sábado, 26 de febrero de 2022

DESCUBRIENDO A CECILIA BÖHL DE FABER

La escritora Cecilia Böhl de Faber (1796 - 1877) no solo ocultó su nombre bajo el seudónimo Fernán Caballero, sino que, en la medida que pudo, también intentó esconder su rostro del conocimiento público. La carencia de imágenes de la escritora probablemente ha sido la causa de que se le hayan ido adjudicando retratos ajenos, sin ningún fundamento, en publicaciones e incluso en museos nacionales. 

Solamente la fuerza de un compromiso insoslayable con sus benefactores, los duques de Montpensier, le hizo aceptar ser pintada en 1858 por Federico Madrazo y Kuntz, el mejor pintor retratista de la época, aunque ella se resistió hasta el último momento y no dejó de arrepentirse, al menos de palabra, de haber aceptado que se le hiciera aquel retrato: "¡Ojalá no hubiese consentido en que malgastase Madrazo su magnífico pincel en copiar este mal modelo!"

El presente artículo aborda el tiempo y las circunstancias en que se realiza este único retrato fidedigno de la escritora y aprovecha el hilo conductor para clarificar las cuestiones de autoría o identificación de otros presuntos retratos que lo único que tienen en común con este es que representan a mujeres contemporáneas de la escritora.
Detalle del Retrato de Federico Madrazo (Descubriendo a Cecilia - composición para el blog en tiempos de COVID)

Cecilia y sus tres maridos. Una mínima biografia

Cecilia Francisca Josefa Böhl de Faber y Larrea nació el día de Nochebuena de 1796 en la ciudad suiza de Morges, estando allí de paso sus padres, la gaditana de origen irlandés Francisca Xaviera Ruiz de Larrea y Aherán (1775-1838) y el empresario y bibliófilo alemán Johann Nikolaus Böhl de Faber (1770-1836). Los primeros años de su educación los pasó en Hamburgo al cuidado de su abuela alemana, pero desde los catorce años vivió en Cádiz donde su padre desempeñó el cargo de cónsul de las ciudades de la Hansa.
Frasquita Larrea y Nicolas Böhl, los padres de Cecilia

Cecilia se casó tres veces; la primera, en abril de 1816, con el capitán del regimiento Granada de infantería Antonio Planells y Bardaxí (1788-1817), quien, según cuenta Coloma, "Vio por primera vez á Cecilia en el paseo de la Alameda ...prendóse de ella con un ardor loco y tuvo la avilantez de apostar con sus amigos media talega de duros a que antes de embarcarse para América obtenía la mano de aquella angelical criatura y se la llevaba consigo a Puerto Rico, hecha su esposa." Y ciertamente debió ganar la apuesta pues al poco tiempo se celebró la boda, trasladándose de inmediato la joven pareja  a su destino en la isla caribeña. 
Retrato de Antonio Planells realizado por J.Miguel de Roxas y Pérez de Sarrio, h1816
Col. Díaz Carvajal

Manuel Asensio, su amigo y biógrafo escribe que la unión "fue breve pero desdichada". Según una carta de Cecilia Fermín Apezechea: "Me casé niña con un hombre jóven, arrogante mozo, y fui desgraciadísima seis meses que estuve casada". Esta historia, como todo lo que ella cuenta de sí misma, está teñida de medias verdades. En realidad no era tan niña pues tenía casi veinte años cuando se casó y su marido enfermó y murió repentinamente después de quince meses de vida en común. La tensión a la que estuvo sometida le provocó una grave enfermedad y, hasta que pudo regresar a Cádiz, fue acogida por Mª Lorenza Beyens, amiga de su madre, casada con el capitán general de la isla, Salvador Meléndez Bruna, participante en la batalla de Trafalgar, cuya experiencia probablemente inspiró el primer relato publicado de Cecilia

Su segundo matrimonio, en 1822, con D. Francisco Ruiz del Arco (1796 - 1835), III marqués de Arco-Hermoso, militar de ideología liberal perteneciente a la aristocracia sevillana, fue más duradero y feliz que el primero y le permitió conocer de cerca la nobleza andaluza que luego describió en sus obras. Organizaban en su palacio una concurrida tertulia literaria en la que no faltaban personas de la alta sociedad y escritores y coleccionistas extranjeros como Washington Irving, William Stirling o el barón Taylor. La prematura muerte del marqués a causa de tuberculosis, la vuelve a dejar viuda en 1835. Al no tener descendencia el título de marqués lo hereda su cuñado José Ruíz del Arco (1793-1857), casado con María Paz de la Hoz.
José Ruiz de Arco, cuñado de Cecilia. 
Detalle del Retrato Familiar pintado por A. Cabral Bejarano. 1838

Por consejo de su padre, Cecilia realizó entonces un viaje por Europa con su hermana Ángela y su marido, época en la que conoció a Federico Cuthbert con quien tuvo una relación intensa pero desigual que terminó antes de formalizarse.

Se casó por tercera y ultima vez, en 1837, con Antonio Arrom de Ayala (1814-1859), un hombre romántico, bueno, caballeroso y confiado hasta la ingenuidad, tal como le describe Carlos Fernández- Shaw (1988). Era un joven abogado, dibujante y diplomático con el que al parecer ella fue feliz a pesar de los continuos problemas que tuvieron, en un principio de salud, pues Arrom padecía de tisis y Cecilia le financió un viaje a Filipinas con la esperanza de que pudiera recobrarse en el balneario de Aguas Santas en Luzón, famoso por sus propiedades curativas. Más tarde, suponemos que ya curado, los problemas economicos empujan a Arrom a aceptar en 1853 el puesto de cónsul en Australia. Por ello gran parte de su vida matrimonial estuvo marcada por las largas separaciones que les imponía la enorme distancia. También tuvo este último marido un prematuro y desgraciado final, pues estando en Londres a los cuarenta y cinco años, cuando viajaba para reincorporarse a su trabajo en Sidney conoció la ruina financiera que le había causado su socio, lo que le llevó a quitarse la vida. 

