martes, 2 de junio de 2020

LOS PATRIARCAS DEL MUSEO DEL PRADO



LAS TRIBUS DE ISRAEL

Jacob, que fue después llamado Israel, tuvo doce hijos y al menos una hija con dos esposas: Lía (madre de Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón, y de su hija Dina) y Raquel (madre de Aser,  José y Benjamín) y con las siervas de Lía, Balah (Madre de Dan y Neftalí) y Zelfa (madre de Gad),  Los doce hijos serían los patriarcas de las doce Tribus de Israel.

Representantes de primera línea de la pintura española del Barroco, Ribera, Murillo, Velázquez, Cano, recrearon a menudo pasajes de la historia bíblica relacionados con Jacob y sus hijos pero la presentación del conjunto familiar formando una serie es difícil de encontrar en España, probablemente porque no existía demanda en el estamento religioso de este tipo de iconografía para decorar las grandes iglesias y conventos de la época.

Muy diferentes características conformaba la demanda artístico-religiosa de los virreinatos de Nueva España y el Perú donde  la arquitectura supera en barroquismo a la española tanto en el exterior como en la decoración de interiores, en los que retablos, esculturas y pinturas tenían un papel principal. En este sentido eran muy solicitadas las series pictóricas que permitían decorar los templos. Entre las diferentes series que se encargaban para cumplir esta función de ocultar con imágenes las paredes de los templos sabemos que la temática de los Patriarcas representantes de las Doce Tribus de Israel era una de las demandadas. Se trataba de un tema con ciertos visos ideológicos, o incluso políticos, aunque también había demanda de otros tipos de series eminentemente religiosas: apóstoles, escenas de la vida de la Virgen o de Santos, que en buena parte se realizaban en talleres y obradores sevillanos. 

Este interés por la temática biblica y en concreto por las series de Patriarcas se ha relacionado con la creencia de que los indios procedían de las tribus perdidas de Israel. Así, algunos historiadores abogaban por el origen bíblico de los antiguos pobladores de América, como el escritor Diego Andrés Rocha (Sevilla, 1607 – Lima, 1688) dice: «yo tengo por cierto que muchos de estos Indios occidentales descienden de las diez tribus que desterró Salmanasar, y que entraron poblando esta América por las costas de México, por el reino de Anian», anotando en su "Origen de los Indios" las múltiples similitudes que dice haber observado entre indios y hebreos. 

Ello podría explicar el interés de los comitentes en las series específicamente relacionadas con las tribus de Israel que les vinculaban con las sagradas escrituras.  La serie de patriarcas formada por Jacob y sus doce hijos, tiene una importante presencia en los envíos que se documentan en esa época destinados a América realizados en Sevilla, en los que se constata la igualdad de las medidas de los lienzos de gran tamaño: dos varas y tercia de alto y una vara y tercia de ancho (Aprox. 2m. x 1m.) destinados a colgar en los grandes espacios de iglesias y conventos.


LAS SERIES DE PATRIARCAS CONOCIDAS

Para hablar de las pocas series existentes es imprescindible acudir al catálogo que publicó el Museo del Prado en 1995 a raíz de la exposición titulada Zurbarán - Las doce tribus de Israel y, en concreto a la aportación al mismo del profesor Benito Navarrete Prieto, que con el título Génesis y descendencia de «las doce tribus de Israel» y otras series zurbaranescas, analiza las conocidas, sus orígenes y derivaciones. De las cuatro que se mencionan en dicho catálogo, la exposición trajo a Madrid la mejor de todas, atribuida al pincel del propio Zurbarán, que por una serie de vicisitudes bien de carácter comercial o más probablemente de signo piratesco, terminaron en Inglaterra, actualmente repartidas entre el Auckland Castle, en el condado de Durham, y el Grimsthorpe Castle, en Bourne, Lincolnshire, obras que fueron, casi con seguridad, las primeras obras del artista en llegar a Inglaterra.

La Serie de Durham

Formada por trece obras en las que se representa a Jacob de pie como un anciano encorvado y a sus doce hijos en distintas actitudes como representantes de las doce tribus de Israel es considerada sin discusión como la más importante de las series existentes, realizada por Francisco Zurbarán (Fuente de Cantos, 1598 - Madrid, 1664) y modelo de las restantes series que se conocen que son realmente escasas. Según escribe Gabrielle Finaldi en el Catálogo de la exposición mencionado, "Zurbarán buscó la mayor diversidad posible en los tipos físicos y sociales, así como en las edades, los trajes y las actitudes. Algunas figuras aparecen de frente, otras de perfil o de espaldas. Los personajes se convierten en personificaciones de las virtudes y, pese a su individualidad, pasan a ser arquetipos de sabiduría, virilidad, valor, belleza juvenil y ardiente religiosidad. La unidad pictórica de la serie viene dada por la consonancia del formato y por la utilización de un horizonte bajo y de un inmenso cielo que sirve también para aumentar la talla, tanto física como moral, de los patriarcas."
Jacob 
   Rubén                          Simeón                                Leví                                Judá 
 Dan                             Neftalí                                  Gad                                Aser
         Isacar                        Zabulón                                José                               Benjamín
Zurbarán - Serie completa de Jacob y sus doce hijos. Durham

Los Grabados flamencos - BNE

A falta de referencias pictóricas cercanas, Zurbarán acudirá a grabados de artistas flamencos y alemanes cuyos modelos recorrían Europa en la época y eran ampliamente utilizados. Además de las que se conservan en El Escorial, una de esas series de Patriarcas se guarda en  la BNE, realizada en 1585 en Amberes por Johan Sadeler, (Bruselas 1550 - Venecia 1600) con la colaboración del dibujante Jansz Visscher y los editores Crispin van den Broeck Gerard de Jode.  

