viernes, 11 de octubre de 2013

ME FECIT MURILLO

UNA OBRA DE MURILLO REENCONTRADA

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar el estudio de restauración I&R (artífices de la restauración del Caselli de Sofonisba Anguissola) donde pude observar una obra de Murillo, la Virgen del Rosario con el niño, en proceso de restauración. 

Se trataba de la misma obra que hace unos meses había sido noticia en la prensa por haber sido redescubierta por el profesor de la Universidad de Sevilla, Alberto Álvarez Calero, ya que se había perdido su rastro hacía casi un siglo.

De las cuatro versiones que se documentan de esta obra, una, pertenece al Museo del Louvre, aunque desde 1949 se encuentra expuesta en el Museo de Goya de Castres; otra la podemos ver expuesta en la Sala 16 del Museo del Prado; la tercera, que es la que más nos interesa por su mayor parecido con la cuarta que ahora ha sido re-encontrada, es la que se encuentra en el Palazzo Pitti, de Florencia.

  Museo Goya en Castres                      Museo del Prado
Versión hallada - Texas                                          Palazzo Pitti

El profesor Álvarez Calero, había realizado un estudio sobre dos obras de Murillo que pertenecieron al Convento Casa Grande del Carmen de Sevilla. De una de ellas, la Virgen del Rosario con niño, el estudio recorre su historia desde que fue encargada al pintor  hasta que se pierde su rastro ya entrado el siglo XX, . De él extraemos la siguiente información:

La obra fue pintada por Murillo entre los años 1650 y 1655, para su colocación en el Convento Casa Grande del Carmen de Sevilla, institución que llegó a tener un gran patrimonio artístico contando entre otras con obras de Velázquez y Murillo.

A principios del S.XIX la congregación atraviesa un momento de penurias económicas y poco antes de que llegaran las tropas de Napoleón (1810), Manuel López Cepero, sacerdote liberal, aficionado a las bellas artes que llegó a poseer una gran colección de pintura y objetos de arte y que después sería nombrado Deán de la Catedral, compra la obra para, a su vez, ofrecérsela al cónsul inglés en Sevilla, Julian Benjamin Williams, que residía en la calle Abades y llegó a tener 42 obras de Murillo, quien en los años 40 del mismo siglo se lo vende al diplomático inglés William Eden, en cuya familia se mantuvo el resto del siglo. 


Consta que fue exhibido en Londres en 1895 en una muestra de arte español y finalmente, en los años treinta del siglo XX es vendido de nuevo al famoso pianista y director de orquesta valenciano José Iturbi a cuya muerte los herederos procedieron a la venta de sus propiedades en Los Ángeles entre las que figuraba esta pintura.

Algunas fuentes que lo citan


PONZ, Antonio; Viages de España. Madrid, 1782:

"Bellísimo a todo serlo lo es la Imagen de N. Sra. sentada con el Niño, obra de Murillo, que se guarda en la sacristía de los Carmelitas Calzados y es del tamaño del natural”. 

CEÁN BERMÚDEZ, J. Ignacio: 

«...una excelente Virgen de cuerpo entero sentada con el Niño, en el altar de la sacristía"; 

GONZÁLEZ DE LEÓN, Félix; Noticia Artística, histórica y curiosa... (1844).

«...la sacristía [del Convento del Carmen]  Tenía un altar al frente en el que antes de los franceses conservaba uno de los cuadros más bellos de Murillo que era la Virgen sentada con el Niño en los brazos. ...».

TUBINO, Francisco M.; Murillo, su época, su vida, sus cuadros. Sevilla, 1864:


Referencia en F. M. Tubino
                                                            
También es citada por William Stirling Maxwell, en Annals of the artist of Spain (1848), y por Charles Boyd Curtis en Velázquez and Murillo (1883). 

La obra The work of Murillo. N. York, Brentano's. publicada en 1913 contiene la imagen de las cuatro versiones de la virgen del Rosario comentadas incluyendo la ahora redescubierta y desde entonces se pierde la pista del cuadro, al menos desde el punto de vista bibliográfico. 