Como corresponde a un espíritu romántico, para su final decidió rodearse de la belleza de los jardines de Blenheim Park, desde allí escribió a Cecilia participándole su determinación, y se disculpó por escrito con el duque de Malborough, por haber elegido su propiedad para quitarse la vida: "Puede ser un sentimiento infantil, pero uno no puede volarse los sesos en un camino común, [...] Por lo tanto, no he encontrado otro lugar adecuado para morir decentemente que su hermoso parque..." (Daily Southern Cross, 12.7.1859, p. 4).
Imagen actual del Blenheim Park con el palacio al fondo

Cecilia, que desde 1856 vivía en la casa que le cedió la reina Isabel II en el patio de banderas del Alcázar de Sevilla continuó viviendo allí, sola, hasta la revolución de 1868, momento en que tuvo que abandonar esa casa y trasladarse a otra más modesta en la calle de los Monsalves, y desde 1871 a Juan de Burgos, la calle que hoy lleva su nombre, donde vivió hasta su muerte. 
Postal antigua de la conocida como "Casa del magnolio" donde vivió Cecilia Böhl de Faber desde 1871 hasta su muerte, adornada con un tondo con su efigie. (La prensa informó en 2017 de la desaparición del arbol centenario que ocupaba su patio.)

En cuanto a su producción literaria tuvo dos momentos iniciales que podríamos decir ajenos a su voluntad. En 1835 apareció en El Artista su relato “La madre o Batalla de Trafalgar”, firmada con sus verdaderas iniciales C.B., aunque poco después ella misma desveló que había sido su madre, Francisca Larrea, quien había traducido y enmendado el relato escrito por ella en francés y lo había enviado a la revista. Fue el único relato de una escritora publicado por El Artista. Otra de sus historias escrita en alemán, con el título de "Sola"  fue enviada por su padre a unos amigos alemanes en septiembre de 1833, aunque no fue publicada hasta el 15 de agosto de 1840 de forma anónima en una revista literaria de Hamburgo. 

A pesar de que escribía desde muy joven, pasarían muchos años hasta que Cecilia tomara la decisión de publicar sus obras, animada por su tercer marido y quizá empujada por los problemas económicos que el matrimonio venía arrastrando. En mayo de 1849 envió a "El Heraldo" para su publicación como folletín, su primera novela "La Gaviota" redactada en francés y traducida por José Joaquín de la Mora, con la que realmente se incorpora al mundo de la literatura utilizando desde entonces el seudónimo de Fernán Caballero. Animada por el éxito, poco después, publicó "Clemencia" en el semanario Museo Español y a esta siguieron otras obras, como "Lágrimas", "La Familia de Alvareda", "Un verano en Bornos", "Un servilón y un liberalito" y muchos otros relatos y artículos, pues la demanda aumentaba y Cecilia fue dando a la imprenta todo lo que ya tenía escrito y continuó escribiendo desde entonces.

A propósito del seudónimo, Cecilia comentará: "Gustóme ese nombre por su sabor antiguo y caballeresco, y sin titubear un momento lo envié a Madrid, trocando para el público, las modestas faldas de Cecilia por los castizos calzones de Fernán Caballero"

Las razones para el uso de seudónimo, y de este en concreto, no se han explicado. Dice su biógrafo Manuel Asensio que "Buscó el medio de que se publicara la obra sin que se conociera al autor, y la dio bajo el nombre de Fernán-Caballero, que era el de un pueblecito de la Mancha, aplicado por vez primera á un sujeto que había de hacerle tan célebre en todo el mundo, cuanto hasta entonces había sido ignorado". Por su parte Morel Fatio tras el análisis de la correspondencia de Cecilia con su mejor amigo, Antonio de Latour, dice "Personne, à ma connaissance, n'a expliqué pour quel motif Cécile a choisi comme pseudonyme ce nom de Fernán Caballero, qui est celui d'une petite localité de la province de Ciudad Real dans la Manche."

Es difícil, a pesar de algunos comentarios de la propia autora que encontramos en su abundante correspondencia, conocer con alguna precisión la motivación que le lleva a esconder su personalidad bajo un nombre masculino, pero de ellos se deduce su creencia de que era mejor considerada la lectura de un escritor que la de una escritora: "Es mi sambenito voluntario, que yo ocultaba cuidadosamente, y que Mora [su amigo y traductor], él solo que lo sabía, sacó a luz, no pudiendo resistir a los ruegos de la culta, discreta, amable y simpática Condesa de Velle. Nunca se lo perdonaré, pues desprestigió a Fernán; porque no soy yo la sola a quien choca soberanamente la pluma en manos femeninas. Además, no hay un pantalón que no se crea, en materia de escribir, superior a todas las enaguas, inclusas las de Mad. Staël."

Esa convicción de que la pluma en manos femeninas ocupa un lugar inferior parece imbuida desde su niñez, lo que sorprende dado el nivel cultural de su padre y de su madre que dirigía en la época una tertulia política y literaria de carácter conservador. En su correspondencia se encuentran retazos de su biografía, en los que parece haber sentido la desconsideración paterna de sus avances en escritura, por el hecho de ser niña, aunque, novelista al fin y al cabo, no suele resistir la tentación de adornar su relato por lo que hay que tratar sus confesiones con cierta cautela. A través de comentarios de la correspondencia de su padre, Nicolás Böhl de Faber, constatamos que él no es partidario del desarrollo intelectual de las mujeres; empezando por su propia esposa cuyas liberalidades culturales en algún momento son motivo de separación entre ellos: "...cuando ella cambie, cuando se convierta en humilde, dócil, obediente, complaciente y económica, será recibida por mí con los brazos abiertos".   

Estos y otros pensamientos de Don Nicolás recogidos por Marina Mayoral en el artículo titulado Doña Cecilia o el arte de disimular la superioridad (Bibl.Virtual Miguel de Cervantes), nos permiten vislumbrar la lucha interna de Cecilia para conciliar su vocación literaria con las posiciones divergentes de su padre y su madre en cuanto al papel de la mujer en el mundo y en la literatura. Esto podría explicar el ocultamiento de su rostro, de su nombre y hasta el hecho de distorsionar sus experiencias para dar una imagen idealizada de sí misma.       

El Retrato de Federico de Madrazo

Para recomponer la historia de este retrato me he servido fundamentalmente de la Agenda de Federico Madrazo del año 1858 y las cartas de ese momento que conserva el Archivo del Museo del Prado, además de la abundante correspondencia de la escritora publicada en diversos medios o el útil relato de la estancia en Sevilla del pintor en 1858, publicado por Montserrat Martí en Laboratorio de Arte 7 (1994). Para intentar comprender por qué la escritora trataba de ocultar su imagen he acudido además a sus contemporáneos: Latour (1857), Asensio (1893), Gimeno de Flaquer (1898), Coloma (1900). Morel-Fatio (1901), De Gabriel, y a otras personas que después han hablado de ella, como Nelken (1945) o Comellas (2010).

