jueves, 20 de enero de 2022

FÉLIX RESURRECCIÓN HIDALGO 1853 - 1913

Hace unos meses escribí en este blog un artículo sobre un grupo de pintores en Roma que figuraban en una conocida fotografía en la que se encuentran los filipinos Luna, Paterno, Zaragoza y Resurrección con Juan Antonio y Mariano Benlliure y Juan José Puerto. El artículo desvelaba interesantes novedades biográficas que han podido pasar desapercibidas del pintor Félix Resurrección Hidalgo, siempre considerado -injustamente- segundo por detrás del otro gran pintor filipino Juan Luna Novicio.  He creído de interés escribir un artículo monográfico de carácter más personal, en el que destacar su importancia artística y su trayectoria vital a fin de que la información no quede diluída en el contexto de los grupos de pintores entre los que naturalmente se integra: Pintores filipinos, Dibujantes de La Flora del Padre Blanco o Pintores en Roma, anteriormente aludidos.

Autorretrato. A su querida madre. FR Hidalgo París 1901

        "...En la obra de Hidalgo late un sentimiento purísimo, expresión ideal de la melancolía, la hermosura y la debilidad, víctimas de la fuerza bruta; y es que Hidalgo ha nacido bajo el azul brillante de aquel cielo, al arrullo de las brisas de sus mares en medio de la serenidad de sus lagos, la poesía de sus valles y la armonía majestuosa de sus montes y cordilleras."

Discurso de José Rizal - 25 de junio de 1884

Félix Eduardo Resurrección Hidalgo y Padilla (1853 - 1913)

Félix Resurrección creció en la calle Escolta en Binondo, Manila, donde había nacido el 21 de febrero de 1853. Fue el segundo de los tres hijos varones y tercero de siete hijos de una familia filipina acomodada. Su padre, D. Eduardo Resurrección Hidalgo y Agapito, era un mestizo español abogado en Vigán, Ilocos Sur, que fue director de la Sociedad de Postas generales de Luzón (Precedente de la Sociedad General Postal) con amplias posesiones. Su madre, Dña. María Bárbara Padilla y Flores, mestiza de sangley, era de Binondo, hija del abogado y magnate naviero Narciso Padilla Rosa que fue nada menos que regidor de la Audiencia Real en Manila.

La línea materna de la familia procedía de Maria Padilla de Pangasinan, cuyo hijo Vicente Padilla casó con Hermenegilda Rosa y tuvieron dos hijos, Tomás Narciso, este último y su segunda esposa, Salomé Flores, fueron padres de Jose Sabino, que optó por la carrera eclesiástica y llegó a ser canónigo de la catedral Metropolitana de Manila y de María Bárbara quien con Eduardo Resurrección-Hidalgo, como hemos comentado, fueron los padres del pintor.

Izq. Félix niño con su abuelo Narciso Padilla. 1859  por Antonio Malantic
    Der.: Retrato de su madre. "A mi querida mamá, Félix, París 1886"

Su madre, María Bárbara, conocida como "Baritay", había sido educada por su padre para gestionar los negocios familiares, era una mujer de carácter, de profundas creencias religiosas. Al renunciar su hermano a los bienes terrenales, ella heredó las propiedades de su padre, entre ellas una serie de almacenes que se encontraban al borde del río en el distrito de Tondo que ella regentó con sabiduría por lo que sería conocida como "la reina del río Pásig". Además, quedó viuda cuando Félix tenía solo doce años, por lo que, a falta de una figura paterna, su influencia sobre el hijo se hizo más intensa. 

