miércoles, 21 de marzo de 2012

BIENVENIDOS A LA SALA LVI DEL MUSEO DEL PRADO

Es difícil encontrar una sala que tenga una unidad temática tan clara como la Sala 56 del Museo del Prado, que se encuentra situada en la zona central de la Planta Baja:
Se trata de una sala rectangular de medianas proporciones, aproximadamente 6 x 14 mts., con dos entradas simétricas en los laterales cortos, en la que se exponen dieciocho cuadros, siete en cada uno de los lados mayores y dos en cada uno de los menores, todos ellos de la segunda mitad del S.XVI o de los años iniciales del XVII. Del mismo periodo temporal son los dos tableros de piedras duras que se encuentran en el centro de la Sala.

Los cuadros son retratos singulares de un total de catorce personajes que están ligados por lazos de sangre, de matrimonio o ambos, excepto un intruso, (Nº3) un bufón que es ajeno a este mundo familiar. El nexo entre todos ellos lo constituye la figura del rey FELIPE II (Nº13).

  Los cuadros, están enmarcados en diferentes colores según quien los realiza:
En azul, los de Alonso Sánchez Coello: 1, 2, 7, 10 y 17, este último también atribuido a Sofonisba  Anguissola)
En naranja los de Anthonis van Deshorts Moor (Antonio Moro): 3, 4, 5, 6, 8 y 9
En rojo los de Sofonisba Anguissola: 11, 12 y 13 + la atribución del 17
En verde los de Juan Pantoja de la Cruz: 14, 15 y 16
En amarillo el de Justus Thiel: 18.

UNAS PINCELADAS BIOGRAFICAS SOBRE LOS ARTISTAS

Todos los artistas presentes en la sala estuvieron relacionados con Felipe II en diferentes momentos de su largo reinado. Cuatro de ellos fueron pintores de corte y una única mujer pintora que no lo era de oficio, pero está a la altura de los mejores y compite con ellos en el mismo tiempo.  


ANTONIO MORO. Anton van Dashorts Mor 
(Utrecht, c.1516 - Amberes, 1576). 
Autorretrato A.Moro Uffizi. Florencia
Pintor nacido en el norte de Flandes y discípulo de Jan van Scorel en Utrecht hasta que llamó la atención de su primer mecenas influyente, Antonio Perrenot de Granvela, de la corte imperial de Carlos V, que a menudo se referiría a él como «mi pintor» y es quien le pone en contacto con la Corte española.

En 1550, María de Hungría (hermana de Carlos V) le envía a Lisboa para retratar a la familia real portuguesa, y en especial a María de Portugal, segunda prometida de Felipe II, viudo desde 1545 de su primera mujer Mª Manuela de Portugal. De camino a Portugal a su paso por España hace los primeros retratos oficiales, primero el del Archiduque Maximiliano II (nº8) y después el de su mujer María de Austria, hermana de Felipe (nº9). En Lisboa, realiza los retratos de Doña Catalina de Austria, (Nº5), y de su marido el rey Juan III, (Museo Lázaro Galdiano, Madrid). 

En 1553 el ascenso al trono de Inglaterra de María Tudor, produce un cambio de planes de Carlos V que considera más favorable a sus intereses la unión con Inglaterra que la de Portugal por lo que se cancela la boda con su rica prima portuguesa María de Avis, y se anuncia el nuevo compromiso del todavía príncipe Felipe con la reina inglesa María Tudor

Moro es enviado a Londres para realizar el retrato de la novia.(Nº6). Ese mismo año recibe el nombramiento oficial de pintor del ya coronado rey Felipe II , con el que volverá a España en 1559 tras los cinco años de regencia de su hermana Juana de Austria, viuda del príncipe heredero de de Portugal de quien realiza el retrato que se encuentra en la Sala (Nº 4). 

La estancia del pintor en la corte española va a ser breve pues el mismo año 1559 se vuelve a Flandes, posiblemente huyendo de la Inquisición que investigaba su posible relación con los protestantes. En Amberes continuó trabajando como pintor de cámara para Felipe II. 

El Museo del Prado tiene catorce obras suyas de las que seis están expuestas en esta Sala 56 y tres en la Sala contigua (55).

SOFONISBA ANGUISSOLA 
(Cremona c.1532-Palermo 1625)

Autorretrato 1554 -Landcut
Perteneciente a una familia de la baja nobleza cremonesa, Sofonisba es la mayor de seis hermanas a las que su padre, siguiendo principios humanistas, dota de una formación esmerada en pintura, literatura, música, baile y lenguas. Las dos hermanas mayores, Sofonisba y Elena reciben directamente la formación en talleres de pintores locales, primero en el de Bernardino Campi y posteriormente en el de Bernardino Gatti, "el Sojaro". Este aprendizaje será transmitido por Sofonisba a las hermanas menores entre las que destacan Lucía, autora del Retrato del Doctor Pietro Manna del Museo del Prado, y Ana María, la menor, que realiza obras de carácter religioso. Dentro de las limitadas posibilidades de aprendizaje que tiene una mujer en esta época, Sofonisba se especializa en el retrato del natural, empezando por retratarse a sí misma y su entorno familiar. 