El rechazo de la escritora a ser retratada se evidencia en muchos de sus escritos más personales. Como es lógico a partir de la fama que adquiere, muchas revistas y periódicos le piden el envío de unos datos biográficos y un retrato para poder publicarlo. La negativa siempre es rotunda incluso cuando se lo piden sus más íntimos amigos como es el caso de su biógrafo Manuel Asensio: "Muchas veces habíamos pedido a Fernán Caballero su retrato; y a pesar de su bondad, nunca agotada, se resistía tan dulce como tenazmente. Era tan firme, tan decidido su propósito de pasar oscurecida, que no quería se reprodujera su figura, principalmente por el temor de aparecer en los periódicos..."(La Ilustración Bética 16.9.1881). Continúa el Sr. Asensio en el mismo artículo: "y esta tenaz resistencia sólo cedió ante el deseo de la Serma. Sra. Infanta Duquesa de Montpensier y de su augusto esposo. Madrazo pintó el retrato que se conserva en la biblioteca del Palacio de San Telmo". 

Cecilia intentó hasta el último momento detener el proyecto de realizar su retrato. El Museo del Prado conserva en el Archivo Daza-Madrazo una carta del 15 de octubre de 1858 ¡tres días antes de que Madrazo comenzara el retrato! en la que para justificar su negativa a ser retratada inventa un diálogo con su criada en que esta le hace ver que si no puede pagar un retrato de un pintor tan importante sería "contra conciencia" admitirlo. (15.10.1885 Carta de Cecilia. Arch.MNP).

El proyecto de realizar este retrato posiblemente se gestó en Madrid unos meses antes del viaje que en octubre hacen Federico Madrazo y su hijo Raimundo a Sevilla. Concretamente el 8 de febrero de 1858 Madrazo anota en su agenda: "Han venido M. de Latour [escritor y secretario personal del duque de Montpensier y amigo de la escritora], y el conde de Vistahermosa..." y aunque no indica el objeto de esta visita, es probable que fuera para concertar un encuentro del pintor con los Duques de Montpensier, que se produciría dos días después, tal como refleja el apunte de su agenda: "Hoy he ido a ver a los Duques de Montpensier que se van mañana a Sevilla". (10.2.1858).

Fotografía del Retrato de Cecilia Bohl de Faber (Fernán Caballero). Paradero desconocido. Pintado por Federico Madrazo en 1858 

El proceso de realización del retrato de Federico Madrazo se puede seguir con detalle a través de las anotaciones que realiza en su agenda entre el 18 de octubre y el 17 de noviembre que reproducimos a continuación. Las menciones a "Bécquer" se refieren siempre al pintor Joaquín Dominguez Bécquer (1816-1879), primo hermano de José Domínguez Bécquer y tío de Valeriano y Gustavo Adolfo, que es un personaje notable en la Sevilla de la época; pintor honorario de cámara y maestro de dibujo de los hijos de los duques de Montpensier; profesor de Antiguo y Natural de la Academia de Bellas Artes de Sevilla y encargado de las obras de restauración de los Reales Alcázares, donde tenía su estudio que fue utilizado por Federico Madrazo durante toda su estancia en Sevilla.

Dia 18 de octubre, lunes "...después de almorzar con Raimundo, a ver a Bécquer, a Fernán Caballero y al Sr. Williams [Julian B. Williams, académico de Bellas Artes y vicecónsul inglés en Sevilla] -después al estudio de Bécquer a arreglar agunas cosas para empezar mañana el retrato de Fernán Caballero -"


Dia 19 octubre, martes. "a las 9 he ido al estudio de Bécquer a preparar los trabajos y a las 11 ha ido allí Fernán Caballero y he empezado su retrato -"

Dia 20 octubre, miércoles. "A las 10 he ido a casa de Fernán Caballero y con ella a las 11 al estudio de Bécquer y hemos pintado bastante hoy en el retrato - "


Dia 21 octubre, jueves. "a las 10 al estudio de Bécquer donde ha ido a las 11 Fernán Caballero y a la 1 hemos acabado de bosquejar el retrato".

Dia 3 noviembre, miércoles. "A las 10 al estudio de Bécquer (antes he ido un rato a la catedral) hasta las 5 de la tarde - y he seguido la cabeza de Fernán caballero - ha ido allí M. de Latour ".

Entre los días 22 de octubre y 2 de noviembre, los apuntes de la agenda no mencionan a Fernán Caballero aunque sí escribe que va a trabajar al taller de Bécquer, excepto tres días en los que realiza un viaje a Cádiz con Bécquer y Boutelou [Director de a Academia de Bellas Artes sevillana].

Dia 4 noviembre, jueves. "A las 11 al estudio de Bécquer y también he pintado hoy en el retrato de Fernán Caballero, hasta las 4, después en casa."


Día 5 noviembre, viernes. "a las 10 (después de haber escrito a Madrid) he ido al estudio de Bécquer y he pintado en el retrato de Fernán Caballero, que ha ido de 11 1/2 a 4."


Dia 6 de noviembre, sábado. " A las 10 1/2 he ido a ver a Arrom que ha llegado a las 4 de la mañana, después he concluido el retrato de Fernán Caballero y luego hemos ido a su casa Bécquer y yo a ver las fotografías y demás que ha traído Arrom de Australia. Antes de comer he visto también a Mr. Williams y Cañaveral.

Una vez terminado el retrato, Madrazo continuará haciendo alguna visita a la escritora, la última con su hijo Raimundo el dia 17 de noviembre para despedirse la víspera de su salida para Madrid.

Para concluir el recorrido de los documentos que nos han marcado el camino de la realización del retrato, hay que señalar que, tal como señala Federico Madrazo en el correspondiente apunte de su agenda, la entrega de la obra al Duque de Montpensier se realizará en Madrid y no será hasta el lunes 9 de julio de 1860: "Hoy he llevado al Rey su retr. para el D. de Montpensier y a este el de Fn. Caballero (que hice en Sevilla)".

Apunte del dia 9 de julio de la Agenda de1860 de Federico Madrazo

Otros retratos pintados por Federico Madrazo en Sevilla

Dos retratos más pintará Madrazo durante su  estancia en Sevilla, el del pintor Cañaveral, que es mencionado en el apunte del domingo, dia 8 de noviembre: "...he realizado el retrato en busto de Cañaveral", y el retrato de la mujer del pintor Joaquin Dominguez Bécquer, de quien había dicho en carta a su hermano Luis "probablemente después haré el de la mujer de Bécquer (que es una santita como Mimí)", aludiendo al parecido de la mujer de Bécquer con Luisa, la hija mayor de Federico (Carta de 19.10.1858 Archivo MNP). 