Zurbarán probablemente utiliza este tipo de grabados como referencia pero adaptándolos a su propio estilo monumental estableciendo los modelos pictóricos a seguir, tanto por su propio obrador como por otros artistas.

Rubén                          Simeón                                Leví                                Judá 
Dan                          Neftalí                                Gad                               Aser 
 Isacar                            Zabulón                                José                               Benjamín
Johan Sadeler, Gerard de Jode, (ed.) y Crispin van den Broeck, (dib.) Los doce Patriarcas. 
Amberes, 1585. BNE

La fuente documental, común a las diferentes representaciones, para la descripción de los Patriarcas la encontramos en el libro del Génesis cuando Jacob en su lecho de muerte otorga a sus hijos las «Bendiciones secretas» que además de predecir el destino de cada tribu y señalar su territorio asignaba un símbolo para cada una de ellas: a Rubén, "impetuoso como el mar" le simboliza el agua, a Simeón, una espada; a Leví que se dedicó al sacerdocio no se le asigna símbolo concreto, a  Judá, a pesar de ser el cuarto hijo le concede el superior gobierno y es representado por un león; a Dan, una serpiente; a Neftalí, un ciervo; a Gad, un hombre armado; Aser, a quien le dice que cocinará manjares dignos de un rey, se simboliza con un manojo de espigas y panes; a Isacár un asno; a Zabulón una áncora; la tribu de José se repartirá entre sus hijos Efraín y Manasés; y finalmente a  Benjamin le representa un lobo.

Aunque la simbología apuntada coincide en muchos de los personajes, no lo hace en la totalidad y alguno aparece cambiado, por ejemplo en la serie de ZurbaránNeftalí aparece con una pala, mientras que  en el grabado se muestra el símbolo bíblico del ciervo. En el Zabulón de Zurbarán no aparece el símbolo del ancla aunque pueda considerarse su condición de marino por la vestimenta y el horizonte marino del fondo.

La serie de Puebla - México

Para terminar con las series de Patriarcas en pintura conocidas hay que mencionar otras dos derivadas de la de Zurbarán; una de ellas recientemente restaurada (2017) conservada en el Museo Casa de los Muñecos de la Universidad Autónoma de Puebla (México), que fue dada a conocer en su día por el maestro, recién desaparecido, Bonet Correa, («Obras zurbaranescas en Méjico», Archivo Español de Arte, 1964). La serie poblana “Las doce tribus de Israel o Los hijos de Jacob” consta de doce pinturas de tamaño natural, faltando la correspondiente al patriarca Judá. Algunos de los personajes no siguen los modelos aunque sí el estilo del maestro. En todo caso por sus características se considera que en ninguno de ellos está presente la mano del Zurbarán y que la serie fue realizada enteramente por pintores de su obrador sevillano.  

Vista parcial de la exposición realizada en 2017, en el Museo Universitario Casa de los Muñecos en Puebla (México) con motivo de la restauración de la serie

La serie de Lima - Juana Valera 

La segunda, conservada en el refectorio del convento de la Franciscana Orden Tercera de Lima (Perú) publicada por el padre Gento Sanz, (Lima, 1945) y por H. Schenone, (Buenos Aires, 1951), se atribuye en la actualidad a una de las poquísimas pintoras del virreinato, Juana Valera y Escobar, activa en la segunda mitad del siglo XVII. En el inventario de bienes que realiza a la muerte de su marido, el capitán Mújica, en 1667, declara poseer una cantidad de lienzos pintados por ella misma de clara inspiración zurbaranesca, entre los que se encuentra una serie titulada las Doce tribus de Israel, lo que ha supuesto el principal fundamento de la atribución de la serie de Lima.

Al igual que ocurre con la de Puebla en la realizada por Juana Valera se pueden ver diferencias en la representación de algunos personajes a pesar de la coincidencia de la mayoría con los de la edición original de Durham. Cabría pensar que la pintora no tuvo a su disposición la totalidad de la serie y tuvo que innovar alguno de sus modelos.

  Simeón                     Zabulón                                Isacar                          Benjamín
Leví                       Aser
Arriba cuatro de los Patriarcas que siguen el modelo Zurbarán, abajo dos diferentes.
Juana Valera Escobar. Algunos Patriarcas de "Las Doce tribus de Israel", V.O.T. Lima (Perú)

Finalmente señalar que tenemos noticia de que existe una serie en España, que conocemos solo por referencias, que se conserva en el Hospital de los Venerables en Sevilla, parece ser que del siglo XVIII.

La serie escultórica de la Iglesia de los Santos Juanes en Valencia

No podríamos cerrar esta relación sin mencionar el singular grupo de trece estatuas decorativas apoyadas en repisas en los pilares de la barroca iglesia de los Santos Juanes en Valencia, también conocida como  "Sant Joan del Mercat". Las imágenes de Jacob y sus doce hijos personificando las Doce tribus de Israel que fueron realizadas en estuco, entre 1695 y 1700, por Giovanni Giacomo Bertessi (Cremona,1643-1710) son conocidas como "Els Blancs"Las representaciones iconográficas de los personajes también están tomadas de los grabados antes mencionados de Jan Sadeler.

Giacomo Bertessi. Rubén y Benjamín. Iglesia de los Santos Juanes. Valencia

A decir del profesor Alonso Fernández de la Universidad de Barcelona, las estatuas, decorativas y rechonchas, (Tormo, 1923), "carecen de valor estilístico pero presentan un notable interés iconográfico".

