Señora de la Guía en Ermita.

Lorenzo Guerrero formaba parte de una cultivada saga familiar, su hermano León, primer licenciado en farmacia en las Islas fue un reconocido naturalista considerado padre de la farmacia y botánica filipinas, entre su amplia descendencia destaca Fernando Mª Guerrero, principal poeta filipino en español, Alfredo Guerrero, su sobrino, físico y pintor, la escritora Carmen Guerrero Nakpil, entre otros. Uno de sus descendientes León María Guerrero (Ermita, Manila, 1915-1982), diplomático, historiador hispanófilo y novelista, traductor al inglés de Rizal y uno de los primeros nacionalistas de su época, fue embajador de Filipinas en España en  la década de los 60.
León Maria Guerrero. 
Embajador de Filipinas en España (1962)

martes, 9 de abril de 2019

UNA PINTORA MÁS EN EL MUSEO DEL PRADO

Gracias a una económica adquisición (1.200€) el Museo Nacional del Prado ha incorporado un nuevo nombre -Mariana de la Cueva- a su elenco de pintoras, hecho que por sí mismo constituye una buena noticia ya que su presencia permite ir colmatando las lagunas que ha ido dejando la Historia del Arte, y en concreto la de la Pintura, en relación con la presencia/ausencia de mujeres en su recorrido.

LA OBRA
San Francisco arrodillado en meditación
Óleo sobre lienzo, 137 x 101 cm.
Hacia 1664
Mariana de la Cueva. S. Francisco en meditación, h.1646 MNP

El santo, Francisco de Asís (1182-1226), canonizado en 1228, se convirtió en modelo de la contrarreforma por sus principios de penitencia y arrepentimiento. Según Pacheco, el Greco fue "el mejor pintor deste Santo que se hubiera conocido en este tiempo... porque se conformó mejor con lo que dice la historia [...] lo vistió, ásperamente, de xerga basta como recoleto...” (Arte de la pintura - 1649). San Francisco es probablemente el personaje que con mayor frecuencia salió de las manos y el taller de El Greco gracias a los modelletos que el pintor conservaba y que le permitían crear réplicas ajustadas al modelo, tal como el propio Francisco Pacheco cuenta que vio al visitar su estudio en 1611.

Mariana de la Cueva sigue el conocido modelo de San Francisco en meditación de El Greco, en su obra vemos al santo de cuerpo entero que se encuentra arrodillado ante una imagen escultórica de Cristo crucificado que se apoya en una calavera en posición horizontal, sobre una piedra que cumple la función de pequeño altar en la que también vemos un libro de oraciones de gruesas tapas con dos cierres, uno de ellos abierto.

La luz ilumina el rostro y las manos del santo cruzadas en el pecho, manteniendo los dedos en una posición que nos resulta bien conocida del pintor de Creta.  En la esquina inferior derecha aparece el papel con la firma  que, por mantener la fidelidad al modelo, reproduce en primer lugar el nombre del pintor griego e inmediatamente debajo el de la autora.
A pesar de que la imagen no permite distinguir de un modo nítido toda la inscripción, es posible leer en la parte superior del papel al menos el nombre "Dominicos", que indudablemente corresponde al del pintor griego. En la parte inferior se puede ver la firma de la pintora y la fecha de realización:

D. m ana de la cueba / y barradas fac / año de 16[6]4
Sobre la primera "m" aparece un signo de abreviatura por lo que ha de entenderse como "maría".

A pesar de que se conocen múltiples versiones salidas del taller del Greco, la obra de Mariana de la Cueva se distingue de todas las conocidas por la diferente terminación elegida en la parte superior del cuadro- Ella dispone la entrada de luz en un apertura situada en el ángulo superior izquierdo pero en todas las obras del Greco y sus versiones aparece en el ángulo superior derecho, mientras en el izquierdo figura un ramillete de hojas de hiedra de mayor o menor volumen, motivo vegetal  que es otro elemento diferenciador ya que no es reproducido en la versión de la pintora. .
 San Francisco en meditación - Mariana de la Cueva
1                                                                                 2
  3                                                                                  4    
1. El Greco. MBA Bilbao. 2. Meadows Museum, Dallas. 
3. Museo diocesano de Vitoria. 4. Fine Arts Museum, San Francisco.