Este retrato de la mujer de Bécquer, cuyo nombre era Francisca Rull Rull (Sevilla, 1827- ?), se encuentra hoy en el Museo del Romanticismo, identificado erróneamente con Winnifred Coghan Murphi, la joven inglesa con la que se casará el también pintor Valeriano Becquer, sobrino de Joaquín, quien en esa época alternaba sus estancias entre Madrid y Sevilla. No parece que el joven Valeriano, que en esa época estaba en Madrid, tuviera relación alguna con los Madrazo ya que este no le menciona en los apuntes de su agenda. Por otra parte, el retrato tampoco coincidiría con la descripción que tenemos de la joven Coghan: una joven, bella, rubia y de ojos azules, tipo de virgen en tabla primitiva. (Fco. Pompey).

Como hemos señalado, la verdadera identidad de la modelo se deduce de los propios apuntes de Madrazo que el dia 22 de octubre anota: 

    "...a las 10 al estudio de Bécquer [Joaquín], donde he empezado, a las 11, el retrato de su señora y ha quedado bosquejado a las 3." 

Se trataría por tanto sin duda alguna del retrato de Francisca Rull la mujer de Joaquin Domínguez Bécquer, como ya señaló Montserrat Martí en el artículo antes mencionado (Identificación que ha pasado inadvertida para el Museo del Romanticismo que a pesar de indicar que se trata de la joven esposa de Joaquín sigue manteniendo el nombre de la mujer de su sobrino Valeriano, Winnifred Coghan). Probablemente Madrazo realizara este retrato en agradecimiento a Joaquín D. Bécquer por la continua utilización de su estudio y porque ha sido un auténtico cicerone durante la estancia del pintor en Sevilla. 

Izq. Retrato de Francisca Rull, esposa de Joaquin D. Bécquer. MROM
Dcha. Retrato del pintor José Cañaveral. Col. Los Madrazo de la CM.
Ambos pintados en 1858 durante la estancia de Federico Madrazo en Sevilla

La historia real del retrato frente a la versión de la propia escritora...

A nadie puede extrañar que, dada la animadversión de la escritora por verse retratada en su edad madura, al no haber podido evitarlo inventara una de sus historias para justificarse. La ocasión le llegó de la mano del polifacético Luis Coloma (1851-1915), que la visitó con frecuencia durante su época de estudiante de Derecho en la Universidad de Sevilla. Cecilia en las reuniones le fue contando los episodios de su vida que deseaba ver reflejados en su biografía, no perdiendo la ocasión que se le brindaba de novelar su propia historia; por esta razón se califica de poco fiable el relato biográfico que con el título "Recuerdos de Fernán Caballero" escribe Coloma en 1910. 

Sobre el tema del retrato, ella le cuenta que en su juventud había sido preciosa y al no conservar en su vejez rastro de aquella hermosura, temía pasar a la posteridad como una anciana que nunca había sido joven. Como conservaba un retrato en miniatura de sus tiempos de Marquesa de Arco-Hermoso, en todo el esplendor de aquella belleza, con traje de terciopelo negro, diadema y aderezo de corales, pensó que no permitiendo que se le hiciese otro retrato, pasaría á la posteridad, con aquella imagen de juventud. 

Probable miniatura de la que habla Cecilia Böhl de Faber que conserva la familia Osborne y grabado de la misma, ambas reproducidas en prensa 

    "Un retrato en miniatura hecho en aquella época, demuestra cuan justa era la admiración de los que conocieron á Cecilia en su juventud." (Fernando de Gabriel y Ruiz de Apodaca - Biógrafo y prologuista de F. Caballero).

Coloma, siguiendo el relato de la escritora, cuenta que este era su único retrato hasta que "Un día, allá por los años de 1860, [sabemos que fue en 1858] recibió Fernán Caballero un convite para almorzar con los Infantes Duques de Montpensier, en su palacio de San Telmo... y acudió al almuerzo sin sospecha de miras ulteriores: llamóle sin embargo, la atención, que al terminar el almuerzo propusiera la Infanta tomar el café en la magnífica galería de cristales que se abre sobre el jardín, toda cerrada de celosías, cosa que de ordinario no se acostumbraba. Llegaron otros dos convites con escasos intervalos de tiempo, seguidos siempre de largas sesiones en la galería de cristales. Nada sospechaba Fernán, pero al cuarto almuerzo... comenzó a sospechar algo... Estaba allí aquel día el célebre pintor Federico Madrazo, y al terminar el almuerzo el Infante, dirigiéndose a Fernán, le dijo: Cecilia, le voy a dar a V. una sorpresa...Y ofreciéndola el brazo galantemente, llevola a su biblioteca y allí, ante el pasmo de Fernán... había un magnífico retrato de Fernán Caballero, pintado por Madrazo en tres sesiones que correspondían a los tres almuerzos en San Telmo. Fernán tuvo que disimular su indignación y dar encima las gracias, permitiéndose por todo desahogo el calificar a su vera efigie de Safo aburrida". (Extracto de Recuerdos de Fernán Caballero. P. Luis Coloma S.J. 1910)

Cecilia trató de evitar la difusión pública de las fotografías del retrato realizado por Madrazo, que se utilizó aun en vida pero especialmente después de su muerte, como imagen inicial de muchas de sus publicaciones.  


En cuanto al original del Retrato de Fernán Caballero pintado por Federico Madrazo, se ignora su paradero actual pero, además de su reproducción fotográfíca, se conserva al menos una copia en la Universidad de Sevilla realizada en 1877 por el pintor Estanislao Espejo, por encargo del Duque de Montpensier y donada por el mismo para formar parte de la Galería de Personajes Ilustres de dicha Universidad el año de la muerte de la escritora.
 