Félix realizó sus primeros estudios en los jesuitas del Ateneo de Manila y al terminar,  en 1867 entró en la universidad de Santo Tomás donde coincidió algún curso con su hermano Narciso, alumno entre 1870-1873, (AHN, Universidades 4254, Ex,9). Tras terminar los estudios de Derecho en 1871, Félix decidió ingresar en la Academia de Dibujo y Pintura de la calle Cabildo con los profesores Agustín Sáez y Lorenzo Rocha, en la que estuvo durante los siete años siguientes en los que se convirtió en uno de los alumnos más destacados. En 1876 fueron seleccionados algunos de sus dibujos para presentar en la Exposición Universal de Filadelfia. En 1877 concursó para la realización de la portada del gran libro de la Flora del Padre Blanco, quedando en el segundo puesto tras su profesor, Agustín Sáez, aunque su dibujo no se publicó hasta seis años después, en la vigésima entrega con la que se iniciaba el último tomo. Mediante oposición consiguió la pensión para ampliar estudios en Europa en 1879, año en que viajó a España con sus colegas Miguel Zaragoza y Esteban Villanueva con quienes convivió durante su estancia en Madrid. 

Durante dos cursos asistió con regularidad a las clases de la Academia de San Fernando de Madrid donde tuvo como profesores a Espalter en Pintura antigua y ropaje; a Federico Madrazo en Colorido y composición; a Ignacio Suarez Llanos en Anatomía pictórica; y a Carlos Luis Ribera en Pintura natural o pintura de bodegones. También dedicó muchas horas a la copia y contemplación de las obras maestras del Museo Nacional de Pintura del que afirma en una carta a su amigo Rizal en octubre de 1879: 
        "Uno deja ese edificio con dolor de cabeza y desesperación en el alma, porque está convencido de lo poco que sabe, de que ni siquiera es un átomo en comparación con los colosos del arte".

Los dos años restantes de la beca se traslada a Roma donde realiza la obra que le hizo famoso: Vírgenes cristianas expuestas al populacho, que presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1884 con la que ganó una segunda medalla. La pintura fue adquirida por el gobierno por R.O. de 10 de julio del mismo año por 2.500 pts. bajísimo precio del que el pintor se queja considerando que los veteranos pintores que forman el jurado "quieren cortar las alas de los jóvenes negándoles siempre que pueden los medios materiales para seguir avanzando" aunque él dice no dejarse vencer por esa actitud:

        "Afortunadamente, no me dejo, ni me dejaré vencer, por dura que sea la lucha; y aun en la quiebra seguiré haciendo otra obra de importancia aunque tenga que privarme de lo más necesario en la vida".

Posteriormente la obra fue depositada en la Universidad de Valladolid donde pereció en un incendio en 1936. Existe una versión de la misma en el Banco central de Filipinas de Manila. 
Vírgenes cristianas expuestas al populacho, 1884. Banco Central de Filipinas

Tras la estancia romana Félix realiza un viaje por Europa y, al igual que su colega Luna, decide afincarse definitivamente en París a donde llega en 1884. A partir de entonces recibe numerosos encargos y participa en múltiples exposiciones, además de la General de las Islas Filipinas (Madrid, 1887), la Universal de París (1889), la de Barcelona de 1891; la Internacional de Bellas Artes de Madrid (1892), la Universal de Chicago (1893), la Regional de Filipinas en Manila (1895) o la Universal de San Luis - Misouri (1904) donde su obra, El violinista, sería premiada con una Medalla de Oro. 

La mala suerte parece perseguir las obras de Resurrección que se adquieren en España, pues también se encuentra en paradero desconocido la que con el título "El Aqueronte" fue presentada por el pintor en diversas exposiciones y fue adquirida por el gobierno por 7.500 pesetas para el Museo de Ultramar que tras su disolución pasó al Museo de Arte Moderno que la depositó en el Ayuntamiento de Santander en 1908 de donde desapareció en fecha desconocida. El López Museum and Library de Manila tiene una versión y otra, con algunas variantes, se encuentra en la colección del Banco Central de Filipinas. 
Ref. Catálogo Exposición de Barcelona 1891
El Aqueronte. Imagen Publicada del cuadro perdido en La Ilustración Española y Americana -8 Feb. 1893

El Museo del Prado conserva tres obras de Félix Resurrección que se consideran de su etapa de formación: Estudio del natural, (actualmente en el almacén) Vendedora de lanzones y Pescador de Sacag (ambas en el Museo de Antropología), presentadas a la Exposición de las Islas Filipinas celebrada en Madrid en 1887. 
Estudio del natural
Vendedora de lanzones                         Pescador de Sacag