En las cuatro versiones seleccionadas, consideradas de la mano del pintor cretense, podemos ver las características comentadas respecto a los detalles vegetal y de luz de los extremos superiores del cuadro. Tampoco es visible en la versión de la pintora, o al menos no lo es de forma notoria, la marca de papel que sobresale del libro de oraciones en las versiones grequianas.

  San Francisco                                    Bilbao                                        M. de la Cueva

En todo caso  a pesar de que no se puede poner en duda la identidad del modelo, lo cierto es que la pintora no parece querer hacer una copia exacta del mismo sino más bien una interpretación personal que, sin salirse del modelo, nos permite ver un tratamiento diverso que afecta no solo a los detalles comentados sino a la propia imagen del santo cuya figura apenas inclina el cuerpo hacia adelante y su rostro en lugar de seguir el prototipo, se distancia de los rasgos grequianos.


MARIANA DE LA CUEVA Y BARRADAS
Guadix - Granada. Activa entre 1636 y 1664

Tanto la entidad vendedora (Albalarte) como el propio Museo del Prado aluden a Palomino ("El museo pictórico y escala óptica" 1715) como referencia para identificar a la pintora.


Mención de Palomino

A pesar de que ella firma la obra como "Mariana de la Cueva y Barradas", Palomino la nombra con los dos apellidos del padre y el de la madre: "de la Cueva Benavides y Barradas" lo que coincide con los documentos genealógicos que hemos consultado. 

En la búsqueda de este personaje hemos encontrado documentos en los que figura el nombre de la pintora, tanto en el Archivo Histórico Nacional (AHN: OM. Casamientos. Calatrava, Exp. 205. Mariana de la Cueva Barradas. Pruebas para contraer matrimonio con Pedro Ostos de Zayas), como en el archivo de la Academia de la Historia (RAH: Tabla genealógica de la familia de la Cueva), lo que nos permite situarla en un tiempo, un lugar y una saga familiar concreta.

Mariana, es hija de D. Pedro de la Cueva Benavides caballero de la orden de Calatrava y Juana María Barradas, ambos de Guadix. A juzgar por los datos de la tabla genealógica de la RAH tiene solamente una hermana de nombre Catalina. 
Tabla genealógica de la familia de la Cueva, señores de Jarafe. (S.a.) RAH

De las dos hermanas, una, Catalina, [Dª Catª Monja en Sº de Guadix] se dedica a la vida religiosa ingresando en un convento de de Guadix, probablemente las comendadoras de Santiago, mientras que Maríana  [Dª Mariana de la Cueva casó en Granada con D.Pº Ostos de Zayas, cavº de la Cª - sin sucesión] contraerá matrimonio en Granada -para lo que realizará las pruebas correspondientes en 1636- con Diego Ostos de Zayas, del hábito de Calatrava, tal como figura en el documento consultado. El nombre del marido no coincide totalmente con el que Palomino menciona, "Francisco de Zayas" ni consta en los documentos consultados que Mariana tuviera tres hermanos "Cavalleros de Abito" de la orden de Calatrava, como afirma el tratadista.

Habrá que esperar a que el Museo del Prado culmine la tarea comenzada con la adquisición de esta obra y lleve a cabo su restauración y el correspondiente estudio técnico, así como las investigaciones que nos lleven a saber algo más de esta singular pintora. 

martes, 12 de marzo de 2019

LA ELECCIÓN DE MODELOS DE LA ACADEMIA DE PINTURA DE MANILA

Corre el año 1855, la Academia de Dibujo y Pintura de Manila, refundada solo cinco años antes, está dirigida por Manuel de la Cortina Espinosa, su segundo director, sobrino de un destacado jurista español del mismo nombre (retratado por Federico Madrazo), que había llegado a Filipinas como funcionario de la Secretaría de Gobierno (AHN. Ultramar, 2344, N.63).

