miércoles, 16 de agosto de 2017

PAISAJISTAS EN LA ESCUELA DE CAMINOS

Hubo un tiempo que la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos consideró el interés de impartir una asignatura de Pintura de Paisaje del Natural lo que suponía introducir en un medio absolutamente técnico un aire de creatividad e inspiración; eran los primeros tiempos de existencia de la Escuela que en la actualidad se mira como algo romántico y por ello inútil para la formación de esta ingeniería.

Carlos de Haes Paisaje de la ribera del Manzanares 1857 RABASF

Un breve repaso a la historia de la Escuela

La Escuela de Ingenieros de Caminos fue fundada en 1802 por impulso del canario Agustín de Betancourt (1758-1825) escindiéndose de la de Bellas Artes en la que había estado encuadrada para poder profundizar en materias más específicas y técnicas. Se conoció inicialmente como Escuela de Estudios de Hidráulica de la Inspección de Caminos y Canales y se instaló el Palacio del Buen Retiro donde también se ubicaba el Real Gabinete de Máquinas.


Retrato en miniatura de Agustín Betancourt Molina.
Realizado por José Agustín Álvarez Rixo 

La carrera constaba de solo dos cursos teóricos, y los alumnos de sus primeros años se contaban por unidades: cinco alumnos en la primera promoción, tres en la segunda y otros tantos en la tercera. La vida de esta primera Escuela se vio truncada por la crisis económica y la guerra. Betancourt, frustrado por el estancamiento de sus planes, aceptó la oferta del zar de Rusia para trabajar en San Petersburgo, donde vivió dieciséis años, los últimos de su vida.

Primera ubicación de la Escuela. Real Sitio del Buen Retiro. 
Jardín del Caballo o de la Reina. Domingo Aguirre, 1778

José Agustín de Larramendi continuó al frente de la Inspección y de la Escuela que tuvo que cerrar definitivamente sus puertas en 1808, por la ocupación de las tropas francesas. Se da la circunstancia de que en el mismo recinto se encontraba la Fábrica de la China donde fue instalado el polvorín que fue volado por las tropas inglesas con los daños consiguientes.

La Escuela no volverá a abrirse hasta el 1821 durante el trienio liberal, bajo la dirección de Francisco Javier Barra, comisario de Caminos, siendo profesores algunos de sus antiguos alumnos. La enseñanza se amplió a tres años. Pero tampoco en esta ocasión la experiencia fue duradera pues quedó suspendida tras la entrada del ejército francés al mando del duque de Angulema y la retirada del gobierno y las cortes a la isla de León.

No será hasta 1834 tras la muerte del rey, que la Escuela volverá a abrirse, ahora sí, definitivamente, en el edificio de la Aduana Vieja, en la plazuela de La Leña, bajo el impulso de José Agustín Larramendi que retorna a la dirección y organiza la enseñanza en cinco cursos incorporando los puertos a la titulación que hasta entonces había sido de caminos y canales.

Edificio de la Aduana Vieja en la plazuela de la Leña 
(Actual plaza Jacinto Benavente. Madrid)

Sin embargo, la Escuela no duró mucho tiempo en este emplazamiento debido a que el edificio resultaba pequeño para la realización de los nuevos planes de estudio. Por ello en 1847 se traslada a un palacio construido en el año 1798 por el arquitecto Manuel Martín Rodríguez (1740-1823), sobrino de Ventura Rodríguez, en la antigua calle del Turco (actual Marqués de Cubas), tristemente célebre por haber sido el escenario del asesinato del general Prim en 1870.

El edificio se encontraba en la esquina con la calle de la Greda (actual Madrazo), donde estuvo situado el almacén de cristales de La Granja aunque posteriormente tuvo diversos usos ya que albergó entre otros el Conservatorio de Artes, el Colegio de Sordomudos y Ciegos y la Escuela de Caminos, Canales y Puertos. En la actualidad el edificio, algo modificado, es la sede desde 1905 de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y es considerado Monumento de Interés Cultural.

Antigua. Escuela de Caminos de la calle del Turco  


Actual. Academia de Jurisprudencia y Legislación en la Calle Marqués de Cubas, 13.

A pesar de que se llevaron a cabo diversos proyectos de ampliación para adaptar el espacio a los requerimientos de la Escuela, éste resultaba insuficiente, por lo que se decide la creación de una nueva en el denominado Cerrillo de San Blas, dentro de los terrenos del antiguo Palacio del Buen Retiro y junto al Observatorio Astronómico.

Antigua Escuela de Ingenieros de Caminos frente al Observatorio Astronómico

El nuevo edificio que daba a la calle Alfonso XIII, fue diseñado por Mariano Carderera Ponzán, que era arquitecto además de ingeniero, abrió sus puertas en 1885 aunque no estuvo terminado hasta 1892.

En los años 60 la Escuela se trasladará definitivamente al edificio actual de la Ciudad Universitaria con proyecto de Luis Laorga y José López Zanón.

ETSI Caminos, Canales y Puertos. Ciudad Universitaria


LA ASIGNATURA DIBUJO DE PAISAJE

El nuevo Plan de Enseñanza establecido a partir de 1834 incorpora, además de los dibujos lineal y topográfico, una asignatura de Dibujo de Paisaje que, aunque se decía de carácter extraordinario, se practicaba en los cinco cursos de la carrera y que alcanzó gran importancia debido a la categoría de los cuatro profesores que la impartieron: Genaro Pérez Villaamil, Fernando Ferrant Lausás, Leopoldo Brockmann y Carlos de Haes. 