LA SERIE INCOMPLETA DEL MUSEO DEL PRADO

El Museo del Prado guarda en sus almacenes una serie incompleta formada por ocho de los Patriarcas de las tribus de Israel que, a pesar de que no tenga una relevancia artística que la haga digna de figurar en la exposición permanente del Museo, debería tener una mayor visibilidad por la singularidad de su temática en el ámbito geográfico español. La originalidad que supone su presencia en la colección y en general en el ámbito de la pintura barroca la haría merecedora de un mayor estudio y difusión.  Su existencia es ignorada hasta el punto que ni siquiera es citada en el Catálogo de la Exposición de las Doce tribus que hemos mencionado anteriormente, a pesar de que este dedica una exhaustiva investigación a las pocas obras existentes relacionadas con el tema.

La serie del Prado la conforman únicamente ocho obras que representan a otros tantos hijos de Jacob, Patriarcas de  Israel. Procede de la donación Pastrana, una de las más importantes por su calidad y su número, recibida por la pinacoteca nacional en el siglo XIX. Por las referencias que hemos podido obtener de los archivos del Museo y de los diferentes inventarios en los que las obras figuran, podemos constatar que no han sido objeto de estudio y que su clasificación corresponde más a una apreciación visual que técnica.

En el Inventario de la donación de Dolores Vives y Cires, duquesa viuda de Pastrana (1889), aparecen clasificadas como obras de "Escuela Flamenca" aunque tres de ellas por error fueron transcritas como de "Escuela Francesa".

Pagina del Inventario de la Donación Pastrana en la que figuran las obras de la serie

Al incorporar las referencias de las obras al Inventario de Nuevas Adquisiciones del Museo del Prado (Lop-496) realizado en 1990 por Mercedes Orihuela, pasaron a ser consideradas como obras de autor "Anónimo Español del Siglo XVIII". Lo cierto es que ambas referencias, flamenca y española no son necesariamente contradictorias ya que no es raro encontrar en el ámbito español de la época pintores extranjeros aquí asentados, de nacimiento o de origen familiar flamenco.

En el manuscrito con los Inventarios de los muebles, alhajas, libros y cuadros de la Casa del Infantado y Pastrana referentes a los siglos XVII y XVIII . (BNE), y concretamente en el "Pliego de Inventario de Pinturas para el Vínculo" realizado en 1738, figura una referencia a doce obras que representan "Las doce tribus del Pueblo Ebreo" que probablemente pudiera tratarse de la serie  que nos ocupa:

                     - 24 Pinturas iguales de vara y mª de alto y más / de vara de ancho con marcos dorados Algunas de ellas / maltratadas. Las doce de las Doce tribus del Pueblo / Ebreo y las otras doce de las 12 Semitas. 

A pesar de que no hay una exacta coincidencia entre las medidas reseñadas en el Inventario, en el que parecen haber sido calculadas a ojo y que serían algo menores de las que se encuentran en el Museo, lo cierto es que la diferencia es pequeña y coincidirían en todo caso en un formato mediano, como el que presentan las obras del Prado, por lo que habría una alta probabilidad de que fueran las mismas que se aportaron en la donación. Por otra parte gracias a esta referencia podríamos situar las obras entre finales del XVII y el principio del siglo XVIII.
  
Las obras y sus precedentes

La serie está compuesta por ocho de los Patriarcas cuyo nombre aparece en todos los casos en la parte superior derecha, siempre precedidos por la letra T de Tribu y seguidos del numero de orden que por razón de nacimiento a cada uno le correspondería.
Ejemplo de inscripción con el nombre y el número

Los ocho Patriarcas que conserva el Museo son: Rubén (1), Simeón (3), Leví (2), Neftalí (10), Gad (8), Aser (9), Isacar (6) y Benjamín (12).

Las dudas en cuanto a su clasificación parece que existieron desde el primer momento de la donación, tanto en lo relativo a su posible autor/escuela como en cuanto a su propia caracterización como personajes bíblicos, dudas que se corroboran con algunas de las anotaciones que podemos ver en su parte trasera como muestran las dos imágenes siguientes: en la que corresponde a Gad figura "un guerrero" y en la  de Isacar, "profeta".


Las figuras se presentan en tres cuartos sobre un fondo neutro, aunque no exentas de una cierta monumentalidad en su disposición, sus ropajes tienen una apariencia de composición "estampa" por su sencillez y su falta de matices. En siete de las obras, todas excepto la de Neftalí, aparece un elemento mobiliario, sin características precisas, que les sirve de punto de apoyo. Su apariencia es de madera lisa pulida, excepto uno, el correspondiente a Leví que aparece cubierto por una tela.

La iconografía de la serie deriva también de modelos flamencos, aunque de diferente autoría a los señalados anteriormente. En concreto el pintor se basa en los grabados de la serie realizada por el flamenco Jaques de Gheyn II (Amberes,1565 - La Haya, 1629) quien a su vez sigue los diseños realizados por el famoso pintor-historiador flamenco holandés Karel van Mander (Meulebeke, 1548 - Heemskerk, 1606)) conocido por su recopilación de biografías de pintores (Schilder-boeck, 1604). Diversos museos conservan ejemplares de estas series, como el MET de Nueva York, o el Museo Británico de Londres. Los grabados tienen unas medidas de 14.5 × 10.7 cm.

A continuación se muestran las ocho imágenes de los Patriarcas del Museo del Prado acompañadas por los correspondientes grabados de Jaques de Gheyn II que les sirvieron de referencia.