Manuel de la Cortina, que había sido nombrado director interino de la Academia en 1853 tras una etapa de asistente al primer director, conocía sus carencias y entre ellas la total ausencia de modelos para el aprendizaje de los alumnos que debían iniciar las clases de colorido, lo que constituía una necesidad de primer orden para seguir progresando.
Detalle de Joven con una rosa en la mano de Guido Reni. MNP. 
Una de las obras elegidas por la Academia como modelo de Color

La Junta de Comercio, financiadora y responsable del funcionamiento de la Academia, decide retomar una iniciativa que ya había intentado sin éxito unos años antes otro miembro de la misma, Mariano Roxas quien en 1848, dos años antes de la puesta en marcha de la Academia, estando en Madrid, se dirige  a través de una carta a la Dirección General de Ultramar para que se autorice a la Junta  a invertir "la suma de 30.000 duros" en la adquisición de obras al objeto de formar un museo al servicio de la enseñanza de la pintura en Manila. Desde el Ministerio se deriva la petición al Gobernador General de las Islas, Narciso Clavería, quien a su vez comunica a la Junta de Comercio "que aun no era el tiempo a propósito para la creación del Museo" y pospone su realización para "cuando los adelantos de la Escuela de Pintura lo exijan". (AHN, Ultramar, 432, Exp.19).

Llegado ese momento, cuando los alumnos de la Academia, tras dos cursos de funcionamiento, ya han recorrido los niveles elementales de aprendizaje y deben llegar a las clases de "color", se hace evidente la necesidad de disponer de modelos para su práctica y perfeccionamiento, la Junta inicia de nuevo los tramites para adquirir las obras-modelo. La maquinaria burocrática, especialmente lenta en el caso de Filipinas por los dilatados tiempos que requieren las comunicaciones entre la islas y la metrópoli, se pone en funcionamiento.

Tras un primer intento en que se solicita de la Reina la donación de algunos lienzos originales de los que se encuentran en el palacio real de Madrid, la administración de patrimonio sugiere la idea de realizar copias de obras maestras del Real Museo de Pinturas para dicho propósito, añadiendo que la propia Junta de Comercio debía sufragar el gasto. Esta inicia el procedimiento para la adquisición de obras contando ahora con el impulso del director de la Academia.

A través de los cauces administrativos obligados, en julio de 1855 la Junta se dirige al gobernador de las Islas, Manuel Crespo, si bien, será Ramón Montero, su segundo cabo, y después, también gobernador, quien se encargara del asunto.
 Los tres gobernadores que participan en el proceso de adquisición de modelos
De izq. a dcha.: Narciso Clavería (Anónimo-MNP), Manuel Crespo (Anónimo) y Ramón Montero (A. Malantic-MNP)

Desde el gobierno filipino se dirigen a continuación al Ministro de Estado encargado de Ultramar. (AHN/16/Ultramar 435, Exp.29)

             Del Exmo. Sr. Gral. D. Ramón Montero, 2º Cabo, al Exmo. Sr. Ministro de Estado encargado de la Dirección Gral. de Ultramar.  Manila 4 de agosto de 1855

             "La Junta de Comercio de esta capital me ofició en 14 de Julio último, manifestándome los grandes adelantos que se notaban en los alumnos de la Academia de dibujo y pintura establecida en esta Capital y que el Director de la misma había expuesto ser indispensable el que a falta de otra cosa se formase una colección de buenas copias de algunas de las obras maestras que contiene ese Real Museo para que en ellas pudiesen estudiar los discípulos que habían llegado al colorido y que se encontraban, por falta de originales, imposibilitados de continuar, ni de hacer estudios de ninguna especie con que poder llegar al adelantamiento que se requiere. …"

La Junta de Comercio asigna 1.000 pesos (20.000 reales) para sufragar la realización de las copias. El Ministerio, aprueba el gasto pero recomienda que se asigne la misma cantidad durante algunos años, para poder adquirir un número suficiente de modelos. 

              Del Dr. General de Ultramar al Gobernador C. G. de Filipinas. Madrid 7 de Noviembre de 1855
            "Enterada la Reyna (q.D.g.) de la carta de V. E. de 4 de agosto del corriente año manifestando que la Academia de dibujo y pintura de esa capital carece de modelos para los alumnos, S.M. se ha dignado autorizar a la Junta de Comercio para que invierta de sus fondos la cantidad de mil pesos en adquirir copias de algunos cuadros del Real Museo de esta Corte con el indicado objeto".  Termina indicando el escrito "que la mencionada Junta destine una cantidad anual al expresado objeto para que en el transcurso de algunos años pueda formar una mediana colección..." y que la cantidad aprobada y las que en lo sucesivo se designen, "se pongan a disposición de la Real Academia de San Fernando." 