Genaro Pérez Villaamil Duguet (1807-1854) 
El primer profesor de Paisaje del natural de la Escuela de Caminos será el pintor romántico, Genaro Pérez Villaamil.

Retrato de G. Pérez Villaamil 
por Eugenio Lucas Velázquez M.Romanticismo.Madrid

Nacido en Ferrol en 1807, era hijo de un profesor de impartía las materias de Fortificación, Topografía y Dibujo del Colegio Militar de Santiago, en la que él mismo seguirá la carrera militar. A los dieciséis años, es enviado a su primera acción de armas para luchar contra los "Cien Mil hijos de San Luis", que al mando el Duque de Angulema habían entrado en España a iniciativa de Fernando VII. Herido y cautivo en Cádiz, comienza estudios de pintura con gran éxito en la Academia de Bellas Artes de esta ciudad, siendo discípulo de José García. Una vez liberado, en 1830 es contratado junto con su hermano Juan, también pintor, para realizar los decorados del gran teatro de Puerto Rico en donde permanecen hasta 1833, fecha en la que regresan a España acompañando al barón de Cousir, para quien pinta acuarelas durante el viaje.

De vuelta en Sevilla entra en relación con el pintor y escenógrafo escocés David Roberts cuyo conocimiento será decisivo para la evolución estilística de Villaamil cuya carrera dará un completo giro hacia el paisajismo romántico que va a caracterizar su obra desde entonces con un cierto carácter arqueológico y rasgos costumbristas: Paisajes con elementos arquitectónicos de aspecto medieval, algunos fantásticos pero la mayoría reales aunque embellecidos por su visión romántica.

G.P. Villaamil. Vista de la ciudad de Fraga y su puente colgante, 1850  MROM

También se considera de gran importancia para su pintura su relación con el pintor de tradición goyesca Eugenio Lucas Velázquez, autor de su retrato, aunque en este caso se trata de una influencia mutua que se plasmó en una amistosa competencia entre ambos. Existen varios ejemplos de los ejercicios de destreza que acostumbran a realizar en las sesiones nocturnas del Liceo Artístico y Literario de Madrid.

Torreón en ruinas, 1853 Museo Lázaro Galdiano de Madrid.
Izq. versión de Lucas Velázquez; dcha. versión de Pérez Villaamil

Pérez Villaamil se instala en Madrid en 1834 donde conoce a los románticos Espronceda, Patricio de la Escosura y Ventura de la Vega con quienes alterna en la tertulia de “El Parnasillo”. En 1838 ya figura como profesor "extraordinario" contratado por la Escuela de Caminos, encontrándose en un momento de reconocimiento general; recibe el nombramiento de pintor honorario de cámara y el de Caballero de la Orden de Isabel la Católica, además, la Casa Real adquiere varias de sus obras para el Palacio de Oriente. Durante sus ausencias en la Escuela de Caminos era sustituido por Alejandro Olavarría, que era profesor de Dibujo Lineal y Topográfico en los cinco cursos de la carrera.

Su vinculación con la reina madre y con el sector más moderado del liberalismo, lo llevarán al exilio en 1840, fecha en la que los progresistas deponen a la reina María Cristina de Borbón como regente situando en el puesto al general Espartero. Así, se ve obligado a abandonar Madrid dejando a su esposa, con la que se había casado el año anterior, y a su primer hijo.El exilio que durará hasta 1842, fecha de la caída de Espartero, será aprovechado por Pérez Villaamil para visitar París, donde publicará una colección de litografías en tres tomos con el nombre genérico de España Artística y Monumental en la que bajo su dirección varios colaboradores realizan una selección de edificios y paisajes, ofreciendo una visión pintoresca de la España de su época. La empresa fue costeada por el marqués de Remisa.



En 1845 obtendrá la primera Cátedra de Paisaje de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en la que se le recordará por su escasa capacidad docente y lo caótico de sus clases. También se dedicó a la ilustración de libros y revistas, colaborando en el Semanario Pintoresco Español, en el Panorama matritense de Mesonero Romanos, o ilustrando las obras de José Zorrilla. Falleció en Madrid, a los 47 años el 5 de junio de 1854 a causa de una enfermedad pulmonar.


Fernando Ferrant Llausás (1810-1856), es el segundo profesor de Paisaje de la Escuela de Caminos.

Retrato de Fernando Ferrant Llausás. (Det.)
Pintado por su hermano Luis Ferrant en 1845 MROM

Aunque nacido en Palma de Mallorca durante el periodo de la invasión francesa, procedía de una familia de artistas catalanes de Villafranca del Penedés. Hacia 1820 la familia se traslada a Madrid. Tras una primera formación en el campo de la música, que cultivará toda su vida, Fernando Ferránt se iniciará en la pintura en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y continuará su aprendizaje en Roma a donde se traslada en 1840 junto con su hermano Luis, gracias a la pensión que éste había recibido del infante Sebastián Gabriel de Borbón. Allí permanecerá tres años, dos en compañía de su hermano y un tercero sólo tras la partida de éste a Nápoles como pintor de cámara. 