RUBÉN, como primer hijo aparece con el número 1. La corona en la mano parece representar la pérdida de dicha primogenitura establecida por su padre en castigo por haber ocupado su lugar en su lecho. El símbolo del agua que aparece en la parte inferior saliendo de una vasija, coincide con el símbolo bíblico mencionado en "Las Bendiciones"  (Nº Cat. P03724) 

SIMEÓN: Aparece con el número tres a pesar de que tradicionalmente se le considera el segundo hijo de Jacob. Al igual que su hermano Leví es preterido por su padre por su crueldad al acabar con todos los hombres de Siquem, en represalia por la violación de su hermana Dina. Es representado blandiendo una espada como corresponde a su símbolo bíblico. (Nº Cat. P03726).

LEVÍ:  Hijo de Lia, al igual que Simeón, aparece señalado con el número dos,  aunque es el tercero. Lleva en la mano derecha un pequeño cetro que apoya sobre un tocado en forma de casco del que penden unas cintas; con la mano izquierda sujeta una espada. A pesar de ser penalizado como su hermano Simeón por sus excesos de violencia y no tener asignado un símbolo concreto, se le representa con atuendo de apariencia sacerdotal. (Nº Cat. P03725)

NEFTALÍ: que aparece con el número diez es representado con el ciervo que le simboliza como amante de la libertad. (Nº Cat. P03718)

GAD: con el número 8, es considerado como un guerrero y por ello se representa con la apariencia de un hombre armado. (Nº Cat. P03720)

ASER; Con el número de orden nueve, presenta un aspecto más humilde  que sus hermanos, Su padre le vaticina que servirá mesas dignas de un rey. Su símbolo es el manojo de espigas y el cesto con los panes recién horneados. (Nº Cat. P03719)

YSACAR: Aparece con el número seis y es calificado por su padre de trabajador y fuerte como una mula, y por ello suele aparecer representado llevando una carga y acompañado por un jumento. (Cat, P03717)

BENJAMÍN, figura con el número doce por ser el menor de los hermanos y aparece junto al símbolo que le fue asignado por su padre, un lobo que a veces es un perro. (Nº Cat. P03723)

Los cuatro patriarcas ausentes 

Como hemos comentado anteriormente faltan cuatro de los Patriarcas en la serie del Museo del Prado. Si, como parece, el grupo procedía de la Colección Medinaceli-Pastrana, cuyo Inventario señala que algunas de las obras "están maltratadas", ello podría explicar la causa de su desaparición.

Nos podemos hacer la idea de la imagen de los cuatro patriarcas ausentes, Judah, Dan, Zabulón y José, por los correspondientes grabados de Jaques Gheyn II / Karel van Mander.  
        Judá con el simbolo del León                    Dan, representado con una serpiente 

 

      Zabulón con el símbolo del ancla                   José  como un príncipe con arco y flechas


jueves, 16 de abril de 2020

DOS PINTORES: PERNICHARO Y PEÑA

Grupo de alumnos en clase de dibujo 
Det. de Academia de Dibujo. M. Ange Houasse, 1728. Palacio Real. PN 

Poco se ha escrito sobre la biografía de los pintores Pablo Pernicharo y Juan Bautista Peña, que desarrollaron su actividad en pleno siglo XVIII. Es el veterano profesor Jesús Urrea el único que intentó seguir la pista vital de ambos pintores, recogida en un pequeño opúsculo publicado en la Revista de la Universidad Complutense, en 1973: «Juan Bautista Peña y Pablo Pernicharo. Pintores españoles del siglo XVIII», que fue en gran parte incluido en su estudio sobre las Relaciones artísticas hispano-romanas en el siglo XVIII (2006) y complementado en sus abundantes publicaciones sobre este periodo de nuestra Historia del Arte.

Pilar Díez del Corral incorporó a la historia de estos dos pintores noticias sobre su estancia en Roma, extraídas de la correspondencia entre el director la Academia de Francia en Roma, Nicolás Vleughels y su superior el duque de Antin (Acta/Artis. Estudis d’Art Modern, 2, 2014), que hemos complementado para la redacción de este artículo con la lectura directa de dicha Correspondance des directeurs de L'Académie de France a Rome, 1729-1733, en donde encontramos además de las referencias a nuestros pintores diversas noticias sobre las relaciones hispano-franco-romanas, fundamentales para el conocimiento de las actuaciones que culminarán con la creación de la Real Academia de Bellas Artes española en 1752.

En todo caso estamos ante un periodo de la historia del arte español poco conocido, o quizás sería mejor decir poco reconocido, probablemente por la carencia de figuras notables autóctonas, aunque no exento de movimientos e inquietudes artísticas que van a abrir de nuevo el camino a grandes figuras del arte español universal. Reconocidos historiadores del Arte hispano como Lafuente Ferrari, el marqués de Lozoya o Pérez Sánchez –por citar algunos– consideran que la presencia de artistas foráneos en la corte española de esa época impidió el afloramiento de artistas nacionales de relevancia. Esta consideración, que puede tener más que ver con el gusto que con la historia, no se suele aplicar a la importancia para el arte español de la presencia de otros artistas foráneos en otras épocas como Moro, Tiziano, Rubens... a quienes se incluye sin ningún recelo en nuestro propio recorrido histórico, dándose la circunstancia, como en el caso de Tiziano, de no haber pisado en su vida suelo español. Pero es evidente que nos identificamos con el estilo de estos últimos mientras la estética de los pintores franceses traídos por Felipe V, –Ranc, Van Loo... nos resulta casi imposible de asimilar como propia.