Giorgio Vasari recoge en sus Vidas la siguiente descripción de la pintora:

Sofonisba la cremonesa, hija del señor Amilcar Angusciola, se ha esforzado más que ninguna otra mujer de nuestro tiempo, con más estudio y con mayor gracia, en las cosas del dibujo, pues ha logrado no sólo dibujar, colorear y retratar del natural y copiar excelentemente cosas de otros, sino que por sí sola ha hecho obras de pintura únicas y bellísimas" 

El padre, consciente de las virtudes artísticas de su hija, envía sus obras a las principales cortes italianas: Mantua, Parma, Milán, Roma, donde su obra es admirada y comienza a ser solicitada como retratista. El Duque de Alba, que la conoce cuando era Gobernador de Milán, aconseja a Felipe II que la requiera como Dama de Honor y maestra de pintura de la joven tercera esposa del rey, Isabel de Valois.

En 1559 Sofonisba deja atrás su Cremona natal a la que nunca volverá, y se incorpora a la corte española en la que permanecerá catorce años. Retrata a los principales miembros de la familia real con los que se relaciona en su doble papel de dama y pintora, recibiendo importantes regalos en compensación. En 1573, tras su boda con el noble Fabrizio Moncada, parte para Sicilia.


La gran fama que adquirió se fue diluyendo en el tiempo; el hecho de no ser considerada pintora de oficio y no firmar sus obras, es la causa principal de este olvido. Sus retratos, por su gran calidad, fueron atribuidos a los principales pintores de la época: Veronés, El Greco, Antonio MoroSánchez Coello; gran calidad que paradójicamente parece empequeñecerse a medida que se le van reasignando sus propias obras como consecuencia de los estudios técnicos y de la aparición de documentación que atestigua la autoría de la pintora.

ALONSO SÁNCHEZ COELLO 
(Benifairó, Valencia c.1532 - Madrid, 1588)
Autorretrato (?) 1570c. M.del Prado
Nacido en la localidad valenciana de Benifairó, a los diez años se traslada con su familia a Portugal, donde parece que pudo formarse en el taller del pintor flamenco Cristóbal de Utrecht. Posteriormente entra al servicio de la corte portuguesa y al ver sus buenas dotes el rey, Juan III, le envía a Flandes durante dos años para completar su formación en el taller de Antonio Moro. Por consejo de la princesa Juana, en 1555 va a pasar al servicio de Felipe II, quien le nombrará pintor de cámara y a partir de 1559 se traslada a la Corte en Madrid donde goza de la máxima confianza del rey que le asigna como vivienda la Casa del Tesoro, contigua al Alcázar madrileño, en la que vivirá con su mujer, Luisa Reynalte, y sus hijas que mantienen una estrecha relación con la familia real.

Sánchez Coello sobresale en el género del retrato. Dice Pacheco que además de retratar en varias ocasiones a Felipe II, retrata a "diez y siete personas reales entre reinas, príncipes, infantes, que lo honraban y estimaban en tanto, que se entraban a festejar y recrear en su casa con su mujer y hijos”. 
No obstante hay diversos testimonios (Antonio Ponz, Ceán Bermudez...) que hablan de que la mayoría de sus retratos se perdieron en el incendio de el Alcázar de 1604. También realiza importantes obras de carácter religioso, de gran formato, entre ellas ocho grandes lienzos con parejas de santos de tamaño natural para el Escorial. 

En 1918 se celebró en Madrid una exposición retrospectiva de retratos femeninos españoles organizada por la Sociedad de Amigos del Arte, en la que se trata de forma conjunta la escuela española anterior a 1800 en la que por primera vez se pone de relieve la importancia de Sánchez Coello y se le empieza a considerar como gran maestro del retrato español, dando además a conocer alguna de sus obras menos conocidas. Se inicia de esta forma una corriente de reivindicación de sus méritos que va a derivar en una serie de atribuciones, no siempre exigentes en cuanto a sus fundamentos. Su hija, Isabel Sánchez, pupila suya, fue también una retratista relevante.


JUAN PANTOJA DE LA CRUZ
(Valladolid, 1553c.-Madrid, 1608)
Firma de Pantoja de la Cruz
De origen vallisoletano, se traslada muy joven a Madrid para entrar a trabajar en el taller de Alonso Sánchez Coello. Sus pinturas siguen la manera de su maestro, con el que colabora en algunas obras y en ocasiones resulta difícil distinguir la obra de ambos pintores. En sus retratos trata con gran minuciosidad todos los detalles: los vestidos, adornos, bordados y joyas que lucen sus modelos pero en cambio no encontramos en sus personajes especiales rasgos de su personalidad.A partir del fallecimiento de su maestro, en 1588, comenzará a firmar sus obras siendo el principal retratista de los últimos años del reinado de Felipe II y de los primeros de Felipe III que también le nombrará su pintor oficial. Pantoja perpetúa las fórmulas iconográficas del retrato regio reflejando la idea de majestad y solemnidad de la dinastía reinante. Ademas de seguir la tradición de Moro y de Tiziano a través de su propio maestro, también es de destacar la influencia de Sofonisba Anguissola de cuyas obras realizó numerosas copias.  