En 1843 vuelve a España, donde se da a conocer como pintor de paisajes en diversas exposiciones. En 1848, año de su matrimonio con la joven Natalia Boris, escritora, poeta y cantante, entra a formar parte de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando como académico de número en la vacante de Bartolomé Montalvo, tomando posesión de su plaza en un acto que por primera se realiza leyendo un discurso de ingreso. También es nombrado pintor de cámara y maestro de pintura del rey consorte Francisco de Asís, que era gran aficionado a la pintura, para quien pintó una serie de paisajes para el palacio de Riofrío.

Su obra está presente en las colecciones reales pero el Museo del Prado solo posee uno de sus paisajes que en la actualidad se encuentra depositado en el Ministerio de Industria.

País agostado con una torada. 1854 MNP  Dep. Mº Industria

En 1854 Fernando Ferrant ocupa las vacantes producidas por la temprana muerte de Pérez Villaamil, tanto en el puesto de Profesor de la asignatura de Paisaje de la Escuela de Caminos como en la Cátedra de Paisaje de la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, aunque por poco tiempo ya que, al igual que su predecesor, muere joven en agosto de 1856 en la localidad de San Lorenzo del Escorial a la edad de 46 años, víctima de unas fiebres tifoideas.

La mayor parte de su obra se dedica al paisaje en el que, a partir de su estancia en Roma, aparece una cierta melancolía probablemente por influencia de los nazarenos alemanes, con los que coincide en su etapa romana. Su estilo avanza hacia un mayor naturalismo a pesar de mantener una cierta melancolía y dulzura derivada de la calidez de su paleta. Pinta del natural y probablemente hubiera podido evolucionar hacia un paisaje más realista si su carrera y su vida no hubieran acabado tempranamente. La mayoría de sus composiciones están claramente emparentadas con el romanticismo, lo que ha sido quizás la causa de su descrédito y olvido posterior que no hace justicia a su obra.

Leopolodo Brockmann González-Losada (1829 - 1877)

Ingeniero de Caminos, fue el tercer profesor de Dibujo de Paisaje que tuvo la Escuela aunque de forma interina hasta que la plaza pudo ser cubierta por otro pintor. A pesar de ello es interesante conocer algo de su interesante biografía.

Perteneciente a una familia dedicada al comercio de vinos de Jerez, su padre, era un marino alemán, que en 1799 se vino a España y se estableció en El Puerto de Santa María, marchando a Canarias durante la invasión francesa de 1808, donde se casó con María del Pino González-Losada. Terminada la guerra, la familia retornaría al Puerto, donde nace Leopoldo en 1829


En 1846, se traslada a Madrid para preparar su ingreso en la Escuela de Ingenieros de Caminos en la que tendrá por compañero de promoción y amigo de la vida al que luego será escritor y dramaturgo José Echegaray con quien terminará la carrera en 1853. Juntos estudiarán en los locales de la calle Turco; era una promoción de 13 alumnos en la que José obtuvo el primero y Leopoldo el segundo puesto. Casi todo lo que sabemos de Brockmann ha llegado hasta nuestros días a través de los escritos del Nobel de Literatura.

Siguiendo la costumbre de que los mejores alumnos se incorporaran a la enseñanza Leopoldo pasó un breve periodo de tiempo como profesor de la Escuela de Caminos, donde enseñó Mecánica Racional y en 1856 se ocupó de la cátedra de Dibujo de paisaje de forma interina.

Leopoldo se casa en 1859 en Valladolid con Isabel Llanos Keats, hija del novelista Valentín de Llanos y Fanny Keats, hermana del poeta romántico británico John Keats.  Fue padre de la pintora Elena Brockmann.

En Italia realizó lo más importante de su labor profesional, la construcción del ferrocarril de Nápoles, y los ferrocarriles romanos por los que obtuvo la Cruz de Caballero de Pío IX y el nombramiento de conde de Brockmann. Tras unos años de prosperidad, contrajo la malaria y tuvo que abandonar su trabajo y volver a España, donde subsistió con encargos particulares diversos, luchando contra la enfermedad y tratando, inútilmente, de ser readmitido en el Cuerpo de Caminos. Fue nombrado director del ferrocarril de Jerez y Sanlúcar, hasta su terminación en 1877. En junio es readmitido como ingeniero del Estado pero no llega a ocupar el puesto ya que fallece en el viaje a Madrid, en la localidad de Marmolejo (Jaén) a los 48 años de edad.


Carlos de Haes y Fortuny (1826 - 1898)

Hijo de Teresa Fortuny y de  Arnoldus Cornelius de Haes, hombre de negocios belga cuya bancarrota le llevó a instalarse en la ciudad española de Málaga en 1835, Carlos era el mayor de siete hermanos. Recibió sus primeras enseñanzas artísticas del pintor canario Luis de la Cruz y Ríos (1776-1850), pero en 1850 vuelve a Bruselas, donde conoce a Joseph Quinaux (1822-1895) entrando en contacto con el paisajismo de las escuelas de Namur y Tervueren donde se puede decir que forjó su estilo.

Retrato de Carlos de Haes por Federico Madrazo y Kuntz 1867 MNP

En 1856 vuelve a España, presentando sus primeras obras en la Exposición Nacional de Bellas Artes. Por la  buena acogida que tuvo decide quedarse en Madrid donde vivirá hasta su muerte. Obtiene la nacionalidad española y un año después consigue por oposición la cátedra de paisaje de la madrileña Academia de Bellas Artes, que había quedado vacante tras la muerte de Fernando Ferrant a quien también sucede, en 1860, tras el paréntesis de Brockmann, como profesor de Paisaje de la Escuela de Ingenieros de Caminos.