Estanislao Espejo. Retrato de Fernán Caballero según F. Madrazo. 1877 Universidad de Sevilla

El magnífico retrato de Cecilia Böhl de Faber pintado por Madrazo ocupó un lugar destacado en la biblioteca del duque de Montpensier del palacio de San Telmo. Sabemos que en 1898 los herederos de la duquesa, la infanta María Luisa Fernanda, donaron al Ayuntamiento de Sevilla 51 lienzos, que formaban una galería de personajes ilustres, de las artes, las letras y milicia, así como de reyes, entre los podría haber estado el retrato de Fernán Caballero de Madrazo.  Sin embargo no consta en la relación de la donación, ni se encuentra en ese conjunto que decora en la actualidad el antiguo comedor de gala del Ayuntamiento y tampoco figura en el epígrafe de "Bienes histórico - artísticos" del Inventario de Patrimonio del consistorio sevillano. 

Los otros retratos de Fernán Caballero

A estas alturas, podemos afirmar, con poco margen de duda, que no existen otros retratos pintados del natural de la escritora. No es concebible que ella, de la que conocemos por sus propias palabras cómo se resistió y después renegó del que le hizo Madrazo, se dejara retratar por ningún otro pintor de la época. 

Coloma en su biografía menciona la existencia de un retrato que Cecilia encargó a un pintor local adaptando el de su propia miniatura para regalarlo a un íntimo amigo suyo, "noble caballero, valiente militar y notable poeta", que se había hecho con una copia reducida del de Madrazo y lo exponía en su biblioteca de la calle de San Vicente. La nueva versión en tamaño natural de su miniatura la envió a su amigo, con la condición de que destruyera la copia de la Safo aburrida de Madrazo... El retrato en cuestión podría ser el que reproducen algunas publicaciones de la época y existe la posibilidad de que se copiara en más de una ocasión por ser del gusto de su protagonista aunque considero de escasa fidelidad por su origen.

  Retrato Anónimo de Cecilia Böhl de Faber adaptado de su miniatura h.1850
A la derecha versión de una colección privada,  64 x 52 cm. Óleo/ lienzo 

A pesar de ello, quizás por desconocimiento del carácter de la escritora y de su forma de pensar, han proliferado imágenes que identifican Fernán Caballero sin otro fundamento que el de tratarse de mujeres de la época. Incluso se la confunde a veces con el bien conocido retrato de la también escritora Carolina Coronado del Museo del Prado de Federico Madrazo. (¡Cuántas veces se produce la confusión de los nombres de mujeres artistas!). Nos ocuparemos solamente de las dos que con más frecuencia se identifican con ella que, por estar catalogadas en museos de referencia, gozan de una presunción de verosimilitud generalmente aceptada.

El retrato de Manuela Monnehay de Valeriano Domínguez Bécquer, en el Museo Romántico  

El retrato que identifica a Fernán Caballero que nos resulta más sorprendente es el del Museo del Romanticismo. La sorpresa deriva no solo de la falta de similitud con la imagen fidedigna de la misma fecha que pintó Madrazo, sino del hecho de que además existen fuentes documentales que identifican a la persona retratada.

Valeriano D.Bécquer - Retrato de Manuela Monnehay. 1858 MROM

La mujer que aparece en esta obra de Valeriano Domínguez Bécquer (1833-1870), es Manuela Monnehay Moreno (1814-1855) madrina de bautizo de Gustavo Adolfo Bécquer, tal como figura en los documentos del Archivo Montesinos que pueden verse en la Biblioteca Virtual Cervantes.

Una primera apreciación visual permite ver que los retratos representan a dos personas diferentes tanto por su edad como por su fisonomía y estilo.        

La relacion de Manuela Monnehay con los Bécquer está bien documentada. Su padre, Carlos Monnehay, de origen francés, era dueño de una tienda de perfumes situada en la Plaza del Duque, 22, que también era su domicilio, en el que vivía con su esposa, Dolores Moreno y su hija. Manuela recibió clases de pintura de José Domínguez Bécquer y por su cercana amistad con la familia fue madrina de bautizo de Gustavo Adolfo(La Madrina de Bécquer. Santiago Montoto. ABC de Sevilla28/08/1970). 

Cuenta su íntimo amigo Narciso Campillo que, al morir sus padres, sus seis hijos fueron acogidos por distintos familiares y "Bécquer [Gustavo Adolfo] fue recogido por la señora de Monehay, su madrina de bautismo, persona de claro talento, que poseía bastantes libros, y ¡cosa rara en mujer! que los había leído todos. Esos libros fueron una mina para Gustavo. Los leyó, los releyó, y como algunos estuviesen destrozados, faltándoles ya el principio, ya el fin, los empezaba o concluía de su cosecha..." (La Ilustración de Madrid, 15.1.1871).  

Estudios posteriores permiten afirmar que la protección prestada indudablemente por la madrina no conllevaba su acogimiento ya que todos los sobrinos fueron adoptados entonces por su tía materna, María Bastida casada con Juan Vargas, que se hizo cargo de todos ellos. La estrecha relación con la madrina permitió a Gustavo Adolfo aficionarse a la lectura, ya que disponía de una mediana pero selecta biblioteca poética que con frecuencia el poeta visitaba. 


El retrato de Señora de Eduardo Cano de la Peña, del Museo de Bellas Artes de Sevilla. 

El segundo de los retratos que tradicionalmente se identifica con Fernán Caballero es el realizado por el madrileño afincado en Sevilla Eduardo Cano de la Peña (1823 - 1897) que no está firmado ni fechado, y se encuentra, no expuesto, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.
E. Cano de la Peña. Retrato de Señora. MBA Sevilla

Se trata de un óleo sobre tabla de pequeñas dimensiones, 21,80 x 16,30 cm, que representa a una señora de mediana edad, probablemente viuda, por el velo negro que lleva, con detalles característicos de su fisonomía que la diferencian de la imagen que conocemos de Fernán Caballero, ojos oscuros y en especial el pelo ondulado de un color negro azabache, mientras la escritora tenía el pelo y los ojos claros. En la descripción de su alter ego, Clemencia, Cecilia se describe a sí misma: "De mediana estatura y perfectas formas; blanca y sonrosada como un niño inglés; su dorado cabello la cubría toda cuando estaba suelto como un manto real de oro."