Junto a su trabajo como retratista, realiza un buen número de composiciones religiosas entre las que se encuentra El Nacimiento de la Virgen (Nº 15) en la que retrata "a lo divino" a diversos personajes de la familia política de Felipe III. De las más de veinte obras que el Prado conserva de este artista, (muchas de ellas depositadas fuera del Museo) en la actualidad solamente se exponen tres, todas en la Sala 56. 

JUSTUS THIEL
Activo a finales del XVI

No se conocen detalles de la vida de este pintor que aparece en documentos de la Casa Real como "pintor que fue de su magestad" por lo que se deduce que fue pintor de cámara de Felipe II. Además de alguna referencia documental a sus obras, solo se conoce de él la obra expuesta en esta sala y una Santa Catalina de una colección particular.

Es probable que pudiera pertenecer a una de tantas familias de artistas flamencos venidas a trabajar a España en el S.XVI. Por su apellido pudiera proceder de la ciudad holandesa de Thiel.  Este apellido con variantes Thiel, Tiel, Til, Thielens... aparece en diversos documentos de la época (A.G. de Simancas, Sección Contaduría Mayor de Cuentas), en los que se menciona por ejemplo a un Juan de Til o Jean Tiel activo desde 1561, formando parte de una de las cuadrillas de pintores flamencos que trabajaban a tasación realizando diversos trabajos en el Pardo, en Aranjuez o en el Escorial. Cano de Gardoqui considera que puede haber parentesco entre este Jean Tiel y el pintor de el Prado. También se menciona en la documentación del Escorial a un vidriero Duarte Til cuyo nombre "a la portuguesa" pudiera indicar que habría trabajado previamente en la corte lisboeta.

Por la edad del personaje retratado que figura en el propio cuadro (AETATIS SUAE 12), y sabiendo que había nacido en 1578, se calcula que el cuadro debió ser pintado en 1590.

Justus Thiel debía estar muy bien considerado a juzgar por el alto precio -80 ducados- en que se tasa el retrato en el Inventario hecho a la muerte de Felipe II. Según Pérez Sánchez es muy probable que haya obras de Thiel circulando con otras atribuciones: "He aquí -dice- otro candidato a la paternidad de tantos Moros, Sánchez Coellos o Pantojas, distribuidos por el mundo y que nada tienen que ver con sus presuntos autores". Esta es una historia que nos resulta ya conocida.

Una completa información sobre el conjunto de pintores de esta Sala y de los pintores prevelazqueños que en su tiempo trabajaron para Felipe II y Felipe III, se puede encontrar en las obras de la especialista Maria Kusche: "Retratos y retratadores: Alonso Sánchez Coello y sus competidores" y "Juan Pantoja de la Cruz y sus seguidores" editadas por la Fundación Arte Hispánico.


LOS CUADROS Y SUS PERSONAJES

Como hemos dicho más arriba los personajes retratados están relacionados por parentesco de consanguinidad, afinidad o ambos y la persona en la que confluyen todas las relaciones es el propio Felipe II. Sin ánimo de exhaustividad vamos a ir paseando por la sala conociendo un poco más de cerca los personajes retratados que se recogen en el gráfico siguiente.

En la línea horizontal superior se encuentran Catalina de Portugal y su hermano Carlos V. En el segundo nivel, los tres hijos de Carlos: Juana, Felipe y María, ésta junto a su esposo el archiduque Maximiliano II, sobrino de Carlos. En la tercera línea las cuatro esposas de Felipe II: por orden de antigüedad, de izquierda a derecha: María Manuela de Portugal, María Tudor, Isabel Valois, y Ana de Austria. En la cuarta y última fila vemos a los hijos de los diferentes matrimonios, el primero el príncipe Carlos, a la izquierda, en el centro las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela y finalmente, el heredero, único sobreviviente de los hijos de Ana de Austria, Felipe III, junto a su esposa Margarita de Austria.

He incluido dos personajes que no se encuentran en la Sala aunque podrían haber estado puesto que el Museo dispone de retratos de ambos: uno es Carlos V, cabeza de la saga familiar, que he colocado a la cabeza del grupo, en línea con su hermana menor Catalina, reina de Portugal. El otro, la primera esposa de Felipe II, María Manuela de Portugal, cuya imagen, que aparece con un reborde difuso, es un detalle del retrato de cuerpo entero de autor anónimo del Museo del Prado.


Para ordenar el relato y seguir una línea cronológica hablaremos, en primer lugar de las dos hermanas del rey para pasar a continuación a sus cuatro esposas, que son las que aparecen señaladas con una estrella roja. Siguiendo el esquema del gráfico, finalmente hablaremos de los hijos.


LAS HERMANAS DEL REY

María de Austria (1528-1603)

El retrato de la hija mayor de Carlos V fue realizado por Antonio Moro y hace pareja con el de su marido el archiduque Maximiliano de Austria, ambos fueron realizados en los años 1550 y 1551. Como es habitual en la política de los Austrias, se trata de un matrimonio formado por primos hermanos, en un interés por mantener unidas la rama española y alemana de la familia. 

Al contrario que su hermano, que tantas dificultades tuvo para tener hijos, María tiene quince hijos sobre los que tuvo gran influencia. Entre ellos se encuentran los emperadores Rodolfo y Matías, su hija mayor Ana, que será la cuarta esposa de Felipe II, y el archiduque Alberto que se casará con la Infanta Isabel Clara Eugenia, con la que gobernará los Países Bajos. A la muerte del Maximiliano en 1576, María se vuelve a España y va a residir en las Descalzas Reales con su hija menor Margarita que se hace monja.