El estilo de Haes constituyó casi una revolución en el género; apoyado siempre en el contacto directo con la naturaleza, realizaba salidas al aire libre para hacer bocetos y apuntes que derivaban en una pintura mucho más realista que la de sus antecesores. Esta práctica la llevó a cabo a menudo con sus alumnos por los alrededores de Madrid. Realizó viajes por toda España y por Europa tomando apuntes que luego se convertían en pinturas de gran formato en su estudio.

Carlos de Haes. La Canal de Mancorbo en los Picos de Europa 1876 MNP

En 1875 Haes se casó con Inés Carrasco, un efímero matrimonio pues un año después, esposa e hija mueren de sobreparto. Él continuó con su actividad paisajística viajando acompañado de sus discípulos preferidos, en especial el ya maduro Aureliano de Beruete y el joven Jaime Morera, a quienes dejó la herencia de su trabajo en el sentido literal del término, todo el contenido de su estudio, bocetos, pinturas y grabados.

Haes murió, víctima de una pulmonía, a los setenta y dos años de edad. Gran parte de sus obras fueron donadas al recién inaugurado Museo de Arte Moderno de Madrid,  ubicado en el edificio de la Biblioteca Nacional,(actualmente en el Museo del Prado). Tal era la importancia del artista que el Museo dispuso para él una sala exclusiva permanente.

Sala HAES del Museo de Arte Moderno 1898

La mayor parte de su extensa obra, más de cuatro mil cuadros y apuntes se puede ver en el Museo de Málaga, en el de Arte Jaime Morera, en Lérida y en el Museo del Prado.

miércoles, 14 de junio de 2017

ROSA BONHEUR EN EL MUSEO DEL PRADO

Dentro del Itinerario expositivo que promueve el Museo del Prado formado por un conjunto disperso de treinta obras de escultura, pintura y dibujo, tenemos la oportunidad de admirar, dentro del apartado OTRAS MIRADAS, la obra de una pintora que habitualmente se encuentra en el almacén.

Detalle de El Cid, 1879

Se trata de la obra de la pintora de Burdeos, Rosa Bonheur (1822-1899), titulada El Cid que representa una magnífica cabeza de león que se expone actualmente en la Sala 63A.

Marie Rosalie Bonheur, conocida como Rosa Bonheur fue una pintora, escultora e ilustradora, hija y hermana de artistas. Se especializó en pintura de animales de los que realizó innumerables estudios y bocetos. En 1848 obtuvo la medalla de oro en el Salón Oficial de París y en 1855 presentó el que sería su gran lanzamiento: la "Feria de caballos" que le dio fama internacional. Fue la primera mujer que recibió la Legión de Honor, en 1865.

Rosa Bonheur con la Legión de Honor por Anne E. Klumpke

Una curiosidad de su biografía por la que es considerada como protofeminista, es que tenía la costumbre de vestir ropa masculina, tal como aparece en algunos de sus retratos.

Rosa Bonheur en su estudio por George-Achille Fould 1893

Esta característica del uso de ropa masculina, unida al hecho de que siempre hubo en su vida una compañera, primero Nathalie Micas y a su muerte la pintora americana Anna Klumpke, han sido las causas por las que en los últimos tiempos se haya hablado de ella desde el enfoque de su posible homosexualidad, probablemente la razón de formar parte de este recorrido expositivo, aunque Rosa, que era una mujer libre y de gran personalidad, nunca se declaró como tal.

De hecho la propia pintora dice de quienes hablan de otro tipo de relación entre ella y sus amigas, que no han comprendido nada. Al final de su vida declara que ella "siempre se mantuvo pura" y hará escribir en su tumba que "la amistad es un afecto divino". Además llamaba a su casa "la morada de la perfecta amistad".

Rosa Bonheur con Nathalie Micas, (a la izquierda) y con Anne Elisabeth Klumpke

Como dice su biógrafa, Marie Borin, Rosa fue testiga de la difícil vida de su madre, que tuvo que ocuparse del cuidado de su marido, murió joven de agotamiento y fue enterrada en una fosa común por falta de recursos. Su padre se desentendió del cuidado de su familia y se integró en una especie de secta. Esta experiencia la llevó a elegir una vida libre sin la influencia de un marido que se pudiera comportar como su padre, a quien a pesar de todo ella tenía cariño.

Nos alegra que las obras pintadas por mujeres que el Museo guarda en el almacén salgan a la luz y contribuyan a consolidar la idea de que la mujer ha estado presente en todas las épocas y movimientos artísticos, a pesar de que la historia no se haya preocupado de recordarla. 
El Cid. 1879 Rosa Bonheur

Ubicación en el Museo



viernes, 26 de mayo de 2017

RAFAEL CASTRO ORDOÑEZ (1) FOTOGRAFO

EL FOTÓGRAFO DE LA COMISIÓN CIENTÍFICA DEL PACÍFICO

Rafael Castro Ordoñez, Carte de visite (det.) 1862

El interés por la personalidad del fotógrafo de la Comisión Científica del Pacífico, Rafael Castro y Ordoñez (1834-1865), sobrepasa los límites de la expedición. A medida que se profundiza en su biografía, en sus imágenes y en sus escritos vamos encontrando un personaje de primer nivel en el terreno artístico, para acabar descubriendo en él no solo al pintor aficionado a la fotografía que se nos había querido mostrar, sino a un auténtico pionero en este arte, cuya capacidad técnica como fotógrafo no la obtuvo en unas clases apresuradas del fotógrafo inglés Charles Clifford, sino que su trayectoria en esta materia, como hemos podido ir comprobando, es la de un amplio aprendizaje de un profesional consagrado.