Aceptada la propuesta, la Dirección General de Ultramar continúa su tramitación enviándola para su ejecución a la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

La Academia, presidida en ese momento por Ángel Saavedra, Duque de Rivas (1761-1865), recibe el encargo y se muestra dispuesta a llevarlo a cabo. Su secretario, Eugenio de la Cámara (1815-1883) es quien se ocupa de comunicar los detalles para la realización del encargo.
Izq. Retrato del Duque de Rivas por Gabriel Maureta h.1881, según Lit. de F. Madrazo MNP
Der,: Retrato de D. Eugenio A. de la Cámara, por F. Mendoza. 1866, RABASF

             Del Secretario Gral. de la Academia de Nobles Artes de San Fernando, D. Eugenio de la Cámara, al Ilmo. Sr. Director Gral. de Ultramar.  Madrid 11 de diciembre de 1855.

        "Enterada esta Academia de la Real Orden que se le ha dirigido al Gobernador Capitán General de Filipinas autorizando a la Junta de Comercio de aquella capital para que invierta de sus fondos la cantidad de mil pesos en adquirir copias de algunos cuadros del Museo de esta Corte para que sirvan de modelos para los alumnos de la Academia; .../... la Academia ha designado los catorce cuadros que aparecen en la adjunta relación en la que se manifiesta también la cantidad que ha de abonarse por cada cuadro y el sujeto que ha de copiarle...."

LA RELACIÓN DE OBRAS Y PINTORES

La Academia elabora la relación de las catorce pinturas a copiar en el Real Museo de Pintura y Escultura, incluyendo los catorce pintores designados para su realización y el coste asignado a cada uno de ellos. La selección de los lienzos así como de los copistas estudiantes "que habían dado pruebas de su talento e industria" se realizó en colaboración con el director de la Escuela de Manila, Manuel Cortina, quien se había trasladado a Madrid para impulsar esta tarea para lo cual había obtenido un permiso de dieciocho meses renunciando a la mitad de su sueldo.

(AHN/16/Ultramar 435, Exp.29)

1. MURILLO. La Concepción grande con un grupo de ángeles a los pies. 
Copista: Antonio Torres (Alumno, 1850-1854) - Precio: 3.500 reales.
Poco se conoce de este pintor a pesar de estar entre los mejor considerados por la Academia a juzgar por el ofrecimiento que se le hace de copiar uno de los dos cuadros más valorados del lote. Sabemos de él únicamente que fue alumno de la Academia de San Fernando entre 1850 y 1853 donde figura en las clases de Colorido y Composición de José Madrazo, compañero de pintores que luego alcanzaron justa fama como Gisbert, Casado o Alejo Vera y varios de los copistas elegidos para esta tarea. 

2. MURILLO. La Sacra Familia, conocido por el cuadro del gilguerillo (sic)

CopistaCarlos Mª Esquivel  (1830-1867)  - Precio: 3.500 reales
El elegido para copiar esta obra, la segunda por el valor adjudicado, es ni más ni menos que el hijo de Antonio Mª Esquivel, pintor cuyo nombre nos resulta conocido en buena parte por dicho parentesco. Aprende el oficio con su padre y luego ingresa en la Academia como alumno aventajado. Probablemente en la época que se le encarga la copia ya había terminado sus estudios en la Academia donde aparece matriculado por última vez en 1850. 
Continúa su formación en París donde será alumno de León Cogniet. Tambien residirá dos años en Roma (1858-1859) junto a su amigo el pintor Rosales. Para la Serie cronológica de Reyes de España realiza tres obras: Favila. Egica y Alarico II

En 1857 fue nombrado profesor Anatomía pictórica de la Academia, puesto en el que sustituyó a su padre y que desempeñó hasta su prematura muerte en Madrid con 37 años.