Antonio Moro. Retratos de Maximiliano II de Austria (1550) 
y su esposa María de Austria (1551) MNP 

Juana de Austria (1535-1573)

Antonio Moro. Juana de Austria. 1560. MNP

Este magnífico cuadro de Antonio Moro representa a la Princesa Juana de Portugal, Infanta de España, hija del Emperador Carlos V y de Isabel de Portugal, hermana del rey Felipe II y madre del rey Sebastián de Portugal.

Juana era una mujer culta, tocaba música profana y sacra, leía libros y hablaba latín. Siguiendo la política matrimonial de Carlos V dirigida a consolidar o ampliar territorios, Juana fue casada a los 16 años con su doble primo hermano Juan Manuel, heredero de la corona de Portugal, pero el príncipe moriría meses después de la boda, cuando ella estaba a punto de dar a luz a su único hijo Sebastián.

Al enviudar tuvo que regresar a Castilla, pero su hijo, como legítimo rey de Portugal, hubo de quedarse a cargo de su suegra y tía, Catalina de Austria [Nº5]. Madre e hijo nunca más volverían a verse si no es a través de los retratos que encargaba para ir viendo su evolución.

La suerte nunca favoreció a la princesa Juana, que perdió a su madre a una tierna edad y a su marido casi de recién casados, tuvo que dejar a su hijo recién nacido en Lisboa, a quien no volvió a ver y vio morir prematuramente a su sobrino Carlos a quien ella crió como a un hijo.

Todo este cúmulo de desventuras la inclinaron a refugiarse en la religión, lo que unido a su estrecha amistad con San Ignacio de Loyola, la llevó a hacerse jesuita convirtiéndose en la única mujer de la historia de la Compañía, en la que ingresó de modo secreto con el nombre de Mateo Sánchez.

 
Sebastián de Portugal por Cristóbal de Morais (MNP) y
Sebastián de Portugal atribuido a Sánchez Coello. Museo de San Telmo. S.Sebatián (Dep. MNP)

(Sobre la posibilidad de incorporar a esta Sala el retrato de su hijo Sebastián, bien el realizado por el pintor de la corte portuguesa Cristóbal de Morais, o el atribuido a Sánchez Coello que se encuentra en depósito del Museo del Prado en el Museo de San Telmo, para hacer pareja con el de la princesa Juana , ver artículo anterior en este blog: UNA BURLA DEL DESTINO). 

En el mismo palacio en el que nació, Doña Juana fundó el Monasterio de las Descalzas Reales que fue refugio de muchas mujeres de la familia y donde pidió ser enterrada. En él puede verse su magnífico sepulcro con su escultura realizada por Pompeyo Leoni.

LAS ESPOSAS DEL REY

María Manuela de Portugal 
(Ver actualización al pie de la entrada)

Retrato anónimo de M.Manuela de Portugal en el KHM de Viena

Fue la primera y es la única de las cuatro esposas de Felipe II que no se encuentra retratada en la Sala. De ella, por otra parte, existen muy pocas imágenes conocidas. Este primer matrimonio del entonces todavía príncipe Felipe, al igual que los que le seguirán, fue fruto de la política expansiva de Carlos I, que solía decir que mientras otros conseguían sus territorios con la ayuda de Marte, él lo hacía, pacíficamente, por mediación de Venus.

La celebración de la boda, ampliamente narrada por las crónicas de la época, tuvo lugar en Salamanca, el 14 de Noviembre de 1543 con fiestas que duraron varios días. Después la pareja se trasladó a Valladolid y al pasar por Tordesillas visitaron en su encierro a la abuela común, Juana la Loca

María Manuela, de dieciséis años igual que el novio, no llega a reinar ya que su fallecimiento se produce dos años más tarde [1545], cuando no había cumplido los dieciocho, a causa de unas fiebres originadas por el parto de su primer y único hijo, Carlos

Catalina de Portugal, Madre de Mª Manuela 

Aunque el retrato de Mª Manuela no se encuentra en la sala, si podemos ver el magnífico retrato de su madre realizado por Antonio Moro: la reina Catalina de Portugal [Nº5], hermana menor de Carlos I casada con el rey de Portugal. Tía y suegra a la vez de Felipe II.

Antonio Moro. Catalina de Austria, reina de Portugal. H.1553. MNP

El príncipe Carlos de Austria

También se encuentra en la Sala su hijo, el Príncipe Carlos [Nº7] retratado por Alonso Sánchez Coello, huérfano de madre desde su nacimiento, su educación estuvo al cargo de sus tías y apenas convivió con su padre que tras la muerte de María Manuela quedó sumido en una profunda tristeza, que tardó años en superar. 

El niño ya desde los primeros momentos de su infancia, dio muestras de tener graves problemas físicos y mentales, nada raro si tenemos en cuenta que sus padres eran dobles primos hermanos, por lo que antes de casarse hubieron de obtener la correspondiente dispensa papal. 