Volviendo a los protagonistas de esta entrada, Pernicharo y Peña, la característica que más nos llama la atención de estos dos pintores y en la que nos vamos a centrar en este artículo, es el hecho de que formen tándem con tanta frecuencia, pues, como veremos, actuarán de forma coordinada tanto en su recorrido vital como en la realización de muchas de sus obras en Italia y en España.

ALGUNOS DATOS DE SUS BIOGRAFÍAS
Juan Bautista Peña
(Alcalá de Henares, c.1710 - Madrid, 1773) 

Los pocos detalles que se conocen de la biografía de este pintor provienen en su mayor parte de la información que aporta Ceán Bermúdez (1800), ligeramente ampliada por Urrea. Sabemos que estudió en Madrid, donde fue discípulo de Michel-Ange Houasse, pintor francés que vino a España para ser retratista de Felipe V y su corte. Coincidiendo con la marcha de Houasse, ocurrida el mismo año de su muerte (1730), Peña se trasladó a estudiar a Roma tras obtener una pensión del rey de 500 ducados para su mantenimiento.

Es posible que Juan Bautista Peña también estudiara en París, tal como señala en su candidatura para ocupar el puesto de director para la Academia madrileña, hecho que –por singular– Urrea puso en duda, pero que se confirmaría con el comentario del director de la Academia francesa cuando dice que ha podido hablar con uno de los pensionados españoles que habla bien francés ("j'ai vu un de ces pensionnaires, qui parle bien françois..." Carta de Vleughels a D'Antin 19.7.1731).

En Roma permanece casi seis años, hasta mayo de 1736, cuando las disputas con el Vaticano sobre la jurisdicción real española en el área de la Piazza di Spagna provocan la orden real de abandonar Roma para todos los residentes españoles. Entonces se traslada a Nápoles bajo la tutela del cardenal Acquaviva, que le pondrá al servicio de los soberanos napolitanos, haciendo al parecer el retrato del rey. Finalmente regresa a Madrid, donde le encontramos de nuevo en 1738, tras presentar un Memorial al rey solicitando ser nombrado pintor de cámara, consiguiendo este reconocimiento y con ello la reanudación de sus actividades pictóricas.

Cuenta Pérez Sánchez en el Catálogo de Dibujos Españoles del Siglo XVIII (3) del Museo del Prado, que en 1744 Peña interviene activamente en la Junta Preparatoria de la Academia, siendo nombrado Director de Escultura por estar ocupadas las plazas de Pintura, puesto en el que es confirmado en 1752 tras la inauguración de la Academia. Por las Actas correspondientes a las Juntas de la Real Academia sabemos que en 1753 concurre a la vacante de la plaza de director de pintura, libre por la marcha de Van Loo, pero las votaciones no le favorecen ya que su colega Pernicharo es ascendido a ocupar ese puesto, mientras que para el puesto que este deja vacante, el de Teniente Director de Pintura, es elegido el pintor Andrés Calleja. La airada reacción de Peña al no obtener una de esas plazas le supuso la expulsión de la Academia. El Acta de la Junta Ordinaria de 16 de noviembre del mismo año recoge que "S.M. ordena que D. Juan de la Peña sea excluido no solo del empleo de teniente-director de la Pintura, sino también del de Académico". 

Estando en esa situación el pintor contrae matrimonio con Francisca Sauvage, hija de un empleado de palacio, y se dedicará a realizar encargos privados hasta el año 1768, en el que Carlos III, al tiempo que acepta su obra Venus y Adonis para la Academia, ordena su readmisión y le nombra director honorario. Su mal carácter también le llevará a enfrentarse en ocasiones con Anton Rafael Mengs, otro pintor quisquilloso como él. Juan Bautista Peña murió en Madrid en 1773.

Pablo Pernicharo Benavente 
(Zaragoza c.1705 - Madrid 1760)

Natural de Zaragoza  -aunque de su apellido se deduce un origen familiar siciliano-, no se conoce su fecha de nacimiento pero Urrea le considera algo mayor que su compañero. La escasa información que disponemos sobre él también proviene en parte del Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España de Ceán y, en este caso, de los documentos publicados en 1948 por Lasso de la Vega, Marques de Saltillo en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones donde encontramos su partida de defunción y su testamento. En él figura como "Pernichalo, viudo de Josepha Achiles Puche, sin hijos, hijo de D. Blas Pernichalo y de Dª Magdalena Benavente" y nombra heredera universal a su única hermana, Cecilia.

Aunque consta la existencia de dos hermanos, José y Francisco, en su testamento únicamente menciona al hijo de uno de ellos, su sobrino, Joaquín Pernichalo que figura en las Actas de la Academia entre los aspirantes a la concesión de premios de pintura en 1753, aunque no sabemos si finalmente se dedicó a este arte ya que su tío lega "los diseños de mi arte de pintura" a su discípulo Pedro Lozano.

Dice Ceán que Pablo Pernicharo aprendió en Zaragoza los principios de la profesión y después marchó a Madrid, donde fue alumno de Michel-Ange Houasse y, al igual que Peña, en 1730 obtuvo de Felipe V una pensión para ir a estudiar a Roma donde tras pasar las pruebas de rigor consiguió el ingresó en la Academia de San Lucas (título de 3.7.1737) lo que parece ser la única diferencia que en ese tiempo le separa de su colega Peña, a pesar de lo cual  sus vivencias en ese periodo se mantienen paralelas. Al igual que su compañero tuvo que trasladarse a Nápoles en 1736, allí residirá un tiempo que ocupará en retratar al rey de Nápoles hasta conseguir la financiación para su vuelta a España. Ya en Madrid, en 1738, presenta una solicitud al rey por la que será nombrado pintor de cámara, como  su colega.