3. José de RIBERA. La Escala de Jacob  

Copista: Agustín Sáez Glanadell (1828- 1891) - Precio: 3.000 reales 
La obra El Sueño, o la Escala de Jacob es asignada al pintor Agustín Sáez de Lorca (Murcia) que sigue los estudios de pintura en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid donde figura matriculado desde 1845 hasta 1857, siendo alumno de José de Madrazo y Juan Antonio Ribera. Aunque participó en diversas exposiciones nacionales, solamente conocemos una obra suya de esta época que es el Retrato del Rey godo Tulga que le encarga su maestro, director del Museo de Pinturas, para formar parte de la Serie Cronológica de los Reyes de España. En 1856 participa sin éxito en el concurso para la pensión de Roma y en 1857 se traslada a Manila para dirigir la Academia de Pintura, para cuya selección fue tenida en cuenta la copia que había realizado de esta obra. El hecho de recibir uno de los estipendios más altos por esta tarea nos indica que era tenido en buena consideración.  


4. ALONSO CANO. La virgen adorando a  su divino hijo tendido en el regazo. 
Copista: Carlos Múgica (1821-1892) - Precio: 2.000 reales
Esta copia se asigna al pintor riojano ya consagrado Carlos Múgica y Pérez que fue discípulo de Inocencio Borghini y de la Academia de San Fernando entre 1841 y 1847. Fue a estudiar a Roma a sus expensas en 1848, y a su regreso colabora con Carlos Luis Ribera, en la pintura del techo del salón de sesiones del Congreso do los Diputados. Realiza los retratos de doña Urraca de León y Castilla y de  Fernando II para la serie cronológica de los reyes de España. Realizó numerosas obras, participó en exposiciones nacionales. Fue profesor de dibujo, teniendo como alumnos a  Francés, Herrer, Buschell y Flores entre otros. De él dice Osorio y Bernard que era de trato afabilísimo y vasta ilustración, especialmente en las Bellas Artes, consecuente en sus amistades y cumplido caballero.


5. VELÁZQUEZ, Retrato de Felipe IV joven en traje de cazador 
Copista: Juan Barroeta y Anguisolea (1835 - 1906) - Precio: 1.500 reales

Hijo de pintor, el bilbaino Barroeta entró desde niño en el mundo del arte. Estudia en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y con Federico Madrazo, por quien estuvo muy protegido e influenciado. Fue amigo de Vicente Palmaroli y Casado del Alisal. Concursó en dos ocasiones para obtener pensión de estudios en Roma, al no conseguirlo se vuelve a Bilbao donde desarrolla una exitosa carrera especialmente como retratista de la burguesía vasca, como su maestro, aunque también realiza paisajes y pintura decorativa. Para la Serie cronológica de los reyes de España realizó en 1865 los retratos de Chindasvinto y Leovigildo.


6. VELÁZQUEZ Retrato de D. Fernando de Austria, joven, en traje de cazador 
Copista: Eduardo Gimeno (1838-1868) - Precio 1.500 reales 
El madrileño Eduardo Gimeno Canencia se inicia en la pintura con su padre, el pintor Vicente Gimeno, que muere dejando a su hijo de 22 años al cargo de la familia. Ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Debió ser un alumno aventajado ya que se le asigna la realización de la copia con diecisiete años. En este tiempo acudía asiduamente como "copiante" al Museo Nacional junto a su hermano Ricardo. Es pintor de historia, de cuadros religiosos y de temas literarios. Concurre habitualmente a las Exposiciones nacionales obteniendo  menciones honoríficas en varias ocasiones, la última en 1866 con la obra La noche de Reyes que fue adquirido por el Gobierno y hoy pertenece al Museo del Prado. Antes de los veinte años, hacia 1857, pinta el Retrato de Alfonso X  para la serie cronológica de los reyes de España. La muerte le sorprendió a los 30 años cuando estaba grabando al agua fuerte los frescos de Goya dela Casa del Sordo.