A. Sanchez Coello. Retrato del Príncipe Carlos. (h.1555) MNP 

El príncipe muere a los 23 años tras un periodo de encierro en sus aposentos, sin que se sepa a ciencia cierta cuál fue la causa. La versión oficial que el rey hace circular, es que muere por causas naturales debido a su frágil salud.

La segunda esposa: María Tudor

A pesar de que la elegida inicialmente para ser la segunda mujer de Felipe II era otra portuguesa, su prima María de Portugal,  hija de su tía Leonor y el rey Manuel I de Portugal, mientras se realizan las negociaciones sube al trono de Inglaterra María Tudor -prima del emperador por ser hija de su tía Catalina de Aragón-, que resulta ser mejor partido para el todavía príncipe Felipe. El emperador por tanto, corrige la selección y concierta el segundo matrimonio de su hijo, ajeno a preferencias personales, guiado, como siempre, por intereses políticos.

Antonio Moro. Retrato de María Tudor. 1554. MNP

Pero tampoco esta vez le acompaña la suerte, la reina, de treinta y ocho años, parece demasiado mayor al joven príncipe de veintisiete años. Él le envía su retrato hecho por Tiziano (actualmente en el Museo del Prado) y envía a su pintor, Antonio Moro para que la retrate. El resultado es el retrato que podemos ver colgado en la Sala [Nº6]. 

Pero en esta pareja, unida por el interés, y a pesar de coincidir en su fervor por la religión católica, Felipe se siente en desventaja y se ausenta de Inglaterra siempre que puede. Ella sufre dos falsos embarazos, se decía que por el fuerte deseo de tener un heredero, aunque los síntomas parecían más bien derivados de algún tipo de desorden hormonal, que finalmente la llevan a una temprana muerte en noviembre de 1558, sin descendencia.

La tercera esposa: Isabel de Valois

Después de dos matrimonios no muy afortunados, Felipe II prepara el tercero con el máximo cuidado. Concertado a través del Tratado de Cateau-Cambrèsis, la elegida es la jovencísima Isabel de Valois, hija de los reyes de Francia, que en principio estaba destinada a su hijo el príncipe Carlos. Nueve años dura el reinado de Isabel de Valois desde los 13 a los 22 años. Al principio la diferencia de edad con Felipe II, que tiene 32 años, hace difícil una relación equilibrada. Él la trata como una niña a la que concede caprichos y busca cómo satisfacer su gusto haciéndole costosos regalos de joyas y vestidos por los que la reina siente especial debilidad.

A partir de Agosto de 1561, el paso de niña a mujer la lleva a empezar a cumplir con sus obligaciones de esposa, lo que a decir de algún cronista de la época, no fue una tarea fácil debido a las dificultades derivadas de la constitución del rey. A pesar de ello es muy comentado que en este tiempo su belleza aumenta de forma notable.

Sofonisba Anguissola, Retrato de La reina Isabel de Valois. 1565. MNP

El retrato que se encuentra en la sala [11] fue realizado por Sofonisba Anguissola en 1565, con ocasión del viaje a Bayona que Isabel realiza por encargo del Rey para verse con su hermano Carlos, futuro rey de Francia y con su madre, Catalina de Médicis, quien le recrimina lo “española” que se ha vuelto en tan poco tiempo.

En 1566, el 12 de agosto por fin da a luz a su primera hija, Isabel Clara Eugenia y un año más tarde, el 6 de octubre de 1567 nace la segunda, Catalina Micaela. En esta ocasión el rey no oculta su decepción por no haber tenido un varón.
Finalmente en 1568, año aciago para la corona española, muere el hasta entonces único heredero, el príncipe Carlos, y pocos meses más tarde la reina entra en un proceso que también le llevará a la muerte pese a los esfuerzos de los médicos por salvarla, que tal vez fueran finalmente la causa de su fallecimiento.
Las Infantas

Las dos únicas hijas de Isabel de  Valois y Felipe II, las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, aparecen retratadas  en cuatro obras: 1, 2, 10 y 17, que nos permiten ver su evolución a través del tiempo:

En la primera [Nº1] Alonso Sánchez Coello, nos muestra un retrato fiel a las características del retrato de corte en el que las infantas van vestidas con la sobriedad y la rigidez que corresponde a los retratos regios. La obra ha sido sido fechada hacia 1575, es decir con unos 10 y 9 años respectivamente, aunque considero por su relación con otros retratos de la época que habría que adelantar la fecha de ejecución en dos o tres años,  Las infantas se representan de pie, en un fondo neutro en el que únicamente aparece una mesa cubierta con un paño verde sobre la que se encuentran unas flores.


A.Sánchez Coello Retrato de las infantas. h.1575 MNP

La imagen continúa la línea establecida en retratos anteriores, de los que conocemos al menos dos: El Retrato infantil de las dos infantas que se encuentra en el monasterio de las Descalzas Reales de Madrid, (H.1568), y el Retrato algo posterior que se encuentra en el Palacio de Buckingham (1571). La similitud compositiva con el del Palacio de Buckingham es evidente. Realizado unos años antes, probablemente por la pintora Sofonisba Anguissola, presenta varios rasgos característicos de la pintora: una mayor naturalidad, miradas que se dirigen al espectador de la obra, la presencia de animales de compañía, todos ellos elementos bien conocidos en la retratística infantil previa de la pintora. A diferencia del retrato anterior, en este caso vemos un doble retrato infantil.