Las imagenes evidencian claras diferencias entre las dos mujeres retratadas

Los grabados

Después de la muerte de Cecilia se destapó por completo el velo del anonimato de la escritora, empezaron a referirse a ella habitualmente como Cecilia Böhl de Faber y no como Fernán caballero, y al mismo tiempo aparecen imágenes que probablemente ella no hubiera aceptado. Las nuevas representaciones de la escritora se mostraban a través de grabados realizados a partir de fotografia o de dibujo, como el que el artista Antonio A. Morgado trazó de memoria, que sirvió de original para el busto de mármol que hoy continúa sobre la entrada de la última casa en que vivió Cecilia. Su figura coincide con la descripción que conocemos de ella en su última etapa: tocada con una cofia de encaje que le sujetaba el pelo y atada con un lazo al cuello. Ella misma le escribe a su sobrina: "Sobre la cofia blanca tupida llevo el precioso pañuelo de lana gris y fleco negro que me regalastes". (Carta 30.1.1877)

Fernán Caballero, Dib. Badillo, Grab.Carretero según original  de A. Morgado
Placa con busto según Morgado y una inscripción: En esta casa falleció Fernán Caballero - abril 1877 - Infantes duques de Montpensier dedican este recuerdo. 

A su amigo Latour, debemos el grabado que encarga tras su muerte tal como escribe a Antonio Asensio: «Fernán Caballero me había regalado una fotografía suya, que la representaba enseñando la lectura a una niña del pueblo; he sabido después de la muerte de nuestra ilustre novelista, que de esas fotografías dos solamente existían. La otra la poseía S.A.R." (Scéaux el 27 de Junio 1879). A partir de esa última, realizada por M. Leloir dibuja y graba el retrato el pintor y grabador Tomás Povedano (1847-1943).
Grabado de Povedano sobre fotografía de Maurice Leloir (1879)

Finalmente, una de sus efigies más conocidas es la realizada ya en 1893 por Bartolomé Maura (1844-1926), pintor y grabador de gran prestigio, cuyo retrato, no sabemos si proviene de fotografia o de un dibujo propio, pero creemos que retrata fielmente a la escritora. 

Cecilia Böhl de Faber por Bartolomé Maura 1893 (BNE)




jueves, 20 de enero de 2022

FÉLIX RESURRECCIÓN HIDALGO 1853 - 1913

Hace unos meses escribí en este blog un artículo sobre un grupo de pintores en Roma que figuraban en una conocida fotografía en la que se encuentran los filipinos Luna, Paterno, Zaragoza y Resurrección con Juan Antonio y Mariano Benlliure y Juan José Puerto. El artículo desvelaba interesantes novedades biográficas que han podido pasar desapercibidas del pintor Félix Resurrección Hidalgo, siempre considerado -injustamente- segundo por detrás del otro gran pintor filipino Juan Luna Novicio.  He creído de interés escribir un artículo monográfico de carácter más personal, en el que destacar su importancia artística y su trayectoria vital a fin de que la información no quede diluída en el contexto de los grupos de pintores entre los que naturalmente se integra: Pintores filipinos, Dibujantes de La Flora del Padre Blanco o Pintores en Roma, anteriormente aludidos.

Autorretrato. A su querida madre. FR Hidalgo París 1901

        "...En la obra de Hidalgo late un sentimiento purísimo, expresión ideal de la melancolía, la hermosura y la debilidad, víctimas de la fuerza bruta; y es que Hidalgo ha nacido bajo el azul brillante de aquel cielo, al arrullo de las brisas de sus mares en medio de la serenidad de sus lagos, la poesía de sus valles y la armonía majestuosa de sus montes y cordilleras."

José Rizal - Homenaje a Luna e Hidalgo. Madrid, 25 de junio de 1884

Félix Eduardo Resurrección Hidalgo y Padilla (1853 - 1913)

Félix Resurrección creció en la calle Escolta en Binondo, Manila, donde había nacido el 21 de febrero de 1853. Fue el segundo de los tres hijos varones y tercero de siete hijos de una familia filipina acomodada. Su padre, D. Eduardo Resurrección Hidalgo y Agapito, que murió cuando Felix tenía doce años, era un mestizo español abogado en Vigán, Ilocos Sur, que fue director de la Sociedad de Postas Generales de Luzón (Precedente de la Sociedad General Postal) con amplias posesiones. Su madre, Doña María Bárbara Padilla y Flores, mestiza de sangley, era de Binondo, hija del abogado y magnate naviero Narciso Padilla Rosa que fue nada menos que Regidor de la Audiencia Real en Manila.

La línea familiar materna procedía de Maria Padilla de Pangasinan, cuyo hijo Vicente Padilla casó con Hermenegilda Rosa y tuvieron dos hijos, Tomás Narciso, -este último y su segunda esposa, Salomé Flores, fueron padres de Jose Sabino, quien optó por la carrera eclesiástica y llegó a ser canónigo de la catedral Metropolitana de Manila-, y de María Bárbara quien se casó con Eduardo Resurrección-Hidalgo, quecomo hemos comentado, fueron los padres del pintor.

Izq. Antonio Malantic, Retrato de Félix niño con su abuelo Narciso Padilla. 1859 
    Der.: F.R.Hidalgo, Retrato de su madre. "A mi querida mamá, Félix, París 1886"

María Bárbara, la madre, conocida como "Baritay", había sido educada para gestionar los negocios familiares; era una mujer de carácter, de profundas creencias religiosas. Al renunciar su hermano a los bienes terrenales, ella heredó el conjunto de propiedades familiares, entre ellas una serie de almacenes que se encontraban al borde del río en el distrito de Tondo que ella regentó con sabiduría por lo que sería conocida como "la reina del río Pásig". Baritay quedó viuda cuando Félix tenía solo doce años, por lo que, a falta de una figura paterna, su influencia sobre el hijo se hizo más intensa. 

Félix realizó sus primeros estudios en los jesuitas del Ateneo de Manila y al terminar,  en 1867 entró en la universidad de Santo Tomás donde estudiaba también su hermano Narciso, alumno entre 1870-1873, (AHN, Universidades 4254, Ex,9). Tras terminar los estudios de Derecho en 1871, Félix decidió ingresar en la Academia de Dibujo y Pintura de la calle Cabildo con los profesores Agustín Sáez y Lorenzo Rocha, en la que estuvo durante los siete años siguientes en los que se convirtió en uno de los alumnos más destacados. En 1876 fueron seleccionados algunos de sus dibujos para presentar en la Exposición Universal de Filadelfia. En 1877 concursó para la realización de la portada del gran libro de la Flora del Padre Blanco, quedando en el segundo puesto tras su profesor, Agustín Sáez, aunque su dibujo no se publicó hasta seis años después, en la vigésima entrega con la que se iniciaba el último tomo. Mediante oposición consiguió la pensión para ampliar estudios en Europa en 1879, año en que viajó a España con sus colegas Miguel Zaragoza y Esteban Villanueva con quienes convivió durante su estancia en Madrid. 