Patrimonio Nacional conserva al menos una obra de Félix Resurrección de carácter costumbrista filipino, al parecer regalada por el pintor al rey según recoge la prensa de la época.
La Correspondencia de España - 14 julio 1879, pág.3. 
Félix R.Hidalgo, La siesta, Recuerdos de Filipinas. 1879 P.N. Palacio del Pardo

Otra obra, que debía pertenecer a Patrimonio Nacional, titulada El Galeón, de la que actualmente se desconoce el paradero, fue regalada por el gobierno español al filipino con ocasión del acto de investidura como Doctor "Honoris Causa" del ministro de Asuntos Exteriores español, Fernando María Castiella en la Universidad de Santo Tomás en Manila, acto al que asistieron además del investido, los marqueses de Villaverde y los señores de la Serna y Marañón
Imagen de la recepción en Malacañan. Hoja del Lunes 27.2.1965

        "El ministro español en nombre del gobierno español, regaló al presidente un cuadro del pintor filipino Félix Resurrección Hidalgo, óleo que representa a un galeón español y que hasta hace poco se encontraba en Madrid..."
La Vanguardia, 27 de febrero de 1965

La vida en París
La vida en París para los jóvenes artistas filipinos que allí se instalaron fue feliz a juzgar por los testimonios escritos y las fotografías de la época. Rizal, Luna e Hidalgo compartían sus experiencias artísticas y literarias. Sus reuniones se amenizaban con su propia música, eran invitados frecuentes de la familia Pardo de Tavera Gorricho que residía en París. Como hemos comentado Luna cortejaba a la hija, Paz Pardo de Tavera, con la que se casará en 1886, Rizal se relacionaba con la joven Nelly Bustead que también vivía en la capital francesa y Félix Resurrección siempre iba acompañado de su modelo María Iritia, con la que compartió toda su vida. 
París h.1886 Fotografía de grupo en la que distinguimos a Paz Tavera y María Iritia, haciendo música con Félix Resurrección al violín, José Rizal a la flauta, Juan Luna al contrabajo y otros dos amigos.
Lamina XI de la Biografía de Rizal por Rafael Palma

Las tendencias personales y artísticas de ambos pintores van a seguir caminos diferentes. A diferencia del carácter explosivo de Juan Luna, Félix Resurrección se caracteriza por una discreción que puede de algún modo aplicarse tanto a su vida como a su pintura. A pesar de sus éxitos continuados mantiene un modo de vida sin sobresaltos. 

Uno de los cuadernos de bocetos de Resurrección contiene información sobre una fórmula de lo que llamó el "procedimiento FRH", que había elaborado para lograr la calidad y la durabilidad de las pinturas flamencas; enumera unos pigmentos de color que debían mezclarse con aglutinantes que no menciona aparte del barniz y alcohol que figuran en la lista. Comenta que ha probado esta nueva técnica en el retrato de su madre pintado en 1897 en el que dice haber conseguido una transparencia similar a la acuarela sin usar ni una gota de aceite.

    "Ahora tengo un procedimiento que me permite dominar la parte material de la obra ... Creo que te mencioné en una de mis cartas que he logrado reconstruir el antiguo procedimiento de los maestros flamencos y holandeses que permiten dar brillantez y solidez a los colores, a los que los Modernos apenas han llegado con su pintura al óleo sucia y grosera...¡ Supongo que no tengo que decirte que he guardado para mí el secreto!"
Carta sin fecha a "Pedro"  en Treasures of Phillippine Art, 2013 National Museum. Manila

F.R.Hidalgo. Retrato de su madre. 1897 Banco Central de Filipinas

En Francia continuaría con la pintura de paisaje, de clara tendencia impresionista que había empezado a practicar en Galicia, donde estuvo invitado por su protector Francisco Yriarte (1821-1892), desplazándose a los alrededores de París como los pintores franceses de la época y en especial a  las hermosas playas de Normandía, cuyos famosos acantilados y rocas se pueden encontrar en algunas de sus obras. 
F.R.Hidalgo. Marina y La casa cerca del río

F.R.Hidalgo. Paisaje de mar y Veleros en Étretat - Normandía. 1909 

La interesante pintura que, cercana al impresionismo, realiza el pintor en esta época es menos conocida en nuestro país. La independencia de Filipinas, coincidiendo con el cambio de siglo, supuso no solo el relegamiento de las obras de estos pintores que se dispersaron o se ocultaron, sino que se perdió totalmente el interés por su evolución tachándoles a menudo de desagradecidos cuando no de traidores, convirtiéndoles en cabezas de turco de una situación que les era totalmente ajena. 

