lunes, 28 de marzo de 2016

GUTIÉRREZ DE LA VEGA - LA CORONACIÓN DE SAN FERNANDO


José Gutiérrez de la Vega y Bocanegra. Coronación de San Fernando (det.) 

Finalizaba una anterior entrada con La Coronación de San Fernando, una obra inacabada de José Gutiérrez de la Vega y Bocanegra a la que dedico esta nueva por considerar que se trata de una obra singular por varios motivos, entre los que hay que destacar su importancia dentro de la obra del pintor, y su historia que, de algún modo, es el reflejo de la propia experiencia vital del artista.

LA HISTORIA

Se trata de una obra de carácter histórico que representa el acto solemne en el que se produce la abdicación de su madre Berenguela y la proclamación, juramento de fidelidad y homenaje a Fernando III como nuevo rey de Castilla, en junio de 1217, hecho que ocurrió en la localidad de Autillo de Campos (Palencia). La ceremonia de la coronación oficial se llevó a cabo pocos días después, el primero de Julio del mismo año en la Plaza Antigua del Mercado de Valladolid.

El rey Fernando III de Castilla, llamado "el Santo", (h.1200-1252) fue hijo del rey Alfonso IX de León que se había casado en 1197 en segundas nupcias con la hija mayor de Alfonso VIII de Castilla, Doña Berenguela. El matrimonio fue posteriormente anulado por el Papa Inocencio III a causa de su parentesco en tercer grado, lo cual estaba prohibido por la legislación eclesiástica de la época, por lo que en 1204 hubieron de separarse los consortes volviendo cada uno a sus dominios aunque mantuvieron la legitimidad de su descendencia.

En 1217, a la muerte de su hermano, Enrique I, el trono de Castilla le corresponde a Berenguela que decide ceder la corona a su hijo que ya tiene diecisiete años, por lo que tras salvar muchas dificultades consigue que se lleve a cabo al mismo tiempo su abdicación y la coronación de Fernando como rey de Castilla. Posteriormente, en 1230, al ser proclamado Fernando rey de León tras la muerte de su padre, se producirá la reunificación definitiva de los reinos de León y Castilla.

Fernando III el Santo fue el artífice de la conquista a los musulmanes de Jaén, Córdoba, Sevilla y Murcia lo que supuso un importante retroceso musulmán cuyo territorio quedó reducido a los Reinos de Niebla, Tejada y Granada, este último como feudo castellano.

Sus restos se conservan en Capilla Real de la catedral de Sevilla, donde Alfonso X mandó poner el siguiente epitafio que refleja la gran admiración del hijo hacia su padre :

“Aquí yace el muy honrado Fernando, señor de Castilla y de Toledo y de León y de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, el que conquistó toda España, el más leal, el más verdadero, el más franco, el más esforzado, el más apuesto, el más granado, el más sufrido, el más humilde, el que más teme a Dios, el que más le hace servicio, el que quebrantó y destruyó a todos sus enemigos, el que alzó y honró a todos sus amigos y conquistó la ciudad de Sevilla, que es cabeza de toda España”

San Fernando es patrón de varias localidades como Sevilla, Aranjuez, San Fernando de Henares, Maspalomas (Gran Canaria) y otras; también es patrón del Arma de Ingenieros del Ejército de Tierra y de diversas instituciones como la Real Academia de Bellas Artes madrileña.

LA OBRA

José Gutiérrez de la Vega y Bocanegra. Coronación de San Fernando, 1852-1864

Nos encontramos ante la escena de la Coronación del rey Fernando III de Castilla, una pintura de gran tamaño (3.20 x 2,10 mts.) que fue encargada a José Gutiérrez de la Vega en su calidad de Pintor de Cámara honorario  por la reina Isabel II. 

En la escena aparece un amplio grupo de personajes, clérigos, santos, prelados y ángeles acompañando a los protagonistas de la historia: San Fernando de pie a la izquierda, vestido con manto amarillo, que con su mano izquierda sujeta una espada apoyada en el globo, atributos ambos de los reyes santos.

Detalle del Rey  Fernando

A la derecha la reina Berenguela arrodillada en un reclinatorio sobre el que se encuentra la corona que va a pasar de ella a su hijo. Algunos creen reconocer en ella las facciones de Isabel II. Detrás de la reina aparece una figura de aspecto eclesiástico ligeramente inclinada hacia delante que probablemente sea el famoso Obispo Mauricio de Burgos que siempre estuvo a su lado.

Detalle de los personajes que ocupan el centro de la obra

Ocupa el centro de la composición un personaje con manto rojo que podríamos identificar con el apóstol Santiago, a cuyos pies se encuentran el bastón, la calabaza y el sombrero de ala ancha que habitualmente se asocian a este santo peregrino por otra parte tan relacionado con la lucha contra el infiel de la reconquista.

Detalle de los atributos de peregrino a los pies del santo

La escena representada es narrada por S. Rodríguez Salcedo, en su trabajo:“VII Centenario de la muerte de Fernando III, el Santo. Precedentes de un glorioso reinado que toca a Palencia”:

“En la llanura que se hacía fuera del recinto amurallado del castillo, alzábase solitario un olmo corpulento y frondoso. A la sombra de sus ramas quiso Doña Berenguela que fuese levantado el sólito cadalso para verificar la sencilla ceremonia de la publicación real. Morisca alfombra cubría el entablado, sobre la cual quedaron dispuestos dos ricos sitiales para la reina y su joven heredero. Alrededor estaban prelados y magnates. Eran aquellos los obispos Don Tello de Palencia y Don Mauricio de Burgos; figuraban entre estos Don Gonzalo Ruíz, Don Lópe Díaz, Don Suero y Don Alfonso Téllez de Meneses, Don Fernando Suárez y algunos otros..." 