Detalle de las Infantas del Palacio de Buckingham (1571)

El Nº 2 es un retrato de Isabel Clara Eugenia, realizado también por Sánchez Coello, que pinta a la infanta a la edad de trece años, siguiendo ya el modelo de representación que el pintor ha aprendido de su maestro, Antonio Moro. Se presenta a la infanta de pie, en un retrato de tres cuartos, con los símbolos de su elevada posición dentro de la corte: un pañuelo en la mano izquierda,  mientras apoya la derecha en un sillón de madera y terciopelo rojo. Viste traje blanco bordado en oro con cuello y puños de puntas. Completa su vestuario un tocado de plumas con piedras preciosas y perlas.  


A.Sánchez Coello. La infanta Isabel Clara Eugenia.  H.1579 MNP

El siguiente es el retrato de Catalina Micaela [Nº17] Realizado en 1585 el retrato fue atribuido inicialmente a Sánchez Coello pero  las últimas investigaciones se inclinan, con mayor fundamento, por la autoría de Sofonisba Anguissola, estando pendiente por parte del Museo la incorporación de los resultados de los estudios sobre la atribución a la pintora italiana realizados por las especialistas del Museo, Carmen Garrido en 1990 y Leticia Ruiz en 2001.


Sofonisba Anguissola (Atrib.) La Infanta Catalina Micaela. 1585 MNP

Se trata del primer retrato de casada de la infanta Catalina Micaela, realizado por Sofonisba Anguissola años después de su marcha de España, con ocasión del traslado de la pareja a la corte de Saboya en Turín, a su paso por la república de Génova donde la pintora reside desde 1580.

La mano de la pintora se hace evidente al ver la diferencia de factura y planteamiento de un retrato coetáneo de la infanta pintado por Alonso Sánchez Coello que se encuentra en el museo del Hermitage y en la copia de Pantoja de la Cruz del Monasterio del Escorial.

Izq. Sánchez Coello. Catalina Micaela 1585. Hermitage
Dcha. Juan Pantoja de la +, Catalina Micaela s/S.Anguissola Mº Escorial

El retrato Nº 10 nos vuelve a mostrar a Isabel Clara Eugenia, de nuevo vestida de blanco con bordados de oro, que aparece sosteniendo un medallón con la efigie de su padre y está acompañada de la enana Magdalena Ruiz, a menudo nombrada como "la loca de la Princesa Juana". Se trata de un personaje estrechamente unido a la familia por quien el propio rey muestra una especial consideración.

Aunque en la actualidad la obra se atribuye a Sánchez Coello, en el catálogo del Museo del Prado de 1873 Pedro de Madrazo  la atribuía a su discípulo Felipe de Liaño.

A.Sánchez Coello. La Infanta Isabel Clara Eugenia. MNP

Las infantas juegan un papel fundamental en la vida de Felipe II, de hecho y especialmente a partir de la publicación de las cartas que les escribe su padre (Fermin Bouza, 1998), que nos han permitido ver la sensibilidad y las muestras de su cariño y preocupación por ellas, se ha contrarrestado, en parte, la imagen negativa que la historia europea había difundido en lo que se ha dado en llamar la  leyenda negra  de Felipe II. 

En 1585 Catalina Micaela se casa con el Duque de Saboya, su marcha a Italia va a suponer la primera separación de las hermanas. Catalina tendrá diez hijos y morirá un año antes que su padre, el 7 de diciembre de 1597, al traer al mundo a una niña, que no le sobrevivirá. 

El rey contará con Isabel Clara Eugenia en todas sus tareas de gobierno desde la muerte de su cuarta y última esposa, Ana de Austria (1580). Durante catorce años la infanta será la más alta representante femenina de la dinastía en palacio, haciendo de confidente y secretaria y verdadera mujer de estado junto a su padre hasta el fin de sus días.

Tras la muerte de su padre, en 1598, Felipe III sube al trono y la infanta Isabel Clara Eugenia se casa con su primo el archiduque Alberto de Austria y con él marcha a los Países Bajos para hacerse cargo de la herencia que que les ha correspondido: el gobierno de los Países Bajos. La pareja vivirá un momento de plenitud en su vida que terminará con la muerte de su marido en 1621. A partir de entonces, vestirá y vivirá de forma muy austera, profesará como terciaria de la orden franciscana hasta su muerte en 1533.

La cuarta esposa: Ana de Austria

En 1570 se produce el cuarto enlace de Felipe II, en esta ocasión la elegida es la hija mayor de su hermana María, y de Maximiliano II de Austria, su sobrina Ana de Austria, de veintiún años.

El retrato realizado por Sofonisba Anguissola forma pareja con el que la misma pintora realiza de Felipe II, una de las imágenes más difundidas del monarca. 

Sofonisba Anguissola, Retrato de Ana de Austria (1573) y Felipe II (1565-1573)

El de Ana de Austria se realiza hacia 1573, al final de la estancia de Sofonisba en España, mientras que el de Felipe II había sido realizado unos diez años antes, en él la pintora, probablemente por encargo del rey, se limita a realizar una serie de retoques en la vestimenta y la posición de las manos como la incorporación del rosario, según puede verse en la radiografía realizada en 1990, pero no toca el rostro resultando de esa forma más acorde con el de la reina 22 años más joven que él.