Antecedentes y experiencia fotográfica

Rafael Castro Ordoñez, hijo del pintor y restaurador Antonio Castro y Gistán, se formó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde está documentada su presencia en los años 1848 a 1850, asistiendo, entre otras, a la clase de Anatomía de Antonio María Esquivel. Tras su paso por la Academia Castro Ordoñez pudo completar su formación artística gracias a una pensión que le permitió ir a París a estudiar con el pintor Léon Coignet, donde es probable que se iniciara en el estudio del método fotográfico pues su maestro fue uno de los miembros fundadores de la Société Héliographique, creada en 1851 para el progreso artístico y científico de la fotografía que se pensaba iba a revolucionar la práctica del arte de la pintura.


    Léon Cogniet. Fot. Disderi. BNF Gallica 
              
A su vuelta a España montó un estudio especializado en retratos fotográficos en formato carte de visite, en un local céntrico madrileño, en el número 6 de la calle Preciados. La Gacetilla del diario La Iberia del 5 de enero de 1862 da cuenta de su apertura:

         "GABINETE FOTOGRÁFICO. Hemos tenido ocasión de ver el que acaba de abrir al público, en la casa núm. 6 de la calle de Preciados, el joven artista señor Castro y Ordoñez. Los trabajos que en él hemos visto igualan en la precisión de los detalles y en condiciones artísticas a las más adelantadas fotografías que conocemos del extranjero. El gusto verdaderamente artístico que ha presidido en los adornos de las habitaciones destinadas al público, y el buen orden y método en las reservadas para el trabajo, abonan en favor de la recomendación que hacemos al público de la galería fotográfica del señor Ordoñez y Castro" [sic].

Del mismo modo, siguiendo su rastro hemos podido conocer por la prensa de la época (La Correspondencia de España, 7.2.1862) su iniciativa de realizar una GALERÍA DE CONTEMPORÁNEOS una de las primeras que se edita en España, en la que se irían publicando fotografías de personajes de la época, acompañadas de apuntes biográficos.

Recorte Diario La Correspondencia de España 7 Febrero de 1862

Los personajes de su galería, procedentes de distintos ámbitos de la vida política y cultural del momento, abarcan desde políticos como Emilio Castelar, que es captado en una etapa temprana a juzgar por su aspecto joven, a escritores, pintores, o escultores como los que se mencionan en el propio anuncio, Hartzenbuch, Haes y Ponciano Ponzano. La referencia a esta publicación también la encontramos en el Boletín Bibliográfico Español de Dionisio Hidalgo de 1862.

Retratos de Rafael Castro Ordoñez para la Galería de Contemporáneos. A la izquierda Emilio Castelar de la Fundación Lázaro Galdiano. A la derecha Ponciano Ponzano. Col. A. Bandres de Barbastro

Su relación con el mundo de la cultura y el arte le permite un contacto directo con los personajes a retratar. El escritor satírico Manuel de Palacio le dedica un Romance biográfico para su galería en su libro Doce reales de Prosa y algunos versos gratis (1864).

Una imagen del fotógrafo digna de mención por su singularidad se encuentra entre los retratos de la colección del pintor Manuel Castellano (1826-1880) de la BNE, en la que Rafael Castro aparece disfrazado de mujer. De esta modalidad de retratos con utilización de disfraces, participan personajes de la cultura y la aristocracia de la época que se disfrazan en carnaval y sus imágenes se conservan gracias a la inmediatez del nuevo formato.

Autorretrato del fotógrafo Rafael Castro y Ordoñez, en la Colección Castellano de la BNE
Publicada por Sara Badía. Porto Arte. Junio.1990

El nombramiento de Rafael Castro Ordoñez como miembro de la Comisión del Pacífico se produjo el 28 de junio como consecuencia de la renuncia del fotógrafo inicialmente designado, Rafael Fernández de Moratín. Es posible que esta elección fuera fruto de la intervención del pintor Federico Madrazo, que era director en ese momento del Real Museo de Pinturas, quien en una carta a su hijo Raimundo de 9 de julio de 1862 hablando de la expedición le dice "...también va como fotógrafo de dicha expedición, habiéndoselo yo conseguido, Castro..."

Moratín deja sin terminar la tarea para la que había sido comisionado que era adquirir en París, en el establecimiento de M. Archiles Deyrolle, gran parte del equipo fotográfico para la expedición, para lo cual el Ministerio de Fomento había librado a su favor la cantidad de 52.000 reales. Esta tarea fue continuada por Castro, quien consciente de la naturaleza de su misión, a pesar de su conocimiento de los medios y la técnica fotográfica, busca el asesoramiento del fotógrafo galés Charles Clifford, (1821-1863), afincado en Madrid, en especial para realizar la captación de vistas y monumentos, lo que, como sabemos, constituía su especialidad; de este modo podrá cumplir de manera amplia las obligaciones que se establecen en el reglamento para la obtención de imágenes.