El estudio, que reproducía esta imagen algo borrosa de la obra,  fue publicado en 2012 en la revista Laboratorio de Arte (24), poco después el profesor Álvarez Calero recibió una llamada del señor Gilberto Gutiérrez, identificando el cuadro estudiado de la Virgen del Rosario del Convento del Carmen con el que él había adquirido en 2008 por algo menos de 50.000 dólares en una subasta en Los Ángeles en la que figuraba como obra del círculo de Murillo.

Todos los datos de la investigación publicados por el profesor Calero parecían coincidir con las características y el itinerario de la obra y confirmar que era la que había salido en 1810 del Convento del Carmen. La aparición en el proceso de limpieza de la firma característica del pintor "Me fecit Murillo", venía a incorporarse al conjunto de datos que daban apoyo a la posible autenticidad de la obra.

Cuenta el profesor Álvarez Calero, que contactó con el Museo de Bellas Artes de Sevilla  para ponerles en conocimiento del hallazgo y que se estudiara la posibilidad de su compra o al menos de su exposición en Sevilla. Pero, frente a la fortuna del hallazgo, la posibilidad de la adquisición no parece ni siquiera plantearse a causa de la situación económica de crisis de la que no se salva ninguna institución y en especial las de tipo cultural. Pero además una sombra de duda se ha establecido sobre la autoría de la obra al no obtener la aceptación de su atribución a Murillo del que se considera máximo especialista en la materia, el profesor de la Universidad de Sevilla Enrique Valdivieso que ha considerado la obra como copia de taller, a pesar de reconocer que se trata de la misma obra que estuvo en el Convento del Carmen.

Parece que las dudas del profesor Valdivieso se basan en detalles buscados con lupa, pues a pesar de que el estado de conservación de la obra es muy bueno el profesor veía un defecto en la oreja del niño, que en opinión de los restauradores no era más que un torpe repinte sobre un desperfecto que ya ha sido subsanado. Otro detalle más curioso es que el profesor no ve con buenos ojos que la cruz del Rosario tenga una posición basculante mientras en las otras versiones la cruz aparece recta o posada.

Este último detalle creo que podría utilizarse más bien como elemento a favor de la autoría pues las obras del pintor que reproducen la misma iconografía suelen incluir variaciones en pequeños detalles, que aportan un grado de originalidad y evitan caer en la mera copia.

En todo caso habrá que esperar a la publicación del estudio de la obra para conocer en detalle los resultados de la investigación realizada. 

Lo cierto es que la obra, que como tantas otras salió de España en 1840, a punto de finalizarse los trabajos de restauración, viajará de nuevo a Texas o quizás, como he leído en la prensa, la comprará el mejicano Carlos Slim para el Museo Soumaya y se habrá perdido una buena ocasión de recuperarla.


ALGUNOS DATOS SOBRE MURILLO. LA IMPORTANCIA DEL ENTORNO FAMILIAR EN SU CARRERA

Aunque este no es el espacio adecuado para hacer una biografía del pintor, creo que tiene cierto interés, por ser un aspecto poco conocido de ella, esbozar unas pinceladas sobre sus relaciones familiares por la trascendencia que tienen en la elección de su carrera de pintor y su evolución posterior.

Se conoce bastante bien la vida de Murillo (1617-1682), decimocuarto y último hijo del cirujano barbero Gaspar Esteban y su mujer María Pérez Murillo. Su nombre de pila proviene de su abuelo materno, Bartolomé Pérez y su apellido artístico de su abuela materna, Elvira Murillo. Huérfano a edad temprana, pasa a vivir con su hermana mayor, Ana, casada a su vez con un cirujano barbero, Juan Agustín Lagares, con quienes convive hasta su matrimonio en 1645 e incluso mantiene con él muy buena relación después de que volviera a contraer matrimonio tras la muerte de su hermana.

A los dieciséis años entra de aprendiz en el taller del pintor Juan del Castillo. Esta decisión que a veces se presenta en sus biografías como una alternativa a un frustrado viaje al "nuevo mundo" planeado con otra de sus hermanas, como si fuera una elección algo fortuita, no parece serlo si nos fijamos detenidamente en las relaciones con la pintura que se dan en su entorno familiar: para empezar su maestro Juan del Castillo está casado con su prima María, una de las hijas de su tío, también pintor, Antón Pérez Murillo, cuya otra hija está casada con el pintor Francisco Terrón. Será la rama materna la que le aporte más relaciones con este mundo de la pintura ya que este tío Antón a su vez está casado con la hija de Vasco Pereira Lusitano, pintor portugués de mérito afincado en Sevilla.