7. MURILLO Santiago Apóstol, media figura
Copista: Juan Antonio Vera (1825-1905) - Precio 1.000 reales
El sevillano Juan Antonio Vera y Calvo será el encargado de copiar este magnífico Apóstol Santiago de Murillo. Inició sus estudios con Joaquín Domínguez Bécquer en en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, para pasar a continuación a la de San Fernando de Madrid. Amplía su formación en París con Léon Cogniet que completará posteriormente en Roma. Participó en numerosas exposiciones en las que llegó a alcanzar una tercera medalla en la edición de 1871.  En 1864 intenta vender su obra más conocida, Mariana Pineda en capilla, al Museo Nacional pero es rechazado por no haber obtenido ninguna distinción en la exposición de 1862 en la que fue presentado. Posteriormente la obra será adquirida para el Congreso de los Diputados, donde se encuentra en la actualidad.  El Museo del Prado dispone de cinco obras de este autor, tres de las cuales fueron depositadas por él mismo.

MURILLO San Francisco de Paula. Aparece entre nubes la palabra "Charitas" 
CopistaPablo Pardo (1829 - 1890) - Precio: 800 reales
El encargado de copiar esta obra es Pablo Pardo González, natural de Budia (Guadalajara), Estudia en la Academia de San Fernando donde es alumno del pintor de cámara Vicente Lopez Portaña. En 1851 recibe una pensión de S.M. "al aplicado joven Pablo Pardo, uno de los discípulos de Sr. López que más esperanzas prometen en el bello arte de la pintura". (La Esperanza 27.6.1851, p.4). Participa en exposiciones nacionales recibiendo diversas menciones honoríficas. Profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid; el Museo del Prado conserva una obra suya, "El viático de santa Teresa", comprada por el Gobierno en 1876 por 1.500 pts. que estuvo depositada en la Escuela de Bellas Artes de San Eloy, en Salamanca, hasta 1990.
Dos obras poco conocidas suyas se encuentran en la iglesia de las Descalzas reales. Se trata de los retratos de las hermanas de Felipe II, la emperatriz María, viuda de Maximiliano de Austria, con hábito, y la fundadora, Juana de Austria vestida de negro, que fueron realizados por encargo de la abadesa con el fin de reemplazar otros dos análogos que se quemaron en el incendio que destruyó la iglesia en 1862 y se encuentran situados a derecha e izquierda del altar mayor. (El Pensamiento Español 13.7.1863 p.4)
9. MURILLO El niño Dios dormido sobre la cruz 
CopistaAlfredo Perea (1839-1895) - Precio: 600 reales
Esta obra, que en la actualidad se encuentra depositada por el Museo del Prado en  la Embajada de España en Buenos Aires, es encargada al madrileño Alfredo Perea y Fernández de  Rojas, pintor e ilustrador, hermano del dibujante Daniel Perea. 
Discípulo de la Academia de San Fernando en la década de los 50, en 1860 se presentó a la Exposición de Bellas Artes con un cuadro de asunto histórico, Felipe II implorando el auxilio de la Divina Majestad, por el que obtuvo una mención honorífica. Se traslada a París con el dinero ganado en un premio de lotería y allí continúa un año más sus estudios en la Academia Imperial.
Es más recordado en su faceta de ilustrador y grabador, realizando innumerables dibujos para revistas y publicaciones periódicas, aunque también realiza pintura de género y sobre todo sobresale en la técnica de la acuarela.


10. TIZIANO, Salomé con la cabeza del Bautista de medio cuerpo 
CopistaCarlos Larraz (1830 - 1892) -  Precio: 600 reales
Esta obra es asignada al zaragozano Carlos Larraz y Micheto que realizó los primeros estudios en la Academia de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza para pasar posteriormente a la de San Fernando de Madrid desde donde se traslada a París para ampliar estudios con el pintor de género Thomas Couture. Aunque regresa a Madrid, en 1861 volverá a Zaragoza al ser nombrado profesor de su Escuela de Bellas Artes. El Museo del Prado conserva dos obras de este autor, una Mujer manchega rezando, que obtuvo un premio de 3ª clase en la Exposición de 1856 y otra de carácter histórico titulada Prisión de Lanuza, que obtuvo una mención honorífica de 1ª clase en 1858 por lo que fue adquirida por el Gobierno por 14.000 reales .