La joven reina Ana llenó de alegría a la familia real, no solo porque fue una verdadera madre para las infantas a las que quiso como si fuesen hijas suyas, cariño que fue por ellas correspondido, sino además por el nacimiento de cinco hijos -Fernando, Carlos, Lorenzo, Diego, Felipe y María- que aseguraban la descendencia por línea masculina. Aunque esa felicidad no duraría mucho ya que se trataba de niños de frágil salud que, con la excepción del que será el futuro rey, no llegarán a la edad adulta. 

Estando en Extremadura, por la reclamación del trono portugués para Felipe IIse desencadena una epidemia de catarro que diezma la población. Felipe II cae enfermo y se teme por su vida hasta el punto de que hace testamento. El rey se cura, pero no la reina que fallecerá a consecuencia del mismo. A las infantas les tocará la tarea de ocuparse de sus hermanos más pequeños mientras dura la estancia de Felipe en Portugal.


El heredero: Felipe III


En 1598 tras la muerte de Felipe II sube al trono su heredero, Felipe III, que se casa con su prima Margarita de Austria, hija de Carlos II, hermano del archiduque Maximiliano.

Los  tres cuadros de Juan Pantoja de la Cruz que se encuentran en la Sala giran en torno a la figura del heredero. Podemos ver los retratos de Felipe III  [Nº 15] y su esposa Margarita de Austria-Estiria [Nº17] que viene a España acompañada por buena parte de su numerosa familia. 

Juan Pantoja de la Cruz. Retratos de Felipe III y Margarita de Austria-Estiria. 1606 MNP

En el tercer cuadro, El nacimiento de la virgen, [Nº16] realizado por encargo, aparece retratada en primer término la madre política del rey, María de Baviera y a la derecha de la escena dos de las cuñadas, mirando al espectador en lo que se dio en llamar "retratos a lo divino".

Juan Pantoja de la Cruz. El Nacimiento de la Virgen. 1603. MNP


Finalmente, la última representación de Felipe III viene constituida por una obra de diferentes características a las del mero retrato: La alegoría de la Educación de Felipe III realizada por Justus Thiel [Nº18], no es sólo un retrato sino un alegato pedagógico que muestra a un Felipe III adolescente que tiene que elegir entre la Virtud y el Vicio.

Justus Thiel. Alegoría de la educación de Felipe III. H.1590. MNP

El anciano, que representa a Cronos, a juzgar por el reloj de arena que se encuentra sobre su cabeza, aparta a Cupido, mientras procura al príncipe el contacto de una mujer que representa la Virtud, compendio de las cuatro virtudes cardinales, ya que porta todos sus atributos: la balanza de la Justicia, el caduceo de la Prudencia, la espada de la Fortaleza y el freno de caballo de la Templanza. El retrato tiene una fuerte carga simbólica y educativa para el futuro gobernante. 


El bufón Perejón

Para terminar la relación de obras y personas tendría que hablar del retrato de un personaje singular que no he comentado por considerarle ajeno al grupo. A diferencia del resto no tiene lazo familiar alguno con Felipe II. Se trata del bufón de los Condes de Benavente llamado Pejerón o Perejón, un  magnífico retrato de Antonio Moro realizado seguramente a su paso por Valladolid.

Antonio Moro. Detalle del Bufón Perejón. H.1560 MNP 

A pesar de que probablemente  este personaje pudo tener contacto en algún momento con Felipe II durante la estancia del joven príncipe en Valladolid cuando pudo organizarle alguna fiesta, lo cierto es que ni siquiera es un bufón a sueldo de la casa real en cuyas cuentas nunca aparece. En todo caso ninguna otra relación le acredita para encontrarse en esta Sala por lo que el Museo podría plantearse su sustitución por el retrato del joven rey Don Sebastián de Portugal que sería una pareja mucho más adecuada para su madre, la Princesa Juana. 

Dos obras que no están colgadas

Finalmente no quisiera dejar la Sala 56 sin un pequeño comentario de dos obras que se encuentran en el centro de la sala, que a pesar de su importancia suelen pasar desapercibidas. Se trata de las dos mesas con tableros de piedras duras que forman parte de la magnífica colección de tableros en mosaico y piedras duras que se distribuyen por diversas salas del Museo.

La Nº 19 corresponde al Bufete de Don Rodrigo Calderón de 1615. El tablero procede de la almoneda de don Rodrigo Calderón, secretario de Felipe III y gran favorito del duque de Lerma.


Bufete de Rodrigo Calderón (1615)

La Nº 20 es el Tablero del Duque de Osuna, obra realizada en Florencia en 1614 por encargo de don Pedro Tellez Girón, duque de Osuna, cuyas armas se representan en el centro del tablero. El escudo está realizado por Giacomo di Gian Flasch y los vasos con flores se deben a Jacopo Ligozzi.

Tablero del Duque de Osuna (1614)

Si nos atenemos a la información que proporciona el museo, El Prado posee veintitrés mesas, tableros o consolas decoradas con taraceas de piedras duras, de las que trece se encuentran expuestas y dos de ellas en la Sala 56. Es pena que no se haya tenido en cuenta para su ubicación el mismo criterio temático aplicado a la obra pictórica, es decir, el hecho de que sea Felipe II el personaje que da unidad al conjunto de la sala.