 Posible imagen de Charles Clifford en Toledo 

El Reglamento redactado a mano por el jefe de la expedición, el Sr. Paz Membiela establecía las tareas a realizar por cada uno de los miembros de la expedición, en concreto en su artículo 15 se recogían las del dibujante y fotógrafo:
De este modo quedaba establecido su papel de «cronista oficial» de la expedición a través de las imágenes que debe obtener para "representar por los medios que se estimen más convenientes los objetos que le designe el presidente... sacar vistas de montañas, cortes de terreno, aspecto de la vegetación,etc.".
Escudo diseñado por Castro Ordoñez

Esta función de "cronista gráfico" pronto se verá complementada de modo extraoficial, con sus relatos escritos de los avatares de la expedición que enviará periódicamente para su publicación en la revista El Museo Universal en Madrid, para cuya ilustración envía las correspondientes fotografías o dibujos que serán publicadas en forma de grabados. A través de estas crónicas ilustradas el público de la época pudo seguir las peripecias de la Comisión durante las dos primeras etapas del viaje ya que en la tercera el fotógrafo no estuvo presente.

La labor de Castro Ordóñez en la expedición al Pacífico se tradujo en una extensa colección de fotografías que se conservan en diversos centros del CSIC y Museos nacionales como el de Ciencias naturales, América o Antropología, no habiendo salido a la luz todavía la totalidad de su obra. Su trabajo y su persona, que en su momento no puede decirse que gozaran de una gran consideración, constituyen en la actualidad uno de los legados más interesantes de la expedición, ya que sus imágenes nos transmiten la propia mirada del artista que selecciona, compone y refleja un entorno que en ningún caso se limitaba a su captación fría y mecánica.


Regreso de la expedición

A finales de 1864, transcurridos dos años y medio desde que se inició la Expedición y coincidiendo con el inicio de las tensiones que darán lugar a la Guerra del Pacífico y la separación forzosa entre la expedición política y la científica, Castro Ordoñez decide volver a España a pesar de que cuatro naturalistas optan por un regreso diferido, por tierra, en lo que se dio en llamar el "Gran Viaje". El retorno de Castro desde Guayaquil (Ecuador) a Madrid, no es directo ya que aprovechará el viaje para para pasar de nuevo por América del Norte visitando por unos días la ciudad de Nueva York, de la que también realizará unas interesantes crónicas.

Cuando llega a Madrid en febrero de 1865 -sus compañeros volverían a finales de ese mismo año- manifiesta su intención de continuar al servicio de la Comisión Científica ya que el trabajo del fotógrafo no se agota en la captación de imágenes y dado el gran volumen de material tras dos años y medio de expedición, es preciso realizar las reproducciones fotográficas de las más de 300 placas fotográficas y un gran número de bocetos e ilustraciones de Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Perú y toda la costa pacífica incluyendo California.

Pero las autoridades le dieron la espalda, negándole a partir de entonces cualquier retribución económica por su trabajo a pesar de aceptar que él se encargara de hacer las reproducciones necesarias para su exposición y difusión, lo que le sitúa en una complicada situación ya que además se ve privado de sus derechos de autor sobre las imágenes realizadas.

Mientras los otros expedicionarios tienen un puesto de trabajo seguro al que volver, normalmente en la universidad, Rafael Castro no tiene ocupación en ese momento pues antes de partir con la expedición lógicamente hubo de cerrar su estudio fotográfico y como profesional libre prácticamente tendrá que empezar de cero con una mayor competencia gracias a la generalización y el auge que está tomando la práctica fotográfica.

Un final trágico para su historia

La historia de Castro Ordoñez va a tener un final trágico antes de que finalice el año de su llegada. Según Osorio y Bernard"...en Julio de 1865 debió concebir el fatal proyecto de atentar a su vida, según se desprende de una carta suya del mes de Agosto en que así lo declaraba, y el 1 de Diciembre de dicho año realizó su desesperado propósito, disparándose una pistola sobre el corazón".

Diversos medios de prensa de la época recogen la evolución de los acontecimientos que acabarán con su muerte: El 2 de diciembre de 1865 el Diario Oficial de Avisos y el periódico La España daban la misma noticia:
     Suicida. Anteanoche a las seis y media intentó poner fin a su existencia, disparándose un rewólver [sic] por debajo de la tetilla izquierda, el Sr. D. Rafael de Castro y Ordoñez, conocido pintor fotógrafo comisionado por el Gobierno para acompañar a la expedición que pasó al Pacífico... La ocurrencia tuvo lugar en la calle Mayor, número 21; y según de público se dijo, esta lamentable desgracia se presume que tenga su origen en una pasión amorosa de que estaba poseído el desgraciado suicida. Inmediatamente acudió el juzgado de la Latina, que era el de guardia, dando principio a instruir las oportunas diligencias. El médico forense del mismo juzgado, después de haber curado convenientemente al herido, y en atención a la gravedad en que le halló, dispuso que se le administrasen los últimos Sacramentos. Pero, lo que más llamó la atención de los vecinos de la casa en que tuvo lugar esta catástrofe, fue la aparición repentina del duque de Sesto en aquel sitio.
(El duque de Sesto era a la sazón alcalde de Madrid y el impulsor de las recién creadas Casas de Socorro, lo que podría ser la razón de su presencia).