11. MURILLO, La Concepción rodeada de querubines
CopistaJosé Tolosa i Ortells (1838? - 1879) - Precio: 600 reales
Pintor y litógrafo nacido en Ávila, estudia en la Academia de San Fernando, a principios de la década de los 50. Presentó su primer cuadro original Jesús servido por tres ángeles en la Exposición de la Academia de 1849. José Tolosa realizó algunos retratos litográficos para la obra Estado Mayor del Ejército (1850), asistió al Museo del Prado como copista  entre 1864 y 1869 y realizó diversas litografías para la obra Crónica General de España. Posteriormente se establecerá en Málaga, donde murió en 1879.

12. RIVERA, San Bartolomé Apóstol, busto con manos
Copista: Benito Mercadé  (1821-1897)   - Precio 500 reales

Originario de La Bisbal del Ampurdán (Gerona) con diecisiete años se traslada a Barcelona, iniciándose en diversos aprendizajes, como zapatero, pintor ornamentista en la Lonja y también se dedica al daguerrotipo. En 1853 asiste en Madrid a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando donde tuvo como maestro a Carlos Luis de Ribera y Fieve y donde realiza cuadros de historia.

Participa en Exposiciones nacionales recibiendo diversos reconocimientos. Consigue el gran premio en la Exposición de París de 1866 con la Traslación de San Francisco de Asís, que fue también primera medalla en la Exposición española 1867, obra adquirida a su autor de quien el Museo del Prado conserva cinco obras de carácter histórico-religioso.​ Falleció en Barcelona en 1897.​


13. RIVERA, Santo Tomás Apóstol, busto con manos
Copista: Ventura Castelaro  - Precio 400 reales 
Buenaventura Enrique Castelaro era hijo del pintor madrileño José Castelaro y Perea (1800-1873) que se había jubilado en 1865 al quedarse ciego. Ventura estudia en la Academia de San Fernando entre los años 1850 y 1853 y durante su formación también es asiduo copista del Real Museo de Pintura..


14. GUIDO RENI, Busto de una joven con una rosa en la mano

Copista: Alejo Vera (1834-1923), Precio 400 reales
El pintor alcarreño Alejo Vera y Estaca (que aparece aquí retratado por su discípulo Juan Luna) fue alumno de la Academia de San Fernando gracias a una beca de la Diputación de Guadalajara, y se formó también en el estudio de Federico Madrazo.
Gracias a la ayuda del banquero mecenas José Miranda pudo continuar sus estudios en Italia en 1860 donde pintó el Entierro de San Lorenzo, que fue premiada con una medalla de 1ª clase la Exposición Nacional de 1862.
Ya siendo un pintor consagrado, con 43 años, solicitó la pensión de la Academia de España en Roma, donde realizó su obra de tema histórico más célebre, Numancia, que logró de nuevo una 1ª medalla en la Exposición de 1881. Ambas obras forman parte de la colección del Museo del Prado que posee siete obras de este artista incluyendo el retrato del rey Walia de la serie cronológica de los reyes de España.
Fue profesor de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y en 1891 es nombrado Director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma, puesto que ocupó durante seis años hasta fines de 1898, momento en que regresa a España.


CONCLUSIONES
Son muchos los elementos que resultan curiosos en esta selección tanto por las obras, como por los pintores elegidos para formar este pequeño conjunto de pinturas que debían servir de modelos en las clases de "Colorido" a los alumnos de la Academia de Dibujo y Pintura de Manila.

Las obras
Lo primero que llama la atención es el predominio del tema religioso sobre el profano: Diez obras son de carácter religioso y todas ellas de pintores españoles, con un claro predominio de Murillo (6),  seguido de Ribera (3) y Alonso Cano (1). De las cuatro obras restantes del grupo seleccionado, dos son de Velázquez, y en este caso se trata de retratos de corte. Solamente las dos últimas obras elegidas son de pintores italianos, una famosa Salomé de Tiziano y una desconocida Joven con una flor de Guido Reni, y ello a pesar de los grandes tesoros de pintura italiana y europea que posee el Real Museo.