Curiosamente durante el régimen franquista se estrecharon las relaciones España - Filipinas, lo que supuso, que conozcamos, el regalo anteriormente comentado de la obra El Galeón de Félix Resurrección perteneciente a Patrimonio Nacional, y anteriormente en 1958, el regalo de la obra Expoliarium de Juan Luna, a pesar de que pertenecía a la Diputación de Barcelona, aunque se hallaba arrumbada y muy deteriorada en los almacenes del MNAC. 
Juan Luna Pintor al aire libre [Félix Resurreción] 1890 Detalle 

En 1912, cumplidos los 59 años, después de más de treinta años de ausencia, atendiendo a la llamada de su madre, el pintor regresa a Manila acompañado por María Iritia, para que conociera a su familia. Parece que no hubo una buena sintonía entre María y la madre de FélixDoña Barbara Padilla, de salud delicada. La visita de la pareja concluyó a los seis meses, antes del tiempo previsto, probablemente por esa falta de entendimiento entre ambas mujeres. Félix y María se volvieron a París sin saber el poco tiempo de vida que le quedaba al pintor que sintiéndose enfermo se trasladó a Sarriá en Barcelona donde moriría en 1913. 

No sabemos qué razón movió a Félix para trasladarse a Barcelona, ¿un amigo? ¿un medico? El caso es que despues de casi treinta años de ausencia regresa a España donde parece ser que vivió en el número 25 de la Calle Galvany en Sant Gervasi, según consta en el Acta de Defunción del Registro Civil de Barcelona, que aporta poca información sobre las circunstancias de la muerte que se produce a las dieciseis horas del 13 de marzo de 1913. Desconocemos la relación que tenía con D. Juan Bel Lluch, casado y carpintero, que es la persona que en calidad de mandatario informa del fallecimiento de Félix R.Hidalgo Padilla, para lo que presenta al juez del Registro Civil el certificado médico de defunción que indica que la muerte se produjo "a consecuencia de enfisema pulmonar y parálisis cardiaca". Por la información que aporta este mandatario se deduce que no es una persona cercana o familiar ya que le hace natural de Manila cuando era de Binondo - Cavite, y dice que tiene cincuenta y ocho años cuando en realidad acababa de cumplir sesenta. Se aporta como información adicional "que el finado era soltero" y "que se ignora si testó". Tampoco parece existir relación con los dos testigos que firman en el Acta, ambos solteros, empleados y vecinos de Barcelona.

Copia del Acta de Defunción Nº 104 del Registro Civil - Hidalgo Padilla Félix R.
(Actualización 15.2.2022)

Suponemos que Félix murió acompañado por María quien deberá realizar las gestiones para el traslado de los restos a Manila a fin de que  pudieran ser enterrados en su tierra en el Cementerio del Norte, lo que no se producirá hasta el año siguienteA su muerte, Félix Resurrección Hidalgo dejaba una no pequeña fortuna en bienes, acciones y pinturas y al no tener descendientes, su única heredera natural era su madre, aunque ella también murió al año siguiente dejando la fortuna de Hidalgo-Padilla a sus correspondientes herederos. La mayor parte de las pinturas quedaron en manos de sus sobrinos, Felipe Hidalgo, hijo de su hermano José que creó la Casa del Arte de Hidalgo, una auténtica colección de arte a lo largo de los años; y Eduardo y Rosario Paz, hijos de su hermana Pilar

MARÍA IRITIA ¿Quien era la compañera de Félix Resurrección?
Félix Resurrección Hidalgo "La Inocencia"  Paris 1901 
Presunto retrato de María Iritia