A diferencia de su compañero, la presencia de Pernicharo no figura en las Actas de la Junta Preparatoria que organiza el escultor Gian Doménico Olivieri en su propio domicilio, probablemente por hallarse ausente de Madrid en esas fechas en las que consta su petición de licencia para trasladarse a Lisboa para ocuparse "de cosas pertenecientes a su ministerio". A pesar de ello, al constituirse oficialmente la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en 1752, será nombrado teniente director de la pintura, ascendiendo un año después a director tras la marcha de Van Loo, su anterior titular. Compatibiliza ese puesto con su actividad pictórica y lo desempeñará hasta poco antes de su muerte ocurrida en Zaragoza en febrero de 1760.

Experiencias comunes
Estudio de pintura. El Maestro Houasse

Si nos atenemos a lo que cuenta Ceán Bermudez, aceptaremos que ambos pintores fueron discípulos, al menos por un tiempo, del pintor francés Michel-Ange Houasse (1680 - 1730), que estuvo entre 1715 y 1730 al servicio de Felipe V, al principio como retratista aunque pronto fue sustituido en esa función por Jean Ranc, más acorde con el gusto del monarca. Ello supuso para Houasse el poder dedicarse a la pintura costumbrista y de paisaje que le dio fama, además de ejercer la docencia. Según José Caveda, "pintaba con cierto atractivo y novedad bombachadas y países realzando sus lienzos con la frescura del colorido,..."
Michel-Ange Houasse. Paisaje con joven pintando esculturas, 1725. (Pº Nacional)  
Estudio preparatorio del dibujante, h.1725 (BNE)

Relacionado con la actividad docente, de su última época data el célebre cuadro L'Académie de dessin, (Intérieur d'école, Alcazar de Madrid) de 1728, en el que capta el ambiente de una sala de modelo vivo de una academia de dibujo en la que que podemos imaginar la presencia de ambos jóvenes entre los alumnos que a ella asisten.
Michel-Ange Houasse. Academia de Dibujo. 1728. Palacio Real (Madrid)

Al fondo de la estancia pueden verse la copia del Apolo Belvedere y la del Hércules Farnesio que Velázquez trajo de Italia, que aun se encontraba en el palacio real de donde saldrá tras el incendio de 1734 y que hoy se encuentran en la Academia de Bellas Artes madrileña. 

Curiosamente también se conserva en la Academia un Desnudo varonil sentado atribuido a Juan Bautista Peña que recuerda al modelo del cuadro de Houasse. Según la información de la Academia se cree que fue pintado hacia 1746, posiblemente a partir de apuntes tomados en sus años de aprendizaje, a petición del director Juan Domingo Olivieri para servir de modelo a los alumnos. 
Juan Bta. de la Peña, (Atrib.) Desnudo varonil sentado, h.1746, RABASF

Aprendizaje con el pintor Vleughels en la Academia francesa de Roma

Gracias al Edicto Real 4  de julio de 1718 que establecía que los artistas españoles debían completar su formación con un viaje a Italia, tras la marcha del maestro Houasse en 1730, Pernicharo y Peña, como hemos comentado, fueron favorecidos por las dos primeras pensiones concedidas por Felipe V para formarse en la ciudad eterna. Al no existir todavía ninguna institución académica española, ni en Madrid ni en Roma, los pensionados pudieron contar con el apoyo institucional de la Academia de Bellas Artes de Francia, en la que fueron bien recibidos gracias a las buenas relaciones hispano-francesas propiciadas por la presencia de la misma casa real en ambos países.

La Academia francesa de Roma estaba dirigida desde el año 1725 por el pintor Nicolás Vleughels, (1668-1737) que acababa de casarse, a los 63 años, con la joven Marie-Thérèse Gosset de 28, y que había trasladado la sede académica del oscuro palacio Capranica al palacio Mancini en la vía del Corso, que será su sede hasta la Revolución. Él será quien se ocupe personalmente de su amueblamiento y decoración con la ayuda del cuñado de su mujer, el pintor y decorador Giovanni Paolo Pannini, profesor de perspectiva en la academia romana y posteriormente también en la francesa.
Piranessi. Vista del Palacio Mancini, sede de la Academia francesa en Roma. 1752

Pernicharo y Peña asisten a las sesiones de formación de Vleughels quien les acoge como alumnos y que actuará como tutor. Su relación en principio se desarrolla como si fueran pensionados franceses, frecuentan las clases con modelo y probablemente también las salidas al campo, a Frascati o Tívoli y las visitas a colecciones privadas. También completaban sus actividades copiando obras de Rafael, Carraci, Pietro da Cortona o Guido Reni y estudiando el arte de la antigüedad.

Además del objetivo de la formación los dos pintores llevaban el encargo de informarse sobre los estatutos y la forma de organización de las Academias romana y francesa, para su posible aplicación en la proyectada Academia de Bellas Artes de Madrid. Vleughels informa periódicamente a Louis Antoine de Pardaillan, duque d’Antin, superintendente de obras y edificios reales de la corte francesa (1665-1737) sobre la actividad de la Academia y los avances de sus alumnos.