Durante dos cursos asistió con regularidad a las clases de la Academia de San Fernando de Madrid donde tuvo como profesores a Espalter en Pintura antigua y ropaje; a Federico Madrazo en Colorido y composición; a Ignacio Suarez Llanos en Anatomía pictórica; y a Carlos Luis Ribera en Pintura natural o pintura de bodegones. También dedicó muchas horas a la copia y contemplación de las obras maestras del Museo Nacional de Pintura del que afirma en una carta a su amigo Rizal en octubre de 1879: "Uno deja ese edificio con dolor de cabeza y desesperación en el alma, porque está convencido de lo poco que sabe, de que ni siquiera es un átomo en comparación con los colosos del arte".

Los dos años restantes de la beca Félix se traslada a Roma donde realiza la primera obra que le hizo famoso: Vírgenes cristianas expuestas al populacho, que presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1884 con la que ganó una segunda medalla. La pintura fue adquirida por el gobierno por R.O. de 10 de julio del mismo año por 2.500 pts., bajísimo precio del que el pintor se queja considerando que los veteranos pintores que forman el jurado: "...quieren cortar las alas de los jóvenes negándoles siempre que pueden los medios materiales para seguir avanzando". Aunque él dice no dejarse vencer por esa actitud: "Afortunadamente, no me dejo, ni me dejaré vencer, por dura que sea la lucha; y aun en la quiebra seguiré haciendo otra obra de importancia aunque tenga que privarme de lo más necesario en la vida".

Posteriormente la obra fue depositada en la Universidad de Valladolid donde pereció en un incendio en 1936 aunque podemos conocerla por la versión de la misma que se encuentra en el Banco Central de Filipinas de Manila. 

Vírgenes cristianas expuestas al populacho, 1884. Banco Central de Filipinas

Tras la participación en la Exposición madrileña Félix realiza un viaje por Europa y al igual que su colega Luna decide instalarse definitivamente en París a donde llega en ese mismo 1884. A partir de entonces recibe numerosos encargos y participa en múltiples exposiciones, además de la General de las Islas Filipinas (Madrid, 1887), la Universal de París (1889), la de Barcelona de 1891; la Internacional de Bellas Artes de Madrid (1892), la Universal de Chicago (1893), la Regional de Filipinas en Manila (1895) o la Universal de San Luis - Missouri (1904) donde su obra, El violinista, sería premiada con una Medalla de Oro. 

Pero la mala suerte parece perseguir las obras de Resurrección que se adquieren en España, pues también se encuentra en paradero desconocido la que con el título "El Aqueronte" fue presentada por el pintor en diversas exposiciones y fue adquirida por el gobierno por 7.500 pesetas para el Museo de Ultramar. Sabemos que tras su disolución pasó al Museo de Arte Moderno y en 1908 fue depositada en el Ayuntamiento de Santander de donde desapareció en fecha desconocida. También en esta ocasión conocemos la obra por fotografía y por sus versiones como la que se encuentra en el López Museum and Library de Manila y otra, con algunas variantes, que se encuentra en la colección del Banco Central de Filipinas. 

Ref. Catálogo Exposición de Barcelona 1891
El Aqueronte. Imagen Publicada en La Ilustración Española y Americana -8 Feb. 1893

El Museo del Prado conserva tres obras de Félix Resurrección, realizadas en su etapa de formación en Manila antes de su venida a España: Estudio del natural,  (actualmente expuesta en la sala 61A del Museo) en la que firma como discípulo de Sáez; Vendedora de lanzones y Pescador de Sacag (ambas hasta hace poco tiempo depositadas en el Museo de Antropología). Estas obras que habían sido presentadas a la Exposición de Filadelfia de 1876 pertenecían al Museo Biblioteca de Ultramar figuraron en la Exposición de las Islas Filipinas celebrada en Madrid en 1887. 
Estudio del natural (1875)
Vendedora de lanzones (1875)                Pescador de Sacag (1875)   

Patrimonio Nacional conserva al menos una obra de Félix Resurrección de carácter costumbrista filipino, realizada ya en su estancia madrileña, al parecer regalada por el pintor al rey, según recoge la prensa de la época.

La Correspondencia de España - 14 julio 1879, pág.3. 

Félix R. Hidalgo, La siesta. Recuerdos de Filipinas. 1879 P.N. Palacio del Pardo

Otra obra, que debía pertenecer a Patrimonio Nacional, titulada El Galeón, de la que actualmente se desconoce el paradero, fue regalada por el gobierno español al filipino con ocasión del acto de investidura como Doctor "Honoris Causa" del ministro de Asuntos Exteriores español, Fernando María Castiella en la Universidad de Santo Tomás en Manila, acto al que asistieron además del investido, los marqueses de Villaverde y los señores de la Serna y Marañón.
 
Imagen de la recepción en Malacañan. Hoja del Lunes 27.2.1965

        "El ministro español en nombre del gobierno español, regaló al presidente un cuadro del pintor filipino Félix Resurrección Hidalgo, óleo que representa a un galeón español y que hasta hace poco se encontraba en Madrid..."
La Vanguardia, 27 de febrero de 1965

La vida en París

La vida en París para los jóvenes artistas filipinos que allí se instalaron fue feliz a juzgar por los testimonios escritos y las fotografías de la época. Rizal, Luna y Resurrección compartían sus experiencias artísticas y literarias. Sus reuniones se amenizaban con su propia música, eran invitados frecuentes de la familia Pardo de Tavera Gorricho que residía en París. Como sabemos en ese tiempo Luna cortejaba a la hija, Paz Pardo de Tavera, con la que se casará en 1886, Rizal se relacionaba con la joven Nelly Bustead que también vivía en la capital francesa y Félix Resurrección siempre iba acompañado de su modelo María Iritia, con la que compartió toda su vida.
 
París h.1886 Fotografía de grupo en la que distinguimos a Paz Tavera y María Iritia, haciendo música con Félix Resurrección al violín, José Rizal a la flauta, Juan Luna al contrabajo, uno de los hermanos Paternó a la guitarra y otro amigo al acordeón. Lamina XI de la Biografía de Rizal por Rafael Palma

Las tendencias personales y artísticas de ambos pintores van a seguir caminos diferentes. A diferencia del carácter indómito de Luna, Resurrección se caracteriza por una discreción que puede de algún modo aplicarse tanto a su vida como a su pintura. A pesar de sus éxitos continuados mantiene un modo de vida sin sobresaltos. 