Las especulaciones, escasas y poco concretas, han constituído a través del tiempo las informaciones sobre la que fue compañera de Félix Resurrección a lo largo de su vida. Es nombrada como "María Yrritia", suponiéndo a veces un origen vasco, quizás por la sonoridad del apellido y otras veces francés pues es en París donde se conoce su convivencia; también se cuenta que sirvió de modelo al pintor a lo largo de los años y compartió con él su vida sin formalizar la relación. Pero hasta ahora no se había conocido la verdad sobre el origen de esta mujer y el momento de su relación inicial con el pintor que se documentan prácticamente al tiempo de su llegada a Madrid. 

Como hemos comentado los tres pintores filipinos que coincidieron en su pensionado académico en Madrid, Miguel ZaragozaEsteban Villanueva y Félix Resurrección, habían alquilado un piso en común en el número 6 de la madrileña calle Olózaga, donde aparecen empadronados el 1 de diciembre de 1880, es decir, al año siguiente de su llegada. En el mismo domicilio, como jóvenes de buena familia que son, conviven con ellos dos sirvientas que se ocupan de las labores de mantenimiento y limpieza de la casa. Una de ellas es María Abad Hiritia (sic) y de ella se consigna la siguiente información: que es una joven de 27 años, nacida el 21 de enero de 1853 en la localidad de Selas en la provincia de Guadalajara; que estaba soltera; de profesión "criada"; que hacía 13 años que vivía en Madrid y que "no sabía leer." 

En el documento de empadronamiento general de los habitantes de Madrid, verificado en 1º de diciembre de 1880. Distrito Buenavista, Barrio de Alcalá, en la casa nº 6, cuarto 4º de la calle Olózaga, figura Miguel Zaragoza y Araquizna como titular y los siguientes inquilinos:

Se da la circunstancia de que los dos años anteriores 1878 y 1879 el nombre de María Abad Iritia aparece en los documentos de empadronamiento correspondientes a una casa de huéspedes de la céntrica Travesía de Moriana, 7, en la que se alojaban diversos huéspedes procedentes de Filipinas: la mayoría militares. En el Padrón de 1878 figura Manuel, el hermano de Juan Luna (que no aparece pues en esa fecha ya había partido a Roma con Alejo Vera). En este domicilio, se alojaron por un tiempo los tres amigos pintores, Miguel, Esteban y Félix a su llegada a Madrid.

En el documento de empadronamiento correspondiente al año 1879 Distrito: Centro, Barrio: Jacometrezo, Calle: Travesía de Moriana, Casa nº 7, cuarto Principal derecha, figura en primer lugar Agustín Hernáez, su familia y la persona de servicio y a continuación los huéspedes entre los que se encuentran los tres amigos pintores.

El nombre de María y todos los datos que de ella aparecen coinciden con los ya mencionados en la casa de la calle Olózaga, con pequeñas variaciones como la "h" de su segundo apellido y una diferencia de un año en la fecha de nacimiento y, aunque no se lee con claridad, parece figurar que sabe leer. Hay que tener en cuenta que puede haber algún error pues ella no escribe personalmente los datos. También se detecta una diferencia de un año en la fecha de nacimiento de Esteban Villanueva. A pesar de esas pequeñas diferencias no cabe duda de que estamos ante la misma persona que es la que habitualmente se menciona como "María Yrritia".

Félix Resurrección y sus colegas tuvieron que conocer a María en la pensión de la Travesía Moriana donde estuvieron alojados el primer curso de su estancia en Madrid. Posteriormente, para la estancia del segundo curso, deciden alquilar su propia casa y es un hecho indubitable que proponen a María Abad Iritia que se ocupe de su servicio, lo que supondrá para Félix Resurrección el comienzo de una relación que durará toda su vida. 
Félix Resurrección Hidalgo. "La Modelo" Retrato de María Abad Yritia. 
Colección Eugenio López Foundation

El concepto de "sirvienta" o "criada" utilizado a finales del siglo XIX que figura en el formulario de Padrón puede no coincidir exactamente con lo que hoy entendemos por esa ocupación, ya que en la época existía una figura a medio camino entre ama de llaves y criada que se ocupa del servicio doméstico y que puede incluso tener otra persona a su servicio, como ocurre en este caso, para realizar las tareas menores. Esa situación podría ser más acorde al papel que desempeña María en el domicilio de los pintores, aunque el hecho de no saber escribir ni leer también resulta indicativo de su procedencia social.  