Las dos mesas expuestas, a pesar de su indudable interés, nada tienen que ver con el entorno ni  la persona de Felipe II, hecho que no merecería ser destacado si no fuera porque el Museo dispone de otras dos mesas, que si guardarían esa relación, que son las más antiguas de entre las conservadas. Se trata de dos tableros de mesa propiedad del propio monarca, de los que uno se encuentra expuesto, el denominado Tablero de Felipe II, apoyado sobre cuatro leones, que puede verse en la sala 29. 


UNA REFLEXIÓN FINAL 

La representación de la pintura de Sofonisba Anguissola en este Museo, no ha sido considerada hasta la fecha en su justo valor, ni se ha realizado la labor investigadora sobre el conjunto de su obra en el Prado que la pintora merece. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de una pintora con cuatro obras expuestas en el museo cuya calidad puede competir con la de los mejores (Solamente otras dos mujeres tienen una obra expuesta: la bodegonista Clara Peeters y la italiana Artemisa Gentileschi),

No hay otro museo en el mundo que reúna obras de la pintora italiana de la calidad y cantidad que se exponen en esta sala del Prado: tres obras de atribución cierta y una pendiente de que el Museo confirme una atribución realizada hace ya bastante tiempo por la especialista Maria Kusche, confirmada por los estudios técnicos del propio Museo llevados a cabo por la especialista Carmen Garrido.

Con Sofonisba Anguissola se produce la entrada de la mujer en la Historia de la Pintura. Antes que ella habían pintado otras pero siempre alejadas de los talleres y del aprendizaje que hasta entonces estaba reservado a los hombres. Las mujeres del Renacimiento, a partir de ella, se incorporan al mundo de la pintura incluyendo una sólida formación artística aportando un mundo familiar y doméstico que se puede apreciar en muchas de sus obras. 

Pero, en lo que Sofonisba es realmente única, es en captar la personalidad de las personas que retrata, reproduciendo sus sentimientos más allá de las características físicas. La captación de ese misterio es lo que hace singulares sus retratos y es lo que lleva a las personas por ella retratadas a preferir sus obras y a querer reproducir esas imágenes con las que se sienten identificadas, encargando a otros pintores de la talla de Sánchez Coello o Pantoja de la Cruz, docenas de reproducciones de los originales de la pintora. Existe abundante documentación de estos encargos que los miembros de la familia real retratados por Sofonisba hacían a otros pintores como tiempo atrás se encargaban reproducciones de las obras del gran Tiziano. 

Va siendo ya hora de que el Museo del Prado empiece a dar a Sofonisba Anguissola la consideración y el lugar que se merece en la Colección. 

Actualización septiembre 2014

Cuando escribí este artículo en Marzo de 2012, en la Galería online del Museo del Prado no figuraba ningún retrato de María Manuela de Portugal, primera esposa de Felipe II. Recientemente se ha incorporado a dicha galería un retrato de cuerpo entero del que se informa que es un retrato anónimo póstumo (sic) ya que parece ser una copia de uno anterior del pintor francés Antoine de Trouvéon, de quien se dice que hizo un primer retrato, hoy perdido, de la princesa en 1542 en el curso de una misión diplomática francesa a Portugal. Según Annemarie Jordan (Antoine Trouvéon, un portraitiste de Leonor d´Autriche récemment découvert. 2008) de de ese primer retrato partieron todos los demás de ella que fueron posteriormente realizados. 

La obra entró en el museo en el año 1848 por adquisición a D.Valentín Carderera, junto con otros cuatro retratos de reinas españolas.

Anónimo según Antoine de Trouvéon? Retrato de María Manuela de Portugal, MNP

Consideramos que esta obra completaría el grupo de esposas de Felipe II y su factura no desmerecería del nivel del conjunto de obras de la Sala 56, en la que podría estar colocada. Además creo que por su importancia y singularidad merecería un estudio más riguroso sobre su procedencia y autoría. Por el momento el Museo la tiene depositada en el Tribunal Supremo de Justicia de Madrid.


*Actualización julio 2016
La Sala 56 ha sido desmantelada

Con motivo de la Exposición dedicada al Bosco se ha producido un gran movimiento de pinturas en el Museo, se han cerrado algunas salas y en concreto la Sala 56 ha sido completamente vaciada de las pinturas que ha estado exhibiendo desde hace años y ha sido ocupada por pintura flamenca. 
Algunos de los retratos de la familia de Felipe II  pintados por Antonio Moro han sido trasladados a la sala contigua, y el resto ha cambiado a otras ubicaciones de la primera planta o directamente al almacén. Esperamos que al término de la Exposición las obras vuelvan a su lugar pues pocas salas del Museo poseen la unidad histórica, estilística e iconográfica que podemos ver habitualmente en esta Sala 56. 


*Actualización noviembre 2016

2 comentarios:

  1. ¡Tu blog es formidable! Gracias por tan profundos artículos. Un saludo

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  2. Magnífica y completa información que acabo de descubrir por suerte. Gracias por el rigor y enhorabuena.

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