Dos días después, el 4 de diciembre de 1865, La Soberanía Nacional y La Esperanza continúan informando sobre el suceso:
       "Parece que hay esperanza de que se salve la vida del Sr. Castro y Ordoñez, el pintor fotógrafo de quien dijimos había atentado a sus días, disparándose una pistola en el lado derecho del pecho. Ayer se celebró una consulta médico-quirúrgica en la calle Mayor, núm. 21, cuarto segundo, que es donde se encuentra el herido, y acordaron por unanimidad que debía procederse a la extracción del proyectil. Acto continuo se procedió a practicar la operación acordada, y el resultado de la operación fue el más satisfactorio; por lo que hoy se dice, el desgraciado Castro y Ordoñez tenia el propósito de suicidarse desde el mes de agosto último, fecha en que firmó una carta que se le ha hallado en el bolsillo, y en la que hacia constar que su muerte era obra sola y esclusivamente suya, para que la justicia humana no procediera contra nadie. En la carta citada hay una nota en que dice que prorrogaba hasta el mes de setiembre el fatal designio que realizó en la noche del jueves último. Los que le visitan dicen que el herido muestra una terrible exaltación de ideas y un desaliento profundo sobre su suerte".

Se da la circunstancia de que el cirujano que practica la operación, el doctor Ametller, era un gran amigo de Joan Isern de quien, pocas semanas después, escribirá su necrológica en El Pabellón Médico de 14 de Marzo de 1866, donde menciona el hecho: "...el señor Castro, hábil fotógrafo, a quien tuvimos el dolor de asistir y de extraerle la bala matadora que en un momento de extravío mental le atravesó el pecho...," 

Finalmente varios diarios comunican el fatal desenlace que se produce el día 10 de diciembre, tal como recoge La Soberanía Nacional del 11 de diciembre de 1865, en su página 3: "Anteayer falleció el pintor fotógrafo señor Castro y Ordoñez. A pesar del cuidadoso esmero con que ha sido asistido en la casa de la calle Mayor, núm. 21, donde tuvo lugar la desgracia, y no obstante que se le había practicado la operación de extraerle el proyectil con felicidad, todo ha sido inútil." 

Tambien  La Esperanza del jueves 14 de diciembre de 1865: "El domingo último (día 10), a la madrugada, falleció el conocido pintor fotógrafo Sr. Castro y Ordoñez, que, según comunicamos oportunamente a nuestros lectores, se disparó un pistoletazo, hace algunos días, en una casa de la calle Mayor". Tenía 35 años.

Por el camino quedan los frustrantes escritos intercambiados con la Comisión receptora de los Objetos del Pacífico, que niegan una y otra vez las pretensiones del fotógrafo. A pesar de que su presidente Graells, apoya la solicitud de Castro de que pueda mantener un sueldo como integrante de la Comisión hasta tanto finalice los trabajos de positivado, no obtiene más que negativas del gobierno e intransigencia en cuanto a la valoración de los trabajos que deben realizarse.

Los documentos y presupuestos presentados  se conservan en los archivos del CSIC y entre ellos uno que se nos antoja especialmente doloroso del día 20 de diciembre de 1865, pocos días después de la muerte del fotógrafo, en el que el Dr. Graells, en nombre de la Comisión reclama a su padre, Antonio Castro, la devolución de los "objetos pertenecientes a su cometido en la referida Comisión Científica... que se sirva hacer entrega de ellos a esta Comisión", 

Escrito de M. Graells dirigido a Antonio Castro, padre de Rafael, reclamando los objetos de su hijo pertenecientes a la Comisión Científica. 20 Diciembre de 1865. CSIC

Es sabido que la nuestra es una patria que a menudo olvida los esfuerzos, los sinsabores y hasta el sacrificio personal de quienes la han servido "por la ciencia y por la gloria nacional" como se definía de modo grandilocuente la tarea a realizar por la Comisión Científica del Pacífico. No se entiende el trato recibido por Castro Ordoñez por parte de las instituciones; su labor como pionero de la fotografía y de la crónica gráfica en una expedición científica de esta categoría, merecería no solo una mayor consideración personal sino también un lugar destacado en la historia de la ciencia y de la fotografía, siendo por el contrario, entonces y ahora escasamente considerada su persona y su labor.

Finalmente, en 1866 se llevará a cabo la Exposición de los objetos de la Expedición del Pacífico en la que figurarán 170 grandes reproducciones de las fotografías hechas durante la expedición por Castro Ordoñez y se brindará un recuerdo a los tres fallecidos del grupo, mediante sendos retratos pintados al óleo, basados en fotografías del propio Rafael Castro.

Conocemos los que se expusieron de Rafael Amor y Joan Isern pero no el del propio fotógrafo que debió estar también colgado.



Retratos de Fernando Amor y Mayor y Joan Isern Batlló realizados a partir de las fotografías de Castro Ordoñez.

El periódico satírico El Cascabel menciona su presencia en la exposición y se pregunta sobre la recompensa al trabajo realizado por el malogrado fotografo.

Recorte del periódico satírico El Cascabel del 14 de junio de 1866 


El Equipo, la técnica y las imágenes

El pesado material que había que desplazar (cámara, placas y estudio portátil de revelado), de gran volumen y peso, evidencia las duras condiciones a que se veían sometidos los primeros fotógrafos.