         Autorretrato de Nicolás Vleughels, h.1714. Louvre        Duque de Antin  (Det.) 1710 de H. Rigaud (Versailles)

Vleughels comenta en sus cartas al duque, al poco de la llegada de los españoles, que ha facilitado a los pensionados españoles las informaciones requeridas pero en ellas también alude a su falta de formación previa que considera puede resultar un impedimento importante para aprovechar las posibilidades de aprendizaje que ofrece una ciudad como Roma:
            "Ces jeunes gens ne sont pas fort avancez; je ne sçais s’ils profiteront beaucoup à Rome, car il faut être avancé pour bien voir et connoître les belles choses qui y sont".  ("Estos jóvenes no son muy aventajados; no sé si aprovecharán mucho en Roma, pues se requiere estar avanzado para ver y reconocer las cosas bellas que aquí hay"). (7.9.1730)

A pesar de esta primera opinión, quizás algo maliciosa, los pintores siguen su formación académica y, contradiciendo la consideración del director, parece que sí son capaces de "ver y reconocer las cosas bellas que aquí hay" ya que manifiestan su deseo de copiar unas estatuas que se encuentran en la parte noble del edificio de la Academia que no es accesible a los estudiantes. A pesar de la negativa de Vleughels a autorizar dicha actividad: Je ne les laisserai pas dessiner dans notre appartement si VG ne me dit de faire autrement. (No les dejaré dibujar en nuestro apartamento, si su gracia no me dice otra cosa. 19.10.1730). Los españoles, sin embargo, no cejan en su empeño lo que acarrea un conflicto diplomático que el embajador español en París, Baltasar Patiño, Marqués de Castellar hace llegar al duque D'Antín.

El duque D'Antin envía a Wleugels la nota del embajador español en la que suplica se trate a los pintores españoles como si fueran franceses:
     Les deux peintres espagnols qui sont à l'Académie françoise de Rome, avec des appointemens du Roy Catholique, ont fait des remontrances sur ce que le Directeur de la même Académie ne leur permet pas de dessigner les statues qui sont dans les salles de l'Académie pour l'apprentissage des pensionnaires; et le marquis de Castelar supplie très humblement M. le Duc d'Antin de donner audit Directeur des ordres précis pour traiter les deux peintres espagnols et pensionnaires du Roy Catholique, comme les pensionnaires de Sa Majesté très chrétienne. (26.6.1731).
      (Los dos pintores españoles que se encuentran en la Academia de Francia en Roma, nombrados por el Rey Católico han protestado porque el director de dicha Academia no les permite dibujar las estatuas que se encuentran en las salas de la Academia para el aprendizaje de los pensionados; y el marqués de Castelar ruega muy humildemente al duque d'Antín que dé a dicho director órdenes precisas para tratar a los dos pintores españoles y pensionados del rey católico, como los pensionados de Su Majestad muy cristiana.)

Finalmente, el duque ordena a Vleughels, que evite problemas con los españoles, que les permita alojarse para que lo puedan comunicar a su corte, por la especial consideración de su rey hacia el rey de España (faites qu'ils se louent et qu'ils le mandent à leur cour, car vous sçavez comme le Roy est pour le roy d'Espagne"), a pesar de que él también piensa que estos españoles no suelen sobresalir en las artes (“Ils n’ont pas accoutumé d’exceller dans les arts”). Todo ello va a suponer un tratamiento preferente para los pensionados españoles por parte del director que les permitirá entrar en secreto al apartamento para dibujar y además ocupar los mejores puestos en las clases de modelo. El hecho de que el rey de Francia sea sobrino del de España, hace que todos intenten evitar cualquier conflicto.

La copia de los frescos de Rafael en la Farnesina

A esta época corresponden las copias que ambos pintores realizan del fresco de Rafael en la logia de la villa Farnesina, inspirados en la fábula de Psique.
Rafael Sanzio y taller. Frescos de la bóveda de la Loggia del Palacio Farnesio

Juan Bautista de la Peña copia la escena de la izquierda de la logia y Pablo Pernicharo la de la derecha. Ambas obras son enviadas a España y se encuentran en la actualidad colgadas en el palacio de Riofrío en una sala de paso que denominan tranvía.

El banquete de los dioses representa la entrada de Psique en el Olimpo y la celebración de sus bodas con Eros. Psique era una bella doncella que personificaba en la mitología griega el alma humana, que consiguió ser inmortalizada por el propio Zeus, lo que representaba la redención del alma tras pasar numerosas pruebas.  Se trata de copias interesantes, bien realizadas en las que curiosamente ambos pintores se toman la libertad de tapar las desnudeces de Baco y Hermes respectivamente.
Juan Bautista Peña. El banquete de los dioses (Copia de Rafael) P.N. Palacio Riofrío.
Pablo Pernicharo. Las bodas de Eros y Psique (Copia de Rafael) P.N. Palacio Riofrío.

Como hemos comentado en sus escuetas biografías, ambos pintores permanecieron seis años en Roma hasta la ruptura de relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y España en 1736, momento en que los artistas se ven forzados a desplazarse al reino de Nápoles. Una vez allí parece que prestan algún servicio retratando al rey, hijo de Felipe V que luego accederá al trono de España como Carlos III. Probablemente a causa del traslado las pensiones no les llegan lo que les plantea problemas de subsistencia por lo que acuden al cardenal Acquaviva como autoridad encargada de la delegación española solicitando los recursos que les permitan hacer el viaje de vuelta a España. Será el secretario de Estado José Patiño -hermano del embajador en París- quien, tras la autorización real, el 4 de agosto de 1736 ordena que se "remita a mi poder una letra de cambio de ducientos doblones para encaminarla al Cardenal Acquaviua, a fin de que pueda entregar por mitad la expresada cantidad a los pintores don Pablo Pernicharo y don Juan Baptista de la Peña, para que vengan a España desde Nápoles, como lo ha mandado S. M.".