Esta selección pone en evidencia el mantenimiento de ideas preconcebidas sobre los intereses artístico-culturales de la sociedad filipina, considerando que su principal afición artística pasa por la pintura religiosa, como de hecho ocurría hasta principios del Siglo XIX. Los académicos españoles parecen ignorar la evolución que se produce en el ámbito artístico del archipiélago a partir de la creación de la primera escuela de pintura (1821) y en especial a partir de la segunda mitad del siglo gracias a la mejora de las comunicaciones que permite un mayor intercambio cultural y artístico entre el archipiélago y la metrópoli que cristaliza con la creación de la Academia de Dibujo y Pintura, que se pone en marcha en 1850 a semejanza de las peninsulares.

Los Pintores
En cuanto a los pintores el repaso de la lista de seleccionados no puede menos que recordarnos la gran influencia de dos familias claves en el mundillo artístico madrileño: los Madrazo y los Ribera. Su situación en la jerarquía de las instituciones artísticas, el Real Museo de Pintura y Escultura (dirigido por José Madrazo) y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (con ambas familias representadas tanto por el padre como por el hijo, ocupando puestos clave) les permite influir en todas las decisiones de índole artística, tengan o no fines lucrativos.

La mayor parte de los pintores elegidos son alumnos que están finalizando sus estudios en la Academia (Agustín Sáez, Alfredo Perea, Carlos Mª Esquivel, Juan Barroeta, Pablo Pardo, Alejo Vera, Antonio Torres, Ventura Castelaro y José Tolosa) otros lo han hecho más o menos recientemente, es de suponer que la selección de los copistas fuera realizada, o al menos supervisada, por los dos grandes maestros de la Academia, Federico Madrazo y Carlos María Ribera y su influencia es visible en el grupo seleccionado.

Algunos de los seleccionados parecen provenir del ámbito Ribera, ya que se trata de discípulos presentes o pasados, como es el caso de Mercadé o de Carlos Mugica, pintor ya consagrado que colabora en ese tiempo con Ribera en la pintura del techo del salón de sesiones del Congreso de los Diputados. Puede que alguno de los elegidos estuviera bien relacionado con ambos pero se evidencia una mayor presencia del sector que podríamos definir de influencia Madrazo, ya que varios de los seleccionados para realizar las copias de las obras-modelo para la Academia de Manila, también habían sido elegidos para realizar retratos de la Serie cronológica de los reyes de España: Carlos Mª Esquivel (2) Agustín Sáez (1) Carlos Mugica (1), Juan Barroeta (2), Eduardo Gimeno (1), Alejo Vera (1), o Jose Castelaro, padre de Ventura Castelaro (1). 

La posibilidad de poder favorecer a unos o a otros en estas asignaciones se confirma en la carta que José de Madrazo dirige a su hijo Luis en la que acusa recibo de la recomendación que le hace sobre el hijo de Esquivel. 

(En tu última me recomiendas al hijo de Esquivel y en cuanto llegue le proporcionaré el pintar algunos de los Reyes Godos, reservándote a ti para la vuelta un par de ellos, sin olvidarme de Montañés para quien tengo designados otros dos...) 
Carta de José Madrazo a su hijo Luis. 27 junio 1855 Archivo MNP.

Lo cierto es que Carlos María Esquivel termina realizando cuatro de los personajes de la serie: Favila, Egica, Theudio y Alarico II, mientras a Luis de Madrazo se le reservan los personajes principales de Isabel La Católica y Don Pelayo y a Bernardino Montañés, tercero de los mencionados en la carta y gran amigo de los Madrazo, se le encargaron nada menos que cinco personajes de la serie: Fernando el Católico, Fruela I, Chintila, Sisenando y Gundemaro, lo que no deja de ser un reconocimiento y un impulso económico de mucha importancia.

Todo ello nos da una idea de la relación clientelar que dominaba las relaciones artísticas de la época y de la importancia y la capacidad de influencia que algunos de los artistas mencionados alcanzaron en su momento.

En cuanto al destino final de las obras, hay que pensar que finalmente se integraron en la Colección artística de la Academia de Manila, al menos Luciano P. R. Santiago en su estudio Philippine Academic Art: The Second Phase (1845-98) menciona la realizada por Agustín Sáez cuando habla de su contratación como director: "La Junta ya estaba familiarizada con su copia de la "Escala de Jacob" de Rivera, por la que le habían pagado una hermosa tarifa (3.000 reales) por recomendación de la Real Academia para su inclusión en la colección de Manila".