Podemos clasificar en tres tipos el amplio conjunto de imágenes de este artista que se conservan de la expedición: las vistas, los paisajes y los retratos y aun sabiendo que ésta última era su especialidad, es preciso reconocer que, en general todas ellas tienen unas características que más se acercan a lo artístico que a lo documental. 

Su preocupación por "componer" las imágenes usando la perspectiva para favorecer el encuadre deseado nos permite ver que prima en ellas su faceta de pintor. Entre el conjunto de los retratos, vemos que predominan los de cuerpo entero, vistos de frente que ponen en evidencia lo "curioso" del sujeto, su porte, su indumentaria, todo ello en una actitud que nos hace recordar las cartes de visite, tan de moda en la época, que plantean una cierta contradicción entre lo exótico del personaje y la actitud doméstica y rígida de una fotografía de estudio.


M. Alvarado de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en sus comentarios al libro Imágenes de la Comisión Científica del Pacífico en Chile, publicados en 2008 en Revista de Indias, analiza pormenorizadamente las imágenes fotográficas tomadas en Chile por Rafael Castro:

     Fotografiados con un ángulo de toma ligeramente en contra picado, lo que le otorga especial profundidad a la toma, edificios y calles se fugan hacia el fondo de la imagen, permitiendo que nuestra mirada se pierda en la lejanía difusa que el lente no alcanza a dibujar. Sus vistas, la mayor parte de las veces, están construidas con planos generales, amplios, donde el lente se posiciona en un ángulo abierto, adquiriendo importancia cuestiones como un punto de vista alto sobre el paisaje, buscando destacar la obra civilizadora del hombre sobre la naturaleza. 

R.Castro Ordoñez. Valparaíso. Chile 1863

R.Castro Ordoñez. Rua Ouvidor. Rio de Janeiro 1862

1863 Plaza San francisco en Valparaíso

Con este tipo de ángulos de toma, Castro construye una composición donde las edificaciones adquieren todo el peso formal, transformando a los hombres y mujeres que habitan este paisaje, sólo en pequeños personajes anónimos y empequeñecidos.


R.Castro Ordoñez. La Catedral de madera de Guayaquil. Ecuador. 1863

El album del emperador

La Comisión fue recibida junto con el embajador de España en Brasil, Juan Blanco del Valle, por el emperador, Pedro II con quien departieron en español por más de dos horas sobre su misión y sobre arte y cultura, conversación que todos juzgaron no solo amable sino también interesante por la buena información del emperador sobre el estado del Arte en España.

Cuenta Castro Ordoñez en su Crónica publicada en el Museo Universal que“La comisión le ofreció un álbum de las fotografías que se llevan hechas, el cual fuimos a presentarlo el día 20 de noviembre los señores don Marcos Jiménez de la Espada y don Juan Isern y el que desde tan lejos los escribe, …”

El álbum de fotografías, encontrado hace pocos años en la Biblioteca de Rio de Janeiro, consta de un total de 52 fotografías y se inicia con la del primer General al mando de la expedición Luis Hernández Pinzón y, siguiendo el orden cronológico, primero muestra fotografías de Madrid, después de Cádiz para llegar finalmente a la colección de fotografías brasileñas, sobre todo de Rio de Janeiro, que constituyen un valioso documento para su historia.

Retrato del General Hernández Pinzón que encabeza el Album

Castro Ordoñez. Madrid. Fuente de la Cibeles y Calle de Alcalá

Castro Ordoñez. Cádiz. Alameda y Plaza de S.Juan de Dios 

Castro Ordoñez. Brasil. Rio de Janeiro. 
O Pão de Açúcar, a Biblioteca, Catete y o aqueduto de Sta. Thereza


 Las fotografías de Grupo

Parece lógico pensar que los integrantes de la expedición quisieran ser fotografiados, dada la novedad del invento y el deseo de enviar dichas fotografías como recuerdos a sus familiares. Atento a este deseo Castro Ordoñez va a realizar fotografías tanto individuales como de grupo de los miembros de la Comisión en distintos momentos del viaje, de la oficialía y la tripulación, mostrando con ellas una amplia representación del componente humano que rodea la Comisión Científica.

Oficiales de la Covadonga

Militar joven                                           Oficial

Grupo de Guardiamarinas de la goleta Triunfo

Marineros de la Triunfo

Parte del grupo expedicionario, Martínez, Isern, Amor y Almagro

Tambien se ocupará de dejar constancia de los grupos humanos locales de las ciudades y territorios recorridos por la expedición dejando con ello testimonios gráficos de interés tanto para la historia, la antropología y la sociología ya que en muchos casos refleja costumbres y hábitos que hoy forman parte de la historia de las comunidades visitadas.

Dama de Montevideo

Grupo familiar. Valparaiso. Chile


Cacique y aguador 

Grupo de niños

Colegio 2ª enseñanza, Pisagua, Perú. 1862


Miembros de la colonia china de San Francisco

Gracias a fotógrafos como Castro Ordoñez y a la delicadeza y sensibilidad de su trabajo para la captación de sus imágenes realizadas con gran esfuerzo, se tiene conocimiento en la actualidad de lugares y paisajes que son páginas de la historia. Así lo reconocen en la mayoría de los países visitados por la Comisión en los que se estudia y se valora la labor realizada por Castro Ordoñez. que contribuyó con su aportación a la consideración de la fotografía como uno de los principales mecanismos de la divulgación científica.