Uno de los cuadernos de bocetos de Resurrección contiene información sobre una fórmula de lo que llamó el "procedimiento FRH", que había elaborado para lograr la calidad y la durabilidad de las pinturas teniendo como inspiración la pintura flamenca; enumera unos pigmentos de color que debían mezclarse con aglutinantes, que no menciona, aparte del barniz y alcohol que figuran en la lista. Comenta que ha probado esta nueva técnica en el Retrato de su madre pintado en 1897 en el que dice haber conseguido una transparencia similar a la acuarela sin usar ni una gota de aceite.

        "Ahora tengo un procedimiento que me permite dominar la parte material de la obra ... Creo que te mencioné en una de mis cartas que he logrado reconstruir el antiguo procedimiento de los maestros flamencos y holandeses que permiten dar brillantez y solidez a los colores, a los que los Modernos apenas han llegado con su pintura al óleo sucia y grosera...¡ Supongo que no tengo que decirte que he guardado para mí el secreto!"
Carta sin fecha a "Pedro" en Treasures of Phillippine Art, 2013 National Museum. Manila


F. R. Hidalgo. Retrato de su madre. 1897 Banco Central de Filipinas

En Francia continuaría con la pintura de paisaje, de clara tendencia impresionista que había empezado a practicar en Galicia, donde estuvo invitado por su protector el español Francisco Yriarte (1821-1892), desplazándose a los alrededores de París como los pintores franceses de la época y en especial a  las hermosas playas de Normandía, cuyos famosos acantilados y rocas se pueden encontrar en algunas de sus obras. 
 
F. R. Hidalgo. Marina y La casa cerca del río

F. R. Hidalgo. Paisaje de mar y Veleros en Étretat - Normandía. 1909 

La interesante pintura cercana al impresionismo que realiza el pintor en esta época es menos conocida en nuestro país. La independencia de Filipinas, coincidiendo con el cambio de siglo, supuso no solo el relegamiento de las obras de estos pintores que se dispersaron o se ocultaron, sino que se perdió totalmente el interés por su evolución tachándoles a menudo de desagradecidos cuando no de traidores, convirtiéndoles en cabezas de turco de una situación que les era totalmente ajena. 

Curiosamente durante el régimen franquista se estrecharon las relaciones España - Filipinas, lo que supuso, que conozcamos, el regalo del gobierno español anteriormente comentado de la obra El Galeón de Félix Resurrección perteneciente a Patrimonio Nacional, y anteriormente en 1958, el regalo de la obra Expoliarium de Juan Luna, a pesar de que fuera propiedad de la Diputación de Barcelona, aunque, en su descargo hay que decir que consta que la Diputación lo cedió gustosa pues no parecía tenerlo en gran estima dada su deplorable situación arrumbado y deteriorado en los almacenes del MNAC. 

Juan Luna Pintor al aire libre [Félix Resurreción] 1890 Detalle 

En 1912, cumplidos los 59 años, después de más de treinta años de ausencia, atendiendo a la llamada de su madre, el pintor regresa a Manila acompañado por María Iritia, para que conociera a su familia. Parece que no hubo una buena sintonía entre María Doña Barbara Padilla, que se encontraba en una situación de salud delicada. La visita de la pareja concluyó a los seis meses, antes del tiempo previsto, probablemente por esa falta de entendimiento entre ambas mujeres. Félix y María se volvieron a París pasando por Japón y haciedo la ruta del Transiberiano, sin saber el poco tiempo de vida que le quedaba al pintor que sintiéndose enfermo se trasladó a la villa de Sarriá cerca de Barcelona donde moriría en 1913. 

No sabemos qué razón movió a Félix para trasladarse a Barcelona, ¿el clima?, ¿un amigo?, ¿un medico? El caso es que después de casi treinta años de ausencia regresa a Barcelona y se instala en el número 25 de la Calle Galvany en Sant Gervasi, según consta en el Acta de Defunción del Registro Civil de Barcelona, documento que aporta poca información sobre las circunstancias de la muerte que se produce a las dieciséis horas del 13 de marzo de 1913. Tampoco conocemos la relación que tenía con las personas que figuran en dicho documento como D. Juan Bel Lluch, casado y carpintero, que es la persona que en calidad de mandatario informa de su fallecimiento para lo que presenta al juez del Registro Civil el certificado médico de defunción que indica que la muerte se produjo "a consecuencia de enfisema pulmonar y parálisis cardiaca". 

Por la información que aporta al Juzgado este mandatario se deduce que no es una persona cercana o familiar ya que le hace natural de Manila cuando era de Binondo y dice que tiene cincuenta y ocho años cuando en realidad acababa de cumplir sesenta. Se aporta como información adicional "que el finado era soltero", lo que confirma el hecho de que nunca se casó con su compañera de vida, María Iritia; y "que se ignora si testó". 

Copia del Acta de Defunción Nº 104 del Registro Civil - Hidalgo Padilla Félix R.
(Actualización 15.2.2022)

Como testigo presencial figura Enrique Piferrer Ventura por cuyo apellido podríamos deducir algún parentesco con Valentín Ventura, amigo de Félix y residente en esa época en Barcelona. Suponemos que Félix murió acompañado por María quien será la persona que realice las gestiones para el traslado de los restos del difunto a Manila a fin de que  pudieran ser enterrados en su tierra, en el Cementerio del Norte, lo que no se producirá hasta el año siguiente

A su muerte, Félix Resurrección Hidalgo dejaba una no pequeña fortuna en bienes, acciones y pinturas y al no tener descendientes, su única heredera natural era su madre, que murió al año siguiente dejando la fortuna de los Hidalgo-Padilla a sus correspondientes herederos. La mayor parte de las pinturas quedaron en manos de sus sobrinos: Felipe Hidalgo, hijo de su hermano José, que creó la Casa del Arte de Hidalgo, una auténtica colección de arte a lo largo de los años y Eduardo y Rosario Paz, hijos de su hermana Pilar que estaba casada con Máximo Paz

En el curso de esta investigación hemos podido obtener datos personales sobre MARÍA IRITIA quien acompañó a Félix Resurrección durante toda su vida y de la que hasta ahora solamente se tenían noticias dispersas. 

Toda la información en el siguiente artículo:


Félix Resurrección Hidalgo. "La Modelo" Retrato de María Yritia. 
Colección Eugenio López Foundation