Ambos pintores dan así por finalizada su estancia en Italia en fecha no precisa. Lo que sabemos es que en 1738 se encuentran en Madrid donde parecen tener dificultades para reincorporarse a la actividad profesional por lo que, como hemos comentado, envían al rey el memorial en el que cuentan sus progresos y solicitan ser nombrados pintores de cámara. Según cuenta Urrea, gracias a la intercesión de Francisco Gonzaga Pico de la Mirándola, mayordomo mayor de la reina, en 1739 reciben el nombramiento y de esta forma comienzan a recibir encargos y a desarrollar su actividad profesional en España.

Obras realizadas en Madrid por ambos pintores 
Iglesia de San José 

En el convento de carmelitas de San Hermenegildo de Madrid, actual parroquia de San José, podemos ver a la entrada de la capilla de Santa Teresa dos lienzos enfrentados de idénticas proporciones y similares características formales, uno representa a San Elías y san Eliseo de Juan Bautista Peña y el otro, de mayor calidad en su ejecución, a Elías y los profetas de Baal, de Pablo Pernicharo, ambos realizados en 1743.
Juan Bautista Peña. San Elías y San Eliseo. Iglesia de San José (Madrid) 
Pablo Pernicharo. Elías y los profetas de Baal, Iglesia de San José (Madrid)

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

En la Real Academia de Bellas Artes madrileña, además de otras, existen dos obras de estos pintores, que aunque no consta que fueran pintadas para formar pareja, lo cierto es que la coincidencia en su datación, como en sus características de estilo e incluso en sus medidas, podrían dar esa impresión. El lienzo de Juan Bautista Peña titulado Venus y Adonis, realizado en 1753, consta que fue ofrecido a Carlos III en 1768 lo que le valió la readmisión y el nombramiento de director honorario de la Academia. La obra de Pernicharo, datada en 1754, representa una escena de Caín matando a Abel, estuvo colocada en la Sala de Juntas Generales de la Academia.
   Juan B. Peña, Venus y Adonis. RABASF             Pablo Pernicharo Caín y Abel.  RABASF

Colegiata de San Isidro el Real

Capilla de San Jose del Siglo XVII

La pequeña capilla dedicada a San José, una de las llamadas "capillas oscuras" de la antigua catedral madrileña, tiene un retablo barroco del XVII, presidido por una talla del titular con dos pinturas de Herrera el Mozo que representan a San Antón y a San Antonio de Padua y coronado con una imagen de la Virgen con el Niño que el profesor Urrea atribuye a Juan Bautista Peña. 

Sus paredes laterales están repletas de lienzos de Pernicharo y Peña, en total diecinueve pinturas, nueve en cada lado, con un grupo de cinco, otro de tres, una sobre cada puerta a ambos lados de la capilla y, finalmente, una en el techo, todas ellas con lujosa enmarcación dorada.
 Grupos de cinco santos de los laterales izquierdo (Santos Ciro, Jerónimo, Julián, Pedro de Alcántara y Tomás de Aquino) y derecho (Santos Cosme y Damián, Vicente Ferrer, Luis Gonzaga y Francisco de Sales), respectivamente.

No hay seguridad acerca de la atribución de las obras a  uno u otro pintor, El profesor Urrea realiza una propuesta de asignación de algunas de ellas considerando de una cierta mayor calidad las del pintor aragonés. No obstante cree que todas están tratadas de un modo arcaico y convencional, probablemente tomadas de algún repertorio de estampas. De la propuesta de autoría mencionada destacamos la atribución de la efigie de Santa Ana, posiblemente de Pernicharo y la de Santa Bárbara, a Peña, que junto a Santa Marta y la Magdalena, no asignadas ni a uno ni a otro pintor, constituyen el grupo de figuras femeninas dentro del conjunto.
A la izquierda Santa Ana enseñando a leer a la Virgen (P. Pernicharo) 
A la derecha Santa Bárbara (J. B. Peña)

Además de las obras hasta ahora señaladas realizadas por ambos pintores de manera coordinada, existe constancia de dos obras más realizadas por ellos para la capilla del Pilar en la Iglesia del desaparecido hospital de Montserrat, aunque se desconocen sus características y su temática.

Algunas de sus obras individuales

Finalmente mencionar, sin ánimo exhaustivo, ya que el catálogo no puede darse de ningún modo por cerrado, las obras realizadas de forma individual por ambos pintores. Entre las de Juan Bautista Peña, merece ser resaltada la Santa Rosalía de la Academia de Bellas Artes Madrileña, la Inmaculada que preside a capilla de el Palacio del Pardo, los retratos en óvalo de Fernando VI y Bárbara de Braganza de la Biblioteca Nacional, o los lienzos sobre la vida del Venerable Roelas de la Iglesia de San Pedro en Córdoba. Por su parte, de Pablo Pernicharo destacaremos los cuatro lienzos recortados en forma semicircular de la sacristía de capellanes de la catedral nueva de Salamanca con temas dedicados a la Virgen: la Inmaculada Concepción, la Natividad, la Presentación en el Templo, y los Desposorios, todos ellos realizados realizados entre 1754 y 1755, estudiados por M. Casas Hernández de la Universidad de Salamanca; el Retrato de Clemente XII en el palacio de Riofrío de Segovia  o los dibujos de la Academia de Bellas Artes de Madrid,
Firma de Pablo Pernicharo Benavente en uno
de los dibujos conservados en la Academia de Bellas Artes madrileña.