Se suele decir que en sus primeros cuadros puede verse la influencia de su maestro y se cita como como ejemplo la Virgen entregando el rosario a Santo Domingo del Palacio Arzobispal de Sevilla.


La Virgen entregando el rosario a Sto.Domingo. Murillo

Pero sería más adecuado considerar que la obra de Murillo en su primera época tiene sus raíces no solo en Juan del Castillo sino incluso en su antecesor Vasco Pereira Lusitano, y otros pintores de la saga familiar que, constituían su círculo social y profesional, entre los que se encontraban principalmente, parientes pero también otro tipo de relaciones como la de Alonso Cano y su padre que colaboraban asiduamente en el taller de Juan del Castillo.

A decir del profesor Mendez Rodriguez (Velázquez y la cultura sevillana) estos grupos relacionados a través de lazos familiares constituían en la Sevilla de la primera mitad del XVII unas estructuras empresariales de gran importancia y seguridad para sus miembros que además de constituir escuela les permitía abordar como grupo trabajos de gran envergadura.

En las imágenes que se muestran a continuación de Juan del Castillo y Vasco Pereira puede apreciarse la coincidencia con los modelos iconográficos utilizados por Murillo para la representación de sus Vírgenes.

 Juan del Castillo. Virgen con el niño     

Vasco Pereira. Coronación de la Virgen

Las cualidades de Murillo le elevan sobre la mayoría de los pintores de la llamada Escuela Sevillana, y su fama y sus obras se extienden por toda Europa gracias a la actividad comercial del Puerto de Sevilla. Su mayor auge a principios del XVIII y especialmente gracias al periodo en que la corte se instala en Sevilla. Como sabemos la reina Isabel de Farnesio, gran admiradora del pintor, compra muchas de sus obras gracias a lo cual pasan a la Colección Real y hoy pueden verse en el Museo del Prado.

A principios del S.XX se inicia largo periodo en el que la obra y el pintor pasan a un segundo plano en la consideración del público y que suele ser tachado de sentimental, quizás por el cansancio producido por la multiplicación de sus imágenes en estampas y grabados. Esta situación no empezará a cambiar hasta bien avanzando el siglo tras la publicación de los trabajos sobre el pintor realizados por Diego AnguloAugust L. Mayer, o los más recientes de Serrera o Valdivieso, además de las exposiciones a él dedicadas como la del Museo del Prado de 1982 o la muy reciente del Museo de Bellas Artes de Bilbao de 2009 dedicada al Joven Murillo; obras y acontecimientos que han vuelto a situar a Murillo en el lugar que le corresponde, entre los más grandes de la historia de la pintura española.

Mi agradecimiento a Antonio Iraizoz [Pessoas en Madrid] que me facilitó la ocasión de visitar el estudio de restauración I&R; a los maestros restauradores Adelina Illán y Rafael Romero,  por su trabajo y su amabilidad a la hora de resolver mis dudas y al profesor Alberto Álvarez Calero que realizó la investigación que condujo a la reaparición de la obra y no se resigna a perderla de nuevo.

3 comentarios:

  1. Gracias a ti por un post tan didáctico y además teniendo en cuenta que la visita al estudio de restauración tenía otro cuadro como objetivo de estudio.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Habra que preguntarle al profesor Valdivieso que si esta enterado de que el debido proceso en cualquier investigación incluye como mínimo ver la obra físicamente antes de emitir algún juicio científico
    El se ha resistido primero a verla y segundo a revisar la contundente investigación científica de el profesor Alvarez Calero
    Me parece que la postura de este catedrático que tiene por el momento el poder de decidir sobre autenticidad de una obra obedece a otros intereses mas allá que
    el beneficio de la historia de el artista

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy absolutamente de acuerdo. Lamentablemente no es un hecho aislado que algunos especialistas consideren que su nivel les libera de tener que justificar sus afirmaciones o argumentar sus planteamientos.

      Eliminar