El boceto preparatorio

El Museo de Bellas Artes de Córdoba conserva un pequeño boceto de la obra de 16,70 x 28,50 cm. realizado en 1852, fecha en la que se produjo el mencionado encargo. El Museo atribuye la obra al hijo mayor del pintor, José Gutiérrez de la Vega López, confusión que puede deberse, como sucede con alguna frecuencia, a la igualdad con el nombre de su padre.

En él podemos ver la escena que luego será reproducida en el cuadro, con algunas diferencias, sobre todo en lo que se refiere a los personajes secundarios. Por la izquierda, aparece San Fernando acompañado de dos frailes y, a la derecha, tres figuras arrodilladas, dos de ellas, femeninas, junto a un pedestal a manera de reclinatorio con varios testigos al fondo.

Boceto preparatorio para la Coronación de San Fernando. 1852 Museo de BBAA de Córdoba

La realización de la obra

Tras este primer boceto, el pintor inicia la realización de la obra que se extendió a lo largo de un periodo de tiempo de unos doce años que estuvieron marcados por una serie de avatares e incidencias que cuenta José Mª Mena, académico de la la Real Academia de la Historia y de la de Bellas Artes de San Fernando, en un interesante artículo publicado en 1992 en el nº 96 de la Revista Antiquaria.

"... Por las grandes dimensiones del lienzo, el artista arguye que no puede realizarlo en su estudio particular y entonces la Reina ordena que se le facilite un salón, el llamado Salón de Próceres del Palacio del Buen Retiro. Pero pasa el tiempo y el cuadro progresa muy lentamente porque Gutiérrez de la Vega ha de atender a otros encargos simultáneamente, y creemos que, aunque la iniciativa de la obra ha sido de la Reina, no existe un contrato en firme, ni se le ha abonado cantidad alguna.

Pasados varios años, disgustada la Reina porque el pintor estaba ocupando uno de los mejores salones del palacio, sustrayéndolo a su destino normal, decidió que el cuadro fuera trasladado a una dependencia del convento de los Jerónimos. Pero Gutiérrez arguyó al poco tiempo que en este nuevo local la luz era inadecuada, y obtuvo permiso para instalarse con su lienzo y sus paletas en el Salón de Descanso del Museo del Prado. Allí permaneció otro largo tiempo, hasta que el Director del Museo, que era Federico Madrazo decidió desalojar al incómodo huésped, trasladándole al Salón de Restauraciones. 

Habían transcurrido nada menos que doce años, y el cuadro aún no estaba concluido. Es decir, sí estaba concluido, pero Gutiérrez de la Vega no quería separarse de él porque le consideraba su obra maestra, y de cuando en cuando aún le daba, amorosamente, alguna pincelada, resaltando una línea o suavizando una exquisita veladura. En 1865 muere Gutiérrez de la Vega sin entregar el cuadro..."

A pesar del comentario del Sr. Mena de que la obra estaba terminada, es evidente que alguno de sus elementos, como el león del primer plano, se encuentra solamente esbozado.

Detalle del león esbozado que se encuentra en primer plano

El crítico y coleccionista Antonio Mendez Casal en un artículo publicado en ABC del 28 de mayo de 1922, afirma que la obra le fue encargada a José Gutiérrez de la Vega por la reina gobernadora, Mª Cristina y que no llegó a concluirse. También indica que era propiedad del Marqués de Santa Mª de Silvela y comenta que su protector, el Duque de Rianxares le habla en una de sus cartas de "el cuadro empezado y mil veces corregido" por las vicisitudes políticas de la época.

El destino de la obra

A la muerte de Gutiérrez de la Vega, en 1868 se pierde la pista a la obra, que podemos suponer que nunca llegó al destino para el cual había sido realizada.

Durante 122 años el cuadro permaneció ignorado, en manos privadas, sin que hubiera noticia de su paradero hasta que en 1988 sale a la luz tras una testamentaria, con sentencia judicial de 14 de septiembre de 1987.

Poco después fue adquirida por un coleccionista de arte que la muestra en diversas ocasiones en Feriarte y más tarde, en 2003, la cede en depósito al Ayuntamiento de Sevilla quien la expuso durante casi seis años en el Cuarto del Almirante de los Reales Alcázares, junto con una obra del sevillano Virgilio Mattoni referida al mismo personaje, titulada "Las postrimerías del rey Fernando", probablemente siguiendo el consejo del profesor Mena recogido en el mencionado artículo de 1992.

La prensa local recogió con gran interés la llegada de la obra a los Reales Alcázares de Sevilla, su lugar de exposición.

 El Diario de Sevilla, 5 de Mayo de 2005

También en 2009 diversos medios se hicieron eco de la retirada de la obra, una vez cumplido el plazo establecido en el contrato de depósito, criticando la falta de interés del Ayuntamiento por adquirir una obra ligada a Sevilla tanto por su autor como por su temática. 



Finalmente la obra volvió a Madrid y aunque ha cambiado de propietario, continúa lamentablemente en manos privadas. Sería del máximo interés que un cuadro como éste vinculado a tantas instituciones y localidades tanto por su temática como por su autor, uno de los principales pintores del romanticismo español, encontrara un adecuado espacio de exposición pública abriendo la posibilidad de poder admirar una obra maestra representativa de los movimientos artísticos de la España del siglo XIX.



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