La identificación de María Irritia, con la María Abad Iritia del padrón madrileño se corrobora definitivamente con la última noticia que tenemos de ella que es la de su desaparición en el naufragio sufrido por el barco que la transportaba a Manila. En la lista del pasaje que embarcó en Barcelona (difícil de encontrar en la prensa nacional) figura su nombre: María Abad Iritia, lo que supone la confirmación de la historia, contada pero no documentada, de su desaparición en el siniestro del vapor Eizaguirre cuando se dirigía a Manila, ocurrido la noche del 26 de Mayo de 1917 en las inmediaciones de Ciudad del Cabo
Recorte de prensa del 30 de Mayo de 1917
El Restaurador - Tortosa

Cabe suponer que María, tras ocuparse de los asuntos relativos al cierre del estudio parisino y la liquidación de los bienes del pintor, volvía a Manila llevando "la herencia de Félix" que, tras el fallecimiento de su madre había pasado a formar parte de la herencia de Bárbara Padilla, por lo que correspondía legalmente a los herederos de esta, es decir a sus hijos y, en su caso a sus nietos. 

Una vida discreta 

Resulta curioso confrontar las trayectorias vitales de los dos principales pintores filipinos de la época, Juan Luna y Félix Resurrección, que corrieron en buena parte paralelas. En especial resultan de interés las historias relativas a sus compañeras de vida que difícilmente podrían resultar más opuestas. 

Mientras Juan Luna, crecido por el éxito, se casa en París con una joven de una clase social superior, de una de las principales familias filipinas, Paz Pardo de Tavera, para lo que hubo de vencer la resistencia de su madre a que su única hija se uniera con un indio filipino y ello a pesar de que hubiera gozado de una buena educación y hubiera alcanzado el éxito en su profesión. 

Por su parte el joven Félix Resurrección procedente de una notable y pudiente familia, dueña de un imperio empresarial, cuando llega a Madrid se enamora de una joven de un nivel social claramente inferior, María Abad Iritia, que se ocupa de las tareas domésticas en la casa en la que viven y no duda en visitarla durante su pensionado en Roma o llevarla consigo como modelo cuando decide establecerse en París, en 1884

El futuro de ambas parejas tras una primera época de triunfos y felicidad no puede ser más diferente: El temperamental Luna tira por la borda todo lo conseguido cuando en un ataque de celos dispara a su mujer y a su suegra causándoles la muerte. A pesar de que es absuelto por considerarse un crimen pasional, la vida de Juan Luna se oscurece y sus obras pierden los destellos del genio con los que había brillado en la época anterior. 

Por su parte Félix Resurrección no llega a formalizar su relación con María a pesar de que se mantienen juntos a lo largo de su vida. No podemos saber hasta qué punto los prejuicios de clase pesaron en el ocultamiento de esa situación, ninguno de sus amigos y compañeros en la multitud de documentos y cartas personales que de ellos se conocen, menciona jamás el nombre de María, quizás por respeto a una intimidad que él mismo no parece tener intención de hacer pública o porque el resto del grupo adolece de los mismos prejuicios que el propio pintor. Otra causa posible para esta extraña situación de mantener tan larga convivencia sin formalizar su relación pueda ser el respeto a su madre -lo hemos visto en otros casos. La opinión de la poderosa Bárbara Padilla, tanto desde el aspecto religioso como desde los prejuicios sociales a causa del modesto origen de María pudieron influir en la indecisión del pintor que tardará más de treinta años, toda una vida, en volver a visitarla en Filipinas. 

    "Hidalgo es todo luz, colores, armonía, sentimiento, limpidez, como Filipinas en sus noches de luna, en sus días tranquilos con sus horizontes, que convidan a la meditación y en donde se mece el infinito". José Rizal, (1884)

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